- ¿Estas segura que mudarte a la casa de Zorome es buena idea? - pregunta Nani, al ver como la joven maestra guardaba su ropa dentro de su antigua maleta que tenía grabado un gran 390 en uno de los lados.

Miku dudó ante las palabras de la mujer, ella sabía que sería un cambio amplio pero no por eso iba a ser diferente.

Conocía a Zorome desde Garden, habían sido compañeros en sus tiempos de batallas y ahora ambos impartían clases en la escuela.

No había de que preocuparse.

- Nani, Zorome y yo somos pareja desde hace más de un año - explica Miku como si fuese lo más obvio. - Ya tenemos 25 años, no somos unos parásitos recién destinados - reclama con terquedad.

Ya habían pasado nueve años desde que Hiro y Zero Two se habían ido, nueve años desde que se había suspendido el uso de glóbulos amarillos, dando paso al desarrollo normal dentro de los antiguos parásitos aunque en algunos no fue tan normal.

Hace poco más de un año, Miku había recibido una mala noticia en cuanto a su organismo.

El interior de su cuerpo había sufrido debido al envejecimiento acelerado, dejando como consecuencia el que la pelirroja no tuviera la posibilidad de ser madre, siendo la primera de varias mujeres en presentar esta condición tan desafortunada.

Desde su sitio Nani observaba como Miku caminaba por los rincones de la que había sido su casa por nueve años y no pudo evitar sentir melancolía por ella, Miku realmente deseaba tener un hijo propio y que este viviera corriendo dentro de casa, pero en cambio tenía que aceptar el hecho de que su cuerpo no resistiera el ser fecundado.

- Estoy lista, dejare esto en casa de Zorome e iré a visitar a Kokoro para ayudarla con Hideki y Mirai - sonríe la pelirroja.

-Bien, te acompañare - susurra Nani.

El beso móvil que compartirían los ex parásitos 390 y 666 no era diferente al resto. Aunque cada persona decidía como dividirlo por dentro.

Estos constaban de cinco habitaciones principales: en la mitad superior se encontraba la cocina, la sala y la habitación de Zorome, mientras que en la mitad inferior habían dos habitaciones, en caso de necesidad.

- No pensé que Zorome fuera tan ordenado - comenta Nani.

- Huh? -

Miku desvió su mirada hasta Nani y rápidamente recordó que la cuidadora había compartido poco con el escuadrón, llegando a conocer a alguno de sus miembros de manera superficial.

Ella le sonrió en respuesta. Esa sonrisa ingenua que le regalaba a todo el mundo.

- No es nada - responde la adulta de cabello corto. - Deberíamos ir donde Kokoro, quizás necesita ayuda con los niños -

- - dice Miku sin discutir la idea.


En el camino no pudieron evitar el hablar sobre la escuela, era un tema que tenían en común, ya que la segunda cuidadora del escuadrón 13 había ayudado con el plan de estudios que se impartirían a las nuevas generaciones.

- ¡MIKU-SENSEI! -

Ambas mujeres voltearon rápidamente ante el grito, el cual pertenecía a uno de los alumnos de la recién nombrada.

- ¿Tadashi? ¿Qué sucede? - pregunta Miku al ver como el niño corría hasta donde se encontraban ella y Nani.

- ¡Ichigo-sama se cayó y no despierta! - grita el hijo mayor de Futoshi.

Ambas mujeres se observaron con miedo y sin emitir algunas palabras comenzaron a correr en la dirección por la que se había aparecido Tadashi.

No estaban lejos de donde el niño había ido a buscarlas y claramente se podía ver a Ichigo en el piso rodeada por los niños que se encontraban jugando en esa zona.

- ¿Ella les dijo algo? - pregunta Miku con preocupación, ya que no se sabía mucho de que Ichigo enfermara repentinamente.

- Nos preguntó si estábamos bien y habló con Hideki - responde el primogénito de Futoshi, apuntando a su mejor amigo.

Había algo que ni Miku ni Nani habían notado. Hideki estaba apoyando la cabeza de Ichigo en sus piernas, simulando una almohada.

Realmente algunos niños pensaban que ella estaba dormida.

Miku se acercó con cuidado y con sutileza le pidió a Hideki que cambiaran lugares, ella se quedaría sirviendo como soporte para la cabeza de su amiga.

- Nani, ve a nido para avisarle a los alumnos de Ikuno y así podamos llevar a Ichigo al laboratorio -

Siendo seguida por un par de niños, Nani se encamino a toda prisa hasta Nido, con la intensión de atender lo más rápido posible a Ichigo que yacía inconsciente en medio de uno de los parques.


Casa de Kokoro y Mitsuru.

El silencio era difícil de mantener en casa cuando Ai comenzaba a jugar con Mirai.

Las risas de la menor de la familia no hacían más que contagiar a su hermana mayor y también lograba instalar una enorme sonrisa en los rostros de sus jóvenes padres.

La bebé ya tenía un año y meses, mientras que Ai tenía ocho años y se mostraba como una excelente hermana mayor, ayudando a su madre en todo lo que podía para su edad.

Los niños actualmente se encontraban en sus días libres, donde la mayoría salía a jugar a los diferentes parques que se habían construido en cada una de las colonias.

En el sillón de la sala, Ai tenía a Mirai sentada sobre sus piernas, simulando diferentes voces para hacer reír a la menor de sus hermanos.

- ¿Dónde está la bebé más linda? - pregunta la niña de ocho años, simulando una voz grave.

- Qui - ríe Mirai, intentando responder a la pregunta de su hermana.

Un olor diferente capto la atención de Ai, quien cambio rápidamente su mirada dulce por una donde sus ojos observaban inquisitoriamente a Mirai.

- Huh? - gime la bebé, al ver que la sonrisa de Ai había desaparecido.

- ¡Mamá! - grita Ai.

Los verdes ojos de Mirai viajaron rápidamente por la habitación, buscando a su madre que se encontraba en el jardín regando sus flores.

Con facilidad la rubia cogió a su hermana entre sus brazos y se puso de pie para dirigirse hasta donde se encontraba Kokoro, aunque no quería molestar a su madre era realmente necesario que ella viniera en su ayuda.

- Mamá, el pañal de Mirai huele mal - dice Ai una vez que se encuentra en la salida al jardín.

- ¿Enserio? Pero si la cambie hace poco - responde la rubia mayor, que con cuidado dejo la regadera de lado para acercarse a sus hijas.

Delicadamente la joven madre limpio sus manos en su delantal y se agacho un poco para coger a Mirai de los brazos de su hija mayor.

- Yo iré a cambiar su pañal, ve y llama a Papá para que pase por tu hermano al parque n°3 - dice Kokoro con dulzura.

Ai no respondió, pero siguió al pie de la letra las palabras de su madre.

Cogió el comunicador que había sobre la mesa y entró en la opción donde salía una foto de su padre.

Solo tuvo que esperar unos segundos para que Mitsuru apareciera en la pantalla holográfica.

- Dar… - dice Ai con una sonrisa.

- Ling - completa Mitsuru desde el otro lado, regalándole una enorme sonrisa a su hija.

Ese era su típico saludo.


- ¿Qué sucede hija? - pregunta Mitsuru, quien se encuentra en la sala de espera que poseía el laboratorio de Ikuno y Naomi.

- Mamá dice que recuerdes pasar por Hide - responde la niña con inocencia.

Mitsuru se removió un poco, ya que cierta persona se acomodó entre sus piernas para aparecer en la conversación que tenían padre e hija.

- ¡Hola! - celebra el único hijo varón de Kokoro y Mitsuru.

- ¿Están en Nido? - pregunta Kokoro a las espaldas de Ai, trayendo consigo a Mirai en sus brazos.

Mitsuru observo como su esposa se unía a la conversación y no pudo evitar ampliar su sonrisa al verla con Mirai en sus brazos.

- Ichigo-sana, Papá ¿Es sana o sama? - pregunta el niño con inseguridad al no recordar los honoríficos con los que se referían a los adultos.

- Ichigo-sama hijo - responde Kokoro a través de la línea. - ¿Pasó algo malo con ella? - la pregunta iba dirigida a Mitsuru, quien seguía observando a Kokoro con ojos soñadores.

- Se desmayó en el parque, así que Nani y Miku la trajeron con Ikuno, yo me encontraba saliendo en la oficina de Hachi-san cuando me encontré a Hideki sentado afuera de esta - explica Mitsuru con su voz tranquila.

Kokoro pareció pensarlo, no era normal que Ichigo se enfermara y más cuando el clima estaba tan cálido.

- ¿Le avisaron a Goro? -

- Sí, Naomi le escribió diciendo que lo contactaría por video-llamada cuando Ichigo se sintiera bien - explica el muchacho, aun con Hideki en sus piernas.

Su esposa asintió en respuesta, los ojos de Kokoro se enfocaron en Mirai que bostezaba perezosamente en sus brazos.

- Ya es hora de la siesta de Mirai, nos vemos más tarde - se despide Kokoro. - Hideki cariño, saluda a Ichigo-chan de mi parte -

- ¡Y de mi parte! - agrega Ai, que había estado escuchando con atención como sus padres hablaban.

La comunicación se cortó, dejando a Mitsuru y a Hideki en la sala de espera vacía.

Unos leves pasos se sintieron desde el final del pasillo y cuando se sintieron más cercanos dejaron ver a una Miku preocupada.

- ¿Aun no despierta? - pregunta la pelirroja con tono de preocupación.

- No. Nani dijo que puede ser un resfriado, aunque no lo creo - dice Mitsuru con seguridad.

Miku se sentó en el espacio que sobraba en el sillón y su curiosidad seguía siendo grande, así que no se obtuvo en preguntar por qué la pareja de su mejor amiga pensaba eso.

- ¿Eso lo dices porque… -

- Desmayarse es uno de los síntomas del embarazo. Kokoro-san se desmayó en dos de sus tres embarazos, no me sorprendería que Ichigo estuviera esperando a su primer hijo - responde Mitsuru con tranquilidad.

- Pero Goro se fue hace dos meses…

El solo se encogió de hombros, ignorando a Miku y concentrándose en su hijo.


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Ceremonia de ingreso a la escuela.

¡Felicidades!

El cartel a la entrada de la escuela era una de las pocas cosas que se celebraban ese día.

Hace siete años atrás la estatua de Zero Two se había desintegrado, dejando en su lugar un brote del cual creció un saludable cerezo. Desde ese día todos los años se conmemoraba la nueva oportunidad de vida que les habían brindado Hiro y Zero Two.

La escuela era uno de los lugares de reunión y como cada día de ceremonia, las familias se reunían en los prados para compartir antes de que sus hijos tuvieran que ingresar a sus aulas con sus respectivos profesores.

- De verdad que hay muchos enanos ahora - reconoce Zorome, mientras observa como los niños corrían de lado a lado o incluso estos jugaban con sus padres.

En su campo periférico perfectamente podía observar a Kokoro y Mitsuru con dos de sus tres hijos, Mirai que era la más pequeña y la única idéntica a su padre observaba su libro ilustrado de la bestia y el príncipe, escuchando atentamente como su madre lo leía para ella. Por otro lado Hideki la versión masculina de Kokoro, se encontraba en los hombros de su padre, seguramente disfrutando de la vista que le facilitaba el estar en esa posición.

- Zorome-sensei…. -

- Huh? -

El joven de ojos color violeta voltea en dirección a la tierna voz que lo había llamado, encontrándose a unos metros su ubicación con dos de sus alumnas más pequeñas.

- Nani-sensei estaba molesta porque falto a la reunión - acusa la menor de cabellos castaños, que ocultaba tras su espalda a su compañera.

- Estaba muy molesta - agrega la niña con coletas, apuntando con su dedo índice en dirección a su maestro.

Zorome las observaba con los brazos cruzados, sin poder creer que sus alumnas lo estaban regañando.

- Esta bien - responde cerrando los ojos y alzando el rostro con altanería - Su maestro no tiene por qué ir a esa tontería - agrega como fundamento.

- ¿¡Que!? - cuestionan ambas niñas asombradas por las palabras de Zorome.

Con un movimiento rápido alzo los brazos para poder avanzar en dirección a las niñas.

- ¡Las niñas malas serán castigadas así! - grita Zorome, sentándose en el piso para quedar a la altura de las menores.

La risa de las pequeñas se podía escuchar a metros de distancia, ya que a Zorome le daba igual si lloraban por la sensación que le causaban las cosquillas.

- Oye - se escucha a las espaldas del muchacho.

Los tres habían reconocido la voz, por lo que el cuerpo de Zorome se tensó y con mucho cuidado se volteó para ver a su pareja y compañera con cara de pocos amigos.

- Miku… - susurra casi arrastrando la última letra de su nombre.

El rostro de la pelirroja no mostraba felicidad, ya que se suponía que Zorome debería estar ayudándola con las tareas que tenían para ese día antes del inicio de las clases.

- No pierdas el tiempo y ayúdanos aquí - gruñe Miku, intentando sonar poco severa para no asustar a las niñas.

- ¡Calla! Ahora iba a empezar - responde el castaño, con un tono más severo que el que había empleado Miku.

Miku acorto la distancia entre ellos, dispuesta a hacerle entender que sus acciones decían lo contrario.

- ¿Si? - pregunta con tono irónico - ¡Pues no lo parecía! -argumenta.

Estando cara a cara, la discusión no solo era verbalmente, sino que sus característicos ahogues se debatían entre si tal y como lo hacían en sus años de juventud.

- Cállate. Estoy ocupado con algunas cosas - gruñe el castaño.

- ¿Qué cosas? - pregunta tajantemente la pelirroja

- Pues… unas cosas -

Las dos pequeñas observaban como sus maestros discutían. No les era raro, pero si sumamente gracioso. Ambas voltearon al sentir la presencia de alguien tras sus espaldas y al darse cuenta de quién era no pudieron evitar lanzarse a abrazar sus piernas.

- ¡Ai-chan! - celebran las dos niñas.

Tanto Zorome como Miku dejaron de lado su disputa para enfocarse en la mayor de sus alumnos.

- Ya están grandes para discutir en medio de una ceremonia - dice la rubia, con sus brazos cruzados bajo el pecho y dándoles una mirada inquisitoria.

Ambos maestros se sonrojaron tras sus palabras, quedando totalmente en silencio entre ellos.

- Deberían dar el ejemplo - susurra Ai como último dialogo, para rápidamente enfocarse en las dos niñas que estaban unos centímetros bajo su cintura. - son unos bizarros - menciona sin enfocarse en los adultos frente a ella.

Zorome solo arrugo el ceño ante las palabras de esa dulce pero demasiado inteligente niña que tenía en frente y bien sabía que no podía quedarse sin decirle nada, pero que Mitsuru se encontraba a unos metros de ellos se contuvo; no estaba en sus planes verlo enojado por haber regañado a su princesa.

- No puedes venir y decirle eso a mi esposa enana - gruñe el castaño, sin medir sus palabras y dejando a una Miku totalmente sorprendida por las palabras que había utilizado.

Mientras al costado de Ai las dos niñas seguían observando la situación con una sonrisa en el rostro, siempre les había dado gracia que Ai lograra sacar de quicio a Zorome-sensei.

La sonrisa que se había instalado en el rostro de la niña era igual o más grande que cuando participó en la boda de sus padres hace unos años.

- ¡Papa! ¡Es verdad! ¡Miku-sensei y mi Darling se van a casar! - celebra la mayor de las niñas volteando rápidamente en dirección a sus padres que observaban atentos la escena.

Sin avisar, Ai cogió la mano de las niñas que la acompañaban y corrieron donde se encontraba la primera familia conocida de la era, dejando solos al par de maestros.

- Eto… - susurra un nervioso Zorome - Se suponía que te lo pediría al final del día, pero se me olvida que esa enana siempre esta unos pasos por delante de mí - lo último lo dice en un suspiro, mezclado con una pequeña risa.

- Aun no me has pedido nada - reconoce Miku, sonriendo de una forma tierna en dirección a Zorome.

- Cásate conmigo -


Ese día de ceremonia era su control mensual con Ikuno, a pesar de ya tener ocho meses de embarazo seguía sin creer del todo que dentro de dos meses seria madre. Y esperaba poder hacerlo igual de bien como Kokoro y el resto de las chicas.

Intentaría hacerlo incluso mejor que ellas.

Ichigo recordaba perfectamente cuando se enteró de su estado actual. Esa mezcla de terror y felicidad nunca la había sentido antes, pero aun así no dejaba de sentirse más feliz que aterrada.

"Su último recuerdo era que iba de camino a su casa y para eso tenía que atravesar el parque n°3. En el lugar había saludado a la mayoría de los niños que jugaban ahí, pero de un momento a otro sintió el cuerpo pesado y de la nada todo se había vuelto negro para ella.

Cuando despertó se encontraba en una camilla y reconocía perfectamente la sala donde estaba.

Era el laboratorio de Ikuno.

- Veo que ya termino la siesta - bromea Naomi, que se encontraba a unos pasos de ella.

- Naomi, ¿Qué me pasó? - pregunta Ichigo con pereza en su voz.

La castaña sonrió, pero siguió en silencio hasta que Ikuno apareció en el campo visual de ambas chicas.

- Te desmayaste - susurra la albina, con cuidado se sentó al costado de la camilla en la que se encontraba Ichigo y la observo con mucho cuidado.

Ichigo no se negó cuando Ikuno reviso sus pupilas y los latidos de su corazón con su estetoscopio, aunque la peliazul seguía desorientada con la situación.

- ¿Estas alimentándote bien? - pregunta la científica, mirando a los ojos a su amiga, quien seguía sin entender nada. - ¿Descansas lo suficiente? -

- Hago todo eso como siempre - susurra Ichigo. - ¿Hay algo mal? -

Ante la pregunta de la ex líder del escuadrón 13, ambas científicas se miraron a la cara y no pudieron ocultar una sonrisa, logrando confundir más a Ichigo.

- ¿Por qué sonríen? -

- No es nada malo - responde Naomi.

- ¿Te has sentido bien desde que Goro se fue? - consulta Ikuno con curiosidad.

La peliazul parece pensarlo unos segundos y rápidamente llegan a su mente los recuerdos de sus largas siestas por la tarde y de uno que otro mareo que era acompañado por un fuerte dolor de cabeza.

- Nada fuera de lo común - responde ella, sin percatarse de que si era o no de preocupar lo que había experimentado en esos dos meses que pasaron.

- Ichigo - la nombra Ikuno - tienes tres meses de embarazo - confiesa la científica con una sonrisa melancólica.

Rápidamente el rostro de Ichigo pasó de uno de confusión a uno de terror. Se podía ver a simple vista que no esperaba esa noticia.

Ella seguía postergándose la idea de traer un niño al mundo, tenía miedo de que llegara un día y el tuviera que pasar lo mismo que atravesaron sus padres cuando fueron jóvenes, pero al mismo tiempo se sentía feliz. Se había planteado varias veces la pregunta de que se sentiría ser madre y su deseo oculto era poder ver a Goro entregándole cariño a esa personita que se formara por el fruto de sus sentimientos y esta sería la ocasión, aunque rápidamente vino una pregunta a su cabeza.

¿Cómo lo tomaría Goro cuando se enterara?"

Había estado tan concentrada en sus recuerdos que no se dio cuenta de lo corto que se sintió el camino para llegar a la habitación donde se encontraba interna Ikuno, quien con el pasar de los años aun no encontraba la cura para su propio envejecimiento acelerado.

Toco suavemente la puerta y de manera inmediata recibió la respuesta desde adentro.

- Adelante Ichigo - la voz de Ikuno era suave, apenas audible.

- Hola chicas - saluda con una reverencia a las dos científicas y con cuidado se acercó hasta la cama de su amiga albina.

Ikuno la observó con detenimiento, aun sin poder creer que su primera amiga y amor se convertiría en madre. Naomi por su lado estaba concentrada en uno de los monitores que se encontraban en un rincón de la habitación.

- ¿Cómo está todo en la ceremonia? - consulta Naomi, con la intensión de que no se formara un silencio y acercando una silla a la cama para que Ichigo pudiera sentarse luego de que Ikuno la revisara.

Con cuidado Ichigo se acercó hasta Ikuno, donde le dio un abrazo delicado y rápidamente subió su vestido de maternidad para que su amiga pudiera escuchar los latidos del corazón de su bebé.

- Esos dos siguen peleando - comenta Ichigo, al menos esa era lo último que los vio hacer antes de ir a Nido.

- ¿Incluso en un día de reunión? - pregunta Ikuno creyendo en las palabras de la peliazul - Nunca van a cambiar - confiesa con una leve risa, aunque ella desaprobaba completamente el comportamiento infantil de Miku y Zorome en frente de los niños. - Todo se ve bien - agrega refiriéndose al bebé de Ichigo y quitándose el estetoscopio de los odios su mirada se enfoca en las dos chicas que la acompañan en la habitación.

Ichigo se sienta con cuidado y sin decir nada espera a que Ikuno siga hablando.

- Está creciendo sano -

- Gracias Ikuno - en el rostro de Ichigo se muestra una sonrisa sincera ante las palabras de la científica.

- Así que serás madre - susurra Ikuno con nostalgia. - Me pregunto cómo será el bebé cuando nazca. -

Naomi que las observaba a unos pasos de distancia se volteó rápidamente al escuchar la puerta abrirse, ella sabía quién era, pero no le había dicho sobre su visita a Ikuno.

- Ikuno, aquí estoy -

- ¿Futoshi? - pregunta Ikuno al ver a su antiguo estambre entrar con una gran bandeja en sus manos.

Futoshi había sido uno de los cuantos perjudicados por el envejecimiento prematuro, pero no al extremo como sucedió con Ikuno.

- ¿Quieres probar mi nueva receta? - mostrando el contenido de la bandeja a las presentes en la habitación.

- No has perdido nada de peso - confiesa Naomi con gracia en su voz, ya que sabía que Futoshi se tensaría por el comentario.

Ichigo e Ikuno reprimieron una risa, volteando un poco el rostro para que el hombre no se diera cuenta.

Aunque claramente el comentario de Naomi no le causó ninguna gracia a quien iba dirigido.

- Cállate - exclama él con brusquedad observando a Naomi con desaprobación - Es culpa de Ikuno que recuperara el apetito - se justifica mientras observa a la recién nombrada con una mueca que se transforma en una sonrisa juguetona. - Gracias a tu investigación, el crecimiento acelerado de la mayoría de los parásitos se detuvo. - confiesa con alegría.

La recién nombrada sonríe con sinceridad y su mirada viaja hasta el pan que se encuentra en su mesilla, el cual había sido creado por Futoshi y contenía la cura para evitar el problema que los acomplejaba por el excesivo uso de glóbulos amarillos.

- Tu pan también es especial - dice Ikuno. - Todos los niños crecen comiéndolo. -

Futoshi no puede evitar soltar una risa y al escuchar la palabra niños rápidamente le informa de la nueva noticia que traía.

- Kokoro-chan y Mitsuru ya tendrán al cuarto - comenta con simpleza, ya que no era sorpresa el que la Familia de esos dos siguiera creciendo.

- Eso escuche… -

Ichigo que se encontraba un poco aparte de la conversación, sintió la presencia de alguien más, así que su mirada viajo hasta la puerta para encontrarse con la familia de Futoshi.

- Tú no te quedas atrás - bromea Ichigo en dirección al pelirrojo, quien recién con esas palabras se percata de la presencia de su familia.

En la entrada se encontraba una Nimiko embarazada de su tercer hijo y era acompañada por Tadashi su hijo mayor y Shika, la pequeña princesa de Futoshi. Con cuidado la mujer apoyo sus manos en las cabezas de sus hijos para que los tres hicieran una reverencia a las personas que se encontraban en la habitación.

- Nosotras estamos bien. Ve con ellos - lo incentiva Ichigo, al notar como la sonrisa de Futoshi crecía luego de percatarse de la presencia de su familia.

Con una leve risa Futoshi salió de la habitación dejando a las tres mujeres nuevamente solas.

- ¿Y Goro? - pregunta Ikuno, consiguiendo que la atención de Ichigo volviera completamente a ella.

Ichigo se tensa, ya que sabe perfectamente que Goro se encuentra en su más reciente expedición en la cual ya lleva dos meses y ella por lo menos espera que el tiempo pase rápido y así estar junto a él antes de que el bebé nazca.

- Pronto vendrá - confiesa con pesar.

- Sigue viajando por todos lados - susurra Ikuno con pereza. - ¿Pero sabes que dijo? Quiere quedarse contigo por el bebé. -

Tales palabras logran sonrojar a Ichigo, ya que ella más que nadie sabe que ese es el deseo de su esposo.

- La ceremonia ya está por comenzar, deberías ir Ichigo -

La recién nombrada asintió como respuesta, ya que era su deber estar presente en la ceremonia, bien sabía que era una de las personas que había guiado al resto al mundo en el que Vivian hoy.

- Nos vemos más tarde - se despide.

- Ve - susurra Ikuno, aparentemente con una segunda intención.

Con pasos cautelosos Ichigo salió de la habitación de Ikuno y comenzó su recorrido para llegar a la salida de Nido.

La nostalgia la asalto de forma improvisa, recordando la última vez que había visto a Goro, hace ya dos meses.

Había sido en ese lapso de tiempo en el que conto que serían padres.

"No podía dejar de dar vueltas dentro de su habitación. Esa habitación que seguramente había sido testigo de la creación de esa pequeña persona que ahora alojaba en su vientre.

Goro llegaría en cualquier momento, ya que debido a que ella se había descompuesto hace unas semanas decidió volver a casa para asegurarse que su esposa no estuviera enferma y ella aun no sabía cómo contarle la noticia.

Serian padres dentro de siete meses.

Las manos de Ichigo viajaban por su plano vientre simulando una caricia, a pesar de haberse enterado hace unas semanas ya sentía amor por su bebé y solo esperaba que Goro se sintiera igual de feliz que ella.

- Creo que si sigues caminando por la habitación llegaras al piso inferior por desgastar el piso - bromea una voz grave, consiguiendo la total atención por parte de Ichigo.

- ¡GORO! - exclama ella con sorpresa.

No pudo evitar correr la corta distancia que los separaba para así poder abrazarlo.

- ¡Te extrañe tanto! - confiesa Goro, inhalando el olor que desprendía el cabello de Ichigo.

- No-nosotros también - dice Ichigo con vergüenza.

- ¿Nosotros? - pregunta el con duda.

Ichigo no respondió con palabras, pero se soltó del abrazo para mirar fijamente a su pareja a los ojos. Con delicadeza ella cogió las manos de Goro y las guio hasta su vientre.

Estaba nerviosa.

Aun así no detuvo sus acciones.

- ¿Ichigo? -

- Nuestro hijo y yo te extrañamos - confiesa con temor. - Vamos a tener a nuestro primer hijo. -

Esa simple frase consiguió que Goro nuevamente la abrazara y que sin previo aviso la besara. Repitiendo en todo momento que lo había convertido en el hombre más feliz del mundo y que desde ahora en adelante sus expediciones serian reducidas, no quería perderse ningún segundo de vida de su primer hijo."

Cuando volvió a la realidad no sabía si creer o no lo que sus ojos le mostraban.

Al inicio de la plataforma se encontraba la silueta que conocía a la perfección.

Supo que era real cuando lo vio correr en su dirección y que cuando se encontraba a escasos metros dejo caer su morral para poder abrazarla.

Había extrañado demasiado sus abrazos.


En los prados que rodeaban a Genista y a la escuela seguían todas las familias reunida, aunque la que más llamaba la atención era aquella conformada por cinco integrantes.

La familia más numerosa actualmente.

Los dos rubios corrían alrededor de sus padres y de su hermana menor, jugando a atraparse entre sí.

A pesar de que Ai ya tenía nueve años ella seguía jugando con sus dos hermanos menores, convirtiéndose en una igual para ellos, enorgulleciendo a sus padres con sus acciones.

- ¡Yo tamen! ¡Yo tamen! - grita Mirai con una risa, entretenida al ver como sus hermanos corrían a su alrededor.

Con cuidado Kokoro la ayudo a ponerse de pie, dejando de lado el libro favorito de su pequeña castaña. La inestabilidad para Mirai no era un impedimento, ella perseguiría a sus hermanos a como dé lugar o al menos eso era lo que daba a entender esa mirada de determinación que había heredado de Mitsuru.

- Vamos Mirai, ¡vamos donde Genista! - exclama Hideki, quien ya había superado su problema con la letra r.

- Vayan con cuidado - les encarga Mitsuru, acomodando a la muñeca Genista al lado del libro de Mirai.

Mientras Hideki guiaba a Mirai de la mano hasta el punto indicado, Ai se quedó unos segundos al lado de sus padres, tenía que decirles algo y quería que fuera ese día.

- Yo los cuidaré, no te preocupes mamá yo te ayudare con mis hermanos y hare lo mismo con mi nuevo hermanito. -

La niña no espero una respuesta, así que apuro el paso para alcanzar a sus hermanos que ya se encontraban a medio camino.

Mitsuru observó cómo su esposa se limpiaba unas pequeñas lágrimas que se le habían escapado gracias a las palabras de su hija mayor. Con delicadeza se acercó a su lado para poder pasar su brazo por la espalda de ella y así apoyar con suavidad su mano en el vientre plano de Kokoro.

- Ya debería notarse - acota el con curiosidad.

- Recién tengo tres meses Mitsuru-kun, normalmente al inicio del cuarto mes mi vientre comienza a notarse - responde Kokoro con su dulce tono voz.

- No me arrepiento de nada - confiesa Mitsuru, confundiendo un poco a Kokoro. - Quiero seguir entrelazando mi vida a la tuya. -

Sin avisar él se acerca lo suficiente hasta la mejilla de su esposa, depositando un suave beso en ella.

Había pasado un largo camino para llegar a ese momento y ambos estaban seguros de que el tiempo seria eterno para ellos y sus hijos. En caso de no ser así, el destino se encargaría de volver a enlazar sus vidas; ya lo había hecho dos veces y eso les demostraba que seguiría pasando una y otra vez de ser necesario.

Fin.