¡Hola, hola! Disculpen otra vez la demora pues siendo sincera, este capi me dio muchos dolores de cabeza, es por eso que le agradezco a SebaCielForever por el consejo que me dio ya que de otro modo no lo hubiese podido terminar :D

Espero que sea de su agrado :) Por cierto, aquí también hay mucho ¡SebasxCiel!

Advertencias: se me fue una que otra "palabrita" fuerte :P pido disculpas por ello.

Kuroshitsuji le pertenece a Yana Toboso y la historia a mi.

Mas notas al final, ¡disfruten la lectura!


El mas mínimo error, puede costar muy caro.

Cap. 20: Correspondido.

Se sentía muy nervioso y ansioso pues caminaba de un lado a otro. Era seguro que aquel ser ya se estaba enfadando y eso no era nada bueno.

Habían pasado algunos minutos a lo mucho desde que William le informó que el hijo mayor del rey de los Avernos se encontraba en el recibidor de la gran biblioteca, intuía que le pediría una muy buena explicación aunque a final de cuentas, esta no iba a ser tomada en consideración.

Weaver era bien conocido no solo por ser el hijo mayor de Lucifer sino también por ser impulsivo, impaciente pero sobretodo explosivo y si él no llegaba en ese preciso instante, lo más probable es que termine por destruir todo el lugar.

Finalmente se decidió y fue al encuentro con el demonio mayor, caminaba con parsimonia pues los nervios le calaban... se detuvo de repente "¿Por qué temía de él, si era un shinigami?" meneo su cabeza de lado a lado para deshacerse de tales pensamientos, aunque en el fondo si tenía motivos para temer.

Estaba tan sumido en sus cavilaciones, que no se percató cuando llegó al encuentro con aquel ser — ¿Qué haces aquí? — fue lo primero que interpeló el Dios de la muerte al verle.

El demonio mayor lo miró con recelo, estaba a punto de lanzarse a agredirlo pero se contuvo, en su lugar solo apretó los puños.

— ¿Qué… «Que hago aquí»?— Devolvió la pregunta —no pudiste con un simple orden Lewis, te ordené claramente que no tocaran el libro de Ciel Phantomhive y cuando llego a mi 'hogar' me encuentro con que el chico se encuentra suspendido— ya estaba perdiendo el temple, ese shinigami debía darle una buena explicación o dudaría en acabar con todo el lugar.

Lewis sonrió nervioso, si su secreto era revelado todo se vendría abajo—. Undertaker nos tomó por sorpresa— mencionó aunque en realidad no fue así, sabía de antemano que el shinigami legendario vendría por ese libro y sin embargo no pudieron hacer nada para evitar que se lo llevara.

—Tsk— chasqueó la lengua — ¡ese maldito! ¿Por qué no impediste que se lo llevara si tú eres más viejo que él?— alegó ya que en realidad no entendía del porqué de los actos y solo quería una respuesta clara.

—Claro que tratamos de impedirlo pero su guadaña es muy poderosa— dijo solo lo que le convenía pues bien sabía que por su culpa Undertaker se llevó ese ejemplar, necesitaba calmarlo pues ya no quería más escándalos de los que ya le aquejaban.

— ¡Maldición Lewis! ¿Dime donde se encuentra ese idiota? Necesito que libere al chico de la suspensión en la que se encuentra— ahora si ya estaba perdiendo la poca entereza que tenía.

El viejo shinigami se puso más nervioso, si Weaver pierde el control, será su fin —es… es que eso no lo sé— respondió con desazón.

—Pero yo sí— mencionó William T. Spears que venía entrando al recibidor con su 'Death Scythe' en manos y además: acompañado de Grell Sutcliff.

Lewis suspiro de alivio, su compañero de trabajo le estaba salvando el "pellejo" por el momento pues ahora faltaba escuchar lo que tiene que decir.

Weaver atisbo con cierto recelo a William, no confiaba para nada en él por obvias razones, este odia a los demonios con todo sus ser. —Qué esperas para hablar— ordenó.

El otro mostró una sonrisa socarrona —el Sepulturero solo está cumpliendo una vieja promesa— su sonrisa se ensanchó aún más —así que es muy probable que ya se encuentre llevándola a cabo— mencionó divertido.

El demonio mayor abrió los ojos como platos — ¡maldición! ¡Todos ustedes son unos imbéciles!— manifestó enojado.

El pelinegro lo miró divertido, —yo en tu lugar ya me estaría yendo— dijo mientras le extendía el brazo para que se marchara.

El ser demoníaco se dio media vuelta —solo les advierto una cosa, si ese niño no se encuentra dónde debe de estar no duden que mandaré a todo mi ejército para destruir este maldito lugar— advirtió mientras emprendía su marcha de vuelta al averno, estaba muy enojado, pues si ese shinigami se llevaba al menor todos sus planes se vendrían abajo.

—Sí, si— mencionó William meneando la mano en señal de que no le importaba, aunque en el fondo si le preocupaba, tendrían que ponerse en alerta también.

Mientras tanto en el inframundo…

Sebastián y Ciel permanecían de cuclillas en el suelo, el menor se sentía avergonzado por lo que acababa de escuchar y el mayor no pudo contenerse al mirar el ligero sonrojo que se adornó en las mejillas del joven aristócrata así que terminó adueñándose de sus labios por impulso.

El conde abrió desmesuradamente sus azulados ojos al sentir la calidez de los belfos de su ex mayordomo, permanecía completamente estático pues Sebastián lo había tomado por sorpresa, sin embargo a su vez se debatía internamente si debería corresponder ese ósculo que poco a poco lo hacía a estremecer.

Por otro lado, el demonio al sentir que no era correspondido decidió separarse, le dolía no ser retribuido así que en medio de su tristeza se alejó y trató de ponerse en pie con algunas dificultades pero no lo logró.

Ciel miraba confundido como se apartaba Sebastián "¿Qué acaso todo lo que dijo fue mentira?" interpeló en su fuero interno. No obstante el tampoco hacía algo para retenerlo.

—Tu… ¿no puedes olvidarle verdad?— inquirió con cierto recelo pero con tristeza en su semblante.

Ahora el turbado era Sebastián —no entiendo— mencionó consternado, no sabía a qué se refería su antiguo amo.

"Ahora resulta que no entiende" cavilaba en su interior, lo miró a los ojos con mucho coraje —no me salgas con que ahora no lo recuerdas— le grito pues estaba exasperado, en el fondo sabía muy bien que ese chico fue alguien muy importante para Sebastián porque si no lo hubiese sido; no habría llevado su alma durante más de doscientos años con él.

El demonio seguía intrigado, iba a cuestionar una vez más cuando finalmente lo recordó. Atisbo al menor que le miraba fijamente.

—Se refiere a…— la verdad es que ya ni lo recordaba, se había olvidado por completo de ese chico desde que conoció a Ciel, si bien, era cierto que en su tiempo sentía una fuerte atracción por ese joven de cabellos rubios y orbes azulados. En realidad él nunca le amo: No al menos como ama al ojiazul.

Formo una sonrisa apenas visible en sus labios mientras lo seguía contemplando, ya era momento de aclarar ese asunto.

—Déjeme decirle que está usted equivocado— le habló con parsimonia, lo que menos quería es que se alterara pues no escucharía bien lo que tenía que decirle.

El azulino se sorprendió ante las palabras escuchadas "¿le estaba retando o qué?" en el fondo sabía perfectamente que no estaba equivocado, ese muchacho siempre ha sido su sombra pues tenía razones de más para estar seguro.

—Por supuesto que no me equivoqué— respondió, desafiándolo con la mirada, —uno no carga consigo un alma durante mucho tiempo, más si se trata de un demonio.

El reproche del menor lo puso a pensar en algo que nunca se había tomado la molestia de preguntarse "¿Por qué nunca pudo deshacerse de esa alma?"

Era cierto que hasta ahora no ha conocido un espíritu más puro que aquella, no obstante ahora que lo veía bien; la esencia de Ciel era igual o semejante a la de aquel ser.

Abrió sus orbes aún más "¿Será posible?" interpelo para sí. Cerró sus ojos y negó con la cabeza.

Justo después, atisbo una vez más al joven conde que seguía esperando una respuesta. Sin embargo no podía dejar de pensar en ello.

Busco en vano durante diez años esa alma que finalmente era libre, en su lugar solo escuchó el llamado de desesperación de aquel niño y por una extraña razón no se pudo negar a tal petición, la psiquis de él, también era única pero a diferencia de aquella su dueño lo era aún más.

—Veo que tengo razón— mencionó afligido, no quería estar cerca de su ex mayordomo así que trató de alejarse.

Las palabras que escuchó lo devolvieron a la realidad, miró las claras intenciones que tenía el joven de quererse apartar así que le tomó del brazo rápidamente.

—Usted no entiende— tenía que hacer que comprendiera que estaba mal —no niego que esa alma era especial pero yo nunca me enamore de él; no como lo amo a usted— su voz casi se escuchaba como un ruego.

Ciel le volvió a mirar, tenía el ceño fruncido, su interior era un mar de confusiones, necesitaba aclarar ese asunto también porque de otro modo no estaría contento, desde que supo de la existencia de ese chico solo se ha sentido como su sombra, como alguien que no digno.

Por estar con Sebastián estaba dispuesto a mandar su orgullo al carajo.

Sin embargo, necesitaba comprobarlo.

—Por favor escúcheme— le imploró —se lo ruego.

El joven exhaló un poco de aire —habla pues— le dijo sin cambiar su semblante distante y frío que lo caracterizaba.

El demonio suspiro aliviado.

—Seré honesto con usted, no puedo negar que ese chico me atraía demasiado, como le dije anteriormente, él era un completo misterio yo no sabía nada sobre su vida excepto de que era un esclavo me atraía en sobremanera el hecho de que no se dignara a dirigirme la palabra a pesar de llevar meses viviendo juntos. Eso era todo lo que sentía por él; lo juro— esperaba que le creyera.

Ciel no sabía que articular, mientras escuchaba las palabras de su ex mayordomo poco a poco iba sintiendo que se llenaba de celos "¿Sebastián seguía jugando con él?" se soltó de la mano que le sujetaba y agacho su cabeza.

No quería ser lastimado de nuevo, bastante había sufrido ya como para dejarse engañar nuevamente.

De nueva cuenta su orgullo le estaba cegando y se sentía un idiota por ello. No obstante le creía, en fondo le creía.

El mayor se puso de pie antes de que el joven se diera cuenta y lo atisbó por última vez.

—Ahora sé que no soy correspondido— dijo con melancolía —no le niego que me duele, sin embargo por el gran amor que le tengo, estoy dispuesto a renunciar a usted para sea libre finalmente— al fin reconocía que sus sentimientos por el menor eran puros y aunque le dolía demasiado, lo dejaría ir.

El ojiazul permanecía cabizbajo pues quedó completamente perplejo al escuchar semejantes palabras "¿Qué otra prueba de amor necesitaba?" sus sentimientos eran fervientemente correspondidos, cuanto tiempo soñó con eso, era bien cierto que Faustus denigró todo su cuerpo sin embargo las sensaciones que tuvo al sentir los belfos del mayor fueron únicas.

Sebastián al no recibir respuesta dio una media vuelta y se dispuso a emprender la marcha hacia su destino, su enfrentamiento con el demonio que fue su amigo durante milenios no era algo que iba a dejar pasar, le haría pagar por todo el daño que le causó al joven conde aunque le costara la vida.

Se perdió tanto en sus cavilaciones que apenas sintió como era halado de su pantalón.

Volteó a mirar, se trataba de Ciel que aún permanecía cabizbajo pero con la diferencia de que aferraba la mano a su pantalón.

—No te vayas— mencionó en un susurro que fue claramente escuchado.

El mayor miraba pasmado al joven todavía permanecía con la cabeza gacha, de nueva cuenta se volteó y se arrodilló quedando frente a él…

Iba a tomar el mentón de Ciel pero el conde le sorprendió con un abrazo, rodeando con sus delgados brazos su cuello y escondiendo su cabeza en este.

Ya no podía más, la sola idea de estar separado por más tiempo de Sebastián le enfundaba temor, las lágrimas comenzaron a abrirse camino mojando parte de la camisa y la nívea piel del mayor, ya no quería estar más tiempo así.

—Por favor no vuelvas a dejarme— rogaba con desespero mientras se aferraba más a él —no me vuelvas a abandonar.

Sebastián durante esos momentos sintió la ironía de lo que era estar en el cielo. En sus labios se adornó una sonrisa, pero no una cualquiera, esta era de felicidad. Cerró sus ojos carmesís y se dejó llevar por ese efusivo abrazo, así permanecieron durante unos instantes hasta que finalmente se separaron un poco.

Ambos se veían fijamente, la mirada escarlata se perdía en el azul zafiro, sin duda, un momento que quedaría guardado para siempre en sus memorias.

Juntaron sus frentes pues ya no había más palabras para decir, sus respiraciones se mezclaban entre sí haciéndolos estremecer, de nueva cuenta su mundo se volvió a detener pues ya no les importaba nada, más que ellos dos.

Era como si el tiempo ya no avanzara más y solo ellos estuviesen conscientes de lo que sucedía, ya no había más que decir.

Acortaron la distancia reconociendo finalmente el amor que se tenían, ya no importaba nada, ni los errores del pasado o el orgullo maldito, solo eran dos almas que anhelaban estar juntas para ya no separarse nunca más pues el destino cruel solo les jugó una mala pasada.

Primero fue un ligero roce el cual provocó que ambos palpitaran en su interior, no obstante se dejaron llevar por esas sensaciones a medida que el roce se hacía ligeramente más profundo, esa era la primera vez que los dos se correspondían y se entregaban sin reproche alguno.

El menor pronto se dejó guiar por la boca de su ex mayordomo, lento y pausado degustaban de la exquisitez del otro pues no querían que ese preciado momento llegara a su fin.

Sebastián rozó con sus nudillos la mejilla del joven conde, la deslizaba con delicadeza desde el mentón hasta llegar a la oreja para terminar entrelazándola por los finos cabellos, ese roce solo logró hacerlo vibrar más de lo que ya se estremecía en lo más recóndito de su cuerpo.

Comenzaron a profundizar ese anhelado beso pues el afecto los estaba haciendo enloquecer, el menor correspondía ese ósculo como si fuese el último que se llegarían a dar y por otro lado Sebastián seguía guiándolo, sin embargo quería probar más.

Pidió permiso con su lengua para poder saborear más profundo, aquellos belfos que tanto soñó con tener y ahora lo finalmente se le hacía realidad.

El joven vaciló por unos momentos pero finalmente accedió y abrió su boca dando con ello su consentimiento.

Sebastián no perdió tiempo y rápidamente entrelazo su 'sinhueso' a la del menor quien correspondía torpemente al principio, mas luego tomó el ritmo también ya que el mayor se dio tiempo para enseñarle.

Y vaya que Ciel era un buen aprendiz pues pronto comenzó a competir contra él, en una batalla en la cual Sebastián era el ganador.

La sensación en ambos era única e inigualable.

El demonio atrajo más hacia sí, el cuerpo del azulino ya que quería sentirlo más de cerca y este a su vez se dejó consentir porque era algo que ansiaba y necesitaba a la vez.

Undertaker, quien en realidad nunca se alejó de aquella habitación, solo agachó su cabeza escondiendo sus ojos verdes amarillentos con su flequillo.

Sabía exactamente lo que ocurría en ese cuarto y podía evitar sentir tristeza en sobremanera.

No estaba triste porque Ciel finalmente correspondió a Sebastián sino porque la muestra de amor que ambos se profesaban, le recordaron lo que él nunca podrá volver a tener. El amor de Vincent Phantomhive.

Una presencia lo sacó de sus cavilaciones y lo puso en alerta, levanto su cabeza para buscar de quien se trataba, sabía que era un demonio sin embargo este expedía un olor diferente.

Sacó su guadaña de entre sus ropas y se puso a la defensiva esperando que aquel ser se hiciera presente…


Uff! En verdad espero que haya sido de su agrado :) ya que a mi sigue sin convencerme.

De Sebastián y Ciel lo único que puedo decir, es que ya era hora jaja me tardé una eternidad para que finalmente aceparan su amor, sin embargo espero que haya valido la pena :D

Agradezco a Nana19 por el beteo :3

Y también a quienes se toman la molestia de leer y comentar :D

Hime Diamond, Sakurita-chan03897, SebaCielForever, Guest, Charles Grey -Perrible, muchísimas gracias XD

Dejen review's please!

Cuídense linduras! :3