Capítulo 20

Olvidar


Hermione se quedó dentro del armario un par de minutos más. Sabía que fuera, el pasillo estaba lleno de alumnos que al igual que ella, acababan de salir de clase. No era lo más inteligente el salir del mismo armario de escobas del cual Draco Malfoy acababa de marcharse. Muy probablemente nadie lo hubiese notado, pero quizá fuese mejor el no correr ningún riesgo... Así que mientras intentaba calmar su ahora alegre corazón, Hermione esperó un poco más, hasta que las risas y los pasos se hubieron calmado, antes de finalmente atreverse a abrir ligeramente la puerta y asomar un poco la cabeza.

El pasillo estaba relativamente vacío. Quedaban apenas un par de alumnos de quinto de Hufflepuff (que se encontraban enfrascados en una conversación con el profesor Flitwick), y otro par de alumnas de séptimo de Slytherin, quienes se encontraban recargadas en la pared, junto a la puerta del armario de escobas. Hermione las reconoció al instante: Janna y Astoria, compañeras de su clase de Pociones, muy probablemente se habían rezagado por conversar con el profesor Slughorn.

Hermione estaba por abrir un poco más la puerta del armario de las escobas, para salir de allí; ¿qué importaba que las serpientes la vieran? Draco se había marchado hacía rato, y ellas se veían tan absortas en su conversación que seguramente no le prestarían la más mínima atención. A diferencia de Pansy Parkinson, Janna y Astoria no se metían con ella, a decir verdad, no se metían con nadie. Sin embargo, Hermione estaba ya por abrir completamente la puerta y marcharse, cuando escuchó un trozo de la conversación de las dos muchachas, y se congeló en seco.

-¿Matrimonio por conveniencia? –había sido la sorprendida pregunta de Janna, una muchacha de cabello rubio y piel pálida, con ojos color miel-. Había escuchado que aún se efectuaban, pero nunca había conocido a alguien que…

-Pues la conoces ya –interrumpió Astoria (una muchacha de piel rosada y cabello castaño oscuro, que combinaba con sus ojos), en un tono cansino.

-¿Y qué se siente?

-No se siente nada –fue la seca respuesta de Astoria-. Es cierto que conozco a Malfoy desde que éramos niños, pero una cosa es que lo conozca y otra que me guste.

Hermione sintió que le daba un vuelco el corazón. Nerviosa y asustada, emparejó la puerta, creando un resquicio de apenas dos centímetros, y se pegó a ella, intentando escuchar más, sin ser vista. ¿A caso era Astoria Greengrass la muchacha con la que el señor y la señora Malfoy habían acordado un matrimonio arreglado para su hijo?

-Entonces, ¿intentarás cancelar el compromiso? –la nueva pregunta de Janna provocó que Hermione tuviera que taparse la boca con las manos, para ahogar un grito.

-Claro que no –aquella nueva respuesta hizo que la castaña sintiera ahora que el corazón se le detenía en seco-. Sabes que es mi obligación, como parte del linaje Greengrass… Me casaré con Draco, de eso no hay duda. Que no haya amor en esa unión es otra cosa.

-¿Y podrás vivir así? Es decir, casarse es un gran paso, un compromiso para toda la vida. Hacerlo con alguien a quien no amas…

-No necesitas preocuparte por mí –fue la respuesta de Astoria, en un tono que intentaba sonar dramático y misterioso-. Yo sé lo que hago…

Janna respondió algo más, pero Hermione no alcanzó a escuchar. Sus voces sonaban lejanas, ahogadas por sus pasos, que indicaron a la Gryffindor que las dos serpientes se alejaban de allí, muy probablemente dispuestas a dirigirse al Gran Comedor, pues era ya la hora del almuerzo. Sin embargo, la leona se quedó dentro del armario un poco más, aun repitiendo en su cabeza lo que acababa de escuchar. Astoria era quien iba a casarse con Draco, y al igual que el rubio, ella tampoco lo hacía por amor. Un matrimonio por conveniencia, en que tanto los Malfoy como los Greengrass parecía que salían muy bien beneficiados. Entonces, una loca idea cruzó por su cabeza: ¿por qué no también ella, Granger, se beneficiaba de eso?

Confiando en que finalmente el pasillo se encontraba vacío, abrió la puerta una vez más, y tras confirmar que no quedaba nadie más allí (el par de Hufflepuffs igualmente se habían marchado), finalmente salió de su escondite, con dirección al Gran Comedor. Estaba segura de que Ginny, Luna y Neville la estaban esperando para comer.


El sábado, poco después de las diez de la mañana, el mar de estudiantes que esperaban el permiso de Filch para poder salir del castillo e ir a Hogsmeade, cuchicheaba en el recibidor en pleno. Hermione acompañaba a Ginny (Luna y Neville habían desaparecido, y ambas muchachas estaban seguras de que se encontraban ya en una cita), y mientras la pelirroja miraba a los otros alumnos distraídamente, esperando avanzar en la fila, Hermione fingía que miraba también, pero en realidad, se encontraba buscando a Draco Malfoy. No había muchas serpientes que planearan ir aquel día al pueblo (en realidad, no había habido muchas serpientes por todo el castillo durante aquellos últimos meses), por lo que no fue difícil comprobar que el Slytherin no se encontraba entre ellos.

Tuvo que contener las ganas de emitir aquel suspiro decepcionado, y limitarse a avanzar en la fila. Mientras Ginny platicaba con Eleonor Quirke, Hermione intentó ser positiva: la primera vez que había acordado verse con Malfoy fuera de la Casa de los Gritos, el Slytherin tampoco había aparecido en el recibidor, y no lo había visto en Hogsmeade; pero se había presentado a aquella reunión, había acudido a la cita. Confiaba en que esta vez sería igual.

Así que esperaron en la fila, la cual avanzaba lentamente, y media hora más tarde, finalmente las dos Gryffindors (Eleonor se había marchado con unas amigas de Ravenclaw) caminaban tranquilamente rumbo al pueblo. Hermione no podía evitar sentirse un poco incómoda. Alrededor de ellas, había decenas de parejitas tomadas de las manos, conversando melosamente. No tardaría mucho para que al llegar a Hogsmeade, Ginny se encontrase con Harry, ninguno de los dos tuviese ojos para nadie más, y ella hiciese el mal tercio. Sin embargo, si se movía sigilosamente, aquella actitud de sus amigos le daría el tiempo suficiente (podía ser que hasta horas) para separarse de ellos sin ser vista y dirigirse a la Casa de los Gritos, para hablar con Draco. Esperaba que Ron no la encontrase antes, pues entonces, todo su plan se vendría abajo.

Efectivamente, cuando las dos muchachas cruzaron el puentecito de piedra que las llevaba a la calle principal de Hogsmeade (el río que cruzaba por debajo estaba completamente congelado), no tardaron en escuchar aquel saludo:

-¡Ginny! –gritó Harry, con lo que la pelirroja emprendió la carrera hasta su novio, y se dejó caer en sus brazos. Hermione sonrió al verlos. Se les notaba tan felices.

Sin embargo, antes de poder siquiera comprobar si Ron se encontraba en los alrededores, la castaña giró hacia la derecha, tomando una calle secundaria, y se perdió entre los pueblerinos, hasta finalmente separarse del barullo, y seguir por aquel camino agreste, que la llevaría directamente a la Casa de los Gritos.

Se retorció las manos, nerviosamente. Había estado recitando en su cabeza (durante toda la noche, al grado de casi no dormir) lo que le diría a Draco cuando lo viese.

-No me importa que tengamos que permanecer en secreto –repitió mentalmente-, solo quiero estar a tu lado.

Cuando llegó al claro que se formaba junto a la valla que impedía el paso a la Casa de los Gritos, había comenzado a nevar. Era una nevada ligera, apenas unos cuantos copos cayendo, nada especial. Confiando en que aquello terminaría pronto, Hermione se acomodó la bufanda alrededor del cuello, y esperó.


Malfoy había ido a Hogsmeade no porque quisiese, sino porque lo habían obligado. Zack y Nigel no habían invitado a ninguna compañera a tener una cita por San Valentín (no había suficientes serpientes y ninguna chica de otra casa se hubiese atrevido a salir con un Slytherin), pero consideraban que se verían aún más patéticos si se quedaban dentro del castillo. Así que para evitar que el resto de los alumnos pensaran que se encontraban en una cita (no es que fuesen homofóbicos ni mucho menos), habían obligado a Malfoy a acompañarlos, y ahora, las tres serpientes se encontraban caminando por la calle principal de Hogsmeade, preguntándose si habría alguna mesa disponible en Las Tres Escobas, pues les apetecía tomar algo caliente.

Para su mala suerte, el local se encontraba completamente abarrotado. No solo por los alumnos de Hogwarts, quienes querían tener sus citas románticas en pareja, sino también por los aldeanos, pues estaba comenzando a hacer frío y buscaban un lugar calientito para conversar. Así que a Zack, Nigel y Draco no les quedó de otra más que quedarse de pie junto a la barra, esperando su turno para que la señora Rosmerta les asignase una mesa. Desde allí, podían ver a varias parejas que al igual que ellos esperaban su turno, y a los grupos que llegaban detrás de ellos, dispuestos también a esperar.

La puerta del local se abrió una vez más, y por allí entró una nueva parejita, acompañados de una ráfaga fría con copos de nieve. Draco los miró de reojo, con lo que pudo comprobar que se trataba nada más de Harry Potter y Ginevra Weasley. Harry lo vio también, pero ninguno de los dos chicos dijo nada, y se limitaron a mirar en direcciones contrarias, fingiendo que no se habían visto.

-¿Mesa para dos? –preguntó la señora Rosemerta a los muchachos.

-Somos tres –corrigió Ginny al instante, girándose para hablar con alguien que obviamente no se encontraba allí-. ¿Dónde está Hermione?

Harry se giró también, mirando a su alrededor, confundido.

-Estaba con nosotros hacía un segundo –fue la respuesta del muchacho-. ¿No era así?

-¿Crees que se haya topado con Ron?

-Sí, supongo…

Pero a Harry no le pasó por alto la manera en que Draco escuchaba atentamente sus palabras, y cómo lo miraba de reojo.

-Lo sabe –pensó-. Él sabe dónde está Hermione.

-Está muy lleno aquí –dijo Malfoy a sus amigos, como quien no quiere la cosa-. ¿Les molesta si los espero afuera? Necesito un poco de aire fresco…

La serpiente no se esperó a que sus amigos respondiesen, sino que se limitó a pasar junto a Harry y Ginny, y salir al frío exterior. Lo recibió aquella fría ráfaga, y una nueva oleada de copos de nieve. Claro que sabía por qué Granger no había seguido a Potter y Weasley a Las Tres Escobas. Claro que sabía dónde se encontraba. Sintió que su corazón se agitaba angustiado en su pecho, recordando aquella helada que había acontecido en Navidad, y en la pobre Hermione siendo azotada por el frío…

No perdió un segundo, y emprendió la carrera rumbo a la Casa de los Gritos. No se dio cuenta de cómo igual que él, Harry salía de Las Tres Escobas, y lo seguía, mientras la nevada comenzaba a hacerse más intensa.

Corrió por la calle principal de Hogsmeade, mientras empujaba a un par de estudiantes de tercer curso de Hufflepuff, y esquivaba a los locales. Al llegar al límite del pueblo, en vez de seguir corriendo de frente rumbo al puente, giró a la izquierda y se internó por una callejuela menos transitada. Tuvo que recorrer un par de calles antes de salir finalmente del pueblo, y ahora, corría a toda la velocidad que le permitía aquella capa de nieve de cinco centímetros, que se amontonaba en el agreste camino.

Estaba seguro de que Granger lo esperaba. Así como lo había esperado la primera vez que se vieron frente a la Casa de los Gritos. Así como lo había esperado en Navidad…

-¡Esa tonta! –no pudo evitar exclamar, mientras resbalaba en la nieve, pero seguía corriendo. Con el aire golpeándole el rostro y los copos de nieve cayendo sobre su rubio cabello, el Slytherin seguía corriendo.

Se detuvo en seco en lo alto de la colina, y miró abajo: allí, en aquel claro cubierto de nieve, esperaba la solitaria figura de la Gryffindor. Incapaz de gritar su nombre, se deslizó colina abajo, y aterrizó en el claro, dando trompicones.

-¡Hermione! –exclamó mitad enojado, mitad aliviado.

-¡Draco! –dijo ella de vuelta, mientras se quitaba las manos de la cara (había estado soplando en ellas para darles un poco de calor) y corría a su encuentro-. ¡Has venido!

-¡No deberías estar aquí! –interrumpió el rubio, mientras la miraba con desaprobación-. ¿Quieres que pase lo mismo que en Navidad? ¡Está a punto de caer una tormenta!

-Prometí que te esperaría –se excusó ella, ligeramente molesta-. Pero te niegas a creerme…

-No me hables de eso ahora –el rubio la sujetó del brazo, dispuesto a llevarla colina arriba, y regresar al pueblo, pero Hermione dio un tirón, y se soltó de su agarre.

-No –exclamó firmemente-. No me iré de aquí hasta que me escuches.

-¡Malfoy! –una voz se escuchó, proveniente de lo alto de la colina. Tanto el Slytherin como la Gryffindor se giraron para ver al recién llegado.

Harry respiraba agitadamente. Al igual que el rubio, había venido corriendo desde Las Tres Escobas. Al igual que la serpiente, hubiese querido bajar corriendo la colina, sin embargo, algo le decía al joven de ojos verdes que lo mejor en aquella situación, era mantener su distancia.

-¿Qué está haciendo Harry aquí? –preguntó Hermione alarmada.

-Lo sabe –fue la respuesta de Draco-. Él sabe lo que hubo entre tú y yo.

Hermione lo miró sorprendida. ¿Cómo era posible? ¿Qué era lo que sabía exactamente? Estuvo a punto de preguntar, pero al final, su cerebro le dijo que aquello no le importaba en realidad. Finalmente tenía la oportunidad de hablar con Draco, frente a frente, y decirle todo lo que sentía. No iba a desperdiciar su tiempo hablando sobre Harry. Ella estaba allí, en el frío, porque quería hablar con Draco, explicarle sus sentimientos, y sus planes para estar a su lado… Si Harry lo sabía, y lo escuchaba, a ella no le interesaba. Al contrario, aquello serviría para demostrarle al rubio que hablaba en serio.

-Draco… -inició Hermione con la voz más firme que pudo, cosa complicada, pues unas gruesas lágrimas prendían de sus pestañas, y amenazaban con recorrer su rostro.

No pudo contenerse, y se aventó a sus brazos, provocando que el Slytherin se tambalease en la nieve.

-Draco, entiendo que estés dispuesto a realizar aquel matrimonio por conveniencia –inició la Gryffindor, con lo que su voz se quebró, pero prontamente recuperó la fuerza-, pero también entiendo que no la quieres. Y también sé que Astoria no te ama…

-¿Cómo sabes de Astoria?

-¡Eso no importa! –chilló histérica. Necesitaba que Malfoy escuchase, que la entendiera. Sentía que si no era en ese momento, no sería nunca-. Yo sé que en ese matrimonio, ninguno de ustedes tiene sentimientos por el otro. Y sé, que aunque lo niegues, tú me amas a mí. Sólo a mí…

-Hermione, yo…

-¡Lo sé porque yo también te amo, Draco! No lo había notado, quizá no lo supe reconocer, pero lo sé ahora.

-Hermione –la voz de Harry sonaba distante, pero solo sirvió para provocar que las lágrimas de la castaña finalmente corriesen libres por sus mejillas.

-Por favor, Draco –suplicó la joven-. No termines con esto. No destruyas lo nuestro. A mí no me importaría ser la otra. Ser un secreto. Solo quiero estar contigo. Por favor…

El Slytherin quiso desviar la mirada, pero no podía. El ver las lágrimas de la Gryffindor recorriendo su hermoso rostro, le lastimaba el corazón, pero lo que más le dolía era saber que él era el causante de aquel dolor. Quiso soltarla, dar media vuelta y marcharse, antes de ser tan débil como para abrazarla y besarla, pero no pudo. Se quedó allí, de pie mirándola aferrarse a él. Por un instante pensó en sus palabras: ser un secreto, seguir viéndose a escondidas. ¡Qué importaba que Potter lo supiera!

Pero entonces pensó que si el ex Gryffindor lo había descubierto con tanta facilidad, por un descuido insignificante, lo mismo podría ocurrir con sus padres… Y su estómago (así como su corazón) se encogió aterrado. No podía arriesgarse a ello. La matarían… Supadre ya había matado, por instrucciones del Señor Tenebroso. A magos poderosos y enemigos temibles. Magos y brujas mucho más capacitados que Granger. ¿Por qué habría Lucius Malfoy de contenerse para acabar con la vida de aquella joven? Sería fácil, y por su propio deseo... Si se enterase de ello, la mataría, claro que lo haría.

-No puedo hacerlo, Hermione –dijo finalmente el Slytherin, mientras la sujetaba con firmeza por los hombros-. No puedes hacértelo a ti misma. Vales más para simplemente ser la otra. Te mereces a alguien que pueda amarte por completo. Y ya te lo he dicho, y lo repetiré hasta el cansancio: yo no puedo darte eso…

Sintiendo un nudo en la garganta, soltó lentamente los brazos de Hermione, y dio un par de pasos hacia atrás. Ella lo miró por entre sus lágrimas. Profiriendo unos débiles hipidos, la Gryffindor intentó acercarse a él, abrazarlo nuevamente, pero el Slytherin volvió a retirarse. Caminando hacia atrás, alejándose de ella, interponiendo esa distancia que no quería, pero necesitaba…

-Por favor… -susurró ella una vez más.

No pudo evitarlo y volvió a llorar. Lloró aún con más ganas al ver como Draco se daba media vuelta, para no verla, para no escucharla. Las uñas del Slytherin se clavaron aún con más fuerza en las palmas de sus manos, al punto de lastimarlo, pero a él no le importó. Después de todo, no había dolor físico que se comparase con el dolor que sentía en su corazón, en su alma.

-Lo siento mucho –dijo finalmente el chico, con voz temblorosa. Hermione, quien ahora se abrazaba a sí misma, intentó calmar su llanto, pero solo sirvió para empeorarlo. Ahora, además de hipar, también temblaba.

-Pero es que tú no entiendes… -dijo el rubio en un susurro que la chica no escuchó, pero siguió hablando. Necesitaba decirlo, sacarlo de su sistema-. ¡Solo lo hago para salvarte! ¡Lo hago porque te amo! ¡Lo hago porque quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo!

Volvió a girarse y clavó su mirada azul en la castaña de ella. Se encontraba encolerizado, pero es que era la única forma que tenía de expresar aquel dolor, sin llorar. No podía hacerlo delante de ella. Por los dos, él tenía que ser fuerte.

-¡Pero tú no lo entiendes! –el Slytherin gritó nuevamente, apuntándola con un dedo acusador. La Gryffindor lo miró sin inmutarse (seguía temblando y seguía hipando, pero no se le notaba asustada), lo que provocó que el rubio rugiera con mayor fuerza-. ¡Y no importa lo que haga, nunca lo harás! ¡Yo no valgo nada! No importa cuánto me ames, no vale la pena luchar por alguien como yo. Lo que yo te ofrezco es destructivo, con prejuicios, dolor y sufrimiento. ¡No vale la pena todo el daño que te estoy haciendo en estos momentos! Tú mereces algo mejor...

-Pero solo te quiero a ti…

-¡Pero yo no!

Draco temblaba de la impotencia. El tener aquella discusión estaba sacando lo peor de él. No importaba cuántas veces lo dijese, Hermione nunca se daría cuenta de que él no le convenía. Que era mejor dejarlo ir. Que aquel amor simplemente no iba a resultar. Si seguía por aquel camino, lo perdería todo. A sus amigos, a su familia, inclusive la vida…

Una nueva oleada de lágrimas comenzó a correr por el rostro de Hermione, y con esto, Draco no pudo soportarlo más. No soportaba ser el causante de aquel dolor. Aún no estaban juntos, aún no se enfrentaban a los prejuicios de sus amigos, a los prejuicios de los Malfoy, y ella ya estaba al borde de sus fuerzas. No había manera de que ganasen esa guerra juntos, por ello, no valía siquiera la pena intentarlo.

Al menos, no por ahora.

Sin esperar un segundo más, Draco se sacó la varita. Escuchó el grito de Potter, proveniente de lo alto de la colina, y por el rabillo del ojo, lo pudo ver bajar lo más rápido que podía. Pero la nieve que se amontonaba era ya demasiada, y el muchacho de ojos verdes debía tantear el camino con cuidado si no quería caer… Para cuando llegase al lado de su mejor amiga, sería ya demasiado tarde.

Le temblaba la mano, tenía miedo. ¿Se atrevería a hacerlo? Antes de que Potter llegase a su lado y le arrebatase la varita de la mano… Nunca había realizado con anterioridad aquél hechizo. ¿Qué pasaría si lo hacía mal? ¿Tendría siquiera el valor de llevarlo a cabo?

Pero es que no había ninguna otra solución. ¿De qué otra forma podría Hermione volver a ser feliz? Y es que la felicidad de la Gryffindor era lo único que a él le importaba.

Volvió a mirar a la castaña. La chica seguía llorando. Estaba tan absorta en su dolor, que no vio cuando el Slytherin apuntó su varita contra su rostro. Pero él se mantuvo firme. Era ahora o nunca. Sujetó la varita con más fuerza, apuntándola directamente a la cabeza de la castaña. Se había aprendido la teoría de aquel hechizo, por orden de ella misma para una de sus clases de Defensa, pero aun así, no confiaba completamente en su capacidad para hacer aquello. Sobre todo cuando una parte de sí mismo se negaba a hacerlo.

Cerró los ojos, para serenarse. Le tomó sólo un par de segundos. Cuando volvió a abrirlos, estaba ya completamente seguro de que era lo correcto.

- Te amo, Hermione –le dijo en un susurro que la castaña escuchó con claridad, y la hicieron levantar la cara, mirarlo a los ojos.

Sujetó la varita con todas sus fuerzas, forzando a su brazo a dejar de temblar. En sus ojos no había ni sombra de duda. Estaba decidido; dolido y no tan seguro de que fuera lo correcto, pero decidido al fin.

-¡Obliviate!

La mirada de Hermione se volvió opaca, distante. Sus brazos cayeron a ambos lados de su cuerpo, su boca se abrió un poco. Su expresión en general denotaba un poco de sorpresa distante, vacía.

Draco se mantuvo firme, mientras un par de lágrimas recorrían su rostro, y la varita seguía realizando aquel lento e indoloro proceso, no tardaría mucho... pero entonces, sintió aquel golpe en su brazo derecho, y la varita dio por terminado el hechizo, mientras el Slytherin miraba a su alrededor, confundido.

Aquella figura borrosa, que había empujado su brazo, siguió corriendo de largo, hasta llegar a la joven de ojos y cabello castaño. Miró a Harry detenerse junto a ella; la Gryffindor tenía la mirada perdida.

Y entonces, la leona cayó en cámara lenta. No alcanzó a tocar el suelo pues Potter la había sujetado justo a tiempo. La vio allí, en brazos del joven de cabello negro, mientras sus ojos se cerraban y daban el aspecto de que se había desmayado, o que simplemente dormía.

-¿Qué has hecho? –repitió el joven de ojos verdes en un susurro, mientras retiraba un par de copos de nieve que caían en el rostro de Hermione.

-Lo que tenía que hacer –fue la simple respuesta del rubio-. Será mejor así. Por favor, cuida de ella.

Draco dio media vuelta, y se alejó de allí, dando grandes zancadas. Subió de vuelta la colina, y corrió por el camino, de vuelta al pueblo, mientras se guardaba la varita en el bolsillo. Le temblaban las manos, su respiración era agitada, y su visión borrosa. Sin embargo, no le fue difícil el distinguir aquel par de cabelleras pelirrojas (una corta y otra larga) que se acercaban hacia allí, corriendo velozmente.

Tanto Ron como Ginny se detuvieron frente a él. El Slytherin fingió que no los había visto, pero se detuvo en seco al escuchar la pregunta proveniente de la menor de los Weasley:

-Malfoy –dijo la joven, nerviosa y preocupada a partes iguales-. ¿Has visto a Harry?

-Están en la Casa de los Gritos –fue la respuesta de la serpiente-. Creo que a Granger acaba de darle un ataque de nervios debido a la presión de los exámenes –e intentó reír maliciosamente-. Esa sabelotodo…

Los Weasley no esperaron a que dijesen nada más, y emprendieron la carrera rumbo a aquel camino que los conduciría a su destino. Malfoy, en cambio, reanudó su lento andar tomando el camino hacia la izquierda, adentrándose en el corto trayecto que lo llevaría a Hogwarts. Le temblaban todas sus extremidades, su respiración se volvió agitada. Cuando llegó al puente, no pudo más, y se dejó caer en el suelo, apoyando la espalda contra el muro de piedra. La nieve seguía cayendo, amontonándose en su cabeza y hombros, pero él la ignoró. Ahogando un grito, apoyó sus codos en sus rodillas, y escondió el rostro entre sus manos.

Emitió una débil risita, y sin poder contenerse más, se puso a llorar.


¡Hola a todxs otra vez!

¿Me han extrañado? Yo sí, y mucho.

Por si los tenía con el pendiente, mi fin de semana relax estuvo 8.5/10 (me hizo falta una hora en el spa), y comí tanto que me dolió el estómago todo el lunes X)

Dejando de lado mis pésimas y egoístas excusas para no darles update, mejor concentrémonos en el capi de hoy. ¡Ya esta es ahora sí la recta final! Dos capis más, el epílogo, y finite incantatem... por el momento *risa maníaca insertese aquí*

El capi lo he sentido un poco apresurado (a comparación de todos los "pleitos" que hubo en el fic original), pero me pareció mejor así, pues no quería que le tomasen odio a los Weasley y Neville... Al final todo es culpa de Draco y su cobardía (?), pero ese es otro tema.

El apoyo de Harry será importante en un futuro, no se olviden de ello. Así como su intervención en el hechizo (?). No digo nada más para no causar spoilers, pero si les pido que anoten esos detallitos para no olvidarlos~~

En fin, estoy segura de que había algo más que necesitaba decirles (a parte de que nuevamente no creo poder responder a sus reviews, aunque creo que lo más importante es saber que siguen leyéndome); por lo que me limitaré a agradecerles que sigan aquí después de tantos capis, con sus reviews, follows y favorites.

Les recuerdo, estamos en la recta final, no abandonen ahora (?). Les mando abrazos y besos, y nos vemos la próxima semana. Sigan bellos!