Me perdí un tiempo
Me perdí un tiempo... pero una vez dejado abandonado a mi novio y en un feriado pude concluir el capítulo. Debo decir que fue especialmente difícil...
Odio las tardanzas... sí, lo sé... ustedes también, pero no lo hago a propósito, a veces me siento a escribir y siento que nada de lo que tecleo es bueno y... quiero dejar lo mejor... aunque quizás tampoco acabe haciendo lo mejor pero bue P eso intento...
Intenté que tuvieran un nudo en la garganta en este cap... espero conseguir algo parecido al menos...
Mientras lo disfruten, hice mi trabajo.
NI UN MOMENTO DE PAZ
Milk vio que el rostro de Goku se contraía adolorido.
Jamás lo había visto así, ella nunca pudo observar lo perseverante que era, lo mucho que sufría en las batallas en las que siempre salía victorioso, más por su fuerza de corazón que la que su cuerpo poseía. Ella pensó que él podría también ganar esta pelea... pero de pronto el rostro de Goku se relajó.
-Goku... -murmuró acercándose aún más a él, el guerrero daba la impresión de haberse quedado profundamente dormido- Goku... -dijo un poco más urgente acariciando su rostro- ¡GOKU!
-Papá- llamó Gohan antes de entrar al cuarto, la puerta se azotó golpeando al padre de Milk que aguardaba detrás de su hija.
-¡GOKUUUUU!- lo llamó la mujer desesperadamente sintiendo que unas lágrimas ardientes recorrían su rostro, lo sacudió y él no reaccionaba.- Goku, goku, por favor... -sollozó finalmente reposando su cabeza sobre el pecho del saiya que permanecía imperturbable.
Gohan quedó con la boca abierta cuando su madre comenzó con un agudo y doloroso llanto, se acercó frunciendo el entrecejo.
-Tranquila Milk, tranquila...- intentaba consolarla el abuelo tomándola por los hombros, pero Milk agitaba la cabeza.
-No... Goku, no- insistía ella adolorida, el niño continuó su avance sobre la escena sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas nuevamente, había llorado mucho en su vida pero esta vez sólo dos lágrimas se desprendieron de sus ojos.
-Adiós, papá- saludó angustiado el cadáver relajado del hombre que yacía en la cama, sintió sobre su hombro la mano de su abuelo dándole consuelo y dejó que otro par de lágrimas se escapara. Contempló a su padre largamente mientras sentía a la amargura apoderándose de su corazón.
Era posible que estuviera destinado a no tener un padre??
Los primeros años de su vida fueron completos y plenos, tenía a su madre, a su padre, a su abuelo, su casa en medio de las tranquilas montañas, tenía todo lo que pudiese desear un muchacho. Pero a partir de cierto momento ya no tuvo nunca más esa vida y era muy pequeño para que fuese así. Perdió a su padre, lo vio ser asesinado... pensó que jamás volvería a verlo pero tendría la oportunidad del reencuentro que nunca nadie tenía, soportó cosas que un niño de cuatro años jamás viviría sabiendo que un día volvería a verlo, y su padre regresó. Pero volvió a perderlo ante otro peligro, siempre había otro peligro, otra amenaza, otro entrenamiento para perderlo.
Y no era justo, Goku era un buen padre.
Ya no tendría nuevamente esa oportunidad, ya no podría decirle a todos que él volvería, que él vencería a su enemigo y regresaría... ya no existía más la posibilidad.
-Papá- esta vez sonó como un ruego, tomó las sábanas en una forma ritual y con ellas cubrió el rostro de su padre pero la mano de Milk sujetó la suya impidiéndole la tarea.
-Quiero verlo, Gohan... ya jamás volveré a verlo... -peticionó ella, el niño asintió abrazándola fuertemente.
-No te preocupes mamá, todo saldrá bien.- intentó consolarla mientras sentía el llanto-aullido de su madre contra su pecho, dejó deslizar un par de lágrimas más fuera de su rostro.
Había llegado tarde para verlo, su padre no pudo despedirse de él. Todo ese tiempo enfermo ellos lo habían pasado juntos. Goku quería dejar a su hijo las técnicas que le asegurarían mantener el orden en la Tierra, hablaban de la vida.
Su padre nunca le pareció especialmente serio en ese aspecto como lo era el señor Piccoro, pero era su padre.
El padre con el que jugaba, el que le enseñó a caminar, a hablar, el que le escogió el nombre, el que siempre lo animaba a enfrentarse a todo, a todo obstáculo o enemigo por más terrible que pareciera. Goku siempre lo empujó hacia adelante, y eso era lo que hacía un buen padre.
Ya no lo tendría para aprender de él, no solo sus técnicas sino su admirable forma de ser. Ya no podría salir y escaparse con él cuando su madre comenzara a forzarlo a estudiar de más, ya no hablaría con él de noche cuando no podía dormir escuchando las aventuras que tuvo de niño con las esferas del dragón. Nadie le secaría el llanto con palabras.
-Todo saldrá bien, mamá, no te preocupes- repitió el niño mostrando un semblante fuerte y confiado, como el que solía tener Goku en aquellas circunstancias.
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Todo se congeló prácticamente afuera.
Todos confirmaron su peor temor.
Algunos se tomaban la cabeza, otros protestaban o maldecían, algunos se lamentaban, algunos permanecían en silencio.
Pero al cabo de unos segundos todos tuvieron la misma reacción: observar a Vegeta, esperar por él, esperar por la muerte.
"Kakarotto" fue la palabra que resonó en su mente cuando sintió el ki finalmente extinguirse sin dejar rastro alguno.
Ya había terminado.
Todo había terminado.
"Kakarotto" volvió a resonar tan fuerte que lo obligó a cerrar los ojos enfurecido. No había tenido su oportunidad, no había podido limpiar su honor... Aquel guerrero que hizo lo imposible, que humilló al príncipe de los saiyajins y que luego venció al ser más poderoso del Universo, a Freezer... esa escoria de clase baja no había podido con una simple enfermedad. Lo había dejado allí para siempre, en el terreno del deshonor, su honra estaba perdida para siempre. No existía redención, no existía posibilidad de venganza.
Kakarotto murió.
Su promesa de volver a sentirse como "el gran príncipe de los saiyas", también.
Apretó los puños poniéndose de pie.
Notó un sonido de estupor general a sus espaldas y para variar le restó importancia. Comenzó a acumular su ki silenciosamente y el estupor aumentaba hasta que volteó a verlos.
Siempre le habían enseñado que las sabandijas deberían ser eliminadas, y los vio allí, temblando, tan débiles, tan cobardes que no hizo sino sentir repugnancia, infló el pecho con rabia dejando que un gesto de desdén frunciera sus labios. Las sabandijas debían ser eliminadas.
Un halo de color plata lo rodeó, y la onda expansiva generada por el despliegue de semejante poder comenzaba a agitar todo su entorno. El pequeño Trunks era el único que parecía no temer, lo observaba con intriga y curiosidad imperantes.
Era obvio que esa parte de él era suya, el valor.
Gritó con fuerza mientras más energía era expulsada. Ahora él era el ser más poderoso de la Tierra y del Universo entero.
-Detente Vegeta- sintió de repente con total autoridad, buscó al dueño de la aniñada voz, Gohan esperaba bajo el umbral de la puerta. Aún estaba llorando pero mantenía una mirada fría bien calculada, enseñó su ki. Sí, había aumentado pero no lo suficiente como para hacerle frente al legítimo príncipe saiyajin.
Como burlándose de las palabras de Gohan Vegeta dio otro alarido que retumbó en el cielo, su luz encegueció a todos.
Estaba harto, estaba cansado de cargar con aquella humillación y ahora mismo todo indicaba que jamás podría deshacerse de ella...
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Bulma no había tenido el suficiente tiempo para extrañar a Goku y llorar por él cuando todo indicaba que pronto lo visitaría en el otro mundo.
-¡Espera, Vegeta!- le gritó, pero su grito fue tapado con el mismo grito de guerra del príncipe que aumentaba más y más su poder. Gohan permanecía a su lado expectante mirando con seriedad la escena. Ella no entendía porqué. Todo el mundo sabía que sólo Goku podría domar a Vegeta para que no atacara la Tierra y ahora había partido.
Bulma abrazó a Trunks cerrando los ojos a causa del resplandor que expulsaba el guerrero, la onda expansiva agitaba su cabello y su vestido salvajemente y pequeñas partículas de tierra chocaban contra su rostro, el suelo temblaba y el estruendo era tal que parecía estar frente a una turbina de avión.
"Vegeta, no lo hagas" pensaba interiormente, algo en ella temía y algo más simplemente no tenía la menor duda que de que Vegeta no le haría daño. No entendía porqué su pensamiento era tan absurdo, ella quizás lo quería demasiado.
Quería al hombre que estaba dentro de aquel otro que estaba frente a ellos ahora. El hombre que comenzaba a estrenar sus emociones más nobles, el hombre que se abrazaba a ella por las noches, el hombre que permanecía minutos enteros observando a Trunks en la cuna dormir, sin emitir palabra. El hombre que día a día hacía lo imposible por superarse, por superar a Kakarotto, por superar su suerte sin gracia. El hombre que había sobrevivido a lo peor que un ser vivo puede enfrentar: estar SOLO. El hombre cuyo peor defecto lo había ayudado a resistir todo.
Pero estaba el otro: el que despreciaba la vida, el que no entendía nada que fuese "bueno", que aborrecía de todo lo noble que conocían los humanos y desconfiaba de ello, el que sufría... sufría tanto que sólo quería hacer sufrir. Ese hombre sí era capaz de aniquilar al mundo entero. Temió por ella y su hijo, pero extrañamente temió más por él.
Sin embargo el ruido de repente cesó, y el viento que golpeaba contra ella también.
Cuando abrió los ojos vio que Vegeta ya no estaba.
-Ese desgraciado... -murmuró Ten mirando con rabia el cielo, seguramente siguiendo con la mirada el rastro que Vegeta había dejado al irse. Por un minuto todos miraban hacia arriba, como esperando que un ataque chocara contra el planeta destruyéndolo.
Pero no pasó nada.
-No siento su ki- dijo de repente Piccoro, el maestro Roshi tomó la palabra.
-No podemos confiar en ese hombre, pude matarnos en cuaquier momento ahora que Goku no está.
-Sí y Bulma le dará lo necesario para hacerlo- protestó Oulong cruzándose de brazos.
La muchacha lo observó ofendido.
-No pongas esa cara, Bulma, lo que dice Oulong es verdad, él ha estado entrenando con tus aparatos, y tú misma se los ofreciste y... -Yamcha se enrojeció de la furia- Nos matará a todos, a él no le importa nada.- finalizó echándole un vistazo al bebé.
-Kami Sama tiene una habitación en su templo, en el que se puede entrenar adecuadamente, un día equivale a un año- sugirió de repente Piccoro.
-¿Hablas enserio? Si Gohan entra ahí, para mañana podrá vencer a Vegeta, estoy seguro, él es el hijo de Goku.- respondió Yamcha entusiasmado.
-¿De qué diablos hablan todos ustedes?- frenó de repente Bulma mirándolos con lágrimas en los ojos- ¿Acaso no ven que si Vegeta hubiese querido matarnos ya lo habría hecho? ¿O acaso alguno de ustedes es capaz de hacerle frente?
Todos agacharon la cabeza consternados con su declaración.
-Debemos estar listos, Bulma, él es un enemigo, tú misma viste lo que acaba de hacer.- dijo la sabia voz del maestro Roshi.
-Bulma... debo proteger la Tierra que mi papá defendió siempre con tanto empeño, es mi deber.- aseguró Gohan con seriedad observando a la muchacha a los ojos.
Bulma sintió a su corazón agitarse, acaba de perder a su mejor amigo, no permitiría que le arrebatasen al padre de su hijo.
-Pues todos ustedes están equivocados, Vegeta no es como ustedes creen- comentó a viva voz intentando hacer que razonaran.
-Que sea bueno en la cama no significa que lo sea en todo el resto- la filosa frase de Yamcha terminó al momento que un escozor quemó en su mejilla, Bulma lo había abofeteado al instante y ahora se retiraba hacia su nave.-Ni se te ocurra avisarle a tu amante sobre lo que hablamos aquí.
-¡Él no es mi amante Yamcha!- gritó ella dándose la vuelta mientras aseguraba a Trunks a su asiento- Pero descuida, no le diré nada y ustedes no harán nada.
-¡Él no te considerará cuando quiera matarnos a todos!- bramó Yamcha ya cuando las turbinas de la aeronave se encendieron.
Todos la observaban partir con el rostro enrojecido de furia, ella misma ya estaba demasiado atormentada emocionalmente, hoy había pasado mucho y no había tenido la oportunidad de descargar ninguna de sus emociones. Sin embargo todo el camino a casa lo aprovechó llorando desconsoladamente, haciéndole su duelo a Goku.
Nadie jamás entendería lo que ella lo quería, lo que significaba aquel hombre en su vida. Ella lo había conocido primero que todos, ella estuvo con él en sus aventuras, ella le había enseñado las esferas del dragón, por ella conoció a Milk, y por ende nació Gohan. Ella realmente estuvo ahí con él siempre, para todo, en todo momento. ¿Cómo podían pensar que ella entregaría el mundo que Goku siempre defendió a otro hombre para que lo destruyera? ¿En qué mente cabía la posibilidad que ella, quien quería a Goku como a ningún otro amigo, lo traicionaría así? Sobretodo por Vegeta... sobretodo por Vegeta...
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Luego de darles la devastadora noticia a sus padres tuvo que soportar el llamado de Milk reprochándole su ausencia en el velatorio de su amigo, ella hubiese ido pero después de todo Goku ya se había ido y existía otra persona que la necesitaba.
La comida ya estaba lista y dando por sentado que Vegeta tampoco se aparecería voluntariamente a la mesa utilizó la excusa de llamarlo a cenar para acercarse a él.
Después de buscar por toda la casa supuso que el saiya no estaba pero quedaba un lugar sin revisar.
-No puedo creer que aún suba aquí... -refunfuñó la mujer llegando hasta la terraza de la corporación, como era de esperarse el hombre se encontraba sentado allí, observando perdidamente el firmamento.
-Déjame solo- dijo de repente, detestaba que Vegeta pudiese leer su ki y detectarla, así jamás sería capaz de darle una sorpresa.
Bulma sentía la fresca brisa otoñal colarse debajo de su vestido, se cruzó de brazos y se acercó hacia él. Vio como Vegeta daba vuelta el rostro para dedicarle una mirada amenazante pero de nada resultó, siguió camino inocentemente y se sentó a su lado posándose sobre el techo.
Él bufó fastidiado pero continuaba en la misma posición, de pronto pareció olvidarse de su presencia y continuó en la contemplación del firmamento. Ella lo imitaba.
-Eres un gran guerrero, Vegeta- le dijo de repente, el príncipe la miró de soslayo.- Goku tuvo mucha suerte, los dioses siempre le sonrieron cuando trazaron su destino... Tú... no sólo te has hecho solo, también tenías toda la suerte en tu contra. Goku venció a sus enemigos, pero tú has vencido tu destino... más de una vez.
-Pero yo soy el príncipe... ¿sabes lo que significa príncipe? Un príncipe es el primero ante todos los suyos, el primero es el mejor... Y Kakarotto... él...
-Goku es bueno, siempre ha sido muy bueno... Fue mi amigo y no voy a mentir al respecto, él siempre luchaba hasta el final.- aclaró Bulma continuando con su mirada clavada en las estrellas- Pero... te conozco Vegeta, tú luchas mucho más allá del final. La batalla continúa dentro tuyo.
-No digas que me conoces, mujer. No sabes de lo que soy capaz, así que mejor vete de aquí.- objetó él cruzándose de brazos.
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Toda la tarde había pensado en qué hacer.
Toda la tarde jugó con una esfera de ki en la mano, él era poderoso, lo suficiente como para aniquilar la Tierra de un movimiento, y no teniendo rival en el espacio también era capaz de conquistar todo el Universo, tal y como era su destino.
Pero no sentía deseos de hacerlo. No tenía sentido hacerlo.
-Sé que eres capaz de algunas cosas que aún ni tú sabes- le dijo la muchacha de repente, sacándolo de sus pensamientos nuevamente ¿por qué le insistía sobre ello? Admiraba a la mujer y su necesidad de protegerlo (a su manera) Él no comprendía su comportamiento, le habían enseñado que la gente se movía siempre para conseguir algo. Bulma no conseguía nada de él, o quizás peor: él le quitaba cosas como su felicidad, su tranquilidad... su vida llegado el caso de que quisiera destruir el planeta.
Pero dejó de pensar en eso, aceptó para sus adentros que la explicación a su comportamiento formaría para siempre parte de lo que ignoraba.
-Sé que eres capaz de amar.
Vegeta volteó a verla rápidamente y frunció el ceño ofendido con sus palabras pero de repente una pequeña carcajada asomó entre sus labios. Ambos comenzaron a reír relajándose de las tensiones del día.
-No sabes de lo que hablas, los saiyajins no conocemos esas clases de sentimientos. Ya te dije que te hacen débil- dijo el hombre mirándola de reojo.
-Pues Gokú sentía amor, y era saiyajin, y no era nada débil- dedujo la mujer reposando su cabeza sobre el hombro del guerrero.
-Ese idiota de Kakarotto... -refunfuñó él- Se murió sin darme la batalla.
-Vegeta, deja de pensar en eso solo por dos minutos ¿puedes hacerlo?- le propuso la mujer abrazándolo por la cintura- Te necesito ahora...
-No soy otro humano. Jamás podré darte lo que necesitas- admitió él, pero sintió el abrazo de Bulma amarrándolo con más fuerza.
-Ahora eres tú el que no sabe de lo que habla...- preguntó ella irónicamente riendo ligeramente- Sé que no puedes amarme del modo humano, y no te pido que lo hagas. Sólo te pido que me dejes amarte...
-Bulma... -murmuró él algo perturbado, pero un asomo de sonrisa fue reflejado entre la escasez de luz- No tienes que hacerlo... Decidí que no quiero matar al engendro.
-No tiene que ver con eso, ya sabía que no le harías daño- Vegeta giró el rostro para verla pero sintió repentinamente los labios de la mujer sobre los suyos, su suavidad, su calor, su humedad. Tuvo que besarla él también, sentía a su corazón bombear entusiasmando ante su tacto, la mano de la muchacha trepó desde su vientre hasta su rostro acariciando con suavidad todo el recorrido a pesar de la armadura.
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Algo lo estremecía, lo paralizaba, todo iba más lento por fuera pero más rápido dentro de él.
Se desembarazó de la armadura y ella se ocupó de quitarle los guantes mientras continuaban su beso, Vegeta la sentó sobre él buscando sus labios nuevamente. Sus manos finalmente tuvieron contacto con la piel femenina cuando la movió para acomodarla, sintió su piel fría y erizada. Movió sus manos rápidamente, acariciándola para darle calor, ella sonrió en su beso agradecida y amarró sus brazos alrededor del cuello del saiya.
-La comida se enfría- le murmuró ella al oído notando que las cosas comenzaban a pasar a mayores debajo de los pantalones del guerrero. Vegeta dibujó una mueca de fastidio en sus labios pero no tuvo más remedio que ponerse de pie y seguirla.
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Eran las tres de la mañana y aún no podía pegar un ojo, la mujer yacía desnuda dormitando a su lado abrazándolo. Él entrelazó las manos detrás de la nuca suspirando pesadamente. Cerró los ojos en un vano intento de conciliar el sueño pero de nuevo no podía.
La idea de la humillación eterna lo perseguía y supuso que no lo dejaría con tanta facilidad, estaba perdido, sin salida...
Él jamás había conocido más atadura que estar al servicio de Freezer pero siempre podría revelarse cuando estuviese preparado; ahora no solo se sentía atado, estaba enredado de pies a cabeza. Estaba anclado a la Tierra.
Una terrible batalla comenzaba a generar la más inmensa tormenta que jamás hubiese agitado la mente del saiyajin, ya no se trataba de no poder vengarse de todo lo que le arrebataron... ahora se trataba de no querer soltar lo nuevo que poseía. Lo único que tenía.
Sintió el ki de su hijo con fuerza, esto lo estaba enfermando... comenzaría a volverse loco... estaba haciendo todo lo que juró jamás hacer con su vida ¿Por qué? ¿Por qué no podía evitarlo? ¿Por qué era tan débil?
Se fijó en la mujer que dormía a su lado con algo de melancolía ¿aniquilarla o vivir como un humano a su lado? Cualquier opción parecía terrible, pero según su educación la primera no debería parecerle sino una perfecta elección. Y otra noche lo intentó:
Abrió la palma de su mano y su energía se cristalizó en una esfera de energía roja que iluminó el rostro de la mujer levemente sin que ella lo percibiera.
"Me estorbas, terrícola" se dijo él para sus adentros cerrando los ojos con fuerza como no queriendo ver lo que iba a hacer, acrecentó el poder y...
-... Vegeta... -oyó suspirar en sueños, abrió los ojos para ver una sonrisa dibujarse en la dormida faz de la mujer inocente de lo que él estaba por hacer.
Vegeta apagó la esfera en su mano y dejó que sus ojos se humedecieran mientras se sentaba en la cama.
Tomó su rostro con ambas manos dejando que una lágrima se deslizara por su frío rostro, un nudo se atoró con fuerza en su garganta.
-maldición... -sollozó no pudiendo soportar ya tanta tensión, frunció más el ceño cerrando sus ojos y dejó que las lágrimas partieran libremente. Harto, salió de debajo de las sábanas y partió en vuelo repentinamente sin detenerse a una velocidad tan asombrosa que él mismo llegó a pensar que había superado sus poderes, pero al llegar a un lugar desértico sus pies tocaron tierra.- ¡MALDICIOOOOOOON!- gritó expulsando la energía acumulada mientras un par de lágrimas acompañaban sus palabras. Sintió la sangre correr apretadamente entre sus venas y una fugaz luminosidad cambió su aura plateada por otra dorada pero... fue tan solo en un parpadeo porque cayó al suelo rendido respirando con dificultad.-maldición... -volvió a forzar entre jadeos mientras apretaba los puños sentándose de rodillas en el páramo.- Yo soy un príncipe saiyajin- murmuraba con la voz quebrada- Nací para conquistar el universo, para ser temido y respetado... Kakarotto debió morir por mi mano cuando llegué a la Tierra... Y... yo hubiese muerto sin remedio a manos de Freezer en Namek pero al menos conservaría mi honor... Ahora soy una vergüenza derrotado por un clase baja... Y yo, que se supone que no conozco más sentimiento que el odio y la venganza no soy capaz de matar a una humana y al engendro que me humilla... No lo entiendo ¡NO LO ENTIENDO!- bramó con un golpe de puño en el suelo haciendo que la tierra temblase. Cerró los ojos amargado- Y nadie lo entenderá jamás... -resolvió ya un poco más calmado.- Kakarotto, te fuiste sin darme la batalla... pero recuerdo tu poder y lo superaré... y si es necesario te buscaré en el otro mundo para demostrarles a todos que soy mejor que tú ¡SOY EL PRÍNCIPE DE LOS SAIYAJINS!- se repitió poniéndose de pie y mirando al firmamento- ¿OISTE, KAKAROTTO? ¡YO SOY EL PRÍNCIPE VEGETA!- otra vez alzó el vuelo con renovado semblante. Había encontrado una solución temporal a sus problemas: seguir entrenando... una vez superado el nivel de Kakarotto vería la forma de enfrentarlo. Había visto el poder de las esferas del dragón y de seguro hallaría la forma de encontrarse con él para batirse a duelo un día de estos.
Pero aún quedaba otro inconveniente...
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Entró a su alcoba por el balcón por el que había partido, encontró la cama vacía pero el fuerte llanto que se oía en el cuarto contiguo le ahorró la búsqueda de ki.
Caminó fuera de la habitación y se encontró con la puerta entreabierta del cuarto del niño que en un principio había sido suyo. El saiya se asomó furtivamente viendo perfectamente la espalda de la mujer que sostenía al pequeño en brazos intentando que durmiera.
El niño berreaba con fuerza, Vegeta hizo un gesto de disgusto ante el ruido que perturbaba su sensibilidad auditiva pero vio que los ojos azules del muchacho se asomaron detrás del hombro de Bulma.
El mocoso paró su llanto de inmediato cuando sus ojos encontraron los suyos y se sonrió levemente.
-Papá- lo llamó sonriente, Vegeta se irguió en su lugar queriendo desaparecer pero entonces Bulma soltó una carcajada.
-Papá no está ahora, Trunks- le dijo calmadamente al pequeño mientras volvía a ponerlo en la cama.
-¡Papá!- insistió el niño, no sabía mucho más que otras pocas palabras pero parecía habérselas olvidado todas, Bulma acarició la cabeza del muchacho y se recargó contra el barandal de la cuna.
-Lo primero que le pediré a Vegeta que te enseñe es a localizarlo, nunca se sabe dónde se mete tu padre- dijo con algo de melancolía- Espero que no seas como él.
Vegeta bajó la mirada al suelo al oír sus crudas palabras.
-Te pareces mucho a él ¿lo sabías?- dijo ella de repente con el tono de voz un poco más animada- Esa mirada... seguro volverás locas a las chicas cuando crezcas, eh?- jugueteó ella haciéndole unas costillas para escuchar la risa infantil- Cuando entiendas algo de lo que te digo, Trunks, te contaré el extraordinario guerrero que es tu padre... ¿ya te había dicho que es un príncipe, no? Pues sí... es un príncipe... -dejó escapar con ensoñación, Vegeta se relajó contra el umbral de la puerta sonriendo algo engreído- Lástima que no has conocido a Goku... Hoy murió...
Vegeta escuchó el llanto salir desde lo más profundo de la mujer y cruzó sus brazos intentando contener el encuentro de emociones que tenía dentro suyo.
-Te hablaré mucho de él cuando crezcas... es una pena que no lo conocieras... -dijo sencillamente viendo que el pequeño comenzaba a cerrar los ojos.- Buenas noches, Trunks... Oh, Vegeta!
Al dar media vuelta chocó contra el hombre que la esperaba ya dentro de la habitación, él la sostuvo de las muñecas acercándola lo más posible a su cuerpo.
-¿Qué le dirás al engendro de Kakarotto?- preguntó iracundo intentando conservar calmado el tono en su voz para que la criatura no despertara- ¿Qué le dirás? ¿Sobre su fuerza? ¿Sobre que era mejor que el príncipe de su raza?
Bulma sintió erizarse la piel del miedo ante la sorpresa de chocarse así con Vegeta.
-Vegeta, por favor, dijiste que no te importaba el niño- reprochó ella soltándose de su agarre y caminando hacia su alcoba.
-Pero no por eso puedo quitarle mi sangre de las venas, mujer, es mi hijo y no necesita saber sobre la clase baja- dijo con desprecio siguiéndola por detrás.
-¿Alguna vez te has puesto en mi lugar, Vegeta?- le preguntó ella dándose media vuelta con brusquedad cortando el camino del saiya, Vegeta pudo ver sus ojos llenos de lágrimas y su labio temblar intentando sosegar un futuro llanto- ¿Alguna vez te has preguntado cómo me siento? ¿Alguna vez has pensado si me lastimas? Pues yo sí, intento comprenderte y por eso soporto todo esto... pero...
-Jamás te prometí nada- dijo él bajando su mirada al suelo- No tengo porqué ponerme en el lugar de una terrícola, tu eres la que...
-Sí, ya conozco el sermón, Vegeta- dijo ella dejando que una lágrima se deslizara por su mejilla.- Jamás creí que pudiese amar tanto a alguien... aún sin tener motivos.
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Se sentía vencida, era intentar nadar contra la corriente bajo una feroz tormenta en medio del océano. Ella no saldría bien librada de esta situación.
Lo tenía frente a ella, un hombre que aún permanecía frío en sus expresiones y se limitaba a mirarla a los ojos ¿Qué demonios cruzaba por su mente ahora? ¿Por qué Kami la había castigado sintiendo tanto cariño por él?
Vegeta no contestó nada, quedó de pie ante la alcoba que ambos compartían echando una fugaz mirada adentro y luego observándola a ella como esperando a ver si era bien recibido.
¿Por qué no le decía nada? ¿Por qué no le decía "humana te aborrezco, me voy de aquí"? ¿Por qué no le decía "Bulma... lo siento"? Una de dos al menos!! Pero no, él no se iría porque sabía que su orgullo no le permitiría jamás regresar y no se quedaría, porque su mismo orgullo no soportaba el sentirse sojuzgado.
Bulma negó con la cabeza cerrando los ojos en un intento de no dejar salir su llanto.
-Tú no entiendes- dijo él sonando realmente frustrado, ella alzó la vista hacia él al momento sintiendo el dolor en sus palabras, buscó sus ojos pero Vegeta había preferido enfocar su mirada en una de las paredes para que la debilidad no fuese descubierta, Bulma comprendió.
A él también le dolía.
Lo estrechó amorosamente tomándolo por sorpresa, reposó la cabeza en su hombro llorando amargamente por ambos. La mano de Vegeta acarició sus cabellos intentando consolarla.
-Vamos al cuarto, mujer- ordenó de repente viéndose un poco desprotegido al encontrarse abrazado a la mujer en medio del pasillo. Una vez dentro volvió a estrecharla con más soltura, cerró los ojos intentando pensar. -Jamás debimos comenzar esto, es enfermizo- murmuró él haciendo más fuerte su abrazo, ella se aferró igualmente a su espalda.
-Lo lograremos, yo te acepto tal y como eres... no quiero más- le confesó sintiendo la amargura en su garganta- Y si a tí... no te hace bien estar conmigo... no te forzaré, Vegeta.
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Vegeta se sentía atado de pies y manos, era cierto, pero lo más triste fue descubrir que las cuerdas no eran de la mujer hacia él. Las cuerdas eran suyas. No era ella lo suficientemente fuerte como para tenerlo amarrado, era él quien no soltaba el agarre de las sogas.
Se relajó.
Y de pronto, como si una luz se encendiera dentro de él pudo lograrlo: pudo ponerse en el lugar de Bulma.
Dejó de ser un príncipe para convertirse en un mercenario espacial, un asesino despiadado. Ya no era un guerrero luchando por su honor, sino un enemigo al que temer. No era un príncipe buscando su destino de conquistar el universo, era quien la mataría. No era poderoso, era un bruto. No era "demasiado" para ella, sino un exiliado sin nadie a quien le brindaba todo sin esperar nada. Ella no buscaba su protección y favoritismo, buscaba ampararlo en todo sentido de la palabra. Y no era ella la que intentaba convencerlo de no matar a sus amigos... sino que era la que convencía a sus amigos de que no lo mataran.
Y todo cuadró a la perfección cuando logró comprender que el sentimiento que movía todo aquello era el misterioso amor.
Se separó de su abrazo mirándola seriamente.
-Jamás podrías forzarme a nada, mujer- le aclaró secando sus lágrimas con el revés de la mano. Si había un sentimiento fastidioso en él que le impedía matarla de seguro que en Bulma el sentimiento que ella llamaba amor, aquel que era la más poderosa de las emociones, también la estaría fastidiado a ella haciéndola hacer cosas que al final de cuentas terminaban perjudicándola. Ambos estaban en igualdad de condiciones.
-Dejemos de pelear, Vegeta- le propuso ella débilmente- Disfrutémoslo simplemente.
El príncipe la acomodó junto a él en la cama abrazándola posesivamente. Su relación era tormentosa, ni hablar, pero sólo porque él lo creía así. Asintió ante las palabras de Bulma, quizás sería más conveniente tomar lo bueno mientras se preparaba para superar a Kakarotto de una vez por todas, luego se encargaría de ver qué pasaría con respecto a la mujer y su hijo.
Luego...
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"Luego" se transformaron en tres semanas de paz. Pero sólo tres...
Ni hablar que todo marchaba viento en popa luego de aquella noche, muchas cosas habían quedado en claro y ya no era preciso más que hacer el esfuerzo de aceptarse y tolerar, no había mucho tiempo para eso sin embargo. Vegeta se pasaba el día y la noche entrenando sin detenerse, su ánimo había vuelto con una renovada meta de alcanzar y superar el nivel del Super saiyajin. Bulma continuaba en las investigaciones de la empresa y en otra que ya tenía largos dos años en su taller privado.
Trunks aún no daba sus primeros pasos, lo cual era frustrante.
Aquella noche los Briefs se encontraban cenando cuando la puerta fue golpeada.
-Yo voy!- se apresuró la señora Briefs poniéndose de pie y desapareciendo del comedor, Vegeta continuaba sumido en sus pensamientos mientras devoraba y Bulma intentaba que la comida de Trunks saliera de su camiseta.- ¡Aaaaah!- el grito de la anciana llamó la atención de los presentes, Vegeta levantó la vista para ver que el señor Briefs y Bulma desaparecían de la mesa en búsqueda de la mujer.
-¡Gohan!- gritó la voz de Bulma, Vegeta entonces no pudo resistirse y asomó su cabeza por el umbral que lo separaba del recibidor.
El hijo de Kakarotto se encontraba boca abajo en el suelo, con la mitad del cuerpo fuera de la casa; pareciera ser que se desplomó en cuanto la señora Briefs abrió la puerta. La familia intentaba socorrerlo y hasta escuchó las palabras "semillas del ermitaño" pero ya no le dio importancia al tema y continuó sentado ante su comida.
-Es la suerte de los insectos- se dijo simplemente con una media sonrisa en el rostro mientras su hijo lo miraba pensativamente- Tú jamás te mezcles con la clase baja, mocoso.- le ordenó mientras se llevaba una pata de pollo a la boca.- Aunque seas mitad terrícola aún eres mitad saiyajin.
Comenzó a impacientarse cuando nadie volvía a la mesa, así que desistió de seguir esperando y fue a su alcoba, subía las escaleras cuando una voz lo llamó por detrás.
-Vegeta... espera- era Bulma, el príncipe no se dio la vuelta tan sólo la esperó hasta que finalmente ella estuvo a su lado.
-Ya te estabas tardando, mujer- comentó él en tono seductor mientras la acorralaba contra la pared y sus brazos se enredaban tras su cintura.
-Gohan quiere hablar contigo- dijo ella con el rostro preocupado.
-¿Ese gusano sigue aquí?- soltó Vegeta mientras sus manos la abandonaban y cruzaba sus brazos, no sentía su ki pero recordaba que los terrícolas sabían ocultarlo.
-Ven, por favor... está muy herido pero no dice nada de lo que ocurrió- la curiosidad esta vez lo invadió y se dejó guiar por la mujer hasta el cuarto de la planta baja.
-Pobrecito Gohan... -la señora Briefs suspiraba a su lado con un pañuelo en mano mientras que el señor Briefs permanecía mirando con impaciencia al muchacho sentado a un lado de la cama.
Frunció el ceño. El niño estaba completamente magullado, cortes en los brazos y en el rostro y quién sabe las heridas que su raída ropa no dejaban ver.
Sintió la mano de Bulma sostener su brazo y de repente la miró.
-¡Yo no le hice nada, mujer!- se defendió colérico ante ellos. Asintieron todos.
-Señor Vegeta... -lo llamó la voz del niño, el príncipe volteó hacia él nuevamente con el entrecejo fruncido.
-¿Qué pasó, Gohan?- lo animó a continuar Bulma, caminó a su lado en la cama y lo ayudó a sentarse.
El niño miró hacia el suelo como intentando armar las ideas en su cabeza.
-Señor Vegeta tiene que pelear conmigo, la Tierra está en peligro- dijo nuevamente mirando con respeto y algo de recelo al hombre frente a él, Bulma sintió un frío helado recorrerla ¿qué había pasado? ¿Por qué Gohan pedía la ayuda de Vegeta si era claramente un enemigo para ellos?
-¿Que está en peligro?- insistió el señor Briefs alarmado- Pero si... ya han derrotado a Freezer... ¿Qué otra amenaza puede haber?
-Eso es cierto, Gohan- secundó Bulma un poco alterada- ¿qué puede ser peor que él? Ya no existe nadie tan fuerte en todo el Universo.
Pero el niño no hacía caso a sus palabras, los escuchaba pero era mucho para explicar y ahora mismo era urgente que Vegeta respondiera.
-¿Peleará conmigo, señor Vegeta?
-¿Pelear contigo, insecto? ¡JAMÁS!- respondió con arrogancia mirando hacia otro lado.- Yo no me gasto por insectos...
-Pero la Tierra está en peligro!!- la mirada de Vegeta se cruzó con la del niño y una sonrisa socarrona adornó su rostro.
-¿Y cuando dije que me importaba la Tierra?
-Cuéntanos qué pasó, Gohan- el casi ruego de Bulma hizo que el niño asintiera.
-Verán... estábamos entrenando con el señor Piccolo en las montañas Paoz cuando...
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La batalla era bastante pareja y ambos de momento intentaban recuperar el aliento mientras se estudiaban con la mirada, Piccolo se sonrió.
-Parece que has mejorado, enano- lo felicitó a su manera.
-Gracias, señor Piccolo- asintió él- Pero aún no mostré todo mi poder.
El niño entonces comenzó a acumular energía a su alrededor haciendo enorgullecer a su maestro Namek cuando un eco retumbó ruidoso en las montañas.
-¡Gooohaaaan! ¡Ven a hacer tu tarea!
El niño descansó su energía y le sonrió algo avergonzado a su instructor.
-Lo lamento, señor Piccolo...
-No hay problema, Gohan, nos veremos mañana entonces- lo saludó esfumándose por los cielos, y lo propio hizo el niño hacia su casa.
Entró oliendo el exquisito aroma del tempura a punto de ser terminado, su madre como siempre estaba cocinando una gigantesca ración para el niño mientras su abuelo miraba las noticias.
-Lamento la tardanza, mamá- se excusó dando un paso en la cocina.
-Gohan, ya te dije mil veces que no quiero que entrenes con Piccolo, estamos en época de paz y no quiero que te conviertas en un rebelde como tu padre y sus amigos- lo castigó con ambas manos en la cintura, el pequeño miró al suelo en señal de respeto.
-Sí, mamá pero...
-¡A estudiar!- ordenó apuntando hacia su cuarto, el niño obedeció la orden caminando pesadamente- ¡Cuando aprenderán que la violencia no resuelve nada...!- suspiró una vez que el niño cerró la puerta tras de sí, volviendo a ocuparse de la comida.
-No seas tan drástica, Milk- dijo la voz del hombre que miraba la televisión.- Además no puedes evitarlo, es el hijo de Goku después de todo.
-Hay... ¡mi Gokú!- exclamó con pena mirando hacia el cieloraso mientras juntaba las manos en oración- ¿Cómo me pudo dejar viuda de esa manera?
-Ya... tranquila Milk... todos lo extrañamos, pero de seguro él se encuentra en un lugar mejor- consoló su padre con los ojos clavados en la pantalla.
-¿Qué lugar puede ser mejor para Goku que estar junto a su familia en casa?- reprendió ella.
-Un campeonato, quizás... -dedujo el hombre encogiéndose de hombros, Milk lo miró con ira.
Continuaron así hasta que a los minutos Gohan volvió a aparecerse por el comedor.
-Ya terminé mis tareas...
-Muy bien, hijo... ahora siéntate a la mesa, el almuerzo estará en un minuto- dijo su madre amorosamente, el niño tomó asiento junto a su abuelo enfocando sus ojos en las noticias que transmitían.
"... y como siempre el equipo de la ciudad del Este aplastó por paliza a su contrincante, la estrella del juego ha vuelto a ser ni más ni menos que Yamcha... aquí unas palabras con él"
-Vaya con ese Yamcha ¿quién diría que se abandonaría las artes marciales por el beisbol?- le dijo su abuelo sonriéndole con complicidad.
-¡Ese sí es un deporte! ¡Nadie se hace daño!- se escuchó a Milk desde la cocina, Gohan y su abuelo se sonrieron en complicidad y decidieron prestarle atención a la entrevista de Yamcha. Pero la imagen del joven se desvaneció en la pantalla siendo reemplazada por la del locutor.
"Interrumpimos este informe por un boletín urgente desde una pequeña isla al sur... donde parece que ha ocurrido una desgracia"
Un helicóptero mostraba una imagen aérea de una ciudad debastada, Gohan se angustió ¿un terremoto quizás?
Confusión, gritos, caos... la gente corría por las calles y se podían observar pequeñas explosiones ¿una guerra? ¿Godzilla?
No, nada de eso... un haz de luz violáceo atravesó a la multitud que corría vaporizándola al instante, y otro más derrumbó un edificio... la cámara entonces se acercó a la fuente que disparaba aquellos rayos.
-¡Pero si son personas!- gritó Gohan de repente. Un hombre joven, de melena negra y ojos celestes estiraba sus brazos sacando haces de luz de sus palmas enguantadas.
-No, son demonios- aseguró su abuelo de repente, al oír sus comentarios Milk se acercó a la sala.
-¿No lo ves, Gohan? ¡Eso es lo que provoca la violencia en rebeldes!
Al sujeto que disparaba los rayos se le sumó otra persona volando, su cabellera esta vez era rubia y vestía un conjunto de jean, la muchacha entonces miró hacia arriba. El camarógrafo fue astuto y presionó el zoom.
-Es una chica muy bonita- murmuró el hombre.
La mujer entonces se sonrió, estiró su mano hacia el helicóptero.
-Parece que va a saludar... -dijo Milk siguiendo de cerca sus movimientos, Gohan en cambio empalideció.
Un haz de luz salió desprendido de su palma dirigiéndose directamente a la cámara... luego la "lluvia" de corte de transmisión apareció y de nuevo se tuvo la imagen del locutor.
"Estos dos sujetos extraños están aniquilando todo ser viviente en la ciudad" dijo de repente, Gohan se puso de pie "testigos sobrevientes han indicado que piden por encontrar a un persona, su nombre es Goku... ahora mismo vamos con el móvil que..."
-Abuelo, muéstrame donde queda esa ciudad- peticionó Gohan de repente.- No siento su ki...
-No pensarás ir... o sí Gohan?- preguntó Milk cruzándose de brazos.
-Piden por mi padre- justificó con seriedad.
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-... me enfrenté a ellos, se hacen llamar nº 17 y nº 18, son androides, por eso no sentía su ki... son muy poderosos- dijo el niño con la mirada humedecida de pena.- Estuve peleando con ellos hasta ahora, pero me dejaron ir... dicen que prefieren atacar las ciudades de día y ahora mismo está anocheciendo...
-¿De qué estás hablando?- preguntó Bulma como si todo aquello se tratara de una locura.
-Buscaban a mi padre, están programados para eliminarlo pero... ahora sólo quieren destruir la Tierra y hacer sufrir a la gente- comentó el niño apretando los puños- No pude contra ellos, son muy poderosos, más que Freezer y su padre.
La señora Briefs se cubrió la boca ahogando un estupor.
-¿Pero... no pediste ayuda? ¿Los muchachos no...?- no la dejó continuar cuando sus ojos negros se elevaron hacia ella, Bulma siento a su corazón estrujarse.
-Ya habían matado a Yamcha, a Krillin y a los demás cuando llegué... sólo quedamos Piccolo y yo, lo siento, Bulma... - se excusó el pequeño agachando la cabeza- pero no pude hacer nada...
Bulma perdió su vista lejos de ellos cerrando los ojos con impotencia mientras unas lágrimas silenciosas se lograban escapar.
-Yo sólo no puedo... el señor Piccolo está muy herido también... Necesitamos su ayuda, señor Vegeta.
-Ya te dije que no me importa la Tierra- repitió él cruzándose de brazos.- ¿Androides, dices? No voy a manchar mis manos por insectos nada más.
-De acuerdo, lo intenté- dijo Gohan de repente saliendo de su cama- Ya me siento mucho mejor, es mejor que regrese con mi madre... Muchas gracias por su atención, señor y señora Briefs- el niño volteó a ver a Bulma que continuaba llorando y silenciosamente desapareció de la habitación. Vegeta hizo lo propio hacia su cuarto, se tumbó en la cama.
"De seguro que no usó todo su poder, ya no hay nadie más poderoso que un saiyajin en este planeta" razonó él con las manos en la nuca "Mañana los derrotará sin problemas, no tengo porqué molestarme" continuó bostezando.
A la media hora Bulma hizo su aparición en el cuarto.
-¿El ki de los muchachos...? -le preguntó de repente llamando su atención mientras se cambiaba la ropa- ¿... puedes sentir alguno?
-No- contestó sencillamente.
-Llamé a Yamcha y no responde, en el Kame House el maestro Roshi me confirmó la muerte de Krillin y...
-Eran insectos, no sé porqué te angustias si sabes que existen las dichosas esferas del dragón. Mañana ese enano acabará con las máquinas y revivirán a sus muertos, como siempre- dijo él aburrido.
-Tienes razón- asintió ella metiéndose bajo las sábanas mientras lo abrazaba- Espero que no decidan venir a la ciudad del Oeste...- dijo ella de repente entre el silencio, él se volteó a abrazarla mientras le sonreía.
-Puedo elevar mi ki para que sepan que no les conviene enfrentarse con el ser más poderoso del Universo- dijo él con gallardía.
-No, quizás vengan por eso mismo- le advirtió ocultándose en el espacio entre su cuello y la almohada, Vegeta acarició la piel de la mujer sobre la espalda.
-Eres tan frágil, mujer... -murmuró él- Si no me temes a mí, no deberías temerle a nada.
-Tienes razón- Bulma salió de su escondite para enfrentar su mirada, lo acarició dulcemente en el rostro haciendo que él se sintiera un poco incómodo.- Es sólo que... todo va tan bien y de pronto ocurre esto...
-Son sólo unos gusanos- dijo él de repente, Bulma se acercó a darle un breve beso en los labios.- Además... -dijo él entre el beso-... si vienen aquí los haré polvo... jamás... dejaría que... dañaran mi cámara...
-¿Sólo la cámara?- preguntó Bulma deslizando su pijama fuera de su cuerpo. Él se sonrió con picardía admirando su cuerpo desnudo.
-Mm... déjame ver si hay algo más que valga la pena- comentó inocentemente acomodándose sobre ella.
Ajá... sí, así es... nos acercamos al fin-fin. A ver... si cuento serían aproximadamente... dos capítulos más y el epílogo... Eso si no tengo sorpresas en el camino como que me entretengo con un tema y eso que a veces pasa, y si quiero ese número de capítulos voy a tener que hacer cada uno especialmente largo. Seguro no les molestará.
¿qué decir de este capítulo? Bueno, pasaron muchas cosas distintas: cont muerte de Goku, desesperación de Vegeta, y de Bulma, fortalecimiento de la pareja y... hola androides, adiós muchachos. Ya saben que quien se dedique a hacer un fanfic relatando esta época tiene mucho material muy dramático para usar pero como yo me enfoco en esta pareja tuve que dejar de lado cosas que quizás a ellos no le afectaban tanto y que hubiesen sido muy buenas de escribir en otra ocación.
En fin, de aquí en más probaremos miel y hiel cada capítulo, advertencia, el siguiente es lemon así que nada... menores de edad ¡Ya saben!
Hasta el próximo (rezo por no hacerlas esperar mucho!)
