Sin poder evitar la caída y con pocos segundos para actuar, Van clavó la espada contra el suelo, suspendiendo sus cuerpos al vacío, mientras los restos de piedra rodaban sobre sus cabezas hasta despedazarse al final del acantilado.

Débilmente Hitomi abrió los ojos y miró el rio que los esperaba a treinta metros de altura; Eran marejadas violentas que chocaban contra las paredes rocosas. La tormenta había elevado su agresividad a tal grado que si caían desde esa altura era posible terminar hechos pedazos por los salientes de piedra, que por la propia posibilidad de ahogarse en ellas.

La visión de nuevo se desvaneció en Hitomi y sintió que sus fuerzas se decaían para sostenerse. Su cuerpo comenzó a resbalar del cuerpo de Van.

-Hitomi… - Habló detenidamente Van, rozando su agitado aliento en ella, mientras sentía como su brazo la apretaba con más fuerza contra él.

- Tienes que subir…- Esta vez la miró a los ojos.

Hitomi de pronto reaccionó; Van estaba cargando con ambos con un sólo brazo, si no se movía los haría caer. Sarandeó la cabeza para aclararse y con la respiración entrecortada por la pesada lluvia que caía sobre ellos, tomó fuerza y elevó el rostro; Miró el tramo de distancia que los separaba de la superficie, no era más de medio metro. Podía escalar.

Intentó trepar por el cuerpo de Van para despojarlo de su peso, pero justó cuando alcanzaba afianzarse a un borde de roca aparentemente firme, este se desprendió, revelando la total inestabilidad del terreno. Inevitablemente como efecto de onda, gruesos pedazos de tierra se fracturaron delante de sus ojos.

-Maldita sea…- Masculló gravemente Van antes de jalarla de nuevo hacia él y evitar que la caída los separará.

Hitomi jadeó cortadamente y su cuerpo chocó con el de Van mientras caían. No tenían más que esperar el impacto o la muerte... Pero el recuerdo del pasado revocó poderosamente cuando las alas de Van se desplegaron de golpe deteniendo la caida. El corazón de Hitomi se detuvo cuando volvió abrir los ojos y miró a Van... algo no estaba bien…

Sus ojos se cristalizaron confusos, las alas de Van ya no eran blancas como ella recordaba… si no negras.

-¿Van…? – Lo llamó asustada al ver el dolor en su rostro. Le tomó un segundo darse cuenta que la situación empeoraba cuando las alas de Van se quebraron dolorosamente, provocando la caída de ambos al agua.

A partir de ese momento, todo pasó tan rápido que Hitomi no tuvo tiempo de pensar.

El gélido impacto, inyectó de adrenalina todo su cuerpo espabilándola de manera alarmante. Desesperadamente trató de salir a la superficie con todas sus fuerzas, pero la corriente la arrastraba hacia el fondo casi sin poder debatirse. Sus pulmones comenzaban a colapsarse por aire, cuando Van alcanzó su brazo y logró sacarla a la superficie con su fuerza.

-¡Nada! – Le gritó entre las salvajes marejadas, inclinándose hacia la corriente para guiarla y tratar de acercarse a la orilla.

Hitomi nadó, luchando con todas sus fuerzas y el corazón a punto de estallarle. Pero la corriente era tan poderosa que parecía que no avanzaba ni un tramo. De pronto el cauce cambió de rumbo y se precipitó rio abajo a una velocidad incontrolable; Con una fuerza brutal, se vieron lanzados contra una enorme roca que los hizo chocar de lleno. Las costillas de Hitomi se estrujaron de dolor y el poco aire que había podido recuperar se suprimió en un segundo con un grito ahogado. Al abrir los ojos vio a Van que la abrazaba… Si ella estaba sintiendo ese dolor, ¿cómo estaría él que recibió todo el impacto?

-¡Vagh..!- Intentó gritar, pero el agua se le metía a la boca a borbotones por el empuje de las marejadas que los aplastaba contra el muro.

Van jadeaba fuertemente y su ceño fruncido declaraba por si solo la gravedad de su situación. Aun así, levantó a Hitomi con su brazo para evitar que se ahogara y sin desprenderla de su costado, nadó lateralmente aprovechando que aquella piedra los había detenido. La jaló fuertemente logrando por fin pisar suelo rocoso hasta salir al borde del rio.

Hitomi tosió y se dejó caer al suelo pedregoso reverberando el aire a sus pulmones. Pero Van se desplomó a su lado vomitando sangre, el daño era más severo de lo que creía.

-¡Van…! – Gritó Hitomi jadeante al verlo, tropezando para llegar a él y sacarlo por completo del agua.

Lo abrazó poniéndolo en su regazo y lo miró detenidamente. La sangre manchaba toda su camisa, no sabía si el impacto con el bloque de piedra lo había hecho o de antemano ya estaba herido. Con las manos temblorosas, le quitó por completo la camisa y descubrió la herida que recorría todo su costado hasta la espalda.

-Van…- Dejó salir en un hilo de voz. Era grave...

Sólo atinó a presionar la herida para detener la hemorragia. Fueron apenas segundos lo que le tomó pensar y reaccionar a la vez. Sabía que se estaba arriesgado, pero no le quedaba otra opción.

-¡Por favor que alguien me ayude! – Comenzó a gritar sollozando hacia los lados en busca de que alguien la oyera - . ¿No hay nadie…?

Miraba la oscuridad que se asomaba en el bosque, parecía inerte todo.

- ¡Que alguien nos ayude! Por favor… - Volvió a insistir.

Miró a Van y apegó su rostro a él angustiada.

-...Por favor… Que alguien lo ayude… - Lloró mientras el agua seguía cayendo a su alrededor.

Ella era la culpable de lo que estaba sucediendo, lo sabía… Pero en esos momentos no sabía qué hacer…

Después de un momento, el silenció se rompió y una voz profunda salió de entre la lluvia.

-Es mejor dejarlo morir….

Hitomi levantó la mirada viendo delante y sobre la entrada del bosque un hombre lobo. Estaba ataviado con una armadura oscura, capa y cargaba en su cinturón una espada, pero no hizo ninguna alusión de querer atacarlos.

Hitomi guardó silencio por un largo momento, pero después, determinó confiar.

-No quiero que muera…- Contestó

-¿Y quién eres tú para decidirlo? – Preguntó circunspecto el hombre sin moverse de su lugar.

-Nadie…- Se detuvo Hitomi un segundo –. Pero no lo dejaré morir… yo… lo amo.

El hombre comenzó a caminar hacia ella lentamente.

-¿Cómo sabéis si él quiere vivir? ¿Cómo sabéis que no es su destino morir? La muerte en si es un deseo, la muerte en si es un reposo. El sufrimiento no termina hasta que termina la propia existencia…

Hitomi lo miró.

- ¿El desea morir…?- Trató de pensar, sin poder comprenderlo-.¿Por qué?

Miró el rostro de Van. No entendía que clase de dolor y angustia sentía para desear la muerte, eso le atravesaba el corazón dolorosamente… Fuese lo que fuese, no iba a permitir que continuara así.

– No dejaré que muera… - Volvió a insistir retomando su mirada al mitad bestia -. Yo lo acompañaré y sanaré su dolor. Tal vez sea egoísmo de mi parte… pero cambiaré lo que esté provocando su sufrimiento.

El hombre lobo, sólo la miró fijamente y después de un momento volvió hablar.

-Entonces deberéis estar dispuesta a sacrificarlo todo, como él lo ha hecho por ti…- Se quitó el manto y lo puso sobre los hombros de Hitomi, cubriendo su desnudes.

Hitomi se percató de sí misma por primera vez y las heridas que tenía. Sangraba aún del hombro y el cuello. Pero era posible que el dolor se había inhibido por toda la adrenalina que circulaba por sus venas. Todas sus ropas estaban rotas y caían en girones.

-Por favor… - Se detuvo para levantar la mirada a él - Ayudalo. No sé del todo a que te refieres… pero haré lo que sea necesario.

El aludido, se inclinó y tomó el cuerpo de Van echándoselo a los hombros con sumo cuidado.

-Eso, se verá… seguidme.

Terminó por decir antes de girarse y echarse a andar.

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Merle corría a través de la noche, con el corazón precipitado y la ansiedad desbocando sus nervios. El portal que se había abierto, había colapsado y se había cerrado en cuanto Escaflowne lo había traspasado. Lo había visto todo desde la distancia. No cabía duda que el enemigo estaba en la tierra y que el amo Van había regresado a Gaea, con Hitomi… muy probablemente.

-Bleigh…- Musitó con temor.

Las calles delante de ella se abrieron hacia la bahía y sigilosamente caracterizada por su habilidad animal, trepó hasta el techo de las bodegas que yacían ahí. Pronto vio el último resquicio donde desembarcaban los barcos, y buscó los talleres; Se adentró en uno de ellos deslizándose por una de las ventanas, y sin tener miedo de romper el silencio que reinaba en la oscuridad, llamó con fuerza.

-¡Bleigh!

Un ronquido se escuchó al fondo encaminándola cerca de un montículo de madera, en el suelo había un montón de aserrín y encima de este, descansaba un corpulento hombre muy sucio con una gorra que le tapaba la cara.

-¡Kapón!- Gritó Merle pateando al sujeto en el estómago para despertarlo.- ¡Despierta!

El hombre se dobló del golpe, despertando azorado.

-¡Qué? Quién?!¿Cuándo?- Tartamudeó mirando a su alrededor confuso.

-¿Dónde está Bleigh?- Preguntó Merle precipitada, zarandeándolo por el cuello para despertarlo por completo.

-¡Hey!¿Tú?- La miró el sujeto con molestia. No parecía sorprenderle que Merle fuera una Chica- Gato, - No sé… vete.- Manoteó la corpulenta mano y se volvió a echar al aserrín para continuar con su estruendoso sueño.

-¿Merle…?- Se escuchó la voz de un joven, que por su entonación parecía que acaba de despertar.

El rostro de Merle se iluminó, y se giró hacia la estantería dónde se apilaba el material de mecánica y construcción. Un joven de pelo castaño rojizo salió a la vista tambaleándose un poco. Sus ropas estaban manchadas de aceite y suciedad. Denotaba en su rostro cansancio de horas de trabajo.

-Ya sabes que no debes molestar a kapón… él nunca te va dar salto y seña de nada. Recuerda que ni me reconoce a mí a veces.

Los ojos de Merle se humedecieron de alivio y se lanzó a él para abrazarlo, rozando su mejilla contra su rostro para acariciarlo con añoro y necesidad.

-Fui a buscarte a tu casa… -Comenzó a hablar con más calma -. Estaba temiendo que te hubiera pasado algo.

-Tranquila…- Le sonrió él, correspondiendo el afecto y acariciando su cabello rosa a su vez-. Estoy muy absorto en la construcción del nuevo modelo que te conté, no he tenido tiempo de regresar a casa.

Las palabras parecieron suspenderse por un momento de la boca de Merle. Se separó de él ligeramente y agachó la mirada.

Inmediatamente atisbando el cambio, el semblante del joven cambió.

-¿Qué sucede…?- Inquirió - .¿Han descubierto a Hitomi?

Las manos aterciopeladas de Merle se cerraron como reflejo en su camisa manchada. Estaba dudando si decírselo...

-Merle...- La instó él.

- Atacaron tu casa y a tu hermana... - Se animó a hablar, no sabiendo si sería condenada o comprendida.

Normalmente si fuera otra situación o persona, no temería tanto… Ni parecía actuar dentro de su carácter habitual. Pero le importaba de sobremanera todo lo que le pudiera afectar a él, porque sabía que le afectaría a ella. Pero tenía que hacerlo.

- Encontré sangre y la cocina completamente destruida… al parecer Hitomi estaba con ella. No sé del todo donde pueden estar ahora.

Al escuchar la respuesta, Bleigh retrocedió. Tuvo que recargarse en una estantería para dilucidar la situación mientras que su mirada se perdía en el vacío un momento.

-¿Esto tiene que ver con tu mundo no es así…?- Le preguntó

Merle asintió lentamente..

-Tengo que regresar… no me queda tiempo – Continuó Merle denotando tristeza en su voz –. Yo… lo siento mucho por lo de tu hermana. La busqué por todas partes después de encontrar una nota que mencionaba que estaría en el colegio. Pero cuando llegué, fue demasiado tarde… no encontré nada. Temí mucho por ti al no encontrarte… y más cuando vi la sangre en el suelo, sólo me quedaba venir aquí y cerciorarme que estuvieras bien.

Merle hizo una pausa e intentó retener las lágrimas que comenzaban a caer por su rostro. Dios, cuanto le importaba Bleigh para empezar a caer en esas condiciones.

- Mi amo ya regreso a Gaea… y yo también tengo que hacerlo. Yo… vine a despedirme.

La mirada silenciosa de Bleigh se alzó hacia ella y Merle tuvo que mirar hacia el suelo. No podía verlo a los ojos.

-Me hubiera gustado quedarme más tiempo y disfrutar un poco más contigo… - Sonrió con cierta ironía-. Nunca te lo dije… pero cuando vigilaba a Yukari y me atrapaste en tu casa, no lamento el haberte mordido esa vez. Agradezco que eso a haya hecho que nos conociéramos. La verdad es que nunca imaginé que a pesar de que era totalmente extraña para ti, no me delataras y terminaras acompañándome. Gracias por guardar mi secreto… - Esta vez alzó la mirada y le sonrió sinceramente, recordando a su vez varios momentos que había tenido junto a él – Trajiste un poco de calor a mi corazón ¿sabes? Gracias…

-Merle… - Quiso detener Bleigh la conversación.

- Lamento mucho que tu hermana haya sido implicada en todo esto. Pero trataré de hacer lo que pueda para saber que paso con ella… las cosas se complicaron para nosotros de un momento a otro...

Se restregó las lágrimas para secarlas, pero curiosamente seguían cayendo..

Lo que estaba diciendo era muy doloroso, no quería despedirse aunque entendía que nunca encajaría en un mundo así, siendo tan diferente de él... La realidad era que no quería marcharse. El haber llegado a ese mundo se había convertido en algo tan importante, que incluso cometía el error de poner de lado su propia mision. En ese momento soló deseaba que la situación fuera diferente, imaginar una realidad junto a Bleigh que fuera posible. Se había convertido en su amigo…y se había enamorado también de él. Por lo menos... antes de marchar, tenía que decírselo. Pero antes de que ella pudiera volver a hablar, él se adelantó.

Bleigh dejó salir un suspiro y acortó la distancia que los separaba para abrazarla con fuerza, y sin esperar lo que a continuación haría, la besó.

Merle sintió que su corazón dolorido se estrujaba con calidez al sentir los labios de Bleigh sobre su boca.

-No dejaré que te vayas - Le susurró, separándose lentamente de ella.- Iré contigo…

Merle apenas podía anteceder la agitación que sentía en su interior. ¿Estaba siendo correspondida?

-Sé que soy… raro. – Sonrió Bleigh levemente -. Pero creo que nunca me ha agrado la idea de verte partir. Eres muy importante para mí. ..Trataré de ayudarte y también buscaré a mi hermana.

Sin poder creer lo que oía, de pronto Merle zarandeó la cabeza y recapitulo la situación.

-No puedes ir conmigo…- Lo tomó del rostro para que la escuchara.

Bleigh frunció el ceño lentamente.

-¿Por qué no? No pienso quedarme aquí y esperar a recibir noticias de quien no me las dará.

- Gaea es peligroso. Más en estos momentos… Allá hay legiones con poder y destrucción que aquí no se podría concebir.

De sólo pensar que le fuera a pasar algo, le asustaba.

Bleigh no apartó la mirarla de Merle, pero tomó suavemente sus manos y las apartó de su rostro.

-No tengo mucho más que esperar de este mundo a diferencia del tuyo. Peligro hay donde sea y donde esté. – Se giró y comenzó a buscar algo del taller-. Yo me puedo morir en estos momentos, se puede caer uno de estos pesados estantes sobre mí y mi vida terminó.

A Merle no le agrado la comparación… Ahora ya se estaba preocupando si dejarlo o no.

-No me quedaré aquí - dijo mirándola de reojo – Sea que te guste o no… – Continuó buscando materiales y poniéndolos en un estuche portátil.

-Bleigh… - Frunció el ceño Merle -¿¡No entiendes!? ¡No puedes ir! Yo soy un soldado entrenado, estoy preparada para pelear.

-Un soldado que fue capturado y encerrado en mi habitación por una noche entera con facilidad. ¿Te recuerdo cómo fue?- Le debatió Bleigh alzando las cejas.

Merle se sonrojó y guardó silencio.

-Sabes bien, que puedo retenerte… - Se acercó de nuevo a ella, mientras se montaba una mochila en la espalda -. En el peor de los casos, lo único que sucederá es que no te deje ir a Gaea.- Le declaró seriamente él.

Merle, se encogió insegura al tenerlo cerca. La verdad era, que ya dudaba si podía irse por su cuenta...

Los ojos castaños de Bleigh la miraron fijamente y con la mano comenzó a acariciar su rostro en silencio. Merle se sonrojó, pero no desvió la mirada de él, de echo, se permitió sentir su caricia cerrando los ojos… Se había convertido en tan poco tiempo en alguien tan importante para ella... no quería separarse.

-¿Por qué haces esto…? - Le preguntó Merle, abriendo de nuevo sus ojos a él.

- Porque me enamoré de ti desde que te vi… - Le confesó Bleigh, como si fuera un echo claro desde hace tiempo. Se acercó a su rostro respirando su aliento y la besó de nuevo, pera esta vez más profunda y prolongadamente.