Capítulo 20
Incoherente
Las olas acariciaban la orilla con la lenta tranquilidad de un día silencioso. Llenaba el lugar de paz y era perfecto para echarse una siesta a la sombra de una palmera alta. Ayato, Kanato y Raito se habían puesto de acuerdo para ir a las playas y zambullirse en las placenteras aguas por última vez, ya que las nubes que llegaban del norte amenazaban con una futura tormenta. Según los desafortunados aciertos del meteorólogo en la televisión durarían los últimos días de su estadía allí, aprovecharían cada momento que les quedaba del delicioso sol veraniego. Por ello, la casa había quedado completamente en silencio y por una vez ordenada, al mando del hermano menor.
Claro que Subaru no desaprovechó ningún segundo.
¿Subaru disfrutaba el tiempo a solas en vacaciones? No, porque no tenía ni siquiera media hora solo. Por esa misma razón tenía que hacer esto rápido antes de que al berrinchudo de su hermano mayor, Kanato, le entre frío en el agua y quiera volver a la casa y armar sus escándalos en ese lugar. Sacó una caja, el papel para envolver de color azul oscuro que había comprado hace dos días, el nuevo celular para Yui y los veinte moños que había comprado por no saber elegirse bien en la tienda. Se detuvo y observó detenidamente todas las cosas puestas en la mesa ¿estaba actuando de manera boba? ¿Esto debería sentirse normal? ¿Debería de haber dejado que la mujer de la tienda envolviera su regalo y entonces no tendría tantos inconvenientes?
¡No!
Bueno… en realidad sí, pero él quería hacer las cosas por sí solo. "Yo solo puedo con estas niñerías, ¡si es solo envolver la caja del celular y ya!" se dio ánimos, o al menos eso fue lo que le pareció a Subaru.
Con las manos ocupadas pensaba sin parar de pensar en la pequeña humana de ojos como rosas que esperaba en la mansión, con esas sonrisas radiantes de aura angelical, destacada por la penumbra demoníaca de sus presencias. ¿Cómo haría? ¿Qué sucedería si rechazaba sus sentimientos? No tenía mucho tiempo para pensarlo, o siquiera para preparar una gran confesión como en las pelis de chicas que su hermano Raito se veía cada viernes por la noche. No, tenía que ser rápido, pues los días pasaban y la vida de Yui se iría a pasos forzados. Si la amaba, si de verdad la quería a su lado, debía actuar antes de que uno de sus hermanos acabe con ella en un frenesí de ira y sed.
Frunció el ceño al fijarse que una de sus manos había arrugado el papel de regalo, sin querer obviamente. Subaru estaba pensando demasiado en cosas que no deberían pasar, que no pasarían porque él no lo permitiría. Alisó el papel y volvió a su trabajo más concentrado que antes. Subaru estaba dispuesto a todo, en ese momento ya se había dado cuenta que estaba todo decidido. Pasarían estos últimos días de mierda y se subiría al tren de vuelta a casa, prepararía sus palabras y allí lo estaría esperando. Hermosa y delicada, como una flor.
Al llegar le declararía sus sentimientos.
Y con suerte Yui los aceptaría, sonreiría para él y lo abrazaría. Y todo por lo que Subaru se había preocupado desaparecería en un instante. Quizás para siempre. Su corazón sintió la presión de la esperanza, la anticipación. Se encogió de hombros por ese nuevo sentimiento, sonrió.
¿Se podría encontrar enamorado de esa manera?
Oh, él lo sabía. Así era el amor de todos modos.
Pero lo que él no sabía eran los acontecimientos que habían sucedido a sus espaldas, lejos de él y en su propia cada. Las peleas, el odio, los corazones rotos, pero siempre dispuestos a luchar. Subaru no sabía lo que se disputaba en la mansión Sakamaki, nada más que un corazón que palpitaba con la añoranza de vivir.
El interminable tic tac del reloj acompañaba la tensión del ambiente que se había vuelto tan denso que se podría jurar que podía atravesarse con las manos. Los colores habían cambiado imperceptiblemente, con sus paredes de un blanco oscuro y decadente a un hueso brillante y de nuevo presente. Podía sentirse que la energía había llegado de nuevo a la mansión Sakamaki, y prometía quedarse.
Bueno, un poco más de energía que antes.
Los tres estaban sentados en la sala y cada uno se mantenía alejado, con tazas de té en las manos y bocas cerradas. Cruzaban las piernas o se pasaban las manos entre el cabello para liberar las ganas de gritar, o de ponerse a llorar, o de abalanzarse sobre su rival y molerse a golpes al puro estilo de la revolución. Pero no, se decían los dos hombres de miradas serias, ellos eran muy maduros y tenían modales inculcados como para ese tipo de cosas. Intentando pasar un tiempo de caridad juntos (luego de haber pasado los días recostados en una cama y sus mentes se hayan quedado cansadas por el esfuerzo) solo se dedicaban a mirarse con silencioso odio detrás de sus pupilas coloridas. "Te odio", "No, yo te odio más" era lo que gritaban esos rostros como la nieve a cada minuto que pasaba.
La única que parecía no destilar un veneno insufrible e intentar calmar esa sensación de desprecio miraba a ambos hombres con el alma entre las manos y el corazón en la boca. Yui pensaba, pensaba en un intento desesperado de calmar la atmosfera que la atormentaba. Intentaba imaginar cómo demonios arreglaría ese nuevo conflicto. Sin embargo ¿ella podría considerarlo conflicto, el que Reiji y Shu hayan desarrollado sentimientos hacia su persona? Yui no era nadie para juzgar a esos dos seres demoníacos que, de un día para otro, ya eran buenos con ella. Menos cuando le brindaban un techo y un plato de comida todos los días. Incluso llegaron a ser mucho más atentos, amables y considerados. A pesar de ser totalmente extraño y abrumador, Yui se sentía cómoda con eso y no podía decir nada sobre aquello.
Y también porque estaba confundida, triste y no sabía cómo decirle la verdad a uno sin lastimar al otro.
"La vida es muy, muy dura" se lamentó en sus adentros. No podría dejar que las cosas estén así como así, que los hermosos momentos que habían pasado juntos, a pesar de ser pocos, los destruya un amor que no sería correspondido completamente y que jamás lo será. Dejó la taza en la mesa ratona, separó las piernas y con graciosos movimientos que no planeaba hacer se levantó de su asiento.
— Yo… iré a terminar mis deberes —murmuró, y se encaminó con prisa hacia las escaleras.
Y solamente quedaron los dos hermanos solos en la sala, quietos con sus dos tazas de té todavía sin probar y cada uno con la mirada firme en la silueta perdida de Yui. Cuando ya no hubo ni un solo mechón rubio que la divisara, ni los pasos que corrían con prisa hacia su habitación que se escucharan desde el suelo, Reiji y Shu se miraron fijamente otra vez. Con un odio intenso, muy intenso.
Ninguno de los dos se atrevería a hablar, parecían esperar a que el otro hablara para poder sacar sus propias cartas. Volvían a apuñalarse con los ojos. Más esta vez era diferente, esta vez querían matarse mutuamente por otros motivos completamente diferentes. Ya no era la preferencia de Beatrice, ni os regalos que de niños le habían dado sus padres, o siquiera la desaparición de Edgar por parte de Reiji (de la que Shu no tenía idea por el momento, pero contaría si Reiji todavía lo mantenía presente en sus memorias)
Ahora se trataba solamente de Yui, de amor y de cómo conquistarla antes de que el otro lo haga.
Al final, Shu habló:
— Así que piensas que, cuando la has tratado con una cruel indiferencia y dejarle la espalda surcada de cicatrices por dos semanas con tu látigo cuando al principio no cumplía tus expectativas… ¿Quieres tener a Yui? ¿En serio, Reiji? —sus ojos azules desafiaban con clarísima crueldad al hermano menor.
Reiji apretó los labios pero no dejó que la ira hable por él, ni que el veneno llegue a su boca y la inunde de negras palabras. Sabía que Shu era de ese modo cuando se encontraba en serio, cuando de verdad estaba jugando. Claro que lo conocía, como no conocer a tu propia sangre y al que has estado cuidando por todos los años que vivieron juntos. El sucesor de la familia no se guardaba nada, era directo y frío. Además sacaba los trapos sucios en el momento de la verdad. Un verdadero vampiro enfurecido, honesto y cruel. Eso hacía todo un poco más difícil.
El vampiro de ojos rojos exhaló lentamente, dejó la taza en la mesa y clavó su tétrica mirada en su hermano mayor.
— Deberías de dejar tu honestidad, que ya es más grande que tu inutilidad en esta casa, y dejar que te explique las cosas para que tu mente cerrada entienda de una vez —le dijo, aunque eso no era nada para Shu: había escuchado cosas mucho peores de Reiji. Al momento agregó: —. Yo no quiero tener a Yui como un premio.
Shu alzó las cejas.
— Si tus intensiones no fueron lo bastante claras… entonces dime lo que quieres de ella, lo que haces para apartarla de mi lado.
— Shu, estoy enamorado de esa humana —enfatizó la palabra enamorado con un verdadero sentimiento de orgullo, algo que hizo a Shu entornar los ojos—. En un momento muy corto se ha convertido en una compañera, una amiga, una persona a la que, a pesar de estar arriesgando mis debilidades, realmente necesito.
Dejó de hablar y se quedó mirando a su hermano mayor. Shu había perdido el habla.
Con esas palabras Reiji se sentía orgulloso de sí mismo. Jamás había hecho eso por alguien, algo que solamente conlleve amor y confianza. Tal vez porque no lo había sentido, no había nadie para enseñarle tales sentimientos humanos. ¿Cómo aprender en un infierno al que considerabas un hogar, donde el amor significaba el deseo de la sangre fluir por tu garganta?
Pero eran cosas diferentes las que quería para Yui. Quería darle amor, sin mentiras ni máscaras. Quería que confiara en él y que olvide la oscura manera de como la trató hace tiempo, al conocerse. Aunque fuese imposible de creérselo se sintió libre al decirle eso a Shu, su hermano y ahora también su rival nuevamente. Por un momento volvió la opción de disculparse con él, pero en ese momento las ganas de imponer su amor ante el de su hermano se hizo más fuerte. El instinto territorial en el corazón de una mujer.
Shu no podía creer lo que estaba escuchando.
¿Reiji, enamorado de una humana común y corriente? A pesar de que Yui tenga la sangre más deliciosa que haya probado jamás todavía seguía siendo humana. Ese cuerpo era tan frágil como las hojas en otoño y dé que su corazón de un golpe podría pararse, ella no era fuerte. También de humana era religiosa, una mujer que luchaba contra sus impulsos naturales para darle amor a Dios. Eran cosas que no eran tan atractivas para los de especie. Menos para Reiji, que él siempre había dicho desde que eran pequeños que los seres humanos solamente eran lo que criaban para subsistir. El pensamiento de un verdadero vampiro.
Y allí estaba él ahora; una nueva mirada ajena a la seriedad y el odio, con todo el rollo amoroso hacia Yui. Shu no podía confiar, era demasiado irreal. Por más que él fuese su hermano las cosas no serían tan fáciles. Reiji le hizo la vida imposible todos los años que vivieron juntos, ¿por qué creerle ahora si podría pensar que todo podría ser una trampa? Además de que él no conocería la amistad ni por asomo. ¿Amiga, de verdad? Se dijo Shu en su interior. No podía creerlo por más que lo viera de todos los puntos de vista creados por el hombre.
— ¿Qué sabes tú de tener un amigo siquiera? —murmuró, levantándose de su asiento. Se acercó con pasos firmes y lentos hacia Reiji, que no lo dejaba de mirar ni por un segundo—, peor aún, ¿qué sabes tú del amor? Si apenas puedes mirarme a la cara sin sentir un odio injustificado aun sabiendo que me opuse completamente a las exigencias de nuestra madre. Si ni siquiera sabes perdonar, Reiji, no puedes perdonar a tu hermano que no tenía ni la más mínima idea de cuánto sufrías por ello.
El hermano menor frunció el ceño pero contuvo los temblores de su cuerpo, esos temblores que lo querían impulsar hacia Shu y golpearlo en la cara con toda la fuerza que sería capaz de usar. Más ya no estaba en condiciones para hacerlo, ya no sentía esas ganas irrefrenables de asesinarlo a toda costa y que tenía que reprimir todas las mañanas. Ahora era diferente, y hasta el mismo Reiji se sentía extraño con ese cambio tan vertiginoso.
Ahora quería que Shu entendiese.
— No, no sé lo que es tener un amigo. Nunca tuve uno cuando era niño —admitió, ya con eso se sentía lo bastante irritado. Recordar su infancia no era una de sus cosas favoritas, algo que intentaba evitar—. Pero tú si has tenido un amigo, has tenido ese compañero. Entonces sabrás lo que estoy sintiendo, era lo que sentías tú cuando estabas junto a él.
Shu se estremeció y el hueco en su pecho palpitó otra vez de ansiedad. Estaba hablando de él, de Edgar. No, Reiji no tenía por qué nombrarlo en este momento. Él no tenía nada que ver con las peleas que estaban afrontando en ese momento.
Si ya no era más que una pila de cenizas desvanecidas, en un aire que ya se ha extinguido.
Miró a Reiji a los ojos una vez más y se sintió atrapado, como si todos sus pensamientos se hallaran al descubierto y su piel rasgada al mostrar sus emociones. Por una vez escondió sus ojos y se alejó de él, no quería que viera esa mirada que se abría cada vez que recordaba ese día: las llamas, los gritos inalcanzables, la rustica cabaña completamente destruida por el fuego donde cuatro cadáveres se encontraban en el suelo. El nubarrón negro que se erguía sobre él…
El fuego.
— Esos fueron momentos que ya no recuerdo, Reiji. Solamente son recuerdos de la infancia, nada más —dándole la espalda caminó hacia las escaleras. Antes de subir, se dio la vuelta para ver de nuevo a su hermano.
Reiji se quedó sin habla cuando volvió a ver a Shu. Sus ojos se encontraban apagados, con las lágrimas casi derramarse por sus pestañas y el borde del parpado enrojecido por el esfuerzo de aguantar el llanto. A pesar de que sus ojos mostraban un dolor escandaloso, algo que a su hermano le parecía horrible hasta en sus más indeseados sueños, Shu tenía una leve sonrisa en los labios. Como si quisiera tranquilizarlo, como si le dijera que no crea en cuentos de hadas. Lo quería devolver a la realidad.
— Tú mismo lo has dicho, Reiji, hace mucho tiempo. "Los seres humanos solo son diversión a corto plazo" —miró hacia la nada antes de volver la atención a su hermano menor, suspirando—. Pero no te metas con Yui. Ella no merece esto.
Se encierra en su habitación y las lágrimas nuevamente rasgan sus ojos, caen por sus mejillas y los sollozos se encienden. Se dejó caer, apoyando la espalda en la puerta, escondiendo la cara entre las manos. Se había cansado de todo esto.
Quería desaparecer.
Eran demasiados sentimientos a la vez, tantas cosas que pensar. Lo peor de todo era no solo saber que se aproximaba algo que no podía reparar, sino que no tenía elección y, por su vida, tendría que hablar en cualquier momento. El corazón de Yui latió tan fuerte que se sintió adolorido, preso de toda la ansiedad y las preocupaciones. Por un momento sintió el miedo de desmayarse, pero nada de eso pasó.
Tal vez, solo tal vez, podría irse por un momento y pensar. Estar fuera de esa mansión que tantos problemas amorosos le causaba y poder estar consigo misma, pensar con tranquilidad. Si, solo así pondría en orden su mente y su corazón.
Miró el ventanal de su habitación con emoción por primera vez en la vida. Eso de estar triste y frustrada le daba tantas ideas para escabullirse. Luego su mirada se oscureció, sabría que Reiji y Shu la buscarían por todos lados hasta encontrarla si no la hallaban en su habitación. Por poco y los maldice, si no fuese tan amable con ellos.
Quizás solo podría acostarse y dormir un poco… desaparecer de la realidad, por un momento en el mundo de los sueños.
Caminó sin ganas hacia el lecho y dejó que su cuerpo se desplome en las suaves frazadas. Si, dormir. No había pensado en eso en varias noches. Tantos días cuidando a los dos, velando por su despertar…
… y al poco tiempo se quedó dormida, con un par de lágrimas adornando sus parpados.
Ya mañana sería otro día.
Y otro día fue, comenzando con la mañana y el desayuno de todos los días.
Era una espléndida mañana, ninguna nube en el cielo. Las aves cantaban y la brisa era agradable al contacto de la piel.
No podía ser peor para Yui.
Mientras comía, tomaba sus cosas y se dirigía al coche para ir al instituto no podía ignorar las miradas ansiosas de los dos hermanos. Reiji y Shu no paraban de mirarla y de mirarse el uno al otro, para ella ojos enamorados y para ellos ojos de puro odio. Yui intentó evitarlos, contestarles las preguntas que le hacían sin mirarlos a la cara y queriendo sentarse al lado de la ventana. Para su mala suerte volvía a sentarse en el medio de los dos.
Suspiró, teniendo tanto lugar en la limosina…
Y siguió con discusiones infantiles, tantas que ella ya no podía mantener una sonrisa relajada o las ganas de querer arreglar todo. De pronto se sintió tan cansada, tan harta de que esos dos vampiros suelten palabras de la boca. Quería silencio, un silencio pleno donde solo las respiraciones se sientan.
Lo quería ya, pero debía serenarse.
Bajaron del coche y todavía seguían discutiendo, uno a cada lado de la pobre humana que si o si debía escuchar toda la pelea verbal repleta de insultos y muchas frases subidas de todo. Y que ella pensaba que esos dos eran civilizados, al pelear eran peor que los raperos de su antigua escuela. "Todo está bien, todo está bien" murmuraba mentalmente al encogerse más de hombros. Deseaba que la tierra se la trague, deseaba todo menos estar allí. Intentaba no estallar, no estallar y que todo siga en orden.
— Yui vendrá conmigo, le enseñaré a jugar ajedrez tradicional —se apresuró a decir Reiji mientras tomaba la muñeca de la humana con ánimo.
— No, Yui vendrá conmigo —Shu fue mucho más rápido y tomó la otra muñeca de ella—. A ella le gusta que toque el violín, así que me ofrecí para darle un pequeño concierto, a ella le gusta la música…
Reiji frunció el ceño y lo miró como si fuese la más fea de las bestias.
— No agarres a Yui de esa manera —tiró del brazo de ella.
Shu apretó los dientes.
— ¡No la tires así, le harás daño!
Yui se encontraba con los ojos abiertos de par en par, haciendo temblar sus rubios rizos mientras era zarandeada suavemente por esos dos peleadores que ya parecían profesionales. Cerró sus ojos con fuerza, apretó sus dientes e intentó controlarse dentro de ese círculo de feroces disputas…
— Ustedes dos… ya… ¡YA BASTA!
Y estalló.
Fue simple, fue claro.
Como si de pronto el cuerpo de la humana ardiera, Reiji y Shu la soltaron al mismo tiempo. Observaron por primera vez la nueva cara de la pequeña Yui, que hasta las piernas le temblaban.
— Yui —Reiji la miró preocupado, sorprendido por los gritos de ella—, ¿Qué es lo que ocurre…?
— ¡Ya no diga mi nombre, Reiji-san! —exclamó en voz alta. Algunos estudiantes que estaban por entrar al establecimiento se pararon para ver la escena—. ¡Me tienen harta con sus peleas que han comenzado desde el amanecer!
Silencio, ambos hermanos se quedaban sin palabras. Yui siguió soltando todo lo que había en su pecho.
— ¡Los dos… los dos han dicho que sentían cosas por mí, y de verdad lo aprecio! —al hablar, las gruesas lágrimas comenzaron a juntarse en sus ojos—, pero ¿No se pusieron a pensar en lo que yo siento? ¿No ven que esta pelea me hace daño? ¡DETESTO VER COMO SE PELEAN, YA NO QUIERO VERLOS ASÍ! —Su voz se quebró al tiempo en que las lágrimas salieron como lluvia—. ¡ESTA PELEA NO HACE MÁS QUE DAÑARÑOS A TODOS Y YO YA NO PUEDO SOPORTARLO!
Y se volvió, usando todas las fuerzas que le quedaban y corrió, adentrándose en el instituto. Dejando a los chicos anonadados, dejando a Reiji y a Shu con las bocas abiertas y la mente llena de preguntas.
El corazón de ambos vampiros parecía detenerse, todavía con las palabras heridas de Yui en la mente. Ambos reaccionaron tres segundos después, ambos mirándose el uno al otro y pensando que, a decir verdad, se habían comportado como unos idiotas. Y ella tenía toda la razón del mundo.
Pero, a pesar todo…
— Tenemos que ir por ella, Shu —con la preocupación Reiji no podía esperar y con pasos firmes caminó rápido hacia adelante.
Una mano suave pero firme lo detuvo. Se volvió para decirle alguna incoherencia a Shu, algo para que lo suelte de inmediato y se pusiera a buscar a la humana junto con él. Todas esas cosas se disiparon cuando vio el semblante triste de su hermano mayor.
— Déjala —lo dijo con la urgencia y la preocupación que coloreaba la voz de Reiji. Poco a poco iba dejando de apretar el brazo de él—. Ahora está herida y no va a servir de nada si vamos a buscarla, solo va a hacer que nos odie más que nos odia ahora.
Reiji apretó los puños, mirando con impotencia el suelo.
— Maldición… ¿Qué demonios hemos hecho esta vez?
Corría, corría como nunca.
Lloraba de manera exagerada mientras se impulsaba hacia adelante, a cualquier lugar donde se le ocurriese. Más no se había dado cuenta que sus pasos la habían llevado al salón de ciencias que ese momento estaba deshabitado por la siguiente clase. No supo el por qué, pero lo agradeció de veras. Entró y se quedó allí, en un rincón del lugar.
Sentía que su corazón lloraba junto con ella, las lágrimas no querían dejar de salir. Toda esa situación era demasiada, no podía soportarlo más. Quería que, de alguna manera, todo aquello fuese un mal sueño y que volvieran a ser los mismos vampiros que tan mal la trataban. Sí, todo eso sería mejor a estar en ese maldito embrollo.
Siguió llorando con el aura de tristeza que la cubría de pies a cabeza. Jamás podría cambiarlos, jamás podría hacer que se lleven bien. Todo aquello era una causa perdida de la que ella estaba fervientemente enamorada.
— ¿Yui-senpai?
Levantó la cabeza, deseando no haberlo hecho, para encontrarse con unos cálidos ojos dorados. Sousuke la mira entre sorprendido y triste, como si entendiera que era lo que sentía Yui en esos momentos.
— Sousuke-kun… yo… —intentó formar una oración sin que su voz se quiebre dos veces seguidas—. Yo no puedo hablar ahora… lo siento…
La callaron unas manos que se apegaron a sus mejillas con gesto fraternal.
— Tranquila, no llores —se había arrodillado ante ella, con una mirada cariñosa y unos ojos completamente dulces. Le susurraban a sus ojos rosados, abiertos de par en par—. No entristezcas tu hermoso rostro.
Le mostró una gran sonrisa. Emitía un aura tan dulce y tranquila que hizo a Yui sonreír también, entre lágrimas.
Ambos rieron ante la sonrisa rara que dio Yui, llena de lágrimas y con el entrecejo fruncido. Al quedar en silencio, ella le dio otra sonrisa más tímida.
— Gracias por hacerme reír en un momento como este… de verdad eres mágico —dijo con soltura, hipando por el llanto.
Sousuke le devolvió la sonrisa, acariciando sus mejillas y retirando las lágrimas de estas.
— ¡Para eso están los compañeros, Yui-senpai! —le dijo. Apartó una mano de repente, buscando entre los bolsillos de su chaqueta. De su bolsillo izquierdo sacó un paquete gris de papel—. ¿Sabes? Mi madre siempre dice que las penas con pan son buenas.
Le ofreció el pequeño paquete a Yui, ella lo tomó con manos temblorosas.
— ¿Pan? —Yui sonreía mientras miraba el gracioso envoltorio ¿toda delicadeza para un pedazo de pan? Era tan bonito.
Sousuke se sonrojó un poco, mordiéndose el labio.
— Más que pan, yo diría budín —soltó una risita tonta—. Anda, pruébalo.
Yui asintió, encariñada con ese amigo suyo que siempre le sacaba una sonrisa. Él era paz, no era pelea constante. Su aura le daba la relajación que ni en diez noches podría conseguir en la mansión. Desenvolvió el budín que por el color parecía ser de chocolate y de inmediato le dio una mordida.
— ¡Esta delicioso, Sousuke-kun! —dijo, luego de tragar.
Los ojos de Sousuke se oscurecieron mientras reía otra vez.
— Sabía que te gustaría, Yui-senpai.
— ¿Lo has hecho tú? —Yui observaba el interior de la masa a cada mordisco. De verdad estaba delicioso.
— Si —las manos del joven volvieron a posarse en las mejillas de Yui, que entonces ella ya consideraba tan normal—. Aunque… mis budines también tienen algo mágico…
Y, justo al decir eso, los ojos de Yui se oscurecieron.
De pronto un horrible mareo la invadió junto la sensación de desorientación y nauseas. Si no hubiese estado en el suelo, hubiera jurado que se habría caído en un santiamén. Su estómago comenzó a doler, tanto que lanzó fuertes gemidos de dolor, aferrándose a la ropa de Sousuke.
Cuando quiso levantar la vista todo se había nublado, y lo último que habría de ver fue la sonrisa tétrica de su amigo, su compañero, desvanecerse con la ceguera.
Y cayó en la irrealidad de la inconciencia, sujeta al muchacho, este la recogió en brazos y le quitó los cabellos del rostro. Observó con sus ojos como la miel las facciones de una Yui inconsciente, una Yui que no podía despertar.
— Mágico, ¿no lo crees?
Fin: capitulo veinte.
Proximo capitulo: Y la lluvia es nuestro llanto.
¡Hola!
Wow… ya iba a ser un año que no actualizaba.
Perdón.
PERDÓN.
La verdad es que anduve sin inspiración todo un pinche año, lo admito. Además de que andaba depre y no tenía ganas de hacer nada. Cuando te rompen el corazón si realmente estabas enamorada es como que te aplasten con el martillo de Thor. Un martillo hiper gigante, justo en el corazón.
¡Pero ahora estoy mejor! *Baila*
Y les traje la actualización, que es lo importante :33
En fin, estamos a punto de llegar a la final. Es triste, todo lo que esta pasando :c
¡Pero todo se repondra!
Saben que confío en el buen review que me dirá si les gustó o no el capitulo.
Y TAMBIÉN TIENEN MI PALABRA DE QUE NO IMPORTA LO QUE PASE, CUANTOS MESES LLEGUEN, SIEMPRE TENDRÁN MI ACTUALIZACIÓN.
Las quiero :33
By: Shelikernr (The lover ghost)
