20. Menta y chocolate
Apenas diez minutos después de que Ron estuviese sentado junto a parte de su familia en el salón de la casa, Hermione hizo acto de presencia. Nada mas entrar, todos la pusieron al corriente de la llegada de tía Muriel, del motivo de su visita y de la importancia de que no descubriese el engaño. Hermione escuchaba a todos como si ignorase el tema mientras observaba como Ron mantenía en sus labios una sospechosa sonrisa que solo ella podía percibir, y saber porque la mantenía allí. Por supuesto accedió a ayudar a la enorme familia, y todos respiraron un poco más tranquilos. Una media hora después, la estirada anciana bajó por las gastadas escaleras de la casa, mirándolo todo con desdén y con prejuicio. Charlie fue el primero en acercarse a ella, y de esa forma, Hermione fue presentada una vez mas como su novia.
La mujer la escrutó de arriba abajo por encima de sus cuadradas y minúsculas gafas, Hermione notó como le temblaban las piernas. Realmente tía Muriel inspiraba demasiado miedo. Después de analizarla durante un buen rato, caminó frente a ella sin dirigirle mas la vista y sentándose en uno de los sofás, dijo con aire descortés.
- Está muy delgada Charlie, espero que vuestros hijos salgan con la constitución física de los Weasley.
Hermione miró con resentimiento a la mujer por dedicarle aquel desprecio, recordó que no era santo de la devoción de la familia, y ella acababa de entender el motivo.
Durante largo rato, Muriel habló ininterrumpidamente de los preparativos de la boda, de los trajes de los novios y de su famosa tiara perteneciente a la herencia familiar. A Fleur se le encogía el estómago cada vez que la escuchaba hablar del enlace, todo aquel monólogo le recordó que ella también tuvo que pasar por ello, y además, portar la recargada tiara de Muriel sobre su cabeza el día de su boda con Bill. Luego miró al pelirrojo que parecía atento a las palabras de su tía, y suspiró. Aguantar a Muriel dirigiendo su boda y metiendo la nariz en todo había merecido la pena, y volvería a pasar aquel calvario mil veces más si eso significaba volver a casarse con Bill la misma cantidad de veces.
La noche no fue mejor que lo que había sido la tarde. Cuando el resto de la familia regresó de sus respectivos trabajos se llevaron una desagradable sorpresa al ver a Muriel presidiendo la mesa de la cena ocupando, como siempre, el lugar de Arthur. El hombre la saludó con fingida amabilidad mirando con ojos de resignación a su mujer. Fred y George solo le dedicaron un fugaz 'Hola' esbozando en sus caras una de esas sonrisas sospechosas que exasperaban a tía Muriel, y Percy tampoco fue muy efusivo con su saludo, para él tía Muriel también resultaba un enorme incordio. Así que, sentados alrededor de la mesa, el silencio era tenso y solo se rompía de vez en cuando con alguna pregunta grosera o fuera de lugar de la anciana mujer. Hermione tuvo que sentarse junto a Charlie para guardar las apariencias, pero Ron no perdió el tiempo y pudo ocupar el otro lugar junto a la joven. La presencia del menor de los varones junto a ella, supuso para Hermione la tranquilidad suficiente para afrontar el batallón de preguntas a la que le sometía la desagradable mujer.
- Así que dentistas ¿Supongo que tendrán algún prestigio?
A Hermione no le gustaba tener que responder ese tipo de pregunta sobre la desahogada situación económica de sus padres delante de la humilde familia de pelirrojos, pero los ojos impacientes de tía Muriel no le dejaban otra opción.
- Mi padre se especializó en cirugía máxilofacial, trabaja en una clínica de estética muy famosa en Londres.
Aquella respuesta pareció agradar a Muriel que dejó ver sin reparos una repugnante sonrisa de satisfacción en los labios.
Por suerte para Hermione tras el interrogatorio, Muriel decidió centrar su atención en el matrimonio de Bill, logrando que la tez siempre sonrosada de Fleur se asemejase a un gran incendio. Todo parecía indicar que aquella semana seria interminable para todos, o tal vez no. Porque a pesar de la llegada de Muriel a la Madriguera, y estar ahora entre la espada y la pared, Charlie no había perdido la sonrisa y miraba insistentemente su reloj. Solo una noche mas y al día siguiente, Tonks regresaría de Oxford. Los minutos parecían no pasar…
- Te mira mucho Sirius, deberías decirle algo – Dijo Tonks mientras masticaba un poco de su ensalada de apio.
- ¿Quién? – Preguntó Lupin estirando el cuello para adivinar que trataba de decir la prima de su compañero.
- La chica de la mesa de la derecha. No le ha quitado ojo a mi primo en toda la noche.
Remus fijó la vista en la joven y sonrió de lado. Sirius lo fulminó con la mirada y apretó los labios.
- Eso Sirius levántate y dile algo, Tonks tiene razón no te quita ojo.
El tono de sorna de Remus logró alterar el gris de los ojos de Sirius, que sin dudarlo un segundo se levantó de su sitio y se dirigió a la mesa donde estaba la muchacha.
- ¿Lo va a hacer? – Inquirió de forma incrédula Tonks sin apartar la mirada de su primo.
- Por supuesto que sí.
El restaurante estaba lleno de gente que charlaban, comían y bebían a placer. Sirius y Remus habían decidido invitar a Tonks a cenar ya que aquella era la última noche que la joven pasaría en su casa. Caminando con decisión, el hombre llegó a la mesa donde estaban sentadas tres mujeres bastante indiscretas pero también muy bonitas, las saludó con amabilidad y se sentó junto a la joven que lo miraba tanto. La mujer parecía contenta, Sirius habló con ella unas palabras luego señaló a la mesa donde estaban cenando Remus y Tonks, y el rostro de la muchacha dejó de mostrarse feliz y pareció sorprendido. Sirius se levantó, se despidió con la misma amabilidad con la que había saludado, y regresó a su mesa. Tonks estaba atónita, no tenia ni idea de lo que le había dicho a aquella joven para que esta ahora pareciese enfadada, sin embargo Remus seguía sonriendo.
- ¿Qué le has dicho? – Preguntó muerta de la curiosidad.
- Que mi novia, o sea tú, es muy celosa y que si seguía mirándome de esa forma tan descarada no dudarías en saltar sobre ella y arrancar uno a uno sus sedosos y rubios cabellos.
Remus soltó una carcajada, mientras observaba como el rostro de Tonks se volvía pálido y horrorizado. Sirius miró a su compañero de forma cómplice, Remus rió aun más.
- Sois un par de idiotas. Sirius con decirle la verdad hubiese bastado.
- ¿Le dirás tú la verdad a Charlie?
Tonks que aun seguía muy molesta con su primo, notó como el corazón se le subía a la garganta al oír la pregunta. Remus dejó de reír, y su rostro se tornó serio.
- Deberías hacerlo – Le recomendó con su acostumbrada voz tranquilizadora.
- Tal vez lo haga, todo de depende de cómo estén las cosas por allí. Tal vez Charlie analizó el beso junto al río y quizá se halla replanteado lo de la boda ¿Qué pensáis? – La voz de Tonks denotaba emoción.
- Es una posibilidad, pero ¿Qué harás si el sigue empeñado en casarse con ella?
Tonks resopló ante la pregunta de su primo. Luego sonrió melancólicamente y añadió.
- Nada - Remus miró a Sirius y este se encogió de hombros resignado, Tonks prosiguió – Si Charlie aun desea casarse con ella, es porque la ama, porque ella lo hace feliz y si eso es así, yo no soy nadie para impedir que él sea feliz.
Ambos hombres miraron a la muchacha con ternura. Sirius se levantó de su silla, abrazó a Tonks, y la besó en la frente ante la atenta y emocionada mirada de Remus.
- Todo saldrá bien – Dijo Lupin para darle ánimos.
Tonks sonrió agradecida a los dos, sin embargo en su fuero interno algo le gritaba que nada habría cambiado en la Madriguera cuando ella llegase, que Hermione seguiría allí, y que Charlie aun estaría dispuesto a casarse con ella.
La cena al fin terminó, y Molly preparó té para la familia. Todos, reunidos en el salón, miraban a cualquier parte de la casa para evitar encontrarse con los escrutadores ojos de Muriel. En el sofá, Charlie pasaba el brazo de forma cariñosa por los hombros de Hermione notando como la mirada de su tía no se apartaba de ellos en ningún momento. De vez en cuando susurraba algo en el oído de su falsa novia, alguna payasada que Hermione debía interpretar como si fuese algo amoroso, y ella le hacía entonces alguna muestra de afecto como si correspondiese a su cariñoso novio. Toda aquella pantomima parecía convencer a Muriel que sonreía gustosa en el sofá, con la humeante taza de té en sus manos. Pero sin embargo, en un rincón del salón, Ron echaba humo pero por las orejas. Todo era mentira, una vil farsa, y él era consciente de ello, pero no le gustaba ni un pelo que su hermano tuviese los labios tan cerca de la oreja de Hermione, ni que los dedos de su mano casi rozaran el pecho de la chica al dejarla caer sobre su hombro. Por todo eso se mantenía apartado, casi en la sombra con la mandíbula tensa y los puños apretados, porque Charlie podía ser su hermano pero si se acercaba a Hermione un poco mas de lo permitido, saltaría sobre él como un león. Por suerte tía Muriel se fue a la cama pronto y nada mas desaparecer tras la puerta de su dormitorio, Charlie quitó el brazo de los hombros de Hermione y Ron resopló aliviado saliendo al fin del rincón, ocupando el lugar de Muriel en el sofá.
- Esto es una tortura – Dijo Percy mirando absorto su vacía taza de té – Nos descubrirá, es un viejo zorro.
- No tiene porque descubrirnos hijo, si tenemos cautela y todos ponemos nuestro grano de arena, tía Muriel se lo tragará todo y ya veremos que hacemos para que la boda no llegue a celebrarse y ella no sospeche nunca – Añadió Molly mientras colocaba en una bandeja las tazas de té vacías, arrebatando de las manos de Percy la suya.
El joven movió la cabeza de un lado a otro.
- Me iré a dormir, mañana debo madrugar para ir al trabajo. Deberías hacer lo mismo papá.
Arthur asintió débilmente con la cabeza y poniéndose en pie, y tras dar un beso de buenas noches a a su esposa, siguió a su tercer hijo hacia el piso de arriba.
- No os preocupéis, estar desheredados no es tan malo verdad Fred.
- Verdad George.
Una de las tazas resbaló de la bandeja de Molly estrellándose contra el fregadero y haciéndose añicos. Todos desviaron la mirada hacia el lugar donde se había producido el ruido. Molly los contemplaba con los ojos perdidos y algo húmedos.
- Queridos, la herencia de tía Muriel no es el centro de nuestras vidas, pero si con ella podéis tener un futuro mas deshogado y vuestros hijos también, yo seguiré luchando por conseguirla.
Sin decir nada más, sin recoger los trozos de porcelana de la taza rota, Molly salió de la cocina, subió las escaleras y se metió en su dormitorio cerrando la puerta de golpe. El silencio se apoderó del salón, todos se dedicaban miradas pero nadie abría la boca. Sabían lo que su madre había luchado por darles a todos una vida mejor y lo único que había conseguido siempre era subsistir, aquella herencia de tía Muriel significaba para Molly lograr lo que había soñado siempre, darles la vida que Arthur y ella no habían podido ofrecerles nunca. La herencia no era tan abundante como para hacerlos ricos, pero si podrían vivir mucho mejor.
- No es necesario – Dijo Bill mientras se levantaba del sofá – Nosotros nunca le hemos exigido nada.
- Cierto, pero ella piensa que de niños no nos dio lo suficiente – Añadió Charlie que también se ponía en pie.
- Absurdo, nos ha dado siempre todo lo que ha tenido, y a veces casi sin tenerlo – Comentó Ron acomodándose en el sofá.
- Debemos entender a mamá, lo que ha luchado para llevarnos a todos hacia delante. La herencia de tía Muriel sería como una recompensa a ese esfuerzo. Y yo pienso apoyar a mamá, aunque también piense que no necesitamos su fortuna.
La que había hablado era Ginny, que durante la cena y la sobremesa había estado muy callada pensando en sus cosas, en Harry.
- Tienes razón – Añadió Bill – De todas formas si esto no sale bien, lo único que perderemos es dinero.
Todos sonrieron ante la observación del mayor de los Weasley, su esposa se puso en pie y agarrándolo por la cintura, dijo con voz dulce.
- Los niños duegmen Bill, y tú estás muy sexy esta noche.
Bill miró a sus hermanos y alzó las cejas pavoneándose, los demás rieron mientras observaban como la pareja subía al piso superior. Fred y George siguieron los pasos de Bill unos minutos después, junto a Charlie, que estaba agotado y deseoso de que amaneciese pronto. En el salón solo quedaron Ron, Hermione y Ginny. Ambas chicas ayudaron al pelirrojo a trasformar el sofá en una cama y luego despidiéndose de él se marcharon al dormitorio. En apenas unos minutos, los ronquidos de Ron era lo único que podía oírse en aquel solitario salón.
Ginny pareció algo inquieta durante parte de la noche porque tardó demasiado en quedarse dormida. Cuando Hermione oyó la respiración pausada y profunda de la pelirroja entendió que finalmente Ginny había sucumbido a la susurrante nana del Dios Morfeo. Fue entonces cuando con mucho sigilo se levantó de la cama y salió de la habitación con la esperanza de sucumbir ella también bajo el embrujo de la voz perteneciente al'Dios' que dormía obligado en el sofá del salón. Al llegar, pudo observar que su 'Dios' dormia profundamente, sonrió, sabiendo que todas sus esperanzas de acabar el día entre sus brazos se escapaban igual que los fuertes ronquidos de Ron, desvaneciéndose por la habitación. Lentamente se acercó a él y lo observó en cuclillas, ¿Cómo aquel ser tan imperfecto podía volverla tan loca? Era una de esas preguntas que no tienen respuesta, y de todas formas tampoco le importaba mucho que no la tuviese. Ella lo había escogido a él y él a ella, definitivamente no había vuelta atrás y en ese instante, Hermione era más feliz de lo que jamás lo había sido. En silencio se preguntó donde habría guardado Ron la parte superior de su traje de baño después de quitarse su bañador y tomar una ducha. El pelirrojo gruñó un poco en medio de un sueño pero no se despertó, tendría que esperar aun un poco más para poder estar definitivamente con él. Con cautela, para no romper su sueño, Hermione se inclinó sobre él, rozando con suavidad sus labios sobre la boca entreabierta de Ron, y luego susurro.
- Buenas noche, mi ser imperfecto.
Con pausa, sin ningún deseo de marcharse de allí, Hermione se puso en pie pero la voz de Ginny hizo que diese un brinco de la impresión.
- Hermione… ¿Qué haces?
El corazón de la joven comenzó a golpearle con fuerza el pecho. Tragó saliva pensando que Ginny la había pillado con las manos en la masa, y sin elevar la voz contestó mintiendo.
- Tenía hambre y bajé por un vaso de leche. Creí oír a Ron llamando a alguien y por eso entré en el salón.
Ginny torció el gesto con incredulidad, sin embargo Hermione fue más rápida y formulando otra pregunta logró desviar su atención del hecho de que estuviese de pie demasiado cerca del cuerpo semidesnudo de Ron.
- ¿Y tú, qué haces levantada?
- No sé que me pasa, no consigo dormir.
Hermione se apartó del muchacho con naturalidad para aproximarse a Ginny, y colocándole una mano sobre el hombro añadió.
- Si quieres un vaso de leche…
La pequeña Weasley asintió pesadamente mientras seguía a Hermione a la cocina. Una vez en ella ambas mujeres se sirvieron un buen vaso de leche fresca y luego se sentaron. Hermione intuía que aquello que provocaba el insomnio de Ginny tenía que ver con una pregunta y un chico de ojos verdes y con la frente involuntariamente tatuada. Ninguna de las dos hablaba, y lo único que rompía el silencio, aparte de los ronquidos incesantes de Ron que provenían del salón, eran los insistentes resoplidos y suspiros profundos de Ginny mientras miraba absorta su vaso aun repleto de leche.
- No debes temer su respuesta – Dijo Hermione de pronto.
Ginny despertó de su ensoñación y miró atónita a la joven que le sonreía con ternura desde la silla contigua.
- ¿Cómo dices?
- Es Harry ¿Verdad? – Ginny abrió los ojos desmesuradamente y de la sorpresa casi derrama el vaso de leche, Hermione continuó hablando sin darle mucha importancia a la reacción de la pelirroja - ¿Te preguntarás como lo sé? No me gusta husmear en los asuntos ajenos, pero es imposible no enterarse de lo que ocurre cuando Luna y tú habláis, no es un don vuestro la discreción.
- ¡Oh Cielos!... Sí, es por Harry – Ginny exhaló un enorme suspiro – Tenía ganas de hablar esto con alguien que no fuese Luna, es mi mejor amiga pero necesito otro punto de vista.
- Si quieres saber mi opinión… – Ginny asintió enérgicamente – Pregúntaselo a Harry, tal vez su respuesta sea la que esperas.
- Hermione ¿Qué sabes?... ¿Acaso Harry te ha confesado algo? – Ginny había agarrado con fuerza las manos de Hermione y sus ojos brillaban llenos de esperanza.
- No, él no me ha contado nada. Pero hazme caso, estoy segura que está deseoso de poder contestar esa pregunta.
El rostro de Ginny adquirió de repente una más que notable tranquilidad, apartó sus manos de las de Hermione y bebió un sorbo del vaso de leche.
- Me alegro mucho que no te hayas ido, no lo creerás pero en dos meses te he tomado el cariño suficiente como para sentir que eres parte de la familia. Adoro a Tonks y me siento feliz de que Charlie esté enamorado de ella, pero tú eras realmente una muy buena opción para él.
Hermione sintió como se le encogía el corazón con las palabras de Ginny, nunca pensó que aquella familia podía sentir tanto aprecio por ella en tan poco tiempo, y la realidad es que ese cariño era mutuo. Desvió entonces la mirada hacia el salón justo donde Ron aun seguía perdido en sus sueños, y suspiró.
- Te gusta.
- ¿Qué?
- Ron. He visto como lo miras, y cuando te hablé al llegar al salón está noche, tengo que confesarte que ya llevaba algún tiempo allí, observándote – Ginny le sonreía de forma cómplice.
Hermione entendió que la muchacha lo había adivinado todo, y sí así era no tenia razón seguir fingiendo, así que devolviéndole la sonrisa aceptó lo que sin duda era una dulce realidad.
- Sí, me gusta mucho… mas que eso, es por él por quien estoy aquí.
La cara de desconcierto de Ginny animó a Hermione a contarle la verdad de su razón para aceptar el plan de Charlie, cómo luchó por no enamorarse de Ron, como él también batalló consigo mismo para no sentir ninguna atracción por ella, y como al final han tenido que rendirse a lo evidente. A cada palabra de Hermione el rostro de Ginny mostraba mil gestos que iban de la sorpresa al enojo y luego a la sorpresa otra vez. Cuando Hermione terminó de relatarle toda la verdad, su pecoso rostro dejaba ver una enorme sonrisa.
- No puedo creer lo que me cuentas… ¿Ron y tú? Pero es maravilloso… finalmente pertenecerás a la familia – Exclamó Ginny entusiasmada. Hermione asintió – Pobre Ron debió pasarlo muy mal. ¿Aun no queréis que se sepa?
- Aun tenemos algo pendiente… la llegada de tía Muriel nos interrumpió el otro día.
Ginny frunció el ceño confusa, pero de repente recordó el granero, la toalla húmeda de Hermione y la extraña posición de su hermano, abrió la boca desmesuradamente y exclamó con un tono de voz más alto de lo permitido a las tres de la mañana.
- ¡No se hacía pis! ¡Maldito embustero!
Hermione la silenció en medio de la risa, era divertido ver la cara de indignación de Ginny. Ron se movió un poco en el salón y cambió de posición dejando al fin de emitir ronquidos.
- Cuidado Hermione, tía Muriel es muy lista y si yo he captado tu interés en Ron, ella también puede hacerlo.
- No te preocupes, seremos cuidadosos, solo tú, Charlie, y Harry sabéis lo mío con Ron.
- ¿Harry también? – Hermione arqueó las cejas afirmándolo – Claro, Ron no tiene secretos para él.
Las dos jóvenes se sonrieron mutuamente y luego con rapidez se bebieron toda la leche que quedaba en los vasos dispuestas a volver a la cama para poder descansar al fin. Antes de subir, Hermione echó un último vistazo a Ron que estaba bocarriba, con un pie y una mano rozando el suelo. Hermione rió mientra notaba como Ginny le tiraba del brazo para que siguiese subiendo. La pelirroja no tardó esta vez ni dos minutos en caer dormida, pero a Hermione aun le costó un poco más. Hablar de Ron con Ginny le había hecho sentir bien, ella era una chica y hay cosas que entre mujeres se expresa mejor. Ginny había sido comprensiva y generosa al escucharla, y ahora ella la sentía aun mas cerca, como una amiga, casi como una hermana.
A pesar de que era muy temprano, ya olía a café recién hecho en la casa y se oían voces masculinas charlando en la cocina. Tonks metió en la maleta su última prenda y la cerró, dejándola sobre el suelo. Remus y Sirius le dieron los buenos días nada mas verla aparecer por la cocina, y le sirvieron un poco de café y pan tostado con mantequilla.
- Nos apenas que nos dejes – Confesó Remus mientras untaba un poco de mermelada de fresa en su tostada.
- Volveré el año que viene como siempre.
- Siempre nos alegra mucho que pases tiempo con nosotros… Tal vez el año que viene no vengas sola – Añadió Sirius guiñándole un ojo.
- Prefiero no hacerme ilusiones con eso Sirius, pero ojala sea cierto lo que dices – Contestó ella con entusiasmo.
Terminaron su desayuno con prisa y luego Remus ayudó a cargar la maleta de Tonks en el maletero del coche. La joven se despidió de ambos hombres con un beso en la mejilla a cada uno y luego se metió en el vehículo. Abrió la ventanilla y le dijo adiós con la mano mientras prendía el motor y se ponía el marcha. Por el espejo retrovisor pudo ver como su primo pasaba un brazo por los hombros de Remus y luego ambos desaparecían tras la puerta de la casa. Suspiró nerviosa, regresaba a su hogar, y por lo tanto regresaba a él y eso llenaba su corazón de una mezcla de emoción, esperanza y temor.
El desayuno en casa de los Weasley tampoco fue mejor que la cena. La mirada inquisidora de Muriel lograba que a toda la familia se le atragantasen las siempre deliciosas y esperadas tortitas de Molly. Aun así Ron parecía haber recuperado su insaciable apetito de siempre y eso no pasaba desapercibido para tres personas que estaban sentadas en la mesa. Charlie lo miraba de reojo y de vez en cuando clavaba sus azules ojos en el viejo reloj de cocina preguntándose si Tonks ya estaría en su casa o aun no. Ginny aguantaba la risa con gran esfuerzo, sabía que las ganas de comer de su hermano se debían a lo que Hermione le había contado la noche anterior. Y ésta última, observaba al muchacho cuando Muriel apartaba sus vidriosos ojos de ella y de Charlie, aunque eso era en raras ocasiones. Lo cierto era que Ron estaba más animado y Hermione se sentía muy feliz al saber que ella era la única causa de su renovada felicidad y ganas de comer. Cuando aun no habían terminado su desayuno, alguien tocó a la puerta. Charlie se sobresaltó y el último trozo de tortita se quedó alojado en su garganta. Ron, de un salto corrió a abrir la puerta y un manojo de cabello azabache enmarañado apareció a través de ella logrando que el trozo de tortita bajase al fin por la garganta de Charlie y la desilusión volviese a alojarse en su rostro.
- Buenos días – Saludó el muchacho con entusiasmo. Pero un instante después, su rostro se torno pálido y lleno de sorpresa.
Harry jamás había esperado la presencia de tía Muriel en la casa. Tragó saliva con dificultad, aquella mujer no le gustaba, siempre le hacía preguntas referentes a la muerte de sus padres y él aborrecía tocar ese tema tan doloroso. Además, no soportaba la mirada de compasión que siempre le mostraba.
- ¡Querido Harry! ¿Cómo estás?
- Bien tía Muriel, muy bien.
Y allí estaba la odiosa mirada de compasión. Él siempre contestaba que se encontraba bien, y era la verdad, pero Muriel nunca parecía creerle.
- Este chico siempre me ha dado mucha lástima – Le susurró a Molly al oído.
Pero los susurros de tía Muriel siempre se escuchaban. Harry rodó los ojos con resignación y al hacerlo vio a Ginny sentada en un rincón de la mesa. La muchacha lo miraba fijamente, Harry no entendió esa mirada y fue a sentarse junto a Ron que en ese instante acababa de terminar su desayuno. Los ojos de Ginny se empeñaban en no apartarse de Harry, y éste notaba la mirada insistente de la joven clavada en su nuca. Aquella sensación comenzó a ponerlo un poco nervioso. Uno a uno los Weasley fueron levantándose de la mesa y cada uno se dedicó a hacer una cosa. Tía Muriel deseaba ir a Londres para hacer unas compras, Bill fue el elegido para tan ardua y desagradable misión, gracias al cielo su madre se ofreció a acompañarlos, porque de otro modo Bill no habría podido soportarlo solo. Así fue como el relax regresó a la Madriguera una vez que todos vieron como el mono volumen de Bill desaparecía con Molly y la fastidiosa anciana por aquellos tortuosos caminos de tierra.
Ginny tendía ropa junto a Hermione y Fleur mientras los niños correteaban enredándose en las prendas recién lavadas y muy húmedas. Las tres mujeres soportaban los incansables juegos de los pequeños, pero la paciencia de Fleur llegó a su fin cuando Dominique después de caerse sobre la tierra rojiza colocó sus manitas sucias sobre una sabana blanca dejando las huellas de sus deditos sobre ella. Hermione y Ginny accedieron a seguir solas con aquella tarea, y así fue como la esposa francesa de Bill alejó a los niños de allí para que no siguieran cometiendo estropicios con la colada. Una vez que quedaron solas, Hermione miró hacia Harry y Ron que intentaban arreglar la cortadora de césped para darle un buen repaso al jardín porque ya volvía a hacerle falta. Harry estaba de pie, y cuando su amigo se lo indicaba tiraba del cordón del motor de la máquina. Pero Ron estaba cubierto de grasa, tenía manchas en la nariz, en el torso, y restregones en la frente de la infinidad de veces que se intentaba secar el sudor con las manos machadas, logrando que parte de su rostro pecoso quedase bajo una capa oscura de aceite. Incluso con aquel deplorable aspecto, Hermione pensó que Ron seguía gustándole hasta la extenuidad. Sin dejar de observar a los chicos dijo con tranquilidad.
- Creo que es el momento Ginny. Ron está distraído, puedes hablar con Harry ahora.
Ginny resopló, toda la valentía y la decisión que tenía acumulada desde el día anterior se había esfumado nada mas verlo aparecer aquella mañana. Pero Hermione tenía razón y ese era el momento. Tragó saliva mientras terminaba de colgar la prenda que tenía en sus manos y que era una camiseta azul de Fred. Pasó junto a Hermione que le dio un golpecito de ánimo en la espalda, y luego caminó con paso aparentemente decidido hacia los dos muchachos.
Durante el tiempo que habían estado a solas, Ron había relatado a Harry con casi lujo de detalles lo ocurrido con Hermione la tarde anterior. Su pasional encuentro en la piscina, la confesión sobre lo que pasó con Lavender en el granero, y la inoportuna interrupción de Ginny para avisar la todavía más inoportuna visita de tía Muriel. Pero lo que hizo a Harry morirse de la risa fue saber donde y de que forma acomodó Hermione la parte superior de su bikini, sobre todo porque mientras lo contaba el rostro de Ron parecía que iba a estallarle. La risa de Harry pronto quedó sofocada cuando detrás suya oyó la voz de Ginny que le decía.
- Harry, ¿Puedo hablar contigo?
Ambos jóvenes se giraron hacia la muchacha que tenía las mejillas encendidas. Ron bajó la vista porque intuía que era lo que su hermana deseaba decirle a su mejor amigo, pero Harry siguió con la vista clavada en ella, y su rostro denotaba un poco de confusión.
- Claro – Balbuceó – Dime lo que quieras.
- Mejor a solas.
Ron no necesitó que Ginny lo dijese por segunda vez, y tras poner en marcha la cortadora de césped se alejó de ellos. Aun así, el viejo y remendado aparato de jardinería de los Weasley, armaba demasiado ruido para poder hablar de un tema tan delicado con tranquilidad, por ello Ginny agarró con fuerza a Harry de un brazo y lo hizo caminar junto a ella. Hermione pudo verlos cuando pasaron por su lado, pero de pronto se perdieron por detrás del granero. La pelirroja sentía latir el corazón en sus oídos, jamás, ni cuando Cormac había estado cerca de ella, la había abrazado para saludarla, o rozado de forma involuntaria, se había sentido tan excitada y nerviosa. Y era por Harry, por la esperada respuesta de aquel chico. Detrás del granero el ruido de la cortadora de césped se amortiguaba lo suficiente para poder tener una charla calmada y en un tono de voz suave. Harry estaba muy contrariado, no tenía ni la mas remota idea de porqué en ese instante de la mañana se encontraba con Ginny a solas detrás del edificio mas emblemático de la granja. Una emoción contenida hacia galopar su corazón dentro del pecho ¿Era lo ciego de amor que estaba por aquella chica, o Ginny cada día le parecía que estaba mas hermosa? La muchacha caminó un poco intentando ordenar sus ideas mientras se sentía observada por los verdes ojos del joven que la miraba con cara de bobo. Por fin los pasos de Ginny se detuvieron y junto a ella los ojos de Harry.
- Podría dar mil rodeos para decirte esto, pero creo que es innecesario porque finalmente solo hay una cosa que quiero saber.
La confusión de Harry aumentó con las palabras de la hermana de su mejor amigo.
- No te entiendo Ginny.
- ¿Recuerdas el otro día cuando estábamos en la heladería y apareció Cho? – Harry asintió – Yo acababa de hacerte una pregunta y tú estabas a punto de contestarla, sigo queriendo saber la respuesta.
En un segundo Harry lo entendió todo, Ginny se refería a la famosa chica de la estrella. Sonrió, era tan absurda la situación, ella queriendo adivinar algo que era tan obvio como que la luna es redonda.
- La noche de la barbacoa te dije que había muchas cosas de mí que desconoces, y que no te molestas en conocer. Si observaras un poco tal vez ahora no tendrías que hacerme esa pregunta y yo no necesitaría contestarla. Nunca lo he ocultado, tal vez no lo he dicho a viva voz, pero jamás he pretendido esconder lo que siento. Hay quienes lo han notado y quienes no. Indudablemente tú ni siquiera lo has sospechado… Ginny, si no lo dije antes, si no me atreví a hacerlo no es por cobardía, sino porque creí que no merecería la pena si tú estabas enamorada de otro.
Todas las palabras de Harry se amontonaban en la cabeza de Ginny, pero aquella última frase retumbaba con fuerza en su cerebro.
- ¿Yo? – Preguntó confusa y esperanzada de no haber oído mal.
Harry sonrió, y anduvo unos pasos hacia ella, notando como cada vez el corazón le latía con mas intensidad incluso provocándole un agudo dolor en el pecho. Sin embargo aquel dolor podía ser soportable porque iba mezclado con una especie de liberación, poder decirle al fin que era lo que sentía por ella.
- Sí, Ginny tú… siempre has sido tú – La respiración de Ginny se volvió violenta ante la confesión de Harry y la garganta se le hizo un nudo impidiéndole pronunciar palabra alguna. Harry agradeció que la muchacha pareciese petrificada porque él necesitaba decirle todo lo que guardaba en su interior y necesitaba hacerlo rápido – El verano en que me despedí de vosotros para ir a la universidad, me di cuenta que ya no eras tan niña, y casi me era imposible apartar mis ojos de ti. Al principio me pareció insólito que tú, la hermana de mi mejor amigo me gustase, pero al finalizar aquel verano y emprender mi aventura académica en Oxford me di cuenta que te echaba de menos, mucho y eso me convenció que ya significabas para mí mas de lo que imaginaba. Regresé al verano siguiente con intención de decirte lo que sentía, aunque eso te pillara de sorpresa, tal vez si nos conocíamos como algo mas que amigos, terminarías sintiendo lo mismo que yo. Pero aquel verano Cormac ya formaba parte de tu vida y de tus deseos. Y no lo ocultabas, entonces pensé que había llegado tarde… – Ginny escuchaba atónita todo lo que Harry le confesaba, y lejos de deshacerse el nudo de su garganta parecía apretar con mas fuerza impidiéndole que el oxígeno llegase a sus pulmones, sentía que le faltaba el aire y el equilibrio, aun así siguió de pie oyendo las palabras de aquel tierno muchacho – No fue fácil aceptarlo, y mucho menos después de regresar cada año y ver que todo seguía igual. En ocasiones desee que Cormac sintiese lo mismo por ti, sé que sufrías su indiferencia así como yo sufría la tuya, y por ello no deseaba que lo pasases tan mal como yo. Ron fue en todo momento mi paño de lágrimas. Al principio le costó aceptarlo, ya sabes como es. La noche de la barbacoa desee matar a Cormac con mis propias manos por tener la indecencia de rechazar a alguien como tú. Yo habría dado mi vida por estar en su pellejo aquella noche. Y aun guardo como uno de los mayores tesoros el beso fortuito que nos dimos después del concierto. Para mí significo mucho…
La voz de Harry tembló, y eso hizo que no pudiese continuar la frase. A Ginny se le encogió el pecho, los ojos del joven parecían haberse nublado tal vez por la emoción, tal vez por sufrir en silencio tantos años, tal vez porque al fin había liberado su tierno corazón. Harry dejó de mirarla y clavó la vista en el suelo. Notaba como las lágrimas estúpidas afloraban en sus ojos y si llegaban a escapar de ellos no deseaba que Ginny las viese rodar por sus mejillas. Con el nudo aun taponando su garganta la pelirroja se aproximó lentamente a él. Mil imágenes pasaban por su mente; la primera vez que vio a aquel chico con solo once años, y como la tristeza se reflejaba en sus pequeños ojos. Las escasas sonrisas de Harry, siempre teñidas de melancolía, sus juegos con Ron, en el que siempre alguno de los dos salía mal parado. El verano en que se fue a la universidad y cuando regresó un año después. El día en que le abrió su corazón y le contó la triste historia de la muerte de sus padres, y aquel beso fugaz en el asiento de su coche. Toda aquella amalgama de recuerdos se agolpó de pronto en la cabeza de Ginny y entendió entonces que sus recuerdos sobre Harry eran mas de los que ella imaginaba, que siempre había estado presente en cada uno de ellos y pudo darse cuenta que recordar su niñez sin aquel muchacho de ojos verdes a su lado, era prácticamente imposible. Por primera vez Ginny entendió que Harry había sido alguien muy importante en su pasado, y que en ese instante deseaba que fuese igual de importante en su futuro. Con el pulso menos firme de lo que lo había tenido nunca Ginny elevó una mano hacia el rostro del joven que aun seguía cabizbajo, y situando dos dedos bajo su mentón lo obligó a levantar la cara hacia ella. Como esperaba los ojos de Harry estaban húmedos, pero las lágrimas continuaban retenidas en ellos. El muchacho tragó saliva. Ginny recorrió su rostro con la mirada luego desplazó sus dedos desde la barbilla hasta la frente del joven. Harry sintió una agitación recorrer su cuerpo de pies a cabeza y mas aun cuando notó como Ginny apartaba con delicadeza uno de los mechones que caían sobre su frente, dejando al descubierto aquella cicatriz que tanto le avergonzaba. Harry llevó rápidamente una mano hacia la muñeca de la joven para apartarla de su frente.
- No – Dijo Ginny sin retirar la vista de él – Deseo hacerlo.
La respiración de Harry se acrecentó, mientras notaba como los suaves dedos de la muchacha acariciaban con ternura el estigma que había marcado desde niño su vida. Rendido, apartó la mano de la muñeca de Ginny, y se entregó totalmente a esa caricia, cerrando los ojos y fue entonces cuando esas lágrimas que se resistían a caer, resbalaron al fin por sus mejillas y Ginny las vio rodar, una a una y la ternura invadió nuevamente su corazón. En ese instante, sin decir nada, se aproximó más a él y dejó que sus labios, ahora de forma voluntaria, se posaran sobre los de él por segunda vez en su vida. El pulso de ambos jóvenes se detuvo. Harry no podía creer lo que estaba sucediendo pero era real, los suaves y anhelados labios de Ginny se movían sobre los suyos y él le respondía de la misma forma. Era tanto lo que había esperado aquel momento, que pronto la ternura fue desvaneciéndose y el beso que ahora dirigía él fue haciéndose cada vez mas intenso. Ginny sintió una tormenta estallar dentro de ella, jamás la habían besado de aquella forma, con tanto deseo, tanta pasión y tanta ternura a la vez, y anheló parar el tiempo en aquel beso. Sus dedos se enredaron el cabello azabache de Harry y las manos de él aprisionaban con fuerza la cintura de la pelirroja aproximándola a su cuerpo. Si aquello era un sueño, de esos que lo abordaban cada noche desde hacía años, esta vez no deseaba despertar. Un fugaz recuerdo surcó la mente de Ginny, cuando en una de sus conversaciones con Luna insinuó que Harry no tenía sangre en las venas… jamás había estado mas equivocada. Aquel chico, que siempre parecía estar en segundo plano, que sonreía en escasas ocasiones y cuyos ojos siempre estaban nublados por una sombra de tristeza, no solo tenía sangre surcando cada capilar de su cuerpo sino que esa sangre era tan ardiente como la lava de un volcán. El oxígeno comenzó a faltar, y Harry parecía no estar dispuesto a respirar más, pero ambos tuvieron que hacerlo y finalmente apartaron sus labios. Sin embargo, los dedos de Ginny siguieron enredados en el cabello de Harry, y las manos de él no dejaron de apretar la cintura de ella. Sus ojos, una mezcla de menta y chocolate, eran incapaces de apartarse del otro. Harry sonrió por primera vez sin que aquella sonrisa pareciese melancólica, y la nube gris de sus ojos había desparecido por completo.
- ¿Estás segura? – Susurró.
¿Segura? Jamás en su vida había estado tan segura de algo. Era él, había estado siempre cerca, y ella llevaba esperándolo demasiado tiempo… ¿Segura?...
- Ahora sí – Contestó ella también en un susurro.
Y no hizo falta hablar más, porque la sonrisa en los labios de Harry y el brillo casi cegador en sus ojos lo decían todo. Al menos todo lo que Ginny deseaba saber, y pudo confirmarlo aun más cuando volvió a notar la húmeda y apetecible boca de Harry sobre la suya.
No había podido evitarlo, el anhelo que sentía por verla otra vez había vencido a su terco deseo de esperar que ella fuese a él. Apostado detrás de un árbol llevaba Charlie más de una hora. Según sus cálculos Tonks no debía tardar mucho en aparecer, pero el tiempo se hacía pesado como el plomo, y los minutos pasaban demasiado lentos poniendo a prueba su paciencia. No podía evitar estar nervioso, aunque su familia fuese a apoyarlo, aunque Hermione siguiese a su lado, no dejaba de estar tenso. Ya no era por tía Muriel, sinceramente su presencia en la casa le traía sin cuidado, pero ver a Tonks después de aquel inolvidable beso era lo que no lo dejaba vivir en paz. Por fin después de largo rato durante el cual ya casi tenía adormecidas las piernas, el coche de los Tonks asomó por una de las curvas del camino. Charlie se ocultó tras el árbol y esperó a que la muchacha bajase del vehículo. Efectivamente pudo comprobar que era ella, tal y como había dicho Tonks, era viernes y había regresado. Charlie esbozó una sonrisa mientras notaba como su corazón latía con mucha intensidad a la vez que observaba como Andrómeda saludaba con un efusivo abrazo a su hija, y Ted, el padre, sacaba el equipaje del maletero del coche. La familia al completo entró en la casa cerrando la puerta. Charlie abandono entonces su escondite, sin dejar de sonreír como un idiota, metió las manos en los bolsillos de sus tejanos, y echándole un último vistazo a la casa, comenzó a caminar en dirección a la suya sin prisa, arrastrando los pies, golpeando con la punta de su zapato las piedrecitas que iba encontrando por el camino. Ahora que Tonks había vuelto, el tiempo dejó de ser pesado como el plomo, y los minutos ya no eran tan lentos. Ahora todo volvía a estar bien, y el futuro dependía únicamente de ellos, de sus sentimientos y de su valor para enfrentarse a su destino.
Hola a todos... bueno por fin pude publicar, de veras siento el retraso del capitulo de esta semana, mil cosas que no puedo aludir me impidieron hacerlo antes...
Gracias a alastor82, LadyZabala, fatty73, saralpp, sk8girl59, nena weasley granger, MiZii-'-Yomi, Nekiiito, danielaweasley, avril3potter3and3xD, Anilec, Mia Letters, Riswe, Yamileth Li, Gelen, Meletea, Jezykah Thalie Lovegood, IDALIA2209, Rosie Lovegood, Alecita-Luna, Zoe, susy snape y njss.
Gelen: Hola, bueno tienes razón, el capi fue casi el 90% Ron Hermione a fin de cuentas ellos son los protagonistas no?? La tia Muriel se presenta porque yo soy mala y me gusta enredar un poco las cosas jajaj!!! No me des ideas que sabes que soy capaz de hacerlo... jajaj ¿Ron celoso??? Linda, que mejor lugar para guardar lo que sea que la entrepierna de Ron, yo no se de ninguno mas... En cuanto a tu pregunta, aun no lo he decidido, de todas formas este fic, trata sobre un verano, y acabará cuando ese verano acabe... Besos y mil gracias.
Zoe: Hola... Me alegro, no te preocupes que terminaran lo que empezaron dos veces jajaj!! Bueno lo de Charlie y Tonks habra que esperar solo un poquito mas. Espero que te guste como sigue la historia... besos y gracias.
Yamileth Li: Hola, no te preocupes a todos nos pasas que nos despistamos me alegra volver a leer un rr tuyo... Ah, Hermione es una chica con muchisima pero muchisima suerte, todas queremos un Ron así. Gracias wapa... un beso.
A los demás prometo entre hoy y este fin de semana contestar vuestros rr...
Gracias una vez mas por continuar ahí... Eso es todo por esta semana, la próxima volveré como siempre si nada lo impide el miércoles... Besos...
María.
