Disclaimer: Los personajes de crepúsculo son propiedad de Stephenie Mayer, yo solo escribo la historia y juego con ellos.
Junto a ti: Segunda parte
—Y… Q-q-quién…— Edward comenzó a tartamudear y me miró nervioso. —¿Quién es el padre?
Verdaderamente, realmente, esperaba no haber escuchado eso.
¿Quién era el padre? ¿Para que rayos creía que le decía que estaba embarazada si era de un tipo cualquiera?
¿Con quién creía que estaba hablando?
—No me mires así. —se defendió cuando vio como lo fulminaba con la mirada. —Tu misma me dijiste que no estabas preparada para tener nada conmigo. Que no sería sano. Perfectamente puedo suponer que tu… que tu y Demetri… ¡Ya! Tu me entiendes, no me hagas decirlo.—
—¿Demetri? ¿Qué tiene que ver Demetri en esto?— pregunté confundida.
—¿No era él con quien salías? Recuerdo que estaban juntos el día que viste a Lauren besarme en el restaurante.—
—Dem y yo solo somos amigos, él está saliendo con una de mis asistentes, Claire.— comenté como si nada.
—Entonces yo…— no terminó la oración, ya que yo respondí antes.
—Sí.—
Se puso de pie y comenzó a dar vueltas por la habitación sin parar, con nerviosismo.
Recién en ese momento pude notar lo que llevaba puesto. El mismo pantalón y camisa que había usado para la fiesta de Lauren se cernían a su cuerpo, la camisa blanca tenia pequeñas roturas en las mangas y tres gotas rojas en el medio de su pecho.
Un escalofrío recorrió mi espalda, pero él no lo noto.
—¿Tú lo quieres?— preguntó nervioso. En ese momento parecía un pequeño niño a punto de decirle a su madre que había roto su jarrón favorito.
—Yo…— lo pensé unos segundos. Un hijo de Edward y mío. Con sus ojos verdes y su cabello cobrizo. Patoso como yo y buen pianista como su padre. Sonaba cliché, pero siempre había soñado con un hijo suyo. Siempre había imaginado así a mis hijos. —Sí, si lo quiero. ¿Tu?—
—No hay nada que quiera más que un hijo tuyo y mío Bells. Nunca te lo he dicho, pero lo sabes. Te amo. Amo todo de ti, y no habrá nada más perfecto que un niño producto de mi amor por ti.—
Se sentó frente a mi nuevamente y me miró a los ojos.
Sabía que no mentía, podían pasar ocho, veinte o mil años, pero yo siempre conocería a Edward, siempre sabría cuando mentía y cuando no.
Lentamente se acercó a mi, mirándome a los ojos y buscando mi aprobación. No sé exactamente que fue lo que encontró en ellos, pero supongo que fue algo positivo, ya que en un movimiento rápido, unió sus labios a los míos.
Al principio fue algo suave y dulce, movió sus labios con ternura sobre los míos, y pasó sus manos por mis mejillas. El sabor de sus labios era exquisito y cuando pasó su lengua por mi labio inferior pidiendo permiso para entrar, no pude hacer otra cosa que concedérselo.
Luego de un tiempo tuvimos que separarnos para tomar aire. Mi pecho subía y bajaba rápidamente, y estaba aún sin abrir los ojos. Me sentía mareada.
—Yo… Yo necesito un poco más de tiempo, Edward. Que nos conozcamos, que salgamos, tengo que estar segura de lo que siento.— abrí los ojos lentamente y lo miré fijamente. Sus orbes verdes brillaban y una sonrisa tonta adornaba su rostro.
—Lo que tu quieras Bells, lo que sea. ¿Quieres salir? Entonces saldremos, quieres conocerme bien, lo haremos. Solo te advierto que no he cambiado mucho, y además, ya jugamos a las veinte preguntas cuando vinimos a Seattle hace unos meses.— respondió sonriente. — Lo que necesites Bella, pídemelo, y yo te lo daré.—
Edward Pov.
Las siguientes dos semanas me las pasé siguiendo a Bella como si fuera un perrito faldero.
La llevaba al cine, al teatro, a comer, y luego la acompañaba a su casa.
No había vuelto a besarla luego de lo sucedido en el hospital, sabía que ella aún no estaba preparada y no quería asustarla, lo que había pasado con James podría haber dejado algún trauma.
Esa noche habría una cena de inauguración en la casa que Alice y Jasper habían comprado. No tenía idea cómo —supongo que por contactos de la pequeña— habían conseguido una casa y la habían amoldado a su gusto en tan solo un mes. Ni siquiera nos habían avisado que se habían mudado hasta hace dos días, cuando nos invitaron a todos a comer.
Luego de ponerme el pantalón favorito de Alice — no me había obligado a tirarlo un año después de comprarlo, como hacía con toda mi ropa — una bermuda color marrón a cuadros, una remera color caqui, y unas converse bajas blancas, salí de mi apartamento apresurado, no sin antes tomar mi chaqueta marrón del sillón.
Hoy vería a Bella, y estaba ansioso.
Desde el momento que supe que estaba embarazada, tenía ganas de verla a todo minuto, y si pasaba dos días sin estar con ella, me desesperaba.
Así de mal estaba.
Luego de manejar una media hora, llegué a la casa de Ali.
Salí del coche y miré el terreno estupefacto. ¿Cómo habían conseguido una casa de estas dimensiones en tan poco tiempo?
—¡Hermanito! — chilló Alice
—Hola Ali. — respondí sonriendo, mientras mi pequeña hermana corría hacia mi y me abrazaba fuertemente. — Nos vimos ayer, no es como si no me vieras hace meses.—
—¿Tengo que pasar meses sin verte para poder abrazarte? — se separó de mi haciendo un puchero.
—Claro que no hermanita, puedes hacerlo cuando gustes. Ahora entremos, no es como si el invierno en Forks fuese caluroso.
—Oh, igual no podrás quedarte mucho. El auto de Bella se descompuso y debes ir a buscarla.—
—¿En serio?— pregunté esperanzado.
—No, en realidad solo bromeaba. — bajé los ojos decepcionado. — Claro que sí idiota. ¿Por qué iba a mentirte?
Sonreí ampliamente y me dirigí a mi auto, dejando a mi hermana en el porche de su nueva casa.
—¡Estaremos aquí en una hora aproximadamente! — grité antes de entrar al coche y arrancar.
Conduje a toda velocidad, quería ver a Bella lo antes posible… Quizá luego, cuando ella estuviese sentada a mi lado, lo haría más despacio.
Luego de conducir como un loco por quince o veinte minutos, llegué a la casa de Bella, y frené de golpe.
Bajé lentamente del auto y observé la casa de pie ante mi. ¿Era normal sentir ese nudo en el estomago viendo solo un edificio? Un remolino de sensaciones recorría mi cuerpo, tenía pánico. Pánico de que Bella terminara decidiendo que yo no era lo suficiente para ella y nuestro hijo, pánico de que no perdonara aquella estupidez hecha cuando era solo un adolescente. Pánico de no poder terminar mis días junto a ella.
Mucho miedo. Pero a la vez pensaba en como sería todo si Bella y yo terminásemos juntos, con un pequeño niño fruto de nuestro amor, siendo una familia, en una gran casa, con una cerca blanca y un perro golden, igual que en las películas. ¿Era raro que un hombre soñase con esas cosas? El amor puede volver estúpido y débil hasta al más fuerte de los guerreros.
Avancé lentamente hacía la gran casa de tejado azul ¿sabría que yo iría a recogerla?
Golpee la puerta de la casa con suavidad, y esperé pacientemente — ó al menos eso quería que Bella creyese cuando abriera la puerta— apoyando el peso de mi cuerpo en la pierna izquierda, tratando de lucir despreocupado.
—Enseguida voy, enseguida voy. — Escuché la voz de Bella exclamar desde el otro lado de la puerta.
Cada vez que la veía esperaba encontrarme con ella y un abultado vientre de embarazada, aunque siendo residente en medicina, sabía tardaría como mínimo un mes más. Aún así, Alice aseguraba que si la veías sin remera, un pequeño bulto en su estomago se podía notar. Lamentablemente, no había tenido el gusto de verlo.
Rápidamente Bella abrió la puerta y sonrió ampliamente al verme.
—Al fin llegas, estoy cansada de estar sentada sin hacer nada. Ya ni me dejan caminar. ¿Qué me pude hacer caminar algunos kilómetros? Además de ayudarme con todo lo que voy a engordar más adelante, nada. Son todos unos exagerados.— Comentó riendo alegremente. ¿A qué se debería tanta alegría? Es cierto que desde hacía un tiempo había estado mucho más animada que de costumbre, y que el "incidente" —si es que se le puede decir así— con James no le había dejado ninguna secuela psicológica, pero aún así, lo de hoy era demasiado.
—Primero que nada, nadie es un exagerado aquí, no es bueno que camines tanto en tu estado, y menos estando embarazada. Por otro lado, ¿a qué se debe tanta alegría?— pregunté intrigado.
—Hoy me levanté de buen humor, ¿acaso eso tiene algo de malo?—preguntó frunciendo el ceño.
—¿Malo? No, no tiene nada de malo, solo no es lo común. Pero en fin, ¿vamos? No queremos retrasar la cena que Alice con tanto esmero debe haber preparado.—
—Si por preparado te refieres a haberla sacado de la bandeja de aluminio con la que te la entregan y haberla puesto en la losa, por supuesto que no queremos llegar tarde.—
Reí imaginado a Alice tratando de cocinar algo sin quemarlo o sin echarle detergente, como había hecho la navidad pasada, cuando se ofreció a hacer el pavo asado y no solo lo había quemado, sino que también cuando Emmett, Jasper y yo tratamos de comerlo para que no se sintiera tan mal, notamos que se le había caído jabón en polvo a la salsa blanca. No fue una de las mejores cenas de navidad, pero si la más divertida.
— Frena aquí.— pidió Bella a mitad de camino.
— ¿Qué? No es por aquí Bella, faltan unos quince minutos de viaje aún…— respondí, suponiendo que no sabía cómo llegar a la casa de mi hermana.
— Lo sé Edward, solo frena. — volvió a pedir.
— ¿Sucede algo? ¿Tienes nauseas?
Bella Pov.
— ¿Sucede algo? ¿Tienes nauseas? — preguntó Edward intrigado.
— No… bueno sí, pero no es por eso que te pido que frenes. Necesito hablar. —
— Te escucho. — respondió él con curiosidad.
— No, vamos a caminar, no a aquí.
Sin esperar respuesta de su parte, abrí la puerta del copiloto y salí del auto. Lentamente comencé a caminar, adentrándome entre los árboles. Solíamos hacer eso de pequeños, era algo natural. Nunca nos perdíamos, no cuando Edward tenía un radar en la cabeza, o algo así.
Luego de caminar unos cinco minutos, Edward se cansó del silencio y habló.
— ¿Puedo preguntar qué pasa? ¿Ó pretendes hacerme caminar otra hora en silencio?
Me detuve en seco y giré para observarlo. Pese a la oscuridad de la noche, podía observar perfectamente el brillo de sus ojos, de un hermoso verde, al igual que todo en Forks. Me acerqué despacio, como si quisiera acariciar a un animal asustado, y lentamente deslicé mi mano por su rosto, tocando su pómulo derecho. Era tan hermoso, que verlo dolía. Hacía doler a mi corazón, aún roto. Hacía doler a mi alma, sabiendo que quizá no me pertenecía.
Sus cabellos broniceos se movían con el aire fresco del invierno.
— ¿Recuerdas cuando estábamos en el hospital, y me dijiste que te pidiera cualquier cosa que necesitara? —pregunté suavemente, sin querer arruinar el momento de paz. — Ya sé qué es lo que necesito.
— Dímelo, y sabes que te lo daré. ¿Qué es lo que necesitas Bella? —
— Te necesito a ti. Necesito que estés a mi lado. Que me abraces, que me cuides, que te quedes a mi lado por siempre… o al menos por un largo tiempo. Necesito que me abrigues por las noches cuando tenga frío, que me retes cuando me descuide, necesito tenerte junto a mí. —
Edward me miró fijo por un tiempo. Tal vez considerando que hacer, que responder. Tal vez quería correr y esconderse de mí, no volverme a ver jamás. Tal vez no…
Inesperadamente, o tal vez no, pasó sus brazos alrededor de mi cintura, y me abrazó con fuerza. Podía sentir su corazón latir rápidamente, al igual que el mío lo hacía. Su aroma inundo mis sentidos, mareándome, encandilándome, como lo hacía desde que era un adolescente.
— Sabes que siempre estaré junto a ti mi Bella. Sabes que eres lo más importante para mí, que lo único que deseo en esta vida es estar contigo y con nuestro hijo. — dijo, poniendo una mando sobre mi aún bastante plano vientre. — Y me quedaré junto a ti cuanto tiempo quieras. ¿Un mes? ¿Un año? ¿Una década? ¿Por siempre? Cuanto quieras Bella, siempre que lo desees me tendrás.
Antes de que pudiera responder algo, acerco nuestros rostros y me beso. Fue algo suave al principio, solamente dejando sus labios apoyados contra los míos. Pero lentamente comenzó a moverlos, hasta que en algún momento su lengua pidió permiso para introducirse en mi boca.
Luego de un tiempo —aunque quisiera no podría especificar cuánto— pequeñas gotas de lluvia comenzaron a mojarnos.
— No es bueno que te mojes Bella, debemos regresar. — anunció Edward separándose de mí, pero sin soltar mi mano. Lentamente comenzó a arrastrarme bajo la lluvia, que cada vez caía más copiosamente, algo que parecía no importarnos. Estábamos juntos, era lo único que valía destacar en aquel momento.
El viaje a casa de Alice fue silencioso, de vez en cuando él me miraba y sonreía, haciendo latir mi corazón con fuerza.
¿Acaso esto era la felicidad? Hacía tanto que no vivía en plena felicidad, que ya ni lo recordaba.
Me costaba creer lo que había pasado en éste último tiempo.
Nunca había pensado en tener un hijo, y menos uno de Edward… Bueno, quizá había soñado con eso cuando era una niña que sueña con príncipes azules y el baile de graduación. Pero nunca lo había pensado como algo próximo en mi vida, simplemente porque ya no creía en los príncipes azules, ni los bailes de graduación era fortuitos en mi vida, así como un futuro con Edward o un hijo.
A pesar de eso, en este momento era feliz. Edward estaba conmigo, y no me dejaría… por lo menos eso era lo que el profesaba, y por una vez en mi vida, había decidido creerle.
Quizá nunca encontraría a un Romeo, pero yo tampoco era Julieta.
Cuando estacionó el auto frente a la casa que supuse, sería el nuevo hogar de mi mejor amiga, lo miré fijamente.
— Te amo Bella, y eso siempre será así. No importa lo que pase, no importa si seguimos juntos por siempre o si duramos dos días. Siempre vas a ser el amor de mi vida, mi primer amor. —
Lo miré fijamente sopesando las posibilidades. ¿Qué podía responderle?
— También te amo Edward. Siempre lo he hecho, y creo que eso ha sido siempre lo que más me lastimo. Pensar que era un amor no correspondido. —
— Ahora sabes que no lo es. — respondió tomando mi mano, aún dentro del coche.
— Ahora lo sé.
Ok. Me tomo aaaaños terminar este capítulo. Por mi vida pasaron demasiadas cosas en éste último tiempo, me alegro de decir que casi todas buenas, pero aún así, me dejo sin tiempo para escribir.
En fin, aquí lo tiene, el último capítulo de esta historia que comencé hace tanto, y que tanto me costó terminar
Fue difícil darle un cierre, se que podría haber alargado esta historia unos veinte capítulos más, pero no lo considere necesario. Supongo que no soy la única que odia cuando las historias se alargan extremadamente, como si fueran de goma. Creo que no era necesario hacer algo tan largo, y esto era lo esencial.
Aún así, no me despido del todo, todavía falta el epilogo, el que supongo subiré pronto, ahora que estoy inspirada voy a tratar de ponerme al día. Disculpen la tardanza.
Las quiero.
Marie Rose Williams Hale (Roo_ParamoreTJR).
