Capítulo 20: Cuenta atrás para la decisión

………………………………………………………………………………………………………………………………………….

Bueno, bueno, bueno. Perdonad por la espera, pero ahora os traigo un capítulo más largo. Espero que lo disfrutéis. Y por favor, ya que estamos acabando el fic, necesito más reviews!! Porfi porfi porfi! Necesito más para sentirme mejor y poder seguir teniendo buenas ideas para el final.

Bueno, de todas formas quería dar las gracias a las personas que me escriben reviews y también a las que disfrutan del fic aunque no lo dejen (y espero que en algún momento dejen reviews para saber cosillas de si les gusta y tal).

Doy gracias personalmente a las personas que han dejado review en el capítulo 19, que son: Serena Princesita Hale, EdwardKaname, deeliilaah, mechiikagome, deniziithaw, Itzel, LuFer Gosh, yiyielo, frances-k, miadharu28 y cayazly.

Pues solo quería que me digáis si os gusta el capítulo 20. Espero que sí. Un besote bien grande.

Disfrutad.

………………………………………………………………………………………………………………………………………..

BELLA POV

Cuando las últimas figuras desaparecieron por la puerta de la casa de la familia Cullen, me sentí aliviada, pero el tenso silencio que se había formado con la despedida de la visita, hacía que los nervios se me pusieran de punta. ¿No sería una grandísima idea poder convertirme en uno de ellos? Es decir, no lo había pensado, tampoco llevaba tanto tiempo con Edward como para haber pensado en ello seriamente, pero este era el momento. En realidad no tenía mucho que pensar. Uno se hace esas preguntas que cambian tu vida para siempre. ¿Le quieres? Sí. ¿Quieres estar con él para toda la eternidad? Sí. ¿Le amas lo suficiente para arriesgar una vida normal y no crecer como cualquier otro ser humano? ¡DIOS SÍ! Le quería, le amaba… le amo con todo mi corazón. Veo esos ojos serios y tristes que no se pueden esconder de mi escrutinio y siento que mi corazón se parte a pedazos. ¿En qué estará pensando? El silencio me mata. Siento que el toque de mi piel contra su piel no es rechazado, por lo que no siente aversión hacia mí por provocar peligro hacia su familia. Por Dios, Edward, dime qué estás pensando. ¿Qué ocurre por tu mente? Te quiero, te amo, te adoro, por favor respóndeme. ¿Estás enfadado conmigo?

Pensaba profundamente mientras acariciaba el antebrazo de Edward y su silencio me calaba los huesos y el corazón, más de lo que me pudiera calar alguna vez su piel helada.

Deseaba unirme a él para toda la vida, la eternidad… lo que fuera. No deseaba envejecer mientras Edward se quedaba hermoso y perfecto para siempre. Esos ojos tristes me enseñan algo, no sé el qué, pero las señales mostradas no son buenas. ¿Qué ocurrirá por su mente?

Un movimiento rápido de Edward volteándose me despejó la mente de todos mis pensamientos. Una ligera caricia en la mejilla me mostró que no sentía ningún rechazo hacia mí y en parte me sentí más que aliviada, aunque todavía quería saber si Edward deseaba que fuera como él. En ningún momento habíamos hablado del tema pero en los momentos en que hablamos sobre su condición, me dio a entender que creía que era un monstruo. Si pensara eso, ¿querría que yo me convirtiera en lo mismo que él? Tengo la terrible sensación de que no va a ser tan fácil como pienso.

- Edward… - le susurré y rápidamente elevó su vista hacia la mía y me permití mostrarle una pequeña sonrisa para que relajara su rostro tenso.

- Vamos. – me dijo sin más cogiéndome de la mano y llevándome en dirección contraria de la puerta.

- ¿A dónde vamos? – pregunté sorprendida por que no habláramos junto con todos los demás.

- Hay cosas de las que hablar. – tragué profundamente y con dificultad al ver lo difícil que sería la conversación. Edward, ¿quieres que me convierta en vampiro? No. Boom. ¡Bomba va! ¿Bella, crees que sucederá de esa manera? Sí, al menos espero que no sea tan directo.

Seguí sus pasos mientras subía las escaleras de la casa. Había estado dos veces en esa casa, contando con esta, y nunca había traspasado la barrera de las escaleras. Evidentemente, estarían las habitaciones. Aunque… si los vampiros no dormían… Bueno… seguramente tendrían otros sentimientos y satisfacciones que tenían los humanos, ¿verdad? Si Edward se había enamorado de mí, el amor, sentimiento profundo que manifiesta un ser humano por otro ser de su misma especie, debería de poder sentir otros como el deseo, ¿no?

Recordé que Edward era el único que no había tenido pareja. Esme y Carlisle, Emmett y Rosalie, Alice y Jasper, todos constituían parejas que seguramente sentirían deseo entre ellos. ¿Edward sentiría eso por mí?

Bella, tonta… ¿Qué haces pensando en esas cosas? Deberías estar pensando en que no te deje y sobretodo deseándolo. ¿Sería capaz de dejarme para que no me convirtiera en uno de los suyos y así creciera como el resto de los seres humanos? Sí, creo que sería capaz.

Caminamos por un pasillo largo que desembocaba en un par de puertas. Los cuadros de paisajes en las paredes no eran para nada grotescos y el paisaje que se divisaba en cada uno de ellos, mostraba una luz primaveral a través de las flores de los prados.

Edward abrió la puerta del fondo y entré en un espacio al que no se puede describir ni como moderno, ni como antiguo. ¿Cómo se podía describir un lugar en que los objetos parecen sacados de distintas épocas? Había aparatos de música modernos, tocadiscos y gramófonos. Instrumentos musicales de lugares lejanos aunque no instrumentos actuales. Un gran ventanal con las puertas abiertas se hallaba al final de la habitación mostrando el bosque que había alrededor de la casa. Entonces fue cuando me di cuenta del gran espacio que tenía la habitación. No tenía cama. Era comprensible que si un vampiro no podía dormir, no necesitara cama.

Me di la vuelta para ver el rostro de Edward. Continuaba mirando al suelo y sabía que sus pensamientos corrían libremente por su mente, sin dejar de maquinarse historias para no dormir.

Levantó una mano y me mostró el sillón que se encontraba casi en una esquina de la misma habitación. Fui hacia allí y me senté insegura. Edward me siguió pero no se sentó a mi lado.

El silencio se sucedió después. Decidí comenzar.

- ¿Qué crees que va a suceder ahora? – le dije apretándome las manos una contra la otra en signo de nervios. Sentí que su mirada subía hacia la mía y sus labios formaron una mueca.

- ¿Qué quieres que suceda, Bella? – No quería decirme lo que pensaba. Quería saber primero mi parte. Eso mostraba sus dudas. Sus pensamientos iban por carriles muy separados. Distintas vías de pensamiento contradictorias.

- No quiero morir sin ti a mi lado. – le dije. No estaba segura de haberme expresado bien. Por eso quise añadir más. Antes me interrumpió.

- Si murieras iría contigo. – Me levanté y pasé mis manos por sus fuertes brazos.

- No quería decir eso. Además, ¿crees que yo me sentiría bien que te suicidaras porque yo hubiera muerto? ¿Crees que sería algo coherente, Edward? ¿Qué pensarías tú si murieras y después yo me suicidaría? – su silencio siguió a mis preguntas. Pero sus ojos me miraron fijamente con amor.

- Te quiero Edward, quiero estar contigo para siempre. Quiero convertirme.

- ¿De verdad quieres renunciar a tu vida humana? – preguntó alzando un poco la voz.

- Si eso significa que estaremos siempre juntos, me dan igual las consecuencias.

- No verías a tu madre, no verías a tu padre. No más amigos. Creo que no lo has pensado del todo bien, Bella.

- Sí lo he pensado. Será duro, lo sé. Pero no será para siempre, ¿Verdad? Algún momento podré volver a ver a mis padres.

- Pasarían años antes de que pudieras estar de nuevo con ellos. La tentación de un vampiro recién nacido es muy dolorosa. No podrías resistirte a su sangre y morirían.

Agaché la cabeza pero asentí.

- Me da igual no verlos nunca más. – dije comenzando a llorar. – Te quiero a ti. Quiero estar contigo. Es lo único que me importa.

- Bella, no sabes lo que me estás pidiendo. – sentí su tristeza y desesperación. – No quiero que pierdas tu alma por convertirte en esto. No serás nunca más la misma.

- ¿Es por eso? ¿Es eso, verdad? No quieres que pierda mi alma. – Él asintió. Entonces sonreí. – Edward, mi amor, - le dije posando mis manos en sus mejillas. – ¿Tú me quieres?

- Sí, te amo. – contestó rápidamente.

- ¿Y crees que un ser sin alma es capaz de tener un sentimiento tan fuerte? ¿Crees que yo podría sentirme así, - le posé su mano sobre mi corazón. – por un ser sin alma? ¿Qué crees que es el alma, Edward? – inquirí. – El alma es un cúmulo de nuestros sentimientos. El amor, el odio, el cariño… Todo eso junto que cuando morimos, se recoge pedacito a pedacito en un lugar al que muchos llaman cielo. Entonces ese cuerpo sí que no tiene alma. Tú si tienes, mi amor. Por supuesto que tienes alma. Moriste pero tu cuerpo no dejó que el alma se escapara, querías amar, querías sentir, querías vivir. El alma no se puede escapar de una mente que quiere todo eso.

Vi que los ojos de Edward se abrían ligeramente con sorpresa por mi perorata y deseaba fervientemente que hubieran surtido efecto mis razones.

- ¿Vas a convertirme? – le pregunté esperando unos segundos. Sentí que él suspiraba.

- No lo sé. – contestó por fin. – Tienes unas buenas razones y me encantaría estar contigo por toda la eternidad. Amarte, besarte, acariciarte. Vivir contigo sin tener oportunidad de hacerte daño.

- Edward, mírame. – le obligué a mirarme. – Si no me conviertes serán más las desventajas que las propias ventajas. ¿Qué crees que harán los Vulturi si vuelven y me encuentran siendo humana? Me matarán. Ya oíste lo que dijeron. Querían que me convirtiera en una de vosotros o moriría. Tarde o temprano moriré Edward. Y si es cierto que vendrán a ver los progresos, moriré más temprano que tarde.

- Lo sé. – contestó al fin. – Pero no vendrán hasta dentro de bastantes años. Puedes seguir siendo humana y vivir como tal.

- No. No quiero seguir siendo humana. Una humana no puede estar contigo. Todavía tienes problemas para besarme. Todavía tienes problemas con mi sangre. Yo también quiero besarte, yo también quiero hacer muchas cosas contigo, que no puedo hacer siendo humana. ¿Crees que me gustaría envejecer sin estar a tu lado? Si tu no envejeces, pues yo tampoco.

- ¿Crees que podrías darme un par de años de margen? – preguntó cediendo.

- ¿Cuántos? – pregunté sin fiarme demasiado.

- ¿5 ó 6 años?

- No. – contesté rotundamente. – Es demasiado tiempo Edward. Puedo esperar hasta que termine el instituto pero más tiempo es imposible. Entiéndeme por favor.

- No… no estoy seguro de que sea buena idea.

- Edward, por favor. ¿Me quieres, no? ¿No quieres vivir conmigo por siempre? No pienses ahora en tonterías que no vienen al caso. Respóndete esas preguntas y si son afirmativas no tienes que pensarte nada. Quiero ser como tú. Quiero tener las mismas experiencias que tú. Pasar mi eternidad contigo y quererte para siempre.

- Te quiero, quiero vivir contigo para siempre. Pero no dejo de pensar en las cosas que perderás por mi culpa.

- Eres un testarudo, ¿verdad? ¿Y qué tal si te doy un tiempo para pensártelo? Como… como hasta después de que actuemos en Romeo y Julieta.

- Bien. – contestó y puso ambas manos a los lados de mi cabeza y acercándome a él me besó.

Le respondí al beso profundamente. Como deseaba hacer desde siempre. Y poniendo los brazos en su nuca le besaba fervientemente. Poco tardó en separarse de mí poniendo distancia entre los dos. Pero yo no quería separarme y volví a adelantarme y besarle de nuevo.

Él sorprendido me besó de nuevo y aunque intentaba no dejarse llevar, fallaba estrepitosamente.

En menos de un segundo me hallaba en el sofá con Edward besándome provocando que mi corazón latiera a mil por segundo.

El sofá de poco más de una plaza era bastante cómodo pero no tanto como para besarnos de esa manera y pronto comencé a sentir un ligero dolor de espalda. Rompí el beso y vi su mirada hambrienta. No de deseo por mi sangre, ya que sus ojos seguían tan dorados como siempre, sino de deseo por mí misma. Me produjo un cosquilleo en la parte baja del estómago que nunca había sentido y deseé estar todavía más cerca de Edward de lo que había estado antes.

Me levanté del sofá sin dejar que él se levantara y volví a sentarme sobre él. Milésimas de segundo después continuábamos besándonos con pasión. Una pasión que no habíamos sentido hasta ahora. Sentí calor, mucho calor y deseo de ver a Edward. De verle sin camiseta. Ver su pecho desnudo y perfecto. Lo toqué por encima de la camiseta mientras movía las caderas por encima de él. Su pequeño jadeo me encantó y mi respiración se volvió mucho más jadeante.

- Espera… espera Bella. – escuché a Edward que paraba de besarme intentando calmarse.

- ¿Qué? ¿Qué ocurre?

- No es seguro. Puedo hacerte daño. – dijo serio.

- No lo creo. – contesté sonriendo y pasando un dedo por la superficie de los botones de su camisa.

- Como yo deseo estar contigo, nadie lo desea. Créeme Bella. Pero… podría hacer mucha fuerza y matarte en cuestión de segundos.

- Entonces conviérteme. Si me conviertes ya no seré débil. Si me conviertes podremos hacer lo que queramos. Estar juntos para siempre sin miedo a que me hagas daño.

- ¿No me habías dado tiempo? – me preguntó alzando una ceja.

- Bueno… sí, pero… ¡Edward, no seas así! Si empiezas algo tienes que terminarlo. – entonces se rió.

- No podemos, mi amor. Relájate y se te pasará.

- ¿A ti también se te pasará tan rápido? – pregunté irónicamente.

- No lo creo. – Entonces sonreí. Me senté en una pose más cómoda sin tener tanto contacto con nuestros cuerpos y miré hacia el frente de la habitación comenzando a respirar profundamente en busca de oxígeno.

Intenté evocar recuerdos a mi mente para intentar quitar el exceso de excitación que se había instalado en mi cuerpo y funcionó. Recordé la conversación de los Vulturi, y sobretodo lo que dijeron acerca de que yo era especial. Que tenía un poder. ¿Un escudo, habían dicho?

- Edward… - llamé y él me miró. – ¿El escudo es la razón por la que no puedes leer mi mente? – Sentí que se tensaba y tardaba algunos segundos de más en contestar.

- Eso creo. – contestó al fin.

- Y… ¿puedo proteger a quien quiera con él? – pregunté.

- No estoy seguro. No es común que los dones aparezcan en los humanos. Como dijo Aro, si alguna vez te conviertes en una de los nuestros tu poder será realmente poderoso.

- Oh… ¿Y por qué puedes leer algunos de mis pensamientos? – recordé los de Romeo y Julieta.

- Tengo una teoría. Creo que si es un escudo, tal y como ha dicho Aro, puedes moverlo de tu mente en determinados momentos, al tener la voluntad para ello.

- Y yo quiero que escuches mis pensamientos.

- Eso es.

- Es bonito que puedas escuchar esos. Romántico.

- Definitivamente, sería mucho mejor si pudiera escucharlos todos. No me pillarías tanto por sorpresa, créeme.

- Bueno… no lo creo. A veces es bueno tener intimidad. – pausó. – De todas formas no es un escudo solo a mi don. Te protegió de los poderes de Jane y de Alec.

- ¿Quiénes? – pregunté.

- Los gemelos. Los rubios que iban a los lados de Aro, Cayo y Marco. Jane tiene un poder parecido a la tortura. Te hace creer que sientes un dolor intenso por todo el cuerpo, y en verdad lo sientes.

- Es horrible.

- Sí. Lo es. Alec es todo lo contrario. Te hace que no sientas nada. Nada en absoluto. Ni ves, ni oyes, ni hueles, ni sientes. Nada. En una pelea es bastante práctico. Por lo que creo que podría ser el más peligroso.

- Creo que sentí algo. – dije recordando las punzadas de dolor en la cabeza. – La cabeza me dolía pero no sabía qué era. Me concentré y el dolor desapareció. Lo tomé por nada.

- No lo sé. Podría ser de eso o no.

- Ah ha. – asentí. – Cuando sea vampiro sabremos más sobre mi poder.

- Sí. – contestó agachando la cabeza.

- Por cierto, queda poco tiempo para la obra. ¿Te apetece ensayar algo? No has ensayado ninguna parte que no sea con Julieta. Quiero ver una escena. – Edward sonrió.

- ¿Cuál quieres ver?

- Mmm. – pensé.

- Un momento. Alice quiere que vayas. – me señaló a la puerta. Segundos después se escuchó dos golpecitos.

Edward abrió.

- ¡Hola! – saludó la pequeña Alice dando saltitos. – Bella, ¿puedes venir un momentito? Tengo algo que enseñarte.

- ¿No puedes enseñárselo luego? ¿Qué es tan secreto que ni siquiera puedes pensarlo? – le preguntó Edward con semblante extrañado.

- Es una sorpresa y necesito a Bella. – Se acercó hasta mí y tiró de mi brazo.

- ¡Luego vuelvo! – le dije a Edward mientras era arrastrada hasta la habitación de Alice.

- ¡Ni se te ocurra estar escuchando! – le gritó segundos antes de cerrar la puerta.

- Bueno, me alegro mucho de que estés bien Alice, pero… ¿qué quieres? ¿qué prisas son esas por sacarme del cuarto de Edward?

- Te gustará, te gustará. – y comenzó a rebuscar entre la ropa de su armario hasta encontrar un camisón que llegaba hasta las rodillas blanco. Tenía pequeñas piedrecitas en el borde del escote, el cual era en uve y caía delicadamente por las caderas, dejando estelas de piedras por en medio.

- Alice, ¿qué… - no me dejó continuar.

- Te va a sentar genial. Ya lo verás. – me dijo mientras me comenzaba a quitar la camiseta.

- Espera, espera. ¿Para qué quiero un camisón, Alice?

Ésta resopló.

- ¿Tú qué crees? – Levanté ambas cejas. – ¡Para la obra! Si te acuerdas bien hay una escena de la noche de bodas.

- Oh.

- Sí, oh. Y no vamos a dejar que vayas echa un adefesio. Con ropas horribles que te de el instituto. Tenemos que vestirte en condiciones para esa escena.

- Alice, para el carro. ¿Crees que me voy a poner eso delante de todo el mundo?

- Sí. – comencé a reírme.

- No lo creo. ¿Estás loca? ¡No deja lugar a la imaginación! No pienso ponérmelo. – entonces Alice sacó el labio inferior poniendo cara triste. – Eso no funcionará.

- ¡Vamos! No se te verá nada. Tengo algo especial para hacer la escena perfecta.

- ¿El qué? – pregunté curiosa.

- Esto. – dijo sacando un trozo de tela color carne de debajo de otra percha en su armario.

- ¿Y eso es…?

- ¿Recuerdas que tienes que quitarte el camisón, verdad? Intenta recordar la escena. Romeo le quita el camisón a Julieta y ésta no tiene nada debajo.

- Oh, Dios. No me acordaba de eso. - ¿Cómo podía no acordarme?

- Pues aquí está el truco. Nadie te verá tan de cerca como te verá Edward. Y el resto pensará que no llevas nada.

- ¡Pero tampoco quiero que piensen eso! – pregunté ruborizada.

- Bella, no seas remilgada. Estará genial si lo haces así. Solo se te verá por la espalda. Edward te quita el camisón mientras tú estás de espaldas al público. Quedará genial, ya lo verás.

- No sé… Estarán mis padres. ¿Qué pensarán?

- Seguro que a tu madre le encanta. Y tu padre también. Él te conoce. Sabe que no irás desnuda de esa manera.

- Pero vamos a ver, Alice. – dije pasando una de mis manos por la cabeza. – Si me pongo esto, - levanté el trozo de tela de color carne. – y esto, – levanté el camisón. - ¿Cuándo me lo quite no se me verá la ropa interior inferior?

- No. He estado trabajando en el diseño del escenario. Estaréis detrás de una gran cama que produce sombra, lo que hará que puedas llevar unas pequeñas mallas igual que el top. Este, ¿lo ves? – y extrajo otra percha de su armario. - No se verá absolutamente nada. No te preocupes de nada.

- Ah ha. – asentí rendida.

- Venga, pruébatelo.

- Qué vergüenza, Alice. Ni siquiera he ensayado la escena con Edward.

- Mejor. – dijo entusiasmada. Te sabes la obra de memoria. Y Edward también. No hará falta que lo ensayéis y luego saldrá bordado.

- Eso espero.

- ¡Pero no la ensayéis! Borda la escena en el momento final.

- Sí, jefa.

- Venga, desnúdate. – demandó.

Comencé a desvestirme y me coloqué las mallas encima de la ropa interior. Después me quité el sujetador y me coloqué el top. Era exactamente del color de mi piel. Cualquiera que me viera de lejos pensaría que no llevaba nada de ropa.

Finalmente me coloqué el camisón por encima. Era precioso y tan suave como la seda. A decir verdad, creo que incluso lo era.

Parecía otra persona. Mi cuerpo podría compararse al de cualquier chica de las revistas. Probablemente no tan bien como el cuerpo de Alice o Rosalie, pero podría ser bastante aproximado.

- ¿Cómo te ves?

- Me encanta. – dije moviéndome de un lado a otro.

- Lo bueno es que lo he comprado para ti. Podrás quedártelo después de la obra. – dijo guiñándome un ojo. Yo sonreí.

- Sí bueno… ni desnuda puedo hacer que Edward deje de decirme que no. – solté sin darme cuenta de lo que estaba diciendo. Después de hacerlo me entró mucha más vergüenza. Alice se rió.

- No creo que Edward pueda resistirse a ese camisón. – dijo entre risitas.

- ¿Has visto algo?

- No pienso decir nada. Sé que le gustará mucho. Por eso no quería que se enterara de nada. Quiero que le dé de lleno. Que sea una sorpresa en el momento en que hagáis la escena.

- Vale. – dije sonriendo.

- Bueno, ponte tu ropa y ya puedes irte con tu Romeo. – me reí y me puse de nuevo mi ropa.

Volví a la habitación de Edward y lo vi sentado otra vez en el sofá con los ojos cerrados y escuchando música.

Caminé lentamente queriendo darle una sorpresa.

- Me alegro de que ya estés aquí. – dijo abriendo los ojos.

- Jo, quería darte una sorpresa.

- Si quieres vuelvo a cerrar los ojos. – dijo sonriendo.

- No. – me reí.

- ¿Qué quería Alice?

- Nada, cosas de chicas.

- ¿Lo sabré en algún momento? – preguntó.

- Claro. – dije finalmente. – Bueno… ¿vas a ensayar o no?

- Sí. Estaba esperando. ¿Cuál escena?

- Estaba pensando… ¿Hoy había ensayos en el instituto? ¿Por qué no vamos y nos unimos?

- Buena idea. – me dijo levantándose del sofá y dándome la mano para que me levantara.

Llegamos al instituto tardando poco menos de 5 minutos en llegar hasta allí. El aula de teatro se encontraba llena por los estudiantes que ensayaban la obra. No ensayaban en este momento. Más de uno se hallaba sentado o hablando entre ellos. Edward se acercó hasta el grupo que formaban Eric Yorkie, Tyler Crowlie y Mike Newton y le habló a los dos primeros. Éstos asintieron y fueron hacia el centro del escenario. Mientras Edward caminó hacia mí.

- Espero que te guste.

- Seguro que sí. – y me dio un tierno beso en los labios.

Se alejó y fue con Eric y Tyler hasta el espectáculo.

- ¡ROMEO! – gritó Eric (Teobaldo). – El aprecio que tengo no me permite decirte esto. ¡Eres un rastrero! – y escupió en el suelo. Debía de admitir que esta escena era una muy triste pero era una de las mejores y Eric lo hacía muy bien. Alguien se acercó y le preparó un arma. Obviamente de mentira. Después Tyler (Mercucio) se acercó a Edward (Romeo) para prepararle la suya pero éste no le dejó.

Edward se le acercó y le habló.

- Teobaldo, las razones que tengo para apreciarte, me hacen disculpar toda la rabia que hay en tu insulto. No soy ningún rastrero, así que adiós, veo que no me conoces. – Alzó su mano y Eric la apartó de un manotazo, haciéndome sentir horrible al verlo.

- ¡Muchacho, eso no te excusa de los insultos que me has lanzado! – Edward comenzaba a alejarse dándole la espalda. - ¡VUÉLVETE Y DESENFUNDA! ¡VUÉLVETE Y DESENFUNDA! – Y tiró a Edward al suelo pegándole en el abdomen. Sabía que no era real pero no quería seguir viéndolo. No podía ver eso. Era mucho más duro verlo de esta manera. - ¡VUÉLVETE Y DESENFUNDA!

- ¡Protesto! ¡Yo nunca te he insultado! ¡Sino que te quiero más de lo que te imaginas! ¡Hasta que no sepas la causa de mi aprecio! ¡Así que Capuleto, un nombre que quiero tanto como el mío! – seguía diciendo mientras se levantaba con dificultad y se ponía de rodillas frente a Eric (Teobaldo). Sacó un arma de su chaqueta y apuntó a Teobaldo. – Quédate satisfecho. ¡Quédate satisfecho! – pero Eric volvió a empujar a Edward haciendo que cayera de nuevo al suelo.

- Qué sumisión tan cobarde y deshonrosa – escuché que hablaba Tyler (Mercucio). Eric continuaba empujando a Edward mientras éste huía. Y finalmente caía de espaldas por un gran impacto que le proporcionaba una patada de Teobaldo.

- ¡Te odio con toda mi alma! – gritaba Eric (Teobaldo). Y Tyler sacó su arma tirándola al suelo y corriendo hacia la pelea que se desarrollaba entre Teobaldo y Romeo.

- ¡Teobaldo! – gritó Tyler (Mercucio). ¡Matarratas! – intentó pegarle con un bate. - ¿Quieres dar un paseo?

- ¿Qué quieres de mí? – preguntó Teobaldo intentando alejarse de Mercucio.

- Solo una de tus nueve vidas, rey de los gatos.

- Estoy contigo. – contestó Teobaldo.

Y comenzaron una pelea incluso más fuerte que la que se había desarrollado entre Teobaldo y Romeo. Sabía lo que pasaría y las lágrimas comenzaban a caer lentamente por las mejillas.

- ¡Ahora… - comenzó Mercucio a gritar para asestar el último golpe a Teobaldo. Pero Romeo intercedió.

- ¡Basta! ¡Déjalo Mercucio! – y en un abrazo de sujeción, Romeo sujetaba a Mercucio. Por detrás apareció Teobaldo con un trozo de cartón imitando a un cristal e hirió a Mercucio.

- Oh no. – susurré. Pero la escena continuaba.

Mercucio se alejaba de los otros dos sonriendo pero respirando con dificultad, mientras reía para dejar en claro que no estaba herido.

- ¿Estás herido? – preguntó otro chico que hacía el papel de Benvolio. Pero Mercucio trastabilló por el suelo y se estiró sonriendo aún más.

- Sí, sí. Un arañazo. Un arañazo. – y continuó riendo. Y estirándose como si tuviera público repitió la misma frase. - ¡Un arañazo! – pero su voz comenzó a fallar. – Sí, un arañazo. Un arañazo. – se reía.

- Valor hombre. – se le acercó Edward. – No puede ser grave. – decía sujetándose una herida por el abdomen.

- Lo suficiente. Preguntad por mí mañana y me encontraréis de humor sepulcral. – terminó diciendo Mercucio.

No lo podía creer. Estaba muriéndose y todavía podía bromear con ello. Las lágrimas continuaban cayendo.

- Malditas vuestras dos familias – susurró volteándose hacia ellos. – Me han hecho fiambre para gusanos. ¡Malditas vuestras dos familias! – Mercucio comenzó a irse y Romeo le seguía. Mercucio empujaba a Romeo. - ¡No!

Finalmente cayó rendido al suelo. A estas alturas casi no veía por las lágrimas y sorbía poco a poco para poder respirar.

- ¿Por qué diablos te has metido en medio? – preguntaba Mercucio con casi fuerzas. – Me ha herido por debajo de tu brazo.

- Lo he hecho por vuestro bien. – lloraba Romeo. Mi Romeo. No llores.

- Malditas sean vuestras familias. – dijo en un último suspiro.

- ¡No! – gritó Edward mientras continuaba llorando. - ¡NO! ¡NO! ¡MERCUCIO! – Y con una fuerza renovada, Romeo se levantó y se dispuso a salir tras Teobaldo que había huido.

Pero en vez de continuar la escena se acercó a mí y me abrazó.

- Estoy bien. No te preocupes. – dije respirando y sonriendo mientras las lágrimas caían rápidamente por mi cara.

- Ya hemos terminado, no te preocupes, no te haré llorar más. No deberás ver esta escena el día de la obra. – bromeó. Yo le pegué un manotazo en el hombro.

- No quiero que muera Mercucio. – dije hipando.

- Lo sé mi amor, lo sé.

- Eso lo desencadena todo. Romeo morirá por culpa de Teobaldo.

- Yo estoy aquí, no moriré.

- Lo sé, te quiero.

- Y yo a ti mi amor. – Y me besó tiernamente en los labios mientras me acariciaba las mejillas secándolas de las lágrimas.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………..

¿Os ha gustado? ¿Qué tal? ¿Veis que el Edward de mi historia es algo más comprensivo con el tema de Bella vampiro? Jejeje. Prometo no tardar tanto con el siguiente. Pero necesitaré muchos muchos reviews!

Muchos besos

LauraMasen