Aclaraciones & advertencias: Lo que está en cursiva es lime, escenas algo subidas de tono pero no llegando al sexo explicito; si no eres tolerante a ello o no te gusta leerlo, puedes saltarte la primera parte en cursiva y no te perderás de mucho. Vocabulario vulgar. Sangre, mutilación. Capítulo de 12,400 palabras aprox.
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.:Capítulo 19:.
La máxima prueba de lealtad.
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Seguían de espaldas, en aquel parque, en aquella banca doble, bajo ese árbol verde y frondoso.
—Me temo que ha habido un cambio de planes en cuanto a su regreso al clan. Hiashi no está del todo bien.
La seriedad de la voz del hombre la puso alerta. Su temple se mostró con duda.
— ¿A qué te refieres? ¿Ha caído enfermo?
— No físico—adelantó—, más bien mental. Ha estado más inestable estos últimos meses, bastante escéptico; más frío, sus ojos ya no parecen el de un hombre sensato y calculador, parecen más bien los de un loco…—hizo una especie de pausa marcada, analizando los sucesos, y la mujer sólo calló y escuchó. Retomó después—. Desconozco con exactitud del por qué todo esto, aunque tengo varias teorías de la razón de tal cambio…De todas maneras, por ahora, veo difícil su regreso. Sugiero que esperes un tiempo más. Puedo ayudarte a instalarte en un lugar seguro; estar siempre con los Uzumaki puede ser riesgoso, aunque todo este tiempo lo hayas hecho bastante bien, ocultándote entre ellos.
Hinata negó, hizo caso omiso a lo último dicho, pues solamente una cosa acaparó su atención.
—Pero, primo Neji; si no es ahora, entonces nunca lo será. Tengo que liberarme de esto, tan pronto como me sea posible, sólo yo soy capaz de comprender mis motivos…Sólo pido tu ayuda para infiltrarme al clan, es todo.
— Y la tienes—repuso al instante—, siempre, como te lo he dicho. Pero, también velo por tu seguridad y bienestar.
Fueron minutos donde el silencio fue su charla. Hinata se detenía a meditar las palabras de Neji. ¿Realmente confiaba en él? Y su respuesta era siempre la misma: sí, lo hacía. Pero era una confianza ofuscada por recuerdos y viejos sentimientos; porque de pequeños siempre fueron cercanos, Neji alguna vez le mostró cariño y protección, aunque con el tiempo se alejara y la terminara abandonando igualmente. Tenía sus dudas del por qué su primo, hasta ahora, decidía ayudarla. ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? Lo desconocía muy a su pesar.
— Dime, primo, ¿por qué me eres fiel? — Se animó a preguntar finalmente— Agradezco tus motivos y ciegamente confío en ti, por los viejos tiempos…Pero, no logro comprenderte del todo…
Neji contempló el campo delante de él, miró más allá, lejos, muy lejos. No expresaba gesto alguno, pero su mirar extraviado en la memoria y que reflejaba además arrepentimiento, delataba mucho.
—Ya te lo dije, es por mi padre—tardó en responder—. Siendo la segunda rama es nuestro deber proteger y custodiar de la primera. Sabes cómo se manejan las cosas en el clan Hyūga—inició a explicar y ella le oyó con detenimiento—. Mi padre amaba mucho a Hiashi; y por ende me hizo amarla a usted, a Hanabi aprendí a quererla después, porque me dijo que así debía ser. Mi padre fue fiel a su hermano toda su vida, y yo también procuro; aunque mi deber está con ustedes, ante todo y principalmente. Quizá a tu juicio mis motivos no sean tan fuertes o válidos, pero lo son para mí…Y si me alejé de ti en todo este tiempo, si he sido frío y distante, no ha sido más que con la intención de cuidarte; porque desde la muerte de tu madre, Hiashi cambió drásticamente contigo y con todos. Y quiso aislarte, y cualquiera que te mostrara cariño u cercanía, lo apartaba. Por eso tuve que alejarme por cuenta propia y así al menos poder salvaguardarte aunque fuera a distancia. Lamento que hubieras tenido que pasar tanta soledad. Y lamento haber sido tan duro, pero tenía qué.
Hinata siempre atenta y finalizada la última palabra de Neji, le creyó. Porque recordaba pocas cosas de cuando niña, entre ellas, los días que su primo le era cercano, las veces que éste la acompañaba a todo lugar, siendo una especie de sombra; un compañero de juegos, de entrenamientos, de penas y risas; de ánimos, de consuelos, de aliento, de silencio, de charlas, de tacto.
Todavía vivía la imagen de un Neji siendo niño, y ella igual, en los festivales prendiendo a orillas del río fuegos artificiales, vistiendo sus kimonos y yukatas; mirando como muchas chispas doradas tan parecidas al destello de iluminantes estrellitas, efímeras como la vida, se consumían e iluminaban sus rostros y las noches frías. Lado a lado, contemplando, mirándose el uno con el otro de vez en cuando con sonrisitas inocentes. O esas veces, cuando no tenían más de tres y cuatro años, y dormían compartiendo el mismo futón. Acogidos el uno con el otro, calientitos, cual camada de gatitos refugiándose el uno con el otro de las tormentas eléctricas. Sólo por eso, Hinata decidió confiar plenamente en las palabras de su primo.
—Yo…Está bien, te creo, confió en ti. Y la verdad es que, no hay nada que perdonar. Porque aunque no te sintiera ya nunca más cerca de mí, allí estabas. Me alegro que después todo, completamente sola no me hallaba. —Apenas sonrió. Pero era una sonrisa que venía desde el fondo de su alma, grata.
Hinata se puso de pie y se fue a sentar a lado de Neji; quien no se turbó cuando ésta colocó su mano sobre la suya. Miró el agarre. Disfrutó el contacto de la piel fría, pues desde hace mucho jamás había tenido tal placer ni tal intimidad. De niños, seguido lo hacían, cogerse de las manos; ahora el volver a viejos hábitos era extraño, no por ello menos familiar. No se dirigieron palabra alguna y dejaron pasar placentero y reconfortante momento, observando el campo verde, el cielo limpio de nueves, una que otra gente pasar.
—Tengo un plan—habló Hinata, decidida, todavía con las manos encima una de la otra—, para que mi padre me deje entrar al clan sin que dude de mis intenciones y obtenga al menos la mayor parte de su confianza. Y para ello necesitaré gran parte de tu ayuda. Quizá cuando lo escuches te niegues y lo creas una estupidez y una locura; y de hecho, lo es. Pero otro medio para asegurar y salvaguardar mi estadía en el clan no encuentro. Si aceptas, debes prometerme que haga la que haga, diga lo que diga, deberás aceptarlo… ¿Lo harás?
No le agradaba el tono de voz de la mujer, no le gustaba nada de eso. Presentía algo malo, muy cerca a lo terrible. Pero siendo sensato y no antes de tiempo, el de aceptar o negarse, preguntó a que se atendría.
—Primero cuéntame lo que tienes en mente y después daré mi respuesta…—prudente replica pensó que fue. Hinata agachó la mirada, sujetó con más fuerza la mano del hombre. Habló. A cada palabra, a cada silaba que soltaba, Neji abría los ojos, al punto de casi desorbitarlos—. ¡No puedes hacer eso! ¡No lo permitiré! ¡Es una locura! —Espetó cuando oyó todo el plan. Si es que a eso se le podría llamar uno. Para aquel entonces, Neji retiró su mano, tanto como para exclamar como una señal inconsciente de total desacuerdo. Hinata cerró los ojos, atribulada.
—Por favor, primo Neji, estoy consciente de ello…Pero no me juzgues duramente, sólo yo tengo claros mis motivos y mis acciones, así que te pido, que si es tanto tu cariño y amor hacia mí, me ayudes.
Las palabras correctas fueron dichas. Porque sí. La amaba. Le tenía un inmenso afecto, que sujeto a ello, haría cualquier cosa que le pidiera, y más estando tan desesperada y tan afligida. Neji contempló a la mujer que tenía a su lado. Y fue que reparó en el cambio tan radical, no sólo era el aspecto físico, sino también emocional. Y desde ya sospechaba quiénes habrían sido los principales responsables de tal metamorfosis.
—Has cambiado. Ya no eres la tímida, temerosa, débil e insegura niña que alguna vez traté y observé. Dime, tu cambio se debe a ese tal Naruto Uzumaki, ¿verdad?
Tenía la mirada baja, parpadeó un par de veces antes de contestarle.
—Naruto Uzumaki es un gran hombre, inspira a cuanta persona se le cruce, sus ánimos, fuerza y voluntad asombra a más de uno. Tienes razón, Naruto me ha motivado e inspirado, ha tenido un gran impacto en mi vida al igual que otros del clan Uzumaki a los cuales también he llegado a querer y apreciar infinitamente. Ellos…Han marcado un antes y un después en mi vida.
No cambió de posición ni de gesto al concluir. El hombre desvió su atención al tronco del árbol, serio.
—Hinata, seme honesta, ¿estás saliendo con Naruto?
—…Sí.
—Entonces, quieres decir que siempre sí lo amas. ¿Por qué mentiste esa vez que te pregunté?
—Por miedo. Por desesperación, no sé—musitó—. En ese entonces todavía estaba aceptando mis sentimientos, igualmente. Pero ahora lo tengo claro y seguro. Y sí, lo amo. Lo amo como jamás he amado a nadie.
Esa confesión Neji, admitía, le dolía un poco. Que más hubiera querido ser el único a quien quisiera, pero eso no se podía y sabía más que bien que jamás y nunca sería. Claro estaba que no buscaba que lo viera como un hombre, pero sí y a lo mejor como el único al que más querría, sobre su padre, sobre novios o quizás algún esposo. Que él, como su primo, como su hermano, como lo que fuera, fuera siempre el número uno en su corazón; como ella, en mujeres, madre, tía, Hanabi, novias, lo era de él. Se afligió saberse ahora era el número dos. Lo aceptaría con pesar si eso era lo que Hinata decidía. Sólo una cosa debía saber para quedarse algo tranquilo:
— ¿Y él lo hace igual?
Notó verla sonreír con más seguridad.
—Sé, con toda certeza, que también me ama, pero si lo hace con la misma medida e intensidad que yo, no lo sé. Pero…Casi estoy segura, de que así es…Puede ser.
Por el bien de Naruto Uzumaki, pensó Neji, su amor debería ser con la misma intensidad de recíproco. Por su bien. Por lo mientras quedó ligeramente más apaciguado con aquella respuesta. Prosiguió.
— ¿Y sabe de tu plan?
—No. Sabe que algún día tendré que partir, pero la verdad es que, desconoce todos mis planes de allí en más.
— ¿Y se lo dirás?
Un gesto amigable pero igualmente pesaroso asomó a su rostro.
—Probablemente no, porque presiento cual será la respuesta.
Neji suspiró y se cruzó de brazos.
—Entonces, será difícil por ambos lados. Aunque la verdad y siendo honesto, hubiera preferido que fuera otro hombre más digno de tu amor.
No pudo evitar contener aquello último. Pero necesitaba decirlo, hacerlo saber. Y Hinata, soltando una risita, se apresuró a hablar:
—El es digno. Y es el único a quien se lo daré de esa forma y en esa medida.
Fueron las últimas palabras para dejar morir toda su esperanza, Neji viró a ver las copas del árbol, con las sombras de las hojas y la luz solar reflejándose en su blanco rostro, sintiéndose tibias.
—Ni modo, esas tenemos…—dijo, con tono inconfundiblemente resignado—Muy bien, prometo ayudarte, en todo lo que me pidas.
Hinata sonrió. Pero estaba demasiado lejos de ser una sonrisa feliz.
O0O0O
Llegó más que agotada, después del parque y de haber quedado de hablar al día siguiente antes del mediodía con Neji nuevamente. Se sobó el vientre, un leve calambre había sido. Últimamente los tenía seguido.
Entrando a la casona y caminando por el pasillo, dejó salir un bostezo; desde hace días se sentía así, con sueño y pesadez, y ni una siesta de día o de noche le hacía sentir con más ánimos. Sospechó que a lo mejor le faltarían vitaminas o comer mejor, últimamente no lo estaba haciendo del todo bien y regular. Suspiró. Pudo percibir el olor a manzanas en el camino recorrido; raro, era la primera vez que percibía tales olores. Cuando se acercó a la fuente, vio a Konohamaru comiendo la fruta de espaladas. Se acercó, se saludaron y el joven le compartió de su tentempié. Estaban frescas y jugosas, a Hinata no le gustaban mucho las manzanas, pero esas debía admitir se hallaban deliciosas. Mantuvo una agradable charla con Konohamaru, el cual decía estar feliz con su nuevo puesto de trabajo, pues tenía sin fin de aventuras y anécdotas divertidas e interesantes por relatar. Hinata se alegró por él y disfrutó escucharlo.
Más tarde, el muchacho tuvo que partir al negocio y dejó a la Hyūga sola, no sin antes obsequiarle su última manzana. Esa tarde estaba cálida, por lo que Hinata se adentró al cuarto donde se estaba más fresco. Aprovechó igualmente para escombrar un poco la habitación. Naruto no tardaría en llegar, si todo salía bien, había dicho procurar llegar más temprano. No le había acompañado porque pidió el día libre justamente para verse con su primo Neji en el parque, tuvo como excusa decir se sentía mal; que era una verdad a medias, pues si que se sentía cansada y un poquito mareada, leve mareo que pasó a los quince minutos luego de despertar. Pequeños detalles que no les dio ni insignificante importancia.
Terminado de recoger y dejar limpio y escombrado el cuarto, Hinata tuvo hambre y fue a la cocina por algo que le aplacara el apetito. Una sopa miso y un platito de arroz le bastaron para dejarla satisfecha. La casona estaba casi vacía, se sentía entonces más grande y tranquila. Todos se mantenían ocupados y concentrados en ese nuevo pachinko que recién habían abierto. Por ahora las cosas no iban muy bien, Naruto había perdido unos patrocinadores, lo que afectaba de manera importante los ingresos para poder pagar las rentas y las compras que habían hecho de las máquinas y mobiliario y que se tenían que pagar mensualmente, sin mencionar el servicio de bar, los servicios de luz, agua entre otros gastos.
Hinata sabía que su padre metía cuchara en ello, ahuyentando a los socios de Naruto ya sea con amenazas o mejores tratos. A ese paso, sabía, no tardarían ir a la ruina. Y eso no no podía suceder porque entonces, todo se perdería y terminarían en las calles. Y el clan se esforzaba para que eso no pasase, pero no era suficiente, Hinata lo veía. Habría que suceder alguna especie de milagro para librarla, ya sea un nuevo patrocinador caído del cielo o a lo que era mejor aún, más entradas de dinero…Pero, ante todo, si querían que su triunfo y progreso fuera permanente y a largo plazo, Hinata estaba consciente que tendrían que sacar a su padre definitivamente de en medio, ir con el problema de raíz. Por ello y agradecida por toda una vida con los Uzumaki, les ayudaría igualmente. Ya no sólo era por ella, sino también por ellos. Aunque el cómo darles la mano una vez dentro del clan Hyūga, no estaba del todo segura. Razonar con su padre estaba más que descartado. A lo mejor, alguna especie de información o soborno para que les dejara de atormentar de por vida, ya vería qué sería bueno y favorable.
De nueva cuenta se fue a refugiar a su cuarto compartido. Fresco y acogedor; primero fue al baño (últimamente su vejiga andaba de hiperactiva, aunque encontró lógico que así fuera dado que ahora bebía mucha agua por el constante calor que hacía, plena primavera era a fin de cuentas) luego, se acostó en su futon y decidió descansar, esperando con ello quitarse la fatiga al menos un poco. Se quedó profundamente dormida a los quince minutos.
O0O0O
La despertó una gran mano que acarició suave y lento su vientre. Se giró de golpe y se topó con un par de ojos azules.
—Naruto. ¿Hace cuánto estás aquí?
El hombre sonrió y después besó el hombro—.Unos quince minutos—respondió—, ahora sí que tenías el sueño pesado. Ni con todo el ruido que he hecho te has despertado.
La mujer bostezó y se despabiló, frotándose un ojo.
—Perdona, últimamente me he sentido muy cansada.
— ¿Todo bien? ¿No serán que te hacen falta vitaminas? ¿Quieres que te lleve el médico?
Hinata se conmovió al ver al rubio tan preocupado, cosa que significaba que le importaba, y eso haría feliz a cualquiera que tuviera una relación amorosa.
—No, está bien…Deben ser cosas de mujer, ya sabes, hormonales. A veces me siento fatigada antes de que me inicie la regla y los pechos se me ponen sensibles…—Naruto la miró fijó, procesando lo dicho y Hinata de inmediato tapó su boca creyendo indebido aquello último—Ah, creo que eso de mis pechos fue innecesario, disculpa.
—Ya—contestó pícaro—, con que, ¿sensibles, uh?
Y dado que tenía una mano sobre su vientre, lo pasó rápido a un pecho y lo estrujó con delicadeza. Hinata suspiró. Sus pechos, como suponía y dijo, andaban más sensibles de lo normal, pues el mero y apenas estrujón le erizó la piel y le endurecieron los pezones.
—Ah…Naruto, ¿qué haces?
Por otro lado, el rubio sonreía juguetón y el color a sus mejillas había subido, al igual que los de Hinata. Se entretenía y disfrutaba sobando aquellas bolas de piel y grasa. Blandas, cómodas en la fricción. Y más aún a la mujer retorciéndose y gimiendo, suspirando bajo su tacto.
—Compruebo la veracidad de tus palabras, ya sabes que suelo ser bastante curioso—apenas otro gemido de Hinata fue suficiente para que el rubio deslizara una mano bajo los ropajes de ella e igualmente habilidoso levantara el sostén para tener un contacto directo con aquellos pechos tan redondos y grandes que lo volvían loco. Suaves, y al mismo tiempo con la piel hecha de gallina y los pezones más duros que una piedra; Naruto, besó el cuello de la mujer y susurró—Te extrañé mucho en todo el día, me alegro por fin darme un pequeño respiro. ¿Me has echado de menos también, Hinata?
—Umh—se quejó, dejando que Naruto la tuviera a su merced. Y se lo permitía, pues aunque no lo admitiera abiertamente le gustaba, le fascinaba, le encantaba todo aquello, igual que al rubio. Jadeó y procuró responder—. Ah…S-sí, también…Ah.
Naruto se posicionó luego sobre ella y tan dispuesto a quitarse sus ropas, la mujer le miró maravillada.
—Naruto, ¿ahora?
— ¿No quieres? —paró antes de despojarse de la camisa, dudoso. Hinata se sonrojó. De que quería, quería. Pero…
—No, no es eso, es sólo que…Apenas ayer también, y hoy otra vez…
Se le olvidó mencionar antier y el día antes de ése, y de aquél. La verdad fuera dicha, ambos se habían vuelto unos pioneros en el área. Bien podrían hacerles competencia a los mentados conejos. Naruto rió cínico.
—Cierto, creo que nos hemos vuelto muy activos en esta cuestión…—Hinata le observó directo. De hecho, el más activo era Naruto, hasta donde tenía entendido la Hyūga; por ser siempre el que iniciaba a avivar el fuego. Aunque ella no era del todo inocente de pecado al nunca negarse y no porque se sintiera obligada, sino porque también quería y de no ser la tímida y pasiva en la relación, sería ella quien iniciara todo ese ajetreo. Naruto igualmente razonó aquello y terminó por agregar—: Muy bien, yo soy el que se ha vuelto muy activo en esta cuestión. Pero no puedo evitarlo, Hinata. No puedes culparme el que te desee tanto, el que te quiera tanto…Así que, disculpa a este caprichoso hombre por anhelar tanto a su preciada mujer, de veras.
Y la Hyūga soltó una risita. Y luego se dejó quitar la ropa, y él se quitó la ropa, y así terminaron desnudos, enroscados y sudorosos (ese día inclusive estrenaron una pose nueva sacado del kamasutra japonés que Naruto se las apañó en conseguir en algún puesto de revista de esquina, o a lo mejor era un hentai cualquiera; como sea, en cuanto el rubio lo vio lo compró dado a las poses tan interesantes que contenía). Lo bueno de todo aquello es que Hinata era muy abierta a sugerencias, cosa que tenía más que encantado al hombre.
Después de una hora (más o menos) de diversión, terminaron cubiertos bajo las cobijas. Hinata recostada sobre el pecho del hombre, al que sentía regular poco a poco la respiración y en donde sus cabellos húmedos se quedaban pegados en los pectorales pegajosos de él.
—Sabes, hoy he tenido un recuentro fascinante—empezó nuevamente la conversación. Hinata tuvo que levantar la cabeza y pasarla a la almohada de junto y recargarse sobre su codo y mano y escuchar mejor el relato. Naruto giró a verla— ¿Recuerdas que una vez te platiqué sobre Jiraiya, uno de mis maestros, el que es pervertido?
En su tiempo estando juntos, habían platicado de mucho y sobre mucho. Naruto especialmente pudo contarle su vida a detalle; quién fue su madre, cómo fue su primer amor, su primer mejor amigo, los problemas que pasó salvando a ese amigo, su relación con su prima y cada miembro del clan, pasado y presente; en fin, Hinata dudaba no saber algo respecto a la vida privada del hombre, con decir qué, ya sabía inclusive la comida le causaban flatulencias.
Por ende, tenía sabido y comprendido quién era Jiraiya y que éste fue una de las personas más importantes para Naruto. Aunque, ahora que lo razonaba, poco había contado ella de su pasado; a veces se sentía mal por compartir tan poco con él respecto a eso, pero no había mucho por narrar dado a que gran parte de su infancia y adolescencia fue bastante solitaria y muchas cosas ya ni recordaba con claridad. Como su madre, por ejemplo.
En fin, no se torturó más con eso y colocó toda atención en el rubio. Dado a la entusiasta y alegre sonrisa de Naruto y la mención de un fantástico reencuentro, Hinata fue atando fácilmente cabos.
—Claro, lo recuerdo…No me digas, que…
—Sí, hoy por azares del destino me lo he encontrado—exclamó vivaz. Recargó su cabeza tras los brazos.
—El viejo no ha cambiado casi nada. Sigue siendo el mismo pervertido de costumbre. Fue bastante nostálgico, pero no sabes lo feliz que me hizo verlo nuevamente. Me lo topé casualmente cuando caminaba en una calle que quedaba no tan lejos del anterior negocio. Fuimos a un café y hablamos de muchas cosas.
Hinata estaba de lo más cómoda y agradable oyéndole platicar. Porque Naruto parecía de lo más feliz y sus ojos se iluminaron de repente, lo que provocaba a su vez la ufanía de la mujer. Ella sonreía tenue y afable.
— ¿De qué te habló? ¿Dónde estuvo todo este tiempo?
—Estuvo en Italia, trabajando con extranjeros. Hablamos de muchas cosas, pero lo más importante de todo esto, es que me conseguirá un patrocinador italiano, ¿te suenan los establecimientos Namikaze? Pues, ¡puede que me haga socio con el dueño! Eso sería genial; es justo el agua que necesito en medio de todo este mar de arena seca…—su sonrisa duró apenas un par de minutos, porque calló y se quedó pensando en quién sabe qué, su mirada se perdió y Hinata medio frunció el ceño, preocupada por el abrupto silencio—. Aunque, la verdad, esto se me hace un poco sospechoso.
— ¿Eh, por qué?
Negó rápido con la cabeza y después se acostó de lado para poder estar frente a frente con la Hyūga.
—No, no es nada malo—aseguró con semblante tranquilo—. Sólo una loca idea mía, pero la creo por demás improbable, aunque no estaría de más que me cerciorara, sólo por curiosidad. —Hinata por otra parte, se hallaba confundida, pues nada entendía de lo que el hombre decía, ya que hablaba más para sí que con ella. Naruto apaciguó las inquietudes de la mujer, cogiendo su mano y besándola efímera y casual —. No temas, no es nada grave. No vale la pena que te platique mis teorías chifladas…Aunque, si resultan ser ciertas, ten por seguro que serás la primera en saberlo, de veras.
— ¿No puedo saberlo ahora? —insistió, torció la boca.
—No. No vale la pena que gaste saliva y tú tus tímpanos en oír tonterías.
—Bueno, sí es lo que te parece… —ladeó la cabeza, calma, y decidió dejar el tema de lado dado que al parecer Naruto no diría más. Prosiguió, entonces, con el otro — ¿Y qué más hablaron, Jiraiya y tú?
—Pues, hablamos de tú padre y el clan Hyūga, como tenía contemplado, es imposible derrocarlos desde fuera. Jiraiya me dijo que el método más efectivo sería un espía infiltrado dentro del clan mismo, pero eso es casi imposible por la seguridad que poseen y demás—suspiró pesaroso—. Ah, cada vez que pienso en Hiashi me dan dolores de cabeza. De todos modos, eso del espía queda descartado, si es muy arriesgado, no quiero poner en peligro la vida de ninguno de mis hombres. Ya encontraré junto con Karin algún método alternativo e igual de efectivo y más seguro. Debe haberlo, estoy seguro.
Hinata bajó la mirada. ¿Por qué sentía una necesidad enorme de hablar, de confesar? Siendo aún peor, se atribuía una inmensa culpa por esconderle sus planes a Naruto. Un espía, un espía necesitaba él. Y ella se infiltraría en el clan Hyūga tarde que temprano, tenía las intenciones de ayudar al clan Uzumaki se lo pidieran o no. Pero, a lo mejor y quizá, no fuera tan mala idea contarle a Naruto de sus planes; cabía la posibilidad de que la apoyara y con su ayuda había más probabilidad de derrocar a su padre cuanto antes y que éste los dejara de atosigar. ¿Pero sería buena idea hablar? No lo sabía. Y aún en su ignorancia decidió arriesgarse.
—Sabes, Naruto…Hay algo de lo que tengo que hablar contigo. No estaba segura de poder contártelo, pero, no quiero ocultarte nada, al menos no a ti.
Naruto de inmediato, casi como una especie de alarma interna, arrugó el entrecejo y posó ambos orbes azules tan fijos en Hinata que incluso ésta los sintió encima de sí, penetrantes e inquisitivos.
—Tu tono no me gusta—expresó serio—, me preocupa. ¿Qué ocurre, es algo malo?
Apretó los labios—. P-Pues… ¿Recuerdas que te dije que me iría de aquí?
Naruto contuvo el aliento, como si de repente hubiera olvidado cómo respirar. Sus pupilas se dilataron, su cuerpo se tenso, el miedo lo invadió.
— ¿Y aún lo piensas?
—Sí.
Se incorporó con brusquedad, provocando la alerta en Hinata y que segundos después de él, lo imitara. Sus ojos azules se abrieron de par en par, su voz se alzó, la tomó por los brazos con fuerza. Entonces Hinata supo que hablar fue una mala idea.
— ¡¿Qué, por qué?! ¡¿A dónde?! ¿Es qué no eres feliz con nosotros, conmigo?
Ella negó cuatro veces con la cabeza. Lo miró a sus ojos, que estaban aterrorizados y Hinata sintió una punzada en el corazón—. N-No es eso, soy feliz con ustedes y contigo, te lo aseguro, pero…Es por mi padre, Naruto. Tengo cosas que resolver, te lo había platicado aquella vez en el hospital.
Las explicaciones funcionaban poco. Naruto apenas mostró actitud de calmarse, sólo bajó la cabeza, todavía sujetando con brío a la mujer…Por primera vez, le hacía daño. Aunque no tanto como las palabras de ella se lo hacían a él.
— ¿Tan importante es el asunto de tu padre? —Musitó. Hinata, dejando la sábana a un lado y dejando al descubierto los pechos, dirigió las manos a las muñecas de Naruto que se negaban a soltarla.
—Lo es…—tristemente respondió. Naruto negó muchas veces en silencio, la voz poco a poco se quebró.
— ¿Por qué?
Hinata intentó buscar su mirada, pero Naruto jamás, en ese instante se la concedió. Nada más podían sentir el aliento tibio del uno con el otro.
—Porque si no logro confortarlo, si no logro obtener respuestas de su parte, jamás podré ser libre. Me gustaría tanto poder explicártelo…
— ¡Pues hazlo! —Espetó, levantando la vista, colérica, vidriosa — ¡Explícame! Porque no entiendo tu lógica, ni tus acciones del por qué abandonarnos e ir nuevamente a la boca del lobo, arriesgando así tu vida…Sí es por lo que dije hace rato del espía ya he dicho que lo olvides, encontraré otro modo.
Los ojos de la mujer se humedecieron. Era la primera vez que lo veía tan enojado. Y eso le dolía mucho más que su brusco agarre que ya a esas alturas debió haberle dejado marca.
— ¡Es por mi madre, Naruto!—Contestó intentando que la voz no le fallara por contener el llanto.
— ¿Tú madre? —Repitió confundido— ¿Qué con ella? Creí que había huido cuando eras niña.
Otra vez negó. Ambos pares de ojos se hallaban húmedos—. Es lo que mi padre me contó, pero siempre he tenido pesadillas, en donde mi padre sale de un cuarto ensangrentado y atrás hay un cadáver donde sólo puedo distinguir una mano…No lo sé, a lo mejor sólo son alucinaciones mías, pero quiero saberlo, realmente quiero saberlo. La verdad del por qué tengo esos sueños.
— ¿No podrías investigarlo de otra forma? —insistió con desesperación. Los labios de ella oscilaron, agachó el rostro.
—Puede ser—dijo, para el efímero alivio de Naruto. Poco le duró—… Pero tiene que ser de esa manera, porque las respuestas que quiero sólo las puedo obtener de mi padre y por nadie más…Además, una vez dentro tenía el plan de igualmente ser su espía me lo pidieran o no.
— ¡De ningún modo! —Volvió a exclamar— ¡Jamás te dejaría hacer eso! Ya bastante arriesgas con el simple hecho de querer entrar allí…—el pecho le ascendía y descendía, susurró—: No, Hinata, no puedo permitirte que lo hagas.
La mujer apretó un par de puños, cerró los ojos con fuerza, pero tomó todo el valor que pudo, aunque hablara con dificultad.
—Una vez dijiste… que fueran cuales fueran mis decisiones, no te opondrías, que me apoyarías.
Fue como una pedrada. Naruto abrió los ojos y casi de inmediato los entrecerró y apretó la dentadura.
— ¡Pero eso es diferente! —Explotó— ¡Eso fue antes de que…!—Miró a varios rincones, con las palabras atoradas en la garganta. Se tranquilizó y continuó, volvió a coger a Hinata de los brazos, se dirigió a ella con ojos cristalinos, suplicantes, pese a todo llenos de cariño—…De que me diera cuenta lo mucho que vales para mí, ¿no lo entiendes, tonta? Que si algo malo te ocurriera, me volvería loco. Loco en serio. No te vayas, Hinata, hallaremos otra forma.
El silencio se situó. ¿Por qué? ¿Por qué no haber simplemente callado e irse sin lamentables y dolorosas despedidas? Hinata se sentía atrapada. Debió prever que ante él le era casi imposible que se le resistiera, porque pensó seriamente en dejar todo a un lado y quedarse con él. Hallar otra manera. Otra solución…Pero no.
La mujer llevó las manos al rostro del hombre, lo miró con amor y con pena.
—…Perdóname, Naruto—era todo, él había perdido—; en verdad, en verdad lo siento…—su voz era un hilo apenas perceptible, Naruto dejó escapar una única lágrima. Una sola deslizándose sobre su gesto severo—. Pero ya he tomado mi decisión.
Retiró brusco las manos de ella sobre su cara. Se levantó de golpe, se colocó rápido sus ropas.
—Bien, pues haz lo que te parezca—expresó vehemente, frío como nunca, antes de salir con un sonoro portazo.
Hinata se quedó entonces sola y desnuda, llorando en silencio en aquella amarga y penosa soledad.
O0O0O
Debido a las terribles circunstancias, Hinata decidió adelantar su partida. Habló con Neji para que esa madrugada la recogiera en un punto acordado (puesto que no podía acercarse a la casona Uzumaki). Preparó sus maletas, eran varias y algunas bastante pesadas. Tardó muchas horas en prepararlas y en todo ese rato Naruto nunca apareció, eso no le sorprendió a la mujer, pero sí le preocupó, ya que constantemente se preguntaba a dónde habría ido o qué estaría haciendo y si estaría bien.
Terminado el empaque, notó que eran muchas valijas. No sabía cómo llevaría todas sus cosas, a lo mejor dejaría atrás varias de ellas, encargadas muy seguramente a Tenten y Karui. Por otro lado, revisaba un papel donde tenía escritas unas instrucciones, instrucciones que daría a Karin.
Miró el cuarto, su pronto ex cuarto. Ahora más vacío, triste y frío, aunque aquello último fueran más especulaciones y alucinaciones suyas. Dejó las maletas por un rato, y con su instructivo y un par de teléfonos, fue a ver a Karin, quien se hallaba en el cuarto de las chicas, por suerte sola, limándose las uñas de las manos, con aire aburrido.
—Karin—se aventuró a entrar—, ¿puedo hablar contigo?
— ¿Eh? —Articuló con desgana y desinterés— ¿Qué quieres?
Se acercó y arrodilló frente a ella, captando apenas una miradita de soslayo por parte de la pelirroja.
—Esto…Es sólo que…Veras….
Rodó los ojos, dejó a un lado su lima— ¡Ay, que fastidio es hablar contigo! ¡Habla, coño, y ve al grano!
—Me iré de la casona.
Arqueó una ceja, medio sorprendida— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Acaso han peleado Naruto y tú?
—Sí.
Burlona rió— ¿Y por eso te vas? ¿Tan grave estuvo? A ver, cuéntame que pasó, que para que ustedes dos peleen a tal grado de que…—torció los labios como si algo le molestara— Espera, ¿Naruto te corrió o te vas por voluntad?
—Por voluntad.
—Rayos, hubiera preferido la primera—chistó, se encogió de hombros—. Cómo sea, ¿Por qué te quieres largar? ¿Y por qué me vienes a contar esto a mí?
—Porque me voy con los Hyūga.
Esto de inmediato puso a Karin a la defensiva, señaló acusadora a Hinata.
— ¡Ajá, lo sabía! —Vociferó— ¡Maldita traidora bastarda, todavía tienes el cinismo de decirlo como si nada! ¡A ver si dices lo mismo cuando tengas dos balas entre tus sienes! —rápido fue a sus pertenencias, rebuscando como desquiciada entre sus cajones; sacó ropas, cachivaches y sin fin de objetos que no valía la pena nombrar—. Espera, que por aquí tenía un arma.
Hinata, fuera de alarmarse por ser prontamente asesinada, decidió en lo que Karin hallaba su pistola, explicar pesarosa sus planes.
—Seré su espía, de los Uzumaki. Una vez dentro del clan Hyūga, tenía planeado pasarte información que fuera de utilidad.
— ¡Sí, acá está! —Exclamó triunfadora mostrando una pequeña pistolita de bolsillo— Ahora, deja y le quito el seguro para…—finalmente había digerido lo dicho y paró en seco y se giró a ver a la Hyūga— ¿Qué? ¿Qué has dicho? ¿A caso escuché bien? ¿Te infiltrarás con los Hyūga para ser nuestra espía?
Hinata asintió—. Sí, lo haré. Es por eso que he discutido con Naruto, porque él no quiere que lo sea. De hecho, ni siquiera quiere que me vaya.
Karin resopló— ¡Pero si todo el ramen que traga ese imbécil se le ha subido a la cabeza! ¡Esto es una oportunidad única! ¡Única! Que tendré que hablar con él para que recapacite.
—No es necesario, salió desde hace varias horas y no ha regresado…No creo que regrese esta noche a decir verdad.
—Ya, comprendo—suspiró. Miró después grave a Hinata, con su pistola habló y la señaló —. Sabes, tendría que darte ese balazo por hacer sentir mal a mi primo, recuerda que te tengo amenazada si le hacías algún daño; y me imagino que debe andar ahora mismo hundido hasta las chanclas de alcohol dado a que te…—carraspeó y corrigió lo que iba a decir. Porque bien enterada estaba que Naruto quería en serio a esa mujer que tenía enfrente. Y sí que deseaba darle por lo menos una bofetada que hasta al piso fuera a parar, pero se contuvo por obvias razones. —Te tiene gran afecto—expresó al fin—. Pero por esta vez veo justificable y pasable tu posición. Desde hace tiempo que hemos querido atacar y derrumbar a Hiashi por medios externos, pero eso al parecer es más difícil que comer con los pies, por lo que, atacarlo internamente podría ser otra forma más, quizá, efectiva. Hace tiempo lo andaba pensado, pero lo creía más imposible que atacarlo por fuera, porque entrar allí es, por demás, im-po-si-ble; y nadie en su sano juicio me apoyaría. ¡Pero luego me llegas tú ofreciéndote en bandeja de plata a entrar! Y dado que eres la mismísima hija de Hiashi Hyūga, el que te infiltres no sería tanto problema, quiero creer. Pues bueno, anda, cuéntame lo que tienes en mente. ¿Cómo harás para que el padre que te ha abandonado y repudiado te acepte de nuevo? ¿Sabes que estás viva, al menos?
—Eso quiere decir, ¿qué confías en mí? —Hinata se mostró animada por la positiva reacción de la pelirroja. A decir verdad las cosas resultaron mejor de lo que imaginó. Por otra parte, Karin exhaló hastiada.
—Mira—empezó con autoridad—, ando tan desesperada por derrumbar al hijo de puta de tu padre que hasta me tomaré el riego de apoyarte—Hinata sonrió dulce por tal respuesta, era más de lo que esperaba. Por alguna razón, Karin tomó por retrasada a la chica, con esa afable sonrisa y carita inocente. Lo admitía, le daba cierta ternura. Sacudió la cabeza alejando esa idea de su cabeza y viendo que Hinata seguía con esa cara de retardada tan expectante, agregó—: Sí, idiota, confió en ti, ahora apresúrate y suéltame la sopa.
Así pues, Hinata platicó todo lo que tenía por platicar y echó sus cartas a la mesa. Karin escuchaba y a la vez hablaba para preguntar, agregar o sugerir. Era increíble el cómo, por primera vez, aquellas dos se unían para algo. Después de una hora y un cuarto más, finalizaron y se encontraron del todo de acuerdo.
—Muy bien, entonces eso se hará—dijo Karin con una sonrisa más que satisfecha. Salvo que segundos después hizo la boca de lado y miró con cierta penumbra a Hinata—. Aunque…No puedo creer todavía lo que harás para entrar con los Hyūga…Te creía una cobarde llorica, pero si lo haces, entonces te ganarás algo de mi respeto y te consideraré mujer con ovarios.
Hinata ante esto no dijo nada, tan sólo miraba perdida a la nada.
—Sólo una última cosa antes de que me vaya—agregó Hinata sumisa.
— ¿Qué quieres?
—Nunca ha sido mi intención lastimar a Naruto, jamás lo he buscado y jamás lo buscaré, nunca al menos con intención—aclaró la Hyūga con profundo pésame—. Por eso, te pido que lo cuides mucho.
Karin observó lastimera a la mujer. Tronó luego la boca, con semblante cansado.
—Eso ni tendrías que pedírmelo, siempre ando cuidado de su trasero—afirmó de lo más normal. Suspiró—. Vale, que por esta vez te la dejo pasar, ya me encargaré yo de subirle los ánimos y que nos termine apoyando en esto, que sola no podré.
—Gracias, Karin, en serio te lo agradezco.
—Ya, ya—censuró como quién no quiere la cosa—. Ahora, ya vete, que pronto darán la una de la mañana y Tenten o Karui no tardarán de venir del prostíbulo y no quiero que te sorprendan aquí, o peor aún, saliendo a hurtadillas de la casona. Por cierto, llévate sólo una maleta para que no levantes sospechas.
— ¿Y el resto?
— ¡Ya las escondo y después te las mando! Solamente dime donde te quedarás para que mande a alguien a botarlas cerca de allí—solucionó tan pueril. Hinata acató lo dicho y dio la dirección.
—Muy bien, gracias de nuevo, Karin.
—Sí, sí, ni lo digas…— la pelirroja volvió a divisar esa carita tan amable y tierna de Hinata y la dulzura y la compasión la invadió. Se quejó atosigada y algo asqueada. Adicionó—: En serio, no lo hagas más… "Esa estúpida y tierna carita"
Pensó aquello último.
O0O0O
Una con treinta de la mañana. Hinata obedeció y sólo se llevó consigo una (ni siquiera maleta) gran mochila con estampado floreado y saliendo con cautela, apenas topándose con pocos hombres del clan que poca atención le ofrecieron salvo alguna que otra escueta reverencia de cortesía y respeto. Suspiró, tendría que tomar taxi para que la llevara al lugar acordado con su primo; por suerte había hablado por teléfono y mandar por uno que la esperaría a unos metros fuera de la casona.
La calle estaba desolada por aquellas horas, salvo un gato que se trepó por un cubo de basura e hizo ruido allá por el callejón, era el ruido más notable que hubo. Y si se ponía más atención, se oían lejos a los grillos grillar y pese a estar en temporada de calor, la noche era fresca y hasta un poco fría. Hinata se abrigó con la chamarra beige y miró a los cielos. Oscuro, oscuro y nada más. Ni la luna ni una estrella le hacían compañía esa noche. Se sintió sin ningún motivo aparente, miserable. Aún ahora no podía creer lo que estaba haciendo, lo que iba a hacer, tenía miedo, mucho. Pero no podía retractarse, no ahora.
El taxi llegó, abordó y notó que su conductor era un hombre gordo pero de expresión simpática y ojos bien pequeños y rasgados. Le dijo a dónde iba y sin más, arrancó. Hinata observó alejarse de la casona. Las ganas de llorar la invadieron, pues realmente le hubiera gustado haber partido con Naruto en mejores términos; ahora, ya no sabía si volvería a verlo en algún futuro próximo. Y eso era lo que de verdad la acongojaba en esos momentos.
Entre la calle Miyazaki y la Fuji se hallaba Neji esperándola. No dijeron palabra alguna al encontrarse, se dirigieron directo al auto de él que aparcó no lejos de allí. En el camino fue Neji quien inició la plática preguntando por su adelantado escape, Hinata tuvo que contarle lo que pasó con Naruto, lo que provocó una mueca de desagrado de Neji; pero no dijo más, no le aconsejó, ni juzgó, ni nada, todo se lo guardó dentro de su cabeza.
Por otro lado, Hinata cuestionó cómo hizo para zafarse de la vigilancia del clan y poder llevarla a su viejo departamento rentado y que aún conservaba gracias a que su primo lo pagó a escondidas todo el rato de ausencia, anticipando para algún momento como él dijo que no fue problema ir por ella, pues al ser un miembro de alto rango dentro del clan, tenía ciertas libertades.
El recorrido no fue ni pronto ni tardío. Neji estacionó el automóvil afuera de unos edificios. La Hyūga exhaló nostálgica, afligida. Aquel sitio le traía tanto recuerdo, solitario y en su mayoría desdichado. Pues allí pasó su solitaria e insípida adolescencia.
Cuando entraron, no le maravilló encontrarse con el lugar todo polvoriento y sucio dado el tiempo de abandono. Pero por suerte, todas sus pertenecías se encontraban allí, desde su ropa hasta mobiliario (que no era mucho de todos modos); era pequeño, pero acogedor y con todo lo necesario para vivir fácil y sin problemas. Una salita de recibidor con un sillón para dos personas y televisión de antena, en el centro una pequeña mesita de té; al frente una puerta que daba a su cuarto, donde no había más que una cama, espejo y cajones de ropa; allí mismo el minúsculo baño con su regadera.
Hinata, aún en la estancia, dejó su mochila en el sillón y ofreció a Neji tomar asiento ofreciéndole prepararle un té o café. El hombre se decidió por un té verde y nada más. La mujer fue a su pequeñita cocina, del lado izquierdo de la sala, en ésta había una estufita de gas, un mini refrigerador y hasta un fregador, allí mismo el comedor de una mesita circular para dos personas. Hinata sacó trapos y limpió lo que pudo, lavó un par de tazas (dado al polvo) y calentó agua. En el proceso de que el agua hirviera, la mujer fue con su primo.
—Entonces…—dijo débilmente Hinata— ¿Cuándo podré ir?
—En cuatro días. En cuatro días, a partir de las seis de la tarde es que podrás ver a Hiashi. Ya sabes el proceso, veinte minutos antes de ir, envíame un mensaje y seré yo quien te recibirá y te registrará y dará el aviso a tu padre.
Una racha de abismal silencio. Hinata contuvo un par de puños sobre su regazo, inhaló hondo.
—Ya…Cuatro días…El miércoles, este miércoles…
Habló más para sí, mentalizándose para lo que le aguardaba. Porque sabía, al menos una parte, de lo que pasaría, de lo que haría. Y tembló de pavor.
O0O0O
Esa noche la pasó sola, Neji se retiró pasada una hora. Hinata sacudió su cama y cambió las cobijas polvorientas; aunque las nuevas olían ha guardado. Se recostó y por primera vez en un largo tiempo se halló fría y fatídicamente vacía. Odiaba esa sensación tan familiar, ese estado que la acompañó largos y tantos años, y que solamente los Uzumaki y Naruto lograron alejar, exitosamente curar. ¿Qué estarían haciendo? Pensó, se animó el alma imaginado lo que harían sus amigos en esos instantes; de seguro Tenten o Karui ya andarían durmiendo. Omoi y Konohamaru estarían atendiendo el burdel; en cuanto a Sai y Lee, probablemente en el pachinko con más miembros del clan. Para Karin tuvo dos teorías, o dormía o estaba despierta planeando y pensando; aún ahora recordaba lo que platicaron, y mantuvo cerca el viejo celular por el cual mantendrían contacto. En cuanto a Naruto…Fue el que más trabajo le costó imaginar lo que haría. ¿Qué estaría haciendo? ¿Cómo estaría? ¿Pensaba tanto en ella como ella lo hacía con él? De todos modos, lo único que realmente deseaba era su bienestar, con que se hallara bien le bastaba.
Ignoraba el hecho de que, a varios kilómetros de allí, donde estaba recostada en aquel departamento, de ese viejo edificio, en el centro de la ciudad, en un bar cualquiera y de muchos, en la barra, embriagándose y bebiendo alcohol como si fuese agua, se encontraba un hombre de cabellos áureos despeinados; y azules ojos enrojecidos y opacos; pensándola hasta el cansancio, gritando, musitando, mascullando su nombre hasta decir basta y que justo antes de perder la razón, recargando la cabeza en el mostrador, musitó con tristeza el nombre de "Hinata".
Pero ella era ignorante a todo esto, y nada más veía la pared ensimismada.
—Naruto—susurró. Y pensando en la cálida sonrisa del citado, es que pudo conciliar un sueño tranquilo y alejar todos los temores, pasados y futuros.
Despertó tarde. No le importó. Se sentía con una ligera temperatura y tenía un ligero mareo y nauseas matutina, otra vez. Lo ignoró. Y lo primero que hizo fue hacerse de un café y luego ir a la tienda por provisiones que le duraran por tres días; saludó por cortesía a uno que otro vecino que la miraban como si se tratara de una completa extra, cosa que no le importó a la mujer pues nunca fue muy sociable dada su timidez. Luego de esto y de regresar con la comida y de prepararse su desayuno y comerlo, se dedicó a hacer la limpieza. Toda una tarde sacudiendo, lavando, barriendo y trapeando, terminó hecha el polvo que eliminó, y de hecho agradeció el quehacer que tuvo, pues la mantuvo tan ocupada que apenas y le dio tiempo de pensar en nada más. Pero al final del día, cuando reposando, mirando la tele y tomando una taza de té, se tuvo que parar a pensar en el miércoles, en su padre, en los Uzumaki, en Naruto. Karin no había llamado todavía. Eso la inquietaba, si para el día de mañana no marcaba, entonces ella lo haría. Por lo mientras intentó en vano distraerse con la programación y como no funcionó, se fue a acostar temprano, pero no durmió hasta pasada la media noche.
La mañana siguiente, el sonido del timbre de su departamento la levantó y alertó. Y medio mareada y con el cuerpo caliente, fue a atender. No adivinaba quién podría ser, pensó en su primo Neji, pero lo descartó de inmediato puesto que no le vería hasta el exacto día miércoles. Entonces se le ocurrió fuera un vecino.
Su sorpresa fue inmensa, inmensa y grata que cuando al abrir la puerta se encontró con Tenten, quien traía un par de valijas (que eran las que había dejado atrás). La castaña sonreía de extremo a extremo. Saludó y de inmediato Hinata invitó a pasar.
—Lee traerá el resto, está abajo—mencionó Tenten antes de que Hinata cerrara la puerta —. Karin nos mandó y ya nos ha contado a grandes rasgos cómo está la situación. Debo decir que me siento un poco decepcionada que no me contaras sobre tus planes. Pensé que la confianza entre las dos era grande.
Explicó y reprochó la castaña con gesto cómplice. Hinata se mostró placenteramente sosegada, ver a Tenten le ponía de excelente humor en muchos sentidos y le hacía olvidar de momento sus marañas mentales.
—Lo siento, Tenten, sí que confío en ti. No quise ocultarte nada, pero…
Sacudió la mano—. Está bien, lo entiendo, sólo quería sonar algo dramática. Lindo lugar, ¿lo acabas de alquilar?
Tenten dio un vistazo rápido a los derredores.
—No, aquí rentaba antes de que…Bueno, de que me fuera con ustedes.
—Ya, que es muy acogedor. Aunque un poco seco, hace falta un poco de color.
Comentó la muchacha notando que había mucho café claro y nada más. Hinata aceptó la sugerencia con una sonrisa cohibida. Arribó después Lee cargando cuatro valijas en cada brazo, jadeante y sudoroso entró no sin antes pedir el debido permiso que le fue al instante concebido.
— ¡Uf, que si son muchos escalones! —Soltó las valijas y se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano— Está bien, me sirven de ejercicio. Eh, Hinata, ¿cómo estás? veo que mucho mejor que Naruto.
Hinata puso cara de ansiedad y miedo ante el comentario del joven, mientras que Tenten se daba un golpe en la frente con la palma de su mano por los innecesarios y prematuros comentarios de su compañero y amigo.
— ¿Naruto? —No tardó en cuestionar— ¿Qué le pasa a Naruto? ¿Está bien?
—Sí, él está bien, Hinata—se apresuró a tranquilizar—; nada más que un poco desgarbado porque ha estado tomando desde tu partida, ósea, no hace mucho… ¡Oh, no te preocupes! Que parece ya se está recuperando. Karin ha estado hablando con él y parece que cada vez acepta más y más esta decisión tuya. Aunque al parecer fue un golpe duro que te desaparecieras así de la nada.
—A nosotros nos cogió todo por sorpresa—agregó Lee, acercándose.
Hinata dio un hondo suspiro, sonó culpable.
—En verdad lo siento, jamás quise provocar ninguna molestia.
—Pero bueno, creemos bastante justificables tus acciones—se adelantó Tenten posando una mano en el hombro de Hinata como gesto de soporte—. Que nos ayudes a derrocar a tu propio padre es realmente algo que admiramos y apreciamos todos, aunque…
—Tenten—interrumpió Lee, observando su reloj de muñeca—, recuerda, no más de cinco minutos.
—Karin nos advirtió no quedarnos mucho tiempo contigo—explicó la castaña al ver la cara de duda de la Hyūga—, por precaución, ya sabrás. Sólo nos envió a dejarte tus cosas y a preguntarte cuando verás a tu padre.
Hinata asintió, recordando lo platicado con Karin.
—Este miércoles.
—Caramba, en dos días—exhaló Tenten sorprendida—. Entonces, le haré saber. De todos modos me dice que estés siempre atenta a sus mensajes.
—Tenten, el tiempo corre—apresuró Lee que ya andaba de nuevo en el umbral de la puerta.
—Ya, que ya te he oído—censuró la chica con la mano, haciendo ademán de que se adelantara—. Perdona, Hinata, nos gustaría quedarnos más tiempo contigo, en serio tendríamos que platicar de mucho, pero será en otra ocasión. Si necesitas algo, lo que sea, avisa. Sabes que soy tu amiga y te apoyaré en todo cuanto pueda.
Sin previo aviso, la castaña se lanzó a abrazar a Hinata, quien pasados unos segundos correspondió al abrazo y cerró los ojos dejándose sentir con aquel peculiar cariño que Tenten le profesaba sincera.
—Gracias Tenten, me alegro haberme hecho de una amiga como tú—dijo, aún abrazándola—. Eres la primera verdadera que tengo en muchos años, lo aprecio en serio.
Se separaron siendo que aún mantenían brazos entrelazados, y se miraron fijamente con una sonrisa afectuosa.
—Señoritas, siete minutos…—volvió a repetir Lee que no había partido como Tenten le había dicho.
— ¡Bueno, pues, que inoportuno que eres Rock Lee! —regañó Tenten, por fin alejándose de Hinata y yendo con él.
—Lo siento, lo siento, pero el tiempo—se defendió Lee protegiendo su cara con las manos y encogiéndose en cuanto Tenten se le aproximó enfurruñada.
—Bien, ya nos vamos—anunció Tenten virándose para encarar a Hinata por última vez—. Cuídate, Hinata. Cualquier cosa, ya sabes, tienes también mi número.
Por fin, Lee se adelantó. Hinata asintió a lo dicho por la castaña y despidió a lo lejos al otro.
—Una última cosa que Karin no nos dijo y me da curiosidad por saber—aludió Tenten antes de que Hinata cerrara la puerta, ésta la escuchó— ¿cómo le harás para que tu padre te acepte de nuevo en el clan? ¿Sólo hablaras con él y ya?
Hinata le miró atribulada y con la misma sonrisa de aflicción se expresó. A Tenten, aquello, no le dio buena espina y antes de siquiera poder inquirirle más, Rock Lee volvió a apresurar.
— ¡Ay, ya voy! —Se quejó la castaña. Se tuvo que resignar y despedir a la Hyūga de nuevo con un abrazo (aunque fugaz) pero igual de afectivo que el anterior— Bueno, me dirás luego.
Y marchó.
La efímera visita de Tenten y Rock Lee lograron apaciguar por momentos las angustias y malestares de la Hyūga. Los días restantes, y luego del aseo general, se estuvo todo el tiempo recluida. Meditando, pensando, divagando. Sobre su pasado, presente y futuro. Tan sólo se dedicaba a comer apenas poco y muchas veces por mero antojo más que por hambre y se dedicaba a esperar. Se sentía igualmente cansada y no sabía con exactitud de qué; pero esperó, esperó por el que llamó el fatídico día.
O0O0O
Miércoles:
Ése día, se levantó temprano. Se sintió tan pésimo que incluso vomitó. Se bajó las ansias y mareos (supuso producto de su estrés y nervios) con un poco de té. Más tarde almorzó algo ligero, un poco de fruta picada y pan integral con leche descremada. Era bastante tiempo hasta las seis de la tarde por lo que, cansada de su voluntaria reclusión, salió a dar una vuelta por las calles.
Dio paseos nostálgicos por viejos barrios; donde solía hacer las comprar para la despensa, donde solía adquirir ropa, revistas, libros, sus viejos ocios, etc. Miraba de tiempo en tiempo a la gente y se dedicaba a observar sus vestimentas y qué es lo que pensarían y harían en ese día en particular y deseaba tener la suerte de algunos, de sencillamente tener una vida llanamente normal y pacífica, incluso monótona y aburridamente feliz; con trabajo, con algún negocio, estudiando…Estudiar, ella había dejado de estudiar pasada la preparatoria y se dedicó a trabajar en asignaturas bastante banales. Se imaginó así misma cursando alguna carrera, pensó en qué le hubiera gustado haber estudiado, aunque nada concretó se idealizó, pues pasó desde ingeniarías, licenciaturas y demás y no supo con claridad en qué sería buena. Aunque en la escuela siempre fue de las más listas y aplicadas, jamás se vislumbró como algo en la vida. Por eso, ahora lo hacía y se entretuvo pensando en eso. Fantaseó largo rato para entretener su zozobra.
Finalmente, dieron las cinco y decidió volver a casa. Ya eran cinco y media, Hinata cogió un bolso blanco de mano, grande, cualquiera. En él metió su cartera con identificaciones y dinero para el pasaje; medicinas para sus mareos, analgésicos y antisépticos, alcohol, gazas, vendas y algodón. Una pequeña tablilla de madera y, finalmente, un enorme cuchillo de cocina, el cual desinfectó y envolvió en un pañuelo para después meterlo a la bolsa de mano.
Se duchó y se arregló; un vestido un poco y apenas arriba de las rodillas, negro; y zapatos bajos del mismo color, encima una gabardina beige; el cabello corto cepillado y húmedo, que dejó secar a la intemperie, un poco de maquillaje, bastante natural. Por fin, mandó el mensaje a su primo. Se miró al espejo y observó a una mujer afligida. La ignoró. Tomó su bolsa de mano y partió.
Los cuarenta y cinco minutos de su departamento hasta la residencia Hyūga le parecieron eternos y agónicos. Más de una vez en el camino se halló queriendo retractarse y huir. Huir nuevamente con los Uzumaki, ir a los brazos de Naruto y quedarse allí hasta siempre. No quería llegar a su destino, realmente deseaba que no fuera así; pero entonces, antes de darse cuenta sus pies ya la habían llevado hasta allí, frente a la gran puerta Hyūga, de sólido metal bien tallado y bien empotrado. Llamó, tocando el timbre y siendo que un hombre por él mismo respondió preguntando su identidad; Hinata miró a la cámara que yacía encima de ella de su lado izquierdo, dirigió la vista allí y respondió con el nombre de Hinata Hyūga. La puerta se abrió y como había dicho, fue Neji quien la recibió.
Hinata colocó toda atención en su primo; no reparó en su viejo hogar de la infancia, no reparó en el enorme jardín bien cuidado, ni en la magistral fachada de la mansión, ni en los yakuza a cargo de la seguridad, ni en los que la miraban sorprendidos, como si de una entidad espectral se tratase, ni en nada que no fuera la espalda de su primo quien la guió al interior y la dejó en la estancia, esperando.
Tampoco se fijó en lo bonito, bien decorado y espaciosos que era el lugar donde se hallaba, tan sólo miraba sus manos sobre el regazo. Movía los dedos, todos y cada uno como si aprendiera a moverlos por primera vez; así estuvo, esperando nuevamente los agónicos minutos pasar. Otra sola, oyendo nada, pues hasta sus pensamientos se había cansado de oír.
Dio un respingo de sorpresa cuando Neji volvió a parecer, fingiendo extrema seriedad, y fingiendo como si fueran un par de extraños; como bien había estado fingiendo todos esos años de lejanía.
—Hiashi dice te recibirá. Sígueme.
Y aunque no lo hubiera pedido, Hinata lo hubiera seguido. Caminaron por una enorme roka de madera y que al final daba con una puerta de caoba, la cual tenía un dragón chino serpenteado el símbolo del ying y el yang. La puerta abrió y de allí salió a lo que a Hinata le pareció una bellísima mujer, de largos cabellos negros como el carbón y cuyos marrones ojos oscuros le hacían bello juego; rasgos delicados y finos, y boca rosada, con un hermoso yukata rosa pálido con estampado de extraños símbolos parecidos a una coma. Ésta la miró de reojo y le mostró una sonrisa tan etérea y angelical que Hinata quedó embelesada por tan magnífico rostro que se alejó con ligero paso por el pasillo. Y eso, la hizo olvidar que dentro yacía su padre, tras su fina mesa baja, sentado sobre un cojín, con su típica vestimenta tradicional negra y ceño eternamente fruncido. Severo, casi como un juez, al que Hinata temía y temía mucho.
No se atrevió a verlo directo a los ojos. Estaba por demás nerviosa y aterrada, más aterrada que nerviosa, pero intentó disimular lo más que pudo. Hiashi entonces, con una simple señal de mano hizo retirar a Neji y dejarlos a solas. Sin decir nada, señaló el cojín enfrente de él para que ella tomara asiento. Hinata acató la orden en silencio, esperó a que su padre fuera el primero en hablar y mantuvo la cabeza baja y postura sumisa.
—Y bien, ¿qué haces aquí? Te creía muerta.
La voz era gruesa, profunda. El simple hablar de su padre ya le hacía estremecer internamente de miedo. Pero aguantó y valerosa, inclinó ligeramente la cabeza, comenzó a hablar.
—Señor, lamento aparecer así. Me disculpo igualmente por no haber venido a usted después de aquél incendio tras mi secuestro y el rescate envidado. Mis acciones no tienen justificación ni perdón ante la humillación, molestia y ofensa que esto pudo haberle provocado. De igual manera y aunque no sirva, se las ofrezco en palabras y reverencia: Lo lamento mucho.
Hinata había puesto la punta de sus dedos por delante de su cabeza y ésta misma la agachó hasta casi rozar el suelo. Hiashi la observó con serio semblante, sin siquiera inmutarse un poco.
— ¿En dónde has estado todo este tiempo? —Preguntó de brazos cruzados dándole nula importancia a lo recientemente hecho y dicho por su hija—. Me da curiosidad el cómo has sobrevivido sin dinero, sin techo; pues sé de antemano que al departamento que te asigné no regresaste. Sí te soy sincero, te creo nada más que una traidora, pues tengo la suposición que has preferido la compañía de los Uzumaki ante tus parientes y clan.
Hinata tragó en seco, pero supo ocultar esto a la vista de su progenitor. Se mentalizó y serena volvió a su posición inicial.
—Padre—volvió a empezar, con tranquilidad y seriedad sin perder en el proceso la sumisión y la modestia—, le puedo asegurar con mi vida que no ha sido de ese modo. Déjeme y le explico lo que realmente ha ocurrido; después del incendio es cierto que huí, pero no con los Uzumaki, como usted supone; sino que por mi cuenta, al estar aterrada y confundida, tomé mi propio camino y llegué hasta Nara*. Mucho tiempo pasé en soledad y he sobrevivido con meros trabajos ambulantes y sin mucho mérito, mis techos fueron moteles y hoteles, lo más lujoso que obtuve fue un pequeño departamento por demás pobre. Y me quedé allí, pues quise reencontrarme a mí misma, hacerme preguntas, tales como cual era mi verdadero camino. Y siendo honesta, estaba por demás avergonzada después de haber sido tan fácilmente capturada por los Uzumaki. Es cierto, padre, en todo este tiempo tuve el privilegio de replantearme mi existencia, mis objetivos y mis errores pasados. Es por eso, que he querido corregirlos; pues he encontrado el sentido a mi vida, mi anhelada respuesta, y mi objetivo en la vida no es nada más que su aprobación, su reconocimiento. Este viaje, esta experiencia, han sido toda una metamorfosis en mi actitud y mi persona; he aprendido a valerme por mi misma y no depender de su mano; me he hecho fuerte y segura, pues verá que mis palabras ahora son fluidas. Y regreso, ahora a usted, con ese sólo objetivo, ser digna heredera y ser digna hija del clan Hyūga.
Hizo una breve pausa, para poder ver apenas el gesto de su padre. Tan inmutable y seco como de costumbre. No le sorprendió que sus palabras no tuvieran ni el más mínimo y remoto efecto sobre él, ya lo preveía, pero su argumento (enterada estaba de ante mano) era nada más que un preludio a la acción que rogaba le diera la confianza de su padre y la victoria de poder infiltrarse al clan. Volvió a agachar la cabeza y continuó, más segura, más decidida; daría todo o nada.
—Sé lo que está pensando, duda de mí. No lo culpo. Puedo prever que conseguir su confianza y perdón no será fácil y me lo tendré que ganar con mérito y esfuerzo. Pero si de algo sirve, padre, puedo mostrarle con esta acción mi máxima prueba de lealtad, de honor y de arrepentimiento.
Dicho esto, Hinata tomó su bolso de mano, sacó la tablilla de madera y desenvolvió el cuchillo de cocina, cuya hoja y filo deslumbró con la luz de lámpara. Colocó su mano izquierda sobre la tabla, dejando especialmente el dedo meñique en el medio y bien extendido y apartado del anular y del resto. Suspiró. Con la derecha cogió el cuchillo de cocina y antes de iniciar, miró a su padre por última vez (quien ahora se mostraba expectante y ligeramente sorprendido) y con sutil reverencia de cabeza, Hinata dijo:
—He aquí, pues, padre, mi máxima prueba de lealtad. Me sentiré honrada si la acepta y ruego por su perdón y una segunda oportunidad.
Y cogiendo todas las fuerzas de su cuerpo y alma concentró la energía en su derecha y deseando que de un solo corte lograra desprender el dedo a la primera, y confiando en el agudo filo de la navaja: Cortó con fuerza.
Apretó los labios hasta hacerse pálidos, ahogó un gutural grito de dolor en la garganta, un par de lágrimas no pudo evitar retener. La sangre corrió y rápidamente, Hinata, con el paño en el que traía el cuchillo, envolvió la recién mutilación y presionando intentó retener el sangrado. El dolor era insufrible, fue la máxima agonía que tuvo la experiencia alguna de vez de experimentar. Se llevó la mano herida al vientre y allí presionó reteniendo la sangre. Enfrente yacía la tablilla manchada; el dedo amputado, rígido e inerte, y el cuchillo manchado de carmín. Toda esa escena a Hinata le pareció tan irreal. La vista se le nublaba y hacía el esfuerzo sobrehumano de no llorar abiertamente, aguardando la réplica de su padre; cuya repuesta la estaba matando más lentamente que el dolor que estaba experimentando.
Por otro lado, Hiashi no estaba alterado, pero tampoco tranquilo; no serio, pero tampoco expresivo. Se veía lejanamente sorprendido, aterrado, maravillado; conteniendo un sinfín de palabras y pensamientos que solamente y escuetamente se lograban discernir atentamente si se le miraba a las pupilas.
Tragó un poco de saliva, admiró a su primogénita acongojada de dolor. Habló—: No eres la misma. Jamás y nunca creí que llegaras a estos extremos—hizo una pausa, respiró profundo. Sacó entonces un pañuelo blanco de su vestimenta y cogió con él el dedo mutilado de su hija; Hinata le observó atemorizada y deseosa por lo demás que diría—. Y para hacerlo, es porque lo que me dices es verdad. —envolvió el dedo con el pañuelo y lo dejó sobre la mesa, después la encaró—. Muy bien, te creeré. Te doy pues una segunda oportunidad. No me decepciones.
Hinata asintió y una pequeña sonrisa de satisfacción y victoria se le pintó en el rostro sudoroso. Pero ya no le importaba el dolor, ni que todo eso le pareciera irreal, porque su objetivo fue alcanzado.
—No lo haré, padre, muchas gracias.
Dicho aquello, Hiashi se puso de pie y se dirigió a la puerta. La abrió y afuera aguardaba Neji de espaldas. Le habló y le susurró algo para inmediatamente después observar brevemente a su hija y anunciar con voz más comprensible.
—Y llévala al hospital, necesita le suturen eso. Ve al particular, que lo carguen a mi cuenta.
Hinata se sintió enormemente sorprendida por la orden de su padre. Porque jamás creyó que él, tan siempre distante e indiferente a ella, por primera vez desde que no era una niña, mostrara algo parecido de preocupación hacia su persona. Aunque solamente fue eso, ya que al instante se esfumó de allí, dejando a Neji entrar casi veloz a la habitación, tomar y apoyar a Hinata de sus brazos, levantarla y guiarla hasta la salida, hasta su auto e ir directamente al hospital, dejando todo el desastre aquél abandonado de momento abandonado.
En el camino, Hinata había utilizado las gazas, el alcohol y las vendas que trajo consigo, tomó un analgésico para el dolor ya que era por demás insoportable. El auto olía a medicinas, alcohol y sangre. A Neji no le importó el desastre que Hinata hizo; todo fuera para detener el sangrado que al parecer poco a poco iba parando, aunque Neji iba en demasía preocupado al ver tanto algodón y paño manchado de sangre.
Por fin, Hinata hizo todo en cuanto su alcance y conocimientos y decidió esperar llegar al hospital recargando su cabeza en la ventanilla y cerrando los ojos. Pálida, sudando frío y con la respiración pausada y larga, conteniendo un mohín de daño. Cuando el ambiente se halló más calmado, Neji decidió hablar.
—No puedo creer que en verdad lo hayas hecho—sonó más a reprimenda.
—Ni yo…—quiso reír. Agregó satisfecha—: Pero, ha valido la pena, me ha aceptado de nuevo en el clan.
— ¿De verdad? —Inquirió con deje de molestia— ¿De verdad lo ha válido?
Le temblaron los labios, otra vez contuvo el llanto—Sinceramente, no lo sé. Pero me auto convenzo que así es, de todos modos, ya está hecho. —Y así era y tenía razón y por ello Neji no dijo más. Hubo silencio —. Sabes, por un momento creí, más bien, quise creer que me detendría de cortarme el dedo; que bastaría solamente ver mis intenciones. Pero cuando vi su rostro, sólo pude divisar una única pregunta grabada en su rostro "¿Sería capaz de hacerlo?" y mi padre es un hombre que llega hasta los extremos, por ello, comprendí que era la única forma de hacerlo confiar en mí. La única.
Las justificaciones de Hinata y sus pensamientos le hacían apretar el volante a Neji de impotencia. Se sentía frustrado, enojado y profundamente apenado de no haber sido capaz de evitar tal calumnia. Pero por otra parte, su impotencia venía de que, efectivamente, ella tenía razón. Era la única manera.
—Eres una idiota. Lo que has hecho ha sido una estupidez.
—Lo sé.
—Pero también valiente. Bastante.
Hinata mostró amainado gesto. Esas palabras eran mejor analgésico que las pastillas mismas que tomó.
O0O0O
Hinata se sentía mucho mejor. De no ser por la ausencia permanente de su dedo, juraría que jamás se habría cortado nada, pues no sentía nada, y era por la anestesia administrada. Se encontraba sentada al lado de una mesa metálica con mucho instrumental médico. Su dedo ya había sido zurcido y cubierto por gazas y vendas. Por ahora entró sola, Neji aguardaba en la sala de espera, y mientras el médico retiraba sus guantes de látex y su cubre bocas hablaba.
—Tres puntos, no ha sido mucho—comentaba éste—. Por suerte paramos la hemorragia a tiempo. En fin, tendrá que llevar el vendado y las puntadas por unas semanas hasta que la herida cierre y sane por completo, luego vendrá a que se las quiten. Por lo mientras deberá estar tomando analgésicos y antibióticos, para el dolor y futuras infecciones, y mucho hierro también—Hinata asentía y daba las gracias con cortesía. El médico era hombre de mediana edad, se veía era una persona relajada. Tomó asiento y sobre su escritorio empezó a escribir la receta, comentó mientras escribía—: Así que fue un accidente de cocina. Pues fue un corte bastante limpio, pero bueno, cuando una está enojada puede uno decir y decir cosas que más tarde se arrepiente de por vida, seguro esto lo tendrá de recordatorio, señorita.
Hinata sonrió con dificultad. Por obvias razones tuvo que mentir, aunque sabía que no era del todo creíble el asunto—. Sí, fue demasiado tonta y descuidada. Jamás volverá a ocurrir.
—Ya lo creo.
Rieron un poco. Más tarde, Hinata recordó otros problemas de salud que había tenido esas semanas, aprovechó entonces las buenas atenciones del médico.
—Por cierto, quería ver si igualmente me recetaría algún tipo de vitaminas.
— ¿Vitaminas?
—Sí, últimamente me siento fatigada y sufro de ligeros mareos y nauseas. Supongo que se deberá a falta de vitaminas, aunque últimamente no he comido muy bien, puede ser que también por eso.
El médico soltó un "umh" bastante sospechoso—Ya veo, ¿qué otros síntomas ha tenido? ¿Los mareos y nauseas son más propensos en algún punto del día?
—Me dan más por las mañanas, aunque a veces también a lo largo del día.
— ¿Temperatura cuando se levanta?
—Sí, un poco.
— ¿Calambres abdominales?
—A veces.
— ¿Sensibilidad en los pechos y olfato?
—Pues en la primera—y recordó esa vez que Naruto le tocó los pechos. Y se sonrojó—, ahora que lo dice, también. El olfato no estoy segura, aunque a lo mejor, últimamente está más delicado si lo pienso a detalle.
— ¿Su último periodo?
—Hace un mes, me parece, pronto deberá bajarme.
—Dígame, señorita Hinata, ¿es sexualmente activa?
Su cara se pintó de rojo—. B-Bueno…Esto…Yo… ¿Por qué lo pregunta?
El médico suspiró y cruzando sus manos sobre su barriga habló como quien no quiere la cosa—Pues sus síntomas son de embarazo.
Hinata se quedó petrificada. Síntomas de embarazo, dijo. Embarazo. La palabra la dejó en negro, en blanco, en la nada. La sola idea le aterró hasta lo más profundo y recóndito de su ser.
— ¡Pero siempre utilizo protección!... —exclamó sorprendida y hasta a la defensiva—. B-Bueno, mi novio es quien lo usa para ser precisos…
— ¿Qué método anticonceptivo utiliza su novio?
—Condón.
—Ya—dio un golpecito a su escritorio—, normalmente el condón es el más efectivo en cuanto a prevenir embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Está entre el ochenta y noventa y siete por ciento de efectividad. Sin embargo, no es el cien por ciento. Puede que, en alguna ocasión el condón se rompiera, saliera defectuoso o no se colocara correctamente, entre otros y diversos motivos. ¿Consentiría usted en dejarle hacer una rápida prueba de sangre, sólo para confirmar? Porque de resultar positivo, habrá que suspender el medicamento que le he recetado y hacer algo para contrarrestar y disminuir los riesgos de mutación al embrión o feto, dado a los analgésicos y antibióticos que tomó y le administramos.
Hinata apenas tenía tiempo de procesar nada. Negó confundida con la cabeza.
— ¿Y cuanto tardaran los resultados?
—Unos veinte minutos, a lo mucho.
—Muy bien—accedió angustiada y desesperada—, hágalo, por favor.
Y allí estaba con su primo. Esperando los resultados. Por supuesto le había comentado lo que ocurría y Neji al enterarse se puso pálido como hoja de papel. Y quiso en serio meterle unos treinta plomazos a la cabeza de Naruto Uzumaki; porque había tocado a su prima, había osado ponerle la mano encima (de esa manera) a Hinata, y lo que era peor aún para él ¡Sin estar casados! Y sí, él era un hombre educado a la vieja escuela. Pero Hinata necesitaba compañía, apoyo, soporte, por ello Neji no la regañó ni le preguntó más nada (aunque le hubiera gustado) y se dedicó a hacerle esa compañía que tanto le hacía falta a Hinata; quien temblaba sin escrúpulo, de nervios y miedo, se mordía las uñas de su mano sana y su mirada estuvo siempre perdida, divagando en el infinito. Le cogió la mano que mordisqueaba y la apretó con fuerza. Hinata regresó el gesto sosteniendo con más brío y cerró los ojos con pesar.
—No, primo Neji…—susurró—Ojalá que no, que dé negativo, que dé negativo. Porque tú sabes, ahora no me puede estar pasando esto, no puede. No lo quiero, ¿qué haré? ¿Qué voy a hacer de resultar embarazada?
Neji la atrajo hacia sí y la rodeó con su brazo, sobándole del hombro al codo a la mujer e intentó apaciguar con palabras igualmente:
—Tranquila, todavía no nos dan los resultados. Ya veremos.
Minutos después, entró el médico con lo esperado. Se sentó en su cómoda silla y colocó los papeles en su escritorio. Dio un pesado suspiro. Hinata esperó impaciente, en extremo ansiosa la respuesta del médico.
—Ah, ¿usted es el novio?
—No, familiar—replicó Neji.
—Oh, bueno, igual no es malo. La compañía es siempre bien recibida en estos casos—miró a Hinata a los ojos y asintiendo con la cabeza el médico dijo todo, absolutamente todo lo que Hinata no quería escuchar—. Bueno, mis sospechas quedan confirmadas. Su resultado dio positivo. Efectivamente, está usted embarazada.
Y entonces, Hinata sintió que el mundo se venía abajo.
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Nara*: Es la capital de la prefectura de Nara en la región de Kansai una de las más tradicionales de Japón, en el sur de Honshū, la isla principal de Japón. Fue capital del país en el Japón medieval.
El dedo meñique para los yakuza: O Yubitsume (指詰め literalmente "acortamiento de dedo") es un ritual japonés para compensar por las ofensas hechas a alguien, una forma de ser castigado o de disculparse sinceramente ante alguien, mediante la auto amputación de secciones del dedo meñique de uno. Es un ritual practicado casi con exclusividad por la Yakuza, la mafia japonesa.
El acto de realizar el yubitsume es llamado yubi o tobasu, que significa "hacer saltar su dedo".
