La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Sé que llevan la cuenta de los días que pasaron desde la última actualización mejor que yo, y aunque no lo crean no la había abandonado, simplemente la inspiración se tomó vacaciones largas con este fic, y lo quiero tanto que no quería escribir a la ligera. Es el fic más difícil de escribir porque me lo tomo muy en serio, es mi favorito.

No podía terminar el año sin actualizar y como regalo navideño —aunque este es el fic no feliz— les dejo un capítulo bien calmadito para terminar el año feliz.

Advertencia: Spoilers sobre el libro Me before you.


Capítulo 20

En la orilla el mar, enviando rocas a volar sin ningún objetivo más que el de llegar lejos, Henry espera en silencio que su madre le diga lo que él sabe ella no quiere siquiera mencionar. El viento los golpea, es temprano y el sol parece no querer salir aún, pero hay cierta calidez en el ambiente que contrasta lo que su relación es ahora.

—¿Qué crees que pasaría si mamá estuviera bajo una maldición de dormir?

—Ella te ama más que nada.

—Pero no estoy hablando de mí.

Emma sabía que se refería a ella pero no era una pregunta fácil de contestar.

—No lo sé.

—Yo tampoco lo sé. Me gustaría creer que serías capaz de despertarla, pero no sé si aman lo suficiente.

—Te amo, Henry. No lo he demostrado suficiente, pero te amo.

—Creí que no… antes de conocerte… y ahora que te conozco…

Él envió una roca con fuerza contra el agua y Emma se quedó con la de ella en las manos.

—Yo también creí que no me amabas… que entre Regina y yo… ella es tu mamá… y que yo te haya dado a luz jamás va a compararse con todos los días que ella estuvo contigo viéndote crecer… pero no puedo arrepentirme por haberte entregado… va a dolerme toda la vida… pero siempre será la mejor decisión que pude tomar.

—Lo que pasó… no fue tu culpa… no te culpo por eso.

—¿En serio?

—En serio.

—Pero estás enojado conmigo.

—No por lo que él hizo… por lo que tú hiciste… yo pensé que nos elegirías, a mamá y a mí, que seríamos una familia… mamá dice que está bien si estoy enojado un tiempo, pero que estar enojado con alguien no significa que dejemos de querer a esa persona.

—No puedo prometerte que seremos la familia que querías, Henry. No puedo volver el tiempo atrás y no sé si hay una posibilidad que me permita arreglar todo lo que hice.

—Pero puedes prometer que no te vas a ir.

—No iré a ningún lado. Lo prometo.

Emma lanzó la pequeña piedra en sus manos y Henry sonrió al ver que no pudo superar lo lejos que él logró enviar la suya.

XXXSQXXX


EMMA

Se suponía que el viaje lo arreglaría todo, como en aquellas películas románticas en el que basta un fin de semana para descubrir que dos personas se aman y deben estar juntas por siempre, excepto en esa horrible película donde el tipo decide suicidarse, al menos no leí el libro como Mary Margaret, ¿quién quiere leer algo depresivo donde no existen los finales felices?

Regina leyó el libro, dijo que no fue su favorito pero que le gustó el mensaje sobre vivir su vida. Eso debió encender mis alarmas, pero soy yo, y siempre entiendo todo demasiado tarde.

Tras hablar con Henry en la mañana, en un intento por recuperar su confianza, nos unimos a Regina para desayunar. Fue incómodo. El mesero nos sirvió lo que pedimos, contestó las preguntas de Regina sobre las actividades más recomendables y Henry no se esforzó por llenar los silencios con comentarios ingeniosos.

—Podemos tomar clases de buceo, como en esa película donde la chica toma las clases y al final le resulta más fácil hacerlo directo en el mar —hacerme entender cuando hablo no es una de mis virtudes, tanto Henry como Regina me miraron con incertidumbre.

—La película romántica… ella lo cuida y arma todo un plan para que él no se suicide, se van a una playa y él la obliga a hacer todas estas cosas divertidas.

—Leí el libro —dijo Regina sin sonreír.

—Debe ser aún más horrendo que la película, ni siquiera se quedan juntos y se supone que es romántico.

—No se trata del romance, es sobre vivir la vida.

—No importa. El punto es que podemos tomar clases de buceo. ¿Qué dicen?

—Vamos a tomar el tour del paquete de viaje para conocer el lugar.

—Claro. Excelente idea.

—Voy a ver a tus abuelos —dijo Regina levantándose y besó la frente de Henry—. No te demores cariño.

El lugar era maravilloso, nunca había tenido vacaciones reales, había deseado tenerlas como cualquier persona pero nunca tuve la oportunidad y con el pasar del tiempo perdió importancia para mí. Sin embargo allí estaba, con una familia completa que se había dividido irremediablemente. David y Mary Margaret conversaron, sonrieron y disfrutaron cada momento; no se tomaron las manos ni una sola vez, no se quedaron colgados en los ojos del otro ni hubo algún indicio de la pareja que solía amarse. Fue desesperanzador.

Caminé detrás de Regina todo el tiempo, lo hice porque quería contemplarla sin tener que toparme con sus ojos esquivos, porque no sabía qué decirle para ganar su atención. Vi sus hombros descubiertos ponerse rojos a medida que el día fue avanzando, apreté mis manos y me mordí el labio para no ofrecerme a ponerle el bloqueador solar. Y a veces, cuando nos deteníamos entre la multitud y el guía hablaba sin cansarse, sus dedos acomodaban su cabello detrás de la oreja, se mojaba los labios y sus pestañas espesas se movían con suavidad, me quitaba el aliento porque todo lo que podía hacer era mirarla.

Tomamos helados en un bonito bar al caer la noche, ordenamos más platos de comida de lo que éramos capaces de comer, nos sentamos cerca de la playa escuchando el ruido de la gente a nuestro alrededor y la música alegre que debido a la distancia solo nos acompañaba de fondo.

No sé de lo que hablamos exactamente, sé que asentí un par de veces y dije que no cuando me preguntaron si había estado en otro lugar tan bonito como ese.

—Podría ser nuestra tradición… —ni siquiera sé por qué lo dije—. Podríamos venir aquí todos los años o visitar un lugar diferente.

—¿Podemos tener vacaciones familiares si no somos una familia?

—Seguimos siendo una familia —dijo Mary Margaret a Henry—. Siempre lo seremos.

—Pero ya no estamos juntos. Esperamos demasiado tiempo para hacer esto. No podemos extrañar algo que nunca hemos tenido.

Sus palabras fueron una ola de realidad que amenazaba con ahogarnos, me dejaron pensando en silencio mientras los demás le aseguraban que nunca dejaríamos de ser una familia, que tendríamos cenas o almuerzos los domingos, nos reuniríamos en navidades y cumpleaños, y que seguiríamos viviendo en la misma pequeña ciudad donde nos encontraríamos todos los días.

—¿Crees en lo que Henry dijo? —Le pregunté a Regina después que todos abandonaron la mesa y yo tomé su mano suavemente para retenerla un momento—. Que no podemos extrañar lo que nunca hemos tenido.

Sus ojos oscuros me contemplaron en silencio sin darme respuesta alguna mirando incómodamente mi mano tocando la suya.

—Porque yo te extraño, Regina. Más de lo que puedo soportar.

No pude detenerla. Tuve que soltarla y permitirle alejarse de mí. Su cabello se movió rebelde con el viento y su vestido luchó para quedarse en su cuerpo. Sus pies descalzos dejaron huellas en la arena y siguió sin detenerse ni regresar a verme.

Era solo el primer día, así que realmente pensé que tendría otra oportunidad para hacerlo mejor.


XXXSQXXX

A la mañana siguiente, con mi esperanza renovada, conseguí convencerlos de hacer algo fuera del cronograma. Alquilé tres motos acuáticas y solo me tomó quince minutos explicarle a Henry como manejarla. Su alegría me contagió, incluso Regina no pudo evitar sonreír igual que él.

—¿Cómo es que aprendieron a nadar? —Pregunté a tan solo unos centímetros de Regina mientras la ayudé a asegurar su chaleco salvavidas antes de subirse a la moto.

—Lo hice tomar clases a los siete años, es importante que los niños sepan nadar.

—Ni siquiera tenemos una piscina pública.

—La escuela tiene, hay cursos en verano y algunas veces cuando el profesor de deportes hace bien su trabajo los niños deben tomarlo como parte de sus clases.

Era algo más de lo que no tenía la menor idea.

—¿Y tú como aprendiste?

Sus manos alejaron las mías de las correas de su chaleco salvavidas.

—Será mejor que te subas en la moto con Henry la primera vez.

Un tipo demasiado amable y atento, que no parecía en absoluto un instructor ayudó a Regina con la moto, se ofreció a ir con ella primero hasta que se sintiera segura de hacerlo por su cuenta y para mi sorpresa ella aceptó. Cuando estuvo lista para hacerlo por su cuenta él continuó con nosotros, con su metro ochenta de estatura, su piel bronceada y ojos verdes. Su cabello claro lucía oscuro al estar mojado y su horrible short verde lucía demasiado bien en su cuerpo tonificado. Mantuvo en su mano su camiseta blanca con letras negras impresas que decían instructor, caminó con Regina de regreso al hotel hablándole de la mucho que Henry disfrutaría de la experiencia de bucear.

Ella aceptó. No necesitaba leer sus labios observándola a lo lejos, su amplia sonrisa no podía ser una negativa a menos que hubiese otra razón para que él le asegurara que pasaría por ella al día siguiente. Respiré aliviada cuando él se alejó sin tocar sus manos o darle un beso en la mejilla, había sido una completa tortura el escaso espacio entre ellos mientras hablaron animosamente.

—¿La estás espiando? —La voz de Henry me hizo saltar. Él sonrió, burlándose de mí.

—No lo hago.

—Está bien. Creo que es tonto pero me recuerda a como éramos antes. Era divertido.

—Es solo que… estamos en un lugar extraño y puede ser peligroso.

—Es cierto… pero si realmente estás intentando acercarte a mamá deberías empezar por ser completamente honesta con lo que sientes.

No le pedí su ayuda como solía hacerlo tiempo atrás, una parte de mí no creía que él estuviese dispuesto a ayudarme.

—¿Estás disfrutando el paseo? —Preferí cambiar de tema y trabajar en mi relación con él.

—Sí.

Me alejé del pilar dónde me había mantenido oculta para espiar a Regina y me acerqué a Henry, puse mi brazo alrededor de sus hombros y caminé con él hacia su habitación.

—El próximo año debemos ir a un lugar con menos sol, si ahorro lo suficiente puedo llevarte a esquiar.

—Me gustaría eso. ¿En serio crees que los abuelos vengan aunque estén separados?

—Claro que sí.

—¿Qué pasa si mamá tiene un novio?

—Eso no va a pasar.

—¿Por qué no? Es joven y bonita, alguien va a enamorarse de ella y quizá no le agrade, no seremos una familia real así que no tiene que dejarnos estar juntos en vacaciones.

—Las cosas no son así. Consideraba a Mary Margaret como mi familia incluso antes de saber que era mi madre. Podemos elegir sin necesidad de llevar la misma sangre.

—Pero mamá…

—Tienes razón, tu mamá es hermosa, inteligente y cualquiera puede enamorarse de ella, pero tú siempre serás lo más importante, el que estemos todos aquí hoy es la mejor prueba que tendrás de que sin importar lo que suceda seguiremos siendo una familia, tendremos muchas y mejores vacaciones.

—Espero que tengas razón.

—La tengo y tu mamá jamás va a estar con alguien que le diga lo que puede o no hacer.


XXXSQXXX

Regina se mareó durante nuestro paseo en yate, hizo su mejor esfuerzo para no vomitar aunque estuvo pálida todo el tiempo. De no haberse sentido tan mal me hubiese alegrado lo suficiente al no tener que verla junto al idiota que había puesto sus ojos en ella, el hombre tuvo que cumplir con su trabajo enseñando a Henry y a mis padres a bucear.

Así que el tiempo que ellos pasaron sumergidos en el agua yo lo pasé junto a Regina, lo correcto sería decir que apenas estábamos en el mismo yate, con más de un metro de distancia entre nosotras, pero a quién le importaba los pequeños detalles.

—¿Te sientes mejor?

—No.

—Intenta sonreír, eso solía ayudarme con las náuseas, lo aprendí en CSI.

—Estaré bien cuando volvamos a tierra.

—¿Te gustaría cenar conmigo? —Pregunté directamente—. Solo tú y yo.

—No creo que sea buena idea.

—Podemos cenar o tomar un trago.

—Prefiero que cenemos en familia, es la razón por la que estamos aquí.

—Era tu regalo de cumpleaños, no tenemos que estar juntos cada minuto de cada día que pasemos aquí. Puedes hacer lo que quieras.

—Pues no quiero cenar contigo.

—Auuuch. —Intenté reír ante su exceso de honestidad pero fue difícil no sentirme dolorosamente rechazada.

Ella volvió a mirar hacia otro lado, con la toalla alrededor de sus hombros y su cabello moviéndose con el viento. El silencio entre nosotras no parecía ser algo que le molestara.

Me fui directo a mi habitación después de cenar. Henry estaba muy cansado así que lo acompañé un rato hasta que se quedó dormido, sentí que debí quedarme con él pero no resistí estar en la misma habitación donde también dormía Regina, así que me acosté en la cama de mi habitación mirando al techo, con el televisor encendido haciendo ruido de fondo y mis pensamientos torturándome con cada una de las cosas que había hecho mal. No sé qué hora era, escuché alguien llamar a mi puerta y me levanté a contestar. No esperaba encontrar a Regina ni que sus labios se estrellaran contra los míos en un beso hambriento, me empujó de regreso a la habitación y cerró la puerta detrás de ella. Sujeté sus manos y la detuve al darme cuenta de lo que estaba sucediendo.

—¿Cuánto bebiste?

—Lo suficiente.

Intentó acercarse a mí pero la retuve contra la puerta manteniéndola apartada.

—Te llevaré a tu habitación.

—No. No quiero.

Sus labios volvieron a estrellarse contra los míos, eran tan suaves y perfectos como los recordaba. Sus manos delicadas no tuvieron dificultad para empujarme hasta la cama y la sujeté entre mis brazos para atraerla conmigo. Estoy segura que gemí cuando la sentí sobre mí, levanté su vestido para sujetar mejor sus piernas e invertir nuestras posiciones en la cama. Fue ella quien gimió cuando mi muslo chocó su centro y mis dientes mordieron su labio inferior, y entonces me detuve.

—No.

—Solo bésame.

Besé sus labios pero volví a detenerla.

—No quieres hacer esto.

—¡No me digas lo que quiero! —gritó enojada.

—No voy a equivocarme una vez más — la sujeté con fuerza debajo de mí y pegué mi frente contra la suya.

—Es solo sexo —sus manos forcejearon pero no logró empujarme, su respiración era tensa y sus pupilas estaban dilatadas—. ¿Por qué te importa ahora?

—Porque me importas… —susurré contra sus labios—, y estoy cansada de echarlo a perder.

Me empujó y me dejé caer a su lado mirando al techo una vez más.

—Me tenías —Se cubrió los ojos con las palmas de las manos.

—Lo sé.

Me levanté de la cama y salí de mi habitación, cerré la puerta y me quedé del otro lado, poniendo distancia entre mí y los errores que no quería cometer. Me dejé caer al piso y me arrimé contra la puerta.

—¿Qué estás haciendo?

Levanté la cabeza y vi a David.

—Regina está en mi habitación.

—Oh.

—No es lo que piensas, bebió demasiado y… no creo que pueda levantarse por su cuenta ni pensar con claridad.

—Puedes dejarla dormir en tu habitación y tomar la de ella.

—No. Ese no es el problema.

—¿Y cuál es? — se sentó junto a mí en el piso.

—¿Qué pasa si no puedo recuperarla? En serio, ¿qué pasa si este es el final?

—Las dos siguen con su vida.

—No sé cómo hacerlo. ¿Qué se supone que haré? ¿Conocer a alguien más? Estoy enamorada de ella.

—Tienes que dejarla ir.

—Me dijiste que me arriesgara.

—Necesitas descubrirte, dejar que las heridas sanen… Volver a empezar para que puedan enamorarse de las personas que son ahora.

—Me da miedo.

—Lo sé. Hacer lo correcto puede ser aterrador.

—Dejarla ir lo es.

Me abrazó. Apoyé mi cabeza en su hombro y respiré profundo para contener mis lágrimas.

—No he dicho que debas rendirte, solo vas a tener que enamorarla de nuevo, quizá esta vez plantar un árbol en su jardín en lugar de cortar su árbol de manzanas.

—Gracias, papá —dije sonriendo.

XXXSQXXX


REGINA

Tenía que ser una terrible pesadilla. Ni siquiera el alcohol podía servirme de excusa para haberme metido en la cama de Emma Swan. Abrí los ojos deseando con todas mis fuerzas encontrarme en mi propia habitación.

—¡Buenos días! —Dijo con una brillante sonrisa, su alegría me causó mal humor y empeoró mi dolor de cabeza. Pudo haber tenido la decencia de dejarme despertar sola para no tener que enfrentarme a mi propia humillación tan temprano—. Puedes tomar una ducha, te traeré algo de ropa y bajaremos a desayunar.

—No estamos de luna de miel —dije enojada bajándome de la cama—. Ni siquiera tuvimos relaciones así que puedes dejar de sonreír como una idiota y fingir que esto nunca pasó.

—Está bien —dijo intentando no sonreír.

—¿Te parece gracioso? —Me detuve junto a la puerta y la enfrenté.

—Solo intento ser amable... y quería que desayunáramos juntas pero si no quieres está bien. Entiendo. —Recogió mis zapatos del piso y me los entregó, su cabello lucía perfecto con la luz del sol entrando por la ventana, así que le arranché mis zapatos de las manos y salí de su habitación para contener mis ganas de lanzarme a sus brazos nuevamente.


XXXSQXXX

—¿Qué pasa contigo? —Snow se sentó junto a mí en una de las sillas frente a la piscina. Eran más de las ocho de la noche así que el lugar estaba vacío, la gente prefería la playa a esa hora o estar en algún otro lugar divirtiéndose—. Has estado de un humor terrible todo el día. Te aseguro que si un tiburón se hubiese aproximado mientras estábamos en la playa lo habrías ahuyentarlo con tu mal humor.

—No tengo ganas de hablar.

—¿Pedimos cocteles?

—No. No vuelvo a tomar un trago contigo jamás.

—Nos divertimos anoche.

—Debiste asegurarte que regresara a mi habitación.

—No pasó nada. Solo te quedaste dormida.

—¿Ella te contó?

—Fue David.

—Se están divorciando por qué siguen hablando.

—En buenos términos, no vamos a dejar de hablarnos ni declararnos la guerra. Siempre va a ser mi primer amor y el padre de mi hija.

Me crucé de brazos y guardé silencio. En serio me sentía demasiado enojada conmigo misma como para hablar, no quería decir nada de lo que pudiera arrepentirme.

—Aunque te hubieses acostado con ella no habría sido un problema, quizá un poco confuso pero…

—Tú no lo entiendes.

—Estás enamorada de ella y ella de ti, lo echaron a perder y no quieres volverlo a intentar. Es difícil ir en contra de tus sentimientos.

—Necesito concentrarme en mi vida, tengo que seguir adelante. Ella solo…

—¿Crees que romperá tu corazón?

—Ya lo hizo.

—¿Sería tan malo darle otra oportunidad?

—Sí —dije enfáticamente.

—Hablé con David. Haremos oficial nuestra separación cuando regresemos, le dije que tenía mi bendición si decidía volverse a casar.

—¿Kathryn?

—Es cuestión de tiempo.

—¿Te lo dijo?

—No. Lo conozco, al menos una parte de él. Kathryn es parte del David de ahora. Creímos que podríamos continuar donde lo dejamos pero realmente ha pasado tanto tiempo que somos personas diferentes… o quizá las mismas que nunca tuvimos oportunidad de conocer porque siempre estuvimos en medio de conflictos.

—Nunca supe lo que viste en él.

—Quizá lo mismo que viste en mi hija.

—No quiero hablar de ella.

—Deberías salir con el instructor de buceo.

—¿Qué? —Su sugerencia me tomó desprevenida.

—Lo digo en serio. He tenido un montón de citas, tú en cambio pasaste de Daniel a Emma. Ni siquiera puedo contar a Graham porque su utilidad fue muy limitada.

—¿Estuviste bebiendo?

—No. Quizá. No estoy borracha, estoy siendo sincera.

—Nunca aprendiste a mantener la boca cerrada.

—Quizá si te acuestas con alguien te ayudará a despejar la mente… Me olvidé de Lilith, aunque ella tampoco cuenta. Solo hazlo. Vive un poco. Estoy segura que te ayudará a entender lo que realmente quieres hacer.

—Gracias por aconsejarme tener una vida promiscua. Me iré a la cama.

—Regina —me detuvo sujetando mi mano—, solo has lo que te haga feliz.

Los dos días restantes la pasé alejada de Emma y pensando en lo que Mary Margaret me había dicho.

Acompañé a Henry a comprar los regalos que quería dar a algunas personas en Storybrooke y que consideraba prácticamente parte de su familia. También aprovechamos el tiempo en el aeropuerto antes que nuestro avión despegara para comprar algo para Pongo, ya que lo habíamos olvidado por completo.

—Fue un héroe, mamá. Merece un montón de regalos al igual que Archie.

Era bueno que estuviera hablando de lo ocurrido, esperaba que volver no causara que se desanime. Lo dejé tomar lo que quisiera y me entretuve observando el resto de cosas en el lugar, compré una pequeña almohada para sentirme cómoda en el avión y una caja de chocolates. Estaba por acercarme a pagar pero me detuve al ver unos gorritos y guantes para bebé, los niños los pierden todo el tiempo.

—¡Mamá! Debemos apresurarnos. Nos va a dejar el avión.

Abordamos el avión con las pequeñas cosas que compramos. Henry se sentó en la ventana y a mí me tocó ocupar el centro ya que Emma se sentó con nosotros. Me ofreció su manta por si me hacía frío y dijo que debía abrigarme en cuanto aterricemos para evitar resfriarme. Se colocó los auriculares y vio una película tonta que la hizo reír todo el tiempo.

Quizá había renunciado a mí. No íbamos a volver a intentarlo, pero una parte de mí se sentía decepcionada que su interés hubiese durado tan poco. Me acomodé en mi asiento debajo de la manta que Emma me había entregado e intenté pensar en lo que haría de ahora en adelante para ser completamente feliz.

Al llegar a casa y desempacar las maletas, organizando aquello que debía dejar en la lavandería y los regalos que Henry había comprado, Nayra jugó en la cama pareciendo mucho más grande de lo que debería medir una cachorra normal, esperaba que no creciera mucho. Saqué un pijama limpio del armario y una pequeña caja cayó al piso. Era el regalo que Emma me había dado por mi cumpleaños.

Recogí la caja y me senté en el borde de la cama. No quería abrirla, no quería saber lo que Emma había comprado para mí, no tendría ningún significado a estas alturas.

Pero la abrí.

El cofre parecía ser antiguo y las piedras debían ser reales, era algún tipo de antigüedad y dentro había un pequeño relicario de plata con forma de manzana, la mitad cubierto de pequeños diamantes y la otra mitad de un cristal azul, no había ninguna foto en él pero en la parte trasera tenía inscrita la fecha en que Henry trajo a Emma a mi vida.

No era lo único que contenía la caja de regalo, había una hoja blanca doblada lo suficiente para caber en la pequeña caja, pude reconocer en ella la letra de Emma al desdoblarla.

Regina

Me gustaría poder mentir, decir que todo entre nosotras siempre fue como agua y arena, que de alguna forma estar juntas era algo natural, pero quizá esa falta de compresión de lo que somos solo es mi propio desconocimiento de la persona que soy. Me he sentido tan perdida durante tanto tiempo, que aunque intente encontrarme no sé a quién buscar.

Me siento tan fuera de lugar, una roca rodando entre copas de cristal, rompí muchas partes de ti que nunca debí atreverme ni siquiera a tocar y es algo que jamás me perdonaré.

¿Vas a encender una vez más una luz para mí?

Porque quizá nunca supe decírtelo, las palabras nunca estuvieron de mi lado, y lo sabes mejor que nadie, aun así, siempre pensé que mis actos tenían un lenguaje propio que tú podías comprender. No voy a mentirte, porque mis defectos no son los responsables de que mi presencia en tu vida sea una sombra en la oscuridad. He sido yo, consciente y deliberadamente me he puesto en la acera del frente de tu vida, lo he arruinado todo, he quemado cada puente y me he quedado sin saber cómo volver a ti.

Si no logro construir un camino que me permita encontrarte, solo quiero que sepas, de la manera más torpe y poco elocuente, que has sido todo aquello que siempre supe nunca podría tener, eres cada sueño cumplido y cada sueño por cumplir, la razón de levantarme por las mañanas y los ojos que siempre quise ver antes de dormir… eres el final feliz que no me di cuenta que tenía hasta que te dejé ir.

Emma.