LA NIÑA

Dos días después del estallido de magia de Sakura, los Cullen decidieron viajar. Carlisle había decidido que sus parientes de Alaska ya podían saber de Sakura, que ya no habría peligro de que se conocieran. Sakura era una niña de siete años completamente humana e inofensiva, es decir, no había nada vampírico en ella que lo hiciera peligroso.

Había sido un problema decidir con quién viajaría la más pequeña de los Cullen, en qué auto viajaría, si con sus padres o con alguna pareja de sus hermanos. Un problema solucionado por la niña humana en cuestión y de una forma que dejó incrédulos a los demás, tampoco nadie pudo entender el por qué de su elección.

Sakura había sabido muy bien cómo ocultarlo.

Alice llevaba todo el tiempo preocupada por las maletas y los caminos que tomarían durante el viaje, tanto que olvidó vigilar el futuro de su hermanita; y Jasper no podría interpretar las emociones de la pequeña. Sin que Edward se enterara, Alice le había enseñado a Sakura como bloquear sus pensamientos, ocultar su mente de Edward, a la perfección, había resultado una maestra experta en dicha materia.

Por todo eso, la pequeña Sakura había tomado su decisión sin que nadie se enterara… hasta la hora del viaje.

Había elegido a Edward.

La elección de Sakura había tomado a todos por sorpresa. Las puertas traseras de los cuatro autos se había abierto para ella, pero ninguna le pareció suficiente. Ni Alice la vio venir. Sakura salió corriendo desde el vestíbulo de la casa como una bala, abrió la puerta del acompañante del Volvo de Edward, se sentó, cerró la puerta, se puso el cinturón de seguridad y miró a un perplejo Edward, expectante.

Los demás se le habían quedado viendo con la boca abierta y petrificados de la sorpresa.

El primero en reaccionar había sido Jasper, quien había sentido la impaciencia de la niña desde esos pocos metros de distancia entre el auto de Edward y ellos, dirigiéndose a su auto con Alice tomada de la mano. Edward fue el tercero en poner el auto en marcha y el último en salir, cerrando la marcha.

Por dentro, Edward seguía algo descolocado por ser el escogido por la pequeña Sakura. Había tenido la sensación de que la niña lo hacía por mero capricho y travieso… Al principio… Pero cambió de opinión cuando oyó los pensamientos de su hermana más pequeña. Sakura no lo hacía con ninguna mala o traviesa intención. Ahora entendía por qué ni Emmett ni Jasper habían conseguido nada de ella. Sakura no quería demostrar su magia ni lo que podía hacer delante de ellos, la niña no quería que su primer estallido con ellos fuera para ninguno de esos dos. Sakura había esperado quedar a solas con Edward para dejar fluir su magia y dedicarle ese estallido a él porque lo creía especial. La pequeña lo había hecho todo apropósito. Llevaba años conteniéndose porque no encontraba la oportunidad. Se había dado cuenta de que toda la familia esperaba sus estallidos, se había dado cuenta de que eran especiales y ella había querido dedicar el primero a Edward.

Edward no sabía cómo tomarlo, ni qué pensar, ni qué decir… Edward no sabía ni qué sentir.

Era la primera vez que alguien le dedicaba algo adrede. Había pasado mucho tiempo, décadas y décadas desde que alguien le había dado una muestra de cariño así. Ningún niño había intentado nunca llamar su atención ni tampoco ningún niño había querido acercársele jamás…

Ahora aparecía en su vida esa pequeña humana bruja con deseos de ser su hermanita, de darle cariño… No sabía qué hacer.

Giró la cabeza hacia Sakura que observaba el paisaje por la ventanilla, la niña estaba muy tranquila y contenta de estar con él. Podía ver el reflejo de una sonrisa, escuchar sus pensamientos y sentir sus signos vitales… Todo le decía eso. Sakura estaba muy contenta de poder viajar sola con él.

Sakura era el primer ser viviente con alma pura que se le acercaba sólo con buenas intenciones y buenos sentimientos para darle.

Fue entonces que un recuerdo vino a su mente. Recordaba aquella noche en la que había ido a la habitación de Sakura para verla dormir. Edward no entendía por qué Rosalie y Jasper, principalmente, disfrutaban tanto verla dormir… A todos los vampiros de la familia le gustaban verla dormir, pero él no entendía por qué hasta que decidió visitarla él también una noche. Y lo supo, supo el por qué. Cuando dormía, la pequeña era inocencia, paz, esperanza y vida. Los latidos de su corazón eran la música favorita de los vampiros de la familia, sus mejillas rosadas les demostraban que sí había vida en la familia, su respiración tranquila les daba paz, la sonrisa de sus labios demostraba su felicidad junto a ellos.

En pocas palabras… Sakura estaba feliz, tranquila y protegida con ellos.

Con esos pensamientos, Edward volvió la mirada al frente.

Sakura se comunicaba con su familia mediante sueños así no perdía la comunicación con ellos y aunque los extrañaba sabía que su misión aun no había terminado pero repito para ellos pasaban meses pero para los Cullen pensaba que eran años aunque luego ella les explicaría todo en una carta ya que no sabía si podría despedirse en persona ya que en estos meses los llego a querer sobre todo a "mamá rose"

Cuando los Cullen llegaron a la casa del aquelarre, también vegetariano, de Denali, los cinco vampiros que vivían allí los esperaban en el frente de la gran casa. Entre los cinco había una vampireza muy hermosa de cabello rizado rubio con un toque de fresa y ojos dorados, atenta al Volvo de Edward, ansiosa por su conductor… y ajena al acompañante que estaba en el asiento trasero dormida. Ella era Tanya y estaba loca por Edward.

El último en estacionarse fue el auto de Edward y él fue el que sería el último en bajarse. No obstante, él no se limitó a bajarse. Salió del auto, abrió una puerta trasera y sacó al acompañante del asiento trasero.

Sin que nadie lo hubiera previsto, Tanya había salido disparada hacia Edward y se estrelló con él justo cuando se giraba con quien compartía su auto… Por lo que aplastó a la niña.

Lo que pasó a continuación, alteró a todos.

Rosalie corrió hacia ellos e hizo volar por los aires a Tanya, tanto que aterrizó a muchos metros. Ella regresó y la rubia Cullen le mostró los dientes, agazapada, lista para atacar. Rosalie se había puesto en plan protector por Sakura, ella era enemiga de todo aquél que la dañara, cosa que Tanya había hecho y no pensaba perdonar. Para desgracia de Tanya, Rosalie era más madre de Sakura que Esme.

Todos los Cullen sabían que Sakura era la segunda cosa que más amaba Rosalie, porque Emmett era la primera.

Esme fue hacia ellos e intentó tranquilizar a Rosalie, pero ella no se dejó. Sus ojos dorados se habían vuelto negros y estaban fijos en Tanya, que miraba disgustada a la niña que estaba en brazos de Edward. La niña en cuestión, lloraba del dolor y se movía en los brazos de su hermano vampiro. Carlisle fue hacia ella y le tocó el costado que había dado con Tanya, la pequeña pegó un grito de dolor. Jasper frunció el ceño, enojado con Tanya, la niña también era muy amada por él porque la pequeña lo tenía como hermano favorito y eso significaba mucho para él. Alice se frotaba la frente con un dedo en clara señal de frustración por no haber visto lo que Tanya iba a hacer.

Viendo como estaba toda su familia, Esme tomó aire, una decisión y habló en voz alta para que todos la escucharan… ya sea humano o vampiro.

- Creo que lo mejor es que nos vayamos -dijo decididamente.

- ¡No! -gritó Tanya, horrorizada por el hecho de que Edward se fuera. Miró a la niña y le lanzó una mirada resentida y furiosa que hizo que Rosalie le siseara peligrosamente furiosa- ¡Ella debe irse! ¡No es vampiro!

Rosalie soltó un rugido espeluznante que estremeció a todos. Alice decidió tomar el asunto en sus manos, puso una mano en un hombro de su hermana rubia y miró duramente a Tanya.

- Sí, debemos irnos… antes de que la lastimes más. Ella ahora es una Cullen y como tal, irá con nosotros y estará con nosotros. ¡Grábatelo! -le dijo furiosa y luego se dirigió a su familia-. Ya vámonos.

Los demás Cullen le obedecieron, dejando a Tanya más enojada y más horrorizada, mientras los demás Denali no podía creer lo impulsiva e insensata que ella podía ser.

Nadie vio cómo Edward le besaba la frente a Sakura antes de acomodarla en el asiento trasero y sonreírle… muy contento.

Ahora tenía un aliado para mantener a Tanya lejos. Sakura no iba a tolerar su presencia y Tanya le correspondería el sentimiento, Sakura la ahuyentaría y la mantendría lejos de su persona estando junto a él.