Capítulo 20: Lágrimas.

Releyó la carta una y otra vez para buscarle algún fallo, pero nada, no había ninguno. Ese día se cumplía el plazo que le exigía el señor oscuro: Una semana. Ya era lunes, ese maldito lunes que no hubiese querido que llegara. El cielo estaba totalmente encapotado y en cualquier momento iba a empezar a llover. Aunque aun solo eran las siete, parecía que eran las once de la noche. La única luz que había en el cuarto del Slytherin era la que entraba de las farolas de la calle, y con ellas leía el arrugado papel. Necesitaba oscuridad, porque se sentía muerto y así quería estar en ese momento.

Parecía que todo estaba a su favor para cumplir el plan de Lord Voldemort. Los padres de Hermione saldrían en una media hora para encontrarse con unos amigos. Estarían completamente solos los dos.

Pronto no vería más a esa odiosa sangre sucia, a esa sabelotodo, esa rata de biblioteca que tantas veces había insultado. No vería más su entrecejo fruncido o su mano levantada en clase, pero tampoco vería su sonrisa…

Una lágrima cayó sobre el pergamino. Sí, aunque pareciera increíble, él, Draco Malfoy, estaba llorando por ella, Hermione Granger. Se secó con brusquedad esa muestra de debilidad y se levantó del asiento. En cuanto acabase con ella debería huir. Voldemort le ayudaría a volver al mundo mágico.

Se vistió con una túnica y puso la varita en el bolsillo de ésta. Después hizo desaparecer su baúl para que apareciera en su verdadera casa.

El ruido de la puerta al cerrarse le indicó que ya era la hora y abandonó el cuarto, pero a mitad de camino sus dudas florecieron de nuevo y tuvo que ir a cuarto de baño para poder refrescarse con agua.

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Hermione seguía tumbada en la cama desde la hora de la comida. Se sentía fatal. No le había dirigido la palabra a Draco desde el día interior cuando habían vuelto de la casa de campo, y eso que el chico había intentado hablar con ella.

Se sentía traicionada, por que ella había confiado en él. Pero por otra parte ¿qué culpa tenía Draco de ser mortífago? Nadie se habría podido resistir sin que le mataran.

Se oyó la puerta de abajo cerrarse. Hermione fue hacia la ventana y vio a sus padres subirse al coche e irse. Ahora era el momento perfecto para hablar con el Slytherin completamente a solas.

Anduvo hasta la puerta y salió al pasillo. Giró el pomo de la puerta de la habitación de enfrente y se asomó al cuarto, sorprendiéndose de que a primera vista no había nadie.

-¿Draco? – llamó la chica, pero nadie contestó.

Estaba a punto de irse cuando vio una carta en la mesa y la curiosidad pudo más que ella. Avanzó hasta el pergamino y empezó a leerlo.

-Oh, dios… ¿qué es esto? – se preguntó mientras lo leía.

Estaba tan concentrada que no se dio cuenta como una figura avanzaba hacia ella con paso lento y silencioso, y se paró a apenas unos pasos detrás de ella.

-Es hora de arreglar lo que has hecho, joven Malfoy. Es hora de saber a quien le pertenece tu lealtad. Así que mi orden será solo una y espero por tu bien que la cumplas…- leyó. Tragó saliva y continuó la última frase, que para su desgracia, también fue completada por la voz de Draco - Mata a la sangre sucia.

Se dio la vuelta asustada y vio al chico que allí se encontraba parado. Su mirada era inexpresiva, pero decidida. Definitivamente, había llegado la hora.

-Vaya, Granger, no sabia que eras tan entrometida. ¿No sabías que es de mala educación mirar las cosas de los demás? – le dijo, alzando su varita.

Hermione se quedó callada. Estaba demasiado impresionada como para responder. Pero pronto cambió esa mirada por una con el ceño fruncido.

-¿No dices nada? ¿Prefieres taladrarme con la mirada? – preguntó él, también frunciendo el ceño -. Bien. No importa. Igualmente, pronto no tendré que ver más esa mirada de reproche – le dijo, apretando más la varita.

-Harry y Ron tenían razón – por fin habló, con un tono lleno de decepción -. Tenían razón respecto a ti. Era imposible que cambiaras conmigo. Fui una tonta.

Draco apretó los puños.

-¿Y qué esperabas, Granger? ¿Que cambiase mi forma de ser? ¿Que fuera bueno? ¿Acaso que con un padre mortífago, yo no llegaría a ser uno también? – preguntó, lleno de dolor, pero intentando no demostrarlo -. ¿Que me enamorase de ti acaso? ¿De verdad fuiste tan estúpida?

-Lo único que hice fue intentar ver algo bueno en ti. Pero me equivoqué – contestó ella.

Cinco segundos de silencio.

-Algo sí aprendí de ti, Granger. Y es que no se debe ser un cobarde –Hizo una floritura con la varita y, volando desde el cuarto de la chica, llegó su propia varita -. Si voy a acabar contigo, que sea limpiamente – dijo, de la manera más fría que su voz le permitió.

Hermione tomó su varita, la miró y después la bajó mientras su mirada de posicionaba en el suelo, dando a entender que no iba a luchar.

-Levanta la varita, Granger – le ordenó, levantando él la suya. Ella negó con la cabeza -. Levántala – volvió a decir, y la chica volvió a negar –. ¡Te he dicho que la levantes! – gritó ahora, desesperado.

La negación de Hermione llegó ahora con un signo de dolor en la cara y cuando abrió los ojos se le escaparon un par de lágrimas. Draco apretó la mandíbula. Ya no podía aguantar más esa tortura. Tenía la esperanza de que a lo mejor si peleaban ambos, ella se defendería y no podría matarla, pero la chica estaba decidida a no luchar contra él. Contra un maldito mortífago como él.

-Bien…Si no quieres luchar, acabaré con esto de una vez por todas – dijo el chico, levantando la varita para pronunciar la maldición imperdonable.

Todo sucedió en apenas unos segundos. Draco la miró, la chica estaba dispuesta a morir, no podía entenderla. Hermione ni siquiera le dirigió una sola mirada. Siguió llorando y en el último segundo, despertaron sus labios y pronunciaron con voz quebrada y dolorosa:

-No voy a luchar contra alguien a quien amo.

Fue entonces cuando Draco se dio cuenta de lo imbecil que había sido. Incluso había llegado a reconocer que estaba enamorado de ella, pero siempre había puesto su vida por delante de la de ella, mientras que Hermione no había dudado ni un segundo. No lucharía contra él porque le quería.

Apretó tanto su varita que pensó que se rompería, y como si no valiese nada, la tiró al suelo con rabia y se dirigió a la chica. La tomó por la cintura y la besó como nunca antes lo había hecho. De una manera en la que le decía claramente que él la correspondía. A Hermione se le cayó la varita de las manos y después las pasó por el cuello del joven, llorando mientras el chico la besaba.

Ya está, lo había arruinado todo. Había preferido poner su vida en peligro con tal de que esa chica estuviera a salvo. Pero ahora se sentía mucho mejor, él no era ningún asesino, y aunque lo hubiese sido, jamás hubiera tenido el valor de hacerle daño a Hermione. No así como estaba: enamorado como un idiota.

La marca empezó a dolerle. Se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se separó de ella. Retrocedió un par de pasos y se tiró del pelo hacía atrás. Tenía que huir, el señor oscuro se había dado cuenta de lo que pasaba. Seguramente ahora iría a por él. Se agarró la marca con dolor y se encogió.

-¿Te duele la marca? – preguntó Hermione, preocupadamente.

Draco ni siquiera le respondió. Recogió su varita del suelo y salió corriendo escaleras abajo, con Hermione pisándole los talones.

-¿A dónde vas, Draco? – le preguntó cuando vio que el chico abría la puerta de la calle – ¡Draco! – le llamó al verle salir corriendo a pesar de la fuerte tormenta que caía -. ¡Draco, vuelve, por favor! ¡Draco! – gritó, pero el chico no regresó.

Se había ido, y no sabía por qué. Fue al sofá del salón. Estaba dispuesta a esperar hasta que el chico volviese, y si no lo hacía, ella saldría a buscarle.

Continuará…

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¡Hola! Ya estoy de vuelta. Feliz año 2009 a todos!

¿Qué os pareció el capítulo? Cortito, ¿verdad?

Que le vamos a hacer, tenía que dejar algo para el siguiente. Dentro de poco terminará este fic. Pero no os preocupéis, ya estoy preparando otro Dramione, pero será sin magia. En cuanto publique el primer capitulo avisaré. Si es que aun no he terminado este, claro.

Gracias por los reviews. Muchos besos y que paséis bien lo que quedan de navidades.

Hasta la próxima!

Pétalo-VJ