CAPITULO 20
POR TI…
Finalmente, parecía que todo había acabado ya… después de que mi vida fuera un infierno y un completo sufrimiento, batalla tras batalla, herida tras herida, asesinato tras asesinato, todo lo que hice en el pasado parecía que había hecho mella en mi… pero ahora, tras todo esto, finalmente me encontraba en un lugar seguro, lejos de todo, solamente acompañado por Elizabeth y su dulce presencia. Pero había algo que no me quedaba del todo claro: ¿Realmente había acabado todo? ¿Finalmente éramos libres? ¿El pasado seguiría persiguiéndonos?...
Daba igual ahora… ya llegará el momento en el cual todas aquellas preguntas serán respondidas, ahora no había tiempo de pensar en ello ni en nada mas…
Pues tenía a Elizabeth a mi lado y ahora nada me impediría estar junto a ella. Nuestro abrazo aún se mantenía fuerte e inseparable, ni siquiera me percataba de cuánto tiempo llevábamos así, pero al parecer a ninguno de los dos nos importaba. Eran pocas las veces que la había abrazado, y en este momento al tenerla entre mis brazos me imaginé estar abrazando a la pequeña e indefensa bebé que entregué a Robert Lutece en el pasado.
—Booker —sus suaves palabras llamaron mi atención y me sacaron de mis pensamientos
—¿Qué pasa, Elizabeth? —respondí unos segundos después
—¿Por qué?... —dijo en un susurro incompleto, para después continuar —¿Por qué aquí? Pudiste haber escogido cualquier otro lugar, uno en el que tu quisieras… pero… ¿Por qué aquí, Booker?
Apoyó su cabeza contra mi hombro, y yo recargué levemente mi cabeza en la suya, procurando no hacerle daño
Cerré los ojos un momento para pensar acerca de lo que debí responder, pero era mejor decir la verdad y no buscar pretextos, rodeos o excusas, debía hablar con sinceridad y sobre todo a ella. Ya le había mentido una vez en Columbia… no lo haría otra vez.
Nos vimos obligados a deshacer un poco nuestro abrazo, distanciándonos un poco para poder hablar de frente y mirarnos el uno al otro
—(suspiré) Elegí este lugar porque yo quise hacerlo, sentí que esto era lo mejor. Siempre quisiste esto, además, te prometí que lo haría… esto, Elizabeth, lo hice por ti —al final, me incliné por decirle la verdad
Entonces las lágrimas comenzaron a asomar por sus ojos para después resbalar por sus mejillas, entonces volvió a abrazarme de nuevo, esta vez con más fuerza
—Gracias…
Entonces sonreí y miré hacia la ventana más cercana a nosotros, la cual estaba a un lado de la puerta principal de la casa, a través del cristal perfectamente transparente pude distinguir una ciudad, sonreí más satisfactoriamente cuando me di cuenta de que era la ciudad a la que yo había decidido venir, todo había salido bien. El dirigible "interdimensional" había cumplido su trabajo, por la ventana se veían algunos edificios y casas que ya comenzaban a encender sus luces ante la llegada del ocaso del día, recortada contra los colores aureorojizos del atardecer la torre Eiffel se veía hermosa, estábamos en Paris sin duda alguna.
Elizabeth siempre quiso venir aquí, lo supe por los magníficos cuadros que ella pintaba en su torre, lo supe también por el desgarro que ella abrió hacia este lugar, pero nunca puso un pie dentro, nunca escapó a pesar de tener la oportunidad. Ella siempre hablaba de este lugar, aún recuerdo sus palabras en el dirigible, cuando le mentí diciéndole que la traería: "Quiero ver Paris, y también quiero ver… todo" …
Ese día dudé las coordenadas que debía introducir, Nueva York o Paris, pero en aquella ocasión el deber ganó. Lo que nunca imaginé es que ella supiera coordenadas geográficas. Sin duda, Elizabeth era una bella y letal caja de sorpresas.
Era hora de cumplirle, ella lo merecía después de haber pasado y soportado tanto. Aunque yo también necesitaba unas largas vacaciones… ahora era momento de salir a esa ciudad de la que Elizabeth hablaba tanto y ver que es lo que tenía de interesante. Tal vez hasta yo podría llegar a disfrutarlo. Solo teníamos que cruzar la puerta…
—Esto es para ti, Elizabeth… —le dije, rompiendo nuestro abrazo y mirándola a los ojos. —todo lo hice por ti
…
…
Elizabeth se tranquilizó después de unos minutos, el llanto había sido reemplazado por alegría incontenible. Ella decidió salir a las calles de Paris con lo que ya llevaba puesto, y la verdad es que se veía bastante bien, el deseo de salir afuera le ganó a la necesidad de arreglarse. Yo solo arreglé un poco mi vestimenta, debido a que me sentía cómodo y en ese momento no me apetecía estar probándome ropa, sacudí el polvo de mi pantalón y de mis zapatos, arreglé las mangas de mi camisa pasando una mano por encima de la tela para disimular y alisar las arrugas, abroché mi saco quitándome las sobaqueras pues ya no había necesidad de usarlas y presentí que tampoco la habría nunca más, además de que un tipo con sobaqueras llamaría mucho la atención en las calles de la ciudad, lo que menos quería era un conflicto con los ciudadanos o la policía, acomodé el cuello de mi camisa y ajusté mi pañuelo rojo. Después fui al baño a lavarme las manos y el rostro para quitarme las salpicaduras de sangre, con suerte estas no se verían en mi ropa. Me lavé la cara y acomodé mi pelo.
Al volver a la puerta, Elizabeth ya me esperaba impaciente
—Llegué a pensar que no encontrabas que ponerte, DeWitt —dijo un poco divertida —pero parece que te probaste todo para terminar vestido igual que antes, aunque admito que te ves un poco bien
—Es mi mejor traje, los otros… bueno, la mayoría los vendí para comprar licor en momentos de embriaguez en los que quería un poco de paz… pero eso ya no importa —respondí, mirando mi traje y acomodando el chaleco un poco, no sin cierta vergüenza por la confesión, pero hay ocasiones en las que la compañía de una botella es muy necesaria.
Entonces, llegando a su lado, y recordando algo de modales le ofrecí mi brazo para que ella pasara el suyo entre el hueco que quedaba entre mi costado y mi brazo. Después de todo, aun siendo un tipo duro, frio y serio tenía mi lado caballeroso.
—Y… llámame Booker —le recordé antes de abrir la puerta para salir a la calle, ella solo respondió con una sonrisa. Ya ni siquiera sé si me llama por mi apellido intencionalmente para bromearme o si de verdad olvida que no me gusta que me llame por mi apellido.
Y así, con nuestros brazos entrelazados salimos a las calles de Paris, iluminadas por la escasa luz del ocaso y por los faroles de las calles que habían comenzado a encender para que al anochecer, iluminaran las calles en la ausencia de la luz del Sol.
Elizabeth se veía emocionada del todo, pero parecía contenerse. Miraba de un lado a otro, observando a la gente, sobre todo los vestidos que al parecer estaban de moda.
Esto se sentía algo incomodo, ella era mucho más joven que yo y la gente lo notaba. ¿Qué pensarían que seriamos? ¿Padre e hija? ¿Amigo y amiga? ¿Novio y novia? Estas preguntas circulaban por mi mente y daban vueltas en mi cabeza.
—¡Mira Booker! —dicho esto, casi al instante se soltó de mi brazo y corrió hacia la gente, perdiéndose con asombrosa rapidez y agilidad entre la multitud
—Elizabeth —la llamé al mismo tiempo que intentaba tomar su mano para detenerla e ir con ella, pero ella fue más rápida —Espera
Me dirigí hacia la multitud en la dirección en la que ella había ido, tratando de abrirme paso educadamente, aunque fuera una sola vez en mi vida traté de decir "disculpen" "con permiso, gracias" "por favor". Era extraño no estar abriéndome paso con los codos, o disparando al aire para dispersar la multitud a mi alrededor, aunque me hubiera gustado hacerlo. En esos momentos me preguntaba cómo demonios Elizabeth había atravesado a toda la muchedumbre sin empujones ni traba alguna.
Comencé a alarmarme cuando no pude localizar a Elizabeth, iba a empezar a preguntarle a la gente si sabían algo de ella. Entonces la divisé entre la multitud, Elizabeth estaba caminando hacia un pequeño puesto de dulces dándome la espalda, la reconocí por su blusa blanca, su falda azul y su cabello castaño. Avancé entre la multitud hacia la joven, me esforcé por no empujar o pisar a alguien, pero me fue imposible no hacer lo segundo y tuve que pedir unas cuantas disculpas, aunque no sabía si me entendían o no. Me acerqué a Elizabeth, estaba dándome la espalda, comprando algunos dulces en un pequeño puesto.
Cuando estuve a unos cuantos pasos de ella, le llamé la atención. O eso pretendía.
—Elizabeth ¿Por qué has… —mi tono de voz fue algo fuerte, por lo que ella se sobresaltó
Entonces ella se volteó para verme, y fue cuando me di cuenta de que ella no era Elizabeth, pero el parecido era extraordinario
—Excusez-moi —dije, recordando un artículo de francés que había leído en un periódico, buscando la forma de disculparme con la joven
La chica aún se veía algo asustada, tal vez pensó en que yo la asaltaría, se fue calmando poco a poco después de mi disculpa.
—Aucun problème monsieur —me respondió ella aún algo desconfiada, no entendí lo que dijo, pero supongo que aceptó mis disculpas. Creo que solo aprendí a decir "discúlpeme" en francés.
Me di la vuelta, incómodo. Debía seguir buscando a Elizabeth y debía olvidar también lo sucedido.
Comencé a alarmarme un poco más, recorrí todo a mi alrededor con la vista, tratando de ubicarla entre la gente, mis ojos iban y venían de un lado a otro examinando a cada persona que había en el lugar, tratando de encontrar semejanzas entre sus ropas y las de Elizabeth… pero no había rastro ni de eso, giré un poco mi cuerpo para comenzar a examinar otra parte de la plaza en donde había más grupos de gente que platicaban cómodamente.
Jóvenes enamorados por doquier, señores trajeados con cigarrillos en la boca hablando de política y negocios por allá, algunas familias por otro lado que disfrutaban de un lento paseo por las calles Parisinas, por otro lado, caminaban unas cuantas mujeres jóvenes acompañadas de sus recatadas chaperonas, por acullá uno que otro tipo con mala pinta evitando a apenas unas cuantas binas de policías que recorrían el lugar.
Pero ni mezclada entre los grupos ni mirando las cosas curiosas de los puestos, ni husmeando conversaciones ajenas se encontraba ella.
—Mierda —pensé —¿Dónde estás, Elizabeth?
Dejé de concentrar mi búsqueda en las personas y observé los inmuebles circundantes, comencé a relajarme cuando dirigí mi vista hacia una tienda no muy lejana, en el interior había algunos niños con sus padres, no me sorprendió pues en la entrada del negocio había un cartel que decía: "Chocolate"
Hice una media sonrisa y me reí levemente antes de rodar los ojos. Había dado con el más que obvio paradero de Elizabeth.
Entré en el negocio, completamente seguro de que encontraría a Elizabeth en ese lugar. El olor a chocolate se infiltró por mi nariz colándose hasta mis pulmones, hostigándome un poco al inicio, tal aroma no era de mi agrado del todo o más bien no estaba acostumbrado a la cercanía de tanto chocolate… maldito dolor de cabeza. Mientras inhalaba más profundo intentando acostumbrarme al olor comencé a imaginarla mirando centenares de vistosas y adornadas cajas que albergaban chocolates franceses en su interior.
—Supongo que podría acostumbrarme a esto —dije en voz baja mientras volvía a llenar mis pulmones de aire (si es que eso seguía siendo aire) mezclado con aroma a cacao.
Después de caminar un poco dentro de la tienda y apartar a las personas educadamente, al fin la encontré. Y al parecer mis sospechas eran ciertas: Elizabeth estaba parada frente a un enorme estante repleto de diversos chocolates sueltos o en cajas, con formas moldeadas o en forma de tablilla, ella se veía completamente entusiasmada, y el deseo de probar uno de aquellos manjares se le notaba en el rostro. Me sentí con ganas de complacerla, verla sonreír y disfrutar, verla feliz. Así que no fui con ella, en vez de eso me dirigí al mostrador principal de la tienda.
Varias veces en el pasado había dado lecciones con mano dura a soldados que querían abandonar el frente antes de comenzar su primera batalla, también admito que no tenía fama de tratar bien a los novatos… pero me ablandaba con ella, simplemente no podía hablarle mal, al principio si pues no me importaba lo que le pasara o el daño que le pudiera hacer durante su traslado a Nueva York… pero ahora las cosas han cambiado, ahora se trata de todo lo contrario, quiero que ella esté a salvo. Elizabeth parecía no notar mi presencia en el lugar, o tal vez ya sabía que yo estaba ahí, pero prefería ignorarme. Como si supiera que yo al ver su entusiasmo le compraría algo. Al parecer eso le funcionó muy bien, pues no pude resistirme y caí en su juego… ella ganó, y sin que ella me lo dijera me dirigí al mostrador principal.
Después de intercambiar dinero por algo en el mostrador me dirigí hacia ella y le hablé con suavidad, dejando mi enojo a un lado, siendo cuidadoso al asegurarme de que esta vez en verdad fuera ella y no otra desconocida. No quería pasar por otra situación embarazosa el día de hoy. Al parecer observar sus gestos me había logrado suavizar y también me había hecho olvidar mi enojo
—Elizabeth, vamos debemos irnos ya, aún queda mucho por recorrer —dije al llegar junto a ella mientras escondía algo en la bolsa interior de mi chaleco sin que ella lo notara, mi tono de voz fue suave, conteniendo las ganas de… ¿regañarla? ¿por curiosear y disfrutar de su libertad, acaso?
Ella se dio la vuelta y me miró con ojos de felicidad, asombro y Dios sabe que más emociones eran distinguibles en sus gestos. Me miró sin culpa, como si no se arrepintiera de su repentino escape y del infarto que casi me provoca por perderla, iba a empezar a cortar cabezas hasta dar con su paradero, pero por suerte eso no había sucedido
—¡Booker! ¡Esto es increíble! —respondió, casi se podría decir que se veía como una niña pequeña
Enserio, después de casi provocarme un infarto y prácticamente escapar, se le veía alegre, como si no se sintiera apenada, culpable o algo así
—Elizabeth… por fin te encuentro —me limité a responder solo eso, porque en esos momentos mi cerebro fue bombardeado por un sinfín de cosas por decirle, pero lo único que llegó a salir de mis labios fue eso.
No sé qué pensar de ella, al igual que ni siquiera sé qué hacer con ella. ¿Debía llamarla Anna o Elizabeth?... ¿Debía ser su padre o su protector y amigo?... después de todo lo que ha ocurrido me es difícil decidir, cuesta pensar con tantos giros y enredos inesperados sucedidos. Es increíble como la vida que conoces puede cambiar en un día y llevarte a una completamente distinta. Pero es que esto ya no tiene ni pies ni cabeza, o los tiene, pero yo ya los he perdido con tantos reveces, después de los que he visto ya ni siquiera sé si la realidad en la que estamos es la correcta…
—pero era más que obvio donde estaba ¿No es así? —ella hablaba como si yo fuera un adivino que leía las mentes y sabía a donde se dirigiría cada persona
Me puse a pensar en mi respuesta, pero creo que mi cerebro no lograba formar una frase apropiada para la situación. Lo único que llegó a mi confundida mente fueron más y más pensamientos y divagaciones paranoicas extrañas.
¿Y si somos una vil copia de nuestro verdadero yo que vive en una realidad diferente?
¿Y si todas las absurdas leyes que el hombre ha creado para tratar de entender las cosas fueran incorrectas? Porque a fin de cuentas eso son, tan solo formulas y leyes que hicimos para combatir nuestro miedo a no entender las cosas que suceden a nuestro alrededor… creadas para tener la vaga ilusión de que controlamos y/o entendemos nuestro entorno y a la naturaleza, pues, ¿Quién no se siente a salvo o seguro cuando sabe por qué pasan las cosas?
En la antigüedad la explicación que le daban a lo que no entendían, y esa explicación era que las cosas eran causadas por acto divino… dioses del agua, dioses de la lluvia, del día y la noche, de esto, de aquello, etc… y todos decidían creerlo.
Hoy en estos días de 1912 es prácticamente lo mismo, pero es la ciencia la que intenta explicarlo todo… y curiosamente seguimos dejándonos llevar por lo que digan… en algunos años, décadas o siglos incluso, puede que surjan nuevas "cosas" que traten de explicar mejor el porqué de las cosas. Parece que los Lutece sabían de esto, y trataron de ir más allá que la ciencia moderna permitía
Pfff… si los científicos de la actualidad vieran lo que Elizabeth puede hacer se derrumbarían todas sus teorías y leyes, y como siempre tratarían de darle una explicación, y si no la encuentran tratarían de destruirla, y de ocultarlo. Siempre con el temor a lo desconocido y a lo que la ciencia no puede explicar o controlar…
Sigue costándome un poco pensar, pero mis recuerdos ahora están claros o al menos la mayoría lo están, por suerte no he vuelto a tener más sangrados de nariz. Era bueno, pues el hecho de que sangre la nariz al tratar de recordar algún fragmento de mi pasado resulta alarmante para mí. Pero bueno, ahora puedo pensar con más lucidez.
Todo esto era una demencia, ¿Cómo saldríamos adelante en esta ciudad desconocida? Tendría que buscar un empleo en algún lugar, guardia de seguridad de un banco, retomar mi trabajo como investigador privado era una de las mejores opciones que se me vinieron a la mente. Y supongo que ella también querrá trabajar para ayudarme en algo y repartir los gastos entre dos, pero por ahora nada es seguro aún.
Elizabeth es una buena persona, y en lo personal le tengo mucho afecto al igual que le tengo miedo… quién no le tendría miedo después de ver lo que es capaz de hacer. Me gusta estar a su lado, lo disfruto de hecho, pero siento que en cualquier momento puede borrar mi existencia o meterme en un desgarro y cerrarlo para dejarme atrapado en alguna otra parte.
Tonterías, ella nunca lo haría… ¿o sí?...
—¿piensas quedarte parado frente a mí? Esto es incómodo DeWitt —su voz me sacó de mis pensamientos de teorías conspiratorias
—Emmm… estaba pensando un momento —respondí sacudiendo un poco la cabeza para despejarme de ideas raras —como sea, debemos irnos —finalicé
Ella me miró con un gesto extraño, e hizo una media sonrisa. Ni siquiera tenía la noción de cuento tiempo estuve pensando con la mirada perdida en el mar azul de sus ojos
—eh, espera un momento, todo esto es genial. —me dijo mientras observaba todo a su alrededor dando una pequeña vuelta con los brazos extendidos, para después detenerse frente a mí al notar mi expresión de desagrado, fue entonces cuando cambió su tono de voz — Aunque supongo, que tienes razón DeWitt, aún queda mucho de la ciudad por ver —lo último me sorprendió ¿A qué se debía su cambio de parecer?
Salimos de la tienda de chocolates, me había acostumbrado al aroma y no me estaba resultando tan malo después de todo, pero volver a respirar aire fresco era un estupendo regalo. Cerré los ojos y aspiré profundamente, levantando los brazos
—¿Por qué la cara de hace un rato? —preguntó de pronto
—¿De qué hablas? No tengo ninguna cara —le respondí soltando el aire y dejando caer mis brazos para que volvieran a su posición a mis costados
—La cara que tenías en la chocolatería —aclaró, en ese momento supe a qué se refería —te veías muy mal, Booker, fue por eso que decidí salir de allí
—Mierda —pensé
—La verdad es que no estoy muy acostumbrado a lugares así, mucho menos al aroma del chocolate —fui sincero, la verdad…
Ella soltó una leve risilla que no tardó mucho en contagiarme, no reí a carcajadas, pero si un poco, tratando de contenerme. No sé por qué se reía, no había dicho nada gracioso, tal vez solo se burlaba de esa forma de mi disgusto por el chocolate.
—Un momento —paró de reírse en seco, como si algo la hubiera alarmado —¿Tú te estas riendo? Eso sí que es una novedad… —en ese momento paré de reír al instante y puse cara de amargado— casi nunca lo haces… y… okey, está bien…
Fue deteniendo sus palabras al contemplar mi cara casi de estatua, sin movimiento ni expresiones notorias.
Después de un incómodo momento seguimos nuestro camino por las calles de la ciudad, la verdad es que estaba comenzando a disfrutar de la ocasión. Caminar por las calles de la ciudad sin ser perseguido es algo que se disfruta al máximo, andar por aquí y por allá sin el temor a ser recibido a tiros en cualquier esquina, casi había olvidado lo que se sentía.
Elizabeth seguía desviándose del camino, pero esta vez me llevaba a rastras con ella, jalando mi brazo, mi mano o mi chaleco para indicarme que quería ir a algún lado. De cierto modo agradecía que me llevara con ella y que no se escapara de nuevo, la mayoría de las veces casi caí al suelo tras tropezar por los jalones de Elizabeth. Era divertido, lo admito.
Lo que no se es que pareceríamos para los demás. Padre e hija que juguetean por la calle, una joven y un viejo alocados… no lo sé. Siempre que me detenía a pensar en ello, Elizabeth me llevaba con ella a un nuevo lugar que le interesara.
Tiendas y más tiendas, entrabamos solo a pocas claro, incluso una cerrajería fue una de nuestras paradas, Elizabeth terminó enseñándole al encargado y a su ayudante como abrir cerraduras complejas usando solo una ganzúa como herramienta, incluso se formó un pequeño ruedo de gente alrededor, algunos interesados prestaban atención al tema y a las cosas que Elizabeth estaba enseñando para forzar cerraduras, otros solo iban a ver con atención a la hermosa maestra que compartía sus conocimientos.
Y lo mismo pasó en dos bibliotecas, Elizabeth dando datos de autor, hechos curiosos, narrando aventuras que leía en sus libros, describiendo ciudades lejanas que solo había visto gracias a sus desgarros, claro que no dijo palabra alguna sobre estos últimos ni sobre sus habilidades para manipular el espacio-tiempo… o como se llame.
Habló también sobre "su héroe": Booker DeWitt, la verdad es que esa parte no me la esperé jamás. Pero así es como ella me llamó, y solo levanté una ceja, incomodo, ante las palabras de Elizabeth. No habló sobre Columbia ni nada de eso, solo dijo algunas partes, pero no dio explicaciones ni detalles ni nada por el estilo, les contó sobre la Batalla de WoundedKnee y sobre como la rescaté de unas personas que la habían secuestrado, de cómo la defendí de un ladrón y otras cosas, al parecer eso impresionó a la gente y me gané algunas miradas indiscretas de las damas, las cuales no correspondí ni con una sonrisa, yo solo veía a Elizabeth hablar sobre mis hazañas.
Sacarla de allí fue todo un reto, pero al cabo de unas horas (si, horas), lo conseguí, para entonces el reloj marcaba ya las 11:45. Me las arreglé para que la gente volviera a sus casas mencionándoles lo tarde que era para volver a casa, que era mejor marchar a sus hogares a descansar antes de que la noche avanzara más, al principio no pareció convencerlos del todo, pero Elizabeth notó mis intenciones y comenzó a fingir dolor de garganta y dificultad para hablar, fue entonces cuando se marcharon.
Los faroles ya iluminaban algunas partes de las oscuras calles de Paris, las doce campanadas de media noche estaban comenzando a sonar en los campanarios de las iglesias, algunas personas aún estaban en las calles, no tantas como unas horas atrás, pero aún había unas cuantas, sin contar a los policías que ahora iban en grupos de cuatro.
Había algunos lugares para visitar, los que se me ocurrían en ese momento eran el rio Sena, la catedral de Notre Dame, la torre Eiffel…
Yo caminaba a paso un poco rápido por delante, mientras que ella me iba siguiendo, a veces se ponía a mi lado tratando de mantener el paso, pero ahora solo se dedicaba a poner su bota en donde yo había puesto mi zapato, como si siguiera mis pasos, pisando donde yo pisara. La oía murmurar cosas sin sentido e inentendibles, llegué a escuchar algo como: "¿Cómo da semejantes zancadas?" "Lo hace a propósito, sabe lo que estoy haciendo" "Booker "piernas-largas" …" etc…
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó de pronto, pues desde hace rato que no hablaba, tal vez su garganta si le estaba haciendo pasar un mal rato o se había cansado de juguetear con mis pasos.
—Pues, un amigo vino a Paris hace mucho tiempo, y me contó sobre un lugar en el que preparan un buen café, té, chocolate y esas cosas. Me dijo dónde está, y más o menos se llegar, si quieres podemos ir —dije esto último deteniéndome y girándome un poco para verla
—La verdad es que te iba a preguntar en dónde íbamos a cenar, pero parece que ya has pensado en eso —me respondió mientras se llevaba la mano al estómago, evidenciando su apetito
Hice una media sonrisa
—Espero que el café sea bueno en realidad, no quiero tener que probar otro café "al estilo del viejo DeWitt"—dijo lo último haciendo comillas con los dedos, bromeando sobre el café que hice en nuestra casa en Maine
Me pasó de largo y siguió caminando alegremente por la calle. Mi media sonrisa se transformó en una sonrisa apenas esbozada con los labios.
—Es por acá —mencioné señalando una calle lateral con el pulgar
Dio media vuelta y se encaminó de regreso a sonde yo estaba
—No creas que no lo sabía, solo quería ver que había más adelante —esa respuesta por parte de ella provocó que soltara una pequeña risilla
Tomamos la calle que yo había señalado rumbo al café
—No me digas que también venden tus famosos Hot Dog Supergrasiento Superquemado Ultracocinado del Superchef Booker DeWitt. Porque si es así, prefiero comer solo fruta de nuevo —ella volvió a soltar un comentario sobre la noche que hice de cenar Hot Dogs y Café en Maine. Maldita nostalgia.
—HDSSUSBD para abreviar —comenté
—Si abreviado se dice así, entonces creo que prefiero decirlo completo —se burló de mi genial abreviatura
Ambos reímos un poco, ella más que yo
—¿Cómo lo llamarías tu entonces? —le pregunté, apuesto a que esa no se la esperaba
Ella lo pensó apenas unos segundos
—Creo que no hay nombre para describir tal abominación, esa pobre salchicha no se lo merecía
…
…
Después de algunos minutos más, charlando y bromeando sobre mis intentos fallidos de Hot Dog, llegamos al café. Creo que a Elizabeth le fascinó el lugar, sobretodo la vista. En todo el camino no había levantado la vista el cielo hasta ahora, se había mantenido mirando el suelo, tratando de seguir mis pisadas. Al salir de la calle nos encontramos en una amplia plaza, y Elizabeth al ver la gran estructura que se erigía allí, se quedó atónita, paralizada. Por fin la tenía ante sus ojos, la gran torre metálica que siempre había deseado tocar, a la que siempre había anhelado subir, la torre que siempre dibujaba en sus cuadros en las tardes en las que la inspiración llegaba, la torre que siempre veía en sus desgarros, en distintas épocas y en distintos ángulos.
—Booker —dijo con voz cortada, tratando de contener las lágrimas que comenzaban a asomarse por sus ojos
—Esto es lo que querías, Elizabeth. Y ahora la tienes frente a ti, pero ahora muero de hambre —tal vez arruiné el momento, pero de verdad que tenía hambre, y un mesero ya se acercaba a nosotros para atendernos
Me siguió a la mesa, el lugar tenía mesas afuera con algunos paraguas encima que en el día servían para hacer sombra en el día, y en la noche se podría decir que no tenían utilidad.
Cortésmente separé la silla de la mesa para que ella se sentara, aún recordaba algo sobre esto, por suerte
—Gracias —dijo ante mi gesto —cuando te conocí no me parecías un caballero
Reí un poco, sin saber que contestar
El mesero nos atendió amablemente. Yo pedí un café cargado, sabía que esta sería una noche larga y ya no tenía las mismas energías que alguien con la edad de Elizabeth, yo ya soy una reliquia de tiempos inmemoriales.
—¿Y para su hermosa hija? —preguntó el mesero con su acento francés ¿de verdad me veía tan viejo? Sus palabras causaron un ligero rubor en Elizabeth, ella no estaba tan acostumbrada a recibir halagos tras pasar gran parte de su vida recluida en una torre, por lo que esas cosas le pasaban de vez en cuando
Elizabeth iba a hablar, pero yo le gané la palabra. Recordé algo sobre esa noche en Maine, una receta que memoricé sabiendo que la necesitaría algún día. No había ocasión más perfecta.
—Para ella un café no muy cargado, tibio, claro, con dos cucharadas pequeñas de azúcar y crema, y que tenga espuma… —dije, recordándola a ella preparándose su café después de probar el mío, mi café no le gustó y me dijo que se prepararía uno, esa noche traté de memorizar como lo hizo, tal vez no del todo bien
El mesero anotó todo en una pequeña libreta
—Enseguida señor, señorita —dicho eso, se introdujo en el local con su libretilla en la mano
Después de que nos dejase solos, Elizabeth habló
—Booker, lo recordaste…
—Claro que si, siempre supe que lo necesitaría…
Ella no contestó, solo se quedó mirándome
—¿Olvidé algo? —pregunté después de un rato, al notar como ella seguía mirándome, tratando de contener su risa —¿Qué pasa?
—En realidad, iba a pedir un té
Hola ! He vuelto al fin
La verdad es que no tenía muchas ganas de escribir, ademas de que descargué algunos Assassin´s Creed en mi lap y he estado tratando de completarlos al 100% y planeo escribir sobre el juego pero eso será en un futuro. De pronto me llegó la inspiración nuevamente, ademas sentí que ya tenía mucho tiempo sin actualizar y ya extrañaba el fic... lo bueno es que el semestre llega a su fin, ya estoy en exámenes finales y pues tendré mas tiempo para escribir. esto casi acaba amigos(as).
Me alegra estar de vuelta, no puse nota de autor al inicio para que entraran a la lectura directamente (aunque no sé si leen las notas de autor completas). pero bueno, tengo más ideas en mente y espero realizarlas.
el siguiente capitulo no tarda (eso espero). tengo mucho que decir pero no quiero alargar demasiado esta "nota". Perdón por tardar tanto en subir este capitulo, pero lo he hecho un poco mas extenso que los anteriores.
Gracias por leer. Nos vemos :)
