LEED EL CAPÍTULO ANTERIOR! Solo por si no os habéis dado cuenta de la publicación.
Estoy en un jardín con plantas de flores oscuras. A mi lado hay una fuente con serpientes talladas en la piedra negra y un rosal muerto y más allá de los árboles se distingue un gigantesco palacio negro.
(Nunca he estado en este lugar, pero creo que lo reconozco.)
-¿Qué hago aquí?
De repente una figura vestida de blanco salta el muro que separa los jardines de lo que creo que es la ciudad. Cae con agilidad sobre un banco y se quita la capa blanca con un gesto rápido. Debajo lleva una elaborada armadura de acero estrellado.
-¡Zarai! ¿Qué está pasando?
Parece que mi compañero demonio no me oye, porque no me mira, simplemente observa sus alrededores. En sus manos están Wyrda y... ¿Mugen? (¿Qué hace con mi espada?)
Antes de que pueda pensar una respuesta a mi propia pregunta otra figura, esta negra, le ataca con una monstruosa espada. Zarai bloquea con ambas espadas y lanza otro ataque.
Ambos luchan a muerte. El rostro de Zarai muestra furia absoluta, pero sus ojos... sus ojos brillan tristes.
Con un movimiento demasiado rápido como para verlo la figura oscura clava su espada en el abdomen de Zarai, quien lanza un grito agónico. Un hilo de sangre se desliza por la comisura de su boca. Me quedo paralizado. (No puede haber perdido.)
-¿Y tú pensabas matarme, Zarainur? ¡Ja! Solo tengo que sacar la espada por arriba y estarás acabado.
Zarai levanta las espadas y las coloca en cruz contra el cuello de su adversario. Sonríe siniestramente.
-A veces hay que darle al enemigo lo que quiere para ganar, Kyrat. Te echaré de menos, hermano.
En un movimiento rápido separa Wyrda y Mugen, llevándose por delante el cuello de su enemigo. Hay un momento en el que el tiempo se paraliza y entonces el cuerpo cae al suelo de lado. Zarai suelta las espadas en el suelo y coge la empuñadura de la que está atravesada en su cuerpo. La retira despacio, sin una sola mueca de dolor.
Cae al suelo de espaldas. En ese momento reacciono y corro hacia él. Su cuerpo atraviesa mis brazos. A los pocos segundos hay un gran charco de sangre a su alrededor. Sus manos intentan presionar la herida inútilmente.
Su cabeza cae pesadamente en el suelo y sus ojos se desenfocan mirando hacia el cielo.
-Zarainur... no, no puedes morir así. ¡Zarainur, vamos, levántate!
Sus ojos vuelven a enfocarse y gira la cabeza hacia un lado. Sigo su mirada y me sorprendo al ver una única rosa blanca en el rosal que yo había tomado por muerto. Veo su sonrisa.
-Sí, tengo que cumplir mi promesa-hace el intento de levantarse-. No puedo dejarle solo de nuevo.
Lanza un grito cuando fuerza la herida y cae de nuevo. Cierra los ojos, susurra una última palabra y veo cómo mi amor muere.
-¡ZARAINUR!
Me siento jadeando en la cama. Siento una gota de sudor bajar por mi cuello. Me sobresalto cuando una mano se cierra alrededor de mi muñeca. Me giro para ver unos ojos grises brillantes en la oscuridad.
-Ven aquí.
Normalmente no estoy a favor de los abrazos, pero esta vez me acurruco a su lado. (Su calor es reconfortante.) No dice una sola palabra más, pero sé lo que busca. Confianza.
-Te ví morir. Y yo... no podía hacer nada. Estaba tan asustado...
-No pasa nada, era solo un sueño, estoy aquí.
-Pero parecía muy real.
Empiezo a contarle el sueño y siento sus brazos tensarse a mi alrededor.
-Esos eran los jardines de los infiernos. Ese rosal... lo plantó mi padre cuando nací, la única planta blanca de allí abajo. Yuu, has tenido una premonición.
Me aparto en un instante y le miro.
-¿Qué significa eso? ¿Que vas a morir? No pienso permitirlo.
Su mano me acaricia la mejilla suavemente y su cola me hace cosquillas en el muslo. Coge mi mano izquierda y besa la marca de compañeros que rodea a muñeca.
-Una premonición es solo un posible futuro. Créeme, ahora que tengo la vida que quiero no voy a dejarla tan rápidamente. Desde que puse mis ojos en tí te convertiste en la gravedad de mi vida, cada promesa se centra en tí de algún modo. No voy a dejarte, lo prometo.
Aprieto la mandíbula y le abrazo con fuerza
-Te quiero. Te quiero muchísimo, mi demonio.
-Tanto como yo a tí, mi ángel.
(El calor de su cuerpo, el olor de su piel, los latidos de su corazón... todo ello vuelve a fundirme con el sueño tranquilo que he llegado a relacionar con él.)
Me despierto en una cama vacía. Me siento y observo que la ropa de Zarai no está en la silla donde la lanzó anoche. Tampoco Wyrda está sobre el escritorio.
Me levanto y empiezo a ponerme la camisa blanca y los pantalones oscuros. Me recojo el pelo con los palillos de oro y zafiro que me regaló hace bastante.
Enganchó Mugen y las flechas en el cinturón y cojo el arco antes de salir. Mi primer destino es el comedor. (No está aquí, lo que es extraño para su horario. Suele despertar temprano, desayunar mucho y salir a entrenar durante horas.)
-¿Sabes dónde está Zarai, Hev?
Ella niega con la cabeza.
-No le he visto y llevo aquí desde el amanecer.
Le doy las gracias y me dirijo a la forja. (Quizás esté ahí.) Al abrir la puerta me encuentro con silencio. El río de lava de la esquina emite un ligero resplandor y todas las linternas están apagadas.
(¿Dónde te has metido, Moyashi?)
Voy a dirigirme de nuevo a la torre cuando el sonido de unas campanas de cristal me llaman la atención. Miro hacia arriba para ver a Gabriel volar hacia mí.
-¡Kanda!
-¿Qué ocurre, Gabriel?
-Es Zarainur, ha ido a enfrentarse al Conde él solo.
Eso me paraliza. (No puede haberlo hecho.)
-Iré a reunir a los otros.
El arcángel asiente y voy corriendo a toda velocidad al comedor. Entro y miro alrededor.
-Zarai ha ido a enfrentarse al Conde.
Con eso todos se ponen en marcha, cogiendo sus armas y poniéndose sus chaquetas. Nos reunimos de nuevo con Gabriel en los jardines y él nos transporta a todos.
Al llegar solo vemos destrucción y llamas blancas por todas partes. (¿Lo has hecho tú, mi demonio?)
Escuchamos un grito y reconozco la voz.
-¡Zarainur!
Me adelanto corriendo. (No voy a dejarle luchar solo.)
Atravieso unas grandes puertas destruidas y lo que veo me paraliza. Caigo de rodillas.
Mi compañero está inerte, su cuello sujeto entre las manos del Conde. Ríos de sangre se deslizan por sus brazos y caen el charco de sangre en el suelo. Sus ojos grises miran fríos al cielo y una sola lágrima cae por su mejilla.
-Buenos días, joven Kanda. ¿Eres tú esa persona por la que este demonio ha luchado tanto? Es una pena que tanto poder se vea desperdiciado en una estúpida causa.
Cierro las manos en puños y le miro con odio. Siento algo en mi espalda y escucho los jadeos ahogados de los otros Exorcistas, pero mi único objetivo es mi compañero.
-¡VAS A PAGAR POR ESTO, CONDE!
Me lanzo a por él con una velocidad que no sabía que tenía. Él suelta a Zarai sorprendido y le sigo para golpearle. La furia corre por mis venas. (Por mi compañero.)
Derrapo por el suelo y me agacho, colocando una flecha en el arco. Disparo al Conde. La punta de acero divino se envuelve en un brillo negro. El Conde no puede esquivarla y se clava en su corazón con una precisión mortal. Su cuerpo se convierte en polvo.
Respiro hondo y me levanto. Es solo entonces cuando veo que mis manos está brillando ligeramente. Siento un peso reconfortante en mi espalda y giro la cabeza para ver qué es. Plumas azul cobalto me saludan. (¿Plumas? ¡Alas! ¡Tengo alas!)
Nada más pensar en esto, los extremos empiezan a consumirse y las alas van desapareciendo sin hacerme daño. (Creo que he visto mi forma de ángel.)
Un gemido me hace reaccionar y en menos de un segundo estoy junto a mi compañero. Sus heridas son mucho peores de lo que parecen. Marcas de garras en el cuello, largos y profundos cortes en ambos brazos, tres costillas rotas, desgarros en los músculos de las piernas, tobillos rotos. (Está al borde de la muerte.)
-¡Zarai! ¡Abre los ojos! ¡Vamos, no puedes quedarte inconsciente!-los ojos grises siguen cerrados y casi no respira-. ¡Me prometiste que no me dejarías! ¡Eres un mentiroso! ¡¿No eras un demonio de honor?! ¡DESPIERTA DE UNA VEZ!
No puedo evitar llorar. (Mi sueño se está haciendo realidad delante de mis propios ojos.) Sujeto lo que queda de su camisa con fuerza y me inclino sobre él, todavía sin dejar de llorar.
(Su olor a sándalo se ha desvanecido casi por completo para ser sustituido por el cobrizo de la sangre. Su calor está desapareciendo. El color de su piel se está volviendo grisáceo. La marca de mi muñeca pica con intensidad.)
-Por favor, no me dejes solo... No podría soportarlo de nuevo...
Escucho las campanillas de cristal que suenan siempre que los arcángeles mueven las alas y siento la mano de Gabriel en mi hombro.
-Ya es demasiado tarde, Kanda. No podemos hacer nada por él. Solo rezar por su alma.
-Me lo prometió. Esta misma noche me prometió que no me dejaría. Siempre ha cumplido sus promesas, eso es lo que me gusta de él.
Los latidos de su corazón se han detenido por completo. (Ya está. Ha muerto.) No puedo detener las lágrimas.
Hevlaska se acerca con su capa de wargos blanca y Wyrda. Asiento y me aparto un poco para que pueda poner la espada sobre su pecho y cubrirle con la capa. No puedo evitar sujetarme la muñeca izquierda para ocultar mi marca de compañeros. (Verla es muy doloroso.)
Tiene un rostro pacífico. (¿Esto es la muerte para los demonios?) Cojo aire y empiezo a cantar suavemente. No puedo evitar que mi voz suene rota y ahogada.
Soshite bouya wa nemurini tsuite
Ikizuku haino nakano hono o hitozu, futatsuto
Ukabu fukurami itoshii yokogao
Daichi nitaruru ikusenno yume, yume
Ginno hitomi no yutagu yoruni
Umareochita kagayaku omae
Ikuo kuno toshitsukiga
Ikutu inoriwo tsuchihe kaeshitemo
Watashi wa inoritsuzukeru
Mou kakonnokotoni ai wo
Tsunaidateni kiss wo
Soshite bouya wa nemurini tsuite
Ikizuku haino nakano hono o hitozu, futatsuto
Ukabu fukurami itoshii yokogao
Daichi nitaruru ikusenno yume, yume
Ginno hitomi no yutagu yoruni
Umareochita kagayaku omae
Ikuo kuno toshitsukiga
Ikutu inoriwo tsuchihe kaeshitemo
Watashi wa inoritsuzukeru
Mou kakonnokotoni ai wo
Tsunaidateni kiss wo
Cuando termino sé que todos están llorando. Me dejo ayudar por Gabriel para levantarme. Esperamos a que los Exorcistas se hayan ido antes de marcharnos nosotros.
(Dios, por favor, cuida de su alma donde quiera que vaya.)
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Naraya
