Disclaimer: Haikyu no me pertenece, ojala, es de Haruichi Furudate. La imagen tampoco es mía.


Bólido.


XVIII: Amarte es un error, no hacerlo también.

1.

En el departamento hacía frío pero Oikawa ese día había decidido hacer la limpieza que seguramente no haría más adelante y se dio cuenta que era realmente muy aburrido hacerlo solo. Encendió la tele pero luego se dijo que era un gasto innecesario de electricidad la cual tenía que pagar solo y, encogiéndose de hombros, decidió que lo que sí podía hacer era encender el reproductor de música. Tuvo que conectar su propio celular y mandó todo a volar cuando, al poner en aleatorio, la primera canción que comenzó a sonar fue To all of you. Maldijo su celular y su música poco actualizada que parecía haberse quedado tres años atrás. Cambió la canción y pudo respirar con un poco más de calma cuando lo que se escuchó en esa ocasión era Mt. Washington y se dijo que prefería eso mil veces más. Se ató una bandana a la cabeza para que sus tontos mechones de casi afro (tenía que hacerse un corte de manera urgente) no le molestaran la visión y decidió empezar por la cocina; había una pila de platos por lavar y tenía que limpiar la encimera completa además de su penosa cocina en sí, incluso el interior del horno.

Suspiró y se dio de ánimos.

La noche anterior había llamado a Iwa-chan. Habían hablado por un largo rato. Se pusieron al tanto de la vida de cada uno; Oikawa le comentó que estaba cuidando la casa y que, orgullosamente, no había entrado a su habitación en ningún momento (no sabía si Hajime volvería pero tampoco quería pensar que no). Iwa-chan se rio de él y dijo que eso estaba muy bien. Él le comentó que tuvo que pelear con una máquina expendedora para conseguir su lata de café a eso de la medianoche y uno de los doctores salió a preguntar, muy asustado, si estaban asaltando a alguien por culpa del ruido que se había generado. Hajime se encogió de hombros y dijo que él no había visto nada. Aunque al día siguiente se enteró que la máquina tuvo que ser arreglada por razones que nadie sabía.

Ambos se rieron largamente ante eso.

Luego pasaron a temas más serios. Hajime le preguntó respecto a sus clases y Oikawa le comentó que comenzaban pasado mañana. El día anterior fue sábado. Sus clases comenzaban el lunes de la semana de enero. Gracias a que se había aplicado en sus últimos trabajos de semestre no había tenido que preocuparse de la universidad en vacaciones. Le comentó de eso (censuró que Tobio le había hecho compañía). Le habló del trabajo, que tuvo que atender a Kuroo y le dijo respecto a que había llovido mucho en esas últimas semanas. En ese momento de la conversación agregó:

—El techo otra vez está con goteras.

Antes Hajime era el que arreglaba esas cosas porque para todo lo que fuera manualidad o de la casa Iwa-chan tenía una maestría. Usaba martillos y serruchos sin problemas, igual que las guinchas de medir y los taladros. A diferencia de su amigo que habría por poco instalado un nuevo techo él lo único que podía hacer era ubicar una olla debajo de la gotera esperando que se juntara el agua y no mojar el suelo.

—Dúchate debajo de ella —comentó Hajime.

Oikawa se sintió tranquilo porque se escuchaba como normalmente él haría.

Cuando quedaba menos para que la conversación acabara Oikawa se dio el valor de preguntar acerca del verdadero tema de preocupación; la situación de la madre de Hajime. Hizo la pregunta en un tono bajo, tranquilo y con el rostro serio. Sujetando su teléfono entre las manos mientras intentaba captar si algo había cambiado en Iwa-chan, pero sólo pudo escuchar su respiración un largo rato. Esperó tranquilo pero no podía evitar el temblor de piernas debajo de él mientras más tiempo su amigo se tardaba.

—Está… bien —fue lo único que dijo pero con tanto agotamiento que Tooru no supo cómo tomárselo. Sólo pudo musitar en respuesta un "Ah". No tenía energías para darle a su amigo energías y sentía que si lo hacía era peor, pero de todas formas le había murmurado unas palabras de aliento para que estuviera tranquilo porque todo iba a salir bien. Le preguntó respecto a qué había dicho el doctor y le comentó acerca del tema con mucho detalle.

Al final le dijo que debían operarla pero no sabían con exactitud cuándo y mientras él tenía el tiempo para juntar el dinero necesario (entre trabajos muy mediocres que lo agotaban demasiado y con ahorros) la mantenían hospitalizada con todos los cuidados necesarios. Él la iba a ver todos los días, sin falta. A Oikawa le pareció imposible imaginar a la sonriente mamá de Iwa-chan postrada en una cama blanca.

La conversación quedó ahí y después se despidieron.

Fregando los platos comenzó a tararear la melodía de la canción. Por un mal juego del destino mientras él se encontraba perdido en sus pensamientos la música avanzó hasta terminar en Got well soon de Breton. Creyó que era un mal juego del universo pero simplemente se encogió de hombros y siguió en lo suyo. Las manos le dolían porque no estaba utilizando guantes. Se le había olvidado que no tenían y cuando fue a comprar justo se le fue eso, y pues una aspiradora era una cosa pero ir a pedir guantes para lavar donde el vecino era algo completamente diferente.

En medio de sus tareas fue cuando escuchó los pasos detrás de él y no tuvo que darse vuelta para saber de quién se trataba y acerca de qué. Simplemente enjuagó lo que le quedaba y después de unos segundos se dio vuelta, encarándolo. Kageyama se encontraba a su vista con una actitud extrañamente relajada. Ambos se miraron durante lo que parecía una eternidad mientras la música sonaba desde el reproductor. Afuera, en las calles, los autos hacían su propia música monstruosa junto con la metrópolis despierta a las diez de la mañana de ese día. Tobio-chan se hallaba frente a él con una actitud de rendición absoluta y un aura de tranquilidad que le rodeaba como un manto. Meditó lo que podría decir pero no fue necesario, porque el menor dijo todo antes que él:

—Gracias por todo, Oikawa-san —hizo una ligera reverencia mientras decía eso y Oikawa no pudo evitar sorprenderse porque no sabía acerca de qué estaba agradeciendo. El acto fue tan extraño que no supo, por primera vez, cómo reaccionar. Se quedó quieto en su lugar mientras lo observaba. Si alguien debía estar agradeciendo ahí tenía que ser él mismo. Después de unos segundos incómodos Kageyama se enderezó—. Nos vemos.

Era extraño. A Oikawa no le gustaron esas palabras y tampoco la manera en que Tobio-chan las decía.

—Eh… sí. Que te vaya bien en tu último trimestre, Tobio-chan —murmuró entre dientes porque no sabía que más decir. Al instante de soltar esas palabras se sintió estúpido. Podría decir muchas cosas más y significativas. Ese era el momento idóneo para ello y quizás el último, pero ahí estaba, sin palabras para soltar y sólo con una esponja para lavar platos en su mano. Al final agregó otra cosa, estúpida—: Supongo que nos estaremos viendo acá a mitad de año, ¿no? Porque te inscribirás en la universidad… —y al final la oración murió en su garganta como si no estuviera seguro.

—Supongo.

—Bien.

Ambos se quedaron quietos sin saber qué hacer a continuación. A Kageyama le hubiera gustado abrazarlo, igual como había visto en las películas cursis que Natsu veía cuando estaba en casa de Hinata, pero no lo hizo por falta de valor. Sentía que había hecho tanto en su estancia en Tokio que lo había agotado todo y ya no tenía nada qué expresar. No se atrevió a dar ese último paso, aunque seguramente a futuro se arrepentiría, pero qué más podía esperar, durante todo el tiempo su sempai nunca le había correspondido los sentimientos así que ahora simplemente podía sentirse rendido a lo inevitable. Oikawa, por su lado, le hubiera gustado decir algunas cuantas cosas dulces más. Antes podía hacerlo sin problemas; a chicas que había creído amar con todo su corazón pero que después se lo habían terminado rompiendo sin pensarlo dos veces, pero ahora le parecía imposible. Deseaba hacerlo. Sus labios se movían solos sin decir nada y de ellos no salía ningún sonido.

Tosió un poco y desvió la mirada hacia el suelo.

Al final alzó el brazo y acercó la mano hacia Kageyama. El chico, por instinto, se tensó en su lugar y apretó los puños pero, contrario a lo que pensaba, no le hizo daño (o algo en lo que hubiera tenido que devolver un golpe). Simplemente posó su mano sobre su cabeza y le dio unas cuantas caricias sin gracia que le revolvió el cabello pero le creó unas cuantas descargas eléctricas que le dejaron parpadeando. Se quedó en silencio, con la respiración agitada mientras sentía la mano de Oikawa-san sobre él.

A Oikawa le hubiera gustado decir algo como… como…

«Te quiero», ¿Cómo amigo? ¿Cómo algo más?

Daba igual.

No lo hizo.

—Nos vemos —repitió en voz más baja sin quitar la mano de Kageyama.

Después de que se fue y Oikawa se quedó solo en el departamento, con la música todavía sonando pero sin saber en qué canción, se sintió tan aislado del mundo y como un idiota total. Los dos, en sus propios caminos, arrepintiéndose de no haber hecho ese último esfuerzo para alcanzar al otro.

Oikawa calculó que todavía tenía tiempo para salir del departamento e ir a buscar a Kageyama para aclarar todo su drama de una buena vez.

No lo hizo.

2.

El comienzo a clases fue todo lo que había esperado y más aún: perfectamente aburrido. No sintió nada, ni si quiera cansancio cuando su alarma sonó a las siete de la mañana y él se encontraba levantándose todavía a oscuras para arrastrarse al baño y comenzar el día con la supuesta actitud positiva que necesitaba. Sus clases, los profesores e incluso sus compañeros seguían siendo lo mismo. Esa mañana había tomado un desayuno de no-campeón y fue un té verde sin nada más, ni siquiera recordaba haberle echado azúcar. Caminó por el campus con los audífonos puestos mientras escuchaba Kids Will Be Skeletons de Mogwai y luego Piano Fire de Sparklehorse. Saludó a quienes lo saludaban con una leve inclinación de cabeza y nada más. Después dentro de la sala de su primera clase, no pudo concentrarse realmente en el maestro de pie frente a la pizarra en el auditorio. Miró por la ventana e hizo dibujos en su cuaderno que no tenían ningún sentido. Vio a Kuroo, le saludó, escuchó como parloteaba un largo rato y después se encogió de hombros. No hizo una acotación que sirviera de algo verdaderamente importante.

En el almuerzo lo único que pudo consumir fue una gaseosa de una máquina expendedora y por costumbre sacó también un café, pero después se dio cuenta que fue un derroche porque no tenía a quién dárselo. Lo guardó en su mochila y pensó que cuando llegara a casa ya haría algo con eso. Se tardó hora y media en beber la lata. Después quería orinar así que fue al baño. Tuvo sus clases de la tarde exactamente igual que en la mañana; les dieron tareas y les dejaron establecidas las pruebas del último trimestre para que se organizaran con tiempo. En la tarde fue al gimnasio para su práctica de vóley. La rodilla le dolió durante toda la práctica y por eso mismo no pudo dar el cien por ciento mientras servía. Habló con sus compañeros de equipo, con Bokuto y con Kuroo. Hablaron acerca de algo que él no pudo captar. Tuvieron que salir a trotar pero él no pudo así que se fue temprano al vestuario y se cambió lentamente.

Tomó el tren a casa. Se perdió en la publicidad barata y en las propagandas que pasaban por las televisiones. Escuchó más música; Seeker of the Sight de George Timothy. Ignoró la mirada de varias chicas en el tren, de preparatoria en su mayoría, y se dijo que extrañamente no le interesaba ni si quiera intentar mirarles las piernas expuestas. Se bajó en su estación y fue a casa para descansar un poco. Se detuvo a medio impulso de escribir una nota para Iwa-chan que nunca leería porque no estaba ahí. Fue a su habitación y pensó en dormir pero no lo logró, así que salió media hora antes de lo habitual hacia su trabajo. Le tomó más esfuerzo de lo acostumbrado las sonrisas y los saludos amables pero logró completar la jornada.

Cuando llegó en la noche adelantó un poco de trabajo e intentó estudiar pero no sirvió porque lo que leía simplemente salía de su cerebro. Llamó a Hajime para saber cómo iba todo y cuando conversaron se dio cuenta que su voz se escuchaba bastante normal, lo cual era una tranquilidad. Fue una charla muy corta que no llevó a ningún lado pero él sabía que Iwa-chan la esperaba porque hubo cierto alivio cuando le contestó el teléfono. Pensó en enviarle un mensaje a Tobio-chan pero desistió del impulso y dejó el aparato lejos. Se metió en la cama a las diez pero se quedó dormido a las tres cuando parecía que el techo sobre él era diferente. Estaba agotado pero realmente no podía dormir y su cama se sentía extraña.

Así pasó una semana y luego otra más, hasta que perdió la cuenta.

3.

—Eh, amigo Abukuma (1).

—Ya déjalo, Bokuto. Si no quiere hablar contigo. De hecho no sé por qué alguien querría hablar contigo —musitó en respuesta el moreno sin pensarlo realmente mientras tecleaba algo muy rápido en su celular. La respuesta debió haberle dejado feliz porque terminó sonriendo como un estúpido.

—Abukuma-kun, Abukuma-kun —volvió a llamar Bokuto sin hacerle caso a su amigo. Agitaba la mano frente a la cara de Oikawa como si estuviera intentando llamar su atención pero sin lograrlo realmente. Pensó en pegarle un cabezazo como había visto a su amigo "Iwa-chan" hacerlo unas cuantas veces, pero terminó teniendo la conclusión que eso le dolería más a él. Siguió llamándolo como una lechuza lunática.

Los tres se encontraban en la biblioteca municipal en una de las mesas que se ocupaban, normalmente, para estudiar. Estaba cerca de los computadores. A su alrededor había varias personas estudiando y haciendo trabajos. Ahí se había encontrado con Akaashi, en uno de los ordenadores del lugar, pero cuando lo intentó saludar y entrar en una conversación amistosa nada productiva éste le lanzó una de sus miradas de Bokuto-san-lárgate. Parecía que estaba trabajando en sus ejercicios de ingeniería (los cuales era kilométricos y sorprendentemente tenían de todo menos números en ellos), así que después de darle una palmada en la espalda que seguramente le debió doler se alejó riéndose a todo pulmón. Keiji lo ignoró y volvió a sus cálculos infinitos que debía entregar ese mismo día. Ni si quiera devolvió el saludo de Kuroo-san, pero esperaba que éste no se sintiera y comprendiera que realmente estaba ocupado.

A lo largo de su estancia en el lugar ya habían recibido unas cuantas miradas de reproche por parte de otras personas. Se suponía habían ido ahí para estudiar pero parecía que se les había olvidado ese hecho. Kuroo tenía su libro abierto acerca de la política y un tema muy aburrido que tenía demasiadas palabras para ser leído junto con el hecho que usaba términos extraños que le obligaban a tener abierto un diccionario también, así que Bokuto desistió a la mitad de intentar comprender los ramos de su amigo. Oikawa algo estaba viendo que tampoco comprendía mucho y él mismo tenía su propia enciclopedia que tampoco comprendía. De esa manera no llegaban a ninguna parte así que la conversación surgió del ocio. Poco rato después se dio cuenta que intentar hablar con Oikawa era imposible y se preguntó por qué. Tetsurou, mientras tanto, lo único que había hecho era comenzar a enviarse mensajes cursis unilaterales con seguramente su ahora novio Lentes-kun.

A Bokuto le hubiera gustado preguntarle más al respecto pero no le respondería.

—¿Ah? —después de lo que era una eternidad perruna Tooru por fin se dignaba a responder. Alzó la cabeza y desvió la vista de las letras de su libro que realmente no estaba leyendo. Lo observó después de parpadear unos cuantos segundos, despejándose la vista. Parecía medio adormecido.

Cuando miró a su alrededor se dio cuenta que tanto Kuroo como Bokuto lo miraban con extrañeza.

Entonces el chico excéntrico lo apuntó con seriedad.

—Tú estás deprimido —sentenció con mucha seguridad, más de la que se esperaba de alguien como él. Lo decía con la clase de tono que hablaba en pocas ocasiones cuando era capitán. Estaba inclinado en la mesa en su dirección y Oikawa no pudo evitar formar una mueca ante aquella sentencia que parecía de muerte.

Intentó reír pero no pudo.

—¿Qué? ¿De qué hablas, Boku-chan?

—Te ves muy seguro de eso, Bokuto —fue todo lo que dijo Tetsurou mientras bloqueaba su celular y por fin lo guardaba en el bolsillo interior de su chaqueta. Ahora los observaba a los dos con la clase de diversión que un gato mira a su presa antes de comérsela. O el morbo de quien se detiene a mirar una pelea callejera sólo por placer.

—Bah, bah, novatos. Una vez hice una tarea de eso —explicó con rapidez y unos movimientos de cabeza que lo marearon. Le dio la sensación de que la silla se quebraría debajo de él por todos los movimientos que hacía; se mecía de un lado para otro igual que un barco. A Oikawa se le olvidaba que Kotarou era algo así como un estudiante de medicina y hasta ahora, por magia o deidades, no había tenido que repetir ni un solo ramo. No estaba muy seguro cómo pero Kuroo decía que Akaashi, la persona más cercana al niño (el mismo que había visto en fotos en su habitación y el mismo chico que se encontraba sentado a unos cuantos metros de ellos trabajando con mucha concentración), había dicho que Boku-chan tenía una memoria envidiable. Era como los elefantes, nada se le olvidaba una vez quedaba dentro de su cabeza. Y su letra era un desastre así que tenía el cincuenta por ciento de la carrera asegurada—, pero el punto es que estás deprimido, Abukuma-kun. Se puede saber por qué.

—Eh, pues la verdad-

Oikawa no quería decir por qué estaba deprimido, porque primero que todo no lo estaba.

—¡Ya sé! Es por lo de Hajime, ¿cierto? —comentó Kuroo con serenidad mientras apoyaba los codos en la mesa y la barbilla en sus manos. Con ese aspecto realmente entendía por qué quería estudiar algo con política, tenía el perfil de alguien que fácilmente se podía odiar o amar. Dependía hacia qué lado estuvieras, aunque Kuroo se veía como el futuro tipo de político que sería muy odiado. Él lo odiaría; lo abuchearía cuando saliera en la tele y no votaría por él jamás. Hipotéticamente hablando—¿No habíamos hablado de eso?

—Y tus consejos son una mierda, Kuroo-chan, muchas gracias.

—Perfecto, y deja de llamarme así.

—No, tú estás deprimido por otra cosa —sentenció el doctor Bokuto mientras se sujetaba el mentón y asentía. Oikawa se sintió nervioso. Antaño le gustaba ser el centro de atención pero cuando era el centro de atención mientras dos personas evaluaban su salud mental pues prefería no serlo. Kotarou al final chasqueó los dedos mientras le sonreía con naturalidad—: Es por el chico Kageyama, ¿no? ¡A qué sí! ¡A qué sí! ¡Le he dado al clavo! Es por él. ¿Qué pasa? ¿Es por qué ya no está contigo? Creí que estaban saliendo.

—¡Boku-chan!

—Bokuto, no seas grosero —a Oikawa le dio vueltas la cabeza porque si remplazaba el nombre era exactamente Hajime hablando frente a él. Se preguntó si él, antes o ahora, era igual de molestoso que Bokuto. Se juró mentalmente que comenzaría una campaña de ser más amable con la humanidad en general—. No puedes preguntarle a alguien de esa manera tan directa.

—Pues nada. Es que se ve tan deprimente que deprime, ¿qué quieres que te diga? Hemos estado sentados aquí media hora y yo hablando acerca de lo gracioso que era este programa guarro de la tele pero ninguno me ha seguido. ¿Tienes idea de lo triste que es hablar solo, Kuroo? No, claro que no, porque cuando tú hablas exiges que la gente te escuche y… ¡Eh! ¡No te distraigas! —Bokuto estiró el brazo para arrebatarle el teléfono que su amigo recién comenzaba a sacar y fue tan rápido que Tetsurou no pudo hacer nada para detenerlo, pero Oikawa tuvo la ligera sensación de que ahí ardería Troya porque la expresión de Kuroo era algo nunca antes visto. Su rostro se desfiguró en una mueca mientras exigía, con voz potente casi aterrorizante, que Kotarou le devolviera el celular pero éste estaba muy entretenido viendo lo que tenía. En secreto él también estaba curioso así que lo más disimulado que pudo estiró el cuello como una jirafa para ver sobre el hombro de su compañero en dirección a la pantalla—: ¿No nos estás escuchando o estudiando porque estás viendo fotos de Tsukki? ¿Acaso eres tonto?

—Devuélvemelo, Kotarou —Kuroo ya no estaba para juegos o bromas, pero Oikawa pudo distinguir un ligero tono de nerviosismo en su voz. Le estaba fulminando la mirada y realmente creaba escalofríos. Parecía la reencarnación de un ogro. Se veía con la clase de semblante que si te lo veías por la calle cruzabas la acera para no tener que atravesarte con él.

—Un momento… esto… esto… ¡NO! ¡No puede ser! —Bokuto exclamó tan fuerte y con sorpresa que varias personas les lanzaron miradas de odio que los habrían dejado varios metros bajo tierra si las miradas matasen. El antiguo miembro de Fukurodani simplemente estaba perplejo mirando la pantalla y parecía que en cualquier momento él celular se le caería al suelo.

Oikawa con mayor curiosidad de antes porque quería saber qué había visto el chico para dejarlo de esa manera, intentó ver pero su vista de topo no lo acompañó y sólo distinguió una figura borrosa antes de que Kuroo tan rápido como un gato lanzara sus zarpas para arrebatar de nuevo su celular, bloquear a la velocidad de la luz y guardarlo en su chaqueta. Carraspeó mientras se rascaba la mejilla y miraba hacia los lados como si hubiera visto algo mucho más interesante. Tooru se enfurruñó en su lugar porque no sabía qué había visto Boku-chan, pero éste tenía una expresión de sorpresa grado dos en su rostro y lo miraba con los ojos casi desembocados. Ambos se lanzaron miradas significativas mientras Bokuto lo apuntaba.

—¡Kuroo! Guarda esas cosas para la noche, joder. Que no es que todos queramos ver a-

—Tú viste mi celular sin permiso, así que cállate. Ni en sueños esperes que yo te muestre algo como eso.

—¡Pero piensa en los niños!

—No me hables como si estuviéramos casados.

Bokuto comenzó a reír con su característica risa. Ohohoho se escuchó durante varios segundos que se prolongó a minutos y después Kuroo le siguió, de igual manera. Parecía un idioma extraterrestre y Oikawa temió por su vida, además de que pensó seriamente en tomar sus cosas e irse de ahí porque lo único que lograba era perder el tiempo. Pero antes de que sus acciones pudieran ser cumplidas, cuando seguramente todas las personas en la biblioteca los odiaban y los habían intentado hacer callar en varias ocasiones, Bokuto volvió su atención a él.

—Bueno, antes de eso… ¿en qué estaba? Ah, sí, tú deprimido. ¿Es por el chico Kageyama? —volvió al tema de contingencia. Tooru no tuvo tiempo de intentar responder antes de que su amigo ya estuviera sacando conclusiones estúpidamente acertadas—: ¿Acaso ahora sabes que sí te gusta? ¿Eres tonto? Si te gusta y no se lo has dicho pues no puedes esperar que él ahora también te corresponda, pero sin duda alguna tú también le gustas… ¡Ah! Que desastre. Es como este dorama que a mi hermana le gusta tanto. Yo lo odio, aunque la actora-

—Actriz, Bokuto, se le dice actriz.

—¡Sí, eso, eso! Actriz, actora, Kuroo, lo que sea. La actriz está muy buena. El punto es, Oikawa, que te has dado cuenta muy tarde y lo has perdido, pero no puedes deprimirte por eso. No es como si fuera el fin del mundo —sentenció Bokuto al final mientras se encogía de hombros. Era demasiada información en un único momento y se preguntó si él sabía todo lo que había dicho. Había sido, en cierto modo, tan directo que en vez de ayudarlo le había hecho sentir peor.

—Viven en la misma prefectura, ¿no? —comentó Kuroo de pronto, ingresando a la conversación con mucha naturalidad. Ambos lo observaron mientras él seguía hablando, con sus ojeras naturales y su cabello desordenado llamando mucho la atención. Era casi literalmente dos veces su cabeza—Pues siempre puedes seguir hablando con él. No es como si todo estuviera perdido.

Oikawa no quiso contradecir sus creencias de que le gustaba Kageyama, porque era una verdad que ya estaba cansado de negar. Esa era una oportunidad para poder desahogarse o hablar acerca de sus problemas. Ya estaban cerca de finales de febrero. Habían transcurridos dos meses en la misma situación y no se había comunicado con Tobio-chan en ningún momento. Éste tampoco le había enviado ningún mensaje y la verdad no sabía cómo tomarse algo así. Había intentado ignorarlo pero la duda siempre se encontraba ubicada dentro de una parte de su cabeza, sin poder arrebatarla o ignorarla. Pensó en lo que había dicho Kuroo y era más fácil decirlo que hacerlo. Estaban a mitad de sus clases y con su trabajo no podía simplemente irse de viaje. Si fuera así hace mucho habría ido a visitar a Iwa-chan.

—Es complicado —confesó al final mientras se pasaba una mano por el rostro para despejarse. Había estado durmiendo mal todos esos días. No descansaba muy bien en general. No podía quedarse dormido y se levantaba muy temprano al día siguiente, entre eso además se despertaba varias veces durante la madrugada. Pero era extraño porque durante el día no se sentía cansado. Aunque era diferente cuando llegaba el fin de semana y casi no podía levantarse de la cama por el sueño. Ya no le gustaba mirar su propio reflejo—. No sé lo que somos… eso es todo. ¿Amigos? ¿Conocidos con un pasado en común?

—¿Amantes? —sugirió Kuroo alzando una ceja y ladeando un poco la cabeza.

—No lo pondría así tampoco. No es tan serio, pero tampoco es a la ligera, ¿se entiende? Rayos, ni si quiera sé qué estoy diciendo —de parte no podía creer que estuviera tan perdido que se encontrara hablando de eso con aquellos dos—. Los últimos días que estuvo acá pasamos mucho tiempo en compañía del otro y yo me sentía… a gusto, pero no lo sé. Quizás él ya no…

Quizás él ya no lo quería.

—¿No estás siendo un poco injusto, Oikawa-kun? —preguntó Bokuto y alzó la mirada muy rápido para observarlo. A diferencia de como esperaba verlo él no sonreía o tampoco hacía muchos gestos con las manos. Lo estaba observando con mucha seriedad y no tuvo más opción que quedarse callado mientras una mala corazonada lo golpeaba. Bokuto continuó—: Digo, hablé antes con Kageyama-kun. Cuando él iba para practicar con el equipo y me contó muchas cosas —eso era obvio, parecía que Tobio-chan tenía un problema para mantener secretos. Era una mente simple—. Creo que estás siendo un poco injusto con él porque, si lo piensas, estuvieron juntos una sola noche y él te entregó algo tan valioso pero después tú simplemente lo dejaste. No pensaste en cómo se sentiría después de eso y cuando te volvió a ver lo alejaste sin darle ninguna oportunidad para preguntar qué había ocurrido. Luego, al final, comenzaste tú a acercarte a él. No lo sé, creo que tus acciones han sido egoístas, Oikawa-kun. Lo mínimo que ese chiquillo, el cual seguramente tú eres su única experiencia, puede hacer es enojarse contigo y hasta ahora no lo ha hecho.

Hubo silencio. Incluso Kuroo estaba impactado.

Esas palabras taladraron su cerebro con la fuerza necesaria para hacerle abrir la boca de la sorpresa pero sin conseguir ninguna excusa para defenderse. Lo pensó y lo pensó. Procesó cada parte y luego se dio cuenta que no había manera de contradecirlo porque, joder, era cierto. Cuando se dio cuenta de ese gran detalle no pudo sino sentirse culpable mientras una presión enorme se posicionaba en su pecho, creando que tuviera ganas de ahogarse ahí mismo. Recordó la noche en Miyagi y se dio cuenta que realmente había sido egoísta. No importaba cómo hubiera ocurrido realmente. Bajó la mirada y apretó los puños. Terminó perdido en las letras de su propio texto de estudio pero no encontró una manera de distraerse. Las palabras de Boku-chan; tan serias y al mismo tiempo tan ciertas que simplemente le lastimaban con su sinceridad (decían que la ignorancia era la felicidad) no podían dejar de repetirse en su mente. Se daba cuenta que ahora él no podía quejarse de lo que Kageyama hiciera porque realmente era su culpa. Él lo había alejado e intentó reparar los daños cuando ya era, quizás, demasiado tarde. No importaba lo mucho que se intentara pegar una jarrón una vez éste se rompía, nunca volvería a ser lo mismo.

Se quedó en silencio y se mordió el labio inferior.

—Esa es una manera muy objetiva de verlo, Bokuto, me sorprende-

—Tú no hables, Kuroo. Estás dentro del mismo saco de personas egoístas acá —sentenció con seriedad el chico lechuza. El gato roñoso se quedó callado mientras lo miraba sin comprender. Se encogió de hombros e hizo un gesto que podía ser traducido como: ¿Yo? ¿De qué hablas? Kotarou entonces continuó con lo que tenía para decir. Asintió con la cabeza muy rápido. Los huesos de su cuello se escucharon. Parecía que en vez de estar dando su afirmación a algo se encontraba nada más que siguiendo el ritmo de una canción de heavy metal—: ¿Lentes-kun? ¿Ya te olvidaste de eso? ¿Por qué crees que tuviste tantos problemas y te ha odiado durante mucho tiempo? ¿Por qué viajaste a Miyagi? ¿Por qué no quería salir contigo…?

—Ya, ya, vale. Tú ganas. No tienes por qué recordarme todo eso —Kuroo alzó las manos frente a él en señal de rendición. No podía contradecir todas esas palabras, a fin de cuentas ambos sabían que tenía razón. Le avergonzaba admitirlo a estas alturas pero el problema que casi destruyó su actual relación más importante de toda su vida no había sido más que culpa propia. Y, rayos, había sufrido demasiado como para intentar volver a perderlo. Era cosa de aprender.

Eso le faltaba a Tooru.

Oikawa seguía en su mundo.

—¿Y qué hago? ¿Qué puedo hacer en base a eso? —preguntó en un susurro. Posiblemente ni si quiera sabía que estaba hablando en voz alta pero las palabras ya habían sido soltadas. Apretó los puños nuevamente hasta el punto de dejar los nudillos blancos. Le dolía la cabeza y con mucha desesperación le hubiera gustado que Hajime se encontrara en ese lugar.

Parecía que en cada cosa que hacía era una persona egoísta.

—Bueno, Oikawa-kun, no te servirá lamentarte de algo que ocurrió. Ahora lo único que puedes hacer, si de verdad le quieres, es seguir intentando y demostrárselo —sonrió Bokuto como siempre hacía y aquello le dejó pensando un momento más. Ambos en silencio pero entonces su amigo se levantó de su silla y miró en dirección donde estaba sentado el chico con cabello enredado, Akaashi—: ¡Eh! ¡Akaashi-kun!

Para esas alturas no era sorpresa que a Kotarou le haya llegado una bola de papel en la nuca. Keiji, en respuesta, miró con agotamiento sobre su hombro y alzó una ceja mientras preguntaba en silencio qué estaba ocurriendo. Bokuto sonrió y le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Parecía que el chico titubeó un momento pero al final volvió a suspirar para hacerle un gesto en respuesta de que esperara un poco. Se levantó de su silla y caminó a la impresora. Estuvo unos cuantos segundos de pie mientras las hojas salían, luego las tomó y las guardó en una carpeta que tenía preparada de antes. Caminó de vuelta al escritorio que estaba utilizando y guardó todas sus cosas dentro de la mochila pero la carpeta la llevó en la mano. Se despidió de dos compañeros y una compañera al lado suyo para al final comenzó a caminar en su dirección.

Era la primera vez que Oikawa lo veía de cerca y comenzó a estudiarlo en silencio. Aunque no era muy diferente a cómo se veía en la foto. Ahora, posiblemente, estaba más pálido y su cabello era más largo pero su rostro estaba igual. Se veía más serio y con los párpados caídos. Como todo estudiante universitario se encontraba con grandes ojeras debajo de los ojos. Era un chico atractivo, sin duda, y quizás esa era la razón por la cual su compañera detrás de él lo miró a escondidas unas cuantas veces más.

—¡Akaashi-kun!

—Bokuto-san, por favor, baje más la voz. Seguimos en la biblioteca —habló él mismo en voz baja y calma. A Oikawa le recordó a un antiguo samurái o Señor feudal. No había alguna razón para tener esa clase de pensamiento, simplemente estaban ahí. El chico lucía cansado. De pie junto a Bokuto contrastaban demasiado. Le parecía extraordinario pensar que ese chico era menor por un año, se veía sin duda mucho más maduro.

—Sí, sí. Mira, ¿conoces a Abukuma-kun? —preguntó mientras lo apuntaba.

Se enderezó un poco en su lugar mientras carraspeaba.

—Me llamó Oikawa —corrigió—. Oikawa Tooru, mucho gusto —y diciendo eso inclinó la cabeza desde su asiento. Hubiera sido mejor ponerse de pie pero ya nada se podía hacer. No lo había hecho porque estuvo demasiado perdido en su desesperación.

—Lo sé. Eres el antiguo capitán de Aobajōsai. Nunca nos enfrentamos pero había visto vídeos de sus juegos —comentó con rapidez. Oikawa hace mucho se habría encogido de hombros hacia el hecho de que al parecer no importaba dónde estuviera siempre sería conocido por ser el alguna vez capitán de su antiguo equipo. No le molestaba, pero le bajaba la nostalgia hacia aquellos años en que todo era más fácil. Sonrió con prepotencia—. Soy Akaashi Keiji, mucho gusto —él también inclinó la cabeza pero cuando lo hacía, a diferencia de Oikawa, parecía que estuviera hablando con la mismísima reina de Inglaterra que con un chico un año mayor.

—Akaashi-kun era nuestro armador, ¡muy bueno, sí! —apuntó Bokuto mientras pasaba un brazo por los hombros del menor. Éste no dijo nada pero frunció un poco el ceño. Oikawa intercambió una rápida mirada con Kuroo pero éste simplemente los observaba con una sonrisa, claramente acostumbrado a esa extraña relación—Mira, Oikawa-kun se encuentra deprimido así que iremos a jugar golf de carros al estacionamiento del supermercado. Aprovechando hoy que no está lloviendo. ¿Quieres venir? ¡Venga! ¡Ven! Será divertido.

Oikawa no preguntó acerca de lo de golf de carros. Kuroo no había dicho nada así que simplemente asumió que no tenía opción y tendría que ir de todas maneras. Bufó. Miró la hora en su celular y se dio cuenta que eran casi las siete de la tarde, de un jueves. No quería imaginarse a sí mismo lanzando carros por un estacionamiento, pero bueno, ya qué se podía hacer. Otro encogimiento de hombros para el día.

—No lo sé. Tengo que entregar mi tarea…

—¡Ah! ¡Pero ya la terminaste!

Oikawa miró de nuevo a Kuroo, pidiendo explicaciones. Le daba un poco de curiosidad saber qué estudiaba el chico. Tetsurou, al parecer, entendió su mirada porque en voz baja le explicó con rapidez:

—Akaashi estudia ingeniería civil industrial.

—Ah.

«El nombre parece trabalenguas», pensó para sí mismo pero no pudo evitar echarle una segunda ojeada al chico. Ahora que le decían la carrera no podía evitar el pensarlo como un muchacho verdaderamente listo.

—¡Vamos, Akaashi-kun! ¡Vamos! ¡Vamos!

Keiji suspiró y volteó la mirada. Contó hasta diez en su cabeza y pensó que si no le hacía caso podría terminar en alguna clase de depresión de cinco minutos. Pensó en el tiempo que le quedaba para entregar el trabajo y la dirección que usarían para ir al supermercado. Después de debatirlo en su interior durante varios minutos llegó a una conclusión:

—De acuerdo, pero primero tengo que ir a dejar esto.

Bokuto comenzó a dar exclamaciones de júbilo y tuvieron que salir corriendo de la biblioteca para escapar del guardia que comenzó a perseguirlos.

4.

Para el viernes en la noche, después del entrenamiento en el cual no pudo participar como hubiera deseado, ya había hecho una decisión. Esa misma tarde había hablado con su jefe para que moviera su turno del sábado y en cuanto llegó al departamento fue a su habitación para comenzar a hacer su mochila. Guardó lo más necesario y luego de eso se encargó de salir tan rápido como había entrado. Cerró con llave la puerta y después de salir del edificio se encaminó por las calles para tomar el tren y llegar a la estación de trenes. El trámite fue rápido. A las dos de la mañana de la madrugada del sábado se encontraba encaminándose a Miyagi y le envió un mensaje a su mamá avisándole que volvía a casa por dos días. El resto del trayecto apoyó la cabeza en la ventana y observó la oscuridad del camino. Era extraño estar haciendo ese viaje porque fue el año pasado la última vez que lo había hecho.

Pensó en escuchar música pero desechó la idea y simplemente se perdió en su propio reflejo además de lo que podía distinguir de afuera. Era nostálgico el volver a casa, pero el problema fue que a mitad de camino se encontró preguntándose si había apagado todas las luces del departamento. Como supuso que no tenía más opción que caer a su suerte se dijo que, en el peor de los casos, tendría que estar dispuesto a pagar una muy cara cuenta de luz. Pensó en eso y pensó en el vóley. Ese día había utilizado mucho la rodillera. Recordó las palabras de Bokuto y también lo malo que era para jugar al golf de carros. De todos los carros de compras que habían empujado sólo dos habían logrado llegar a su destino, Kuroo también era muy malo y Akaashi no había lanzado ninguno. A Bokuto le había dado la loca idea de subirse a uno de pie para que luego lo empujaran y esa broma le costó una enorme herida en el abdomen.

No se dio cuenta en el momento que se había quedado dormido pero cuando despertó su reflejó no fue quien lo recibió sino un montón de luces y una estación conocida. Le tomó un minuto darse cuenta que había llegado a Miyagi y otro más el desperezarse. Eran las seis de la mañana y se sentía horrible. Tomó su mochila y entre bostezos se bajó del tren. La familiaridad del lugar fue como un soplo de aire fresco, literalmente, su cuerpo al instante captó la diferencia entre el aire contaminado de Tokio y el no tanto de Miyagi. Incluso la sensación de caminar por ahí le llenaba de tranquilidad el pecho. Así que aferrando los tirantes de su mochila se encaminó con calma a la dirección de su casa.

Tuvo que tomar un bus. El viaje no fue largo y le sirvió para desperezarse. Ahora que lo pensaba era una suerte que se hubiera quedado dormido porque así no tendría que estar cansado durante el día. Eran ya las seis de la mañana y había unas cuantas personas dando vueltas por las calles.

Llegó a casa y abrió la puerta con su propia llave. Entró de puntillas, dejó sus zapatos y luego subió las escaleras hasta su habitación. Mientras más cerca se encontraba le generó una ansiedad por abrir la puerta y lo hizo. Su mirada, al instante, se desvió hacia el enorme mapa de constelaciones que todavía estaba ahí. Fue una tranquilidad encontrarse en su habitación tan espaciosa y diferente a la de Tokio. Sonrió y dejó su mochila. Mencionó en voz alta todas las constelaciones sin leer sus nombres porque se las sabía de memoria. Una vez hecho eso escuchó que la casa estaba en silencio y que seguramente su madre seguía durmiendo así que no había visto el mensaje. Aunque ese no era problema. Su ánimo estaba mucho mejor en ese momento. Sin pensarlo más se dirigió a darse una rápida ducha porque tenía cosas que hacer.

Se vistió con unos jeans oscuros, unas converse (como no estaban en la entrada tuvo que ponérselas en su habitación, pero si nadie se enteraba daba igual), una camisa, un sweater y encima uno de sus abrigos. Tomó su celular, su billetera y sus llaves. Dejó la mochila sobre su futón. Bajó las escaleras en silencio y antes de salir se le ocurrió dejarle una nota a mamá diciéndole que volvería para la hora de almuerzo, también le escribió un PD diciendo que la quería. Al salir de casa ya eran las siete y media. Se había tardado una hora ahí dentro, pero no perdió más el tiempo. Caminó nuevamente a la parada de bus y tomó uno que le sirviera para quedar lo más cerca al hospital de Miyagi.

El viaje fue de quince minutos y tuvo que caminar cuatro cuadras más, pero cuando estaba en la segunda el enorme edificio con las letras escritas que lo definían como un hospital lo recibió. Ahí todo era movimiento. Había personas entrando y saliendo. Sin duda alguna era más tranquila de lo que había visto en la capital pero tenía más movimiento en comparación con el resto. Entró atravesando las puertas automáticas y se dirigió al escritorio donde estaba la secretaria al instante. La mujer, al sentir su presencia cerca y sus pasos, alzó la mirada de la pantalla del computador y le sonrió:

—Buenos días, ¿qué desea? —era una mujer mayor. Podría ser perfectamente su abuela y utilizaba unas gafas sobre la punta de su nariz. Le dio la impresión de que se le iba a caer. Él apoyó las manos en el escritorio mientras observaba los muchos lápices que había encima, además de los papeles. Había una foto de unos niños y una figura de un gato. A un costado de la mesa se encontraba una taza llena de un café humeante.

Oikawa dio su mejor sonrisa de niño bueno.

—Buenos días —pudo haber agregado algo como "señora" pero creyó que no era correcto. Lo descartó—. La habitación de la… señora Iwaizumi, ¿sabe dónde es, por favor? —pidió en un tono amable. Esperaba poder ver a Hajime pronto. Quería saber cómo estaba y también quería saludar a la mamá de Iwa-chan. Hace mucho no la veía. Le hubiera gustado comprarle algo; flores, chocolates, globos o peluches. Después podría ir a una tienda. Sería un lindo detalle. A la mamá de su amigo siempre le habían gustado mucho las flores y de hecho su jardín era una maravilla.

—En la habitación 503, planta cinco. Sales del ascensor hacia la izquierda y luego a la derecha, ahí al fondo —le dijo al final la señora después de estar buscando un momento en el computador.

—Gracias —dio una inclinación de cabeza y se encaminó para tomar el ascensor.

Haciendo uso de las indicaciones de la secretaria Oikawa llegó a la habitación que buscaba. Tenía la puerta abierta y no pudo evitar pensar que ahí olía a desinfectante y lejía. Todo era demasiado blanco para su gusto. Nunca le habían gustado los hospitales y de hecho era muy cobarde en todo lo que tuviera que ser medicina, aunque de niño siempre se encontraba metido ahí por culpa de su falta de defensas. Las enfermedades y resfríos eran cosa de todos los inviernos, y hubo unas cuantas veces en que se había rotó la pierna además de un brazo. Entró a la habitación y se encontró con varias camillas, algunas vacías y otros con distintos pacientes que reposaban. Entre una y otra había cortinas que podían ser corridas para dar más privacidad a los pacientes y Oikawa entró lo más silencioso que pudo para no molestar a nadie mientras buscaba con la mirada a quienes venía a visitar.

Los encontró al final de la habitación, junto a la ventana que daba al jardín del hospital, en ese momento vacío. Se quedó quieto en su lugar e incluso intentó no respirar mientras observaba la enternecedora escena frente a sus ojos. Ahí se encontraba mamá Iwa-chan, reposando en la camilla y con un aspecto de enferma que nunca le hubiera deseado. Estaba pálida y su cabello era más corto, además de que se encontraba conectada a varias máquinas. La más importante la que regulaba su ritmo cardíaco. Tenía una intravenosa en el brazo y Oikawa hizo una mueca al verla. Pero a su lado, apoyando la cabeza sobre un lado de la cama y cerca de su cuerpo, se encontraba su amigo. Ambos estaban durmiendo y Hajime le tomaba la mano. Sus respiraciones eran tranquilas.

No tuvo el corazón para despertarlos así que se dijo que vendría más tarde.

Salió de la sala y volvió donde la secretaria. La mujer, al verlo, le volvió a sonreír con amabilidad.

—Disculpe, ¿me podría dar una hoja y prestar un lápiz, por favor? —pidió lo más encantador que pudo.

La mujer le buscó lo que pedía y ahí mismo escribió una simple nota que decía: "Iwa-chan, vine a verlos pero estaban durmiendo. Los vendré a ver más tarde, Oikawa". Hecho eso la dobló y guardó en su chaqueta. Agradeció por el favor y se encaminó a la tienda del hospital. Ahí vendían tarjetas, flores, globos, peluches, chocolates, revistas y un montón de cosas más. Oikawa fue rápido. Eligió un arreglo floral con colores entre rosados y blancos, para que dieran un poco de color a la habitación. Compró un globo y también unos chocolates, no sólo para la mamá de Iwa-chan sino también para su amigo. Ella era buena para los dulces, su hijo no tanto pero agradecería el gesto. Luego se acordó de un detalle más y agregó al dependiente:

—Una lata de café negro también.

Eso a Iwa-chan lo satisfacerla.

Pagó todo y se encaminó nuevamente a la habitación. Volvió a entrar en silencio y se encontró con la misma escena que había dejado. El globo lo ató a una esquina de la cama. Las flores las dejó en una mesa que había cerca junto con los chocolates y la nota. Miró por última vez y deseó que tuvieran dulces sueños.

Cuando salió del hospital se dio cuenta que ya eran las ocho y algo. Tenía un mensaje. Era de su madre y decía que estaba muy emocionada pero también molesta porque no le hubiera despertado. La llamó por teléfono y le dijo que había ido a ver a Iwa-chan (Hajime-chan, para ella. Al igual que él su mamá tenía la ambición de agregarle el "chan" a todas las personas que conocía). Le dijo que volvería pronto, seguramente antes del almuerzo. Conversaron largo tiempo mientras él caminaba sin rumbo por las calles conocidas. Quizás vería a alguna persona de antaño o mejor, simplemente quería pasar un tiempo en su ciudad natal. Realmente se sentía muy bien volver a casa.

—¿Cómo está la madre de Hajime-chan, Tooru? —preguntó su madre nuevamente mientras él cruzaba una calle después de haber visto tres veces hacia ambos lados.

—Estaban durmiendo cuando fui. Le compre unas cuantas cosas —respondió con tranquilidad continuando su caminata.

—La he ido a ver estos días… espero que se vaya mejorando. Hajime-chan está muy preocupado.

—Lo sé.

—¿Vas a ir en la tarde?

—Esa es la idea —sonrió hacia el celular.

Su madre parecía estar sonriendo también.

—Te acompañare. Podemos llevarles algo de comer. No confió mucho en la comida del hospital y si está enferma necesita comer sano.

—Pero, ma, estoy casi seguro que los doctores regulan las dietas de sus pacientes-

—¡Tooru! Que soy tu madre y tú eres todo un caso. Una dieta sana no fue lo que te sacaba de tus resfríos.

Oikawa se rio un largo rato. Hablaron un poco más y luego cortó la llamada (—Si, yo también te quiero. Nos vemos más tarde. Lo sé, yo también te extrañe). Luego guardó el celular. El cielo ya había comenzado a aclarar hace mucho tiempo. El arrebol coloreaba el cielo con sus tonos anaranjados y brillantes. Las nubes eran finas pero la mañana continuaba fría. Ahí abajo se veía la neblina y de sus labios salía el vaho. Los autos pasaban por la calle mientras él caminaba por la vereda. Escuchaba los pájaros cantar y a su alrededor las tiendas comenzaban a abrir. El sol se asomaba por el horizonte y él se sintió tranquilo.

De pronto reparó en que había caminado y terminó frente a Karasuno.

El impotente edificio, aunque no tanto como su propia antigua escuela, seguía exactamente igual como lo recordaba. Había ruido a esa hora. Seguramente los clubs se encontraban en sus actividades. Recordaba que en su antiguo club él practicaba a veces incluso los domingos y aun así le sobraba tiempo para hacer otras cosas, eso sí que era magia. Sin poder evitarlo entró a lugar y recorrió todo el lugar hasta llegar a donde sabia se encontraba el gimnasio de esa escuela. De ahí provenía la mayoría de ruido. Las puertas estaban abiertas y pudo darse cuenta que mucha gente se concentraba en ese lugar. Quien estuviera hablando lo hacía por micrófono así que la voz se sentía clara. Por inercia Tooru se acercó más mientras se escuchaba:

—Bienvenidos, alumnos y familiares. Hoy nos encontramos para premiar a nuestros mejores alumnos. Entre ellos también a los chicos del club deportivo, siendo más protagonista nuestro club de vóley-

Tooru escuchó algo acerca del capitán del equipo, del As, del vice capitán. Pero justo en el momento que logró mirar el centro del gimnasio se encontró con la figura alta de Tobio-chan. Al lado suyo estaba el chico de lentes y el pecoso que siempre lo acompañaba, además del Pequeñín que ya no era tan pequeño pero para él sí. Todos utilizaban el uniforme de su equipo. Tobio caminó hasta quedar cerca de quien supuso era el director mientras le entregaba algo.

Hubo un flashback.

—Felicidades por ganar el premio al mejor armador, Kageyama.

Oh.

—Gracias —musitó el chico mientras sujetaba el objeto con un claro brillo de emoción en los ojos. El lugar rompió en aplausos hacia él y sus compañeros, para todo el equipo de Karasuno.

Kageyama había ganado el premio al mejor armador.

Oikawa se quedó observando la sonrisa en su rostro mientras celebraba con sus compañeros de equipo y disfrutaba de ese momento que realmente uno querría que estuviera para siempre. Lo observó durante mucho tiempo. Esa expresión de felicidad que jamás había hecho con él. La manera en que sus mejillas tomaban color mientras sus ojos echaba chispas como estrellas fugaces.

Él, por su lado, no tenía idea que lo iban a premiar. Le hubiera gustado saberlo, por lo menos, para también haberlo felicitado.

Dejó caer los hombros mientras bajaba la mirada y se devolvía por donde había venido. Dejando la fiesta de Karasuno atrás y sintiendo una opresión en el pecho mientras un solo pensamiento cruzaba su mente.

Que ya era tarde.

Muy tarde.

Era demasiado tarde para solucionar algo.

Porque quizás ya no era, o nunca fue, tan importante para Kageyama como había creído. Porque lo había perdido.


Acerca:

(1) Aquí hay un juego de palabras (muy aburrido, la verdad, ni juego es). "Abukuma" es uno de los ríos más largos de Japón que pasa a través de la prefectura de Fukushima y Miyagi. "Oikawa" puede ser traducido como "El logro del río".

NA: Este capítulo tuvo un montón de narración. Y es el último capítulo que subo antes de entrar a clases (la depre, por fa, la depre). Pero bueno. Poco a poco nos acercamos a la parte importante de todo. Yo me encuentro muy animada respecto a eso porque ya tengo organizado el resto de la historia y el sólo pensar en el hecho de que, bueno, queda lo que queda, me dan ganas de llorar. ¡Muchas gracias por leer! Y nos vemos.

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By: Nitta Rawr.