Capítulo 20

Terry consiguió llegar al teatro donde trabajaba luego de algunos minutos. Ingresó, como de costumbre, por la puerta trasera del auditorio, dejándose guiar por la luz del fondo que llevaba al escenario en donde todos los actores, incluyendo al director, estaban en un semi círculo rumoreando acerca de la notica que se leía en primera plana. Haciéndose de fuerzas y aire, el castaño avanzó hasta que la luz lo alcanzó y todos sus compañeros lo vieron.

-¿Sucede algo malo? – preguntó fríamente al sentir las miradas como cuchillos

El director avanzó unos pasos con evidente malestar, poniendo la noticia frente al rostro de Terry.

-Esto es lo que sucede, Terry – explicó

Colérico, el castaño arrebató el periódico de las manos del director, botándolo a un lado.

-Mi vida personal no es asunto suyo – respondió Terry

-Tal vez no pero esto es grave, ¿a caso no imaginas cómo afectará a esta compañía cuando la gente sepa que tenemos al protagonista de este escándalo como actor principal?

El corazón de Terry dio un vuelco al saber lo que significaba aquella pregunta.

-¡Que soy alguien que sabe lo que quiere! – respondió el castaño

-Por desgracia, es la gente la que nos da lo necesario para vivir, ¿entiendes? Si no eres como la gente espera, entonces no vendrá más

-Si trabajar aquí significa convertirme en uno más de esos mentecatos estirados, entonces tal vez no quiera seguir trabajando aquí

El hombre se ofendió ante el comentario del castaño.

-Las puertas están abiertas – finalizó, dándole la espalda

Sin decir más, el castaño dióse media vuelta y salió del lugar con el alma doliéndolo como nunca. Los presentimientos de Candy no habían sido equívocos después de todo.

-¡Terry, espera! – la alcanzó una morena

-¿Qué es lo que quieres? – preguntó repentinamente cansado

La chica buscó nerviosa en su bolsillo, estirando una tarjeta hacia él.

-¿Qué es esto? – preguntó, tomando la tarjeta entre sus manos

-Es la dirección de donde trabaja Robert Hathaway – explicó la chica – En Broadway

-¿Robert Hathaway?

-Es un famoso director de Broadway – explicó – Hace un par de años audicioné para él pero es una persona muy estricta en lo que respecta a la selección de sus personajes

-¿Qué te hace pensar que tengo oportunidad con él?

La morena posó una mano sobre el hombro de Terry.

-Tienes un gran talento que no merece desperdiciarse en este teatro, Terry. Además pienso que fue muy valiente el que impidieras esa boda, podía apostar a que era esa la causa de tu constante depresión en los ensayos

-Agradezco tu ayuda, Anne pero temo que no me aceptará al leer los periódicos

-Él es una buena persona y estoy segura de que será duro al principio contigo pero no tardará en descubrir la mina de talento en ti

-¿Dónde demonios está Anne? – se escuchó una voz malhumorada en el interior del teatro

-Será mejor que regrese, ¡suerte, Terry! – se despidió, ingresando al lugar

El castaño posó su mirada azulada en la tarjeta.

-Broadway – murmuró


-¿Quién es? – preguntó Candy al escuchar que alguien llamaba a la puerta

-Soy yo, Candy – respondió Niel

-¿Qué es lo que quieres? – preguntó aún desconfiada de sus intenciones

-Por favor, Candy – rogó – No he venido a hacer nada malo, sólo hablar

-No tenemos nada de qué hablar – respondió sin abrir

Niel empezaba a exasperarse ante la terquedad de Candy pero lo cierto era que le gustaba cada día más y no descansaría hasta hacerla suya.

-Es acerca del duque de Grandchester – dijo a sabiendas de que atraería la atención de la rubia

En efecto, Candy sintió interés al mencionarse al padre de Terry. Sintiendo que no tenía más opción, abrió la puerta y le permitió el paso.

-Gracias – agradeció una vez dentro

-Toma asiento – ofreció ella

Niel sentóse en la mesa y Candy se dirigió a la cocina.

-¿Quieres café? – preguntó al tiempo que vertía café en una taza

-Si no es molestia – aceptó

Candy extendió una taza hacia él y se sentó con la suya en la mano.

-Bueno, ¿de qué quieres hablar? – preguntó ella

Niel dio un sorbo a su taza, depositándola en seguida sobre la mesa.

-Me enteré de que el duque de Grandchester llegó a América esta mañana

-¿Esta mañana dices?

Candy recordó la niebla y los malos presentimientos que no dejaba de atosigarla, ¿vendría el duque por Terry?

-Lo peor no ha sido eso, Candy – prosiguió Niel, tomando nuevamente su taza sólo para observarla – Fue a la mansión Andrew a hablar con Albert

-¡Dios mío! ¿Y de qué han hablado? – preguntó nerviosa

Encogióse de hombros Niel.

-Lo ignoro por completo, Albert no quiso hablar del tema cuando le preguntó la tía abuela – respondió – Pero parecía un tanto nervioso

La rubia se preguntaba si acaso el duque había amenazado a Albert con revelar el paradero de Terry o, peor aún, ¿se habría enterado de que fue Albert quien ayudó a Terry a venir a América y hacer todo ese escándalo?

-Como podrás ver – habló Niel – Sólo quiero ayudar

La chica reflexionó, ¿confiar o no confiar? Decidió correr el riego t pedir su apoyo.

-Niel, necesito que me hagas un favor – inconscientemente posó una mano en la de él – Necesito que hables con Albert y le expliques que estamos bien

-Supongo que Albert no querrá hablar conmigo – dijo convencido

-Por favor, Niel – rogó – Busca la forma de que te escuche y confíe en ti

Una sonrisa triunfal se dibujó en la mente de Niel, empezaba a funcionar su plan.

-Así lo haré, Candy

En ese instante, Terry abría la puerta del departamento, observando cómo Candy retiraba su mano de la de Niel. Los celos fue el primer impulso que tuvo pero en seguida pensó que primeramente debía de escuchar la versión de ellos y luego actuar.

-¿Qué hace él aquí? – preguntó, cerrando la puerta de un portazo

-Terry, espera, Niel sólo quiere ayudar – intervino Candy

-Eso no me pareció cuando te atacó en Londres – masculló Terry

-Ha venido a informarnos que tu padre está en América

La noticia conmocionó a Terry.

-Mi… ¡Eres un maldito! – lo hizo levantarse, tomándolo del cuello de la camisa - ¿Le has dicho en dónde estamos?

-¡No se lo he dicho! – respondió Niel

-¡Terry, basta! – lo obligó a soltarlo – Niel me ha dicho que tu padre fue a hablar con Albert y algo parecía preocuparle cuando terminaron de hablar

Inmediatamente Terry le soltó, dándole la espalda.

-No puede ser bueno – comentó el castaño, recordando un detalle de mayor importancia y girando hacia Niel nuevamente – A todo esto, ¿cómo sabes en dónde vivíamos?

El aludido desvió la mirada con incomodidad.

-Bueno… - se rascó la mejilla – Candy no iba querer confiar en mí y la seguí anoche de regreso a su departamento

Terry le reprochó con la mirada a Candy, posando sus manos en los costados.

-Sé que no soy de su agrado pero créanme cuando les digo que quiero ayudar

-Por supuesto – respondió con sarcasmo Terry – Pero una cosa he de advertirte, Niel Legan, si me entero que has traído a mi padre a este lugar, personalmente te asesinaré, ¿comprendes?

Acomodándose la camisa con un bufido, se encaminó hacia la salida.

-¡Vaya forma de dar las gracias!

-Terry – le habló Candy en cuanto salió Niel – Llegaste temprano, ¿qué ha sucedido?

El mal humor aumentó en Terry al recordarlo.

-Renuncié – respondió

-¿Renunciaste? – preguntó impactada

-Pero creí que…

-Era un patán que me restregó la noticia en cuanto llegué – explicó mientras se desembarazaba de su abrigo – Francamente no lo toleraba pero es igual, ganaba dinero de alguna forma con él

-¿Qué haremos ahora? – preguntó consternada – Tal vez pueda encontrar un trabajo y…

-No – negó rotundamente, enseñándole la tarjeta de Robert Hathaway

-¿Robert Hathaway? – leyó - ¿Quién es él?

-Según me han dicho es uno de los mejores directores de teatro en Broadway – dijo

-¡Pero Broadway está muy lejos! – protestó ella

-¿No crees que será mejor así? – preguntó con una sonrisa – Piénsalo, Candy… Estaríamos lejos de esta noticia por un tiempo y nos libraríamos de ese Niel Legan, ¿qué dices?

La rubia le devolvió la sonrisa.

-Me has apoyado tanto que es justo que ahora te apoye – respondió - ¡Vayamos a Broadway!

El castaño la estrechó, dando vueltas con ella.

-¡Allá vamos Broadway! – exclamó Terry entre risas


La tasa de té, antes humeante, seguía intacta sobre el escritorio así como los papeles que no habían variado de lugar desde hacía tiempo. Albert no podía dejar de sentirseinquieto ante la reciente plática que había tenido con Niel. Sabía en dónde estaban ellos y eso representaba un peligro pese a que insistía en querer ayudarlos. Una persona como él no cambiaba en un instante, especialmente porque presentía que tenía cierta atracción hacia con Candy.

Posó su vista en el reloj el cual marcaba poco más de las siete de la noche. Tal vez si salía en ese mismo instante estaría poco antes de las once en el departamento de ellos y pasaría la noche en un hotel cercano.

Sin pensarlo más, se encaminó a su habitación para ponerse ropas más cómodas que el traje y salir discretamente valiéndose de la guía del río en donde tomaría un carruaje y lo llevase hasta donde ellos.


-¿Quién será a estas horas? – preguntó Candy al escuchar a alguien llamar a la puerta

-Juro que si es ese Niel lo golpearé hasta que ruegue por su vida – amenazó Terry, encaminándose hacia la puerta

-Gracias al cielo no me llamo así – respondió Albert en cuanto abrieron la puerta

-¡Albert! – corrió Candy a abrazarlo

-Hola pequeña – saludó alegre de cerciorarse que ambos estaban bien

-¡Vaya sorpresa, Albert! Pasa por favor – invitó el castaño - ¿Apeteces un poco de café?

-Me agradaría una taza – respondió

-¿Qué es lo que te trae a este lado de Chicago, Albert? – preguntó alegre Terry

-Niel me dio el mensaje de Candy – respondió un tanto sarcástico

-¿Mensaje? – posó el castaño su vista en Candy - ¿Qué mensaje?

-No te preocupes, Terry – enmendó en seguida el rubio – Candy sólo quería hacerme saber que se encontraban bien ustedes dos

-¡Oh! – extendió una taza hacia Albert

-Parece ser que Albert tampoco confía en Niel – comentó Candy divertida

-Y hace bien – agregó el castaño mientras servía una taza para Candy – No me creo ese cuento de que se volvió repentinamente el bueno de la historia

-Quise saber si en verdad se encontraban bien – explicó Albert – Especialmente porque aún no puedo confiar en Niel por…

-¿Por lo de mi padre? – completó la frase Terry, sentándose con una taza de café en la mano

-Sí, veo que no mentía al decirme que se los había advertido – dio un sorbo a su taza

-Niel me contó que parecías preocupado – dijo Candy

El rubio dejó la taza, jugueteando ligeramente con ella.

-Me preocupa, es cierto – respondió, meditando en cómo diría lo que a continuación diría – Creo que tu padre ha venido específicamente a arreglar las cosas contigo, Terry

El castaño pareció sorprenderse, enarcando las cejas mientras daba un sorbo a su bebida.

-Nunca le creo – respondió melancólico – Siempre es la misma historia desde que tengo memoria – se encogió de hombros – Escapo de casa, me busca haciendo creer a todos que está preocupado por mí y cuando me encuentra… él… - afectado por los recuerdos, tomó nuevamente su taza y dio un rápido sorbo para reprimir las lágrimas

Candy sujetó la mano de Terry, sonriéndole en señal de que siempre estaría para apoyarlo a lo que el castaño le devolvió una ausente sonrisa.

Albert sentíase conmovido al ver el amor naciente entre ambos. Estaba seguro de haber hecho lo correcto al ayudarlos. No queriendo estropear sus alegres vidas, decidió cambiar de tema, después de todo, habría más ocasiones para hablar acerca del tema.

-De cualquier forma, ¿han pensado a futuro?

Terry sintióse alegre de tener que cambiar de tema.

-De hecho has venido en un buen momento – comentó Candy sonriente

-¿Ah sí?

-Sí – continuó Terry – Iremos a Broadway

-¿Broadway? – repitió incrédulo y a su vez sonriendo - ¡Vaya, vaya! ¡Esto si que es una sorpresa! ¿Cuál es el motivo de tan repentina decisión?

El castaño prefirió evadir la respuesta.

-Es hora de aspirar a algo mejor – explicó

-Ni hablar, nada que hacer cuando se trata de ustedes dos – dio unos leves sorbos a su taza - ¿Necesitan que los apoye en algo? Puedo ayudarlos en lo que sea

-Agradecemos tu ayuda, Albert – irrumpió Candy, girando el rostro hacia Terry quien le devolvió igualmente la mirada

-Pero preferimos empezar por nuestra cuenta – concluyó Terry – Desde cero

El rubio les observó con orgullo.

-Han pasado apenas un par de días y han madurado tan rápido – comentó sonriente - ¡Me siento orgulloso!

Las manos enlazadas por debajo de la mesa se aferraron con emoción.


Por la mañana, cerca de las nueve, el tren con destino a Nueva York hizo un llamado a todos los pasajeros a abordar puesto que estaban a punto de partir. Albert fue el único en despedirlos, deseándoles las mejores de la suerte y pidiéndoles que buscaran la forma de contactar con él para saber que ambos habían llegado con bien.

-¿Estás nervioso? – preguntó la rubia a Terry

-Un poco, espero que sea en verdad una buena persona

Candy apoyó la cabeza en el hombro del castaño, mirando el paisaje que pasaba rápidamente ante sus ojos.

-¿Quieres hablar? – preguntó repentinamente

Terry entendía perfectamente a lo que ella se refería.

-Preferiría no hacerlo – respondió, mirando con nostalgia los pastizales

-Algún día tienes que hacerlo, Terry, sólo así desaparecerán las heridas

Pese a que el castaño era consciente de que su fe no estaba del todo extinta, sintió con terrible pesar cómo en aquellos instantes la cruz de Candy le pesaba y quemaba horrores. Como si aún no todo estuviese bien como él pensaba que estaría.

-Lo siento, pecosa – se disculpó ante su derrota – Pero me siento incapaz de enfrentarlo

-Recuerdo una vez, en el Hogar de Pony – comentó – La Hermana María me pus frente a un espejo y me dijo "Si no eres capaz de reconocer lo que te molesta ante ti, jamás podrás librarte de ese dolor" – miró a Terry quien estaba sumido en sus pensamientos – Y tenía razón, Terry… Cuando pude verme al espejo y reconocer todo el dolor que estaba matándome fui capaz de sacarlo por completo de mi vida

Pese a que la mirada de Terry estaba puesta en la nada, reflexionaba a fondo las palabras de Candy.

Después de aquel comentario, ambos se sumergieron en sus propios pensamientos hasta que la rubia quedó dormida. Con sumo cuidado, el castaño se incorporó y deslizó suavemente la puerta para salir al pasillo y encerrarse en el tocador en donde se aferró al lavamanos y posó su mirada en sus ojos que se reflejaban en el espejo.

-Reconócelo – murmuraba – Reconócelo… ¡Hazlo!

Su cansada mirada sólo le reprochaba la falta de valor que tenía, su corazón se aceleraba a mil por hora, un sudor frío recorría su espalda mientras sus uñas se encajaban ligeramente en las orillas.

-Nunca lograste lastimarme – murmuraba con lágrimas en los ojos - Puedo superarlo… puedo… nunca…

El llanto le nublaba la visión, obligándolo a retirarla con impotencia, hundiendo el rostro en sus hombros. Sollozando en silencio.


El bamboleo del tren hizo a Candy abrir los ojos, notando en seguida la ausencia de Terry. Extrañada de su repetina desaparición, decidió salir a buscarlo.

-Tal vez está en el vagó comedor – pensaba mientras caminaba a lo largo del pasillo

-Disculpe – detuvo a un hombre que caminaba en sentido contrario a ella - ¿Ha visto a un joven castaño de ojos azules?

-Ah… sí, lo vi hace poco – respondió – Parece que iba hacia el último vagón

-Gracias

-Por nada, señorita

Candy llegó al vagón final, encontrando a Terry apoyado en las barandillas del exterior.

-¿Tomando un poco de aire fresco?

Terry posó su vista en ella, regresándola en seguida al paisaje.

-Sí – respondió

Los ojos ligeramente hinchados y enrojecidos no pasaron desapercibidos para la rubia.

-Estuviste llorando – afirmó con melancolía

Reuniendo valor, encaró a Candy, alargando una mano hacia ella para abrazarla por la espalda y apoyar su cabeza en sus hombros.

-Es difícil, pecosa – murmuró

-Lo sé – contestó, abrazando los brazos de Terry – Tardé mucho en reconocerlo

-Pudiste advertirlo – reprochó con una media sonrisa

-Tenía que saber si lo intentarías – respondió, ladeando el rostro para encararlo

-Fue una trampa – giró su rostro y la besó en los labios

El ten llegó a su destino y con ello, los jóvenes que no perdieron tiempo en buscar la dirección una vez en Broadway.

-¿Robert Hathaway? – tomó el hombre la tarjeta – Sí, trabaja en el teatro a unas cuadras al sur

Señaló la dirección.

-¿Tiene idea de algún horario? – preguntó Terry

El hombre carcajeó con sarcasmo.

-Ese hombre jamás abandona el teatro, ¿cómo piensa que ha tenido tanto éxito? Nació para ser un gran director y lo está cumpliendo -miró con mayor detenimiento a Terry - ¿Piensas audicionar, chico?

Terry asintió.

-Será mejor que no hagas perder el tiempo a ese hombre – aconsejó – Es poco paciente y de mal carácter, seguramente es por la falta de sueño pero ¿qué más da? Es problema suyo supongo… ¡Te deseo suerte!

Ambos agradecieron, tomando el camino señalado.

-Sé que podrás con él – animó Candy

-Empiezo a sentirme inseguro – respondió sincero – Creo que habrá sido todo una pérdida de tiempo y dinero

-No pienso igual que tú – refutó

Ambos se detuvieron frente el enorme teatro que se presentaba ante ellos.

-Está cerrado – dijo Candy al ver las puertas cerradas

-Probemos en la parte trasera – la jaló Terry – Es ahí por donde siempre se entra para hacer los ensayos

Efectivamente, la puerta trasera hallábase abierta, permitiendo a la joven pareja ingresar a un pasillo que los comunicó en seguida a las espaldas del escenario.

-¡No, no! – regañaba un hombre con un libreto en las manos - ¡Recuerda que son celos los que debes sentir! – con un movimiento brusco apartó al joven actor – Tomas a Desdémona por el cuello de esta forma – interpretó la maniobra con la actriz – y es cuando empiezas el estrangularla hasta matarla, ¡odio es lo que sientes!

-Interpretan a Otelo – murmuró Terry a Candy

-¡Basta ya! – abatió las manos el director – Tomemos un descanso, no quiero matarlos de cansancio y hambre

Posando una mano en la sien, dióse media vuelta, encontrándose con la pareja que observaba discretamente.

-¿Quiénes son ustedes? – preguntó con irritación el hombre

Continuará...