Capítulo 20
Sometimes
Hay ocasiones en donde nuestro afán por crecer se ve reflejada en nuestras acciones. Como cuando nos ponemos el maquillaje de mama destruyendo su labial favorito, así también cuando nos ponemos sus zapatillas de tacón 10 procurando caminar sin lograrlo terminando así con uno de tus pies fracturados…así como también cuando vas creciendo y te vez en una realidad donde tener 14 años no es lo mismo que tener 16, por lo que empiezas a tomar las llaves del auto de tu padre para escabullirte hasta la plaza de la esquina y así impresionar a tus amigos o también como falsificar una identificación y poder ir a un kiosco a comprar cervezas.
Pero así como cuando tienes 5 y quieres tener 10, así cuando tienes 10 y quieres tener 15 o cuando tienes 16 y quieres tener 20…así de esa manera los que tienen 40 quieren tener 20 y la cuenta seguiría, a lo que se quiere llegar es volver a esa edad donde importaba más hacer cosas sin sentido con el afán de pretender ser grande por que no sabías las responsabilidades que tener más edad conllevaba.
Pero cuando tienes la edad que siempre deseaste tener y te enfrentas a las responsabilidades y obligaciones que estas conllevan de acuerdo a tu edad, tienes ganas de volver a aquella edad donde tu única responsabilidad era ser una persona sin preocupaciones por la vida, sin saber si el manejar ebrio puede llevarte a prisión, si beber en una fiesta pueda ocasionarte la peor cruda al otro día, pero lo que más quieres es no tener esa presión que te pone el mundo por pertenecer a algo…
Una vez, en la secundaría, durante sus clases de Sociología, Quinn escuchaba hablar como las clases sociales existían en el mundo después de tantos siglos ante su creación. Como habían empezado durante la conquista donde las primeras clases sociales habían sido los españoles, los criollos, los indios y los negros…para llegar a lo que hoy en día se sigue viendo, la clase media, la clase alta y la clase baja…pero así como existen las clases sociales, existen las sociedades, que se desprenden de esta clasificación de clases, donde se explica que el ser humano tiene que vivir en sociedad y adecuarse a las exigencias que su clase social y su sociedad le anteponía.
Fue allí donde Quinn se dio a la tarea de clasificarse ella mismo…ella pertenecía a la clase alta, sus padres eran unos empresarios reconocidos y tenían propiedades por casi todo el mundo, sin embargo, la rubia de 14 años no estaba de acuerdo con las exigencias que su sociedad le exigía…ella no quería aparentar estar saliendo con el chico más guapo de la escuela solo para ser mas popular, ella no quería dar una fiesta cada fin de semana con sidra de manzana y bocadillos gourmet preparados por un chef francés, así como no sería la chica que hablaría de cuanto dinero tienen sus padres en el banco solo para caerle bien a su circulo social….
Si bien Quinn no había manejado bien esta jerarquización social, ella adapto una nueva donde sería la oposición a lo que regularmente las chicas de su "circulo" social hacían. Ella no andaría con el idiota capitán de Futbol de su escuela, no daría sidra de manzana en las fiestas que hiciera y sobre todo, no se andaría con rodeos, ella estaba segura que le gustaban las chicas por lo que dejaría de ser una niña de 14 años y aparentaría ser una de más edad.
Y le funciono por que ahora a sus 17 años, ella era la abeja reina de la escuela. Había seguido su propia jerarquización de acuerdo a su clase social, pero eso no se debía tanto a su dinero, se debía a cuestión de sentir el poder en sus manos, sentir ese intimidación que provocaba en los demás haciéndola sentir superior y grande…tal vez había malinterpretado aquello que había escuchado a los 14 años, tal vez había estado haciendo mal en tratar como basura a los demás pero de acuerdo a la clasificación de clases sociales, el que tiene el dinero manda.
Así fueron sus pensamientos hasta meses atrás cuando una Rachel Berry llego a su vida arrebatándole cada uno de sus ideales monarquitas donde el rival más débil recibe un granizado en su cara…aquella chica había roto los parámetros que tantas veces había dejado en claro a todos los demás estudiantes de su escuela, aquella escuela y en menos de un año estaba siendo comandada por una nueva abeja reina que era todo lo contrario a Quinn Fabray, aquella abeja que no era abeja sino más bien una bella mariposa, había roto todos los esquemas y la había puesto en su lugar enseñándole que todos éramos iguales y que nadie debía ser tratado como una basura…
Quinn a ese punto de su vida y a sus casi 18 años quería dejar de ser una casi adulta para volver a ser una niña de cinco años donde su única preocupación era jugar, reír, comer, ver la televisión, molestar a su hermano gemelo y sobre todo, ser una niña donde no tenía que preocuparse por esa cosa llamada amor…
-Hola Quinn—la voz del hermano de Rachel saco a la chica rubia de sus pensamientos.
Todos se encontraban una vez más en el salón de artes donde tomarían una de las clases del profesor Shuester. No sabía de lo que estaban hablando, había perdido noción del tiempo y noción de todo cuando se vio a ella misma sola en un rincón aislada de los demás chicos. Seguía enojada con Santana y como Brittany era la novia de la latina, pues había un cierto alejamiento entre las dos rubias, Puck se había enojado con ella por haber sido, como él lo dijo textualmente, una bastarda rompecorazones cabeza de chorlito que había lastimado a su princesa sexy judía, y bueno, su hermano estaba más interesado en estar con Rachel y los demás antes que con ella.
El único que parecía estar bien con ella era Blaine. Y Quinn lo agradecía, después de todo este le seguía hablando aun cuando se había comportado como una estúpida egoísta con su hermana.
-Hey—le contesto sin muchas ganas. Blaine le sonrió gentilmente a Quinn y tomo asiento a un lado de la rubia.
-¿Qué haces tan sola aquí?
Quinn lo miro y suspiro—Estoy peleada con Santana por que dije algo que no recuerdo, Puck esta molesto por algo con Rachel, Kurt me ignora como siempre y bueno, a los demás no les hablo tanto, así que…
-Bueno, me tienes a mí, Quinn—la chica lo miro y le dio una sonrisa que más bien parecía una mueca—oye, los problemas que tengas con Rachel, son de ella y tuyo, la amo con todo mi corazón, pero, nunca es bueno meterte en los problemas sentimentales de los demás.
-Es que tanto como Puck como Santana tienen razón para enojarse conmigo…quiero decir, yo con Rachel solo estaba jugando a la segura, solo quería tenerla conmigo por el miedo de que se fuera, sin embargo, no pude manejar la situación—dijo casi en un susurro.
Blaine puso una mano en el hombro de la rubia a modo de apoyo, per en esos momentos, la chica necesitaba más que aquella muestra de apoyo, en verdad se sentía mal y la verdad que es nunca en su vida se había sentido de esa manera.
-Escucha Quinn, en ocasiones hacemos cosas que suponemos están bien a nuestros ojos, pero a los ojos de los demás están mal…no te justifico, lo que haces estas mal, no puedes ir por la vida jugando con los sentimientos de las personas, no obstante, también sé que lo haces por que tienes miedo a abrir tu corazón y dejarte llevar por tus sentimientos…y cuando hablo de sentimientos, me refiero a los de tu corazón—termino el chico para apuntar con su dedo índice el lado izquierdo del pecho de la chica.
Quinn le sonrió sinceramente al chico y este le devolvió el acto imitando la misma acción. Aquellas palabras que Blaine le había dicho tenían tanto sentido y por primera vez en su vida, Quinn vio una luz al final del camino y no porque estuviera en fase terminal y casi en los últimos segundos de su vida…vio aquella luz como metáfora al ver reflejadas las palabras del chico en su vida real.
La única vez que había estado enamorada, o al menos eso había creído, había sido de aquella chica que había conocido en internet. De aquello solo sabía Santana, ni su propio hermano que era su sangre, su gemelo, se lo había contado. Razones algunas tenía, sin embargo, hay ocasiones en las que vez la luz al final del camino, vez pasar tus años de vida en cámara lenta mientras postras tu vista en algún lado sin fin alguno; y te das cuenta que la vida que llevas no a sido la mejor pero tampoco ha sido la peor, pero hay ocasiones en las que debes modificar un poco tu estilo de vida y crear uno nuevo.
Quinn no era de pedir disculpas, para ella, todos estaban mal y ella estaba bien, aunque todos estuvieran bien y ella mal…la rubia chica nunca se disculpaba, pedir disculpa era de débiles, según las palabras de una Sue Silvestre, pero hay momentos en de tu vida en la que ser una cobarde esta bien y pedir una disculpa puede ser el principió de un nuevo cambio.
Por lo que tomo impulso, acomodo su uniforme de porristas y dio un gran suspiro. Camino hasta donde se encontraba Santana, quien platicaba animadamente con Rachel, y a unos metros de llegar a la chica, se detuvo. Aquella estaba siendo difícil, pedir una disculpa a Santana era como si Estados Unidos le dijera a Irak que la guerra terminaría y sus tropas retirarían, era un suceso histórico y extrañamente bizarro. Sin embargo, Quinn Fabray tomo todo el valor del mundo y siguió su camino hasta tocar con su mano derecha el hombro izquierdo de la latina.
Esta al sentir la mano de la rubia sobre su hombro, volteó su mirada y se extraño al ver la cara serena de Quinn, con sus ojos algo apagados pero con un poco de brillo, ese brillo que solo Quinn Fabray tenía. La latina le mantuvo la mirada y tras unos minutos de silencio, Quinn rompió el silencio….
-¿Puedo hablar contigo?—articulo trabajosamente la chica. Santana alzo su ceja izquierda y miro a Quinn.
-¿Y se puede saber de que tenemos que hablar tú y yo?—la porrista cerró sus ojos. Aquello dolía…dolía sentir el frio trato de su amiga, de su cómplice…su hermana.
-Santana—le regaño suavemente la diva. La latina chica rodo los ojos y se descruzo de piernas y se puso de pie.
-Camina—Quinn acato la orden de la chica sonriendo por lo bajo. Al parecer había una nueva chica, que además de Brittany, dominaba a la perfección a la latina.
Caminaron fuera del salón, pidiendo permiso al profesor Shuester. Las chicas llegaron hasta quedar algo lejos del salón, caminando hasta llegar a los últimos pasillos donde se encontraban los salones y comenzaba el pasillo para llegar a la cafetería. Santana se recargo en uno de los pilares del pasillo, cruzando sus brazos sobre su pecho y mirando desafiantemente a la rubia, quien estaba con su espalda pegada al otro pilar del pasillo de enfrente con sus manos alrededor de sus antebrazos y su mirada adherida al suelo.
Quinn suspiro—Lo siento ¿vale? Me porte como una estúpida el día de la fiesta de celebración en la casa de Sam. Estaba bastante tomada, tenía mil cosas en la cabeza y creo que mi única forma de pasarlas, era haciéndolo al comportarme como lo hice—siguió hablando después de una pequeña pausa para tomar aire—no debí decir aquello sobre Rachel contigo…estuvo mal y fuera de lugar y como tu lo dijiste, tu no eres como yo—termino de decir las ultimas palabras como un susurro.
Santana sonrió—Déjate de dramatismos, Fabray—Quinn alzo su vista y se encontró con aquella sonrisa—no estaba enojada, simplemente estaba molesta por tu actitud tan idiota y estúpida, sin embargo, sé que muy en el fondo lo dijiste solo por desesperación.
Quinn desplomo su cuerpo cayendo lentamente por el pilar. Al estar completamente en el suelo, flexiono sus piernas, dejando ambas de sus rodillas pegadas a su pecho. Puso su cabeza entre sus rodillas y la tapo con sus manos.
-Estoy siendo una idiota, Santana—dijo entre susurros—y lo peor es que, todos a mí alrededor la están pagando.
-Te lo dije una vez y te lo volveré a decir, no puedes joderte la vida solo porque una mocosa te jodió. Tú estas así desde que paso todo eso con Mary, después con tus sentimientos con Rachel…te asustaste y actuaste y tú sabes que las cosas que se hacen rápido…rápido acaban.
-No puedo permitir que eso me pase con Rachel…o sea, ya la perdí como posible pareja, no quiero perderla como amiga…yo…yo con eso me conformaría—sin decir una palabra, Santana se fue acercando a su amiga y la rodeo con sus brazos.
-Si alguna vez cuentas que te abrace, lo negare y después te patearé el culo—la rubia sonrió—escucha Quinn. Rachel es mi chica, bueno, no te pongas doble sentido. Ella es como la hermana que siempre quise, si le dices eso también lo negare y te volveré a patear el culo, y por eso me comporto de esa manera con ella. Rachel es una chica que se piensa mucho las cosas y que al final se deja guiar por lo que le dicta el corazón…y por qué te conozco y se como eres, la protejo, por que ella no reaccionara como las demás chicas que botas como papel desechable, ella se romperá por que es frágil y yo solo quiero cuidarla de eso… ¿me entiendes?—Quinn asintió
-¿Y que se supone que debo hacer?—Santana se puso de pie y desde su posición normal la miro y le dijo…
-En ocasiones, debes dejarte guiar por lo que dicte tu corazón.
Quinn miro alejarse a su amiga y suspiro. Dejarse guiar por su corazón, nunca había sido una buena idea y nunca lo había hecho…solamente una vez y no salió nada bien. Pero se puso a pensar, la chica estaba en Venezuela y tenía miedo de aquellos sentimientos, sin embargo, algo tenía que hacer, odiaba a Santana por tener razón pero así como la odiaba en aquellos momentos, le agradecía por ser de la manera en la que era y por los consejos que le daba.
Quinn nunca había sido buena demostrando sus sentimientos. Cuando tenía 5 años, su modo de decirle a Kurt que lo quería era golpeándolo con una de sus muecas de tela, las cuales nunca le habían gustado. Nunca había sido una niña muy dada a los abrazos, en si, era muy raro cuando Quinn rompía su barrera. De hecho, a las únicas personas que abrazaba sin temor alguno, eran a sus abuelos.
Pero desde la muerte de sus dos abuelos paternos y de la repentina mudanza de sus abuelos maternos a Europa cuando Quinn apenas tenía 10 años, todo había cambiado con respecto a la chica. Desde aquella edad, se volvió fría y sus ojos no tenían ese brillo que sus ojos producían cada vez que veía a sus abuelos. Fue algo difícil para la chica, nunca es fácil perder a dos seres maravillosos ni mucho menos ver como tus modelos a seguir se van de ti sin poder hacer algo al respecto.
Quinn amaba a sus padres, pero siempre existía ese resentimiento de ella hacia ellos. Habían sido muchos los años en donde sus padres eran sus nanas y las chicas del servicio, donde las felicitaciones de cumpleaños eran recibidas por medio de un video multimedia y cientos de regalos, donde los te quiero sonaban tan lejanos y fugaces. No era culpa de sus padres…no al cien por ciento. Si tan solo ellos le hubieran hablado de lo que era el amor, de lo que era enamorarse y de las consecuencias que tenía, no hubiera cometido aquel error con Mary, si tan solo Judy y Russel se hubieran tomado 5 minutos de su "valioso" tiempo para tener una platica sobre sentimientos con ella, tal vez y solo tal vez…
Se dice que el amor no se enseña, que solo se aprende, sin embargo tienes que tener conocimientos bases de aquello. Conocer la historia épica de amor entre tus padres, era base fundamental para así crear una tuya.
Quinn no tuvo aquello, nunca supo como sus padres se conocieron, si fue amor a primera vista, si sintieron aquellas mariposas en el estomago cada vez que se veían…nada, por eso, ella se sentía tan perdida cuando comenzó a experimentar aquellas emociones con Mary, se precipitó, su corazón roto quedo y ahora ella vive con el miedo de volver a tener su corazón roto.
Pero sabía que era tiempo de dejarse llevar por lo que su corazón dictara…fuera miedos, fuera todo, Mary pertenecía a su pasado y es donde se iba a quedar, en el pasado junto con todos sus miedos por que ella en verdad quería enamorarse, caminar de la mano con esa persona amaba, ir al cine, llevarla al parque, tomarse unos helados, besarla cada vez que esta cantara una canción, poner cara de idiota cada vez que hiciera uno de esos gestos adorables que hace cuando se enoja, esta emocionada, esta feliz o simplemente adorarla cada vez que esa persona le dedicara una sonrisa de esas que ella solo sabe dar.
Rachel Berry
Esa era la chica con la que Quinn quería sentir todo aquello. Y no por que fuera un capricho, sino por que así lo sentía…sentía que cada vez que aspiraba aquella aroma a cítricos dulces, si es que ese olor era posible, se volvía un poco más loca, aquella aroma encendía sus sentidos de una manera que nadie jamás en su vida lo había hecho. Rachel Berry había impactado a Quinn Fabray desde el primer día que la vio, y aunque en primer lugar, Quinn solo quería a Rachel como una más de su lista, basto solo unos días para darse cuenta que Rachel Berry sería para ella más que una más en su lista.
-¿Se puede?—la rubia alzó la mirada hasta la puerta y vio a su madre asomar su cara. Quinn sonrió delicadamente a su madre, cerró su portátil e invito a que su madre pasara.
-Es bueno saber que están de vuelta—susurro en el oído de su mamá la rubia durante un gran abrazo iniciado por ambas mujeres. Judy sonrió, aquella Quinn le recordaba tanto a su Quinnie de tan solo cinco años de edad.
-Es bueno estar de vuelta—le contesto Judy a Quinn, quien solo sonrió— ¿estas ocupada?
-Para nada, solo estaba revisando unas cosas de la escuela—dijo señalando su portátil ya cerrada.
-Bien, por que quiero hablar contigo—Judy poso sus ojos azules verdosos en los verdes miel de su hija—sé que esta platica debió de ser hace mucho tiempo, Quinn. Y no sabes lo arrepentida que estoy por haberte dejado, a ti y a Kurt, lidiar con su adolescencia por ustedes mismo, sin una guía, sin nadie
Quinn negó—la tuvimos, solo que hubiera preferido tenerla mil veces por parte de mi madre en lugar de por la Nana Betty.
-Lo sé, mi vida—suspiro la rubia mayor—Quiero que me hables de ti… ¿hay alguna chica en tu vida?—la rubia menor sonrió no sin antes sentir el ardor en sus mejillas. Si tan solo supiera que no hay una chica en su vida…
-No—sonrió—al menos no por ahora—su madre la miro confundida
-Pero Kurt dijo….
Mataría a su hermano gemelo o peor, quemaría toda su ropa
-Ya...mamá, sabes que Kurt es un chismoso de nacimiento… ¿Recuerdas cuando tenía 10 años y te dijo que yo le había dado un beso a Kevin, el hijo de la Sra. Stewart?—su madre sonrió ante aquella anécdota
-Por supuesto, después de que lo correteaste por toda la casa, nos dijiste que solo le diste un beso en la mejilla por que te había convidado de sus gomitas de dulce—Quinn le sonrió
-Pues eso, mamá. Kurt ve cosas en lugares donde no son
-Bueno, pero debe de haber alguien en tu vida, digo, hace mucho tiempo que no… —su madre guardo silenció.
-Esta bien, mamá—la reconforto al ver que las próximas palabras de su madre no eran algo acertadas—Por ahora no hay nadie, aunque no te voy a negar que hay una chica que me quiere volver algo loquita—dijo con una tímida sonrisa—sin embargo, pasaron varias cosas entre nosotras y tengo que arreglar lo que hice en el pasado, para poder que me depara el futuro.
-Esa es mi bebe—le dijo estrujándole las mejillas.
-¡Mamá!—se quejo quitando las manos de su madre
-Sea lo que sea que le hayas hecho a Rachel, se arreglara—la rubia miro a su madre desconcertada.
¿Has sentido que algunas veces mueres por segundos? Bueno, Quinn había sentido aquello hacia unos segundos atrás, su madre…su madre había pronunciado el nombre de Rachel Berry, y de una cosa estaba segura, de su boca nunca salió el nombre de alguna chica…y fue cuando supo que en efecto, ataría a Kurt Fabray en una silla mientras ella desprendía de su ropera sus prendas favoritas, rociaría gasolina sobre ellas y se sentiría feliz al ver como su gemelo pagaba por ser tan boca grande.
No había marcha atrás, su madre ahora sabía de Rachel, así como sabía de sus intenciones, o a ciencia cierta, pero al fin y al cabo, se podía dar una idea después de aquella plática entre las dos. No había vuelta atrás, estaba sin salida y ahora que su madre estaba "involucrada" tenía que poner sus movimientos en marcha y arreglar las cosas con Rachel.
En ocasiones, tienes que dejar tus miedos atrás, vivir el momento y olvidarte por un instante de lo que pueda pasar y Quinn Fabray era un experta en eso, pero justo ahora y en esos momentos, se dejaría llevar por el corazón…
Porque en ocasiones y solo en muy raras ocasiones, el amor llega a tu vida sin siquiera planteártelo.
-Por cierto—escucho que su madre hablaba desde la puerta de su habitación—el sábado tenemos una cena en casa de los Berry.
BUEN MARTES!
Había dicho que hasta el viernes, pero me exentaron de los tres exámenes para mañana y bueno, tengo tiempo para dejarles el capítulo.
Pues nada, muchas gracias por la buena onda y los RW y todo lo que hacen para que este fic sea leído, en verdad.
Se viene la cena y debo decir que ha sido uno de mis favoritos para escribir. Amarán a Quinn (más de lo que ya la aman)
(:
