Capítulo dieciocho.

Su corazón estaba desbocado como si hubiera corrido una maratón de cientos de millas. Edward estaba de pie y brazos cruzados a un costado de su habitación, estaba furioso. Podía verlo en su mirada.

-¿Acaso no notaste mi camioneta en frente de tu puerta?

Bella lo pensó mejor. No había nada. Nada en lo que se hubiera fijado. Negó con su cabeza.

-Exacto. Es porque estás demasiado ebria como para hacerlo.

-¿Y quién eres tú para saber eso?

Su memoria brilló. Jasper era de su grupo cercano de amigos. Él era el único que podría haberle dicho algo.

-Eso no importa.

-¿No lo hace? Bueno, estás en mí casa, mí habitación y no tienes derecho. ¿Cómo entraste?

-Por la ventana, las puertas estaban trabadas.

Bella respingó.

-Recuérdamelo más tarde para que pueda trabajar en todas las aberturas de la casa.

Apagó la luz y continuó enviando los almohadones al suelo.

-¿Qué haces?

-Edward, no tengo idea de lo que realmente quieres ahora mismo. Pero yo, quiero dormir porque mañana hay escuela, y tengo cosas de las que ocuparme. Eres libre de hacer lo que quieras... como irte por donde viniste.

Se acomodó de espaldas a él y cerró los ojos. Se había espabilado de golpe.

-¿Quién era el que te trajo hasta aquí?

Su intento de voz neutral, filtró un dejo de celos e intriga.

-No te lo diré.

Edward bufó. La cama se hundió a su lado y lo sintió más cerca de ella, por encima de las mantas. Su respiración fue cada vez más superficial y pesada. Hasta que su pesado brazo la rodeó y la afirmó contra su espalda.

-Apestas a cigarrillo y alcohol.

-Lo sé. Eso les pasa a las personas que van a un bar.

El silencio se prolongó unos segundos, Bella casi podía oírlo pensar.

-No me gustan esos lugares. Si quieres ir, puedes decírmelo. Iré contigo.

-Lo voy a pensar.

Bella se mordió el labio inferior para no reír. Edward soltó un suspiro. Había estado pensando en detalle las palabras de Bella. Cada una de ellas. Jasper lo había empujado a salir con él, pero se había negado. Tenía que pensar en demasiadas cosas. Pero Jasper le había enviado un mensaje. Estaba sorprendido de encontrarse a la novia del capitán del equipo, en el bar que usualmente iban. Su corazón se detuvo. Antes de salir hacia el lugar, le indicó que se había ido con alguien.

Había sido la hora más larga de su vida. Porque si ella no llegaba, iba a rastrearla por toda la maldita ciudad.

-Actué como un idiota de nuevo. Lo siento.

Bella esperó un momento.

-¿Qué haces en mi cama?

Murmuró. Edward sonrió de lado y se acercó al oído.

-No lo que quisiera, Bella. Pero estás ebria y voy a conformarme con verte dormir.

-Idiota.

Lo oyó reír despacio. Bella se dio la vuelta y Edward la acercó a él. Cerró los ojos y sintió que partes de su alma se unían de nuevo a su cuerpo. Se aferró más a él.

-Te extrañé.

Susurró. Dejando que su perfume la remontara a los viejos recuerdos. Cada uno tan fresco como si se trata de ayer. Edward se abrazó a su cuerpo y acarició su rostro.

-Yo igual, Bella.

.

Llevaba lentes oscuros para evitar que su dolor de cabeza empeorara. Se había saltado el día escolar y había llegado diez minutos antes a la práctica de animadoras. Se había tomado el tiempo necesario para hacer unas cuántas investigaciones en el tiempo libre.

Había despertado sola, pero la sensación del cuerpo de Edward junto al suyo todavía la mantenía cálida. No lo había oído irse, suponía que temprano para preparase para la escuela, o antes de que su madre lo descubriera. Pero había estado allí con ella. Eso la reconfortaba.

Pero seguía sin saber qué demonios hacer con él. No podía negarse a lo que sentía por Edward, pero era demasiado pronto como para darle algún tipo de oportunidad a la situación. Estaba aterrada. Todavía no se sentía lista para ello.

Bella relajó la postura en las gradas y bebió agua de nuevo. En lo que llevaba del día, había bebido más de lo que bebería en una semana. Alice había asegurado que sería bueno.

-Llegas temprano, Isabella.

-Lo sé, chicas.

Las dejó acomodarse y esperó a que comenzaran a reunirse en el campo. Los chicos entraban una hora más tarde a entrenar, por lo que quería evitar esa parte.

-Hice algunos cambios.

Jessica rió.

-¿Qué? No puedes.

-En realidad, si puedo. Tengo el papel que me certifica, firmado por ustedes, a ser la que tome las decisiones. Así... dije que hice cambios.

Lauren se colocó a un lado de Jessica.

-No puedes hacer cambios a menos de una semana del juego.

-¿Recuerdas la parte de "yo capitana"? Eso indica que se siguen mis órdenes. Los cambios no son de la rutina.

Ahora tenía la atención de todas las participantes del equipo.

-¿Qué quiere decir eso?

-Que es acerca de las integrantes. Ustedes. Algunas, ya no estarán.

Fue por un cuaderno y extrajo una pila de papeles.

-Chicas, no quiero ser cruel. Pero la coreografía es desastrosa. Falta coordinación, no hay técnica ni trucos. Va a ser aburrido y cuando tengamos que llevarlo a los nacionales, nos pasarán por encima ¿de verdad quieren eso?

El silencio se prolongó. Comenzó a entregar las solicitudes.

-Claro que no. Ninguna de nosotras lo quiere. Ahora, voy a entregarles la solicitud que necesito que completen para ser presentada en las dirección escolar, sus exámenes médicos serán testeados en breve y...

-¿Por qué no tenemos solicitud?

Jessica comenzaba a verse roja de la furia. Lauren fruncía le ceño.

-Jessica, como tu mejor amiga, es mi responsabilidad cuidar de ti. ¿Qué diría de mí si dejara que practicaras un deporte arriesgado en tu estado?

Palideció. Los murmullos se cortaron en seco. Bella no podía frenarse allí.

-Oh, lo siento. ¿No les habías dicho a tus compañeras de tu embarazo?

Bella se había tomado el trabajo extra para asegurarse de la seriedad de la venganza de Jessica. Había llamado a la madre de Jessica para pedir el número de su doctor, con la excusa de que quería uno de confianza. Entonces se había hecho pasar por ella, preguntando acerca de los estudios recientes y ciertas dudas. Sabía que los Stanley pagan fortunas a los médicos cabecera para cualquier consulta. Ya sea estética, o física. Había confirmado un embarazo de tres semanas de gestación.

-¿Qué esperabas? ¿Hasta el baby shower? Siento arruinar tu sorpresa.

La castaña parpadeó rápidamente, recuperando parte de la furia que corría por sus venas.

-No puedes dejarme fuera de ésto.

-Puedo hacerlo. El director estuvo de acuerdo en dejarte fuera de la clase de gimnasia sin que seas reprobada, entiende tu situación. Pero una chica esperando un niño no puede poner en riesgo su vida ni la de la criatura, la escuela se vería afectada y eso arruinaría la imagen. Es una buena idea.

Bella sonrió.

-Por lo tanto, felicitaciones Jessica. Que tú bebe sea sano y ruega para que sea aceptado por los Newton. Son una familia difícil, pero tal vez Mike pueda arreglar la situación.

Se acercó a Jessica con ojos de halcón.

-¿Por que eso era lo que querías, cierto? ¿Quedártelo? Lo hiciste. Lamento que hayas tenido que arrastrarte por detrás de mí para lograrlo. Mike y yo terminamos, no gracias a ti, cariño. Así que no pretendas llevarte todo el crédito.

Tomó su bolso y le dio una última mirada. Bajó su voz y sonrió con malicia.

-¿Mejores amigas, cierto?

Se volvió hacia las demás chicas.

-¡Práctica de ahora en más de cinco a ocho, señoritas!

Lauren chilló. No podía dejar la tutoría o estaría reprobada en la mayoría de las materias. Su falta de neuronas era preocupante. También había llamado a sus padres para notificar del cambio de actividades. Como "consejera estudiantil" había estado de acuerdo con ellos en que era lo mejor para Lauren quitar las distracciones del camino para que pudiera terminar en forma la escuela. Todo aquello, sería por su bien.

Las había dejado fuera. Legalmente.

Había limpiado su nombre. No es que esperaba una venganza mayor. Para esa hora del día de mañana, la escuela completa sabría las dos noticias. Conocía a cada una de las integrantes del equipo de animadoras y eran las más cotillas de la escuela. Era justo lo que necesitaba.

Pasarían por una humillación pública, menor a la que sufriría ella por ser una estúpida.

.

Bella ingresó temprano a la biblioteca. Alice ya estaba sentada con su taza de café frente al libro, refrescando las mejores citas del libro antes de que la reunión de lectores comenzara. La vieja Bree ya casi ni aparecía, pero esa tarde en especial, les había llevado tartas de manzana.

-¿Puedo tomar de ésta?

-Claro niña, la traje para eso.

-Genial. Estoy hambrienta.

Alice intercambió una mirada con la anciana. La mujer, sin ningún año de más, empequeñeció la mirada en su dirección y dejó de servir las porciones en platos pequeños. Giró su cuerpo hacia ella y cruzó las manos en su regazo.

-¿Y a ti que te pasa?

Bella levantó la vista.

-¿A mí?

-Si, a ti.

Alice ocultó su sonrisa dentro de la taza.

-Nada.. ¿por qué?

-¿Por qué? Bueno, déjame decirlo de ésta forma. No ha habido un día, desde que ingresaste aquí, que hayas manifestado alguna emoción y ahora las muestras todas juntas. ¿Qué sucedió?

Bella frunció el ceño.

-Si.. ya sabes a lo que me refiero, niña. Tus ojos brillan, llevas una sonrisa de forma inconsciente y tienes hambre. Una muestra de que has vuelto a sentir.

-Detente ahí, Jane Austen. Solo tengo hambre y ya...

-Ese "ya" tiene un nombre.

-En realidad, no.

Alice saltó en su defensa. Dejó la taza de lado y le sonrió a la anciana.

-Está haciendo progresos ¿por qué no dejas de hostigar a Bella y sigues con la tarta? La gente no tardará en llegar...

Bree, como una vieja astuta que era. Le hizo caso. Alice le guiñó el ojo, para saltear el momento, pero supo que no iba a dejárselo pasar.

La noche de viernes fue tan ajetreada como lo había esperado. Cerca de cien alumnos se amontonaban al rededor de la conferencia del representante elegido para dar su crítica acerca del autor. Esa semana era Nicholas Sparks. Estuvo atenta a la charla durante las tres horas, sirvió infusiones y repartió porciones dulces. Alice aminoró el trabajo, y cuando había querido darse cuenta, todos estaban saliendo por la puerta principal.

-Llevará millares limpiar ésto... ¿por qué no dejas que me ocupe?

-No puede ser, Bella. Voy a quedarme. Bree esta noche tuvo que irse temprano..

-Alice. Tienes ese examen que no puedes reprobar de nuevo. No será mucho, lo prometo.

-¡Pero no viniste en el coche!

Bella rió. Nunca se hubiera imaginado que se acostumbraría a los horarios del metro.

-Tomaré el autobús, apenas son las ocho treinta.

-Demasiado tarde.

Tomó su abrigo y la empujó fuera.

-No más excusas y vete. Cuando llegues en tu turno de la tarde, estará como nuevo.

Bella se dispuso a levantar todos los platos y pocillos de café, ese día no había tanto desastre como solía haber la mayoría del tiempo. Devolvía los libros a los estantes cuando oyó la campanilla de la puerta principal.

-¡Si eres tú de nuevo, voy a patear tu trasero, Alice! Estoy hablando enserio.

-No soy Alice...

Aunque ella debería de ser la que le indicó que todavía estaba dentro. Bella se giró rápidamente y su respiración se contuvo. Solo tenía que cruzarse con su mirada para que el mundo se detuviera a su alrededor y su cuerpo clamara por estar más cerca del suyo.

-Oh... hola.

Edward le sonrió.

-Hola.