Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes.

Advertencias: Rated M, historia para mayores de edad. Si eres menor y lees, es bajo tu responsabilidad. Si no te gustan los Lemmons, no lo leas por favor.


Entumecido.

Ésa era la palabra exacta que describía como me había sentido durante todo éste largo tiempo. Una eternidad para mí dijeran lo que dijeran los calendarios o el reloj.

Aún podía recordar la sensación amarga de mi boca cuando saqué las temidas palabras fuera aquel día. El eco de ellas resonaban en mi cabeza dejándome intranquilo todo el tiempo, dificultándome la respiración y las ganas de seguir adelante.

Pero las peores eran las suyas.

"¿Y darte el número de teléfono es para recordar viejos tiempos, no? A lo mejor llego más tarde y te toca el paquete para comprobar si ha crecido en los últimos años, "

"¿tú puedes recibir los números de teléfonos de cualquiera y yo no puedo ni si quiera hablar con un chico que me presentan? ¿pero donde estamos, en la Edad Media?"

"Claro que no es así. Ella es para cuando esto termine, ¿no? Para cuando hayas acabado con ésto, dentro de dos semanas. Para tener a alguien que te satisfaga,"

"He tenido que ponerme como si fuera tu putita para que se estuviera quieta. ¡Y ni así!"

"¿Tú sabes lo humillada que me he sentido, Edward? ¿Te puedes hacer una idea?"

"Es verdad, no debería de haber hecho nada. Lo siento Edward, quizás te he estropeado tu futuro polvo,"

"De todas maneras, dentro de dos semanas podrás hacer lo que quieras. Pero recuerda nuestro estúpido trato y que debes de tener la polla dentro de tus pantalones para alguien que no sea yo hasta la fecha. Aplícate las normas que has hecho que tenga que aplicar yo,"

Sus ácidas palabras seguían haciendo el mismo daño que lo hacían en su momento. Y yo, estúpido de mí, no elegí, no vi otro mejor momento para declararme que ése.

¿No podía haber mantenido mi puta boca cerrada?

Había imaginado cientos de veces a mí declarándome por ella, siempre y cuando ella me había dicho lo mismo. Y a parte de ser correspondido en todas y cada una de las veces, lo hacía siempre especial, bonito. Los dos solos, relajados, haciendo algo nuestro, siendo completamente nosotros.

Pero no, tuve que hacerlo en plena discusión, en una discoteca, teniéndola enfadada a pocos centímetros de mí, jugándome nuestra amistad. Estaba centrado escupiendo mi confesión que no me di cuenta que estaba jadeando mi nombre porque se iba a desmayar, no a replicar como creía.

Oí un jadeo más fuerte y me volteé, justo para atraparla entre mis brazos antes de que alcanzara el suelo. Apenas pesaba, era fácil de sostener y retener entre mis brazos.

Ahí me sentí más gilipollas, más estúpido aún. Yo, sacando todas mis frustraciones y sin hacer todo lo que me había prometido hacer; dejarle su espacio, que se aclarara. El alcohol, las dos relaciones sexuales intensas que habíamos tenido ésa noche, la poca comida que había llegado a su estómago, más la confesión debían de haberle hecho estallar y quedar en shock, porque se encontraba inconsciente en mis brazos.

Ni de esa manera perdía parte de su belleza. Era igual que un ángel, aunque tuviera la cara mojada a causa de las lágrimas, el pelo algo revuelto y los labios fruncidos. Era preciosa.

Como pude, disipando gran parte de mi cabreo viéndola en ésas circunstancias, limpié con las yemas de mis dedos las gotas saladas que habían quedado en su dulce cara y la cargué hasta el coche, colocándole el cinturón y dándole un beso en la cabeza.

Que las cosas estaban mal era un eufemismo. Todavía no sabía como había conseguido conducir hasta casa sin un accidente de tráfico, o no rompí el volante. Mi mirada estuvo nublada por las lágrimas gran parte del trayecto, la única manera que encontraron mis frustraciones de salir y despejarse.

La llevé hasta el cuarto de Alice que, adormilada y preocupada, asintió con la cabeza sin pedir ninguna respuesta ni dar ninguna pregunta y me fui a mi cuarto.

No hay que decir que ésa fue una de las noches más terribles de mi existencia. Ésa y todas las noches que le siguieron.

Sabía que necesitaba tiempo, y que si quería verme u oírme, vendría ella a buscarme. Después de lo que pasó ésa noche, de haberme sincerado y haber sido claro aunque demasiado brusco, sabía que le tocaba a ella acercarse cuando estuviera preparada.

Sólo esperaba que no me hubiera quedado también sin mí mejor amiga. Éso era, definitivamente, algo que no podría soportar. La necesitaba en mi vida, a diario, de cualquier manera.

Los días se hacían interminables, tanto en casa como en la Universidad. Era más bien un zombie. Comía porque mi estómago gruñía, dormía cuando mis ojos no podían más, andaba para llegar a la Universidad y pasaba apuntes porque quería sacarme la carrera. No hablaba, no gesticulaba. No vivía.

Así debía de estar para que la enana de mi hermana no preguntara y me dejara mi espacio... Imaginaba que ella en el fondo lo sabía, ambos nos conocíamos muy bien y su mirada, brillante de preocupación, me decía sin palabras que ella sentía parte de mi dolor.

De Bella lo único que podía escuchar era las veces que Alice hablaba con mi madre en la comida. Se ve que llevaban sin verse ese día, que Bella siempre tenía algo que hacer. Me preocupaba que estuviera sola, que no estuviera saliendo y relacionándose con alguien. Bella, a pesar de ser fuerte, era una persona que necesitaba tener a alguien de apoyo a su alrededor. Mi niña -aunque no tenía el derecho de llamarla así- necesitaba sentirse querida y alrededor de sus personas cercanas.

Los días pasaban y cada vez estaba peor.

Echaba cada vez más de menos su piel, su voz, sus ojos, su risa, su sonrisa tímida, sus mejillas, su forma de hablar o de morderse el labio. La cara de concentración que ponía cuando contaba algo que realmente le interesaba, o como a veces fruncía la nariz haciéndola parecer adorable. Como su pelo era suave a mi tacto, o la forma en la que su piel respondía a la mía, los rizos que se le formaban a veces...

Cada día estaba más impaciente por obtener noticias de ella. Muchas veces me había retenido a no ir a por el coche e ir hasta a su casa a por ella, o recogerla en la salida de su Universidad.

Debes darle espacio, me decía internamente, y éso es lo único que conseguía pararme.

Llenaba todas las horas vacías que me quedaban componiendo música, mi única forma de escapar un rato de la realidad. Salir sólo a emborracharme hasta perder la inconsciencia no me parecía buena opción, y ponerme aquí a hacerlo sólo alentaría a preocupar más a mis padres.

Las canciones que me salían eran todas tristes, con matices de frustración y soledad. Las odiaba, pero eran las únicas que llegaban a mi mente y que reproducían mis dedos. Parecía que la felicidad estaba prohibida en éstos momentos para mis creaciones. Cosa bastante claro, ya que mi único sustento a la felicidad era Bella. Hasta su nana me salía mal, no era capaz de concentrarme.

Los acordes apenas me salían. Sonaban desgarradores, como si los estuviera agrediendo en vez de acariciando, que es lo que debía hacer.

Ya no sirvo ni para hacer una puta canción.

Tiré con fiereza mi guitarra, sin pararme a medir las consecuencias y el aprecio que le tenía.

"Te encanta ésa guitarra," susurró una dulce voz, rompiendo mis esquemas por completo.

Giré mi vista hasta la propietaria de la melodía, aún sin creerme todavía lo que estaba sucediendo. Frente a mí, se encontraba un ser hermoso, aunque se la viera llena de tristeza en ésos momentos.

Su cabello estaba algo húmedo y ondulado, debía de haberse duchado antes. Estaba tan sedoso como siempre. Y seguro que olía a fresas... Sus grandes ojos, algo hinchados y mostrando unas ojeras que no me gustaban nada, me miraban queriéndome decir muchas cosas, y por su gesto lo había dicho sin querer.

"Fue tu regalo cuando cumpliste trece años, me acuerdo de que no parabas de pedírsela a Esme," continuó, sin desviar su mirada, con una sonrisa triste. Era tan pequeña a mi lado, tan frágil...

Quise cerrar los ojos con fuerza. Si estaba viviendo una puta alucinación, no quería despertarme nunca. Pero parecía tan real que relajé mi garganta para hablar y enfrentarme a la realidad, o la ensoñación. A lo que fuera.

"¿Qué...? ¿Qué haces así? Pregunté dubitativo, rogando porque fuera real.

Se acercó con pequeños pasos hacia mí, sin dejar de mirarme ningún momento, y yo hacía lo mismo. Sus ojos me decían que si quería, era libre de alejarme. Cómo si tuviera la voluntad para hacerlo...

El calor que irradiaba su cuerpo llegó a mi cuando con un sutil movimiento se sentó a mi lado. Suspiré, sin creérmelo.

"Vengo a pedirme perdón," respondió, sobresaltándome cuando puso su mano encima de las mías. La corriente eléctrica me envió una descarga, pero no me aparté, como siempre era una sensación agradable. "He sido una completa estúpida,"

Volví a suspirar, desviando la mirada.

¡No quería sus disculpas! ¿Cómo se iba a disculpar por no quererme? ¿En que maldito mundo la gente se disculpaba por no corresponder los sentimientos con tanta tristeza? No quería perdón, si algo había aprendido es que los sentimientos no se elegían, aunque yo igualmente la hubiera elegido a ella. Con tan sólo dejarme respirar a su lado yo ya sería feliz.

"Bella," suspiré, intentando relajarme pero no consigiéndolo del todo porque la tristeza impregnaba mi garganta y mis pulmones, "no tienes que pedirme perdón por nada. Yo lo entiendo, ¿sabes?" susurré apretando su mano entre las mías, forzándome a darle una sonrisa, que seguro que no era muy creíble. "Yo no puedo obligarte a que sientas las mismas cosas por mí. Debo disculparme yo, por haber aceptado teniendo sentimientos. Olvidémoslo todo y seamos amigos de nuevo, ¿vale?" terminé mi discurso acariciando su mejilla con el dorso de mi mano, deleitándome con la suavidad de su rostro. Volví a sonreír forzadamente, sacando todo lo que llevaba dentro en éstos momentos. "No puedo estar sin ti," murmuré finalmente.

La verdad más absoluta que había dicho.

Me dañaba que ella no sintiera, y no quería entenderlo, pero era así.

Su entrecejo se frunció, resaltando sus cálidos ojos.

"Edward, escúchame," pidió. Cerré los ojos sonriendo tontamente al sentir como colocaba un beso en la palma de mi mano con sus labios llenos. "No me arrepiento para nada de lo que ha pasado, ni un sólo momento. Ésto ha hecho que, aunque hayamos estado separados por un tiempo, me de cuenta de mis sentimientos por mí."

La miré, incrédulo y algo confuso y enfadado. Tenía que vomitar las palabras.

"¿Y te has tenido que dar cuenta cuando me confesé, cuando nos peleamos? ¿No puede ser que quizás me echabas de menos y te estás confundiendo?," me levanté de la cama, intentándome tranquilizar de nuevo. Últimamente mi carácter era difícil de domar. ¿Qué si era una confusión? ¿Podía soportar otra vez sentir como mi corazón era pisoteado.

Definitivamente no.

"No puedo permitirme la duda, Bella. Éste tiempo separados ha sido lo más doloroso que he pasado," murmuré frustrado, tirándome del pelo. ¿Por qué la vida no era más sencilla? Si es que era un puto masoquista...

"¡Me di cuenta antes!" gritó, sacándome de mis pensamientos mientras se alzaba ella también, "me di cuenta en mi cumpleaños. Pero... tenía miedo, Edward. No me imaginaba que tú pudieras sentir lo mismo. Me veía inferior, yo..."

Le corté. Rectifico; ahora si que estaba frustrado.

"Ése es el maldito problema," gruñí, mirándola intensamente, "tu autoestima. ¿Por qué no te ves con mis ojos? ¿Por qué no puedes entender que te amo?" cuestioné, mostrándole las preguntas que siempre quedaban en mi cabeza, los enigmas que llevaba intentando resolver por años.

La sentí patalear. Si no fuera por como estaba, quizás me habría reído. Era tan graciosa verla enfunrruñada con lo pequeña que es...

Se acercó a mí, acariciando mis mejillas. Su cálido toque me reconfortó, tanto como no lo podrían hacer otras manos jámas.

"Shh," murmuró, y bajé la mirada para encontrarme con la suya, "No es así, ya no es así, de verdad,"

"¿Y como lo sé?" pregunté, frustrado. Después de tantos años, era difícil de creer que por una vez se veía como yo la veí. Perfecta. "Llevo tanto tiempo haciéndolo..."

De repente sus ojos se agrandaron, como si hubiera tenido una brillante idea. Al segundo tiró de mi, llevándome hasta el gran espejo que tenía en mi cuarto.

"Ven," murmuró, colocándose delante de mí. Fruncí el ceño, confundido, no sabiendo lo que su cabecita estaba pensando.

Ojalá pudiera hacerte llegar a mí...

"Te voy a explicar lo que yo veo en éste espejo, ¿vale?" susurró. Asentí con la cabeza, perdiéndome con su imagen en el espejo.

Tomó una bocanada de aire.

"Yo, cuando te miro en el espejo, veo a la persona más hermosa del mundo," bufé, poniendo los ojos en blanco. No sabía a donde quería llegar con la impresión física que tenía de mí, aunque por supuesto que me agradaba... "¡Eh! Que es en serio," se quejó, dándome en las castillas mientras hacía un puchero. Adorable.

"Puedes seguir adulándome si quieres," bromeé, sonriendo.

"Idiota," gruñó, y aguanté la risa al ver que ella quería hablar en serio, "te veo tan perfecto que si me quedo mirándote por mucho tiempo me pierdo," suspiró, soñadora. Alagador, sin duda... "eres el chico más atractivo que he visto. ¿Sabes que más veo, Edward?" negué, riéndome burlón. La imagen que tuviera de mi no era lo que yo quería, quería que ella se viera así misma lo especial que era.

"Veo el alma más bonita que existe, incluso más bonita que ése exterior que tiene. Veo a la persona más pura, buena, amable, generosa... la persona más grande que hay." sonrió ampliamente.

Tenía que hablar.

"Bella..." le corté.

"Shh," me cortó ahora ella a mí. "Éso es lo que siempre veo, Edward. Y a mí, en cambio, ya sabes todo lo malo que pienso. Una chica sencilla, sin nada que ofrecer a nadie, mucho menos a ti," bufé, queriendo matar ése autoestima que tenía y hacerlo cachitos. "Pero he aprendido a vernos a los dos aquí," siguió, no dándome tiempo a interrumpir, "cuando nos veo juntos, como ahora... siento que todo encaja. Siento que si el mundo se parara ahora mismo, sería lo correcto. Veo a mi alma gemela. Incluso no veo a dos personas, sino a un alma unida. Veo a la persona con la que quiero pasar mi vida. No importa lo que vea por separado, Edward... todo cobra significado cuando nos veo juntos. Nos pertenecemos."

La miré estupefacto. ¿Cúantos años había esperado para escuchar ésto? ¿Cúanto había pasado para conseguir ver salir de sus labios esas palabras? ¿Desde cuánto no sentía mi corazón hincharse de felicidad? ¿Por qué había sido torturado durante tanto tiempo?

No podía procesar éso. Era tan esperado, tan increíble, tan surreal...

"¿No ves lo mismo?" preguntó, estudiándome con la mirada. Asentí, acercándome inconscientemente más a ella. Quería rodearla con mis brazos, perderme en su olor y no salir de ahí nunca.

"Mira," agarró mi mano, colocándola en su pecho sin ninguna intención sexual, sino para que escuchara los latidos de su corazón, el cual me volvía loco como el resto de ella. "Si tuvieran capacidad de ir a la misma vez, irían a la misma vez. Tu mano cabe perfectamente en mi cuerpo, como la mía en la tuya. Cuando me abrazas, cuando hacemos el amor... encajamos, como si fuéramos dos piezas de un mismo puzzle. Puede que me haya sentido inferior en mi vida, Edward, pero tú nunca me has hecho sentir así. Siempre me has hecho sentir querida, especial, como si fuese capaz de hacer cualquier cosa. Me das la liberta, o lo más cercano que se puede llegar a tenerla cuando estoy contigo. Me haces sentir bien, feliz, completa, llena. Eres mi alma gemela, Edward. Te amo son las palabras que resumen, las palabras mínimas de todo lo que siento por ti. Me da igual ser inferior o superior, cuando estoy contigo estamos al mismo nivel."

Algunas lágirmas salieron de sus ojos, pero no era capaz de analizar todo. Había descrito con pocas palabras todo lo que yo sentía en mi propia piel. Todos éstos años, yo había sentido lo mismo.

Lo más cercano a ser feliz lo estaba experimentando.

Se dio la vuelta, quedando frente a mí con la gran diferencia de altura. Alzó la cabeza para llegar a mis ojos, y le sonreí lo más ampliamente que pude mientras ella me correspondía de la misma forma. Agarré sus pequeñas caderas con mis manos, sintiendo su cuerpo bajo mi tacto. Me pertenecía.

"Nos pertenecemos," susurré, acercándola a mí y dándole un beso con todo lo que tenía.

El tiempo dejó de tener sentido una vez que nuestros labios hicieron contacto. Eran los mismos besos de siempre, pero a la vez se sentían distintos. Me perdí en su dulce boca por un largo tiempo. Por fin era mía, por fin mis sentimientos eran correspondidos...

La apreté más a mí, entreabriendo la boca para profundizar el beso al darme cuenta de mi epifanía. Me correspondió de igual forma. Nos amábamos, siempre lo habíamos hecho.

Nunca quería perder la sensación de sus labios sobre los míos.

"Nos pertenecemos," jadeó cuando nos separamos por culpa de la estúpida respiración. Me abrazó a ella con sus pequeños brazos, y yo la rodeé con los míos fuerte, queriendo sentir por completo su cuerpo con el mío, sin ninguna restricción, sin ninguna excusa.

Si pudiera, la encerraría. Reí por mis pensamientos, agarrándola de las rodillas para cargarla y ella se reía conmigo. Era uno de los mejores sonidos del mundo. Me senté a la cama como pude de espaldas, y la dejé sentada sobre mis piernas.

Su cálido cuerpo me rodeó más cuando me volvió abrazar. No quería que dejara de hacerlo nunca. Sentí como suspiraba, y una sonrisa salió inevitable de mis labios mientras acariciaba sus cabellos.

"¿Sabes que nada será igual, ¿cierto?" murmuré, sonriendo. Acercó mis labios a los suyos, dejando pequeños besos mientras yo acariciaba su rostro.

"Nada será igual. Pero, ¿sabes qué? ¡Me alegro!" exclamó, sacándome la lengua. Su dulce y tentadora lengua. Alcé una ceja riéndome, y la volví a besar con intensidad, queriendo recuperar todo el tiempo perdido.

"Me haces el hombre más feliz del mundo," confesé, apretándola más a mi cuerpo. Aspiré de su aroma, dejando mi cabeza en su cuello y extasiándome con su dulce olor. La sentí vibrar por las cosquillas. "Te he echado de menos, mucho," suspiré, apoyando su frente con la mía.

"Y tú a mi la mujer más feliz del mundo," rió, dándome un beso. "Me alegro mucho de todo lo que me ha pasado, si ésto me ha hecho llegar a ti, y te he echado de menos, demasiado,"

"Normal, con lo terca que eres... ni un cartel luminoso te hubiera ayudado." bromeé, "¿Cómo no te has dado cuenta de lo loco que estoy por ti? ¡Todos se habían dado cuenta!" me reí, besando su tentador hombro.

"¿Todos los saben?" abrió los ojos con sorpresa, "¿Todos lo sabían y no me he dado cuenta?"

Porque eres lo más inocente del mundo, cariño.

"Así es, cariño," respondí, dándole besos por su cara," todos y cada una de las personas que nos conocen lo saben. Amarte es tan sencillo que no puedo evitarlo ni ocultarlo," la besé cerca de su boca, perdiéndome.

Era cierto. Cómo si yo tuviera la capacidad de camuflar mis sentimientos...

Su sonrisa era imborrable, y quería que lo siguiera haciendo por siempre.

"He sido tan tonta..." suspiró, colocando su cabello hacia atrás, "tanto tiempo perdido..."

"Tenemos toda una vida para recuperar el tiempo perdido, cariño," susurré, volviéndola a besar. Completo adicto. "Y pienso aprovecharlo todo el tiempo," volví a besarla. Y todas las veces que me quedaban...

El tiempo ya no era un problema. Ya no. Lo recibía con los brazos abiertos.

"Eres mi vida," suspiré, "soy tuyo de por vida,"

"¿Es un contrato?" bromeó, mordiéndome el labio. Mi vientre se contrajo por el calor que subió por mi espina dorsal.

"Si, el cual acabas de firmar," murmuré ronco, atacando por centésima vez sus labios.

No podía retenerme ni retenerlo. Necesitaba su piel, su cuerpo, su alma pegada a la mía. Necesitaba sentir su cuerpo vibrar bajo el mío por mi causa, escucharla gemir mi nombre, verla tan necesitada de mí como yo lo estaba de ella. Necesitaba escuchar sus jadeos, ver su piel de gallina, morder sus labios hasta el cansancio.

Iba más allá del placer.

"Edward," se quejó cuando mis labios bajaron a su cuello, aprovechándome de su piel.

"Te necesito, cariño. Necesito hacerte el amor," le confesé.

Lo necesitaba.

De todas las veces que le había hecho el amor, ésta se sentía como la más real. Sabía que mis caricias eran correspondidas, que mis sentimientos también, que la intensidad de éstos era abismal, que la necesidad de mi cuerpo y el suyo era inagotable.

Y a partir de ésta noche, sabía que hacer el amor a Isabella Swan era algo que iba a hacer todas las noches. Era suyo, y era mía. Por siempre.

Me desperté con una sonrisa en mis labios, la más grande hasta el momento, viendo su pequeño cuerpo abrazado al mío y su dulce cara relajada por el sueño. Dormir con ella también era algo que debía hacer todos los días, éso y verla despertase.

Era completamente irreal pensar que la tenía entre mis brazos. Pero era cierto y se haya dormida aferrada a mi cuerpo, invadiéndome con su calor y su olor. La estreché un poco más a mí, intentando no despertarla.

Por esos mismos motivos, lo mal que estaba, no me podía creer cuando la vi aparecer en mi cuarto. Creía que mi imaginación me estaba jugando una mala pasada y estaba burlándose de mí, cansada ya de que forzara a mi mente a crear música.

Pero fue real, todos y cada uno de los momentos. Su confesión, sus palabras, nosotros, el espejo, nuestros cuerpos. Su piel y la mía ardían, siendo correspondidas.

Todo el tiempo separados, todas las lágrimas derramadas valían la pena en éste momento. Volvería a pasar por el infierno una y otra vez si ésto me llevaba a una eternidad con el amor de mi vida.

Podía escuchar sus 'te amo' que había pronunciado durante toda la noche, y sus caricias seguían tatuadas a fuego en mi piel.

Suspiré, completamente embobado mirándola, deleitándome con su belleza. Se removió entre sueños, frunciendo sus rojos labios, algo hinchados por mis besos. Enredó su pierna contra las mías, abrazándose más a mí, haciendo que la sábana se subiera un poco y me dejara ver sus pechos.

Me mordí el labio. Hasta durmiendo era tentadora. Era algo que salía de ella natural.

Su belleza era exótica, natural. No exagerada, a lo mejor no todo el mundo se giraría para mirarla dos veces, pero una vez que alguien fijara su mirada en ella... caería perdidamente enamorado, vería su perfección y su belleza y no la dejaría marchar.

Tal y como yo pensaba hacer. La abracé más a mí, y ella gimió ante mi contacto haciendo que hiciera un control sobrehumano para no avanzarme sobre ella.

Tracé delicadamente la piel de su clavícula, sonriendo cuando un suspiro salió de sus labios. Repetí la caricia varías veces, bajándola de arriba a abajo. Su respiración se hizo más dificultosa, y frunció sus labios más, haciéndolos aún más apetecibles.

Lo peor fue cuando rocé sus pechos y me encontré con sus pezones duros. Gemí, acordándome de su sabor la anterior noche mientras los chupaba y los tenía entre mis labios. Peor aún cuando estuve dentro suya, y me apretó con fuerza haciendo que me quisiera correr al primer segundo que mi miembro estuvo por completo.

Apreté los dientes, sintiendo como mi erección iba creciendo tras las imágenes que venían a mi cuerpo de la anterior noche.

Rocé de nuevo sus montículos, aún duros, y apretó su pierna más contra la mía. Podía sentir el calor que emanaba su sexo, y éso no era algo que ayudara. No ayudaba nada, realmente.

Mi mano bajo hacia su vientre y jugó un poco con su ombligo, haciéndola estremecerse seguramente por las cosquillas. Su cara seguía relajada, feliz, y no pude evitar dar besos por sus pechos, su sabor volviéndome loco por completo. Mordí suavemente su pezón, y jadeó con fuerza.

"Edward," gimió, echando al fuego mi autocontrol.

Con cuidado quité su pierna de entre las mías, para así poderme poner encima de ella. Sus piernas quedaron entreabiertas inconscientemente, y yo me mordí con fuerza el labio tras la imagen. ¿Cómo podía ser tan sumamente tentadora?

Sus pliegues se encontraban como siempre, rosados y húmedos por mí. Eché mi cabello hacia atrás, mareándome con la imagen.

Mis labios bajaron por su viente, haciendo el recorrido que anteriormente habían hecho mis manos. Su piel era tan sumamente suave que era demasiado fácil perderse en ella y no querer salir de ella, sino besarla, acariciarla y adorarla hasta el último día.

Su estómago estaba contraído a mí causa, y mis dedos no pudieron evitarlo más y acariciaron suavemente sus pliegues, completamente húmedos para mi placer. Jadeé en su ombligo, y la escuché gemir más fuerte a la vez que apretaba los muslos.

Lo que daría por saber que estaba soñando en su cabeza en éstos momentos...

Abrí sus labios con cuidado, acercando mi lengua a su sexo y colocando su clítoris entre mis labios para chuparlo suavemente. Sus caderas se alzaron inconscientemente, y jadeó con más fuerza.

"Edward, más..." gimió para mi orgullo. No había nada mejor que saber que era dueño de ella tanto despierta como en el mundo de sus sueños.

Gemí al sentir su sabor, muy dulce. Estaría todo el día bebiendo de ella. Estaba increíblemente húmeda, y pasé mi lengua varías veces por todo su sexo como si fuera un hombre perdido en el desierto y ésta fuera mi agua. Su sexo palpitaba debajo de mi boca, y sus caderas se alzaban en mi en cuentro.

Algo era seguro, y era que su cuerpo me quería a mí tanto como lo quería yo a el. Respondía instantáneamente, reconociendo mi tacto.

"Sigue chupándolo, por favor," hice caso a sus réplicas, succionándolo un poco y extasiándome con su sabor, "Así, así, más..."

Coloqué un dedo en su entrada, jugando con sus labios a la vez que chupaba con más fuerza, tal y como ella me estaba pidiendo. Arqueó la espalda, haciendo que sus pechos parecieran aún más exquisitos. Metí un dedo en el interior de su coño tan caliente, y metí otro al ver lo mojada que estaba. Su interior se contrajo, y gemí fuerte mientras lamía su sexo haciendo que su piel vibrara. Los recuerdos de ella apretándome la polla la noche anterior no tardaron en llegar y tuve que respirar fuerte para concentrarse.

Entre éso y su sexo tan cerca de mí, era realmente difícil conseguirlo.

Moví mis dedos con rapidez, adaptándome a la velocidad que su cuerpo me estaba pidiendo. Sus jadeos se hicieron más fuertes, y sólo escucharla gemir hacía que mi miembro palpitara tanto que me dolía. Estaba tan putamente por su culpa... y con ella dormida.

"¿Edward?" preguntó entre jadeos, y ya supe que estaba despierta. Alcé la mirada sin dejar de pasar mi lengua por sus pliegues, y sus ojos me miraron adormilados y completamente nublados por el deseo. Mordí su clítoris, y ella puso los ojos en blanco mientras gemía.

"Dios, eres... ah, insaciable," susurró entrecortadamente, y yo reí mientras curvaba un poco los dedos en su interior. Abrió la boca, gimiendo de nuevo, y colocó sus manos en mi cabello, apretándome más a ella.

Cómo si éso hiciera falta...

"Siempre mi amor, insaciable de ti," respondí sonriendo, volviendo a succionar sus dulces labios. "Eres adictiva, tienes un sabor increíble. Si fuera por mí, lo estaría haciendo todo el tiempo,"

Le sonreí, con la cabeza aún entre sus piernas y dándole una larga lamida. Se incorporó con sus codos, mirándome más de cerca. Comencé a chupar y lamer con más ansia ante su atenta mirada, que al verme hacerle eso, se puso en blanco. Mi polla dolía de ver a ésta mujer en tal estado.

"Eres increíble, no sabes lo que me pone éso. Estoy muy cerca... por favor, más," hice caso de sus ruegos y moví mis dedos con rapidez a la vez que degustaba su sexo con mis labios y con mi lengua, completamente adicto a su sabor. Su interior se contraía con fuerza, sabía que le quedaba nada para llegar al extásis.

Curvé un poco más los dedos, intentando llegar a su punto G y volverla loca. Empezó a gemir con más fuerza, y aproveché éso para morder de nuevo su clítoris.

"Edward, Edward, dios...por favor," jadeó. Mordí su clítoris, después de chuparlo con fuerza. Eso fue lo último que pudo aguantar, y empezó a correrse y a volverme loco. Lamí hasta la última gota, hasta que sus piernas dejaron de temblar.

Sonreí alzándome, colocándome a la altura de su rostro.

"Buenos días," murmuré, mirándola con una sonrisa divertida. Sus ojos seguían nublados, pero la sonrisa perezosa de sus labios hablaban del placer que había sentido antes.

"Y tan buenos," suspiró, jugando con el pelo de mi nuca. Cerré los ojos un momento, y sus labios hicieron contacto con los míos.

Nuestras bocas jugaron a reencontrarse, y me puso aún más saber que ella podía degustar su sabor en mi boca. Gimió entre mis labios cuando sintió mi dureza en su muslo, pidiendo un poco de atención también, aunque en realidad hubiera disfrutado lo mismo que ella devorándola.

"Quiero ésto todos los días de mi vida," susurró entre mis labios, cerrando los ojos sin perder su sonrisa. La apreté más en mis brazos.

"¿Que te despierte así?" respondí burlón, succionando su labio inferior por unos segundos. Suspiró, riéndose.

"No seas tonto," puso los ojos en blanco. "En verdad no me quejaría," me reí, y ella me sacó la lengua, "pero me refería a despertar junto a ti. Nunca he estado tan feliz, como mi novio,"

Una estúpida sonrisa se colocó en mis labios.

"Ni yo tampoco," confesé, acariciando su cara con mi incipiente barba, haciéndole cosquillas.

"Entonces... ¿vamos a tener una felicidad eterna?" preguntó, bromeando, mordiéndose el labio.

"Por una felicidad eterna," respondí, acariciando su cabello.

"Bueno, ahora... solucionemos ésto," murmuró, agarrando mi polla con sus pequeñas manos. Gemí, cerrando los ojos sin esperarme tal movimiento.

"Eres mala," me quejé, mordiéndole el cuello, mi miembro haciéndose más grande entre sus manos.

"Mucho," respondió, moviendo su mano de arriba a abajo, después de rozar mi glande y hacerme poner los ojos en blanco mientras suspiraba, "pero te encanta,"

"Me encanta," jadeé, buscando sus labios. "¿Que me vas a hacer?"

"Ahora verás," murmuró, mordiéndome el labio con una mirada divertida.

Pequeña niña mala...


¡Hola! ¿Qué os ha parecido el cap? Espero que mejor que el último xDD

El siguiente una de las fantasías que prometí saldrá... *_* jajaja. Son más monos los dos felices...

Actualizar antes me ha sido imposible por los exámenes, siento que haya sido así. Gracias de nuevo por haberme leído, comentado, agregado a favoritos... ¡por todo!

Por cierto, conseguí el tercer puesto en Polla-ward Contest, quería daros las gracias a quiénes me habéis leído y votado por mí. Aún no me creo que yo haya podido conseguir un puesto...

A las chicas sin cuenta:

CLARA: Hola! Me alegro de que sea así, éso quiere decir que lo estoy haciendo bien *_* jajaja Me alegro de que te haya gustado, y sí, ¡por fin! Jajajaja. Yo también quiero un Edward así, lo que pasa es que no tengo la suerte de encontrarlo TT. Gracias a ti por el tuyo, de verdad. Me encanta saber que me lees y que te gusta :D

Cary: guapa! ¿Sí? No sé yo si me quedó muy bien, pero bueno, si vosotras decís que sí vosotras tenéis la razón. Me alegro de que te haya gustado, y no te preocupes, todas somos unas pervers xDDD Me encantan los dos, ojalá tuvieramos esa suerte xDDD. De verdad, gracias por leerme y me encanta que te guste. Ya sé qe últimamente los capitulos son cortos, más que antes, pero la verdad es que este curso es mortal y que todo el tiempo que puedo lo utilizo para escribir y para poder actualizar. En nada que tenga un respiro me voy a hartar de escribir jajajaja. Gracias de nuevo pro leerme, un gran abrazo y un beso!

Gaby: si! Por fin ya se merecían un poquito de felicidad ellos, que ya han sufrido lo suyo xD. Espero que te haya gustado el Edward POV entonces. Gracias, vuestros reviews me alegran el día a mí.

Kalicullen: hola! Me alegro de que sigas leyéndome entonces. Muchas gracias por tu apoyo, un beso.

Kenia: Hola! Sí? Jajaja pues yo lo veía raro u.u. Muchas gracias guapa, me alegro de haber conseguido eso. ¿Lo viste en 3D? Guau, me encanta haber podido hacer éso! Muchas gracias de nuevo jajaja y por supuesto también por leerme. Tú si que eres grande! Jajaja un beso!

MARY: hola! Me alegro de no decepcionarte, era lo que menos quería, decepcionar a alguien u.u. Sí, estuvieron bastante pasionales jajaja. Me alegro tanto de que los dos se hayan dado cuenta...! Bueno, no sé si ha tenido mucha, es un Edward POV y he querido mostraos lo que pasaba en su cabeza. Un beso y abreazo fuerte para ti! JAJAJA siento haber tardado, por mí escribiría todos los días.

Miluskbm: hola! Si, el amor no siempre es bonito, siempre tiene sus cosas malas, pero las buenas siempre hacen que las malas valgan la pena! He tardado lo menos que he podido u.u. Un beso!

Belu D: hola guapa! Pobrecita, sin internet, yo también me volvería loca jajaja me alegro de que ya tengas *_*. Me alegro de que te haya gustado y sí, yo quiero un Edward así... a ver si algún día aparece xD un beso!

Eli: hola guapa! Tienes razón, va a ser mejor, mucho mejor xD yo quiero un Edward así jajaja. Me alegro de que te haya gustado, y espero que te haya gustado también el 21! :D jajaja. Gracias de verdad, un beso!

Nos leemos pronto, un beso y gracias.