Aquel sábado se jugaba el primer partido de quidditch de la temporada – Gryffindor contra Hufflepuff – y los alumnos no podían tener más ganas, parecía que no iba a llegar nunca y es que, debido a todo lo que estaba pasando, todo se estaba retrasando en el colegio. Los profesores y el director tenían mejores cosas en las que pensar que en excursiones y campeonatos, pero sabían que los jóvenes necesitaban aquello y es que solo querían olvidar los ataques sobre los que leían a diario, las tensiones dentro del mismo colegio y disfrutar un rato.

Leah se levantó emocionada aquella mañana. Tenía ganas de ganar el partido y empezar bien la temporada. Si ganaban estarían un poco más cerca de ganar el campeonato. Se desperezó en la cama antes de descorrer las cortinas y levantarse.

- ¡Buenos días! – Saludó a Lyra, que ya se estaba vistiendo.

- Por Merlín.

La rubia abrió mucho los ojos y miró a su amiga fijamente. Aquello no podía ser verdad. ¿Qué le había pasado?

- ¿Qué? – Frunció el ceño.

- Mírate en un espejo.

La morena salió corriendo hacia el baño, preocupada y sin terminar de entender qué ocurría, aunque eso cambió en cuanto vio su reflejo. Lanzó un grito que, probablemente, despertó a media torre. ¿Por qué tenía el pelo rosa? Volvió corriendo a su dormitorio. Sus compañeras habían descorrido las cortinas al escucharla y la miraban con ojos somnolientos y las bocas muy abiertas al ver su aspecto.

- ¿Quién ha sido? – Preguntó. - ¡No puedo salir a jugar así! Parezco una bola de chicle muggle, no van a tomarme en serio.

- ¿Por qué? Si parece que eres guapa y todo, Potter. – Dijo, con ironía Amber.

- Cállate McLaggen. – La fulminó con la mirada. – No habrás sido tú, ¿no?

- Tengo mejores cosas que hacer que gastarte una broma. – Lanzó una carcajada. – ¿A quién le has enseñado cómo subir a los dormitorios de chicas?

Y entonces se dio cuenta de quién había sido. ¿Quién si no él lo habría hecho? Notó cómo se ponía completamente roja de furia y apretó los puños.

- ¡Yo lo mato!

- ¿A quién? – Le preguntó Lyra, enarcando una ceja.

- ¡Al idiota de mi hermano!

Salió rápidamente de la habitación, sin cambiarse si quiera, y la rubia la siguió, con la parte de abajo del uniforme de quidditch y la de arriba del pijama.

- Espera, Leah.

- Ni espera ni nada, tengo mucha prisa. – Masculló ella. – Vamos a tener una conversación muy interesante.

Dan sabía la contraseña para entrar a la Sala Común de Gryffindor, igual que ella la de la de Slytherin y, estaba segura, sabía el hechizo para poder subir a los dormitorios de las chicas – seguro que sus compañeros de habitación lo habían probado alguna vez y él lo había escuchado –. Aquella había sido su venganza por su pequeña broma antes de la final del año pasado. Recorrió los pasillos rápidamente, todavía perseguida por la otra chica, sin hacerle caso a todos los que la miraban como una loca por llevar el pelo rosa y pasear por el colegio en pijama. Se cruzó con el profesor Watt, que la miró asombrado, pero que no tuvo tiempo de decirle nada ya que desapareció por la esquina antes de que él pudiera reaccionar. No se detuvo hasta llegar a las mazmorras. Entró en la Sala Común de Slytherin aprovechando que dos chicos salían y subió a los dormitorios de los chicos. Abrió la puerta de par en par, haciendo que chocara contra la pared, y los compañeros de cuarto de su hermano se sobresaltaron.

- ¡Daniel Harry Potter!

- Te sienta bien el rosa, princesita.

- Di tus últimas palabras porque te juro que te mato. – Iba a acercarse a él, pero Matt se interpuso entre ambos hermanos y la agarró por la cintura. - ¡Suéltame, Zabini!

- Tranquilízate Leah, por Merlín. – Dijo el chico, sujetándola con más fuerza mientras ella pataleaba e intercambiando una mirada de resignación con Lyra. – Solo ha sido una broma.

- Tengo un partido de quidditch en un par de horas, ¿cómo se supone que voy a salir así? ¡Soy la capitana y todos van a reírse de mí!

- Pues te diré lo mismo que me dijiste tú cuando tuve que jugar la final con la piel completamente verde: aguántate, no es para tanto. – Replicó él, cruzado de brazos y mirándola con chulería. – Además, te queda bien.

- Te odio. – Dejó de forcejear y Matt la soltó, aunque siguió atento, por si acaso.

- Me quieres, hermanita.

- Dan, ¿cómo se te ha ocurrido? – Intervino la rubia.

- No te atrevas a quejarte Lyra, que tú participaste en la broma de mi hermana. – Sonrió con chulería. – Es mi pequeña venganza por haberos encontrado partiéndoos de risa en la Torre de Gryffindor. Además, no me eches la bronca solo a mí, tu hermano también ha participado. De equipo serpientes a equipo leonas.

- Se supone que tú eres el Delegado y él un prefecto, no podéis hacer estas cosas. – Se quejó la morena. – Pienso decírselo a mamá.

- Chivata.

- Tú le escribiste el año pasado.

- Pero si papá estuvo a punto de felicitarte. – Negó con la cabeza y sonrió. – Seguro que a ella le hace gracia.

- ¿Sí? Pues ya verás la gracia que le hará cuando yo gane el campeonato. – Leah también sonrió. – Ni con todo el cuerpo rosa pienso perder.

- Buena suerte en el partido.

- Te dedicaré la victoria.

Dicho esto, agarró del brazo a la rubia y salió del dormitorio con paso acelerado. Todavía tenía muchas cosas que hacer y no le quedaba apenas tiempo.

- De verdad, Dan y tú tenéis una obsesión malsana con el quidditch. – Dijo Lyra, tratando de mantener el paso de la otra cuando salieron al pasillo.

- Es que si gana mi madre se pasará el verano presumiendo de su hijito: que si ha sido el Delegado, que si notas impecables, que si el mejor expediente de Hogwarts… - Explicó. – No pienso dejarle ganar la copa para que ella me mire con su cara de "aprende de tu hermano".

- Leah…

- Quiero muchísimo a Dan, en serio, pero mi orgullo necesita ganar este último torneo como sea. – Suspiró. – Anda, vamos. Tenemos que terminar de prepararnos y desayunar algo antes del partido.

- Pues lo mejor será entonces que nos demos prisa.


Cuando finalmente llegaron a los vestuarios, el resto del equipo ya estaba allí y no pudieron evitar empezar a reír al ver el pelo de su capitana.

- Fuera bromas. – Los cortó ella dedicándoles una mirada de advertencia que no sirvió absolutamente para nada. Chad se echó hacia atrás y dio un par de golpes en el banco. - ¡Oh venga ya, Crawford!

- Lo siento, Leah, es que pareces un algodón de azúcar. – Se secó un par de lágrimas y trató de comportarse

- Pero sigo siendo la capitana del equipo así que nada de risas. – Suspiró antes de sonreír y mirar atentamente a todo el equipo, que poco a poco se fue calmando. – Es el primer partido así que tenemos que darlo todo para demostrarles que queremos volver a ganar este año. Nosotros podemos con esto y más. ¡A por ellos!

Los demás respondieron con gritos y palmadas y se pusieron de pie. Se acercaron hacia la salida, dispuestos a salir juntos al campo, cuando Leah cogió a Chad de la túnica.

- Id saliendo, en seguida vamos. – Dijo a los otros, que asintieron. Cuando hubieron salido, soltó la túnica del chico y lo miró con una ceja enarcada. – Eres un idiota, ¿lo sabías?

- Oh, venga ya, pareces una niñita pija. – Empezó a reír. – ¿Quién ha sido?

- Dan.

- Soy fan de tu hermano. – Consiguió decir entre risas. Leah le pegó en el hombro y él la abrazó. – Eres la mejor capitana que ha tenido jamás Gryffindor, con o sin pelo rosa.

- Ya, bueno…

- No te enfades. – La besó y ella se relajó un poco. - ¿Vamos?

- Sí. – Sonrió de medio lado. – Tenemos un partido que ganar.

Los dos salieron y fueron recibidos por los aplausos de los espectadores.

- ¡Y aquí sale la capitana de Gryffindor! – Exclamó el comentarista por megafonía. – La gran, la única, la inigualable Leah Potter acompañada del mejor cazador de los últimos años, Chad Crawford.

- ¡Capitanes!

Leah intercambió una última mirada con sus compañeros antes de dirigirse hacia el árbitro para recibir sus instrucciones y estrecharle la mano al capitán de Hufflepuff. Volvió luego con su equipo y el partido comenzó.

- ¡Kate Wood anota a los pocos segundos de empezar! ¡10-0 a favor de Gryffindor!

La chica lanzó un pequeño grito de euforia antes de seguir con el juego. Los goles fueron sucediéndose mientras la buscadora de Gryffindor daba vueltas por el campo buscando la snitch, aunque muy pendiente del marcador. Sabía que con Chad, Kate y Lyra como cazadores no tenía nada que temer, pero era el primer partido del nuevo guardián y los nervios podían jugarle una mala pasada. No debía confiarse demasiado. Siguió volando hasta que vio un resplandor dorado. Miró el marcador: 100-90. Tenía que cogerla antes que el otro. Se lanzó a por ella en picado y estiró el brazo. Tenía que cogerla como fuera. El buscador de Hufflepuff no tardó en seguirla, pero ella era más rápida. Cuando por fin la alcanzó, sonrió y alzó el puño cerrado.

- ¡Leah Potter atrapa la snitch y Gryffindor gana el primer partido de la temporada!

Se dirigió hacia las gradas de Slytherin mientras todos aplaudían y se paró delante de su hermano que la miraba con una ceja enarcada, pero una amplia sonrisa.

- Uno a cero, hermanito. – Le lanzó un beso antes de empezar a descender al campo para celebrar con su equipo.

- ¡Esto solo acaba de empezar! – Exclamó, lanzando una carcajada mientras Alex a su lado ponía los ojos en blanco. – ¡No des nada por ganado!


James y Lizzy fueron los últimos en llegar a la Madriguera, donde habían acordado verse todos para hablar de lo que había sucedido. Desde que Arthur y Molly habían fallecido utilizaban la casa solo para reuniones familiares como la que iban a celebrar aquel día, aunque esta vez no fuera por algo agradable.

- Por fin llegáis. – Dijo Dominique al verlos llegar. Roger y ella habían venido desde Rumanía expresamente para la reunión, preocupados por su familia y, sobre todo, por su hija menor que seguía en Hogwarts.

- Tu primo es un tardón. – Lizzy puso los ojos en blanco y se quitó la chaqueta.

- Además, vuestros aurores son unos desconfiados. – Se quejó James. – Han tenido que comprobar que realmente éramos nosotros.

- Lo veo normal después del ataque. – Replicó Louis, un poco molesto. Como se notaba que Lizzy estaba perfectamente y James no tenía de qué preocuparse de momento.

- ¿Cómo está, Emma? – Preguntó ella.

- Viva al menos.

- Louis, se va a recuperar. – Intervino Victoire, mirando con preocupación a su hermano. – Poco a poco irá hablando y moviéndose, su mente solo se bloqueó como medida de autoprotección cuando recibió las maldiciones, pero se recuperará.

- Al menos tres cruciatus fuertes y cinco punzantes. – Murmuró. – Esos hijos de Morgana no querían matarla, solo provocarle el máximo dolor posible para que nos sirviera de advertencia a todos.

- Y por eso estamos aquí, para cambiar nuestra estrategia. – Dijo Teddy, atrayendo las miradas de todos. – Todos hemos estado recibiendo ataques directos y, los que no, saben que pueden sufrirlos en cualquier momento y los aurores ya no son suficiente para detenerlos. Mataron al de Emma, no van a dejar que nada los detenga a la hora de realizar sus planes.

- ¿Y cuál es el plan? – Preguntó Lily. – ¿Qué se supone que vamos a hacer?

- ¿Y qué pasa con los niños? – Añadió Lucy. – ¿De verdad creéis que están seguros en Hogwarts?

- Los niños estarán bien, el colegio es bastante seguro, tienen a sus aurores, a los profesores y, lo más importante, se tienen los unos a los otros. – Contestó el metamorfamago. – No van a dejar que nadie le haga daño a su familia, todos lo sabemos. Y con respecto a nosotros… solo puedo decir que tenemos que tener más cuidado que nunca. Llevad siempre la varita a mano y haced el máximo número de hechizos protectores. Si la situación sigue empeorando tendremos que buscarnos un escondite y utilizar el fidelio pero de momento me gustaría evitarlo. – Recorrió con la mirada a los presentes lentamente hasta detenerse en algunos de ellos, aquellos con los que quería hablar sobre algo más. – Caroline, tienes que tener mucho cuidado cuando vayas a ver a tus padres.

- Últimamente solo me aparezco allí, no voy a pie. – Respondió la rubia. – No quiero ponerlos en peligro, he puesto además sensores en su casa, igual que en la de mi hermano, por si acaso.

- Le dije que si saltaban iríamos de inmediato. – Terminó de decir Albus antes de coger la mano de su esposa.

- Perfecto. – Teddy suspiró. – James, Lizzy, ¿de verdad que no queréis que mande a alguien a vuestra casa?

- Estamos perfectamente. – Se apresuró a responder ella. – Podemos apañárnoslas solos y no queremos darles esa satisfacción.

- Si un auror me persiguiera a todas partes la prensa se enteraría y eso sería como perder una batalla contra ellos. – Añadió él. – Estamos bien, sabemos defendernos.

- Sigo creyendo que estáis locos. – Fred negó con la cabeza.

- Lo sabemos. – Contestaron al mismo tiempo y no pudieron evitar sonreír.

- Está bien. – Volvió a intervenir Teddy. Sabía que nada los haría cambiar de opinión, así que, ¿para qué insistir? – Hugo, Henry debéis tener mucho cuidado a partir de ahora. Si queréis podemos buscaros un escondite o una especie de piso franco, lo que sea.

- No hace falta, yo no les tengo miedo y no pienso dejar mi vida por ellos. – Respondió Henry, a lo que el pelirrojo asintió. – Al igual que James, creo que eso sería darles una satisfacción.

- Nos las apañaremos, Teddy, pero si la cosa se pone fea nos marcharemos. – Hugo suspiró. Llevaba mucho tiempo preocupado por su marido, pero sabía que él no se acobardaría ante aquella gente.

- De acuerdo. Creo que nadie más tiene familiares muggles ni es un suicida, ¿verdad?

Todos asintieron, algunos más animados que otros.

- Lo más importante ahora es que los niños no se enteren de nada. – Dijo entonces Scorpius. – No quiero asustarlos.

- Estoy de acuerdo. – Intervino Roger. – No quiero que Adèle sepa lo de su tía, ni que su madre y yo hemos venido hasta aquí para ver cómo estaba todo.

- No lo sabrán, no os preocupéis. – Albus suspiró. – Pues todo ha quedado dicho, resistiremos un poco más, pero si las cosas siguen así no nos quedará más remedio que tener que escondernos.