Buenas. Aspiro que estén todos de buen humor, con la pancita llena y que la pasaran bien. En mi caso todas las anteriores, se siente bien regresar a casa después de vacaciones.
Bien, para mí es un verdadero gusto poder publicar este capítulo e informarles a todas las personas que amablemente han seguido esta historia que solo resta un capítulo para terminar la historia y me siento orgullosa, algo nostálgica porque ha sido una aventura muy agradable de la que he aprendido un montón. No es que ahora me haya pasado al otro lado y presuma pero siento que realmente hay una diferencia tangible entre esta historia y otras que escribí antes, en cuanto a estilo y detalles me parece más evidente.
Nara375 como se ha vuelto costumbre tienes razón, creo que siempre sí soy algo predecible. Aunque en mí defensa así estaba planeado y no deseaba cambiarlo solo por un capricho mío. Respecto a Fate, no sé si odiarse a sí misma pero si sería difícil para ella vivir en tal situación con ellas por lo que en su manera de pensar lo más correcto es aceptar las consecuencias de sus actos. ¡Eres una persona muy atenta!, en serio tienes mi admiración, dejo pistas muy vagas pero wow creo que son más que suficientes para ti. Gracias por leer y por tomarte el tiempo para comentar por supuesto.
Muchas gracias a Nadeshiko por corregir mientras yo me fui por ahí. Aspiro a que te haya gustado la sorpresa.
Espero que disfruten de este capítulo y sea de su agrado.
Capítulo XIX – Promesas (II)
Esa noche, sin embargo, Fate no soportó más la tortura que la indiferencia de Nanoha suponía. Así que esperó fuere suficiente tarde para, ayudada por la oscuridad y haciendo uso de sus habilidades, escabullirse en la habitación que ocupaba. Esa mañana se hubiere conformado con al menos cruzar un par de palabras con ella, pero ya no podía resistir más la incertidumbre después de lo que escuchó. Si era verdad, era ese el momento para dejar de lado su cobardía, e incluso aunque estuviere quebrantando su promesa de mantenerse alejada en tanto Nanoha decidía que hacer, necesitaba hablar con ella. Por varios minutos Fate observó de pie su espalda apenas cubierta por la manta, se veía tan tranquila dormida que su resolución de despertarla y decirle todo lo que por su mente pasaba parecía fallar; sin embargo un cambio en el calmado y suave movimiento de su pecho la hizo caer en la cuenta que Nanoha estaba despierta y que de alguna forma se había percatado que estaba allí observándola.
Entonces Fate llenó sus pulmones con todo el oxígeno que podían contener, ganó la última batalla con su yo interior que le gritaba simplemente diere media vuelta y se marchara, que era un error eso que pensaba hacer y que muy seguramente solo empeoraría las cosas entre ellas. Aunque ya en ese punto, dudaba seriamente que pudiere eso suceder. Acomodándose a su lado se abrazó a su cuerpo con convicción, Nanoha se envaró y su respiración se tornó pesada durante algunos segundos, cerrando los ojos la rubia General oró a los dioses que no la rechazare porque en su pobre estado era seguro que su cansado cerebro lo interpretaría como una confirmación de su mayor temor. Sin embargo, luego de varios segundos Nanoha solo se dejó abrazar, no dijo o hizo algo que pudiere Fate interpretar como rechazo, pero tampoco parecía aceptar con gusto su acción. Por el momento la General supo que debía conformarse solo con que ella le permitiera abrazarle, le tomó unos minutos terminar de reunir el valor que necesitaba para finalmente hablar.
–¿Es verdad? –preguntó al fin con voz estrangulada.
Nanoha sintió su pecho encogerse. Durante unos segundos consideró seriamente dejar su fría postura, girar y abrazarse al cuerpo de ella, porque era absurdo negar que en medio de todo había extrañado en demasía su compañía, mas permaneciendo firme contestó también apenas susurrando, aunque su voz fue más fría e impersonal de lo que le hubiera gustado.
–Su hermana es muy comunicativa.
–Ella no me dijo nada –contestó aplicando apenas presión en el cuerpo de la joven–. Las escuché por accidente cuando llegué.
Y era verdad. Fate no tuvo intención de espiar su conversación, pero cuando notó que ninguna se había percatado de su presencia se apresuró a ocultar su cuerpo tras unas columnas y escuchar con toda su atención lo que decían.
–Por favor no.
Dicho eso incrementó la presión en el cuerpo de Nanoha atrayéndola más al suyo propio y enterró su rostro en el pequeño espacio que dejaba su nuca. Cerró los ojos despacio sin notar el estremecimiento que su intempestiva acción provocó en Nanoha, quién desprevenida por la honesta reacción de su cuerpo ante el invasivo contacto no atinó más que a quedarse aun más quieta, apenas y se atrevió a respirar lentamente por miedo que cualquiera de sus acciones resultare en una traición a sí misma.
–Por favor, Nanoha, no lo hagas. El senador está muerto, Sieglinde no quiere ni verme. Todo ha cambiado.
El aliento cálido de Fate chocaba contra la piel en igual condición de Nanoha que se vio forzada a morder sus labios para evitar que su cuerpo abandonara su silenciosa resistencia. Entre tanto, Fate, aún ignorante de lo que provocaba, pensaba que en verdad la situación era muy diferente a la que habían vivido hacía unos días. Qué había ya todo cambiado y de alguna manera creía que se había solucionado por completo el problemilla que su desliz había causado, mas para Nanoha, quien a pesar de comprender como Fate pensaba, ese era solo una razón para su molestia y así se lo hizo saber.
-No cambia nada.
Como pudo se revolvió inquieta entre sus brazos y girando, con el espacio que dejo al ceder Fate su agarré, la miró por primera vez en días a los ojos. Fate podía fácilmente deducir por el enrojecimiento y leve inflamación que la joven habían sin la menor duda pasado varías noches llorando, su culpa solo incrementó ante tal certeza, y de igual manera Nanoha supo por la coloración oscura bajo su ojos que la General no había dormido decentemente en días. Pero a pesar de desear ambas reconfortar a la otra sabían que no era el momento, tanto Fate como Nanoha necesitaban mantener la distancia, ya no por orgullo o consideración sino porque esa delicada tregua era demasiado valiosa para arriesgarla por un impulso.
–No lo que hizo, no como me siento.
Qué Dives estuviere muerto y Sieglinde hubiera decidido no aprovechar la situación suponía una solución solo ante los ojos de Fate, pues tal como Nanoha acaba de expresarlo, el verdadero problema era que no podía hacer absolutamente nada para cambiar lo sucedido. Comprendía por fin que el malestar de Nanoha estaba más allá de cualquier cosa que ella pudiere decir o hacer para aliviarlo, pues lo único que seguramente resultaría efectivo era imposible de lograr. En ese momento la General se levantó de un brinco, caminó como animal enjaulado de un lado a otro presa de la impotencia que la invadía. Hasta que finalmente se detuvo cuando comprendió al fin qué lo único por hacer era esperar.
–Entiendo. Ahora comprendo que no cambia nada, qué no hay nada que pueda yo hacer para borrar lo que paso pero, aun así, aunque no puedas perdonarme por lo que hice…
–No es tanto así –interrumpió Nanoha abrazándose a su espalda–. Algún día estoy segura que quizá podré hacerlo…
–¿Entonces? –preguntó Fate al tiempo que giraba para mirarle.
Sin embargo, por mucho que en su pecho algo parecía romperse bajo la entristecida mirada de Fate se mantuvo firme, con movimientos lentos se deshizo de su delicado abrazo.
–No sé si podre también olvidarlo. Si podré vivir cada día queriendo pensar que está bien, que me extraña como yo a usted y sin saber si…
La duda, más el intenso mirar de Nanoha fueron suficientes para que a General comprendiera cual era la verdadera razón para que la joven estuviere considerando alejarse. No es que Fate fuere muy perceptiva, nunca lo había sido (al menos en cuestiones sentimentales) pero algo en su mente reaccionó ante lo que Nanoha decía y de inmediato se preguntó a sí misma si pudiera ella hacer como que no había ocurrido nada estando en la situación en que su amada se hallaba. La respuesta fue bastante obvia, por lo que agachó el rostro derrotada.
–Si deseas irte no hagas una locura. Avísame, me aseguraré que llegues sana y salva con tus padres.
Era lo mínimo, e infortunadamente, lo único que podía hacer por Nanoha en ese momento.
–Duerma un poco General, se ve terrible.
Escuchó Fate ya en la puerta de la habitación. Rió y levantando la vista por encima del hombro alcanzó a distinguir la figura de Nanoha iluminada apenas por el pálido resplandor de la luna.
–No tanto como me siento –contestó con triste expresión.
Aunque esa pequeña esperanza con la cual había ido allí esa noche había muerto, se detuvo justo antes de salir y habló con verdadero sentimiento.
–Cometí un error, lo entiendo. Pero ¿Voy a pagarlo el resto de mi vida?
Luego solo se fue.
Aunque podía parecer ante los ojos de todos e inclusive ante ella misma que acababa de perder la batalla más importante de su vida, toda la ira y desconfianza que Nanoha albergaba en su corazón se disipó durante un breve momento. Lo suficiente para que su sentido común le hiciere caer en cuenta que debió requerir mucho valor para atreverse ella a ir hasta allí sin una excusa o justificación para su comportamiento, sino más bien, únicamente con la esperanza que sus sentimientos aún fueren los mismos, que al aceptar sus faltas, Nanoha pudiere ver más allá de las mismas. Y resultó que esa extraña visita fue la primera victoria que Fate obtuvo en días, posiblemente la más importante en sus veintitrés años pero ese era solo un pequeño paso que podía o no llevar a un alegre desenlace.
Fate caminó sin rumbo fijo por el pasillo, no deseaba ir a su habitación principalmente porque los recuerdos de las dos noches que pasó allí con Nanoha le torturaban e igual no lograría dormir más que un par de horas a la madrugada cuando el cansancio la venciera. Quizá podía encerrarse en el estudio como otras noches, pero también allí empezó a sentirse incómoda. La verdad es que no importaba el lugar en que se encontrara, se sentiría incómoda dónde estuviera porque la pesadumbre que la agobiaba estaba en su corazón, y ese, infortunadamente, no podía dejarlo abandonado en cualquier lugar. Sin embargo, por esa noche al menos lo único que quería era tener un momento de paz. Ya no creía poder seguir obligándose a poner buena cara cuando por dentro estaba, por decir menos, destrozada.
Se detuvo a observar la luna en el jardín. Por varios minutos consideró que tan mala idea sería visitar a su padre en ese momento, no era que aquello le brindaría verdadero consuelo pero desahogarse contándole a él sus penurias podía traerle algo de alivio. Dio un par de pasos por el sendero, se detuvo nuevamente y al escuchar un ruido levísimo a su espalda giro sin ánimo, quizá antes de esa visita hubiera tenido la esperanza que fuere Nanoha y no se sorprendió en lo mínimo toparse con los ojos carmesí de su hermana observándole preocupada y triste.
–¿Estás mejor? –preguntó Alicia acercándose cautelosamente a su gemela.
Desde su conversación en el estudio habían estado peor que nunca. Fate apenas y cruzaba palabra con ella y las rarísimas ocasiones en que lo había hecho se limitó a indagar por Nanoha. Aunque no se lo propuso Alicia se convirtió en la única forma que tenía su hermana para saber algo de la joven pues ella había hecho una excelente labor manteniéndose alejada. Pero por mucho que amara a su hermana había prometido a la ex sacerdotisa no decirle absolutamente nada y además comprendía que ese no era un asunto en el que debía intervenir directamente.
Fate no se movió, ni siquiera parpadeó cuando su gemela estuvo a solo un par de metros de ella. Levantó la vista al cielo, cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire.
–No.
Durante varios segundos el único sonido que escuchó fue el eco de su propia respiración agitándose a medida que los recuerdos afloraban en su memoria, cada uno era como una certera puñalada en su abatido corazón y aunque pudiera parecer improbable cada vez le lastimaba más que el anterior.
Pero por alguna razón ahora que veía a su hermana frente a frente en días pensó que siendo Alicia el único nexo que podían Nanoha y ella tener en ese momento más valía dejar de lado sus diferencias. Si la joven deseaba irse, incluso si pareció convencida que en caso de ser esa su decisión le informaría no estaba del todo segura que así sería, por tanto la única forma que parecía tener para mantenerse al tanto de lo que Nanoha hiciere o no era su hermana. No negaba que todavía estaba molesta por lo que le confesó, que no se sentía en condición medianamente suficiente para hablarle y que tenía una extraña sensación con su proximidad pero era el peor momento para ser orgullosa.
–Tienes que darle tiempo Fate. Necesita pensar un poco, decidir qué es lo que quiere hacer –aventuró sin atreverse a dar un paso más.
La General continuaba con los ojos cerrados.
Quizá si merecía lo que le estaba sucediendo, incluso podía llegar a aceptarlo pero resignarse a perder a esa persona que había llegado a su vida cambiando su mundo por completo era todavía una idea demasiado cruel de soportar. Se sentía derrotada. Aunque después de su breve conversación no parecía ya tener la menor duda que solo era cuestión de días para que Nanoha decidiera regresar con sus padres, había un pequeñísimo resquicio de su voluntad que se rehusaba a dar por perdida la batalla, y por mucho que Fate deseó retener ese diminuto haz de esperanza que aún brillaba en su interior sabía que no estaría más que aferrándose a una ilusión producto de su deseo y carente de todo fundamento.
Si estuvieren en situaciones opuestas, si hubiera sido Nanoha –por la razón que fuera– quién hubiera traicionado su confianza y su amor yaciendo con otra persona era seguro que Fate no quisiere verle. Por supuesto su reacción hubiera sido diferente en muchos aspectos, pero en el fondo estaría tan dolida como ella y naturalmente tampoco estaría en la mejor disposición para hablar, necesitaría algunos días para calmarse y otros tantos para terminarse por decidir cuál era el camino que tomaría. Por ello, aunque la rubia deseare con todo su corazón que Nanoha pudiera perdonarla y que quedare todo en el pasado comprendía que no era una tarea sencilla. Quizá su hermana tenía razón, con un poco de tiempo Nanoha podía llegar a tomar una decisión favorable.
–No quiero que tomes a mal lo que voy a decirte, en especial por cómo está todo entre nosotras, pero si no te dije nada no fue por otra razón más que así se lo prometí.
–Si. Lo sé. Está bien, si hubieras corrido a contarme creo que solo hubiera empeorado. –Abrió apenas los ojos enfocando la vista al suelo, sonrió con tristeza y habló en un susurro apenas audible–. Aunque dudo mucho que pueda ponerse peor.
Alicia observó el semblante triste y decaído que su gemela lucía por unos segundos antes de contestar.
–Aún está aquí. Todavía no está todo perdido, Fate, dale tiempo, deja que asimile todo lo que ha sucedido. Ten fe que lo que siente por ti es más fuerte que la ira y el dolor que seguramente la consumen en este momento…
–Alicia. Hay algo que quiero preguntarte, pero prométeme que hablarás con la verdad –interrumpió levantando la vista y posando sus ojos en los suyos con convicción, su voz sin embargo era todavía temblorosa–. No quiero más mentiras.
La aludida asintió y esperó en completo silencio conteniendo la respiración, por alguna razón su corazón empezó a latir rápidamente y los nervios amenazaron con dominarla pero logró mantener su postura para asentir solo un par de veces sin romper el contacto visual. Intuía que lo que su hermana deseaba preguntar poco tenía que ver con Nanoha, si bien sabía que ese momento llegaría no creyó que fuera precisamente esa noche.
–¿Te amaba?
Alicia separó apenas los labios para contestar con una sola palabra esa pregunta que por muchos años ella también se había estado formulando. Pero ningún sonido fue emitido. De repente se encontró paralizada en medio del solar, observando como su hermana le miraba intensamente, impaciente esperando por una respuesta, la que fuera le pareció a ella. Sin embargo, Fate había dicho que no deseaba más mentiras y era el momento perfecto para que Alicia pudiera arreglar o terminar por destruir la relación que tenían, por ello se obligó a repensar seriamente la respuesta que le daría a su gemela.
A veces, cuando recordaba los tiernos momentos, las caricias a medias, los besos furtivos y los encuentros secretos que ella y la esposa de su hermana habían compartido le parecía que en algún momento Teana si le quería de la misma manera que Alicia. La forma como le miraba, como le hablaba, esa sonrisa dulce y delicada que creía guardaba solo para ella hacían incluso después de varios años de haber fallecido que su corazón se sintiera cálido y en paz, producía todavía una leve sensación de euforia en su pecho la reminiscencia de Teana reclamándole con gran paciencia por alguno de sus muchos comentarios fuera de lugar, y aunque ambas sabían que nunca cumpliría su promesa de no hacerlo nuevamente a ninguna le importaba verdaderamente. Solo era una razón más para mantener sus mentes ocupadas la una en la otra. Incluso cuando no estaban más que mirándose de cuando en vez a la distancia parecía haber entre ellas una mágica atmósfera que solo las envolvía a las dos, la misma que escondía su mutuo secreto. Ese amor que no debía ser, pero que a pesar de las circunstancias e incluso de ellas mismas había nacido sin premeditación. En esos breves instantes perdida en sus memorias estaba segura que no podía ser de otra manera, Teana la había amado, quizá a su manera algo tímida y esquiva, pero apasionada y desmesurada.
Pero había días en que otros recuerdos la asechaban, recuerdos de momentos menos felices. Cuando la situación se hizo casi insostenible para Alicia y tomó la decisión unilateral de confesar su pecado Teana no pareció nada feliz con la determinación. Incluso llegó a alejarse de ella, a pedirle que no se atreviera a buscarla más, a jurar que era la última vez que algo de naturaleza romántica sucedería entre las dos pues ambas le debían respeto a Fate y aunque ninguna tenía el valor para vocalizarlo. Alicia estaba convencida que también Teana creyó en la soledad de su habitación que aquello entre ellas no había sido más que un error, uno que debía a toda costa evitar repetirse. Era esa la promesa vacía que se hacían después de cada encuentro, de cada roce, de cada mirada llena de culpa y de sus largas conversaciones llenas de verdades mal contadas y mentiras a medias. En su memoria todavía estaban vívidos los momentos en que por deber y también por buscar una forma de terminar con su clandestina relación, había Teana voluntariamente acudido a los brazos de Fate con la esperanza que las caricias y besos de su esposa pudieran exorcizar el fantasma de su hermana. Alicia también había buscado en otras personas algo que la separara de ella, lo que fuera poco importaba, todo lo que su agotada mente buscaba era una vía de escape a sus sentimientos y a la vez una manera de apaciguar al fin la culpa que la consumía. Entonces llegaba siempre a la misma conclusión: Teana no había caído presa de ese sentimiento como ella y por tanto no importó cuantas veces compartieron más que solo un beso, pues era en síntesis solo un acto carente de amor que quizá no era digno de ser verdaderamente llamado traición.
Eran dos caras de una misma moneda. Lo que escogiera contestar dependería de ella únicamente, pero no significaba que sería la verdad.
En los últimos días, ya cuando los sanadores habían declarado que el único quién podía salvar su vida se encontraba al otro lado del mar y seguramente no llegaría a tiempo no pasó un solo día sin que creyera firmemente que era ese el castigo de los dioses por su traición. En secreto imploró frente a las imponentes imágenes ser ella quién sufriera tal castigo, pues estaba completamente convencida que era ella quién llevaba la mayor culpa. Teana era todavía demasiado ingenua cuando Alicia no midió las consecuencias que podía traer para ambas lo que deseaba hacer con al joven esposa de su hermana. Era su culpa y por tanto era ella quién debía pagar el precio de su error, no Teana. Más los dioses –Que ningún interés tenían que ver en ese natural suceso– al parecer decidieron ignorar su petición y días más tarde estaba ya Teana ardiendo en fiebre aferrándose apenas a la vida. Las horas antes del último atardecer que ella vería transcurrieron pesarosas, pero Teana utilizo la poca energía que a su cuerpo le restaba para intentar convencerla que su enfermedad no era un castigo y mucho menos culpa suya de manera alguna, que era así como debía suceder. Más sin embargo, en las últimas dos horas de su corto paso por el mundo no hizo más que invocar el nombre de su esposa, la llamaba desesperadamente en tanto su afiebrado cuerpo se rebatía con todas sus fuerzas (que eran en verdad inexistentes) por zafarse de su agarre e ir con ella, imploraba su perdón al tiempo que con débil voz confesaba lo que por tanto tiempo se había negado a dejar que fuera conocido. Y verle en ese estado la hizo tomar una decisión poco inteligente al fingir ser su hermana e infortunadamente le dio un único argumento para extinguir cada pequeña luz de esperanza que su corazón encontraba. Desde ese día no pudo volver a no pensar que solo había sido un reemplazo y qué todo lo vivido nunca fue para ella sino en cierta forma le perteneció siempre a su hermana.
La única persona que podía resolver con certeza ese misterio era Teana, pero ella estaba ya pagando sus errores en Erebo y entonces no había forma alguna de conocer la verdad. Si Fate había pedido la verdad, lo que Alicia sentía correcto era contestar con sinceridad.
–No lo sé.
De nuevo el silencio se instaló entre ellas, solo dos pares de ojos carmesí de idéntico color observándose sin vacilación.
Al cabo de unos minutos Fate apartó la vista y mirando la luna brillar en lo más alto habló.
–Si me lo hubieras dicho antes no lo hubiera entendido.
Alicia tomó aire pero su respuesta murió al ver el reflejo de la luz nocturna en los surcos húmedos que dejaron en el rostro de su hermana las lágrimas que fue incapaz de contener por más tiempo. Era la primera vez en diez años, quizá en su vida (o que recordare al menos), que veía a su hermana llorar y sintió que nada de lo que pudiera decir valía la pena para negarle el derecho a dejarse llevar por sus sentimientos.
–No importa. Teana está muerta y creo que llevas sintiéndote mal por lo que hicieron durante mucho tiempo –su voz no era fría pero si débil–, no sé qué esperabas obtener de mí. Si pensaste que… Pero eres mi hermana, para bien o para mal, te quiero demasiado para odiarte por algo que pasó hace años y que en este momento no lastima más que mi orgullo.
–Lo siento mucho –contestó Alicia acercándose también al borde de las lágrimas.
Fate giró la vista a su hermana y sin pensarlo más que un par de segundos se abrazó a ella, quién de inmediato comenzó a llorar pidiéndole perdón por todo el mal que le había causado. Aunque Fate en ese momento no lo sentía así la escuchó también llorando aunque por un motivo por completo diferente. Cuando al fin lograron las dos brindarse algo de consuelo mutuo Alicia se separó para hablar con la mejor cara que podía portar en ese momento.
–Dale un poco de tiempo, te ama es fácil darse cuenta.
–No lo sé, creo que la entiendo. Si fuera yo tampoco quisiera saber nada de mí.
–Ten paciencia Fate. Incluso si decide marcharse a casa de sus padres tu puedes buscar la forma de ir con ella, quizá en el camino puedan encontrar la forma de hablar con calma y ganarte su confianza de nuevo –concluyó separándose de su hermana y caminando en dirección a la casa.
–Si, puede ser.
Antes de marcharse Alicia miró a su hermana aún en medio del solar con expresión dolida.
–Cuando te dije que era mejor si no recordabas nada no sabía lo que decía, viéndote me doy cuenta que aun si no recuerdas nada eso no hace que el sentimiento sea mejor. –Hizo una pausa para girar la vista al corredor, justo antes de iniciar la marcha habló nuevamente–. ¿La culpa es insoportable verdad?, pero con el tiempo aprenderás a vivir con ella. Tenlo en cuenta Fate.
A la mañana siguiente tal como lo habían acordado Alicia esperó por Nanoha en la sala de estar de la casa, estaban ambas preparadas para partir pues la última vez que hablaron la tarde anterior Nanoha tenía la firme intención de partir esa misma tarde si no lograba la conversación con Sieglinde obrar efecto en su pensar. De momento, aunque había decidido ir paso a paso siendo que su breve interacción con Fate la noche anterior le dio más de un motivo para considerar su posible proceder, no podía estar segura de mantener sus sentimientos e impulsos dominados como para cumplir su palabra. Por ello era una muy buena idea que Alicia la acompañare y esperare fuera en el carruaje en tanto ella se reunía con la joven Jeremiah.
–Buen día Alicia.
–Buen día. Está todo listo, deberíamos partir pero…
En ese momento Fate apareció por el corredor, caminaba despacio y algo cohibida pero la mirada en su rostro no mostraba hesitación alguna. Al llegar frente a ellas Alicia sonrió a manera de excusa para dejarlas solas un momento, no era su intención convertirse en cómplice de su hermana pero ya estaba suficiente involucrada y pensó que si podía ser de ayuda para Nanoha pues lo más natural es balanceara su intervención con ambas facciones. Además, Fate era su hermana por lo que verle sufrir también la lastimaba.
–Nanoha.
–Pensé que ya se había ido, General –dijo sonriendo apenas.
Por instinto la expresión cansada y apabullada de la rubia lució una sonrisa similar. No había dormido más que un par de horas y se notaba, pero que Nanoha se mostrare tan extrañamente accesible tranquilizaba un poco su corazón. Aún creía que al final la joven decidiría regresar a casa de sus padres por lo que pensando en las palabras de su hermana había ya decidido que haría el viaje con ella, incluso si no lograba hacerla cambiar de opinión en el trayecto se aseguraría que llegaré con bien a su hogar y luego aunque el corazón se le hiciere pedazos se despediría para siempre de ella.
Nanoha en cambio estaba bastante calmada, quizá solo la que precede a una gran tormenta pero en ese momento no deseaba más que disfrutar por un momento más de la tregua que ella y la General establecieron sin palabras la noche anterior. Lo que debía pasar poco ella podía hacer para cambiar pero lo que estaba a su alcance era disfrutar del momento, y si, antes de tomar una decisión que podía cambiar nuevamente su vida esta le permitía disfrutar lo que vivía así lo haría.
–Quería verte antes de irme. No sé a qué hora regrese y…
–¿Cree que cuando vuelva yo no estaré? –preguntó ensanchando aún más su sonrisa.
Fate le miró pasando saliva pesadamente al saberse descubierta, pero no podía evitar que el miedo se apoderara de ella de pensar que así sería y Nanoha no la culpaba, por el contrario sentía una extraña empatía. Finalmente Fate asintió sorprendiéndose al ver a la joven acortar la distancia entre ellas y abrazarse a su cuerpo, no pasaron más que unos pocos segundos para que también Fate dejare que sus brazos se aferraren con delicadeza a su cuerpo.
–Le dije ayer que si decidía irme se lo comunicaría General, no tiene que preocuparse porque parta sin decirle nada.
–Lo sé, pero la verdad es que no quiero que eso pase.
En ese momento Nanoha se separó de ella para mirarla directamente a los ojos, con cuidado sin ánimo de comunicar un mensaje innecesariamente hostil pero tampoco buscando darle falsa esperanza rompió el contacto entre sus cuerpos.
–Debería irse, ya es tarde y puede meterse en problemas General.
Con una leve reverencia Fate aceptó que debía ser fuerte y esperar pacientemente que Nanoha decidiera que era lo que deseaba hacer. Por supuesto decirlo era una tarea sencilla pero llevarlo a cabo sería por demás un acto de gran valentía. Lo primero que Fate debía hacer era controlar su temor de llegar un día y no verle más porque tal como se sentía no creía poder aceptar su ausencia sin más, en ese momento estaba más que dispuesta a ir tras ella dejando todo abandonado. Con ese pensamiento en mente alcanzó a dar un par de pasos en dirección al portal cuando se detuvo para girar sobre sí misma y con dos largas zancadas regresó a su lado, Nanoha la observó curiosa pero no opuso resistencia alguna cuando la rubia tomo entre las suyas su mano diestra y aunque temblorosa logró depositar en ella un tierno beso que duró solo un poco más de lo que se consideraba en circunstancias habituales adecuado, pero sin la menor duda se trababa de una ocasión especial. Acto seguido se retiró.
Nanoha esperó hasta que al cabo de un rato apareció Alicia y juntas aguardaron unos minutos para darle a la General tiempo de partir pues a pesar de que ella sabía ya que salían lo que menos deseaba la ex sacerdotisa es que a la rubia le entrare curiosidad y las siguiera. Cuando consideró que había trascurrido un tiempo prudente salieron, llamó Alicia un criado y cuando estuvo listo el carruaje partieron.
Durante el trayecto mantuvieron una conversación alejada de temas incómodos y no fue hasta que llegaron que Nanoha volvió a tocar el tema.
–Le agradezco que me acompañe y que espere por mí, pero no tiene que vigilarme para que no huya.
Alicia rió.
-No lo hago por eso Nanoha, pero entiendo que piense que es mi intención porque es mi hermana y sería natural que estuviera de su parte. Pero sé cómo se siente Fate y lo único que me gustaría es que mi hermana pueda ser feliz, aunque…– Hizo una pausa, tomo aire y cambiando el tono de su voz por un más suave prosiguió –. Lo que menos deseo es que parezca como que intento justificar lo que hizo mi hermana, pero sus acciones no son enteramente su responsabilidad…
-Lo sé – Nanoha no pudo evitar lucir una sonrisa algo triste pero comprensiva.
Alicia esperó un momento antes de continuar. Incluso si se había prometido a sí misma no involucrarse más de lo que ya lo estaba haciendo le resultaba bastante complicado mantenerse fiel a su palabra.
-Huir no va a hacerla sentir mejor, por el contrario, creo que con el tiempo se convertiría en una de esas decisiones que tienden a espantar el sueño.
Nanoha le miró apreciativamente unos segundos antes de bajar del carro. Podían ella y Fate ser físicamente idénticas pero al conocerlas un poco era obvio el mar de diferencias que entre ellas se extendía.
La joven Jeremiah la recibió sin problema y aunque lucía mejor que la última vez era innegable que estaba todavía bastante afectada. Porque incluso con las grandes diferencias entre ellos, a pesar de las palabras crueles y llenas e ira que le dijo ella lo amaba, aunque ya había aceptado que su muerte era posiblemente lo más conveniente para la familia.
–Qué extraño verle aquí. Estaba segura que no quería usted volver a saber de mí –dijo Sieglinde mirando a la recién llegada con curiosidad.
Nanoha en cambio ni se molestó siquiera en saludar.
–¿Cree que Fate pudiere repetir lo que hizo con usted, con alguien más?
La dueña de casa parpadeó un par de veces algo confundida, como si dudare que sus oídos hubieren escuchado bien, o ella entendido mal sus palabras. Pero la mirada decidida de Nanoha terminó por hacerla sonreír, era tan raro que la chica estuviere preguntando eso, máxime con tal vehemencia como si esperare que ella pudiere darle una respuesta que más allá de satisfacerle pudiere ser considerara una verdad irrefutable. Lastimosamente Sieglinde no podía hacerlo, aunque podía darle algo mucho mejor.
Salió al pasillo, caminó hasta una habitación y ordenó a Victoria acompañarla. Regresó y encontró a Nanoha mirándole aún en la misma posición en que la dejó.
–Victoria, ¿la recuerdas verdad? –Esperó que su esclava asintiere tímidamente antes de continuar–. Ella quiere saber si la General Testarossa sería capaz de repetir lo que hizo conmigo, con otra persona y ha venido hasta aquí para preguntarme. ¿Qué te parece a ti, Victoria?
Nanoha cerró los ojos conteniéndola ira que sintió nacer en su interior. Si la mujer no gustaba responder, estaba de más esa clase de burla. Hubiere bastado con que se limitare a no decir nada, a sonreír como hasta ese momento o que solo le hubiere pedido marcharse. Sin embargo, la ex sacerdotisa no podía estar más equivocada y pronto tendría mucho más de lo que fue a buscar, porque era así como funcionaba el complicado proceso de la vida.
–Yo… no lo sé mi señora –respondió nerviosa.
Pero Sieglinde rio, acercándose a Nanoha habló con mayor propiedad y repentinamente su sonrisa se esfumó, tornándose su expresión mortalmente seria su voz adquiría cierto matiz oscuro y dominante.
–¿Por qué ha venido a preguntarme a mí?
–No lo sé, simplemente me ha parecido –contestó Nanoha sin dejarse intimidar.
–Ya veo. Vera usted, ha cambiado mucho desde la última vez que hablamos. Y han pasado cosas… –esa última palabra dicha con pesadumbre–. Que me han obligado a pensar diferente. A darme cuenta de ciertas situaciones. Entre ellas que ahora tengo lo que quería, incluso si no era así como lo imaginé.
Nanoha le miró evitando que la confusión fuere visible en su rostro.
–Con mi padre muerto tengo control sobre todo lo que pertenece a mi familia, y con ello puedo tener todo lo que yo desee, menos una cosa. Algo que desafortunadamente usted si.
–Fate –dijo Nanoha sin pensar…
Más Sieglinde desvió su atención a Victoria aunque sus palabras continuaron siendo para Nanoha.
–Tengo todo lo que quise, pero resulta que eso que más deseo es lo único que toda la fortuna de mi padre no puede comprar, y sé bien ahora que no hay manera que Fate me ame como a usted. Por eso, te pregunto una vez más mi querida y fiel esclava, ¿Crees que la General Testarossa sería capaz de repetir con alguien más lo que conmigo esa noche? –está vez su voz era fría, desprovista de toda emoción.
–No… –Pasando saliva con dificultad comprendió en la mirada fría e insensible de su ama que era así como ella lo quería–. Esa noche… no era ella –dijo con convicción y en un acto de valentía levantó la mirada para que sus ojos esmeraldas se toparen directamente con los de la joven castaña–. La mujer rubia era yo, la General colapsó y yo solo use su armadura para que el criado pensara que era ella.
Sieglinde sonrió, giró sobre sí misma y ante una aturdida Nanoha habló le habló por última vez en sus largas vidas.
–Realmente tienes una buena estrella, y no alcanzas a imaginar cuanto te odio por eso. Pero me iré, no volveré a esta ciudad en lo que me resta de vida y si eres tú quién puede hacerla feliz, entonces ya no seré yo quien se interponga. –Caminó hasta la puerta, se detuvo apenas para mirarle por última vez–. ¿Satisfecha?
Luego simplemente se fue dejando a Nanoha imposibilitada para reaccionar, Victoria le siguió y cuando pudo por fin la castaña reaccionar corrió hasta el coche, pidió al criado llevarle hasta el comando y solo sonrió demasiado feliz para ocultarlo cuando Alicia le preguntó qué había sucedido. Al llegar no se detuvo hasta que por pura suerte se topó con Fate que caminaba con la cabeza gacha escuchando la estrategia que implementaría al llegar a la costa.
Ni siquiera se detuvo o le importó que varios militares las miraran sorprendidos cuando Fate apenas logró atraparla para que Nanoha la besare como si no hubiere mañana. Al separase la general además de confundida estaba terriblemente sonrojada, pero Nanoha no le dio tiempo para preguntarle nada. Tal como llegó se fue, así que la General tuvo que aguantar el deseo de abandonar el comando e ir tras ella, aunque sonrió feliz y si bien el resto de día fue para ella largo ya no una tortura.
Cuando finalmente pudo irse subió a su caballo y cabalgo peligrosamente rápido, al llegar a casa ni siquiera esperó que el animal detuviera la marcha sino que estuvo de un brinco en tierra e inmediatamente corrió hasta el portal, pero al entrar lo primero que vio fue su madre y hermana claramente esperando por ella. Ambas le sonrieron y Precia se apresuró a abrazar a su hija con gran alegría, ya que haría tres o cuatro meses que no la veía. Sin embargo, la ansiedad de Fate era obvia por lo que las dos mujeres decidieron acabar con su tortura y llevándola hasta el patio interno, incluso contra su voluntad, ya que la general protestaba preguntando por Nanoha.
Lo que ella no esperaba fue que allí estuviere Nanoha, vestida elegantemente, sonriendo como la más brillante estrella, y a su costado, una mesa con algo que Fate conocía ya muy bien. Entonces quiso correr a su lado pero Precia la detuvo, tomó la mano de su hija y caminó hasta dónde Nanoha se encontraba.
Aunque fue una afortunada coincidencia que Precia llegaré esa tarde, no así que todo confluyere en ese punto para que a partir del momento en que tanto Nanoha como Fate aceptaren sus votos, su destino –el de ambas– fuere irremediablemente inmutable.
Como mencioné, ya tenía planeado que así pasaría. Sé que estarán algunos pensando que no es nada novedoso y que he caído en lo mismo de siempre pero así estaba proyectado.
Cuando decidí separarlo lo hice (como ya dije) porque pasaban muchas cosas, así que retome una consideración y al separarlo pude agregarla sin tener la sensación que era una resolución algo apresurada, con eso en mente me arriesgue a construir un cierre para el problema entre Alicia y Fate. Quizá no llene las expectativas de muchos, quizá a otros les parezca un acierto, para mí en cambio se trata de una satisfacción más.
Ha sido un verdadero gusto compartir este capítulo (por fin) con todos ustedes, pero me temo que el que más deseo que ve la luz lo hará el día 6 de Febrero y comunico de igual manera que será el último.
Nos leemos.
