Esta es la Traducción de la historia 'Bond', de Anna Fugazzi.

Sólo me pertenece la traducción, el universo HP es de JKR...

Capítulo 17

8 de febrero a 11 de febrero

Lunes, día 133

-¿Qué? No, no lo va a hacer-. Pansy reía. Draco se sentó a su lado. -Draco, diles que tú no te has ofrecido como tutor de Pociones para los Slytherin, ¿no?

Draco rió, sirviéndose jugo de calabaza. –No, pero debería. La primera poción que les haría preparar sería una para mantenerlos despiertos el resto del año, a ver si aprenden a no confiar en los estudiantes del último año.

-Muy gracioso. Podrías ayudar a algunos de ellos, ¿sabes?- Dijo Queenie, agriamente, en medio de las risas de los otros.

-¿Y por qué querría hacerlo?

-¿Por qué es algo bueno?

-¿...y?

-A mi hermana no le molestaría pagar por ayuda-. Dijo Queenie.

-¡Qué idea espléndida, Queenie! Ahorraría cada Knut que gane, ya sabes qué tacaño es mi padre...¡Ah, lo siento, estaba pensando en tu familia!

-¿Ayer no tenías clases particulares?- Preguntó Crabbe.

-Esa fue una clase que yo tomé, no una clase que yo di. Además, era de Encantamientos, no de Pociones.

-¿Estamos teniendo problemas con las tareas?- Dijo Queenie, con malicia.

-Sí, estamos teniendo problemas; probablemente tenga que ver con haber cambiado las clases de Encantamientos a mitad de año. Estoy seguro de que tú también tienes una excusa válida-. Respondió él, amablemente. Queenie frunció el ceño y miró hacia otro lado.

-¿Te está ayudando Stephen Cornfoot?- Preguntó Blaise. –El año pasado me ayudó con Runas. Tipo útil.

-Pero lento, para ser Ravenclaw-. Pansy soltó una risita. -¿Cuánto le tomó darse cuenta de que tú sólo coqueteas con chicos, pero nunca vas más allá?

Blaise sonrió maliciosamente. -El tiempo suficiente como para terminar tres ensayos brillantes y un nuevo juego de plumas EagleLight para mi madre.

Draco ocultó una sonrisa. Muy útil el chico Cornfoot, aunque las clases particulares de Encantamientos sólo eran una cubierta en su caso. Días atrás, Cornfoot se le ofreció, directamente, y después de un momento de asombro, Draco aceptó. Él nunca había coqueteado con Cornfoot, pero no iba a rechazar una revolcada rápida, o un par de revolcadas rápidas. Después de todo, un cuerpo atractivo y voluntarioso, era un cuerpo atractivo y voluntarioso. Ciertamente, Cornfoot era útil para evitar que su vida de soltero resulte desoladora por la falta de actividad sexual.

Queenie elevó la nariz, con desdén, levantando la vista hacia el correo que llegaba y tomando el Profeta que le alcanzaba la lechuza de su familia. Draco quitó prolijamente el usual paquete de dulces que le enviaba su madre y le dio un trocito de comida al ave; tomó un sorbo de jugo de calabaza mientras desenvolvía el paquete, levantando la mirada ante la exclamación de Queenie por algo que salió en el periódico.

-¡Ay, Dios m...!- Sus ojos se fijaron en Draco, con la boca abierta en forma de O. Draco resopló con impaciencia por el cansador teatro de Queenie, tomó otro sorbo de jugo y se inclinó para ver la primera página...

...y se ahogó al leer el titular, olvidándose completamente de Queenie.

¿El Niño que Vivió fue un Esposo Abusador?

Rápidamente tragó el jugo y dejó caer los dulces, acercando el periódico. Las horribles palabras que leyó le quitaron la respiración.

...breve matrimonio ...parece que fue abusivo...golpeador...su esposo fue tratado dos veces por heridas serias sufridas a manos del señor Potter ...la enfermera del colegio estuvo tan preocupada por su seguridad que contactó a una Sanadora de San Mungo....

No decía nada sobre el hecho de que dicha Sanadora desestimó la preocupación de Pomfrey. Draco iba a matar al periodista. Y a Pomfrey. Y, posiblemente, también a su padre.

...condición de permanecer anónimo, "Potter lo golpeó en el rostro, allí mismo en el comedor. Y nadie hizo nada, solamente los encerraron a solas durante cuatro días."

Lucius Malfoy expresó su asombro ante los rumores de lo que habría sufrido su hijo...porque él había abogado fuertemente por enviarlos a ambos a San Mungo...

Sí, definitivamente, también a su padre. Draco apretó con fuerza la mandíbula.

...Me aseguraron que mi hijo quería permanecer en el colegio, pero con un esposo golpeador y una cuadrilla de adultos que, al parecer, sólo querían ocultarlo todo, ahora me pregunto qué tan libremente pudo expresar su deseo.

-¡¿Qué mierda...!?- Draco se hallaba casi sin palabras, la ira crecía en su interior. Tiró el periódico. -¡Esto es una jodida mierda!- Miró hacia la mesa de Gryffindor, apenas registrando el murmullo de alarma en la habitación. Harry levantó la vista de su propio periódico y se encontró con la mirada de Draco, con los ojos oscuros en la cara pálida.

Draco negó con la cabeza, impotente, con mil cosas en la punta de la lengua: ...no dejes que esto te afecte, no hiciste nada malo, esto no salió de mi, esto es obra de mi jodido padre (que Mordred lo pudra)...y probablemente todos estaban mirándolos con la boca abierta. Otra vez. Seguían expuestos...aún después del divorcio...ellos...

Sin permitirse pensar qué debería hacer o qué querría su padre, se levantó e indicó la puerta con la cabeza, en una señal clara, pidiéndole a Harry se le una para una charla, fuera de esa jodida pecera que era el comedor. Esperó, con impaciencia, mientras Harry vacilaba, luego vio que murmuraba algo a Granger, se levantaba y caminaba hacia él.

-Draco...realmente, es...-Escuchó que Crabbe comenzaba a decir, y gruñó sin molestarse en quitar la mirada de Harry.

-No, imbécil...¿yo, golpeado por el jodido Harry Potter? ¡Usa el cerebro por un segundo!- Dejó su mesa y se unió a Harry, tocándole el brazo e impulsándolo a salir. No podía confiar en sí mismo, no quería decir nada más hasta que estuvieran solos.

La puerta se cerró detrás de ellos y Draco lo enfrentó, repentinamente incapaz de pensar en qué decir. -Yo...yo...joder, Harry, eso...- Comenzó, y Harry lo interrumpió, con un dejo de temblor, en la voz tensa.

-¿Cómo se enteraron...?

-Yo no...

-¿A quién se lo dijiste?

Draco parpadeó. -¿Qué?

-¿Tú fuiste al periódico?- Preguntó Harry, llanamente.

-¿Qué?

-No sería la primera vez que tú...

-¿Cómo...- Literalmente, Draco se puso rojo de furia. -¡¿Cómo te atreves?! ¡Eso fue hace años!

-¿Cómo me atrevo...? Yo...yo soy el que está en la portada del jodido Profeta, como un golpeador...

-Y yo figuro allí como tu jodido saco de entrenamiento, como si yo fuera un debilucho y...¡SAL DE AQUÍ!- Gritó Draco a una asombrada jovencita de Ravenclaw que con poca inteligencia, abrió la puerta del comedor detrás de Harry.

Harry giró rápidamente, apoyando una mano sobre el pecho de Draco y empujándolo, porque Draco había sacado su varita y apuntaba a la chica asustada.

-Vuelve a entrar-. Le dijo Harry, con urgencia, tomando la mano de Draco que sostenía la varita. -¡Tranquilízate!- Espetó.

La furia de Draco explotó. -¡¿Qué me tranquilice!?- Empujó a Harry con tanta fuerza que lo golpeó contra la puerta. -¡Acabas de acusarme de ir al periódico a contarles que tú me golpeabas! Tú...-

-¡Perdóname!- Gritó Harry, cortando la queja de Draco. -Lo siento, no debería haberte dicho eso, mierda, ¡contrólate antes de que lastimes a alguien!- Draco lo miró con enojo, momentáneamente calmado por la disculpa. -Mira, estás furioso, lo entiendo. Me pasé de la raya, pero maldecir a una chica de trece años no te va a ayudar en nada.

Draco frunció el ceño, su ira disminuyó lentamente, pero su pulso seguía disparado. Harry levantó sus lentes y se masajeó el puente de la nariz, e inconscientemente apoyó una mano tranquilizadora en el brazo de Draco, mientras él fruncía el ceño y se quedaba pensando.

-¿Tú sabes cómo pasó esto?- Preguntó Harry, finalmente, volviendo a ponerse los lentes. -¿Tú cres que, tal vez, Pansy...

-Pansy no, mi padre-. Escupió Draco, con amargura.

-¿Tú crees que tu padre fue al Profeta?

-Sé que lo hizo.

-¿Y él cómo lo supo...?

-Obtuvo nuestros registros médicos-. Harry se puso pálido. -No sé cómo, o cuánto vio, pero definitivamente obtuvo los registros de lo que pasó durante la suspensión-.

De repente, Harry frunció. -¿Quisiste prevenirme...era sobre esto?

-¡Sí, joder!- Dijo Draco, para nada complacido por la mirada enojada y lastimada de Harry.

-¿Y por qué mierda no me lo dijiste?

-¡Te lo dije!

-Dijiste...lo que dijiste, ¿qué fue un criptograma? ¿Por qué mierda no...'

-¡Te advertí que mi padre podía hacerte algo horrible! ¡Maldición, no tenía que hacerlo! ¿Qué querías? ¿Que te dijera, 'Mira, yo sé que vamos a divorciarnos y nunca estuvimos del mismo lado políticamente hablando y mi padre espera que yo muestre un mínimo de lealtad a la familia, pero ahora te voy a contar todos sus planes, para que nos riamos y esa mierda...?

La puerta se abrió, otra vez, y McGonagall se paró en el umbral.

-¿Qué? - Dijo Harry, con rudeza. McGonagall le clavó una mirada severa, y Draco, de pronto, repasó en su mente los eventos de los últimos minutos, desde el punto de vista de la gente del comedor. El Profeta sale con un titular sorpresivo, acusando a Harry Potter de haber golpeado a su esposo, y ese esposo explota, ambos salen del comedor y la supuesta víctima casi maldice a una niña que trata de dejar el comedor...

-No podemos quedarnos aquí. Vamos-. Dijo Draco, cortante. McGonagall levantó una ceja, mirándolo también a él. Se aclaró la garganta y habló respetuosamente. -Profesora, necesitamos hablar de esto, volveremos enseguida.

-Muy bien, señor Malfoy-. Dijo ella, con calma. -Pero, les sugiero que se queden en un lugar donde los Profesores puedan verlos-. La boca de Harry se abrió, mostrando su incredulidad. McGonagall levantó la mano, tranquilizándolo. -Más que nada, es por su protección, señor Potter. Así nadie podrá volver a acusarlo de una conducta inapropiada contra el señor Malfoy. Además, no sería bien visto que el cuerpo docente del colegio les permita estar a solas, después de que se han publicado acusaciones de esa naturaleza.

La cara de Harry se oscureció, pero asintió, tenso.

-Les sugiero el comedor, la mayoría de los estudiantes ya se retiran a sus clases-. Dijo McGonagall, abriendo la puerta y haciendo señas a los estudiantes, indicándoles que podían salir. Los tres se hicieron levemente a un lado, y un gran grupo de alumnos pasó. Algunos se cuidaban de no mirar a Draco y a Harry, y otros los miraban con la boca abierta. Draco apretó sus labios y se concentró en el piso.

Finalmente, volvieron a entrar al casi vacío salón comedor y eligieron sentarse en la mesa de Hufflepuff, lejos de los que quedaban. Convocaron sus mochilas y se hallaron en un silencio incómodo.

-Mira, yo...lo siento-. Empezó Harry, con incomodidad. -Eso fue realmente desubicado, acusarte a ti, de ese modo...

-Bien, acepto la disculpa-. Respondió Draco, cortante.

-¿Hay...un propósito detrás del artículo?- Preguntó Harry, con cautela. -Además de hacerme quedar mal.

-¿Qué, crees que no es suficiente?

-No, es más que suficiente, gracias. Sólo me lo preguntaba.

-No. Esa es la única razón, que yo sepa-. Se masajeó la frente. -Yo...yo lo siento, hablaré con el periodista, le diré...puta madre...- Draco se interrumpió.

-¿Qué?

-No haría bien. Él envenenó la fuente. Si yo dijera algo en tu defensa, parecería que lo hago porque te tengo miedo. Y si hay una investigación y no descubren nada, quedará como que quise cubrirte. Mierda.

-Está bien.

-No está bien. Como mínimo, me hace quedar como una jodida víctima, como si no pudiera defenderme de ti...¡Mordred, una de las dos veces que terminé en el hospital te rompí la nariz y lo vio todo el colegio!

-No creo que eso importe.

-No, lo único que le importa a mi padre es que tú quedes mal, mi papel en todo esto no le importa.

-A mi sí.

Draco asintió cansinamente.

-Y para mi, es importante que ofrecieras aclarar las cosas con el Profeta; sea en beneficio de mi reputación o de la tuya-. Harry le ofreció una pequeña sonrisa. -Valoro tu oferta.

-NO hiciste nada malo-. Repitió Draco, por décima vez. -Si hay que culpar a alguien, por lo sucedido ese día, fue mi culpa.

-Nunca me dijiste por qué.

-Porque no pude...- Se detuvo y negó con la cabeza.

-¿Qué?

Draco se masajeó la frente, cansado. -No importa-. No, no importaba, y además, no había querido decírselo a Harry cuando en verdad importaba, no iba a hacerlo justo ahora.

-¿Có...estás bien?- Preguntó Harry, cautelosamente.

-Sí, estoy bien-. Se aclaró la garganta. -¿Y tú?

Harry se encogió de hombros. -Lo superaré, han dicho cosas peores de mi-. Respondió, con una sonrisa irónica.

Draco asintió, sombríamente, mirando fijo la mesa.

-Bueno, estamos de vuelta en las noticias, ¿no es lindo y agradable?- Dijo Harry, pero ahora, su sonrisa era mucho más forzada.

-Bastante-. Draco negó con la cabeza. -Realmente creí que esto se había terminado, después del divorcio-. Harry sonrió y no dijo nada. A Draco le llamó la atención reconocer con qué fuerza no quería tener que levantarse e irse. No tan pronto; acaban de recibir una sorpresa desagradable y él no se sentía con deseos de pararse para seguir con su día, aún no...especialmente porque -cosa inevitable- debían dirigirse a la clase de Pociones.

-¿Cómo...cómo estás...en lo demás?

-Bien-. Dijo Harry, un tanto sorprendido.

-Te vi en la última práctica de Quidditch.

-¿Sigues creyendo que vas arrastrarnos por los suelos?- Preguntó Harry, con una pequeña sonrisa.

Draco respondió, también sonriendo. -¿Estabas enfermo? No hubieses atrapado la Snitch ni para salvar tu vida.

-Un poco ocupado tratando de mantener en línea a los bateadores, gracias-. Dijo Harry. –Y, sí, me sentía un poco mal, pero ahora estoy bien y aún puedo arrastrarte por los suelos en el último juego. Puedo arrastrarte aunque sea tu mejor día y yo me haya pescado una varicela de dragón galopante-.

Draco rió. –Eso quisieras. Aunque debo admitir que Weasley mejoró muchísimo…Ay, me salió con un maldito halago, lo siento...

-Es un buen guardián cuando su confianza está en alto-. Dijo Harry, con firmeza.

-La oferta sigue en pie, ¿sabes?…Todavía puedo lanzarle un hechizo al relator para que lo alabe como si fuera Lavender Brown en su momento de mayor enamoramiento, en tu próximo partido contra Hufflepuff.

Se rieron juntos, hasta que Draco miró de reojo a un chico de Hufflepuff de segundo año, y sus ojos le recordaron que, sin importar cuán normal le pareciera esto, no lo era. Ya no.

-Nosotros...deberíamos ir a clase-. Dijo, de mala gana.

-Sí-. Harry miró alrededor.-No necesitamos darle más forraje a las páginas de chismes-. Draco abrió la boca, pero Harry lo interrumpió. -Y si vas a disculparte otra vez por ese artículo, no lo hagas. Tú no eres tu padre.

-Gracias-.

Se levantaron, cargaron sus bolsos al hombro y se encaminaron a la salida.

-En verdad-. Dijo Harry. –Creo que soy yo el que debe disculparse, por lo del otro día...por la fotografía que nos tomaron hablando junto a la caseta de Quidditch.

-Ah, eso... sí-. Draco se encogió de hombros, nuevamente con la sensación creciente, entre sus hombros, de que su vida estaba siendo vista por todos como si viviera en una pecera. Se trataba de una fotografía borrosa y pequeña, pero los periódicos quedaron encantados, y el titular del Quibbler decía, conmovido: 'Sólo amigos, otra vez. ¿O más?'

-¿Se enojó tu padre?

-A mi no me dijo nada; aunque puedes golpearme con una pluma si crees en la cita que publicó el Profeta: 'Respeto la privacidad de mi hijo'-. Hizo una pausa. –Respeta mi privacidad y una mierda. Desde cuando, quise preguntar.

Harry rió y Draco se mordió un labio. Eso…no fue respetuoso. Ciertamente, su padre esperaría otra cosa de él. Sin embargo, en este momento, después de haber sido expuesto en la portada del Profeta como la supuesta víctima del abuso de su esposo, para beneficio de las maquinaciones políticas de Lucius Malfoy; Draco sentía que podía excusarse y burlarse a su costa por unos segundos.

-Bueno, ¿y cómo vas en Pociones?- Dijo, cambiando el tema.

-¿Yo? Bien. Hermione se hizo cargo de ayudarme desde donde tú dejaste. Hasta me está yendo bien en Aritmancia. Sólo Transformaciones me trae problemas.

-Creí que era una de tus mejores asignaturas.

-Normalmente, así es. Pero este capítulo no. Además, ahora estoy trabajando con Lisa Turpin y Stephen Cornfoot, y...- Negó con la cabeza.

-¿No te ayudan?

-Tratan, pero no entiendo.

-Qué raro, Cornfoot es mi compañero de Encantamientos, ahora, y me parece bastante colaborador-. Dijo Draco y casi rió, ante su propio dicho, con una involuntaria doble intención. –Tú sabes, es un Ravenclaw, es muy eficiente.

-Pero, yo no entiendo la mitad de lo que me dice-. Confesó Harry. –Realmente me estoy perdiendo en las clases, y McGonagall no está enseñando las mismas cosas a la clase de Gryffindor, así que Hermione no puede ayudarme, tampoco.

-Me pasa lo mismo en Herbología. La clase de Slytherin no es igual que la nuestra y parece que no puedo hacer que me importe lo suficiente como para entenderlo.

-Antes nunca tuviste problemas con Herbología.

-Entre tú y Longbottom lo difícil era no entender algo. Pero ahora me siento con Hannah Abbott; chica linda pero un poco tonta.

-No es tan tonta-. Dijo Harry, sonriendo.

-No habla más de dos palabras seguidas.

-Sólo es tímida.

Llegaron al salón de Pociones. Draco reprimió un suspiro, pero, con gesto decidido, levantó la mano hasta el picaporte. Sin embargo, pero debió volverse cuando Harry hizo un leve ruidito con la garganta.

-¿Sí?

-Yo…yo podría ayudarte…con Herbología. Si quieres. Soy bastante bueno.

-¿Qué?

Harry miró hacia otro lado y eligió sus palabras con cuidado. –Sería...agradable no tener que evitarnos siempre.

Draco respiró hondo. –Sí, sería bueno-. Hizo una pausa. –Pero se supone que debemos evitarnos. El Sanador dijo que al principio sería extraño, pero que eventualmente...

Harry tragó saliva y asintió; parecía que iba a descartar la idea. Mentalmente, Draco se pateó a sí mismo, deseando poder retroceder y no decir nada. Algo de eso debió haberle comunicado a Harry, porque lo miró a los ojos, buscando algo, y pareció encontrarlo.

El vínculo le había enseñado a Draco cuál era la expresión de Harry cuando sentía algo, y ahora, aunque él no podía sentir nada, sabía que Harry se sentía inseguro, tímido, y que quería hablarle...estaba tenso, muy tenso.

Draco se sentía igual. En verdad, se le estaba haciendo difícil respirar. Por Herbología.

-Yo…-Harry se aclaró la garganta. –Te extraño.

El problema para respirar no mejoraba.

-Yo...yo también-. Dijo Draco, finalmente.

Ambos exhalaron. Harry tragó saliva, nuevamente, y despacio, levantó la mano y cubrió la mano de Draco sobre el picaporte. -¿Sí?

-Sí-. Draco respiró hondo. –Pero...el Sanador...

Harry suspiró y dejó caer la mano. Sí. De vuelta a la realidad. Al menos fue agradable saber que no era el único que sentía esto, pero realmente eso no cambiaba nada.

-Lo sé-. Dijo Harry. -No deberíamos-. Se aclaró la garganta. -Pero...pero ¿qué mal haríamos? Quiero decir...

Draco negó con la cabeza, diciéndose severamente que sería el colmo de la estupidez hacer algo distinto a evitar a Harry como a la plaga de Pogrebin. Se preparó para decir exactamente eso, pero se halló a sí mismo casi abofeteándose porque lo que salió de su boca fue: -Bueno...

-Yo...yo no estoy diciendo nada impropio, sólo...me parece estúpido ni siquiera...ni siquiera poder estudiar juntos...

-Sí, está bien-. Dijo Draco, antes de poder pensarlo mejor y reprimirse. -Sí, no me opondría a eso.

-¿De verdad?- Los ojos de Harry se agrandaron ligeramente.

-¿Y por qué no?

Ooooooo

En verdad, por qué no, seguía preguntándose a sí mismo mientras se preparaba para ir a la cama, esa noche.

Eso había sido real y verdaderamente estúpido. Monumentalmente estúpido. Se suponía que él debía hacerse cargo de su vida y no volar de un salto hacia la idiotez abyecta e irredimible. Un salto gigante, como encontrarse mañana para intercambiar apuntes sobre Herbología y Transformaciones.

Él se estaba haciendo cargo de su vida; disfrutando de la libertad de no tener que lidiar con los amigos de Harry ni con aparecer en las noticias...

Excepto porque esa era parte de la razón por la que había tenido ese adorable momento con Harry, ¿cierto? Draco iba bien, manteniéndose alejado, pero entonces su padre tuvo que hacer algo que los empujó de nuevo a estar juntos. Y probablemente, su padre sería incapaz de comprender lo erróneo en lo que hizo, lo único que era capaz de ver era la posibilidad de anotar un tanto con el Señor de las Tinieblas, y a la mierda si eso afectaba a su propio hijo.

Aunque...tal vez ese artículo era lo que su padre quiso decir con 'compensación'. No parecía suficientemente grande, pero a veces el Señor Oscuro podía ser un poco extraño, especialmente cuando se trataba de Harry. Si ese era el caso, su padre podía ser perdonado por arrastrar el nombre de Draco por el lodo, junto al de Harry.

Maldición, hubiese sido bueno saber de antemano que su padre iba a hacer publica la historia el día de hoy. Pero, por supuesto, eso sería pedir demasiado. Su padre nunca vio la necesidad de darle suficiente información sobre nada; o bien pensó que Draco iba a darse cuenta por las suyas, o bien que no merecía ser informado. O tal vez, ni siquiera lo pensó.

Bajo circunstancias normales, ese hecho era molesto, pero era exasperante cuando las acciones de su familia tenían un impacto semejante en él. Ahora no estaba más informado que en segundo año, cuando pasó ese asunto del Heredero de Slytherin, o en quinto año, cuando su padre condujo ese ataque al Ministerio de la Magia; sólo que esta vez era peor, porque esta mierda que pasaba sin que tuviera conocimiento tenía que ver con su propia jodida unión. Apenas la semana pasada, un artículo decía que Parnassus McKay se había suicidado en prisión, él no tenía idea de cómo, ni por qué, o si su familia tuvo algo que ver...Y ahora, esto...

Draco esperaba que su pequeño ataque de esta mañana no llegase a oídos de su padre. Sin embargo, si llegaba, él podía decir lo que le había dicho a Harry: sin importar lo que él dijera, el nombre de Harry había sido manchado y su padre se había asegurado de que nada de lo que Draco pudiera decir o negar, sirviera. Sólo esperaba que pudiera convencer a su padre de que había pensado en eso antes del ataque, y no después. Además, esperaba que si su padre se enterara de que Harry y él se encontraban fuera de clases, pudiera convencerlo de que era pura y exclusivamente por motivos académicos. Lo que era cierto. Realmente.

Así era.

Draco suspiró profundamente. La única cosa más tonta que haber accedido a encontrarse con Harry mañana, era fingir que se trataba nada más que de un encuentro por simples tareas escolares. Semejante cosa sería demasiado autoengaño.

Y ya tenía suficiente.

Se autoengañaba, acostándose con Pansy y Stephen Cornfoot y diciédose a sí mismo que eso era suficiente para él; tratando de convencerse que ya había olvidado a Harry. Si eso fuese verdad, no hubiese sido tan estúpido como para ignorar los gritos de alarma en su cabeza, los signos claros en la voz y en los ojos de Harry que le avisaban que no estaba interesado en las tareas escolares, la inaceptable -por lo ávida-, respuesta, y el salto para tomar la oportunidad de ver a Harry a solas.

Su padre lo mataría si se enterase. Y aquí estaba, tozudamente decidido a hacerlo, porque bien jodido, quería hacerlo. Porque libertad e independencia y Pansy y Cornfoot no eran suficiente compensación por lo que había perdido.

Ni de cerca. Pansy era una buena amiga, y él disfrutaba estar con ella, y tocarla, obviamente era mejor que tocarse a sí mismo, pero no encendía su sangre exactamente. Nunca. El sentimiento era mutuo, ella disfrutaba, él lo sabía, pero no tenía que morderse el labio para no gritar ya antes de que la besara, como lo hacía Harry.

Y Cornfoot...otra vez, agradable, y definitivamente mejor que nada. Pero tampoco nada especial. No sólo había sido un tanto torpe y le había causado alguna incomodidad, la primera vez, no sólo había sido un poco rápido en llegar a la meta, sino que además, estuvo nervioso e inexperto –sin ser virgen, nunca había tenido sexo con otro chico-. Sus nervios, a diferencia de los de Harry, no había sido adorables ni excitantes. Cornfoot hacía pregunta trás pregunta, trás pregunta, hasta que Draco le espetó que, la próxima vez, traiga una Vuelapluma.

Afortunadamente, no la trajo, y la próxima vez fue más disfrutable. Draco se dijo que había mejorado, que tenía potencial...Harry tampoco había sido un experto al principio...

Excepto que no podía evitar recordar cómo Harry dejaba caer su cabeza hacia atrás y ahogaba pequeñas maldiciones en el calor de la pasión. La primera vez que fue hacia abajo y lo tomó en su boca, Harry se mordió la mano para no gritar. La excitación de Harry siempre había prendido fuego a Draco –se dio cuenta de que, aún ahora, el recuerdo lo encendía-. Draco estiró la mano, bajo los cobertores, tocándose, cerrando los ojos y recordando las chispas que saltaban entre ellos. Se detuvo para asegurarse de que había colocado un encantamiento silenciador en las cortinas. Eso lo llevó directamente a un recuerdo levemente embarazoso, aunque altamente estimulante. Una vez, apenas comenzado el período invernal, se olvidaron de colocar el encantamiento de privacidad y terminaron sobresaltados al oír que el gruñido iracundo de Blaise, desde el otro lado de las cortinas, respondiendo a una pregunta agitada de Draco.

-¡Ay, definitivamente, deja que te haga una mamada, Potter, así se calla! Mañana tengo que presentar un trabajo de Historia de la Magia y ustedes están mandando al demonio mi comprensión de la Convención Internacional de Hechicería.

Draco cerró los ojos, movió su mano con más rapidez, sonriendo al recordar el rubor mortificado de Harry y el inmediato siseo del encantamiento silenciador. Creyó que Harry se alejaría e insistiría en acabar en su propia habitación, pero en cambio, Harry lo empujó sobre su espalda, le cubrió la boca apurando los movimientos para que ambos se corrieran, rápida y ardientemente. Murmurando algo así como 'por el bien de Zabini, ¿sabes?'. Que las inhibiciones de Harry hayan sido vencidas completamente por su libido, fue y seguirá siendo un gran motivo de excitación para él.

Jadeó y se corrió, caliente por el recuerdo.

Draco se limpió, diciéndose con firmeza que no sería lo mismo con Harry si…muy bien, no seamos inocentes, cuando vuelvan a acostarse juntos. Pomfrey dijo que lo que hacía todo tan intenso era el hechizo de unión. Y ya no existía. Tal vez, después de que duerman juntos, finalmente, después del divorcio, podrá aceptar que lo que extraña, simplemente ya no está. Y entonces, así podrá seguir con su vida y esperar a volver a sentir ese tipo de intensidad con su futura esposa, una linda chica de sangre pura y de buena familia.

Y entonces, se dijo, ya no necesitará autoengañarse más.

ooooooo

Martes, día 134

-Patético, completamente patético.

-¡No es tan fácil!

-Inténtalo otra vez-. Dijo Draco, descansando cómodamente sobre su silla verde y plata.

Harry frunció el ceño ante su propia bufanda, que lo desafiaba alegremente en un montoncito rojo y dorado desde el piso del salón vacío. –Pannoseta-. Dijo, firmemente.

La bufanda se movió, como provocándolo, pero permaneció tirada.

-¿Por qué no pudiste practicar esto en la clase?

-Lisa y Stephen estaban muy ocupados, discutiendo sobre cuál de las sillas era más sólida, y si era mejor una silla sólida o una liviana...

-¡Ravenclaws!- Rió Draco.

-Además, Lisa se quejaba porque Stephen no había acudido a su cita para el trabajo de Transformaciones del domingo; lo acusaba de estudiar con un Hufflepuff desde el examen de la semana pasada.

-Traicionar al compañero de estudios-. Draco puso los ojos en blanco. -El peor pecado de los Ravenclaw-. Harry rio y volvió a mirar su bufanda caída. Maldición, normalmente, esta era su mejor asignatura. -Sólo piensa en la silla que quieres-. Le recomendó Draco. -Las palabras no son importantes, tú lo sabes; todo se reduce a mantener en tu mente qué es lo quieres. Las palabras sólo te ayudan a enfocar los pensamientos-.

-Está bien, sí-. Dijo, tratando de no sonar impaciente, mientras Draco le recordaba cosas que cualquier alumno de tercer año sabía. Frunció el ceño, mirando la bufanda. -Tal vez me ayudaría entender por qué se supone que esto es remotamente útil.

-Por favor, dime que no hablas en serio-. Dijo Draco, con voz lastimera. -Si estás en un pantano, estás cansado y no quieres sentarte en la suciedad, sacas tu bufanda y la conviertes en una silla. ¿No es útil?

-Supongo que sí-. Respondió Harry, sin entusiasmo.

-Ya sé, ya sé, a los Gryffindor les encanta sentarse en la suciedad-. Murmuró Draco. Harry reflexionó que antes, esa afirmación lo hubiese llevado a unos cuantos insultos gratuitos con la palabra 'suciedad'.

Bueno. La silla. Se concentró en la bufanda, tratando de pensar en cómo quería que luciera...y no en Draco, luciendo perfectamente cómodo en su silla y haciendo trizas su concentración.

Puta madre.

Mierda, no podía; no podía concentrarse. No era como en el último mes de su unión, cuando estar con Draco era completamente normal y lo hacía sentir centrado como nunca antes, con la firmeza del vínculo como un fundamento en sus vidas. La presencia de Draco no lo relajaba en lo absoluto, era reconfortante, pero lo distraía. Harry estaba hiper alerta y concentrado, pero en lo único que podía concentrarse era en el mero hecho de que Draco estaba allí. Y no le ayudaba para nada, seguir pensando en la cara de Draco el día anterior, cuando quedaron en juntarse; estaba casi seguro –aún sin el vínculo-, que Draco no estaba interesado en practicar Transformaciones, ni en hablar de McGonagall ni de Neville, ni en intercambiar apuntes de Herbología.

Como le había pasado con Cho, sufría todo el conflicto entre desear desesperadamente estar con alguien y luego alterarse por la cercanía. Draco le lanzaría una maldición allí mismo si supiera que Harry lo estaba comparando con Cho, pero así era.

Respiró hondo. Draco no era Cho Chang, y él no tenía quince años. Bajó la varita.

-¿Qué pasa?- Preguntó Draco.

-No creo poder hacer esto-. Respondió, lentamente.

-¿Por qué no?

-Yo...esto de 'seamos amigos', es demasiado...no puedo-.

Silencio.

Se aclaró la garganta. –Es demasiado distrayente.

Hubo otra pausa; Draco tragó saliva y se levantó, murmurando suavemente un 'Finite Incantatum' y guardando su bufanda en el bolsillo. –Tenemos dos opciones, entonces. Educadamente dejar de vernos o no ser 'solamente amigos'.

Harry levantó la vista; tenía mucha experiencia en cómo lucía Draco cuando quería algo. No necesitaba el vínculo, podía saberlo. Se acercó y miró a Draco a los ojos. Vio vacilación, timidez...y el mismo deseo que él sentía. Lentamente, se acercó más, esperando que Draco retrocediera en cualquier momento. Demonios, esperando que él mismo retrocediera en cualquier momento.

Ninguno de los dos retrocedió. Harry tocó suavemente el brazo de Draco. -¿Estás seguro...?

Draco dudó y bajó la vista. -Mi padre me matará si...

-Lo sé. Probablemente esto no sea una buena idea...-Harry se interrumpió.

Draco lo miró y...ay mierda. Sí, ambos sabían cuál era la opción inteligente, pero ninguno de los dos era terriblemente inteligente cuando se trataba del otro. ¿Por qué cambiarían las cosas sólo porque no eran inteligentes sobre la amistad -o lo que sea esto-, en lugar de odio?

Harry se acercó más, incapaz de detenerse; y esta vez, Draco fue el no pudo moverse por la indecisión, y Harry fue el que deseaba más, el que tenía menos que perder, tal como Draco aquella vez en la oficina de Dumbledore, la primera vez...

Y entonces, sus labios se unieron y fue como volver a casa...

La familiaridad, la calidez, el deseo, la necesidad de tocar más; el mismo aroma, el mismo gusto; hasta el sonido que hizo Draco. Un suspiro de alivio o lo que fuese...todo era igual...

Pomfrey había dicho que el vínculo era el que hacía que todo fuese tan poderoso, pero si esto era lo que quedaba, después del vínculo, casi no había diferencia, sólo no podía sentir directamente las emociones de Draco. La pasión increíble seguía allí, así como la abrumadora necesidad de no dejarlo ir, la excitación instantánea, el deseo desesperado de acariciarlo todo. Harry se forzó a mantener las manos ocupadas en el cabello de Draco, en sus mejillas, en su cuello, y en no dejarlas seguir demasiado lejos, demasiado rápido.

-Ay, joder-. Dijo Draco, en voz baja, separándose apenas y tratando de recobrar el aliento.

-¿Qué?- Preguntó Harry, nervioso.

-Nada, es que...pensé que...no importa-. Draco bajó la mirada, acariciando ausentemente el cabello de Harry, y claramente alterado.

Harry se obligó a detenerse, miró a Draco a los ojos, tratando de leerlos, de descubrir si la niebla gris era confusión, o deseo o dudas.

No había dudas, supuso, porque Draco hizo un sonido gutural y lo abrazó, besándolo con fiereza, y Harry debió concentrarse completamente para no demandar más y para no dejar que la reacción sorpresiva de su cuerpo lo capte completamente.

Ay, Dios, estaba en casa.

ooooooo

-¿Hiciste el ensayo de Astronomía?- Preguntó Ron. Harry arrojó su mochila al suelo y se dejó caer sobre la cama.

-Mmm…sí. Ya lo hice.

Ron rió. –Bien, compañero, ¿quién es?- Dijo, amablemente.

-¿Qué? ¿Quién?- Dijo Harry, sintiendo que su corazón se hundía.

La sonrisa divertida de Ron hizo que las cuidadosas palabras preparadas evasivas de Harry, resultaran inútiles. En menos de quince minutos en Gryffindor; bueno, había estado fuera más de lo que había dicho que estaría, y probablemente haya evadido decir a dónde iba, y sabía que era incapaz de no mostrar en su cara la tormenta interior, pero, honestamente no se le había ocurrido que Ron pudiera darse cuenta de que algo extraño pasaba. No solía ser terriblemente observador.

-Dijiste que ibas a terminar el trabajo de Astronomía, pero dejaste el libro. Además, tu cara no es la cara de alguien que acaba de tener un productivo encuentro de estudio.

-Ron...

-¿Por qué lo ocultas? ¿Te preocupa que salga en los periódicos?

Harry resopló, cediendo. –Sí-. Dijo, mirando fijamente al cielo raso.

-Harry, soy tu mejor amigo. Sabes que no le contaría a nadie...¿o ella es tímida y no quiere salir en los periódicos?

-Somos los dos-.

-¡Vamos! ¿Quién es?

-Ron, no puedo decírtelo-. Negó con la cabeza, pero Ron sólo sonrió.

-Eventualmente nos enteraremos todos, lo sabes. Deberías decírselo a ella; si nos cuentas a Hermione y a mi podremos ayudarlos a mantenerlo oculto un poco más. Sólo habla con ella...- Ron se interrumpió, ladeando la cabeza, miró a Harry con curiosidad y vio que trataba de proyectar una expresión inocente.

-¿No será un chico, no?

El corazón de Harry dio un salto; negó rápidamente con la cabeza, pero el daño ya estaba hecho. No había sido capaz de esconder su reacción; Ron lo observaba con ligera sorpresa, que con bastante rapidez se transformó en diversión. -Harry.

-No...no le cuentes a Hermione-. Dijo Harry, sentándose.

-¿Por qué no?

-Yo...no, no creo que lo entienda.

-¿Por qué? ¿Por ser nacida de muggles? Hermione no piensa de ese modo, tú lo sabes.

-No, no es eso...

-¿Y entonces, qué?- Harry negó tozudamente con la cabeza. Ron frunció el ceño. –Es por quién es…¿verdad?

-Yo…

De repente, Ron se sentó. -¿No será Malfoy, no?

Harry abrió aún más los ojos y miró asombrado a Ron. Ni en un millón de años hubiese creído que Ron adivinaría de quién se trataba...se fijó para asegurarse de que realmente era Ron y no Hermione el que estaba en la otra cama.

-Es él-. Dijo Ron, simplemente. Harry se llevó las rodillas hasta el pecho y apoyó la cabeza en ellas; respiró hondo, incapaz de mirarlo de frente.

Mierda. Maldita sea, eso había sido mucho más rápido de lo que había esperado, y la necesidad de disculparse era jodídamente urgente. Mi padre me mataría, había dicho Draco, y Harry tuvo que admitirlo y agradecer al cielo porque él no tenía ese problema, pero debía reconocer que el hecho de haber vuelto con Draco, voluntariamente, tampoco iba a emocionar a sus amigos. Una cosa era involucrarse con un probable futuro Mortífago que detestaba a los nacidos de muggles porque no tenía alternativa...pero hacerlo voluntariamente...

Mantuvo la cabeza gacha; no quería ver ni acusación ni decepción en la mirada de Ron. Se aclaró la garganta, rompiendo el incómodo silencio. -¿Cómo…cómo supiste?

Hubo una pausa, luego, Ron se sentó con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, se pasó las manos por la cara, cansado y se rió. –Fue Hermione, en verdad-. Dijo. Harry se quedó mirándolo, sin entender. -¿Te acuerdas el artículo que salió hace unos días, preguntando si ustedes habían vuelto a juntarse?

-¿Sí?

-Yo dije algo así como 'cuando los escregutos vuelen', pero ella se puso seria y dijo que no le sorprendería si tú quisieras volver con él. Ella pensaba que tú le echabas de menos mucho más de lo que dejabas ver-.

-Ah...

-Harry...¿por qué?

Harry cerró los ojos, profundamente agradecido porque no parecía haber decepción en la voz de Ron, sólo una preocupación desconcertada. –Yo...sólo lo extrañaba-. Murmuró Harry. –Eso es todo...realmente lo echaba de menos.

Hubo un breve silencio, Ron esperó una explicación. Cuando no llegó, Ron suspiró. –Eso fue lo que dijo Hermione. Yo le contesté que tú sólo estabas decaído, pero ella dijo que era más que eso. Hasta dijo que...¿tú sabías que los muggles creen que de verdad se puede enfermar por este tipo de cosas?

-Sí-. Harry sonrió levemente.

-Qué loco. Ella dijo que tienen algo parecido a las Pociones Reconfortantes, y que lo toman si la cosa se pone realmente mal.

-Yo no necesito una Poción Reconfortante, Ron.

-¿Estás seguro? Sería mucho menos peligroso que volver con él-. Harry miró hacia otro lado. –Ahora...¿te sientes mejor?

Se encogió de hombros. –Sí, supongo.

-Bueno, eso es bueno, creo-. Ron respiró hondo. –Estás loco, ¿lo sabes, no? Estamos hablando de Malfoy. Quiero decir, sé que tú lo conoces mejor y que te gusta y todo eso, pero tú mismo lo dijiste, no querías acercarte a él porque sabías hacia dónde va...

-Sé lo que dije...pero…ahora es diferente.

Ron asintió, resignado. –Escucha, compañero, más vale que le cuentes a Hermione, aunque no quieras. Se va a poner hecha una furia si lo averigua por su lado.

-Ya lo sé-. Harry dio un respingo.

-Te voy a ayudar a mantenerlo oculto, si quieres. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo.

Harry cerro los ojos. –No lo sé.

ooooooo

Jueves, Día 136

No se suponía que fuese así, pensó Draco, desesperadamente. Así no: Harry apoyado sobre sus codos, encima de un escritorio, en un salón abandonado. Los besos apasionados y titubeos y gemidos se convirtieron en esto: en la nuca de Harry, caliente contra los labios y la lengua de Draco, ambos sin aliento; Draco embistiendo con dureza dentro de Harry, manteniéndole las caderas en su lugar con una mano y la otra cerrada firmemente alrededor de su erección. No había vínculo que hiciera que Draco supiera lo que Harry estaba sintiendo, y no lo necesitaba. No era necesario mientras la voz de Harry se entrecortaba debajo suyo, no con los nudillos blancos de la manos de Harry apretando el borde del escritorio, no había nada involuntario en esto. Nada. Aún cuando el borde del escritorio probablemente se incrustaba en los muslos de Harry y auguraba moretones para mañana, hasta eso encendía la excitación de Draco; además del hecho de que Harry pudiera hacer esto y que no le importara, de que otra vez estuviesen moviéndose juntos, de que sus camisas estén abiertas y sus pantalones terminen arruinados, de que la corbata roja y dorada de Harry esté arrugada sobre el escritorio y de que Harry embista en la mano de Draco como si no le interesara nada más.

Joder. Se suponía que no debía ser así. Draco movió su mano izquierda desde la cadera de Harry hacia el borde del escritorio, entrelazó sus dedos y gruñó al sentir que los dedos de Harry apretaban los suyos. Harry bajó la cabeza y maldijo por lo bajo y comenzó a perder el control. Draco sintió que podía morir feliz, allí mismo... pero no se suponía que fuera tan bueno.

ooooooo

Draco se dejó caer en el asiento junto a Pansy, en la sala común, y se felicitó por haberse controlado tanto en su último encuentro con Harry. No tenía ninguna marca sospechosa, se habían examinado cuidadosamente uno al otro; se habían duchado y él estaba seguro de que estaba usando sólo ropa suya, nada de Harry y cada artículo estaba prolijo y arreglado.

En cuanto a su expresión, le complació notar en el espejo, al entrar en la casi vacía sala común, sólo mostraba una preocupación casual por el examen de Runas Antiguas de mañana. No había ninguna señal en su cara de su propia exigencia interior por una explicación de qué mierda le estaba pasando.

Pansy asintió ausentemente, y sin levantar la vista de su texto de Runas, le pasó la mano por el cabello aún húmedo. -¿Cómo está tu...mm...amigo íntimo, Cornfoot?- Dijo, en voz baja.

Draco se quedó helado, en medio del acto de sacar su libro de texto de la mochila. -¿Qué?

Pansy soltó una risita y cerró el libro. –Mi Dios, Draco, deberías verte la cara.

Él examinó la cara de Pansy, en busca de algún rastro de celos o enojo, pero ella parecía casi divertida.

-Está bien, querido-. Sonrió. –Lo pesqué a Cornfoot embobado contigo durante Encantamientos, la semana pasada. Pensé que sentirías curiosidad por probar con otros chicos, después de Potter. Aunque debo advertirte que, tal vez, puede que tu padre no sea tan comprensivo.

Draco exhaló, apoyándose contra el respaldo de su asiento. –A mi padre no le importaría-. Dijo. –Mientras termine casado con una chica adecuada.

-Mm, sí, yo diría que aún eres hábil en ese aspecto-. Ronroneó Pansy, pícaramente. Él le sonrió y ella palmeó su regazo, indicándole que se acueste, para tener una pequeña charla. Draco obedeció, se acostó en el sofá y apoyó la cabeza en el regazo. –Entonces...¿ahora prefieres estar con chicos?

-No. Quiero decir…tal vez…no lo sé…

-¿No fui suficiente para ti?- Preguntó ella, en tono liviano y pasándole los dedos por el cabello, otra vez.

-Pants, vamos-. Él la miró, preocupado.

-Detesto ese sobrenombre, y no vas a sacarme del tema con tanta facilidad-. Dijo ella, severamente. –Vamos, ahora mi orgullo femenino está en juego.

-Si tanto te interesa, creo que busqué a Cornfoot porque no quería que las cosas se pusieran incómodas entre nosotros. Mira, me encanta una revolcada, como al que más, pero debes admitir...

-No, eso es muy sensato. Sin embargo, te juro que si empiezas a venir aquí con marcas encima, vas a escucharme, o más que eso, para ser justos. Después de todo, no se debe dejar a un amigo en la estacada.

-Muy bien-. Le sonrió.

-¿Es igual que antes?

-¿Qué, el sexo con un chico?- Draco se encogió de hombros. –Son diferentes personas.

-Ya lo sé, Draco-. La voz de Pansy bajó de volumen. –Y no estoy hablando de Cornfoot.

-¿Cómo?

Pansy examinaba sus uñas con gran interés. -¿Te acuerdas cuando esa perra de McGonagall me mandó a lustrar las viejas plaquetas, el año pasado, después de que transformé las colitas de la chica Abbott en barro verde? Tu padre obtuvo la mayor calificación en los Exámenes de Encantamientos en doce años. No es un hombre estúpido, tu padre.

Draco se quedó mirándola fijamente.

-Y si yo puedo colocarte un simple encantamiento rastreador, para saber cuándo estás acostándote con Stephen Cornfoot y cuándo te acuestas con otro, es relativamente seguro asumir que tu padre podría hacer lo mismo.

-Pansy…- Draco intentó levantarse, pero la mano de Pansy se apoyó en su hombro y lo mantuvo en el lugar.

-Sólo me resta esperar que Potter le haya hecho algo a tu cerebro y que puedas usarlo como excusa cuando tu padre te descubra; porque tú sabes que lo hará, y será un infierno para ti.

-Yo...

-Por lejos, esta es la cosa más estúpida que has hecho-. Dijo ella, su expresión y su voz completamente incongruentes –una perfectamente juguetona y distendida, y la otra perfectamente neutra. –Debería delatarte. Te dije que iba a estar a tu lado, pero esto, realmente, pero realmente, es agotar mi paciencia y mi fe en ti. Este tipo de idiotez no te augura nada bueno para ti y no me sirve para nada; no vas a vivir lo suficiente si eres tan tarado como para arriesgar todo por unas cuantas revolcadas con Potter, justo con él entre todos.

El corazón de Draco galopaba, y no podía dejar de mirarla. En años, habían tenido muchas peleas, pero nunca la había visto tan furiosa, y con su acostumbrado sarcasmo chillón reemplazado por una calma gélida.

-¿Tienes, a ver...alguna explicación?

-Yo...

-No. No lo creo.

Draco frunció el ceño y decidió pasar a la ofensiva. –Mira, es suficiente...- Quiso levantarse, pero ella susurró algo y él sintió que sus miembros se fijaban en su lugar a la fuerza. Se golpeó, mentalmente, por haber sido tomado con la guardia baja, otra vez, por el truco de Pansy, de tener su varita dentro de la manga para usarla cuando quiera, sin que se note.

-Draco, tu padre no se va a molestar en desheredarte, si te descubre. Te va a matar de la manera más asquerosa posible-. Dijo, como quien conversa del tiempo. Él no podía ni levantarse ni desviar la mirada.

-No lo haría-. Respondió Draco, con voz vacía, agradecido porque, al menos podía hablar.

-Tu padre te quito la voz por una semana cuando tenías ocho años.

-Le contesté mal.

-Cuando le contesté mal a mi madre, hizo que mi elfo doméstico me lave la boca con hierba amarga. Cuando me fue mal en Pociones, me quitaron la escoba por un mes. Tu padre te quitó la magia durante un verano entero, después de que Granger tuviera mejores calificaciones que tú, en primer año.

-Se supone que nadie debe usar magia durante el verano-. Apuntó Draco, tranquilamente.

-Como si eso jamás hubiese significado algo para nuestras familias-. Se burló, Pansy. –No somos los jodidos Weasley o los Longbottom. Y, si lo fuéramos, como viste ese año, hay una enorme diferencia entre no tener permitido y no poder usar tu magia-. Pansy negó con la cabeza, enojada. –Y no importa que haya comprado tu lugar en el equipo de Quidditch, después de que tu madre le echó la culpa por haberte convertido en un jodido squib durante seis semanas-, especialmente porque te dejó ciego dos días después de que perdiste tu juego contra Potter. Él fue el que te hizo tomar la poción Emetium sin diluir y te hizo vomitar por una semana, porque se te escapó que te gustaba el buscador de las Furias, y sólo porque él es un nacido de muggles. Te encerró en una habitación con Fenrir Greyback durante la luna llena cuando te atreviste a decir que tal vez, el Señor de las Tinieblas no debería aliarse con hombres lobo –y sé que Fenrir no podía morderte, pero tú no lo sabías-, y lo que hizo tu padre fue cruel. Se descontrola cuando lo desafías o decepcionas, y tú te estás olvidando de eso...y-. De repente, ella se agachó y lo abrazó, y las palabras se amortiguaron en su cuello. -¡TE ODIO! ¡ERES UN JODIDO IDIOTA!

Draco cerró los ojos y trató con todas sus fuerzas en no pensar en todo lo que Pansy acababa de decirle. Esperó pacientemente hasta que ella recobró el control y se aclaró la garganta. –Yo necesitaba...no lo sé, despedirme bien, o algo así. Eso es todo…- Dijo él, en voz baja, deseando que ella al menos lo dejara volter la cara y no estar sometido a su mirada escrutadora. –Fue...todo pasó muy rápido, no tuve tiempo para...mira, estamos hablando de Potter, ¿verdad?- Esperó hasta que ella asintió. –No es exactamente la vela más brillante del candelero. No es tan atractivo ni interesante, sus habilidades sociales son atroces y sus opiniones políticas y sus amigos...- Se interrumpió. –Sólo necesito sacarlo de mi mente, ¿sí? No durará mucho...

-Draco, eres un idiota-. Pansy lo abrazó y negó con la cabeza. –La madre de Queenie tiene razón, después de todo. Los hombres son todos unos jodidos inútiles. Sólo obedecen a sus pantalones, y nada más-. Sacudió la cabeza y acarició el cabello de Draco, murmurando el Finite Incantatum, para levantar el hechizo. Lentamente, él se relajó en el abrazo.