UN MOMENTO PARA SER VALIENTE

20. Un momento para ser valiente

Sue ya nunca pasa tiempo en la Sala Común de Ravenclaw. Le da miedo. Le dan miedo las miradas hostiles, los silencios largos. Le da miedo quedarse allí y comprender que nadie se va a dirigir a ella.

Que muchos preferirían que no estuviera.

No lo entiende. No ha hecho nada malo. No les ha hecho nada malo.

Tampoco tiene el valor de ir a la biblioteca. Sabe que allí estará Nott (Nott que la cogió en volandas y que la hace sentir estúpidamente especial cuando la mira). Y aunque una parte de ella quiere correr y sentarse a su lado, hablar con alguien, la otra sabe que si lo hace las cosas solo irán a peor.

Solo necesitaba que alguien los viera.

Así que se dedica a vagabundear por el castillo. No es gran cosa, pero al menos algunos de los prefectos la saludan cuando la ven pasar.

Y eso hace que no se sienta tan sola.

Es miércoles y el paseo se ha extendido más de lo que le gustaría. Entra en el castillo desde los terrenos, con las manos debajo de las axilas para mantenerlas calientes. A pesar de que la primavera se queda cada día más atrás, todavía hay días fríos.

Tarda un rato en darse cuenta de que, en los pasillos que llevan hacías las mazmorras hay un pequeño corrillo. Siente como el corazón se le para.

Sabe lo que está pasando.

Lo ha visto otras veces. Un puñado de alumnos mayores aprovechándose de las normas laxas del colegio. No lo piensa.

Probablemente, si lo hiciera no daría un paso hacia delante. Ni otro, ni otro.

Ni apartaría a Goyle de un empujón.

Ni miraría desafiante a la cara de Draco Malfoy.

—Ya basta —le dice con voz firme. No piensa en que el más bajo de ellos le saca al menos un palmo de altura. Ni que la superan en cuatro a uno. Ni que Pansy Parkinson la está mirando con una expresión extraña que promete.

—No te metas, Li.

Hay un chico pequeño entre ella y Malfoy. Debe de ir a tercero y es de Hufflepuff. Deben de haberlo esperado a la salida de su Sala Común.

Siete nauseas, ¿de verdad había le ayudó?

—He dicho que ya basta —murmura dando un paso al frente y levantando un poco más la cabeza. Para no perderse la expresión de Malfoy.

El frunce el ceño. Parece que está a punto de maldecirla cuando se encoge de hombros.

—Tú misma —dice esquivándola—. Larguémonos.

Ve como el grupo se disuelve y, entonces, se permite temblar. Baja un poco la cabeza y suspira.

¿De verdad ha hecho lo que cree que ha hecho?

—¿Estás bien? —le pregunta al chico.

Él la mira de una manera muy rara, como si la tuviese miedo. Se intenta levantar, pero tropieza con su propia túnica y vuelve a caer.

Sue se agacha para ayudarlo a levantarse.

Él se aparta hasta que su espalda choca contra el muro.

—No voy a hacerte daño —dice, intentando sonreír un poco—. Nadie va a hacértelo.

—Déjame en paz —gimotea el chico incorporándose y saliendo corriendo.

Al día siguiente todo el mundo habla de que Sue Li, la chica de Ravenclaw bajita, sale con Draco Malfoy. Y que se han peleado.


Continuará.