Disclaimer: Todos los derechos le pertenecen a Rowling, nosotros sólo nos estamos divirtiendo un poco.
- ¿No te parece esto un poco exagerado, Neville?- dijo Luna, en tanto se recogía su abundante cabello para colocarse el sombrero escondiendo sus rubios mechones.
- Claro que no. Menos mal que la capa es larga y te cubre hasta los tobillos. Ciérrala bien al frente para que no se vea tu insignia.- indicó el chico.
Los dos amigos estaban en uno de los pasadizos cerca de la entrada a la Sala Común de Gryffindor. Habían pasado los últimos minutos intentando vestir a Luna de modo que pudiera pasar sin llamar la atención de los alumnos que estuvieran en la Sala; mal que bien, era un personaje bastante conocido en Hogwarts, aún cuando la mayoría no supiera apreciarla como se merecía, tal como le dijo Neville en un rapto de sinceridad. La chica encontraba todo muy divertido, mientras su compañero se sentía al borde de un ataque. Si McGonagall se enteraba…
- Listo, creo que esto es suficiente.- anunció Neville, dando un suspiro y examinando a su amiga con ojo crítico.
- Debo de parecer un gnomo.- rió la chica encantada.
Neville no dijo nada, pero la verdad es que no estaba muy equivocada. Con el sombrero calado hasta las cejas y la larga capa cerrada al frente, sólo podían apreciarse sus brillantes ojos y contra eso no había nada que hacer. Sólo quedaba encomendarse a todos los magos conocidos para que no los descubrieran.
- Bueno, vamos ya, seguro que la mayoría está cenando.- lo apremió la rubia, arrastrándolo hacia el cuadro de la Dama Gorda, que parecía algo distraída en una charla con su amiga Violeta.
- No pongas esa cara de culpabilidad.- alcanzó a susurrar Luna.
- Ya. Buenas noches. Este… ¿nos deja pasar?- pidió el joven intentando sonar natural.
- ¿Pero qué dices muchacho? No me digas que has olvidado la contraseña, porque si es así, no puedo dejarte pasar, lo lamento.- indicó la mujer.
- ¡Claro que la recuerdo! Es "pastel de calabaza"- replicó el otro algo ofendido.
- Muy bien. Adelante.- accedió la Dama, haciéndose a un lado y retomando su charla sin prestarles demasiada atención.
- Gracias, qué amable es usted.- apreció la Ravenclaw, ganándose una mirada fulminante de su compañero, que la empujó sin mucha delicadeza dentro de la Sala.
- ¿Qué?- preguntó la chica con inocencia.
- Olvídalo.- susurró Neville.
La Sala estaba ocupada a medias por algunos alumnos que ya habían terminado de cenar y ahora se dedicaban a jugar o terminar deberes. En cuanto entraron, Neville tomó a su amiga del brazo y la guió hacia la escalera que conducía a los dormitorios de las chicas tan rápido como podía sin llamar la atención.
- Bien, por aquí llegarás. No tengo idea de cuál puerta será, porque nunca he subido, pero trata de preguntar a alguna de primero, no te molestará. Le dices que estás enferma y no recuerdas en dónde duermes o algo así.- cuchicheó el muchacho con nerviosismo.
- Creo que deberías tomar un té para que te calmes, Neville.- le comentó la joven muy seria.
- ¡Hey, Neville! ¿En qué andas? Ven a jugar una partida con nosotros.- le gritó Dean, desde el otro lado del cuarto.
El pobre chico pasó a la palidez total en tanto volteaba y hacía una mueca amable a su compañero, que estaba sentado con su inseparable amigo Seamus frente a un tablero de ajedrez. Como si eso fuera poco, en ese momento, Ron hizo su aparición por el retrato y dirigiéndole una sonrisa, encaminó el rumbo en su dirección.
- ¡Sube, sube, sube! – apremió a la rubia desesperado.
La chica puso los ojos en blanco, y con una sonrisa divertida subió de a dos los peldaños con su paso ligero hasta perderse en lo alto.
Neville dio un suspiro de alivio y se dio la vuelta para saludar al pelirrojo.
- Hola, Ron, ¿ya terminaron de entrenar tú y Harry?- preguntó el chico, casi volviendo a su color natural.
- Sí, hace un buen rato. Vengo del comedor, Harry se quedó en el campo, dijo que luego venía. ¿Quién era esa chica con la que estabas?- preguntó curioso Ron.
- ¿Qué chica?- replicó Neville.
- La que estaba aquí contigo y acaba de subir.- le dijo su amigo algo burlón.
- Ah, esa chica. Es una Gryffindor.- aseguró el joven.
- ¿Y de dónde más iba a ser? ¿De Ravenclaw?- bromeó el pelirrojo.
- Cierto, claro. Era una chica, creo que de cuarto, que no se sentía muy bien y la acompañé hasta aquí; ni siquiera recordaba la contraseña. Pobrecita.- se lamentó el chico, sacudiendo la cabeza.
- Pues que raro, porque subió dando de brincos.- se extrañó su amigo.
- Seguro que ya se le estaba pasando. Mira, Dean me estaba llamando para jugar una partida de ajedrez; está con Seamus, ¿vamos?- preguntó Neville, señalando a sus compañeros que les hacían gestos.
- Claro, hace mucho que no juego, con todo lo que ha pasado últimamente. Pero yo empiezo.- pidió Ron.
- Seguro.- aceptó Neville sin dudar, acompañando al pelirrojo hacia donde estaban los otros chicos y dirigiendo una mirada inquieta a las escaleras tras de sí.
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Hermione se encontraba en su cama, tumbada y con los doseles corridos. Fijaba su vista al techo, mientras abrazaba con fuerza al león de felpa que Harry le obsequiara por su cumpleaños. Recostaba su cara contra el cuello del muñeco y en su mano derecha, sostenía el anillo que Edmund le envió. Le daba vueltas entre los dedos, sin verlo realmente, perdida en sus pensamientos.
Agradecía que sus compañeras estuvieran cenando o en la Sala Común, no creía poder soportar ni un solo comentario. La perseguían para preguntarle qué había ocurrido entre ella y Harry para que ambos lucieran como si alguien se hubiera muerto, según decían. Estaba demasiado triste como para fingir severidad y decirles que no era de su incumbencia lo que pasara en su vida; esperaba que si entraban y veían los doseles corridos, por lo menos pensaran que estaba dormida y la dejaran en paz. Si escuchaba una vez más un consejo tonto, iba a gritar.
Apretó con más ímpetu al muñeco y cerró la mano con fuerza sobre el anillo hasta que las piedras casi le hicieron daño. ¿Qué iba a hacer?
Seguía pensando, cuando escuchó que la puerta de la habitación se abría y unas suaves pisadas se acercaban. Trató de normalizar su respiración y cerró los ojos, esperando dar la impresión de estar dormida, pero pudo sentir como hacían a un lado con suavidad los doseles y alguien fijaba la vista en ella. ¿Es que no podían dejarla en paz?
- Si quieres parecer dormida, no haces muy buen trabajo, deberías intentar roncar.- comentó una voz musical muy conocida.
Hermione abrió los ojos, incrédula, y se quedó contemplando a su amiga sin poder articular ni una palabra.
- ¡Qué muñeco más bonito! Te lo obsequió Harry, ¿verdad? Me moría por verlo.- habló la rubia con sencillez, en tanto se sacaba el sombrero y dejaba caer su cabello sin tomarse la molestia de arreglarlo un poco.
- Pero…Luna, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste?- alcanzó a balbucear Hermione apenas.
- Neville me ayudó. ¿Ves? Esta es su capa, la usamos para que no se notara que no soy de esta Casa.- le explicó la joven, deshaciéndose de la pesada prenda.
- No puedo creerlo. ¿Cómo pudo? Está prohibido, se meterán en problemas.- farfulló Hermione.
- No pasa nada, nadie me prestó atención, no te preocupes. Siempre pensé que los Gryffindor eran más valientes.- indicó la chica.
- Una cosa es ser valientes y otra no respetar las normas. Bueno, la verdad es que me alegra que estés aquí.- reconoció Hermione viendo a su amiga con cariño.
- Y a mi verte, aunque no tienes muy buen aspecto.- indicó Luna con sinceridad y sentándose a los pies de la cama.
- Eso he oído.- replicó la otra joven, muy triste.
- No es para menos, en realidad eso no importa. Neville me contó lo que ocurrió.- explicó la rubia.
- Y según él, ¿qué ha pasado?- inquirió la chica lacónica.
- No sabía mucho, digamos que entre los dos hemos podido sacar algunas conclusiones. Como que hablaste con Harry acerca de Edmund.- tanteó la joven.
- El ya lo sabía, no sé cómo, yo sólo se lo confirmé.- reconoció Hermione con voz triste.
- Y parece que no se lo tomó muy bien, ¿verdad?- insistió Luna.
- Fue horrible, Luna, no puedes imaginarlo. Jamás me había sentido tan mal; fue como si me estrujaran el corazón. Y cuando pienso en su rostro aquella noche, siento lo mismo.- dijo la joven, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
- ¿Así de mal estuvo?- preguntó la Ravenclaw.
- Tan malo como puedas pensar. Y además, no sabes todo, nadie lo sabe, o eso creo. Pero necesito decirlo o voy a estallar. Ocurrió mucho más esa noche, Luna.- indicó Hermione, en tanto se secaba las lágrimas.
- Si quieres, puedes contármelo. No le diré nada a nadie si no quieres, ni siquiera a Neville.- aseguró la chica.
- No, por favor, no le vayas a decir nada. No quiero que Harry se entere de esto por alguien más aparte de mí.- pidió la Gryffindor.
- No te preocupes, si eso quieres, así será.- dijo Luna con seriedad poco usual en ella.
- De acuerdo. Verás, esa noche, Harry me esperó en el vestíbulo para hablar acerca de lo que ocurrió en Hogsmeade, estaba preocupado y parecía dispuesto a oírme, de modo que decidí contarle respecto al baile al que fui en las vacaciones y en el que conocí a alguien; le dije la verdad, que ese alguien había dejado una huella muy grande en mi. Pareció muy defraudado; primero no quiso saber nada, ni siquiera escucharme, pero casi lo había convencido de que escuchara toda la historia, cuando me llamaron a la oficina del director y tuve que despedirme de él.- empezó a explicar Hermione con voz triste.
- ¿Te llamó el director? ¡Qué inoportuno!- exclamó su amiga sin poder contenerse.
- No fue él, Luna, o tal vez sí, no estoy segura. Al único al que vi allí fue a Edmund.- indicó Hermione torciendo el gesto en un amago de sonrisa torcida.
- ¡¿Qué?! ¿De verdad? ¿En la oficina de Dumbledore? – acribilló a preguntas Luna, con los ojos abiertos al máximo.
- No grites, por favor. Si a ti te sorprendió, imagina como me sentí yo. Mi primer impulso fue salir corriendo, pero él me pidió que escuchara lo que tenía para decir. Acepté porque creía que sólo así me dejaría en paz; y además, reconozco que sentía algo de curiosidad.- aceptó la chica apenada.
- No te sientas mal por eso. ¿Quién no la tendría? Te pasaste meses suponiendo cosas y haciendo averiguaciones, es normal que quisieras saber la verdad.- la confortó su amiga.
- Gracias por entender. Bueno, como te dije, accedí a escucharlo. Me contó prácticamente toda su vida, Luna. No puedo traicionar su confianza, así que discúlpame si no te doy detalles, pero si bien continúo pensando que hizo mal en actuar de esa manera tan sospechosa, lo cierto es que por lo que me explicó, tenía motivos para ello. Le dije que me resultaría difícil perdonarlo, pero que lo comprendía.- dijo Hermione.
- ¿Y luego?- la apremió Luna, sin ocultar su curiosidad.
- Pues…me preguntó por Harry.- reconoció la joven.
- ¡Vaya! Decidió ser directo, ¿eh?- observó la rubia.
- Más de lo que te puedes imaginar. Le dije que no era asunto suyo y él me contestó que todo lo concerniente a mí lo era.- contó Hermione en voz baja.
- Ya.- se limitó a decir Luna, esperando que su amiga continuara su relato.
- Entre otras cosas, dijo que me quería.- confesó la Gryffindor sonrojándose.
- ¡Oh! Bueno, eso ya lo sabía.- comentó Luna, como quien escucha una noticia muy antigua.
- ¿Cómo podías saberlo?- preguntó la chica asombrada.
- Hermione, eso lo notaba cualquiera. Ya sabes, por como hablaba de ti y como te miraba esa noche en Hogsmeade. Debemos reconocerle que en eso no puede fingir, se ve que es sincero.- opinó la rubia.
- Yo no tenía como saberlo, de verdad no lo había pensado. Estaba demasiado concentrada en descubrir todos esos misterios, y luego me sentía furiosa cuando averigüé toda la verdad sobre él. Entonces, cuando me lo confesó, no supe qué hacer, estaba totalmente sorprendida. Edmund dijo que comprendía que me sintiera así y que me daría tiempo para pensar en todo esto. No pude decir nada, sólo salí de allí lo más rápido posible.- contó la joven, limpiándose nuevamente las lágrimas de la cara con el dorso de la mano.
- No era para menos, fueron demasiadas emociones en una sólo noche, era lógico que te sintieras así.- le dijo su amiga con dulzura.
- Aún no he terminado de contarte todo lo que ocurrió, Luna.- indicó Hermione, abrazando con más fuerza su muñeco e incorporándose un poco.
- ¿Hay más?- se sorprendió la rubia.
- No te he hablado de mi charla con Harry.- le dijo su amiga.
- Pero ustedes ya habían hablado, ¿no?- replicó Luna.
- Nos interrumpieron, te lo dije; esto ocurrió luego. Cuando volvía aquí para acostarme, él insistió en que debíamos continuar. Me sentía tan cansada, aún sorprendida por lo de Edmund, pero Harry no me dejó alternativa, de modo que hablamos.- explicó Hermione a media voz.
- Te escucho.- le dijo Luna con voz seria; algo le decía que no se trató de una charla muy amable.
Hermione pareció pensar en cómo empezar a contar la conversación de esa noche, aún le dolía pensar en eso; Harry dijo cosas tan hirientes, y saber que se merecía la mayoría de ellas no le hacía sentir mejor.
- Cuando vi a Harry, supe que algo andaba muy mal. Cuando nos separamos parecía disgustado, pero en ese momento lo vi tan…triste, tan herido, y a la vez furioso. Me dijo que estuve mintiéndole todo este tiempo, que no esperaba que yo le hiciera algo así.- contó Hermione balbuceando y sin intentar ya retener las lágrimas.
Luna sólo atinó a acercarse para darle unas palmaditas en la espalda y sacar un pañuelo del bolsillo que su amiga tomó agradecida.
- ¿Cómo pudo pensar eso? Yo jamás lo heriría a propósito, él lo sabe, debería saberlo.- dijo la chica, intentando secarse el rostro.
- Se sentía lastimado.- observó Luna.
- Lo sé, y sé que fue mi culpa, pero no quise hacerlo. Me dijo que sabía acerca de Edmund, sabía más acerca de él que yo hasta hacía unos minutos, ¿cómo pudo ser eso? Hasta conocía su nombre. No lo entiendo.- comentó la joven sacudiendo la cabeza.
- Bueno, Harry no es tonto y tal vez lo descubrió por su cuenta.- opinó su amiga, no queriendo descubrir a Neville.
- Sé que no es tonto, pero lo pensó todo mal. Primero creyó que yo había estado jugando con él, que le di falsas esperanzas mientras pensaba en Edmund y tú sabes que no fue así. Es cierto que todo este tiempo he intentado saber más acerca de él, no lo niego, pero nunca jugué con los sentimientos de Harry, soy incapaz de eso, lo quiero tanto…- se lamentó Hermione, sin soltar el pañuelo.
- Bueno, ¿pero al final dejó que le explicaras?- preguntó Luna.
- No del todo, ya no quiso oírme. Me preguntó si estaba enamorada de Edmund.- indicó la joven.
- ¿Y qué le dijiste?- insistió su amiga.
- La verdad. Que no lo sabía, y que tampoco sabía si lo amaba a él. No podía mentirle u ocultarle más cosas, no podía. Al final, se fue, no quiso saber más. Nunca lo había visto así, tan decepcionado. Desde entonces, no hemos hablado. Ambos nos rehuimos el uno al otro como si no soportáramos estar en el mismo lugar; no puedo dormir, ni concentrarme en las clases, sólo pienso y cada vez me confundo más. ¿Qué hay de malo conmigo, Luna?- sollozó Hermione.
La Ravenclaw la vio con esa expresión pensativa que acostumbraba adoptar la mayor parte del tiempo, ladeando la cabeza y sonriendo con suavidad.
- No creo que haya nada mal en ti, Hermione, en serio; es sólo que estás en una situación muy difícil. Créeme que no te envidio para nada. No sé exactamente qué debes hacer porque eso es algo que tendrás que descubrir por ti misma. Sólo te diría que no te apresures en tomar una decisión. Verás, conozco a Harry, no tan bien como tú, pero lo hago, y es un chico excelente, no se merece sufrir. En cuanto a Edmund, tampoco parece un mal tipo, al contrario, y de verdad te quiere. Así que lo mejor que puedes hacer es pensar bien las cosas, porque si en algún momento decides aceptar a alguno de los dos, ellos merecen que estás completamente segura de tus sentimientos. No vayas con Harry sólo porque no quieres lastimarlo o con Edmund porque parece perfecto; no puedes hacer eso, porque entonces si estarías siendo muy cruel.- le aconsejó Luna con sinceridad.
Su amiga pareció reflexionar lo que Luna le había dicho y se sentó más segura, recostando su espalda en el respaldar de la cama, en tanto acariciaba al león de felpa y jugaba distraída con el anillo.
- Sé que tienes razón, Luna, no sabes cuánto te lo agradezco. Necesitaba hablar con alguien como lo he hecho contigo. Tienes toda la razón, y de alguna manera esto también es mi culpa, porque me he dejado envolver por la confusión y los malos entendidos sin hacer nada. Esa no soy yo, se supone que busco soluciones, no que me complico aún más. Ya no escaparé más, enfrentaré lo que deba y tomaré una decisión. Tengo miedo y no quiero dañar a Harry o a Edmund, pero es peor si continúo así; será peor para todos.- aceptó Hermione, secándose todo rastro de lágrimas con seguridad.
- Eso suena más a la Hermione decidida que conozco. No te preocupes, sé que tomarás la decisión correcta; alguien saldrá lastimado, pero así es el amor, o eso he oído.- sonrió Luna.
- Sí, no es justo, pero así será.- concordó su amiga.
- Bien, es bueno ver que vuelves a la normalidad, o por lo menos, tanto como se puede. ¿Ese anillo que tienes allí es el que te envió Edmund?- preguntó la rubia observando la joya en la mano de la chica.
- Sí, es muy bonito, ¿no?- dijo Hermione, extendiendo el anillo a su compañera para que pudiera tomarlo.
- Mucho, ese hombre tiene buen gusto, eso no se puede negar. ¿Nunca lo has usado?- inquirió Luna, dándole vueltas a la joya y mirándola desde todos los ángulos.
- No. Lo haré si decido aceptarlo, sino se lo devolveré.- indicó Hermione con una voz resuelta que hacía mucho no se le escuchaba.
- Es bueno ver que tienes algo tan claro. ¿Y qué harás ahora?- preguntó Luna, devolviéndole el anillo.
- No estoy segura. Supongo que seguiré pensando y enfrentaré lo que venga sin correr; voy a dejar que mis sentimientos me guíen, y definitivamente, ya no voy a dudar tanto.- le dijo la chica.
- Ese parece un buen comienzo, muy Gryffindor. – alabó la rubia.
- No creo que resulte tan sencillo como suena.- suspiró su amiga.
- Nadie dice que vaya a serlo; tú sólo confía en ti misma. Oye, de verdad que ese león está muy bonito, ¿crees que Harry me quiera decir en donde lo compró? Me gustaría conseguir un águila, ya sabes, de Ravenclaw. Se vería muy bien en mi habitación.- indicó Luna, cambiando el tema.
- Tendrás que preguntárselo tú misma, no creo que sea información que vaya a darme.- contestó Hermione con una suave sonrisa. Luna tenía cada cosa.
- Ya veremos luego, tampoco tengo prisa. Lo que si me gustaría es dormir.- dijo la rubia, reprimiendo un bostezo.
- Sí, tienes razón, ya es muy tarde. ¿Cómo harás para salir?- preguntó la joven inquieta.
- Pues del mismo modo como entré, no te preocupes.- respondió Luna, poniéndose de pie para volver a echarse encima la capa de Neville y calarse el sombrero tan bien como pudo.
- Mantén la vista baja, no te vayas a meter en un lío, por favor.- pidió Hermione preocupada.
- Tienes otras cosas en qué pensar, por mi no te hagas problemas. Bueno, que descanses, duerme bien. Algo me dice que mañana puede resultar un día agitado.- aconsejó la Ravenclaw.
- Yo también lo creo. Gracias de nuevo por todo, Luna, eres la mejor amiga que alguien podría desear.- apreció Hermione.
- ¿De verdad lo piensas? Qué bueno, se lo contaré a Neville. Nos veremos mañana, dulces sueños.- se despidió la rubia, haciendo un gesto con la mano y saliendo por la puerta sin hacer ruido.
- Gracias, Luna.- dijo de nuevo en voz baja Hermione, acercando hacia sí el león y sujetando con fuerza el anillo.
Luna estaba en lo cierto, el día siguiente sería difícil. Lo encararía entonces, ahora necesitaba descansar. Con ese último pensamiento, se quedó profundamente dormida.
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Al día siguiente, muy temprano, Ron y Harry bajaron a desayunar antes de empezar las clases. El pelirrojo no dejaba de lanzarle miradas interrogantes a su amigo desde que se levantó, pero Harry no hacía ningún comentario.
El motivo de tanta intriga era muy sencillo. Desde la noche anterior, cuando Harry llegó al dormitorio, el muchacho se había estado comportando muy raro. Corrección, se le veía demasiado normal, eso era lo extraño. Cuando Ron lo dejó en le campo de Quidditch, su amigo parecía un infieri salido de un libro de Defensa contra las Artes Oscuras; ahora, en cambio, parecía tan…él mismo. ¿Qué habría pasado?
La pasada noche intentó hacerle algunas preguntas, pero Harry lo esquivó muy bien, sólo que estaba cansado, que no había llegado a comer nada pero que tampoco tenía hambre y le deseó las buenas noches, para luego meterse en su cama y cerrar las cortinas; un modo amable de decir: "no voy a hablar ahora, no molestes, vete a dormir". Hasta él comprendió ese mensaje sin esfuerzo.
Y fue lo mismo cuando lo despertó. Su amigo ya estaba cambiado y sólo le habló para pedirle que se apurara porque necesitaba comer algo. Ron se desperezó tan dignamente como se podía a semejantes horas y algo aturdido se encerró en el baño para despejar ideas con una buena ducha. Tan pronto como salió, tomó su ropa y mientras se cambiaba, veía a Harry hojeando un libro sentado en una silla cerca de la ventana, aunque conociéndolo como él lo hacía, sabía que no estaba concentrándose en él, sino pensando en algo más, por eso tenía el ceño fruncido. Neville, que al igual que Seamus y Dean, continuaba durmiendo, lanzó un sonoro ronquido que lo sacó de su ensimismamiento y se apresuró a ponerse el uniforme para hacerle luego una seña a Harry de que ya estaba listo.
La Sala Común estaba desierta, como era de esperar, y el camino al comedor tampoco andaba muy transitado. Ron no pudo reprimirse más.
- ¿Se puede saber qué ocurre contigo?- preguntó sin rodeos.
- ¿De qué hablas?- replicó su amigo.
- Ayer parecías estar a punto de lanzarte al lago y ahora te ves casi normal.- indicó el pelirrojo.
- ¿Y eso es malo? – Harry levantó las cejas con incredulidad.
- Bueno, no, claro que no. Es sólo que… ¿te sientes bien?- insistió el muchacho inquieto.
- Sí, Ron, estoy bien; y antes de que preguntes, no me he vuelto loco, pierde cuidado.- zanjó Harry.
- ¡No iba a preguntar eso! – aseguró Ron, aunque su voz sonó demasiado aguda como para creerle.
- Sí, claro. Mira, no estoy feliz, ni siquiera contento, no tendría porqué estarlo, al contrario. Lo que pasa es que me he dado cuenta de que no puedo pasármela alejado del mundo, ni que hubiera hecho algo malo; y además eso no consigue que me sienta mejor.- dijo su amigo con sencillez, en tanto entraban al Gran Comedor y se dirigían a la mesa de Gryffindor.
- Eso está muy bien, en serio; te felicito.- le dijo animado el pelirrojo mientras se sentaba.
- Gracias; supongo. Tampoco es que haya ganado un premio o algo así; no aún, al menos.- dijo más para si, de modo que su amigo no lo escuchó.
- Sírvete de estas salchichas, están buenísimas.- invitó Ron, acercándole una fuente luego de casi llenar su plato.
- Creí que había sido yo quien se quedó sin comer anoche.- se buró Harry.
- ¿Y qué esperabas? Me despiertas tan temprano y no quieres que…- el joven Weasley guardó silencio en medio de la oración fijando la vista en las puertas con una expresión muy parecida al pánico.
Harry siguió la mirada de su amigo y sus ojos se entrecerraron apenas cuando vio a Hermione en la entrada. Casi al mismo tiempo, ella los notó también y pareció dudar un segundo en darse vuelta o continuar, pero de inmediato siguió su camino a la mesa con la frente en alto y ocupó el lugar vacío al lado de Ron sin dudar. Este los vio por el rabillo del ojo con toda la discreción que pudo, moviéndose inquieto en su silla.
- Buenos días.- saludó Hermione en voz alta y sin dirigirse a nadie en particular.
- Buenos días para ti también, hace mucho que no compartíamos la mesa.- correspondió el pelirrojo, dándose patadas mentales por todo lo que podía implicar ese comentario.
- Buenos días, Hermione.- saludó Harry a su vez con naturalidad.
Ron se quedó con el tenedor a medio camino, viendo a su amigo boquiabierto, pero él ni lo notó, porque siguió con la vista fija en su plato. Hermione, por su parte, pareció algo confundida pero no dijo nada.
- Este… ¿cómo dormiste?- preguntó Ron en cuanto pudo cerrar la boca, dirigiéndose a su amiga.
- Muy bien, gracias.- contestó ella sirviéndose jugo de calabaza.
- De verdad que los elfos se están esforzando estos días, ¿verdad? Será para que los extrañemos durante las vacaciones de Navidad.- mencionó el pelirrojo tratando de hacer conversación.
- Tal vez. Por cierto, Ron, tu madre me escribió para invitarme a pasar las fiestas con ustedes y dijo que te recordara llevar todos los calcetines con agujeros que tengas, no quiere que se te olviden como el año pasado.- indicó Harry.
- ¿Te escribió a mis espaldas para eso? Como si fuera a olvidarlo; mi madre me tiene tan poca fe.- se lamentó el joven, atragantándose en el proceso con un pedazo de tostada.
- A mi también me escribió. Para invitarme en las fiestas y pedirme que te recordara lo de los calcetines.- intervino Hermione, dándole suaves golpecitos en la espalda.
- ¡El colmo! Ya hablaré con ella luego de eso, aunque no creo que me haga mucho caso. Como sea, es genial que podamos pasar la Navidad todos juntos, ¿no creen?- inquirió el joven emocionado y viendo alternativamente a sus amigos.
- Sí, claro.- respondió Harry con voz neutral.
- En realidad, no sé si voy a poder ir. Les escribí a mis padres contándoles del asunto, pero aún no han respondido. Tal vez quieran que vaya a casa; estas serán las últimas fiestas antes de graduarnos.- terció Hermione.
- Diles que mi madre insiste, eso siempre funciona. A los padres no les gusta quedar mal con los de los amigos de sus hijos.- sugirió el muchacho con suficiencia.
- No voy a manipular a mis padres, Ronald.- replicó la chica con severidad.
- Sólo era una idea. En todo caso, diles que quieres venir, ni que te fueran a obligar, eres mayor de edad. Quieres venir, ¿verdad?- preguntó el pelirrojo.
- Claro que quiero, pero también es importante que pase tiempo con mis padres; lo más seguro es que luego no me sea posible.- explicó la joven pareciendo algo triste.
- ¿Por qué?- se extrañó Ron.
- Creo que Hermione se refiere a que cuando terminemos la escuela, empezaremos a estudiar para nuestras carreras y estaremos muy ocupados; no sabemos qué tan duro será.- intervino Harry lacónico.
- Exacto.- confirmó la chica con suavidad y viendo a Harry agradecida, si bien el joven desvió la mirada rápidamente.
- ¡Ah, eso! No lo había pensado, pero seguro que se nos ocurrirá algo para que puedas venir.- dijo el pelirrojo despreocupado.
- Ya veremos. Debo irme, tengo clases a primera hora.- indicó Hermione, poniéndose de pie y tomando su bolso.
- Nos veremos luego en Transformaciones, ¿verdad?- preguntó Ron.
- Seguro. Hasta entonces.- se despidió la joven, viendo a Harry antes de empezar a alejarse.
- Cuídate.- dijo Harry en voz baja, aunque la chica lo escuchó y sólo atino a asentir con timidez y seguir su camino.
Harry no dijo nada más en lo que restó del desayuno; pero, mientras dejaba sus cubiertos a un lado, levantó la mirada y se encontró con los ojos de su amigo fijos en él.
- ¿Qué?- preguntó con paciencia.
- ¿Qué fue eso?- inquirió el pelirrojo suspicaz.
- ¿A qué te refieres?- replicó el joven aparentemente despreocupado.
- Vamos, no te hagas el tonto conmigo. Eso.- insistió señalando la puerta y a su amigo alternativamente.
- Sigo sin entender.- repitió su compañero.
- ¡Hermione! – se desesperó Ron, alzando la voz.
- ¡Ah! ¿Qué con ella?- preguntó el chico a su vez.
- De acuerdo, empiezas a molestarme. Ayer no querías ni que la mencionara, y ahora te portas muy amable y civilizado; no lo entiendo.- se quejó su amigo confundido.
- Tú fuiste quien me dijo anoche que debía cambiar mi actitud, ¿recuerdas? – replicó Harry.
- Pero no creí que fueras a hacerme caso. En serio, Harry, me parece genial; pero, no fue por lo que yo te dije, ¿verdad? Algo más pasó.- Ron lo veía con sospecha.
- Tal vez.- aceptó Harry a medias.
- ¿Y qué fue?- inquirió el pelirrojo ansioso.
- No quiero hablar de eso ahora, ¿está bien? Vayámonos de una vez, nuestra clase empieza en quince minutos.- observó el muchacho levantándose.
- ¿No vas a contarme?- Ron lo siguió fuera del comedor.
- Quizá después, ahora tengo mucho en qué pensar. Aprecio todo lo que haces y lo mucho que te preocupas, en serio; pero algunas cosas debo hacerlas solo, ¿comprendes?- pidió Harry viéndolo con seriedad y algo parecido a una disculpa.
- Está bien, sólo espero que sepas lo que haces.- aceptó Ron a regañadientes.
- Yo también.- musitó Harry apenas.
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Hermione salió de su clase de Aritmancia, algo animada después de mucho tiempo. Había contestado a todas las preguntas correctamente, ganado veinte puntos para su Casa y la profesora Vector la había felicitado. Casi olvidaba lo bien que la hacía sentir eso; reconoció para sí misma con una pequeña sonrisa.
Además, estaba el cambio de Harry. Cuando se levantó esa mañana, aún recordaba su charla de la noche anterior con Luna y estaba decidida a dejar atrás a la Hermione que lloraba en los pasillos para enfrentar lo que pasara; pero, cuando vio a Ron acompañado de Harry en el Gran Comedor, no pudo evitar vacilar. Por lo menos, se repuso a tiempo y se sentó al lado de Ron esperando recibir una mirada indiferente de Harry, o que tal vez hasta se levantara y se fuera; sabía que le iba a doler, y mucho, pero no pensaba salir corriendo.
Sin embargo, nada de eso sucedió, al contrario. ¡Le habló! No mucho, pero lo hizo, y sonó casi normal. ¿Habría decidido lo mismo que ella? Quizá también quería hablar y dejar que le contara todo lo que había pasado. Sí, podía ser eso. Ahora le asustaba tener que enfrentarlo y contarle acerca de la charla que tuvo con Edmund en la oficina de Dumbledore; seguro que eso no lo sabía, y no quería ni pensar en su reacción.
Cavilaba acerca de todo ello cuando escuchó una voz llamándola desde una de las estatuas al final del corredor. Conforme se acercaba, pudo reconocer a Luna.
- ¡Luna! ¿Qué tal?- saludó con entusiasmo.
- Hola, ¿saliendo de Aritmancia?- preguntó la rubia.
- Sí, tuvimos una clase excelente. Y hablando de salir, ¿tuviste problemas para dejar anoche la Sala Común?- inquirió la chica a su vez bajando la voz.
- No, para nada, no me vio nadie. Creo que ni siquiera Neville se dio cuenta de en qué momento salí.- la tranquilizó la Ravenclaw.
- ¡Qué bien! Eso me tenía algo preocupada, pero no escuché ningún comentario. ¿Sabes? Tengo una hora libre y quisiera contarte algunas cosas. ¿Estás libre también?- preguntó Hermione anhelante.
- Este…yo sí; pero creo que no podemos decir lo mismo de ti.- comentó Luna jugando con sus pendientes y viéndose algo nerviosa.
- ¿De qué hablas?- se extrañó la Gryffindor.
Luna se limitó a dejar sus pendientes para meter una mano al bolsillo de la falda y sacar un trozo de pergamino. Sin decir palabra, se lo extendió.
Hermione lo tomó con mano temblorosa y frunciendo ligeramente el ceño. Lo desdobló para leerlo y su rostro iba cambiando de color según sus ojos iban de uno a otro renglón. Al final, respiró profundamente y con un suspiro alterado y un asentimiento decidido, le dio el pergamino a su amiga.
- Tengo que irme, nos veremos luego.- dijo con serenidad para empezar a caminar rumbo a las escaleras que llevaban a la planta baja.
En cuanto la chica desapareció tras un corredor, Luna fijó la vista en el papel y con una mirada seria leyó lo que ya se imaginaba. Escrito con refinada caligrafía, decía:
"Hermione, se que tienes algo de tiempo disponible. ¿Podrías, por favor, reunirte conmigo en el Invernadero tres? Es muy importante que hablemos. Prometo que estarás de vuelta en el Castillo a la hora precisa para asistir a tu siguiente clase. Estaré esperando. Gracias. Edmund."
- Buena suerte.- dijo la rubia a la nada, tomando la dirección contraria.
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NA. Tardé mucho menos de lo que esperaba, las musas han sido generosas conmigo. ¿Qué estará pasando por la cabeza de Harry? Me ha dejado confundida, no sé qué planea. ¿Y Edmund? El hombre no pierde el tiempo, muero por enterarme de qué ocurre en esa conversación. Y por último, Luna y Neville, los adoro y me divertí muchísimo escribiendo acerca de ellos. ¿Qué pasara? Ya lo sabremos.
Ahora sí, respuestas a los reviews y comentarios para mis queridos lectores.
Alastor: Mucho Luna y Neville para tu gusto y placer, ¿no son lo máximo? Y Edmund será muy legal y todo, pero tampoco se queda dormido. Harry ha cambiado su actitud, a ver qué te parece. Gracias de nuevo por pasar, cuídate mucho, un beso.
Katurra: No hemos tenido discusión H/Hr en este capítulo, diría que todo lo contrario; aunque todavía pueden pasar tantas cosas. Espero que este capítulo te haya gustado, a ver qué piensas. Nos leeremos pronto, un beso, bye.
Noelhia: Espero que hayas leído esto bien despierta, aunque en este momento yo lo estoy y ando algo confundida, quién sabe. Espero que te haya gustado este capitulo y que sigas feliz, mi computadora no aguantaría un atentado en estos momentos. Cuídate mucho, amiga mía, nos leemos pronto, un beso.
Magdal: A ver, tengo mucho que decirte porque no tengo a donde escribirte, así que sólo puedo hacerlo por aquí, los demás chicos están acostumbrados a mis dobles respuestas. Gracias por no dejarnos, es genial que te hayas enganchado y sigas así de fiel. Sobre Edmund, sí, la madurez se le nota, y bastante; en ese apartado a Harry todavía le falta, pero el chico es listo. Ron siguió aquí presente, intento respetar su carácter en lo posible, porque como mejor amigo es perfecto y muy gracioso. Neville es un encanto, cómo supera sus miedos por la gente que quiere. Te cuento que nunca he leído un Neville/Luna, no es mala idea, tal vez algún día me anime :) Reconozcámosle a Hermione que ya se espabiló un poco y eso es algo, a ver qué hace ahora con los galanes. Descuida el review largo, me encantan y también lo hago, lo mismo que las respuestas, como habrás notado. Gracias de nuevo por la buena vibra, cuídate mucho, me contarás qué opinas de esto, un beso.
Nocturnal Depression: Mi buen amigo, me pregunto si andarás disgustado conmigo, ya me lo harás saber, supongo, no pareces del tipo que se guarda nada, igual que yo. En fin, Dios sabe que dejo el alma en cada capítulo, espero este haya sido de tu agrado, o si no lo fue, tú hazte oír con confianza, no te preocupes. Cuídate mucho, un beso, nos leeremos pronto, espero.
Alexa: Amiga mía de mi corazón, ¿qué opinas del cambio de Harry? Cierto que aún no hemos visto nada muy significativo, pero no sé porqué sospecho que lo haremos pronto. Edmund me pone algo nerviosa, no sé qué querrá ahora, bueno, sí lo sé. Espero que andes algo más desahogada de trabajo y puedas leer este capítulo, sino los andarás leyendo de a dos, aunque no tengo ni idea de cuándo subiré el próximo, será cosa de las musas, a ver si me envías alguna otra. Gracias por ser tan increíble siempre y transmitir tan buena vibra. Cuídate mucho, mil besos, nos estaremos leyendo pronto.
Pam-Less: Primero, y antes de que se me olvide, mil gracias por tomarte la molestia de mandar los comentarios según ibas leyendo, te pasaste, y además no sé si lo notaste, pero enviaste el review número cien. ¡Salté de emoción! De acuerdo, cien en veinte capítulos no es para que digan ¡wow!, pero para mí valen mucho. Ahora, me alegra muchísimo que te haya gustado la historia y te hayas enganchado con ella. Sobre las historias en progreso, te entiendo perfectamente, la paciencia no está en mi lista de virtudes, no al leer, pero aún así te cuento que sigo un fic hace ¡UN AÑO! Lo sé, es una locura, pero me encanta y no hay vuelta que darle, espero semana a semana, ni modo; y ahora que escribo entiendo mejor a la autora, quizás a ti te ocurra lo mismo. Ya, me he explayado demasiado. Gracias de nuevo por leer, no sabes cuánto me alegra, espero seguir sabiendo de ti y que este nuevo capi haya sido de tu agrado. Cuídate mucho, nos leemos pronto, un beso.
Caro: Mi muy querida Lady, pasé por tu historia y dejé el respectivo review, andas muy prolífica, bien por nosotros. Edmund es un Lord de la cabeza a los pies, qué se le va a hacer, pero aparentemente la charla que tuvo con Harry podría jugarle en contra, ya veremos. Luna y Neville fenomenales, sigo en vacío con lo del reto que te conté, aunque tus datos me han sido muy útiles, quizá surja algo de ahí, aunque sospecho que va a ser algo oscuro, si no me gustan, al menos los haré sufrir un poco. Las coincidencias son súper divertidas. ¿Te había comentado que mi nombre también empieza con C? Qué miedo. Bueno, nos leemos pronto, cuídate mucho, mantente en contacto, un beso.
Lauraa-82: Hola, ¿qué te ha parecido este capi? Espero que haya sido de tu agrado. Qué bien que te haya gustado la charla Edmund/Harry, ahora esperamos la Edmund/Hermione, ¿Qué pasará esta vez? Gracias por hacerte presente, cuídate mucho, un beso, bye.
Erika: ¿Será ese tu nombre? Eso supongo; no tenía ni idea de que se pudiera subir el correo como el que envía el review, primera noticia. Pero no me animé a escribirte a esa dirección porque no estaba del todo segura de que fuera el tuyo, mejor no arriesgué y te contesto por acá. Gracias miles por las buenas palabras, me subiste el ego a las nubes, pero no hay problema, tengo un hermano mayor que lo devuelve a tierra en un segundo. Bromas aparte, es maravilloso saber que la historia gusta, espero que este nuevo capítulo te haya agradado también. Cuídate mucho, espero saber de ti, que te vaya bien, un beso, hasta pronto.
He caído en la cuenta de que nunca se me había ocurrido agradecer a las personas que han añadido esta historia a sus favoritos y que por algún motivo no pueden dejar mensaje, muchas gracias por ese tremendo gesto, no las nombro, pero ustedes saben quienes son, mil besos. Gracias también para quienes se toman la molestia de leer mis desvaríos, espero que hasta ahora todo haya sido de su agrado y seguir contando con ustedes. Hasta pronto. Callia.
