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Disclaimer: Personajes de Masashi Kishimoto-sama y la trama es de Hang Yu-rang unni –sazonada a mi manera–. (-u-)

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LOS GOLPES TE LLEVAN AL HOSPITAL


/Distrito Koshi/Parque/Media tarde/

El día emanaba un aire fresco y el pasto se mecía junto a las copas de los árboles con un tinte hipnotizador. El silencio entre ambos era denso y se limitaban a contemplar las pequeñas elevaciones de agua en la laguna que estaba frente a ambos; sentados bajo un árbol de tronco grueso. Llevaban más de 10 minutos así. El joven a su derecha no demostraba remordimiento por lo que había hecho así que, después de todo, Hiro determinó indagar en sus acciones.

— ¿Por qué me trajiste a este sitio? —giró le cabeza para mirar su expresión.

— Tiré las cenizas de mi amigo en este lago. —respondió sin hacer contacto visual— Él quería conocerte, ¿sabes? —Hiro no dudó al demostrar algo de extrañeza con sus ojos— Él quería conocer a ese chico frío y grosero que me curó en el baño aquella vez... en lugar de llevarme al hospital. —Dibujó una sonrisa y posó sus ojos negro en el estudiante; era más que obvio su sarcasmo. Hiro lo contempló desganado y algo incómodo al escuchar, de un total extraño, una experiencia tan depresiva. No comprendía su mensaje... si es que había uno.

— Desde hoy me llamarás "aniki". —esta vez su sonrisa regañona se volvió perruna y amistosa.

— No. —contestó, llegando a su mente la imagen de alguien que había pedido algo similar en el pasado. Hiro se levantó con aplomo para retirarse, pero fue sujetado de la manga.

— ¡Oe! —su secuestrador se puso de pie sin soltarlo; arrugó la frente al escuchar tan fría y grosera respuesta— ¡Discúlpate!

— ¿Por qué debería? —soltó el agarre de un tirón con su típica cara indiferente; lo irritó más.

— ¡Porque soy mayor que tú, con un demonio! ¡Respétame!

— Luego de traerme a este sitio de esa forma, ¿esperas que obedezca? —su voz suave y flemática sacó un par de venas en la frente. Hiro dio media vuelta para salir de ese lugar y regresar a casa, pero fue detenido de los hombros esta vez.

— Golpéame. —ordenó con molestia. Eso lo confundió.

— ¿Por qué?

— ¡No lo pienses! —manifestó con dinamismo. Lo soltó y metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta ploma— Siempre que nos encontremos deberás golpearme con todo lo que tengas. —dijo con seriedad.

— No. —cerró los ojos por un instante y volvió a girar el cuerpo para dejar el parque de una vez por todas.

Su cuerpo se balanceó hacia la derecha al dar el primer paso, esquivando aquel puño que provino desde atrás. Con un movimientos grácil situó su mano en el pasto, dio una media luna con el impulso y aterrizó sin fuerza sobre su pie y rodilla. Hiro levantó la cabeza para mirar al sujeto de cabellera marrón; su rostro seguía imperturbable.

— ¿Por qué busca una lucha?

— ¡Si no te defiendes, morirás! —replicó ignorando su pregunta.

Con una sonrisa avanzó rápido, lanzando un segundo golpe... impactó en la tierra. Emitió una risilla suave. ¿Acaso lo estaba disfrutando?

— No quiero pelear. —expresó mientras esquivaba con una vuelta hacia atrás; se levantó del pasto para adoptar una pose de defensa. Antes de poder lograrlo, un ataque del hombre llegaba de frente. Hiro entrecerró los ojos un poco y llevó su torso hacia atrás con la misma velocidad para elevar la pierna en una patada que sabía, no lograría un golpe, pero lo detendría y alejaría lo suficiente para poder recuperar el equilibrio.

Cuando sus pies se posicionaron con firmeza en el pasto... Cuando su torso y brazos regresaban a una posición normal, el impacto en sus costilla le demostró el error de sus cálculos.

Ese joven esquivó la patada, pero no retrocedió. Sólo se movió hacia su costado más vulnerable y asestó el gancho justo en el torso del lado izquierdo. La fuerza del golpe fue tal, que Hiro terminó chocando contra el tronco del árbol. Causando un dolor brutal en su brazo, pues este fue quien soportó el golpe para no lastimar las costillas de ese lado.

Debía levantarse rápido, pero el dolor era indescriptible. La menos un par de costillas fueron fracturadas. Usó el tronco para poder ponerse de pie, pero fue tarde. Una mano amplia y grande rodeó su delgado cuello. Apretó con fuerza y lo levantó del suelo; dejando sus pies completamente en el aire.

— ¿Te disculparás ahora? —sonaba prepotente y divertido.

Ja... jamás... —casi sin aire protestó con una mirada robusta.

(No sé si me haces las cosas fáciles o...) —suspiró cansado de esa mirada. Bajó a Hiro sin mucho cuidado. Una vez ambos pies toparon suelo su boca y ojos se abrieron en su totalidad cuando recibió el golpe en su estómago; lo dejó sin aire por completo. — ¡Defiéndete! —bramó cabreado.

El sujeto se alejó un paso. Hiro tomó aire con bocanadas grandes antes de adquirir una pose defensiva; lo que complació al individuo, reflejando una sonrisa de gozo. Otro movimiento rápido. Las costillas rotas y la punzada en el estómago le impidió el movimiento y recibió la patada en sus piernas, haciendo que golpee el suelo con los brazos. De nuevo el dolor lo inmovilizó y otra patada llegó a su torso con tanta fuerza que Hiro sintió como se fracturaba un par de costillas más.

No emitió sonido alguno de dolor, pero su rostro no podía ocultar lo grave que era el daño.

Con dificultad se posó sobre sus rodillas y manos. El tronco estaba lejos, así que ya no podía usarlo como soporte. Intentó ponerse de pie, pero fue un pensamiento estúpido. El dolor en su torso cegó la orden de su cerebro. Un puño impactó directo en su boca.

Escupió sangre. Respiraba con dificultad. Levantó la mirada sin dejar que el miedo lo tomara prisionero, entonces escuchó su voz; esta vez con tono amigable y alegre. Algo rudo también.

— Soy Kiba. ¡Kiba Inuzuka! —una mano en su cadera y la otra tenía su pulgar en el pecho para señalarse a sí mismo con un aura de victoria. — ¡Recuérdalo bien! —sonrió lleno de confianza y una extraña amistad. Como si fueran viejos amigos.

— Pa... hhaa... hhaa... ¿Para qué? ¡cof! —indagó mientras tomaba asiento sobre el pasto. El dolor atacó como un relámpado y llevó la mano hacia sus costillas manifestando la gravedad en una mueca. Elevó la cabeza. Intentó comunicarse usando tono alto, pero el aire le faltaba con rapidez. — ¿A... acaso es... para hhaa... para... ofenderte?

Un punzante dolor recorría su labio roto y sus ojos mostraban, claramente, que su cuerpo no se encontraba nada saludable. Nunca antes habían terminado en tal deplorable estado y empezó a reprocharse por no entrenar con mayor determinación y rudeza. Kakashi estaría decepcionado.

— ¡NO, MALDITA SEA! —vociferó enseñando su dentadura con rabia; sus ojos parecían dos medias lunas remarcadas por sus cejas arrugadas en el centro. — ¡SÓLO RECUÉRDALO Y YA! —cerró los ojos, expulsó todo el aire de sus pulmones con lentitud para tranquilizarse. — ¡Con un demonio! —refunfuñó antes de acercarse a él y ayudarlo a ponerse de pie.

Hiro lo miró por un segundo antes de aceptar su asistencia; no podía caminar por sí mismo y esa nueva actitud le mostraba que ya no iba a lastimarlo. Kiba tuvo que agacharse un poco para colocar el delgado brazo del chico detrás de su espalda para caminar hasta el vehículo.

Lle... llévame al hos... hospital Yamagakaisei. —mencionó con voz baja cuando Kiba lo acomodó en el asiento de junto. Cerró la puerta sin responder, tenía una expresión como si algo oliera mal. — (¡Por qué me irrita tanto este mocoso!) ¡Mierda! —murmuró antes de subir al auto.

Encendió el motor y condujo hasta el lugar que le pidió Hiro.


/Distrito Yamaga/Avenida principal/Atardecer/

Durante el trayecto, ¡no existió un minuto de paz!

El chico de cabello marrón no paró de cantar las canciones del radio a todo pulmón... Ahora no sólo le dolía el torso, las piernas y el labio sino, además, sus oídos palpitaban. Actuaba despreocupado y algo bufónico. Le recordó a la actitud de Naruto por un instante, pero no eran ni parecidos.

El semáforo marcó rojo de golpe y frenó a raya; distraído por las canciones y su letra tan... tan...

¿Eh?

Sus reflejos eran lentos debido a la paliza que le dio, así que fue imposible colocar las manos delante para no golpear la guantera con la cabeza —por el dolor olvidó asegurar su cinturón, aunque la incomodidad en las costillas igual se lo hubiera impedido—. Una mano sobre su estómago lo detuvo. Agradeció a los Dioses que no la haya colocado unos centímetros más arriba. Kiba la apartó sin darle mayor importancia. El semáforo cambió a verde y continuó el trayecto; volviendo a cantar alaridos sin sentido. Hiro lo miró por un momento antes de regresar la vista al exterior.

Unos minutos después, el vehículo se detuvo en el estacionamiento del hospital y Hiro abrió la puerta.

— ¿Te ayudo?

— No. —reflejó indiferente. Recobró la calma, pero aún estaba presente el suplicio.

Bajó la pierna izquierda y un choque electrizante recorrió de pies a cabeza; Kiba seguía mirándolo. Hiro bajó la cabeza y la giró levemente. — E-está bien... —susurró levemente ruborizado— Trae una... silla de ruedas.

Kiba sonrió complacido de haber aceptado su petición; bajó del vehículo y corrió a recepción. Regresó un par de minutos después acompañado de una enfermera. Sostuvo su brazo para ayudarlo a sentarse, colocó su mochila en las piernas y la enfermera tomó posesión de la silla. Kiba agarró un par de cabellos mientras Hiro estuvo de espaldas. — ¿Por qué lo hiciste? —preguntó al sentir el tirón; claramente fue una acción premeditada.

Kiba limitó a entrar al vehículo y se despidió con la mano al aire alejándose con la puesta de sol anunciando una noche lejos de Sakura.


/Distrito Kikuchi/Guarida/Atardecer/

La zona más peligrosa del lugar y Sasuke, junto a sus hombres, llegaron con prepotencia. El escape de las motos resonó en el silencio, casi al unísono, para que las ratas salieran del agujero.

— ¡Quién demonios!

Un par de sujetos salieron de lo que parecía ser el sótano de la construcción; ubicado tras unos trastos y recovecos mal improvisados. Otros aparecieron de una casucha desgastada; en el pasado debió pertenecer al guardia del sector. Sasuke apagó la moto y se bajó con premura para recibir a la primera rata con un golpe en el centro del rostro.

— ¿Dónde lo tienen, malditos? —intentó sonar sereno y apático, pero la preocupación era notoria para él.

— ¡Cobardes! —gritó Toneri— ¡Devuélvanme a Hiro-senpai! —adoptó en una posición muy extraña para batallar, lo que causó gracia a las ratas por esa tonta actitud de héroe.

— Apártate, príncipe. —dijo sarcástico Naruto. Lo empujó del hombro para abrirse paso y terminó en el suelo.— Yo traeré a Hiro-chan de regreso, ¡de veras! —Toneri bufó molesto y volvió a ponerse de pie.

El que fue golpeado por Sasuke se levantó lleno de rabia. —Uno de tus hombres ha secuestrado a uno de los míos. —expuso de forma amenazante.

— ¡De qué hablas, imbécil! —contestó otra de las ratas.

— ¡Un hombre de tatuajes triangulares rojos en las mejillas secuestró a mi senpai! —recriminó Toneri. Naruto lo miró extrañado por su ferocidad en los ojos y lo detuvo de los hombros para que no le dieran una paliza.

— ¿Alto y de cabello castaño? —analizó el de la cara roja.

— ¡Sí, ese! —acotó Toneri. Naruto lo soltó al ver que ya no quería correr a su muerte.

— Era nuestro líder, pero... nos abandonó. —respondió el herido. Toneri, Naruto y el resto de la pandilla quedaron asombrados por la confesión.

La banda Colmillo sobre colmillo era bien conocida por la fuerza brutal y salvajismo animal con que luchaba su jefe. Enterarse que los había dejado sin más luego de llegar a tener una fama envidiable, era como ganar la lotería y romper el billete del premio.

— ¿Dónde está? —Sasuke sujetó del cuello a otro desprevenido.

¡A-ah! ¡N-no lo sabemos! ¡No lo sabemos! —respondió aterrado; su compañero con la nariz rota intentaba liberarlo del asesino Uchiha.

— Y-ya no somos lo mismo sin aniki. Él se fue y ya. ¡No mentimos! —Sasuke emanaba una espesa aura morada apreciable por los rayos del sol en el horizonte, sus ojos adoptaron un rojizo carmín— ¡N-no le mentiríamos! No... ¡no ganamos nada haciéndolo! —Sasuke abrió la mano con frustración y las ratas cobardes cayeron al pavimento. Se levantaron como un resorte y todos se marcharon sin mirar atrás.

Enterarse que el sujeto que secuestró a Hiro ya no pertenecía a su banda, no tranquilizó a nadie; especialmente a Sasuke. Los subordinados desconocían su paradero y era lo peor. Una extraña sensación de desasosiego por lo que le pueda pasar no lo quitaba de su cabeza, y el maldito celular los enviaba de una al buzón después de que el sol se ocultó por completo.


/Distrito Kikuchi/Hospital/Noche/

Iruka ingresó a una habitación en particular. Quedó asombrado al encontrar a una chica de tez clara y cabellera morada atada en una coleta despeinada. Llevó sus ojos al hombre en la camilla y ambos sonrieron, aunque no se podía apreciar la totalidad del rostro en uno de ellos por la bufanda que rodeaba su cuello.

— Nos dejarías solos, Anko. —señaló Kakashi. Ella rodó los ojos, lo besó en la frente y al pasar junto a Iruka, realizó una reverencia leve antes de cerrar la puerta tras de sí.


Besos y abrazos en papel... :3
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