Disclaimer: Ni Los Juegos del Hambre ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Suzanne Collins.


Capítulo veinte

Conforme la tarta parece cobrar vida la desazón de Katniss no hace otra cosa más que aumentar. No es que la tarta sea fea, más bien todo lo contrario. Es una belleza, una obra de arte cubierta por las olas del mar, acompañadas por toda clase de objetos marinos. Hay cofres, estrellas de mar y plantas que ella no ha visto nunca. Está segura que Peeta tampoco, así que es un misterio como se las ha arreglado para decorar aquella maravilla. En el distrito doce no había nada ni remotamente parecido al mar, salvo por el pequeño lago que su padre descubrió en una de sus excursiones de caza, y que Peeta visitó tan solo una vez junto con el grupo de refugiados. Sin embargo puede asegurar sin ningún tipo de duda que cada parte del glaseado se ve absolutamente real.

Se aleja de las cocinas lentamente, arrastrando los pies. Ya está casi terminada. Y ella no puede compartir el entusiasmo con los demás ciudadanos del trece, porque el hecho de que la tarta esté terminada significa que ya no tiene excusas para escaparse todos los días una hora de su trabajo y, peor aún, para ver aunque sea un pequeño rato al chico del pan.

Le ha costado lo suyo, pero finalmente ha aceptado que por mucho que ella quiera los sentimientos no se van a ir. También ha aceptado que es muy probable, por no decir que es una realidad innegable, que ella no quiera que esos sentimientos desaparezcan, porque eso significaría eliminar por completo de su vida al chico que le dio esperanzas cuando ella esperaba morir.

Seguramente ese sea el punto de la cuestión. Él no sólo salvó su vida y la de su familia, sino que también le dio lo que ella necesitaba todavía más que comida: esperanza. El diente de león le recordó que no todo estaba perdido, y que todavía había una forma de sobrevivir. ¿Dónde estaría ella ahora si no hubiera sido por él?

Quizás hubiera muerto, o quizás hubiera sobrevivido. Quizás algún otro comerciante hubiera tenido piedad de ver a una niña de La Veta muriendo de hambre, o quizás hubiera encontrado sobras para que su familia sobreviviera otro día más. Pero sin el diente de león del día siguiente, ¿a dónde habría ido a parar su vida? ¿Hubiera recordado por su cuenta el libro de plantas con los conocimientos de su padre plasmados en él? ¿Hubiera tenido el valor para adentrarse en los bosques a conseguir alimento?

Pensar en las posibilidades es demasiado complicado, porque cada mínima elección pudo haber alterado su futuro irreparablemente, guiándolo en direcciones completamente diferentes. De todas formas lo hace, porque sigue necesitando una respuesta a todo lo que está sintiendo y no puede explicar. ¿Siempre es tan complicado? ¿O es sólo ella la que tiene tantos problemas?

Imagina su vida si el distrito doce no hubiera sido bombardeado. Imagina su vida si las cosas siguieran su curso, si nunca se hubiera cruzado con Peeta. Lo único que ve es su vida como debía ser, cazando en los bosques, manteniendo a su familia. Quizás hubiese cedido a los sentimientos de Gale y se hubieran casado. Quizás en algún momento hubiera olvidado su renuencia a tener hijos, a pesar del temor de que ellos fuesen cosechados, aunque esto es último no es demasiado probable. Quizás hubiesen huido, como varias veces su mejor amigo sugirió hacer.

Quizás no implica certeza. Es simplemente una palabra que le muestra lo que pudo haber sido, pero que nunca va a ser.

Porque de lo que sí está segura es que, aunque su vida hubiese seguido con absoluta normalidad, hubiera estado vacía. Vacía de dientes de león, vacía de amarillo, vacía de esperanza.

Es entonces cuando toma la determinación.

No puede dejarlo ir. No quiere dejarlo ir.

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Los días que siguen a aquella decisión no son fáciles para Katniss. Ella no es una persona dada a los sentimientos ni mucho menos a los sentimentalismos, así que no tiene ni la más mínima idea de cómo actuar. Tampoco es como si hubiese una guía sobre qué hacer al respecto, pero la chica está más que desorientada.

Sabe que sus acciones lastimaron al chico del pan, pero no tiene idea sobre cómo remediarlas. Se muestra reacia a simplemente dejarse caer por su compartimiento y pedirle disculpas, porque las cosas entre ellos son mucho más complejas. Sabe que debería hablarle de sus sentimientos, que también debería expresar sus temores de una forma mucho más profunda que como lo hizo anteriormente. Sin embargo, tal y como escuchó decir a su madre varias veces, del dicho al hecho hay un largo trecho.

Las inseguridades tampoco ayudan. Ella misma reconoce que odia cuando las cosas escapan de su control, así que todos los miedos que está sintiendo no son para nada agradables. Peeta podría haber decidido que aunque la quiere no quiere saber nada más de ella nunca más, o podría haber encontrado otra joven en el trece que no se muestre tan reacia a demostrar sus sentimientos. Quizás, tal y como dijo Johanna en aquella ocasión en el comedor, haya hecho las paces definitivamente con Delly y en un futuro ellos podrían…

Se golpea la cabeza, frustrada, intentando detener el rumbo de sus pensamientos. Se siente temblorosa, tan tambaleante como una hoja amarilla a punto de caer de un árbol en otoño, ceñida a la rama por quién sabe qué… Odia esa sensación de temor, de saber que en cualquier momento podría caer y no volver a recuperarse.

¿En qué momento se volvió tan endeble?

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Finalmente la tarta está terminada.

Peeta camina unos pasos hacia atrás para observar su obra completa, tal y como lo haría un artista con uno de sus preciados cuadros. El resultado le satisface. En el doce nunca había tenido la oportunidad de trabajar con un pastel tan grande, ya que nadie, excepto tal vez el alcalde, hubiera podido pagar su precio. Los pasteles que vendían en la panadería eran más pequeños, y también más modestos, lo cual no quiere decir que él no pusiese toda su dedicación al decorarlos.

Espera que al menos a los novios les guste. Tuvieron que poner a su disposición algunos libros para que pudiera figurarse qué era exactamente lo que querían, y pasó varias noches estudiando detenidamente las imágenes, ya que en el distrito doce no había nada ni remotamente parecido. No obstante, el resultado en general es bueno, y el muchacho tiene bastantes motivos para sentirse satisfecho.

Como recompensa, además de estar invitado a la boda, le han dado un par de días libres de su trabajo en las cocinas. Peeta le agradeció cortésmente a su jefa, pero le dijo que prefería trabajar. Quizás, más adelante, tomaría los días libres, pero en aquel momento lo que menos necesitaba era distracciones. La mujer aceptó, sin dejar de considerar que el chico era extraño. Sin embargo, como tenían mucho trabajo que hacer no le dio demasiadas vueltas al asunto.

Así que Peeta sigue estrictamente su rutina. Se levanta a horario, desayuna, pasa el día trabajando y en la hora de reflexión intenta distraerse con cualquier cosa banal que tenga Andrew para contarle. Ocasionalmente visita a Delly y su hermano pequeño John.

Poco a poco con Delly están recomponiendo la vieja amistad que tenían antes. Es complicado. Ambos están cargados de recuerdos dolorosos sobre el distrito y sus familias, y sus vidas ya no son lo que eran antes. Delly, aunque sigue sonriendo, ya no es la misma chica risueña y alegre que decía que Peeta era su hermano. Sonríe como forma de afrontar la vida en un lugar completamente desconocido, aunque la mayoría de las veces la alegría no llega a sus ojos. Está más delgada, y su cabello rubio rizado está algo más largo, aunque ahora pasa la mayoría del tiempo amarrado en una coleta. Ha asumido el rol de madre de John, que es el único capaz de sacarle una sonrisa verdadera.

Aun así Delly se alegra cuando Peeta le cuenta lo acontecido desde que llegaron con Katniss Everdeen. Peeta omite algunos detalles que considera demasiado íntimos como para decírselos, pero le cuenta a la única amiga que le queda de su infancia lo que sucedió. Le cuenta también que ya no se hablan, aunque omite relatar en detalle lo sucedido en su compartimiento. Se lo cuenta porque necesita descargarse con alguien, porque todo lo que está sintiendo parece estar matándolo poco a poco.

Ha tenido que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no ir tras ella. Sabe que no debe hacerlo, está molesto con ella, pero una parte de él ansía buscarla y pedirle explicaciones. La otra parte, que es más rencorosa y que él ni siquiera sabía que existía, está sentada esperando a que la chica regrese, y opina que sería una buena idea darle un poco de su propia medicina cuando lo haga. Si es que lo hace.

Delly se pone contenta cuando termina su relato, y no duda ni por un segundo en expresarle sus buenos deseos y asegurarle que todo va a salir bien. Después de todo Peeta lleva años suspirando por la chica de ojos grises. Por un momento ambos no son extraños refugiados en otro distrito, y vuelven a ser los amigos que eran antes.

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Johanna no dice nada cuando le llega un sobre blanco, sencillo, con una tarjeta adentro. Lo lee con la misma expresión aburrida que ha mantenido desde que Katniss llegó, y luego se lo pasa a la enfermera para que lo vea. Katniss lo observa con una discreta sonrisa, sin saber que otro sobre igual espera por ella en el compartimiento que comparte con su familia.

— ¿No te alegras por ellos? — Le pregunta a la vencedora del siete con curiosidad un rato después.

Johanna duda antes de responder.

— Claro que me alegro. — Dice algo enfurruñada. — Odair es insoportable, así que no me figuro como alguien tan dulce como Annie lo aguanta. La chica está loca, pero ¿qué más da? Van a ser felices juntos, o al menos todo lo feliz que se puede ser en este jodido mundo.

— ¿Entonces? — La empuja la chica de ojos grises intuyendo que hay algo más. No es que sea una entrometida, pero la reacción de Johanna le genera curiosidad y le permite por un momento olvidarse de sus propios problemas personales.

La chica del siete se levanta y se sienta en el piso, al costado de la silla de Katniss. Cierra los ojos y por unos momentos se permite trasladarse a otra realidad, una que vive sólo en sus recuerdos. Por momentos le parece incluso poder oler el aroma de los pinos tan característicos de su hogar. Todavía no se ha sentido con fuerzas suficientes para regresar al siete, aunque varias veces se lo han ofrecido. Quieren llevarla para que se motive y empiece a colaborar activamente con la causa, pero ella no se siente preparada. No todavía, cuando por las noches las pesadillas son tan vívidas que no está segura de que todo lo que vive durante el día es un sueño, y que en cualquier momento va a despertar para encontrarse en su celda en el Capitolio.

— Nunca había pensado en casarme. — Musita todavía perdida en su mundo de recuerdos. — Sabía que probablemente era algo que terminaría haciendo, pero a los dieciséis años nunca me había planteado esa posibilidad. Era demasiado chica, demasiado gruñona, y Dave siempre decía que con mi carácter nunca iba a conseguir novio.

Katniss no se atreve a preguntar quién es Dave, así que deja que la chica continúe sin interrupciones.

— Resulta que sí encontré a alguien. Fue algunos meses antes de la cosecha, después de la escuela. Nunca tuve muchos amigos, pero ese chico se empeñó en seguirme sin importar las veces que amenacé con golpearlo. Finalmente lo dejé estar, porque tenía trabajo que hacer en casa. Había un tronco que tenía que terminar de cortar antes de que llegara papá. Me había ofrecido a cortarlo sólo porque Dave no dejaba de burlarse de mí. Siempre decía que era una enclenque, llorona y lo peor de todo, gruñona. — Dice con una sonrisa nostálgica.

Katniss se sorprende al saber lo que sucedió después. El chico, a pesar de la reticencia de Johanna y sus malos tratos, no dejó de seguirla en ningún momento, y un tiempo después ambos se consideraban mutuamente amigos. Johanna no estaba acostumbrada a tratar con la gente, así que fue un ensayo de prueba y error. A veces discutían, a veces ella lo mandaba al diablo y le ordenaba que dejara de seguirla. Él siempre regresaba.

Le cuesta trabajo, pero al escuchar las palabras de Johanna se da cuenta que la vencedora estaba enamorada del joven. Ella no lo afirma en ningún momento, pero basta con ver la sonrisa triste que se ha instalado en su rostro, y notar que su voz se escucha mucho más suave cuando habla de él.

— Cuando me cosecharon todavía no estaba segura de qué éramos. — Confiesa la vencedora del siete. — Es decir, éramos amigos, pero yo estaba segura que ambos queríamos algo más. Le hice prometer que sin importar lo que viera en la pantalla me esperaría. Y él lo hizo.

De modo que cuando Johanna regresó de aquel viaje mortal para veintitrés chicos, cargada de malos recuerdos y pesadillas suficientes para más de una vida, él estaba allí esperándola. Sonreía como solía hacerlo antes, como si no le importara estar en frente de una asesina, de una mentirosa.

— Sabía que lo que había hecho para sobrevivir era horrible. — Murmura Johanna. — Pero en ese momento no me importó. No me importaron las pesadillas porque a pesar de todo ese tiempo sus brazos estaban ahí para confortarme.

Los meses pasaron rápidamente, y las heridas poco a poco empezaron a cerrarse. Las pesadillas no desaparecerían nunca, pero al menos Johanna era capaz de mantenerlas a raya. Tenía el apoyo incondicional de su familia, aunque mucha gente en el distrito la odiaba por lo que había hecho. Los ignoraba; ellos no tenían ni idea de lo que era estar en su lugar. Si ellos querían pensar que había disfrutado fingiéndose débil para matar a todos esos niños era su problema.

Sin embargo la felicidad no podía durar para siempre.

— Conocí a Finnick Odair en la Gira de la victoria. — Esta vez la voz de Johanna está teñida por un matiz amargo. — Pensé que era un idiota sin cerebro que flirteaba con cada persona que veía. En realidad lo habían enviado a explicarme. Pero pensé que era una broma de mal gusto, así que le dije donde podía meterse sus palabras y me enfoqué en pasar la gira. Después, en el Capitolio, el hijo de puta de Snow me confirmó que Odair no me había mentido. Pero me negué. No iba a dejar que vendiera como si fuera una cosa, un objeto vendido al mejor postor. ¡Yo había ganado! ¿Con qué derecho quería disponer él de mí?

Katniss no quiere imaginarse su vida si hubiese salido cosechada. En la televisión muestran que los vencedores tienen una vida llena de lujos y comodidades, sin ninguna preocupación más que conservar su fama. Los muestran felices y agradecidos con el Capitolio y, algunos, como Finnick Odair, parecen disfrutar de todas las atenciones.

Lo peor de todo es que ellos lo creen, y terminan pensado que son personas vacías, asesinos a los que simplemente les gusta la fama. En realidad su único crimen ha sido ser lo suficientemente fuertes para sobrevivir, no rendirse. ¿No es un poco lo mismo que hizo ella aquella tarde lluviosa mientras revisaba los contenedores de basura en busca de alimento?

— Cuando volví a casa estaban todos muertos. — La voz de Johanna logra sobresaltar a Katniss, que por un momento se perdió en sus propias cavilaciones. — Snow no hizo conmigo lo mismo que hacía con Finnick y con otros, pero el precio a pagar fue todos los que amaba. Si hubiera sabido lo hubiera hecho sin dudar. — Hace una pausa para recuperarse, y cuando vuelve a hablar su voz no suena tan rota. — Me alegro por Finnick y Annie, claro que lo hago. Pero no puedo dejar de pensar en qué hubiera sucedido si no hubiera sido tan soberbia como para creer que por haber ganado los juegos estaría a salvo. Quién sabe… Quizás ahora sería yo la que se estaría casando.

Permanecen unos minutos en silencio, ambas asimilando las cosas. Johanna se siente un poco más ligera, después de todo nunca había hablado con nadie sobre esto. Ni siquiera con Finnick. No hay mucho que él pueda decirle para hacerla sentir mejor y tampoco que ella pueda decirle. Tampoco hay rencores. Él intentó advertirle, ella simplemente no lo escuchó. Hablarlo con alguien neutral, alguien totalmente ajeno a los hechos, como la descerebrada, es lo mejor que pudo haber hecho.

Katniss, mientras tanto, permanece en silencio, sin saber qué decirle a Johanna. Nada de lo que ella diga o haga va a hacerla sentirse mejor, ni mucho menos borrar todo lo que le ha pasado. Por eso elige permanecer en silencio, pero mientras tanto hace una silenciosa promesa, comprendiendo por primera vez la magnitud de lo que le está sucediendo.

No va a dejar que le arrebaten aquello que más quiere. No va a seguir desperdiciando tiempo porque si hay algo que le ha enseñado Johanna con su historia es que el tiempo no es eterno. Al contrario. El tiempo es algo subjetivo, efímero, pasajero. Puede ser muchas cosas, puede durar mucho o escurrirse entre las manos como la arena de un reloj.

— Bien. — Johanna se despereza y se levanta con una sonrisa burlona en el rostro. — Espero que esto te haya enseñado algo descerebrada y vayas detrás del rubio porque en cualquier momento puedo decidir quitártelo.

Katniss le sonríe también. De repente Johanna le cae infinitamente mejor.

— Ni en un millón de años. — Responde, confiada. — Ni en un millón de años te dejaría hacerlo.

— Es lo que quería oír, descerebrada.

Después de eso su relación mejora bastante. Lo suficiente para que Katniss secretamente considere a Johanna una buena amiga.


Hola! Bienvenidas al capítulo más largo del fic :D Igual no se ilusionen, no hay promesa de que los siguientes sean igual de largos xD

En este capítulo hay de todo. Pero lo que más quiero rescatar es que Katniss (alias la cabezota) finalmente ha aceptado sus sentimientos definitivamente, y Johanna tuvo mucho que ver (por no decir todo, porque eso sería desacreditar a Prim que también ayudó). No era mi idea explayarme tanto en la historia de Johanna, pero simplemente salió así.

¿Qué creen que va a hacer Katniss ahora? Se abren las apuestas!

Bueno, como siempre, miles de gracias por los reviews :) Respondo los anónimos:

johanna.M: Gracias por el review :3 Ahora que tiene la certeza hay que ver como va a hacer para confesarse. Encima las palabras no son su fuerte... Ya veremos xD Saludos!

jessi mellark: Jajajaja, no soy la única que piensa que Katniss es cabezota. A veces pienso que Haymitch debería decirle así en lugar de preciosa xD

Nat: Hoy vemos otra faceta de Johanna, un poco más alejada de los insultos xD Espero que te guste...

Nos leemos el lunes que viene!

Saludos!