A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.


Veinte: Ilusiones.

15 de diciembre de 2019

Londres, Inglaterra.

Bloomsbury, departamento de la familia Bluepool.

—Muchísimas gracias por haberla traído, profesor.

William Bluepool no podía evitar sentir cierto recelo en presencia de Severus Snape, por mucho que Sunny le hubiera dicho que, en cierta forma, era buena persona. La niña prácticamente le había rogado a su tutor para que la dejara pasar las vacaciones con su hermano, cosa que todavía se preguntaba cómo había conseguido. El departamento, aparte de modesto, estaba en una zona muggle transitada y poco confiable desde el punto de vista mágico.

—¿Está todo tal como me dijo? —inquirió sombríamente el profesor Snape.

William asintió, reprimiendo a duras penas una mueca de hartazgo.

—En ese caso, nos veremos en Hogwarts —le indicó a Sunny, dedicándole una mirada de soslayo que ella correspondió con un asentimiento de cabeza.

Acto seguido, el profesor se dirigió a las escaleras y se marchó. William dejó escapar un suspiro de alivio al ver eso.

—Creí que tendría que invitarlo a pasar —masculló el rubio, encontrándose con una ceja alzada de Sunny —Admítelo, no soy de su agrado —se defendió.

—Lo sé, lo sé —Sunny volvió a encogerse de hombros en tanto William cargaba con la maleta de su hermana —¡Qué bonita! —exclamó al ver la sala.

—Me alegra que te guste. Cuando Gina y su amiga Mindy se pusieron a redecorar el mes pasado, temí que no se viera muy bien.

—Pues es muy bonito. Y me gusta que tenga verde.

—Bueno, aceptaba el rojo aquí o en el dormitorio.

Sunny lo miró con ojos muy abiertos, lo que provocó que William soltara una carcajada.

—Era broma. Nuestro dormitorio tiene detalles en azul. En donde dormirás tú, la habitación de invitados, sí hay algo de rojo, pero no es mucho.

La castaña no le dio importancia a ese comentario. Se dedicó a observar los detalles, como los sillones de un tono verde musgo, la alfombra de color crema y la mesa de centro, de cristal con base de madera. Algunas fotografías (debían ser muggles, pues no se movían) le describían algunos momentos de William con Gina y los niños, incluyendo uno al que ella le hubiera gustado asistir: la boda de su hermano.

—Mis suegros —indicó William, señalando una foto donde él y Gina salían con George y Alicia Weasley —Supongo que has oído de ellos por tu amiga Rose.

—Sí, un poco. Sus tíos gemelos son los dueños de Sortilegios Weasley, ¿no?

—Exacto. El padre de Gina se hace cargo de la sucursal de Irlanda del Norte.

—Por cierto, ¿dónde está Gina? ¿Y los niños?

William ladeó la cabeza, extrañamente pensativo, para luego sonreír levemente e invitarla con un gesto de mano a que lo siguiera. Caminaron por un pasillo hasta el fondo, donde una puerta a la izquierda estaba entreabierta. William la empujó con suavidad y volviéndose hacia su hermana, se llevó un dedo a los labios, pidiendo silencio. Luego ambos entraron.

La habitación de los pequeños Bluepool estaba decorada en blanco y azul pastel. Las cunas se habían colocado una frente a otra, junto a dos ventanas que Sunny supuso que serían mágicas, porque mostraban un sol radiante y en la sala había visto que estaba nublado. Uno de los bebés tenía mantas azules y el otro, verdes. Por cierto, el que tenía mantas verdes andaba agitando los puñitos en alto, como reclamando atención.

—Vince, ¿despertaste ya, bribón? —William se acercó a cargar al gemelo despierto, seguido de cerca por Sunny —Mira quién vino a visitarnos —siguió el rubio, mirando a la castaña —Anda, Sunny, ¿no quieres sostenerlo?

Antes de obtener respuesta, William le pasó al bebé con sumo cuidado, lo que por poco hizo que Sunny pegara un brinco. No obstante, la castaña se sintió extrañamente alegre al contemplar la carita de su sobrino, quien no dejaba de mirarla y sonreírle, estirando las manitas para intentar tocarla. La chica sintió un nudo en la garganta, como si fuera a ponerse a llorar.

—¿Pasa algo? —preguntó William, luego de asegurarse que Brad todavía durmiera.

—No sé —reconoció Sunny, con una sonrisa temblorosa —Es… tan pequeñito y tan bonito… —susurró, moviendo un poco a Vince, quien soltó una risita.

—Cierto. Te hace pensar en muchas cosas. Po cierto, ¿te había mencionado que Brad tiene el lunar de nuestra madre en el mismo hombro que tú?

—¿En serio? —Sunny se sorprendió.

—En serio. Y Vince lo tiene en el mismo hombro que yo.

Sunny sonrió, imaginándose el famoso lunar de estrella de seis puntas en los bebés. Vince la veía con una pequeña sonrisa, queriendo alcanzarle las mejillas con sus deditos.

—¿Y Gina? —volvió a preguntar, sin dejar de mirar a su sobrino.

William hizo una ligera mueca, sin dirigirle la vista a la castaña.

—No tarda —fue todo lo que contestó, echándole otro vistazo a Brad —Ven, la esperaremos en la sala. Además, tenemos que hablarte de algunas cosas.

Al oír eso, Sunny frunció el ceño, lo que causó que Vince dejara de sonreírle.

—¿De qué vamos a hablar? —quiso saber, meciendo a Vince.

—De seguridad —William se encogió de hombros, caminando hacia la puerta para abrírsela a su hermana —Como si con Snape no tuviera suficiente… —masculló de pronto.

Ya en la sala, Sunny presintió que el asunto era un poco más serio de lo que su hermano quería aparentar. El rubio no dejaba de mirar nerviosamente a su alrededor mientras llevaba su maleta a la habitación de invitados. Era como si esperara que pasara algo. Además, Gina tardó todavía otra hora en llegar al departamento mediante aparición.

—¡Hola! —saludó la pelirroja, sonriendo suavemente. Cargaba bolsas en ambas manos.

—Ah, hola —respondió Sunny débilmente, pues había logrado que Vince se durmiera otra vez.

—¡Llegaste, Sunny! —Gina le dedicó una sonrisa un poco más amplia, al tiempo que depositaba las bolsas en uno de los sillones —Me alegra mucho. Fui de compras porque en Navidad iremos a La Madriguera, ¿sabes? ¡Todos los Weasley reunidos, como cada año!

—¿La Madriguera? —Sunny se imaginó la cara de Rose al verla allí y sonrió ligeramente.

—Exacto. Casi no he podido salir, así que aprovecharemos para pasear un poco con los niños, ¿cierto, William? —el aludido asintió con la cabeza distraídamente —Y no hay que perderse el sermón que tía Fleur le echará a Frank por casarse así. ¡Será genial!

—Gina, ¿lograste comprar todo? —preguntó William entonces.

—¡Ah, sí! Lo dejaré en nuestro dormitorio —la pelirroja le dirigió una breve mirada a Sunny antes de volverse al chico —Lleva a Vince a su cuna y después puedes comenzar.

William asintió y todo aquello se hizo en menos de dos minutos. Sunny, que se sentía con los brazos extrañamente vacíos sin su sobrino, se preguntó qué se traerían entre manos su hermano y su cuñada. El rubio había dicho algo de seguridad, ¿pero a qué se refería?

—Muy bien, ahí vamos —musitó William cuando él y Gina estuvieron sentados frente a Sunny, uno junto al otro —Debo decirte que fue muy difícil conseguir que vinieras a pasar las vacaciones aquí, hermanita. Snape no quería ni oír del asunto. Prácticamente tuve que rogarle.

—No me sorprende —masculló la castaña con cierto sarcasmo.

—Al final, Gina y yo acordamos que, como de todas formas íbamos a implantar protecciones mágicas en el departamento, que podíamos empezar en estas fechas

—¿Protecciones mágicas?

El matrimonio Bluepool se miró por un instante con seriedad antes que Gina suspirara.

—Las cosas no van bien —reconoció William —Aunque Reino Unido sigue relativamente en paz, el ataque de junio con dementores es preocupante. Si la situación en Europa continental sigue como hasta ahora, tememos que el país entre en guerra.

A Sunny no le sorprendía escuchar eso. Más o menos había llegado a la misma conclusión al discutir las noticias de El Profeta con sus amigos. Y con la remesa de alumnos de primero que había entrado en septiembre, era evidente que el continente ya no era considerado seguro. Hizo una mueca irónica al recordar que cuando quiso preguntar al respecto, Snape simplemente se había quedado callado, sin ningún signo de querer saciar su curiosidad.

—Por suerte, William es excelente en Defensa Contra las Artes Oscuras —alabó Gina, lo que causó en su marido un gesto de indiferencia —Los hechizos de ocultación son sencillos, pero preparamos algo extra para complacer al profesor Snape —Gina hizo una mueca de disgusto a la mención del tutor de su cuñada —Ahora este lugar está bajo un Fidelio.

—¿Un qué? —soltó Sunny, confusa.

—Es un hechizo sumamente complicado —procedió a explicar William —Consiste en ocultar algo mágicamente en la mente de alguien. Lo que sea que se esconda de esa forma, no se puede hallar. Generalmente se usa para proteger sitios de gente no deseada. Este departamento, por ejemplo —hizo un gesto de mano para abarcar su entorno —Ahora nadie puede encontrar este lugar, a menos que yo le haya dado la dirección, pues soy el Guardián Secreto.

—¿El Guardián Secreto?

—Así es. El departamento está escondido en mi cabeza mediante el encantamiento Fidelio. Si yo no digo dónde está, nadie puede hallarlo.

—Pero entonces… Snape…

—El profesor Snape sugirió usar el Fidelio —apuntó Gina —Aunque debo decir que lo hizo de muy mala gana. Como si se acordara de pronto que William era capaz de hacerlo.

A la vez, el nombrado y la castaña presente rodaron los ojos con impaciencia.

—Así es él —admitió Sunny, muy a su pesar —Entonces, ¿ahora puedo venir cuando quiera?

—Ésa es la idea, aunque Snape no esté muy de acuerdo —William asintió con la cabeza.

Sunny sonrió poco a poco con verdadero deleite, como pocas veces. William la imitó al cabo de unos segundos y entonces Gina contempló con sus propios ojos lo que solamente Thomas Elliott había vislumbrado en alguna ocasión.

Ambos hermanos sonreían de manera idéntica.

—Qué familia tan guapa —bromeó la pelirroja en ese instante, granjeándose miradas incrédulas de los otros dos —Seguro mis niños serán asediados por las chicas con semejante herencia.

Y soltando una carcajada, logró que William y Sunny la vieran como si estuviera loca.


15 de diciembre de 2019.

Manhattan, Nueva York.

Little Central Park, Central Park.

La ciudad de Nueva York es una de las más famosas y grandes del mundo. Centro de finanzas, espectáculos y glamour, parece ser una metrópoli que lo tiene todo. Incluso para los magos.

En un rincón muy aislado de Central Park, los magos estadounidenses habían instalado lo que llamaban Little Central Park. Tenía todo lo que el parque muggle podía ofrecer, con algunos agregados mágicos que lo hacían más interesante.

En época de Navidad, lo más concurrido de Little Central Park era la pista de hielo y las tiendas a su alrededor. La pista, creada con un pequeño lago como base, rebosaba de personas sonrientes que patinaban con gusto, aunque no siempre con gracia. Y a pocos les incomodaba darse de bruces contra el suelo, de lo contentos que estaban.

—¿Quieres venir de una buena vez? Anda, no es tan difícil.

Frida Malfoy miró a su marido con el ceño fruncido. Ambos planearon esa excursión a Nueva York con sus hijos y Danielle desde hacía semanas y ahora Patrick no quería acercarse a la pista.

—Quizá para ti —renegó suavemente Patrick, cuidando a sus gemelos, que descansaban de lo más tranquilos en una doble carriola muggle —¿Porqué me trajiste?

—Oh, vamos, ¿no me digas que no quieres aprender?

—Francamente no.

La pelirroja dejó caer la cabeza con resignación.

—¿Es por las caídas? —se atrevió a preguntar —No te preocupes, hay un encantamiento especial para que el hielo no te haga daño.

—No es eso.

—¿Entonces?

Patrick hizo una mueca.

—Vamos, Pat, ¡es divertido! —animó entonces Danielle, que regresaba de dar su cuarta vuelta a la pista —Muchas gracias por traerme, Frida.

—De nada —Frida observó cómo Danielle se iba nuevamente a recorrer la pista a paso lento para después acercarse a su esposo —¿Crees que lo harás peor que Danielle? —preguntó en un susurro, cuando estuvo lo suficientemente cerca.

—No exactamente. Sólo que… es incómodo que tu hermana pequeña tenga más talento que tú.

Frida contuvo a duras penas una carcajada.

—Si es por eso, no eres el único —al ver que Patrick arqueaba una ceja, Frida se explicó —Aunque no parezca, Ángel me hacía sentir envidia. El quidditch se le da de maravilla.

—A ti también.

—¿Todas las posiciones? —rebatió Frida con aire divertido —Es condenadamente bueno.

—Bien, lo capto —Patrick hizo una mueca de resignación —Espera un minuto, ¡Corney!

De la nada, apareció el elfo doméstico de los Malfoy, luciendo un suéter verde que le quedaba demasiado grande. La criatura hizo una reverencia.

—A sus órdenes, amo.

—Cuida a los gemelos en lo que estamos en la pista —ordenó Patrick, señalando la carriola —Y échale de vez en cuando un vistazo a Danny —agregó, tras pensárselo un instante.

—Lo que diga el amo. Todo sea por la joven ama y los futuros amos.

—Y pensar que antes lo trataba tan mal… —musitó Patrick cuando, diez minutos más tarde y con patines puestos, recorría la pista de hielo lentamente, de la mano de Frida —Creo que me obedece solamente por Danny, por los niños y por ti.

—¿Quién, Corney? No es cierto. Danielle dice que al principio lo sorprendiste, pero nada más.

—Eso y que tú te casaras conmigo.

—Eso también.

Pasados unos minutos, la pareja empezó a patinar un poco más aprisa, conversando de cosillas sin importancia, cruzándose de vez en cuando con una sonriente Danielle. Frida, sin que Patrick se diera cuenta, quiso soltarlo para que anduviera por su cuenta, pero él no la dejó al aferrarse a su cintura de manera rápida.

—Ni se te ocurra —amenazó cariñosamente el rubio —Si me caigo, no vuelvo en mi vida.

—Pat, no exageres.

—Es en serio.

Encogiéndose de hombros, Frida también le pasó un brazo por la cintura y siguieron patinando.

—¿Algún día me dirás qué tienes contra patinar solo? —quiso saber Frida, intentando sonar despreocupada —A Danielle no le costó mucho trabajo.

—Obviamente no. Ella está acostumbrada a hacer sola las cosas. Y respecto a tu pregunta… Bueno, mi padre una vez intentó enseñarme a patinar, pero tropezaba demasiado, así que me supuso caso perdido y lo dejamos. Además, me gané una muñeca rota la última vez que lo intenté.

Frida arrugó la frente con expresión molesta.

—¿Cuántos años tenías? —indagó.

—Diez. Sinceramente, no me gusta acordarme. Lo que me sorprende es que Danny aprendiera a patinar tan deprisa en cuanto tuvo la oportunidad. Me pregunto cuándo…

—¿No hay un lago cerca de tu casa en Wiltshire? —recordó Frida de pronto.

—Sí, lo hay.

—Eso resuelve el misterio. Sun Mei me contó una vez que su hermano solía ir allí cuando les tocaban pasar las vacaciones de Navidad en Wiltshire, en casa de sus abuelos maternos. También iban la niña Macmillan y Danielle.

—¿Ellos le enseñaron?

—Supongo. Imagino que cuando estaba aprendiendo, se caía tanto como tú. A todos nos pasa.

—¿En serio?

Frida asintió con convicción.

—Y si te caes de vez en cuando, ¿aprendes a levantarte, no? —bromeó él.

—Sí, ésa es la idea.

—Pues es encantadora —ironizó Patrick.

—Ya verás, cuando les enseñemos a los niños…

—¿Les enseñaremos? —dudó el rubio.

—Claro que sí —Frida rodó los ojos —Quiero que lo hagamos juntos.

Patrick meditó. Con su empleo, quien pasaba tiempo con los niños era Frida. No le extrañaba, pero sentía que ella veía algo malo en eso. Quizá por esa razón pretendía que hicieran cosas todos juntos. Pero era difícil acostumbrarse, porque para empezar, él no había sido criado de esa manera. Miró a Danielle, que con largas y gráciles zancadas cruzaba la pista y se preguntó si al paso que iba, sus hijos se sentirían tan abandonados como una vez se sintió su hermanita.

—¿Pat? —lo llamó Frida.

—Lo siento, me distraje —se disculpó él —Los niños aún no caminan, ¿y ya quieres que patinen? —sonrió en son bromista —Sí que tienes prisa.

—Lo sé, pero ya los imagino —Frida esbozó una mirada soñadora —Nosotros somos buenos, su tío es bueno, su tía es buena —en ese momento, Danielle ejecutó un breve salto en la orilla opuesta, sorprendiendo a un grupito de chicos de unos quince años —Seguro serán geniales.

—No lo dudo. Destacarán entre tantos primos que tienen.

—Sí, lo sé. Por cierto, ¿qué dijo Danielle de ir a La Madriguera en Navidad?

—Está encantada —Patrick se aclaró la garganta y trató de imitar a su hermana al pronunciar —¿En serio? ¡Veré a Rose y tal vez a Sunny! —bufó y siguió con voz normal —Esa niña…

—Vamos, que los niños nos lo harán algún día.

—Mejor ni pienso en ello.

—¡Eh, Frida! —Danielle prácticamente gritaba mientras se acercaba a toda velocidad —¿Ya es hora? Porque llevamos aquí mucho rato y…

—Ya casi —asintió la pelirroja, haciéndole un sutil gesto para que se callara y se marchara.

Danielle captó de inmediato y obedeció.

—¿Ustedes traman algo? —quiso saber Patrick, suspicaz.

—Ah, nada del otro mundo. Ya lo verás esta noche.

—¿Qué cosa?

—Lo que estamos planeando.

Patrick rodó los ojos. ¡A buena hora se había casado con una Insólita! Le sumaba a eso que Danielle se llevaba estupendamente con su cuñada y la fiesta estaba servida…

—¡No! —exclamó de pronto, perdiendo la concentración y derrapando en el hielo. Por tenerla aún sujeta de la cintura, Frida casi se cae —¿Se atrevieron a organizar una fiesta? —siseó.

Frida hizo una mueca, como si algo le doliera. Había sido descubierta.

—¡Les dije que no quería fiestas! —aún cuando estaba enfadado, Patrick no se puso a gritar: se limitaba a espetarle por lo bajo a su esposa —Danny y tú son muy testarudas, ¿por qué diablos…?

—Pero Pat, ¡es tu cumpleaños!

Patrick bufó con fastidio. Sí, era su cumpleaños, pero por alguna razón, no le agradaba la idea de hacerse cada vez más viejo que Frida, cosa que en realidad, no importaba demasiado.

—Ya lo habíamos discutido —le recordó a su esposa, terco.

—Cierto, y estuve a punto de hacerte caso cuando se lo comenté a Danielle. Se te olvida que ella es… sensible con el tema de los cumpleaños.

Patrick arqueó una ceja.

—¿Quieres que me sienta culpable? —inquirió.

—No, pero espero que me comprendas. Quería celebrarte de alguna forma, pero tú no querías. Llega Danielle de Hogwarts, le cuento cómo está todo y me pide que hagamos algo al respecto. Creo que hasta te comparó con uno de sus amigos, que tampoco quiso celebrar su cumpleaños…

—Yo no soy como ninguno de esos amigos suyos.

—Pues ahora lo estoy dudando, ¡pareces un niño encaprichado!

Frida empezaba a molestarse, cosa que Patrick no tardó en notar. El rubio suspiró.

—Golpe bajo —murmuró, para sorpresa de Frida —Lo de Danny —aclaró enseguida —No es que no quisiera fiesta, pero… Hay algo que me molesta. Como un mal presentimiento.

—¿Mal presentimiento?

—Sí. Algo qué ver con el cumpleaños. Y no me preguntes qué es, porque no lo sé.

—¡Eso le habría encantado a Cassidy! —Frida soltó la carcajada —Era fanático de esas frases.

—Muy graciosa. Ahora vamos a esa dichosa fiesta antes que me arrepienta.

Frida le dedicó una radiante sonrisa antes de besarlo brevemente, cosa que causó una mueca de asco fingida por parte de Danielle.

Sin embargo, eso no le quitaba a Patrick el presentimiento de que uno de los próximos cumpleaños que celebraría, sin importar que fuera suyo o no, le traería malas noticias.


15 de diciembre de 2019.

Tokio, Japón.

Akihabara, distrito Chidoya.

—¿Quieres qué?

La noche estaba a punto de dar paso a la madrugada del lunes, pero ya eran vacaciones de invierno en Japón. Akihabara, uno de los lugares más concurridos de Tokio, era donde estaba el hogar del matrimonio Asuka… y el que Sakura Kiyota había tenido desde que salió del hospital.

—¡Olvídalo! —exclamó en voz alta la señora Asuka, una mujer de corto cabello castaño dorado muy parecida a Sakura —¿Estás loca? ¿Sabes a lo que te arriesgas? Shigure–kun, ¡di algo!

Shigure Komori había acompañado a su mejor amiga, pero no precisamente para disuadirla.

—Lo intenté, Ren–dono, pero no funcionó —Shigure meneó la cabeza —Sakura–san incluso amenazó con ordenarme que no volviera a hablarle si intentaba detenerla.

Ren Asuka entornó los ojos, evidentemente en desacuerdo con lo que Shigure había dicho.

—No te enseñamos a tratar así a tu tozama, Sakura–chan —recriminó.

—Lo sé, pero fue lo único que se me ocurrió.

Ren suspiró con cansancio justo antes que una aparición a su derecha le provocara un ligero sobresalto. A continuación, parte de su enojo desapareció al contemplar al recién llegado, un castaño alto, de sagaces ojos negros y hombros anchos que vestía una túnica oriental marrón.

—Buenas noches —saludó el hombre, dándole un beso en la mejilla a la señora Asuka antes de observar a Sakura y Shigure de reojo —Ren, lamento llegar tarde. Más teniendo visitas.

—No te preocupes, Aki–kun. Así tuve tiempo de regañar a esta niña.

El recién llegado, Aki Asuka, meneó la cabeza un par de veces. Shigure, al ver su semblante sereno pese al ambiente algo caldeado del lugar, creyó saber porqué el hombre merecía la fama que tenía. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Sakura habló.

—Aki–san, qué bueno que llegas. ¿Recuerdas lo que te comenté de…?

—Sí, lo recuerdo —Aki asintió con la cabeza, cerrando los ojos un momento —Será un poco difícil, pero no imposible. Estoy en ello.

Sakura sonrió con orgullo, lo que no tranquilizaba a Ren.

—¿Estás de acuerdo con esto? —le preguntó a su marido.

—Ren, es mejor que estemos al tanto de lo que pretende a que lo haga a escondidas. Entonces sí que podría irle mal. Por cierto, ¿qué dijeron Yoh–san y Hana–san al respecto?

Sakura suspiró. Ahora tocaba exponer la otra parte de su petición.

—No están de acuerdo, obviamente —se encogió de hombros —Ya lo tenía contemplado, pero aún así… —compuso una mueca de amargura —No quieren saber nada del asunto. Y tampoco es que quiera causarles un disgusto, por lo que… Aki–san, ¿me hospedarían un poco más de tiempo?

—Sakura–chan, ¡eso es abusar! —exclamó Ren, un tanto indignada.

—Ren–nesan, abusar sería que hubiera regresado aquí con mi equipaje, sin más. De momento, mis cosas las guarda Shigure–kun.

Ren se giró hacia el aludido, quien inclinó la cabeza mansamente.

—Prácticamente fue una orden, Ren–dono —musitó Shigure a modo de explicación.

—¿Desde cuándo tratas así a un tozama? —quiso saber Ren.

—Desde que se puso paternalista.

Shigure dejó escapar un débil bufido al oír eso.

—No puedes culparlo por eso, es parte del En (1) que lo liga a ti —le recordó Ren.

Ahora fue Sakura quien bufó.

—Preferiría que su sentimiento de sobreprotección lo reservara para Kei–chan —soltó, viendo cómo Shigure se ruborizaba un poco —Ella sí que lo necesita.

—Ah, ¿y tú no, si piensas insensateces como ingresar al Escuadrón Ninja? —rebatió Ren.

Sakura arqueó una ceja. No comprendía de dónde sacaba Ren semejantes argumentos.

El Escuadrón Ninja era una de las divisiones de la Guardia Imperial, afiliada al Ministerio de Magia. Shigure pertenecía al Escuadrón Samurái, el que oficialmente se reconocía como el equivalente a los aurores y demás cargos similares del extranjero. Los ninjas, de hecho, vivían bajo tal secretismo que en ocasiones las demás divisiones de la Guardia Imperial desconocían sus identidades. Además, entrar a ese escuadrón en particular era un honor, puesto que era el que, entre otras cosas, se ocupaba de la protección personal del Emperador, el máximo gobernante de Japón y considerado entre los mejores magos del país.

Aki era un miembro activo del Escuadrón Ninja y por eso Shigure había escuchado de él. Pero no con el apellido Asuka, sino con el de Asakura. Eso se debía, entre otras cosas, a que los ninjas tenían terminantemente prohibido revelar su verdadera identidad incluso a colegas de la Guardia Imperial. Debían usar su nombre de trabajo en todo momento, su nombre clave, para evitar ser identificados. En el caso de Aki era comprensible, pues para los pocos años que llevaba en servicio, tenía dos apodos que delataban su prestigio. Uno de ellos era Otoño Devastador.

El otro, que decía qué tal alto era su estatus ante la Familia Real, era el de Otoño Imperial.

—Ren–nesan, ¿cómo puedes darme a entender que soy insensata cuando tú te casaste con un shinobi (2)? —debatió Sakura con fastidio.

—Simple, cuando conocí a Aki–kun, ya era shinobi —Ren parecía orgullosa de su respuesta —Tú todavía no entras a ese escuadrón. Puedo intentar detenerte.

—Pues no lo vas a lograr. Estoy decidida. Es por todos ustedes. Y también por mí.

—¿Lo de junio te dejó complejo de heroína? —protestó Ren —¿Cuántas veces tendremos que decírtelo? ¡No tienes que demostrarle nada a nadie! Siendo tú es más que suficiente.

—¿Te pusiste de acuerdo con Shigure–kun? —Sakura ladeó la cabeza, reflexiva. Lo recién dicho por su hermana mayor sonaba muy parecido a lo que le aseguró Shigure en el hospital.

—No, pero si él lo dijo, sólo confirma lo que pensamos nosotros.

Con nosotros, Sakura sabía que Ren se refería a sí misma y al resto de los hermanos Kiyota.

—Lamento defraudarlos en ese sentido, pero ya solicité el examen de admisión. Mañana me presento a realizar la parte teórica a Tsukuyomi–jinja (3).

El Templo Tsukuyomi era la sede de la mayor parte del Ministerio de Magia japonés.

—¡Eres imposible! —soltó Ren finalmente, para acto seguido salir de la habitación y dirigirse a las recámaras del modesto departamento.

—¿De verdad está bien? —Sakura aprovechó la ausencia de su hermana para interrogar a Aki.

—Eso creo. Estuve fuera casi un mes, pero según mis informes, anda así desde que Yoh–san se negó a considerarla como presidenta de la Mahon… otra vez.

—Si algo tiene Yoh–sama es ser firme cuando decide algo —comentó Shigure, recordando a la perfección el rostro frío e impasible del patriarca Kiyota en los negocios.

—Esto ya no es firmeza, es obstinación — se desató inesperadamente Sakura —Quiere que yo ocupe ese cargo, pero me niego. ¡No es para mí! —exclamó, sorprendiendo levemente a Aki —Necesito actuar, sentir que hago algo positivo y enérgico por las personas que me importan. Amo a mi padre, pero siento que no quiere comprenderme.

—¡Me alegra no tener padre! —musitó Aki en son de broma.

Shigure alcanzó a oírlo, se giró hacia Sakura para interrogarla con la mirada al respecto y ella se limitó a hacerle un gesto que indicaba que le explicaría más tarde.

—De todas formas, estaría bien que hablaras con Ren en cuanto tuvieras la oportunidad —sugirió Aki, fijando la vista en su cuñada —No sé exactamente qué decidiría Yoh–san para que ella se vea tan molesta, pero me preocupa.

—¿Seguro que no sabe nada, Asuka–dono? —inquirió Shigure, perspicaz.

—Seguro. Y no seas tan formal conmigo, Shigure–kun. Sólo soy Aki.

—Ah… es costumbre, Asuka… Aki–dono —alegó Shigure, nervioso.

—Bueno, eso es un comienzo —Aki esbozó una ligera sonrisa —¿Traigo tus cosas, Sakura?

—No hace falta, Aki–san. Iré por ellas a casa de Shigure–kun. Unas amigas nos esperan allí.

Aki asintió, les hizo un ademán de despedida y se fue por el mismo camino que su esposa.

—¿Crees que ya llegaron? —le preguntó Shigure a Sakura antes de desaparecerse.

—Por supuesto. Si tanto quieren saber qué es lo que estoy planeando…

Shigure sacudió la cabeza con abatimiento.

—Keiko–san anda muy rara, según Kimi–san —se acordó de improviso —Asegura que está leyendo más de lo normal.

—No tenía idea —reconoció Sakura —¿Sabes a dónde quiere entrar a trabajar? Porque no ha querido decírnoslo ni siquiera a nosotras.

Shigure negó con la cabeza, para desaparecerse medio segundo antes que Sakura.

Irían a casa de Shigure para reunirse allí con Keiko Saikaku y Kimi Sei. Sakura creía que había llegado el momento de explicarles a detalle en lo que estaba a punto de meterse; después, si aprobaba el examen de admisión del escuadrón, le sería imposible hablar con libertad. Shigure lo sabía, pero con él todavía podía charlar dado que también era parte de la Guardia Imperial, aunque de otro escuadrón. También intervenía el punto de que él era su tozama.

Y eso no le haría tenerle consideraciones si quería impedirle conseguir su sueño.


24 de diciembre de 2019

Cercanías de Ottery St. Catchpole.

La Madriguera.

—Muy bien, nos veremos en La Madriguera, hermosas. Cuídense mucho.

Ron Weasley mostró una ligera mueca al despedirse esa tarde de su mujer y su hija, en su casa de Londres. Rose estaba exageradamente inquieta y Luna, asombrosamente calmada. Temía que durante su ausencia ocurriera algo.

—No te preocupes, papá, yo me encargo —aseguró Rose, muy segura de sí misma.

El señor Ron dejó escapar un breve suspiro antes de desaparecerse.

—Ronald se preocupa demasiado —musitó la señora Luna con aire soñador, antes de ir a sentarse a uno de los sillones de la sala.

Rose seguía a su madre de cerca, visiblemente exaltada. Desde que había llegado de Hogwarts y la vio con su abultado vientre, se sentía contenta pensando que pronto conocería a su hermanito. Igual que Nerie, se había aferrado a llamar así al futuro bebé, aún cuando podría ser una niña.

—¿A qué hora nos vamos? —quiso saber Rose.

Ese día era la reunión familiar de los Weasley y pese a los pocos desastres que se esperaba, Rose nunca tuvo la menor intención de faltar.

—En un rato más —contestó su madre —Primero arregla tu habitación.

—¡Mamá!

—Anda, hazlo, por favor. No querrás hacerlo cuando volvamos.

Rose hizo una mueca, derrotada por la lógica de su madre. Subió a obedecer, pese a considerarlo caso perdido porque había cosas que no hallaba y otras que hacía tiempo que no veía y aparecían de repente. Se limitó a tender su cama y acomodar la ropa sucia en su cesto.

—¡Es hora, Rose!

La pelirroja bajó corriendo la escalera, encontrándose con visitas en la sala.

—¡Eh, Hally! —saludó, abrazando a su amiga pelinegra con fuerza.

—Rose… me asfixias… —logró musitar Hally.

En tanto, los adultos comentaban la razón de semejante encuentro.

—Siempre hemos llegado a La Madriguera por nuestra cuenta y ahora quiere que las llevemos —detalló Hermione, para luego rodar los ojos y soltar —Ron es un sobreprotector.

—Sólo se preocupa demasiado —dijo pacientemente la señora Luna.

—Eso sí —el señor Potter trataba de contener una sonrisa de burla —Ron nunca cambia. Pero es curioso cómo se pone nervioso ahora y cuando iba a nacer Rose, estaba de lo más campante.

—Creo que se invirtieron los papeles porque ahora sabe lo que le espera en la sala de parto y antes no —se atrevió a declarar la señora Luna, lo que hizo reír al matrimonio Potter.

—Bien, ¿nos vamos ya? —inquirió la señora Potter.

—Por supuesto, ¡Rose! —llamó la señora Luna.

La nombrada y Hally, cuchicheando sin parar, dieron un respingo.

—Vámonos ya, niñas —llamó el señor Potter, sin quitarles la vista de encima.

—¿Usaremos la Red Flu? —quiso saber Rose.

Hally hizo una mueca ante la respuesta afirmativa de la señora Luna.

—No sé de qué te quejas —comentó Rose, acercándose a la chimenea de la sala con un puñado de polvos brillantes —Es entretenido.

—¿De qué planeta eres? —Hally observó a su amiga con asombro.

Rose se encogió de hombros y arrojó los polvos al fuego antes de entrar a la chimenea y gritar.

—¡La Madriguera!

Un torbellino de llamas color verde esmeralda engulló a Rose, lo que Hally encontró curioso… hasta que le tocó a ella.

—Nos veremos allá en unos minutos —la despidió su madre con una leve sonrisa.

Su padre le dedicó un gesto afectuoso combinado con una mueca. Hally dedujo que a él tampoco le agradaba viajar por la Red Flu.

—¡La Madriguera!

Cuando el torbellino de llamas esmeraldas se la tragó, Hally apenas si pudo contener el vértigo. Miles de chimeneas pasaban a toda velocidad, pero se mantuvo quieta, esperando que terminara pronto. Cuando sintió que caía, cerró los ojos con fuerza, esperando el golpazo.

Y sucedió. Aterrizó de sentón y rodeada por una nube de hollín, que la hizo toser con fuerza.

—¡Vaya, pero miren nada más!

La chica abrió los ojos lentamente, aunque no distinguía gran cosa por el hollín. Luego se dio cuenta que sus anteojos estaban completamente ennegrecidos.

—Permíteme —le dijo la voz de una chica amable y grave —¿Eres Hally Potter, cierto?

Ella asintió al tiempo que sentía que le sacudían el cabello y la ropa, para después quitarle los anteojos con suavidad.

—Yo lo hago, Sally —oyó que decía una voz masculina con tenue acento francés.

A continuación, le colocaron los anteojos de nuevo y pudo distinguir a un atractivo pelirrojo de ojos muy azules y dientes perfectos que vestía una túnica azul marino. A su lado, una castaña de cabello muy corto y túnica color rojo ciruela la evaluaba con la mirada.

—Sí, ya está —determinó la castaña, tomándola educadamente de un brazo y arrastrándola con ella —Ahora retirémonos de la chimenea, que no deben tardar los demás.

—Ah… gracias —murmuró Hally, un poco confundida.

—De nada. Es un fastidio usar la chimenea, siempre quedas llena de cenizas.

Hally asintió con una sonrisa.

—Hally, supongo que ya lo habrás oído, pero ella es mi esposa —presentó el pelirrojo cuando llegaron al salón principal —Sally, veo que la reconociste.

La niña cayó en la cuenta que aquel hombre tan apuesto, para presentar a una Sally como su esposa, debía ser Frank Weasley.

—Hola, Frank —saludó enseguida, tendiéndole la diestra.

—Hola, mucho gusto en saludarte —Frank le estrechó la mano con ganas, para luego mirar a Sally —Esta niña es muy educada, ¿lo ves?

—Me doy cuenta —Sally (Weasley, logró recordar Hally) sonrió suavemente —Mi padre habla maravillas del tuyo, ¿sabes?

—Ah… ¿en serio?

Hally contuvo una mueca, como cada vez que sacaban a colación a su famoso padre. Pero al ver el rostro amable de Sally, prefirió sonreír. Además, recordó que era la guardiana de la selección inglesa de quidditch, ¿debería pedirle un autógrafo?

—La Red Flu es una pesadilla, ¿no podríamos venir en escoba la próxima vez?

La queja provenía del señor Potter en una voz muy baja, seguido de cerca por su esposa y la señora Luna. Frank y Sally desviaron su atención de Hally para saludar a los recién llegados.

La reunión apenas comenzaba. Ya estaban ahí los abuelos Weasley, sentados en el sofá con sus nietos Longbottom, Penny, Sam, Stefka Krum y Allie a su alrededor. La mayoría de los tíos platicaban en un rincón, con vasos en las manos y riendo a carcajadas de vez en cuanto. Casi todas las mujeres se encontraban sentadas en sillas de tela estampada, formando un semicírculo y con tazas de té. Rose se le acercó a Hally por la derecha en ese momento.

—¿Adivina? —soltó la pelirroja —¡Ya llegó Danielle!

Hally le echó otro vistazo a donde conversaban las adultas y alcanzó a ver a Frida con uno de sus gemelos en brazos. Eso confirmaba las palabras de Rose.

—Pues vamos a saludarla —animó.

Las dos niñas recorrieron el salón hasta uno de los extremos, donde sentada a una pequeña mesa redonda (que normalmente servía para la hora del té) se encontraba Danielle, con una botella de cerveza de mantequilla frente a ella.

—¡Hola! —exclamó Rose con entusiasmo —¿Porqué tan sola?

—Ah, hola —correspondió Danielle —Me agobia tanta gente —explicó.

—¿No te gustan estas reuniones, verdad? —aventuró Hally, recordando un detalle así en las cartas que solía escribirle la rubia.

—No es eso, sólo me incomoda —Danielle se encogió de hombros —No estoy acostumbrada.

Miró tímidamente a Rose, quien la observaba con semblante anormalmente serio.

—Pero te da gusto haber venido, ¿no? —inquirió.

—Claro que me da gusto. Pero insisto, tengo que acostumbrarme. Cuando estoy en casa con Pat, Frida y los niños, es sencillo, pero esto… —Danielle señaló con la mirada a donde los abuelos Weasley saludaban a Ángel, que recién llegaba con los cuatro hermanos Copperfield —Nunca había venido a una fiesta tan… feliz.

Rose asintió, dando a entender que no había problema y las tres niñas se entretuvieron viendo cómo Nerie se abalanzaba sobre sus amigos Copperfield y en tomar unas cervezas de mantequilla que les acercó tía Alicia. Al cabo de una media hora, entraron al salón los Bluepool y Sunny.

—¡Válgame, no sabía que vendría! —dejó escapar Rose al ver a su castaña amiga.

—Era de suponerse, si está pasando las vacaciones con su hermano… —apuntó Hally.

—Es verdad —concordó Danielle.

Sunny no tardó en localizarlas y acercarse a paso veloz, esquivando a tía Penélope y tía Sophie.

—¡Qué gusto verlas! —dijo a modo de saludo —Cuando Gina me avisó que vendríamos, no pensé que también te podría ver a ti, Hally.

—A mis padres los invitan todos los años — reveló Hally.

—Qué bien, porque tengo algo qué contarles…

En voz lo más baja posible, Sunny les detalló la conversación que había tenido con su hermano y su cuñada sobre el encantamiento Fidelio.

—Lo he oído mencionar —recordó Hally, refiriéndose al hechizo —O quizá leí algo…

—No me extraña, es un encantamiento muy útil —señaló Danielle.

—Sí, fue muy popular en otros tiempos —Rose adoptó la expresión misteriosa que la hacía parecerse a su madre —Lo escuché de casi todos mis tíos, cuando iba de una casa a otra. El Fidelio les servía para ocultarse en los años de las dos guerras. ¿Pero dices que Snape lo sugirió? —se dirigó a Sunny con la incredulidad plasmada en su voz.

—Francamente no me sorprende —Sunny se encogió de hombros —No me cuenta casi nada de lo que pasa en el exterior. Y sigue sin dejarme leer El Profeta.

—¿Qué, piensa que te rebelarás en su contra si te informas? —logró bromear Rose.

—No lo sé. Sencillamente no lo entiendo.

—Miren allá —pidió Hally de pronto —¿No es tu tía Fleur, Rose?

La pelirroja giró la cabeza hacia donde Hally indicaba con un ademán y acto seguido asintió. Tía Fleur, tío Bill y Belle acababan de llegar, con sendos abrigos sobre las ropas muggles que lucían puestas. Los tres pasaron a saludar a los abuelos Weasley en primer lugar y quién sabe si fue buena o mala suerte, pero en ese momento Frank y Sally andaban por allí, conversando con Patrick, Ángel y Rebecca.

—¡François William Weasley!

El llamado de tía Fleur sorprendió a todo el mundo. Los abuelos Weasley contemplaron a su nuera con aprensión. Algunos de los hermanos Weasley y el señor Longbottom por poco tiraron sus vasos. La señora Longbottom y sus otras cuñadas sacudían la cabeza con cierta resignación. Los primos y primas, cada uno a su manera, intentaban darle ánimos a Frank desde lejos, pues temían acercarse a una tía Fleur enfadada en toda regla. Hally, Sunny y Danielle hicieron una mueca antes de volverse hacia Rose.

—¿François es el nombre de tu primo? —inquirió Sunny por lo bajo.

—Sí, lo es —Rose ladeó la cabeza —En el colegio le hacían muchas bromas. Por eso le gusta que le digan Frank, suena más… inglés.

—Tiene toda la razón —Danielle pensó en su propio nombre y asintió con la cabeza.

Tía Fleur estaba de pie frente a su hijo, penetrándolo con la mirada azulada que le había heredado. Frank aguantó estoicamente el escrutinio, pero dio un leve respingo cuando su madre se dispuso a analizar a Sally.

—Con que ya eres mi nuera, ¿no? —espetó tía Fleur, quizá un poco brusca.

Sally, conservando la serenidad de manera envidiable, asintió en silencio.

—¿No se les ocurrió casarse con toda la familia presente? —quiso saber tía Fleur.

—Madre, con todo respeto, no —arguyó Frank con fluidez, dejando atónito a todo el mundo. Por lo general, no salía con semejantes frases —Con el trabajo que me costó que Sally me aceptara de nuevo, ¿crees que no iba a aprovechar que considerara mi propuesta de matrimonio? Solamente la llevé a cabo mucho antes de lo que tenía planeado, es todo.

Tía Fleur frunció el ceño, pero ya no lucía molesta, sino meramente pensativa.

—Y hablando de aprovechar el momento, les tenemos una noticia —Frank no quería esperar a que su madre siguiera hablando, por si seguía indagando sobre su precipitada boda —Pronto ya no seremos el matrimonio Weasley —un sonido de asombro manó de varias bocas antes que Frank continuara —Seremos la familia Weasley–Wood. Vamos a tener un bebé.

—¿Tú también? —dejó escapar Ángel, siendo acallado por un codazo de su novia.

Toda la familia se puso a felicitar a Frank y a Sally… en cuanto se recuperaron de la impresión. Nuevamente, tía Fleur parecía que echaría humo por las orejas, pero tío Bill fue hacia ella y la retiró ágilmente de su primogénito, a quien le dedicó un vago gesto de aprobación. Belle, con una sonrisa que mostraba sus blanquísimos dientes, se acercó a felicitar a su hermano.

—¡Qué gran noticia! —afirmó, abrazando con entusiasmo a Frank —¡Tendré un sobrino!

—Gracias, Belle —Frank miró de reojo hacia donde su padre había llevado a su madre —¿Crees que se le pase el coraje?

—¡Pero si mamá no está enfadada! —Belle se ganó una mirada incrédula de su hermano —Bueno, quizá sí —reconoció —Más que nada, siente que no la necesitas y por eso haces estas cosas.

—A mi madre no hay cómo complacerla del todo —le hizo notar Frank.

—Lo sé, también es mi madre. ¡Felicitaciones! —Belle fue a abrazar con toda confianza a su cuñada —Me alegro mucho por ustedes, en serio.

—Gracias, Belle —Sally lucía las mejillas sonrojadas, quizá por ser el centro de atención.

—Oye, una pregunta, ¿me dirías porqué terminaron mi hermano y tú, en primer lugar?

Antes que pudiera decir algo, Sally sintió cómo Frank la tomaba de un brazo para alejarla de Belle, quien se quedó muy confundida.

—¿Me permiten? Sally necesita tomar aire —se excusaba Frank para salir de allí con su esposa —Qué locura —se quejó por lo bajo, llegando a la puerta que daba a la cocina, en aquel momento vacía —¿Estás bien? —quiso saber, observando detenidamente a Sally.

Ella asintió vagamente, desviando los ojos. La cocina de La Madriguera, estrecha, desgastada y con la cena de Navidad acomodada en todas partes, emanaba una sensación acogedora.

—Belle no entiende —protestó de repente Frank —Claramente le advertí que no hiciera esa pregunta, porque no se la iba a contestar.

—Me preguntó a mí —notó Sally entonces.

—Para el caso, es lo mismo.

—No creo —la castaña ladeó la cabeza con actitud pensativa —Porque yo tampoco lo sé.

—¿Qué cosa?

—La razón de que terminaras conmigo antes. Yo tampoco la sé.

Frank le dedicó una mirada tenuemente suplicante para que cambiara de tema, pero Sally no iba a dar su brazo a torcer. Con la tenacidad que la caracterizaba como guardiana de quidditch, le tomó la mano y lo condujo por la puerta que daba al jardín, que en aquel momento estaba cubierto por una crujiente capa de nieve.

—Cuéntamelo —pidió suavemente Sally, deteniéndose frente a un congelado rosal.

—No vale la pena ahora.

—Para mí sí. Quiero comprenderte. Cuando me dejaste… —Sally calló un momento, pues le fue inevitable recordar la citada época sin que le doliera —Cuando me dejaste, asegurabas que era por mi propio bien. Que no querías volver a hacerme daño.

—Y lo sostengo —admitió Frank —No quiero hacerte daño.

—Pero fue un accidente —insistió Sally con la misma vehemencia que Frank recordaba —Yo no te culpé de nada. No fue tu intención.

Frank negó con la cabeza.

—En ese caso, cuéntamelo a detalle. ¿Por qué rompiste conmigo?

—¿Todavía lo preguntas? ¡Te golpeé, Sally! ¡Casi te rompo un brazo! ¿Y todavía lo preguntas?

—¿No acabo de decir que fue un accidente?

Frank volvió a negar con la cabeza, pero esta vez con consternación.

—No quería que volviera a pasar —confesó finalmente, bajando la vista —Sabía… Por mi padre sabía que era posible algún cambio, porque a él le pasaba algo similar. Pero yo… Nunca creí que fuera así. En el colegio lo deduje solo, por eso procuraba aislarme un poco en esos días…

—¿Esos días?

—Yo… esos cambios de humor tan raros… Sólo me dan en luna llena. Es… una herencia por parte de mi padre.

Sally frunció el ceño, tratando de comprender lo que Frank acababa de decirle. No dudaba de sus palabras, pues eso explicaba muchas cosas, pero resultaba increíble.

—Creo que… mi padre mencionó algo —se acordó —Cuando uno de mis hermanos preguntó por las cicatrices de tu padre. Se las hicieron poco antes de que tus padres se casaran, ¿no?

—Sí. Lo atacó Greyback.

Sally dio un respingo. La historia oficial de cómo Bill Weasley había quedado maltrecho era que un hombre lobo lo había atacado sin ser luna llena, por eso las cicatrices no podían borrarse con magia. Aparte de desarrollar un gusto desmedido por la carne casi cruda, Bill no mostraba ningún problema. Lo que Sally no sabía era que Fenrir Greyback, licántropo aliado de Voldemort conocido por su inclinación a morder niños, había sido el mismo que agrediera a su suegro.

—Mi padre nunca creyó que eso le afectaría a sus hijos, pero lo hizo —continuó Frank con voz sombría —Belle y yo… tenemos un temperamento muy volátil en luna llena.

—Por eso ella está tan… animada hoy —supuso Sally, elevando la vista hacia la luna, redonda y blanca, que comenzaba a brillar desde el oriente por la incipiente noche.

—Exacto. Por lo general, Belle no es tan efusiva. Pero le pasa como a mí; se emociona de más y adquiere fuerza sobrehumana. Es más tranquila que yo, así que puede controlarse. Pero yo… Me dio miedo. No me reconocí en esa ocasión. Así que antes de hacerte más daño, decidí dejarte.

Sally lo miró con todo el cariño que le tenía. Algo así era muy propio de Frank.

El incidente del que hablaban no era un tema que sacaran a colación a menudo; más que nada, porque había sido confuso y acelerado. Había ocurrido en su séptimo año. Sally recordaba que, aprovechando que habían terminado sus tareas, daban un corto paseo nocturno por los jardines. La plática había derivado al tema de sus próximos contrincantes de quidditch cuando de repente, Frank se había parado, haciéndola tropezar, para luego clavarle los ojos con ferocidad. Sally apenas pudo estirar la mano preguntando qué le sucedía, porque lo siguiente que vio fue a Frank tomando su mano y sacudiendo todo su brazo de manera muy ruda. Intentó resistirse y entonces Frank le soltó la mano y le propinó un puñetazo. Luego se quedó inmóvil, mirándose el puño y abriendo excesivamente los ojos por el espanto, como dándose cuenta de lo que había hecho. Se había ido y Sally no pudo volver a acercársele sino hasta el siguiente entrenamiento de quidditch, al final del cual él espetó, con voz de ultratumba, que su noviazgo había terminado.

—¿Pero porqué? —quiso saber Sally —Evidentemente algo te provocó, pero por más que lo pienso, no logro averiguar qué hice mal ese día.

—Tú no hiciste nada, fue una tontería mía —espetó Frank de mal genio —Cuando mencionaste al equipo de Revenclaw, me acordé de Davies…

—¿Quién? ¿Robert Davies? ¿El capitán de Ravenclaw en esos días?

Frank asintió con pesar y Sally, haciendo memoria, supo de qué hablaba. Davies era soberbio en quidditch (de hecho, fueron temporalmente compañeros cuando ella comenzó a jugar de manera profesional en el Puddlemere United), pero no sabía aceptar una negativa. Hizo de todo para que le aceptara una cita y solamente se detenía cuando la veía rodeada de gente. Sally creía que Frank no estaba al tanto de la situación completa, pero era obvio que se equivocaba.

—Ay, Frankie, lo siento —susurró Sally, realmente apenada.

—Ya te lo dije, fue una tontería mía —Frank se veía claramente incómodo —No entiendo por qué insistes en que fue un accidente.

—Vi tu cara —replicó Sally sin vacilar, cosa que provocó que Frank alzara los ojos y casi la atontara con ese azul tan vivo y brillante —No eras tú. Yo me resistía y al darte cuenta de lo que habías hecho… no eras tú —insistió, moviendo la cabeza de un lado a otro —Y después estabas tan triste que no dudé ni por un segundo que algo andaba mal. Por eso acepté volver contigo —le sonrió —Por dentro, estaba tan triste como tú. Aunque eso no me impedía volar de maravilla —agregó, intentando hacer una broma.

—Ay, Sally, ¿qué haría sin ti?

La castaña se encogió de hombros, recibiendo un abrazo muy dulce de Frank, pero también algo temeroso. Como ahora sabía lo de la luna llena, supuso que estaba conteniéndose para no lastimarla… ni a ella ni al bebé. Ese pensamiento le ocasionó un nudo en la garganta.

—¡Eh, ustedes, tórtolos! —llamaron desde la puerta de la cocina. Era Ángel, que trataba de no sonreír de manera irónica —¿Podrían entrar? John acaba de llegar y quiere dar un anuncio.

Frank asintió y sin soltar a Sally, regresó a la cocina. Encontraron a Ángel intentando robarse parte del pudín de Navidad de tía Sophie, pero Rebecca se lo impedía.

—¡Al fin! —Ángel seguía con ganas de bromear, pero al parecer la presencia de Rebecca lo contenía —Bueno, futuros papás, veamos qué nos tiene que decir nuestro primo.

Los cuatro caminaron hacia el salón principal, donde todos ya estaban sentados donde podían, esperando pacientemente que John, de pie al centro y con Sun Mei Mao colgada de su brazo, se decidiera a hablar. Cuando vio que Frank y compañía entraban, revisó la estancia con la mirada, asegurándose que no faltara nadie. Suspiró y se aclaró la garganta.

—Antes de sentarnos a cenar, quisiera felicitar a Frank y a Sally por su próximo hijo —los aludidos le dedicaron sonrisas agradecidas —Y también darles un aviso importante. Sun Mei y yo hemos decidido casarnos el año entrante.

—Y siguen los tórtolos… —masculló Ángel, esperando que Rebecca le diera otro codazo.

Sin embargo, la encontró con la vista perdida hacia sus hermanos, que se entretenían con Nerie.

—¡Válgame! —se le escapó a Rose —¿Creen que Ryo esté enterado de esto?

—Pues no se lo vamos a contar —indicó inmediatamente Hally —Que lo haga su hermana.

—Y si no lo hace, podremos reírnos un rato a su costa —aseguró Sunny, esbozando una sonrisa maliciosa imitada casi en el acto por Danielle.

Las cuatro amigas se echaron a reír, lo que pocos notaron por felicitar a John y a Sun Mei. Tía Fleur musitaba que al menos a esa boda sí podría asistir, causando la risa de Belle. Sam, en tanto le llegaba el turno con su primo, le musitaba algo a su novia, quien simplemente se encogió de hombros. Ángel bromeó todo lo que pudo a John, aunque nunca con mala intención. Rebecca, apretando imperceptiblemente los labios, abrazó a Sun Mei deseándole lo mejor.

—Definitivamente tengo una familia grande —Rose veía la escena con una sonrisa pacífica —Y no me molesta en absoluto.

Sus amigas estuvieron de acuerdo. Y Danielle se prometió integrarse a esa nueva familia que su hermano, de cierta manera, le había regalado.

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(1) En tiempos pasados, los japoneses creían mucho en el En, un vínculo kármico indestructible y de por vida entre dos personas.

(2) Shinobi es el término japonés para denominar a un ninja varón.

(3) En la mitología japonesa, Tsukuyomi era la deidad de la Luna y un hermano de Amaterasu.


17 de Junio de 2009. 11:55 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola, hola, gente! Sí, lo sé, esta vez he tardado demasiado. Pero no sólo en fanfic's estoy metida yo. Tengo tanto que contarles… que mejor me lo reservo para una reseña en mi bitácora en línea, jajaja.

¿Qué les pareció el capi? Bastante intenso, a mi parecer. Explico muchas cosas y otras tantas las he dejado en suspenso. Unos breves vistazos a las vacaciones de Sunny y Danielle con sus respectivos hermanos, es algo tierno. Ver cómo Sakura Kiyota se aferra a su sueño, es digno de admirarse. Saber tantas buenas noticias en la familia Weasley… da risa.

Vayamos por partes. Sunny, como pueden ver, al fin tendrá sus ansiadas vacaciones de Navidad con Will, pero no sólo eso, ¡también podrá ver más a sus sobrinos! Al parecer, a Vince le agrada su tía, jajaja. Lo de la seguridad del departamento de los Bluepool a mí tampoco me hace gracia, pero William tiene razón, ya verán que sí. La guerra se siente cada vez más cerca de Reino Unido y al menos ahora los Bluepool se están preparando para ella. Aunque tienen la ventaja de que a pocos se les ocurrirá buscar magos competentes viviendo en zonas muggles, ¿no?

Lo de Estados Unidos parece trabalenguas, al menos la parte de Little Central Park en Central Park. Admítanlo, los gringos ponen nombres así. Danielle resultó buena para patinar porque le habían enseñado antes, pero resulta que Patrick no quería arriesgarse a caerse y romperse algo como antaño. ¡Pat, con semejante maestra, eso es imposible! Y como pudieron leer, se señala fecha exacta del cumpleaños del Malfoy mayor. Ya se había mencionado que era en diciembre (si no me creen, váyanse a buscar a La siguiente generación), pero nunca especifiqué cuándo. Elegí el día quince porque es el cumpleaños de una amiga mía de la preparatoria, jajaja. Lo sé, parece que los varones Malfoy solamente tienen esos cumpleaños, pero simplemente salió. ¿Y qué será ese mal presentimiento que tiene Patrick respecto a los cumpleaños? Bueno, es un simple indicador de algo que tengo planeado… para dentro de mucho tiempo (en el fic, claro está).

Sakura Kiyota… Tenía que sacarla. Shigure anda con ella de un lado a otro, pero resignado a que no puede hacer que desista de lo que quiere, so pena de recibir una orden de silencio. Ren, hermana mayor de Sakura, está en las mismas. Parece que la única que apoya a la ex–campeona de Hoshikino es Aki y eso porque él ya es ninja. Por cierto, gracias a una de mis últimas lecturas de manga en línea, se me ocurrió hace un par de meses un… complemento, llamémosle así. Una historia paralela a lo que acontece en la saga, a partir de que Sakura presenta su examen de admisión al Escuadrón Ninja; de hecho, el primer capi inicia justo cuando la chica sale de presentar la parte teórica, la que aquí dice que presenta al día siguiente. Supongo que varios(as) ya deben imaginarse qué manga me dio la idea y si no… Bueno, tendrán que esperar para saberlo. Tengo varios capítulos en borrador y ya pasé algunos en limpio, pero estoy pensando en dónde publicarlo y que no vaya revelando demasiado, por las fechas. Es que en un mismo capítulo, puedo saltar de mes en mes sin problemas y eso no estaría bien para quienes leen solamente la saga HHP. Además, el complemento aún no tiene un nombre. La trama es simple: Sakura y su entrenamiento. Porque de que logra ser ninja, lo logra, como Aki (quien por cierto, es un hombre extraordinario, lo digo por algunas cosas que escribí de él en el complemento).

La reunión navideña de los Weasley, tal como supuso Rose, fue todo un caso. Fleur se desquitó un poco del hecho de no estar en la boda de su único hijo, y me asombra que Sally sea tan ecuánime, ¡mira que aguantarle la mirada a Fleur! Espero que la francesa no haya sentido un deja vù, porque me acuerdo bien de cómo reaccionó cuando Molly Weasley dio a entender que no se casaría con Bill. Por otro lado, ¡Frank y Sally ya van a tener un bebé! Ángel decía que ellos también porque actualmente, Luna está embarazada. Aparte, descubrimos la razón por la que Sally y Frank habían roto su relación en el pasado. Ya lo tenía pensado desde hace tiempo, pero no encontraba cómo colarlo. La charla privada de este matrimonio me pareció el momento indicado. Hablando de eso, ¡John y Sun Mei por fin se casan! No sé, siento que ando casando a todo el mundo, ¿ustedes no? Creí que ya era hora de que John y Sun Mei se unieran en santo matrimonio (parece frase de telenovela, jajaja); se quieren un montón y viven juntos, es lo único que les falta para estar enteramente felices y poner felices a todo el mundo. Aquí el pleito son los abuelos paternos de ella, porque son muy… No sé, pero no caen bien con su actitud. Si de por sí no le hablan a Sun Mei por su profesión, ahora menos, que se casa con un inglés pelirrojo guapísimo que nada tiene qué ver con su nación y su cultura. Sí, dije que John es guapísimo, ¿y qué? Sun Mei no se pone celosa, jajaja.

En fin, de momento me despido, no sin antes abordar un par de puntos más.

En primera, sigo sin decidirme por personajes para el Arcano Los Enamorados. Leo, me propusiste dos opciones que me parecen imposibles: personajes que ya tienen Arcano y personajes que quisiera colocar en otro Arcano. Por eso no he podido escoger. A todos les aviso que pueden atenerse a una regla complementaria de esta convocatoria que más o menos dice: Si no te es posible poner tus candidatos en mi bitácora en línea (más que nada por cuestiones técnicas), ponlos en un comentario del capi donde se pide el Arcano en cuestión. En este caso, para Los Enamorados los candidatos deben dejarse como review en el capi 18, Bajo lluvia y ataque, que fue donde lo solicité por primera vez.

Y el otro punto a tratar es que estoy en un nuevo empleo. En cuanto tenga tiempo, publicaré una reseña en mi bitácora en línea (espero que cuando ya tenga personajes para Los Enamorados), pero estar concentrada en eso me quita tiempo para escribir. Lo bueno es que he terminado el semestre (y con ello la carrera entera, ¡fiesta de graduación en julio!) y la uni ya no me dará lata. ¿Porqué les echo tanto rollo? Porque necesito que me tengan paciencia. Trataré de avanzar con éste y el resto de mis fic's en mi tiempo libre, pero no prometo nada (de hecho, nunca lo hago, precisamente por tiempo, jajaja). Así que pido de la manera más atenta que si van a pedirme la continuación, lo hagan amablemente. No sólo de fanfic's vivo yo (válgame, me eché una frase de Encuentro y Entrevistas con…, que por cierto, no he continuado).

Bien, ahora sí me paso a retirar. Es tardísimo y hay que levantarse temprano para ir a trabajar. Agréguenle a eso que tengo que acomodar ropa (tengo que ir formal, ¡y tanto que me gustan los pantalones de mezclilla…!) y ver lo que llevaré de comer… Me tardaré mínimo otra media hora en acostarme. Y prácticamente ya es jueves. Cuídense mucho, disfruten el verano (hemisferio norte) y el invierno (hemisferio sur) y nos leemos lo más pronto posible.