Capítulo 20: Confesión
Se asomó al balcón, teniendo las inmensas ganas de gritar. Había un atasco en la carretera, y el ruido del tráfico no le dejaba dormir. Observó desde su balcón la calle, apoyando el codo en la barandilla y la mano en su mejilla. Dos prostitutas, ordinariamente vestidas y enseñando todos sus "encantos", aprovechaban el atasco para dar sus servicios a los conductores.
Y al final del atasco, hubo una pelea.
- Está claro que la humanidad se corrompe a sí misma –murmuró Hao, suspirando, viendo tal escena.
Sonó un disparo de pistola y un grito desgarrador. En cuestión de minutos llegaban la policía y la ambulancia, asimismo, varios coches se dispersaron. Hao, harto de ver tantas tonterías que cometían los humanos, cerró la cristalera del balcón y se encerró en su minúscula habitación de su minipiso.
- Odio estar aquí –dijo con rabia el de cabellos largos, cabreado, que cogió un jarrón y lo rompió, haciéndolo añicos en el suelo.
El Espíritu del Fuego lo miraba desanimado y levitaba alrededor de su amo, iluminándole con un color rojizo como el Sol cuando va atardeciendo. El castaño cambió drásticamente su rostro, enmarcando una pequeña sonrisa; su espíritu se extrañó bastante.
- ¿Sabes de quién me acuerdo? –le preguntó éste, pero el espíritu ni respondió, más que nada porque no sabía hablar, sin embargo, Hao podía entender los posibles sentimientos de la esencia del fuego–. De Kimiko. Fue una gran amiga que tuve hace 1000 años, cuando fue mi época de onmyôji.
El Espíritu del Fuego echó humo y formó un signo de interrogación con él. Al estar en forma chibi, sus ojos eran muy expresivos, Hao pudo ver el desconcierto en esos ojos brillantes a la vez que curiosos.
- ¡Ah, es verdad! Por aquél entonces tú no eras mi espíritu acompañante, perdón –se disculpó el shaman, riendo.
Se acostó en la cama sin taparse con las sábanas, pues tenía mucho calor y sólo estaba en ropa interior. El Espíritu del Fuego se colocó encima de la lamparita de la mesita de noche y observaba a su amo con curiosidad.
- ¿Qué habrá sido de ella cuando morí? Ella era la única que me apoyó en todo… y la única que me creyó que yo veía espíritus… y a pesar de ello, Kimiko era una humana normal, sin poderes, y sin embargo me creía y me daba todo su apoyo –el chico cerró los ojos, intentando recordar su cara.
-------------------------Flash Back-------------------------
- ¡Dejadme en paz!
Hace mil años, en Izumo, donde el frescor de la brisa acompañaba el suave mecer de las hojas de los árboles, lleno de frondosa naturaleza, con casas humildes donde vivían sus humildes habitantes… en constante sumisión, gobernados por aquél tirano del pueblo, el supuesto jefe rico, el señor de aquellas tierras… Todo lo dominaba el monje Densen, tratado como "Excelencia" y viviendo como un señor rico.
Sus subordinados tenían que obedecerlo en todo, o si no… se tendrían que atener las consecuencias. Según muchos, este monje era cruel y despiadado, si algo no estaba de su agrado, castigaba sin piedad…
Ahora, el pueblo atravesaba tiempos difíciles, de pobreza, hambruna, apenas llovía y los campos estaban secos… Últimamente había procesiones… ¡de demonios! ¿Y quién era el culpable? Todos desconfiaban de un niño y de su madre, ya que ellos hablaban en la oscuridad… ¡son seres malignos!
En un bosque, situado en una pequeña colina, un par de niños golpeaban con piedras y ramitas a otro niño, que intentaba protegerse y defenderse como podía, pero al ser tantos que estaban en su contra, tenía muchos rasguños y heridas acompañados con hilillos de sangre y suciedad.
- ¡Dejadme en paz! ¡No me peguéis! –lloriqueaba el pequeño Hao.
- ¡Niño demonio! ¡No te queremos aquí! ¡Fueraaaa! –chillaba un niño, sacándose un moco y poniéndoselo en el pelo a Hao.
- ¡Niño maldito! ¡Vamos, muéstranos tu verdadera forma! –le tiraba piedras otro niño.
- Mi padre vio que su madre hablaba sola, ¡tu mamá es una mujer maldita también! –otro niño golpeaba a Hao con una rama larga y gruesa en la cabeza y en el cuerpo.
Hao no soportaba más, quería salir corriendo, pero los niños formaban un corro y no podía escapar. Creía que iba a ser su final, cuando escuchó una voz dulce y aguda.
- ¡Dejadle en paz, niñatos!
Los niños miraban a la niña, que estaba de brazos cruzados. El pobre Hao no le dio tiempo ni de mirar, estaba muy cansado, además que le dolía todo el cuerpo. Y también sentía vergüenza, ¡una niña! ¿¡Una niña le iba a salvar!? ¿No se supone que las cosas tendrían que ser al revés, que el niño rescate a la niña?
- Kimiko, este niño es un demonio. No te acerques a él, o te echará una maldición –dijo el niño gordito que estaba con el palo.
- Es verdad, y su madre también es una demonio –asintió un niño de escasa estatura y delgaducho, que fue el que se sacó el moco.
- Pero no tenéis derecho a pegarle, ¡es un niño! Y él no os ha hecho nada –dijo la niña, regañándoles.
- Pero seguro que sí lo hará –dijo el niño que tiraba las piedras–. Nos mandará demonios por las noches para que nos asustemos.
- Sois unos cobardes… ¡Fuera! –gritó la niña, enseñándoles una cara que daba miedo.
- ¡¡Nosotros no queremos saber nada!! –se fueron corriendo los tres niños, dejando solos a Hao y a la niña.
La pequeña se acercó a Hao y se inclinó ante él, preocupada.
- ¿Estás bien? –preguntó ella.
- S-sí –respondió Hao, levantando un poco la cara para mirar a su salvadora.
- Estás muy mal, mira lo que te han hecho… –dijo la niña, triste, mirando las heridas.
Hao, al levantar la cabeza, vio a una linda niña (quizás de su misma edad) de pelo negro brillante por los hombros, piel clarita y unos ojos bellísimos de color magenta fuerte. Éste último detalle dejó al pequeño Hao con la boca abierta. ¿Aquella niña tan dulce fue su salvadora?
Kimiko rompió parte de su kimono azul y violeta para hacer unas vendas para rodear las heridas con ellas. Cuando terminó, la niña sonrió.
- Sé que mi mamá se enfadará, o incluso me castigará, pero prefiero eso a que te mueras por esas heridas que te han hecho. Le costó bastante hacer este kimono, pero en fin… Me alegro de haber ayudado, a pesar de tener que… jajaja, mejor no sigo, jeje –sonreía la niña.
- Gra-gracias por ayudarme… –se sentía cohibido el pequeño Hao–. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
- Kimiko Katekawa –volvió a sonreír–. Me gusta mucho mi nombre, me lo puso mi mamá en honor a mi abuelita, que la pobrecita se murió de una enfermedad muy rara y ahora está descansando en el Cielo. De hecho, se murió a la vez que yo nací… ¿no es curioso?
- Sí… Pues… yo me llamo… Asaha Douji –murmuró Hao (en verdad, éste era su verdadero nombre y apellido, pero se los cambió cuando se hizo más mayor, desquitándose de su pasado).
- ¿Asaha? Jeje, que nombre tan curioso, jiji –reía la niña–. Bueno, me alegro mucho de conocerte, Asaha. Yo ahora me tengo que ir, le prometí a mi mamá que le ayudaría a cocinar, dice que quiere que sea la mejor de las mujeres de mi casa cuando sea mayor y me case.
- Sí… ¿vol… volveremos a vernos algún día? –preguntó él, agradecido y esperanzado, viendo cómo la niña se levantaba y se iba.
- ¡Sí, te lo prometo, nos volveremos a ver! –se despedía de él con la mano–. ¡Mucha suerte, Asaha! ¡Tú vales mucho!
- … –Hao sólo movía la mano, despidiéndola, algo triste porque se fuera.
-------------------------Fin del Flash Back-------------------------
- De niña era un primor… –contaba Hao, ensimismado en sus recuerdos–. ¿Uh? ¿Desde cuándo utilizo este vocabulario? Jeje, se veía a ojos vista que estaba aturdido cuando la vi… Pero el destino quiso que nos volviéramos a ver, después de la muerte de mi madre, de conocer a Ohachiyo, de asesinar a ese monje y trasladarme a otro lugar y cambiar mi nombre por el actual que tengo.
La esencia del fuego lo miraba con atención. Según relataba su amo, parecía ser que esa tal Kimiko… fue su amor del pasado.
- Se me nota que estaba enamorado de ella, ¿verdad? Creo que muchos de mis aliados pensarían de que nunca me enamoré, o que la descendencia que tuve fue porque sólo me acostaba con mujeres y las dejaba embarazadas… Sin embargo, mi caso fue distinto… Pero ella no fue nunca mi esposa. Mi casamiento fue con otra mujer que, aunque fuera hermosa, no la amaba. Una boda de conveniencia…
-------------------------Flash Back-------------------------
Kioto, capital actual del Japón, hace mil años. Muchedumbre iba de aquí para allá, viendo en los distintos comercios cosas que sean de su utilidad. Un joven de 15 años iba yendo por allí, mirando a la gente por encima del hombro, aunque también miraba con curiosidad. Leía las mentes de los demás con una agilidad asombrosa, aunque no le importaba mucho lo que pensasen.
Iba con un kimono blanco con bordes rojos, el pelo largo y un gorro alto negro. Podría considerarse normal, pero no lo era. Pues él estaba en una especie de escuela aprendiendo a controlar los dones que él poseía. Al parecer, él no era el único que podía ver espíritus, otras 10 personas como él podían verlos, y aquí no era visto como algo "maldito". Era el alumno que más potencial tenía de entre todos los alumnos, e incluso, hacía sus propias conclusiones y teorías, sus maestros se quedaban maravillados con él.
Empezaba a escribir en secreto "La Bitácora Mágica", ahí ponía los conocimientos que él sabía y otros nuevos que descubría él mismo y deducía. Desde que dejó Izumo, su vida era más llevadera y feliz. Ya no era un raro o un extraño… Además, con la mezcla del sintoísmo, la creencia y el culto de los kami, las recientes creencias populares y el chamanismo nativo… no era el niño maldito. De hecho, con el chamanismo nativo… él se podría considerar un shaman… pero en la rama de los onmyôji, sin embargo, él todavía era un aprendiz.
Y al parecer… los onmyôji estaban bien vistos en la sociedad. ¡Era totalmente perfecto!
Giró a la izquierda, mirando el cielo, cuando se tropezó con alguien. Ambos cayeron al suelo, con sendos dolores en el trasero. Hao también se caracterizaba por tener una educación muy respetuosa, así que se levantó y ayudó a levantarse a la persona que hizo que se cayera.
Levantó la vista y vio a una muchacha también de 15 años… Esos ojos, y esa apariencia… ¡Ya los había visto!
- No me lo puedo creer… –empezaba a decir Hao.
- ¿Asaha? –preguntó feliz la adolescente–. ¡Soy Kimiko! ¡Cuánto tiempo!
- Kimiko… –repitió su nombre, intentando recordar–. Es verdad, cuánto tiempo. Has cambiado mucho.
- Tú también n.n Estás muy guapo, Asaha.
- No digas eso –se avergonzó Hao, en la vida ninguna chica le había dicho eso–. Además, ya no me llamo Asaha. De ahora en adelante llámame Hao, Hao Asakura.
- ¿Por qué te has cambiado tu nombre y tus apellidos? –se sorprendió ella.
- Para que no recuerden mi nombre del niño maldito. Y a lo mejor creo que ni a la gente le debería de interesar que fui yo el que mató al monje Densen, ¿no te parece?
- Es verdad… Me enteré que fue él el que mató a tu madre… –susurró ella, apenada por lo ocurrido–. Es lógico que quisieras vengarte… Yo haría lo mismo en tu lugar. ¿Pero cómo pudiste matarlo, si eras un niño de sólo 7 años?
- Porque utilicé a un demonio en mi beneficio, y además él quería ayudarme –le murmuró al oído, para que nadie más escuchara.
- O-O ¿Un demonio? ¿Y no te dio miedo?
- Qué va, estaba seguro de lo que hacía… Ahora estoy aquí, en Kioto, especializándome en ser onmyôji. Y así puedo canalizar estos… dones que tengo y que me ha dado la naturaleza –explicó Hao, encogiéndose de hombros.
- Me alegro mucho por ti… Te merecías lo mejor. Ahora aprovecha que eres feliz, después de que pasó la tormenta –le sonrió la chica, retirándose el pelo hacia atrás (con los años, al parecer se lo dejó largo, hasta la cintura).
- Sí… Pero no hablemos de mí… ¿Por qué estás aquí, en Kioto? –preguntó Hao, curioso.
- Eso no creo que sea de tu incumbencia –dijo con supuesta "arrogancia", sacándose un abanico amarillo y aireándose con él.
- O.ó ¿Por qué te comportas así? Creía que eras una chica encantadora y amable…
- Sí, de las veces que me has visto –dijo con ironía la muchacha–. Recuerda que sólo nos vimos una vez, cuando esos niños te pegaban y te tiraban pedradas. Es una lástima que no vinieras a mi casa, a sabiendas que era tu vecina… ¬¬
- Es que… ni me atrevía a entrar. Solamente… os veía a ti y a tu familia en la distancia…
- Qué chico tan tímido, deberías de espabilarte más, ¿eh? –Kimiko se vio tentada en pegarle un coscorrón con su abanico–. Así nunca conseguirías tener una mujer en el futuro y que te diera hijos.
- No creo que, precisamente, ésa sea mi meta más ansiada. Los hombres tenemos que ser ambiciosos en la vida –comentó con orgullo Hao.
- Hombres… Cuándo cambiarán de mentalidad… –murmuró Kimiko en sus adentros.
- Te he escuchado ¬¬
- ¿Cómo es que me has escuchado? O.o
- Ejem, ahora estás pensando que… los hombres son unos vagos y las mujeres son las que lo hacen todo lo de la casa, cuidan de los hijos, de los maridos y de los familiares ancianos, mientras que los hombres no hacen nada y quieren tenerlo todo hecho por parte de sus mujeres… Qué bonitas palabras para nuestros oídos masculinos… ¿eh?
- "¿Me lee la mente?" –pensó la del pelo negro, alucinada.
- Y has pensado que si quizás leo la mente…
- O-O
- ¡Jajajajajajajajaja! –se reía Hao, con una mano en la barriga, habiéndole gustado jugar con sus poderes para leer la mente de la adolescente.
- Hum, mejor no pierdo el tiempo contigo. Tengo que comprar varias cosas. Ya que por fin salimos de Izumo y llevamos en Kioto 3 años, nuestra economía está empezando a ser muy favorable para nosotros… No voy entretenerme, tengo que ayudar en casa –dicho esto, Kimiko se dio la vuelta y se marchó.
- ¡Qué carácter! –le chilló Hao, todavía riendo.
- ¡Y a mucha honra! –le contestó ésta, haciendo un ademán con el abanico como despedida.
------------------------------Fin del Flash Back-------------------------------
Se sentó en la cama, agarrando las sábanas con fuerza. No quería recordar más, le hacía mucho daño, aunque no lo aparentase. Kimiko nunca volvería, nunca. Sólo existió hace mil años. Fue a la única mujer a la que amó y de verdad, sin embargo, nunca fue su esposa. Pero cómo le hubiera gustado que sí lo fuera…
Se levantó de la cama. Si con el atasco del tráfico no podía dormir, ahora tampoco. Decidió vestirse y dar una vuelta por ahí, para despejarse y olvidar a esa persona de su pasado. Rápidamente se vistió, cogió las llaves y se fue, dejando solo a su espíritu.
Apoyando su espalda en una de las paredes de un edificio, cerró los ojos. Tenía un nudo en la garganta y los ojos brillantes, a punto de llorar. Se le hacía extraño ahora llorar por una mujer. Ojalá pudiera desquitarse de su pasado, pero era muy difícil. 1000 años de experiencia de vida y en los infiernos no se olvidaban tan fácilmente…
- ¡Joder! –soltó con rabia una palabrota el shaman–. ¿Por qué… por qué estas lágrimas? Ella… ¡ella nunca volverá! ¡Eso lo tengo más que asumido! ¿Entonces… por qué tengo que llorar?
"Lloras por eso, porque sabes que ella nunca volverá", le dijo su subconsciente, Hao era consciente de ello, sabía por qué lloraba, pero quería encontrar un culpable a ese sufrimiento. Se quitó las lágrimas del rostro y, caminando, se perdió por las calles de Tokio entre la oscuridad de la noche.
Amanecía un día como cualquier otro, en la mansión Asakura de Funbarigaoka. Sin embargo, había un chico despierto desde hace media hora. Pensaba, mirando el techo, en lo que le dijo su prometida: el hecho de quedarse embarazada.
Volteó a ver su cara: vio una frágil mujer, como una muñeca de porcelana, con dorados cabellos como los ángeles. La abrazó, procurando no despertarla.
La verdad, y siendo sinceros, la idea de tener un bebé no era tan descabellada. Le gustaría tener un hijo de él y Anna… ¿Cómo sería? ¿Tranquilo como él o con el carácter de su mamá? ¿Tendría el pelo siempre despeinado como él, o por el contrario poseería el rubio cabello de la itako? Pensaba en llantos, en pucheritos, en risas, en biberones, en cunas, en pañales, en sonajeros, en ropita de bebé, en carricoches para llevar al crío a pasear, en papillas, en potitos, en juguetes y en las palabras agugutata, pa-pá y ma-má.
Sería grandioso ver la primera sonrisa, ver el primer diente, verlo o verla gatear por el suelo y los pasillos de la casa, ver que le crecería el pelo y la estatura, el enseñarle a andar y escuchar sus primeras palabras... Eso sí que merecía la pena verlo y vivirlo, con razón a los padres les da tanta ilusión criar y cuidar a un bebé, aunque fuese costoso y haya que tener un gran sentido de la responsabilidad, pero tendría todo eso una recompensa por educar a un crío, ¿no? Ser padre... y Anna sería la madre de su hijo o hija, el chiquitín o la chiquitina de ambos.
Sin embargo, a tan temprana edad… En aquello su novia tenía razón, si se quedase embarazada tan temprano, sería una ruina. Primero porque están en la universidad, estudiando para labrarse un futuro (aunque al shaman le parece un poco irónico, él no necesitaba trabajar porque ya tenía casi la vida solucionada con los millones que recibía cada mes, pero por si acaso…). Segundo, no tenían la madurez suficiente para afrontar la aventura de la paternidad/maternidad en ambos casos. Tercero, tener un bebé conlleva poseer una gran responsabilidad. Cuarto, el qué dirán, tanto sus amigos como su familia. Quinto… se tendrían que casar de inmediato, porque tener un bebé antes de casados para su familia era algo impensable.
Yoh suspiró… Tendrían que esperar hasta que estuviesen casados. Pero sería hermoso tener un bebé, y enseñarle las cosas que él sabía, jugar con él, ayudarle a entrenar como shaman, pasar las horas muertas tumbados en el césped del cementerio, ver las estrellas por las noches mientras tomaban un zumo de naranja, ir al parque de atracciones con él…
¿Y por qué pensaba que iba a ser niño? Bueno, pensándolo mejor, no lo iba ni a pensar. Lo que llegue, llegará, y no hay que adelantarse a los acontecimientos. Por ahora, había que pensar en otras cosas, no en bebés, que eso llegará en un futuro… pero quizás no muy lejano.
Anna empezaba a moverse de un lado a otro, despertándose. Yoh la apretó más entre sus brazos, sonriente, para que ésta supiera que estuvo con él. Sus ojos se abrieron poco a poco y vieron a un bobo Yoh con su risita particular. El chico le dio un beso en la frente con mucho mimo, como signo de "Buenos días".
- Buenos días a ti también, Yoh –dijo Anna, devolviéndole el beso, pero esta vez en los labios.
- Mi Annita, cuando te despiertas realzas tu título de "Bella Durmiente" –sonrió, cogiendo ambas mejillas y acariciándolas.
- Cursi u.u
- Jijijiji n.n
- Puff, al final nos acostamos, y eso que me negaba antes…
- Jeje, al final no te pudiste resistir… –le susurró al oído, abrazándola muy fuerte, para que se notara patente lo que hicieron la noche anterior a través del contacto de sus cuerpos desnudos.
- Obvio, tú que tanto insistías… Normal que cayera… Pero es que…
Yoh cogió el rostro de Anna para que lo mirara a los ojos. El motivo de la negación de Anna era porque no se quería quedar embarazada, y era lógico, siendo tan joven.
- Quiero hablar seriamente contigo de una cosa… –empezó a hablar el shaman.
- ¿Qué cosa? No me asustes…
- Me refiero a lo de que tienes miedo a quedarte embarazada, en otras palabras, a tener un bebé –aclaró el castaño.
- Ah, era eso –asintió débilmente la itako–. Creo que está más que comprensible, Yoh. Sabes perfectamente que si tenemos sexo es un riesgo que tenemos… Que yo tengo, pues sería la más afectada.
- Ya lo sé. Pero no podemos vivir con ese miedo, ¿me entiendes? Y ya sé que supone estar en riesgo, pero si siempre piensas de esa manera no disfrutarás plenamente de las relaciones que tengamos. No quiero que estés tensa o pensando en problemas, sino que nos queramos y disfrutemos lo que estamos haciendo y compartiendo, nada más.
- Vale, vale, lo sé. Pero si no ponemos medidas, tarde o temprano ocurrirá. Y no quiero tener un bombo tan temprano. Además, estamos acostumbrados a hacerlo sin medidas… Y si ponemos barreras físicas, pues ya nos resultaría raro…
- Sí, pero Anna… No pensemos más en ello, por favor, no te quiero ver angustiada. Si así lo deseas, de ahora en adelante no tendremos relaciones hasta que veamos cual será la solución para que no tengamos riesgos de cualquier tipo, ¿está bien? –la abrazó el shaman.
Sabía que eso de no tener relaciones quizás en el fondo haría estragos en el interior de Yoh, aunque fue él mismo quien lo había dicho. Pero, como casi siempre se afirma, los hombres son más propensos a pensar en sexo que las mujeres. Pensándolo fríamente, ella, para tener un hijo, no estaba capacitada. Ni ahora, ni más adelante. Si a ella le costó mostrar una pizca de cariño hacía meses, no sabía si con un hijo sería lo mismo. Ella sólo mostraba cariño hacia Yoh, pero a los demás casi nada, seguía siendo la misma Anna fría, dura y egoísta de siempre, sin expresión en el rostro.
¿Merecería la pena tener un hijo? ¿Le daría cariño y amor a un ser que dependía totalmente de ella? Aunque su compromiso tenía como finalidad descendencia para que continuara la estirpe de los shamanes, pero… ella seguía sin verse preparada y, además, no quería que la pobre criatura cargase con sus malos modos… nadie se merecía eso.
En el terreno de la maternidad estaba perdida. No tenía a ningún referente de quién fijarse, no sabía cuál era el amor de una madre por su hijo (porque nunca lo sintió en su propia piel), no tenía a ningún ejemplo a seguir. Estaba en la cuerda floja, no tenía un rumbo o un camino en el que alguien de confianza y sabiduría, en estos asuntos, le dijera "Por aquí".
Notó cómo unos brazos abrazaban su cuerpo y unos labios se posaban en su cuello, así que se giró y sus labios se encontraron con los de su prometido en un intenso beso.
- ¿Has salido ya de tu sueño? –preguntó Yoh, divertido, disfrutando del beso.
- Sí, bello durmiente –contestó Anna, haciendo una broma, aunque… ¿a qué venía eso, si Yoh no estaba dormido?
- Vaya, ahora te me has puesto graciosilla –dijo Yoh, sorprendido.
- Pues… digamos que todos tenemos nuestro lado oculto, que no solemos mostrar muy a menudo –comentó ella, soltando una sonrisita.
- Vaya… –musitó Yoh, aún sorprendido.
- ¿¡Quieres dejar de sorprenderte tanto!? –se exasperó Anna, cambiando su estado de ánimo.
- "Ya decía yo…" –pensaba el shaman, rodando los ojos–. Perdona, Annita.
Anna cambió drásticamente su cara, pensando de nuevo en lo anterior, y abrazándose de nuevo al castaño con preocupación.
- Yoh… Yo… no seré una buena madre –masculló la rubia, abrazando a su novio más fuerte.
- ¿Cómo? ¡No digas eso! ¡Es más, te prohíbo que lo digas! –le regañó el joven, separándose de ella–. Uno no sabe si será un buen o mal padre, o una buena o mala madre.
- Pero… –Anna se sintió mal por ello, encogiéndose de hombros.
- No, nada de peros. Ahora no podemos saberlo con certeza hasta el momento del nacimiento de nuestro primer hijo, pero estoy convencido de que el instinto maternal te llegará de inmediato. Ya sabes de sobra que me encantaría tener un bebé, y que no debes de tener miedo de criarlo. Porque no estás sola, yo estaré contigo para cuidarlo y amarlo. Tendremos a nuestro hijo cuando ya estemos casados y tengamos nuestra vida hecha y solucionada. Lo cuidaremos y lo llenaremos de mimos que él necesita. ¡Es más, te aseguro que seremos los papis más mejores y más molones del mundo mundial entero! –le enseñó una gran sonrisa en el rostro el chico y unos ojos llenos de seguridad y a la vez de ilusión–. Y recuerda, no estás sola, porque yo estaré contigo, como marido y padre responsable que seré en un futuro próximo.
- Eres demasiado positivo, creo que en realidad soy un estorbo para ti, ya ves que estoy llena de dudas y de negatividad –dijo Anna, mirando las sábanas y ocultando su cuerpo con ellas.
- Ya verás que todo cambiará y todo saldrá bien, no es necesario preocuparse por tantas cosas, es mejor mirar la vida con sencillez y tranquilidad, y afrontar las situaciones según como surjan –la abrazó con seguridad, provocando que las sábanas mostrasen los pechos de Anna hasta deslizarse y caer en su regazo.
¿Tanto miedo tenía? ¿Era algo tan grave pensar insistentemente en un embarazo que, por el momento, no era deseado? Aunque de todas maneras, ella no estaba embarazada, la idea de pensarlo hacía que tuviera una sensación de angustia irremediable. Sintió unos labios en su cuello, sabía que era Yoh porque se preocupaba por ella y quería darle seguridad con sus besos y su abrazo.
"Siempre estaré contigo, Anna, siempre" le escuchó decir con voz suave. Si eso era verdad, si él iba a estar con ella siempre, incluso en los momentos complicados, si él la defendiese a capa y espada según las circunstancias (si estaba embarazada y la familia se negaba, por poner un ejemplo) entonces no tenía por qué tener miedo. No estaría sola, tendría su apoyo y compañía, como estaba demostrando su novio ahora mismo.
- Gracias por todo, Yoh –dijo Anna, abrazándolo fuertemente como signo de agradecimiento.
- No me des las gracias, porque todo lo hago con gusto y porque quiero, simplemente, me sale del corazón –sonrió Yoh, dándole un beso en la mejilla–. Para mí lo más importante es que seas feliz.
- ¿Y por qué tanto empeño con eso? –inquirió Anna–. Tú también tienes que mirar por tu felicidad, ¿no?
- Jeje, es que cuando tú eres feliz, yo también lo soy n-n
- Esa respuesta no me vale mucho ¬¬
- Pues esa respuesta es la mejor que te he podido dar –mimoso, Yoh acarició su nariz con la de la rubia, sonriendo como siempre.
- ¿Y qué hacemos ahora? –preguntó la rubia, jugueteando con un mechón dorado de su pelo–. ¿Se te ocurre algo?
- Humm, pues no lo sé… ¿por qué lo dices? –el shaman se quedó extrañado por tal pregunta y que, encima, ella diga si se le ocurría algo… ¡si sólo se habían despertado!
- Lo digo pues para hacer algo juntos o no –aclaró ella.
- Ahh, vale –el tono de Yoh iba cargado de pasotismo, si por él fuera, se quedaría en la cama un buen rato.
- Bueno, yo me voy a ir levantando –Anna hizo un ademán como que se levantaba de la cama.
- ¿Ya? ¿Tan pronto? –confundido, Yoh cogió la muñeca de Anna e insistió en que se quedara en la cama, al menos, sentada.
- Sí, es que… voy a hacer mis cosas –respondió Anna, sin una expresión clara ni en sus palabras ni en su cara, haciendo que su novio dudara más todavía.
- ¿Cosas? ¿Qué cosas? –preguntó Yoh, ya lo suyo casi parecía un interrogatorio con tantas preguntas que tanto uno como el otro se dirigían.
- Eres un cotilla –rió la rubia con algo de sarcasmo–. Pues creo que me voy a dar un baño.
- ¿Un baño? –preguntó de nuevo el shaman.
- Sí –asintió Anna, de verdad, Yoh era un cotilla y sus preguntitas hacían que la sacerdotisa se incomodara.
- Ahm… Un baño… pues muy bien, ¿no?
- "Este niño no está pillando nada" –pensó Anna, pero siguió hablando–. Sí, y aún más cuando me voy a la bañera del segundo piso, tan grande que una persona puede estar a sus anchas y sin incomodidades de ningún tipo…
- Es verdad, casi se puede nadar ahí, jiji.
- "¡Ahhh! ¿¡Este tío es tonto o se lo hace!? ¡No está captando mis indirectas!" –Anna se estaba enfadando, y de veras–. Yoh, ¿qué harás tú?
- Ps… no lo sé –se encogió de hombros el chico de pelos castaños–. Quizás, dentro de un rato, haría la cama, me vestiría, iría a desayunar…
- "¡Es tonto!" –la itako sentiría que dentro de un momento a otro iría a estallar–. ¿Y no te darás una ducha o un baño?
- Pues tampoco había pensado en eso… –se atusaba la barbilla Yoh, pensando en la idea.
Anna lo miró como si quisiera asesinarlo con la mirada, sus ojos inquisidores hacían que el shaman estuviera verdaderamente incómodo. Tragó saliva con brusquedad, aquello no le gustaba absolutamente nada. ¿Tan aburrida estaba Anna que necesitaba de Yoh para entretenerse? ¿Y por qué, de buenas a primeras, dice que se va a dar un baño? ¿Por qué le pregunta si él va a hacer lo mismo?
- Es que acaso… ¿quieres que me bañe yo también? –preguntó Yoh como si nada, a lo mejor es que Anna quería que después de hacer el amor, lo lógico sería que los dos se bañasen por cuestión de higiene… ¿o no?
- ¡Yoh! Si he dicho que estaría en la bañera del segundo piso, en donde prácticamente cabrían DOS PERSONAS… –enfatizó la sacerdotisa, rodando los ojos de la exasperación.
- ¡Ahhh! –por fin, Yoh se dio cuenta del percal–. ¿Me estás queriendo decir que me bañe contigo?
- ¬¬ ¡Qué pocas luces, madre mía! ¡Pues claro que sí!
- Jeje, es que si hubieras sido más clara desde el principio y no dando tantos rodeos…
- ¡La simplicidad de los hombres! –se quejó la rubia, mientras el shaman sonreía con una gota en la sien–. Cómo se nota que las indirectas no surten efecto en vosotros…
- Pero una cosa, Annita –le advirtió Yoh, dándole toquecitos en la espalda para que ella lo mirase–. ¿Cómo haremos para que los demás no nos vean juntos en el baño? Ya que cualquier persona podría ir al cuarto de baño para hacer… bueno, ya sabes, sus necesidades y tal…
- De eso me encargo yo. Tú, mientras tanto, podrías ir acondicionando el baño para que, cuando llegue, nos podamos bañar sin retrasarnos más –decía Anna mientras se levantaba de la cama.
Para Yoh fue un gustazo ver a su prometida desnuda aunque fuera de espaldas a él. ¡Y su trasero era perfecto! ¡Sus nalgas redonditas también eran perfectas! Pero se dio cuenta de que Anna se iba a su ropero, así que el espectáculo se terminó. De todas formas, estaba en la habitación de Anna, así que él también tenía que levantarse o si no todo el mundo lo vería a él desnudo por el pasillo… Se levantó de la cama y cogió el pijama y se lo puso rápido y veloz, pero Anna fue más rápida que él al vestirse y se encaminó hacia la puerta, le murmuró a su prometido un "Date prisa, ve al baño ya" y cerró la puerta.
Encaminándose al cuarto de baño del segundo piso, encendió la luz y abrió el grifo del agua caliente. Pero no le parecía suficiente solamente agua y jabón, así que miró en un armario blanco de madera que había y empezó a buscar unas sales de baño para decorar el agua y que dejara buen aroma. Por suerte, había dos botes: uno de olor a rosas y otro de lavanda, pero prefirió coger el de lavanda. Echó unas cuantas sales en el fondo de la tina, suficientes para que coloreasen de un tono malva claro el agua. Asimismo, cogió jabón y empezó a hacer burbujas en la superficie del agua. El olor a lavanda le encantó y se sentó a esperar hasta que la bañera estuviese suficientemente llena de agua.
Pronto llegó la sacerdotisa con una sonrisa triunfal en el rostro y el shaman la recibió en el cuarto de baño con un beso en el cuello mientras la abrazaba. Anna se extrañó por el particular saludo que le dio su prometido, pero se encogió de hombros y con sus manos hizo que se apartase un poco.
- Hola de nuevo, jiji –la saludó Yoh, con su sonrisita particular.
- Ya he hablado con ellos –le anunció la rubia.
- ¿Y qué les dijiste? –preguntó él con curiosidad.
- Pues que yo me iba a dar un baño en el cuarto de baño del segundo piso y que yo te mandé a hacer un recado en el supermercado y que ibas a tardar como una hora o cosa así. Y les pedí que si se acercaban al baño lamentarían haberlo hecho –explicó Anna, sonriendo con malicia.
- Creo que lo que has dicho no ha sido una petición, sino una amenaza en toda regla, jiji –rió el shaman, imaginándose la escena.
- Se nota que me conoces, ¿eh?
- Por supuesto, eres mi prometida n-n
- Bueno, ¿quién lo hace primero? –puso sus manos en jarras mientras miraba de arriba abajo a Yoh.
- ¿Eh? O.o
- Que quién se desnuda primero ¬¬
- ¡Ahh! –parecía ser que hoy Yoh no pillaba las cosas al vuelo, estaba más despistado que de costumbre–. Humm… pues… no lo sé…
- Tú –dijo cortante la itako, señalándolo con el dedo.
- ¿Eh? O.o –volvió a repetir su expresión de desconcierto el castaño.
- Que te desnudes tú primero –le ordenó Anna.
- ¿Y por qué yo? –replicó Yoh como un niño pequeño cuando le niegan una golosina.
- Porque yo lo digo y punto –su voz sonaba con autoridad mientras su pose era altiva, como una sargento.
- Jooo –hacía pucheritos su novio, a ver si con eso cuajaba, pero no.
- Yo primera no porque tengo mis razones, además, ¿quién querías que lo hiciera primero? ¿El vecino?
- Eso ya no me hace gracia ¬¬
- Jajaja –reía Anna por la cara de perro enfadado que ponía su prometido.
- En serio, no me hace gracia que veas al vecino con otros ojos que no sean estrictamente vecinales…
- Qué tonto… era sólo un comentario, ahora no te vas a poner celoso, ¿verdad? –el tono que utilizaba Anna era de diversión, aquella ocurrencia de su novio le hizo demasiada gracia e incredulidad a un mismo tiempo.
- Qué va… Entonces, ¿yo primero? –preguntó Yoh, algo sonrojado, aunque de por sí esperaba la respuesta afirmativa de la sacerdotisa.
- Por supuesto –asintió Anna, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente.
- Bueno, si tanto insistes… lo haré –suspiró con resignación el Asakura, encogiéndose de hombros, preparándose para desnudarse.
Inmediatamente Anna se giró para no verlo, porque Yoh empezaba a quitarse el pijama (sí, no se había puesto otra cosa), primero la camisa y después los pantalones. Esperando a que Yoh se metiera en la bañera, la itako miraba detenidamente todo lo que su vista podía alcanzar a ver del cuarto de baño, el más amplio, con diferencia, de los demás que había en la mansión. Los azulejos, así como el suelo, eran de un color crema acercándose al beige, muy brillantes y reflejaban la luz de la bonita lámpara dorada adornada con cristales de Svarosky del techo. La ducha también era grande y una de las que más funciones tenía (distintos tipos de chorro con regulación de la presión, termostato para saber la temperatura con la que estaba el agua, etc.) de entre las demás de la casa. En un gran armario blanco de madera de un toque bastante glamuroso se guardaban los utensilios del baño como geles, champús, esponjas, pastas dentífricas, sales de baño, espuma de afeitar, maquillajes, cepillos y secadores… De todas maneras, tenía, en general, lo que tienen todos los cuartos de baño, sólo que con más capricho y más lujo. Miró el espejo y tuvo el horror de ver cómo Yoh se quitaba la última prenda e inmediatamente cerró los ojos con fuerza. No le hacía gracia ver, aún, el amiguito de su prometido que le hizo pasar dos buenas noches… ¿Cuándo tendrá el valor o la preparación suficientes para poder verlo? O… ¿para ir más allá de solamente mirar e ir a… hechos?
- ¡Annita, yaaaa! –le avisó Yoh, con voz algo infantil, metiéndose en la bañera y el agua y la espuma que hicieron las pompas de jabón mostraban poquísimo de su escultural anatomía.
Anna se giró sobre sus talones y miró a Yoh un tanto sonrojada, no por nada, la propuesta de bañarse juntos había sido de ella y no debía de echarse para atrás en ello. Se acercó al borde de la bañera, sentándose en ella, y el chico, con la mano mojada, acarició el hombro de Anna suavemente, invitándola a que ella también se uniera al baño conjunto. A la sacerdotisa no le molestó que le mojara un poco el hombro, pero sonrió de una manera un tanto nerviosa.
- ¿Qué pasa? –se extrañó su novio–. ¿No te vienes conmigo?
- Yoh, hazme un favor… No me mires mientras me quito la ropa –pidió la itako, todavía sonrojada.
- ¿Es que todavía no te sientes preparada para que yo te vea desnuda y tú me veas desnudo y bla bla bla? –adivinó el shaman, algo cansado por ese tema.
- Exacto. Y por favor, de momento, respeta eso –Anna estaba incómoda, no le hacía gracia en absoluto, parecía que Yoh no tenía sensibilidad para ello.
- Vale, me taparé los ojos si así lo deseas –aceptó a regañadientes y puso sus manos en los ojos, tapando su vista y Anna ganó algo de confianza para poder quitarse la ropa.
Lo que no sabía Kyôyama es que desde el mismo momento en que ella se giró y empezaba a desnudarse, Yoh veía casi con toda claridad cómo ella se quitaba la ropa y qué prendas eran las que se deshacía primero y cuáles eran las últimas. Claro, únicamente la veía de espaldas a él, pero aún así se contentó de verla de esa manera. El truco era que dejaba separación entre sus dedos para ver por las rendijas que creaban éstos y rápidamente podía cerrar el espacio formado para que Anna crea que no la estuvo mirando todo el rato que duró su desnudez, porque ella miraba de vez en cuando hacia atrás para ver si el shaman había cumplido su palabra de no verla. Pero… ¡ay! Hubo un fallo técnico por parte de Yoh y el escándalo fue monumental, encontrándose con la cara furiosa y enrojecida de la itako.
- ¡¿SE PUEDE SABER QUÉ ESTÁS MIRANDO, PERVERTIDO?! –gritó a pleno pulmón la afectada por el percance, ocultándose con una toalla parte de su cuerpo propenso a hacer estragos en la entrepierna de su prometido por culpa de las hormonas.
- A-Annita, fue sin querer… Se me estaban cansando los brazos de tenerlos en tensión y… –se escudaba en una excusa barata el joven de cabellos castaños.
- ¿Sin querer? –anonadada, Anna se enrolló la toalla por todo su cuerpo para poder moverse con mayor libertad, acercándose a la orilla de la bañera para cantarle las cuarenta a Yoh si fuera necesario–. Perdona, pero ver cómo me quitaba las bragas a través del espacio que forman tus dedos de la mano, pues no creo que sea por el "cansancio" de tus brazos.
- Anna, en serio, no lo pude evitar, la tentación era demasiado fuerte –se disculpó Yoh, siendo franco con ella.
- Pues menos mal que me viste de espaldas –bufó Anna, cruzándose de brazos–. Te hubiera matado su me hubieses visto por delante, se me caería la cara de vergüenza…
- Jejeje, ¿acaso tú no tuviste la tentación de mirarme un poquito siquiera? –preguntó Yoh, algo pícaro, y su novia enrojecía más aún.
- No –su respuesta fue tajante, aunque lo del espejo fue un accidente (según ella) pero no se lo iba a contar para nada.
- Vaya, pues entonces… a lo mejor más tarde tendrás la curiosidad, jijiji.
- En serio, Yoh, a mí no me hace gracia, así que no te lo tomes tan a la ligera y a pitorreo –lo regañó, bastante molesta.
- Está bien. Pero sabrás que la desnudez ni la podrás ocultar y ni la podrás evitar… conmigo delante o merodeando por aquí. Y sabes que si hacemos el amor, el riesgo es doble. Es una pena que no me dejes conocer tu cuerpo, jiji –reía Yoh, aunque era sincero en todas sus palabras, pero ya deseaba que ya no hubiese más ocultamientos.
- ¿No te acuerdas que te dije que cuando estuviese preparada, me verás con… todos mis "encantos"?
- Pero Anna, si seguimos así, te veré desnuda cuando ya estés con la pata estirada, o sea, muerta. Y ver unas pronunciadas arrugas no me va…
- Jaja, ¿tú crees que esperaría tanto como para ello? –dijo con una mirada maliciosa la sacerdotisa, haciendo que Yoh riera más–. Todas tus admiradoras desearían verte en paños menores, pero no pueden y yo, sin embargo, tendré ese privilegio… sólo te digo que seas paciente, nada más.
- Okey, como usted diga, señorita –suspiró Yoh con una sonrisa–. Esperaré el momento oportuno.
- Ahora, pervertido, cierra los ojos –frunció el ceño la rubia, poniéndose en jarras y acercando su cara a la de su prometido para que viera su expresión–. Voy a meterme. ¿Juras que no mirarás?
- Lo juro, palabra del Shaman King –puso una mano en el corazón el Rey de los shamanes.
Anna asintió con la cabeza, supo que a través de sus ojos el joven decía la verdad, e inmediatamente Yoh cerró de verdad de la buena los ojos y se los tapó con ambas manos. Sólo oía finos ruidos e intentaba imaginar las escenas que sucedían en el baño (más bien, lo que hacía Anna). La fina toalla caía sobre el cuerpo de la chica y su pie derecho se metió en la tina de la bañera y seguidamente el izquierdo, para luego sumergirse completamente en las aguas de la bañera totalmente perfumadas de lavanda y llenas de pompas de jabón que cubrían hasta su busto. Se colocó frente a él y le avisó de que estaba ahí tocando su pierna con el pie. Yoh quitó las manos de la cara y abrió los ojos lentamente, por si acaso, y se encontró a su Annita delante, con las mejillas teñidas de un precioso tono carmesí y los ojos brillando misteriosamente.
- ¡Bienvenida a la bañera deluxe! –exclamó con alegría el shaman, alzando los brazos abiertamente.
- Es… –murmuraba Anna, algo cohibida–. Es la primera vez… que nos bañamos juntos… así.
- Cierto, es verdad, jiji –se rascaba la cabeza el castaño, con su típica sonrisa–. Bueno, ¿qué hacemos ahora?
- Bañarnos, qué va a ser –la respuesta de Anna entonaba lógica–. En la bañera, una persona lo que hace es bañarse… ¡Qué pocas luces tienes, en serio!
- Jijiji, eso ya lo sé, Annita. La función que desempeña la bañera, es la de acoger a una persona para que se bañe –canturreó Yoh como lo hacían los niños del colegio cuando se tenían que aprender las tablas de multiplicar de memoria.
- Exacto –asintió Anna, cerrando los ojos y apoyándose en el respaldo de la bañera y respiraba profundamente, quería un poco de silencio.
Estaba totalmente hipnotizado por la sensualidad que emitía ese insignificante gesto: la cabeza de Anna yéndose hacia atrás lentamente, sus ojos delicadamente cerrados y suspirando hondamente. Sus hormonas querían hacer una cosa, pero su cabeza lo intentaba impedir a toda costa, el cuerpo quería avanzar hacia el de la sacerdotisa, pero la mente de Yoh lo paraba. El debate de cuerpo-mente se hacía en el shaman, era como si un mini Yoh vestido de diablo estuviera en su izquierda y otro mini Yoh de angelito a su derecha empezaban a discutir…
- "No lo perviertas más" –renegó el Yoh vestido de angelito al Yoh diablo.
- "¿Pervertirlo? ¿Acaso no sabías que era su lado oculto?" –rió el diablillo.
- "Pero Yoh es inocente y puro" –defendía al shaman con todas el ángel–. "Lo que pasa es que te aprovechas de que por fin tiene novia y es la época de las hormonas…".
- "Es mejor que no se aguante. Está desesperado" –se excusó el diablo.
- "Yoh prometió que no lo haría más con su Annita, porque tiene miedo a quedarse encinta y pensarían mejor cómo hacer para que no lo estuviese, ¿o no te acuerdas?" –le hizo recordar el Yoh ángel, tentado en sacar una flecha para hincársela en el trasero del Yoh diablo.
- "No me acuerdo. Además, seguro que a las mujeres se le olvidan ese tipo de cosas en un pispas".
- "¡Eres un diablo!."
- "Lo soy, jijiji".
- "Te voy a…".
- ¿Yoh? ¿Qué te ocurre?
El diablo y el ángel desaparecieron de repente en una nube grisácea mientras Yoh sacudía la cabeza, pues Anna le había llamado por su nombre y él estaba bastante entretenido en escuchar y ver la pelea que se entablaba entre sus mini-yos. Sólo acertó a sonreír como de costumbre y a encogerse de hombros. Sin embargo, Anna lo miraba con extrañeza e incertidumbre.
- No es nada –le aseguró el shaman con una sonrisa–. Solamente que ando pensando en mis cosas.
- ¿Seguro? –inquirió la sacerdotisa, insistiendo en ello.
- Segurísimo –asintió Yoh, sonriendo tontamente–. Por cierto, ¿estás a gusto aquí?
- Pues… no lo sé. Sólo te digo que es algo nuevo que nunca se me pasó por la cabeza –confesó ella, tocando con el dedo una pompa y explotó.
- Algún día pasaría, somos una pareja, jiji.
- Ya… –volvió a suspirar ella, cerrando los ojos de nuevo, pero con los oídos atentos a cualquier comentario de su prometido.
Pero no habló, sino que actuó: como Anna había dejado un espacio entre su espalda y el borde de la bañera, Yoh, con movimientos casi inaudibles y sigilosos, cambió de posición, yéndose por los bordes con el máximo cuidado hasta que se puso detrás de su prometida. Rió internamente, la chica no se había dado cuenta pues todavía estaba con los ojos cerrados. Aprovechó la ocasión, ya que se le ocurrió una idea, y ésta se basaba en coger la esponja que usaba su prometida en el baño, ponerle gel de baño e ir directamente a su objetivo… la suave espalda de Anna Kyôyama. La sacerdotisa dio un respingo de la sorpresa y abrió los ojos desmesuradamente casi del susto, no se esperaba para nada aquello.
- ¡Yoh! ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo? –inquirió la rubia, algo molesta.
- Pues nada, que… ya que no decidíamos a hacer nada, pues yo sí decidir hacer algo, "Señorita Pocas Luces" –sacaba la lengua Yoh, divertido.
- ¡Ey! –le dio un codazo por el apodo, aunque al shaman no le hizo daño en absoluto.
- Jajaja, tampoco es para tanto, mujer. Además, tú me dijiste que tenía pocas luces y yo creí conveniente decirte que en este momento has tenido pocas luces también, ya que no se me ocurría nada… y ahora ya ves que sí –Yoh seguía con la esponja en la mano y en la espalda de la sacerdotisa, pero no se decidió a moverla aún.
- Así que vas a frotarme la espalda…
- Sí –asintió él ilusionado–. Y ahora quiero que te relajes y no pienses en nada más, que yo me encargaré que estés lo más a gusto posible.
- Está bien… me dejaré llevar por este momento de relax –Anna cerró los ojos, aceptando la propuesta de que le limpiase la espalda.
Yoh decidió mover su mano y empezó con la esponja a desplazarla por la espalda de la sacerdotisa, comenzando por el cuello, luego los hombros, la columna vertebral y por último los costados. Y todo ello con suavidad y lentamente. La rubia itako parecía estar en el paraíso, era súper agradable y placentero, jamás se imaginó una cosa así. Incluso soltaba suspiros de agrado, su cara lo decía todo, con esa sonrisa de felicidad. Para su desgracia, Yoh había terminado con ello, hizo un pequeño puchero, fastidiada, quería un poquito más. Aunque no se esperó que su prometido la abrazara por detrás, le mordisqueara delicadamente la oreja derecha con picardía y la besara en la mejilla con mucha afectividad y amor.
- Te amo –le susurró al oído el castaño, acariciando el vientre de la joven con sus dedos y envolviéndola en un cálido abrazo.
- Lo sé –sonrió ella, era agradable estar apoyada en el magnífico y mareante torso de Yoh. Decir "Te amo" era casi un habitual, aunque no lo empleaba mucho, total, ya sabían ambos que se amaban, pero por parte de ella decirlo le costaba todavía, sin embargo, con Yoh era total confianza. Respiró hondo, dispuesta a contestar–. Yo también te amo.
- Me alegro mucho –Anna notaba el aliento de su prometido en el cuello, absolutamente todo era agradable–. Bueno, el agua se está poniendo fría, voy a echar un poco de agua caliente.
Anna se apenó porque Yoh deshizo el acogedor abrazo en el que estaba envuelta, es como si se fuera de su lado, de hecho, no estaba detrás de ella pues se dirigía a donde estaba el grifo para abrirlo y entrase el agua en la tina el agua caliente. Como su prometido estaba ocupado comprobando la temperatura del agua de la bañera, Anna estaba pensando bastante qué podía hacer en ese momento. La verdad, le agradó muchísimo el gesto de su prometido en enjabonarle la espalda, así que tenía que agradecérselo de alguna manera… Rió para sí, ya lo tenía. Mientras Yoh estaba ocupado, Anna cogió la esponja de su novio y le echó el jabón de baño para el cuerpo. El shaman cerró el grifo y Anna aprovechó el momento para hacer lo mismo que él le hizo a ella. De la sorpresa, el castaño reaccionó de igual manera que su prometida, pero inmediatamente se relajó y se dejó hacer, disfrutando de aquello.
Estaba observando el torso desnudo de su novio por detrás, sus hombros, su espalda, los músculos que conformaban todo su tronco estaban relajados… Veía lo bien formado que estaba, su piel del color de la canela y era suave también, los brazos musculosos de los entrenamientos mandados anteriormente… ¿Perfección? Bueno, para ella lo era, aunque si bien la perfección no existía en los humanos… puede que alguno tenga la excepción. Oía unos suaves gruñidos por parte de la boca del castaño, lo disfrutaba mucho, y ella sonrió y se sonrojó. Estaba embobada, aunque no quería reconocerlo, estaba encantada con el cuerpo tan sexy que poseía Yoh y que le atraía y excitaba tanto, aunque intentaba comedirse a pesar de ser ésta una situación tan íntima. Le hipnotizaba su cuerpo tan atractivo, era tan… tan…
- Perfecto –murmuró Anna, con las mejillas sonrosadas, frotando la esponja en la espalda de Yoh por más tiempo aunque sabía que su cometido ya había terminado.
- ¿Eh? –preguntó el shaman, algo sorprendido–. ¿Qué has dicho, Anna?
- Que… –Anna tragó saliva, para su horror el chico la estaba mirando y se giró, ya no podía darle más por la espalda con la esponja así que dejó que flotara en el agua y se encogió de hombros, odiaba que Yoh la viera tan sonrojada y tímida–. Que tú… eh… que… quiero decir… bueno… yo… que… ¡ah, qué más da!
- ¿Qué pasa, Anna? –volvió a interrogar él, curioso y a la vez divertido al ver las reacciones tan extrañas en su novia.
- Nada –negaba con la cabeza la rubia, odiaba tartamudear cuando estaba nerviosa, pero… ¿para qué engañar a Yoh? Esperaba que no se pusiese tan rojo o más que ella–. Que… tu cuerpo… eh… que eres perfecto… para mí.
- Oh –Yoh se puso colorado, Anna se refería a que el cuerpo de él era perfecto, resultaba demasiado halagador, pero Yoh no quería que Anna se incomodase demasiado–. Eh… tú también… Me gustas mucho y… tu cuerpo es muy… bonito.
- … –la sacerdotisa se quedó muda. ¿Un cuerpo bonito y perfecto el de ella (a su entender)? No se atrevía ni de darle las gracias, más que nada porque no le salía de su boca pronunciar palabras de agradecimiento.
- Para mí también eres perfecta –sorpresivamente Yoh la volvió a abrazar, poniendo más colorada a Anna (si es que eso era posible).
No había tranquilidad, ni tampoco paz… en el ambiente se respiraba tensión, una tensión bastante fuerte… y de índole sexual. Querían amarse, desearse y entregarse, pero no podían en ese momento, podían descubrirlos y había que acordarse de lo que dijo Anna a Yoh… Sucedía tal atracción mutua entre ellos que no pudieron reprimir un beso en los labios. Un suave pero ansiado y húmedo beso en los labios, tal era el ansia que ambos sentían…
Media hora estuvieron así, o quizás más, no sabían ni la hora, pero ni falta les hacía, sin embargo, de ahí no pasaron. Yoh sabía que ahora no era el momento de tener un revuelco con la sacerdotisa, además, recordaba que Anna no quería nada de "más allá de unos besitos" con el shaman, para tortura de él. Cuando la esponja de Anna irrumpió entre los dos cuerpos, ambos soltaron una risa y decidieron que terminarían el baño. Se lavaron y enjuagaron, Anna salió la primera de la bañera con su albornoz y su toalla y después el castaño (los dos procurando no mirarse cuando estaban saliendo desnudos de la tina, obviamente). Tuvieron que jugar a "piedra, papel, tijeras" para ver quién se hacía con el secador del pelo, Yoh apareció con un chichón a los pocos segundos porque le recriminaba a Anna que hizo trampa (según él).
A los pocos minutos salieron del baño, mirando a ambos lados del pasillo por si venía alguien, pero por suerte no hubo moros en la costa. Antes de despedirse para ir a sus respectivas habitaciones, se dispusieron a hablar…
- Hace tiempo que no me he puesto pantalones, creo que hoy me voy a poner unos que tengo…
- Jejeje, me parece muy bien. Si estás preciosa con todo lo que te pones –le acarició la barbilla su prometido.
- ¡Yoh! –se sonrojó violentamente la sacerdotisa, dándole un pellizco en la mejilla izquierda–. Por favor, deja de ser tan cursi.
- No lo puedo evitar, jijiji –se tocaba con la mejilla adolorida, aunque sonriendo como le era costumbre–. Me encanta la historia de amor que estoy viviendo contigo que parece un… ¡Ay! ¡Annita, deja ya de pellizcarme!
- Me voy a vestir –dijo cortante, haciendo énfasis en el último pellizco que le proporcionó al castaño: en el muslo derecho, cerca de la ingle–. No tardes, ¿te queda claro?
- Sí… –suspiró Yoh, con una mano en la mejilla y otra en la ingle, mientras su novia se marchaba-. ¿Por qué le ha dado la manía de pellizcarme?
Evidentemente, como se hizo la pregunta a sí mismo, no obtuvo respuesta, sólo le contestó el silencio del pasillo, así que con la mejilla y la ingle adoloridas se dirigió a su dormitorio a cambiarse para no ir andando todo el rato con la bata de baño. Bajó por las escaleras, una vez que terminó de vestirse con unos vaqueros oscuros y camisa color mostaza, con una sonrisa en la cara y con las zonas pellizcadas más aliviadas. Sus amigos estaban hablando animadamente sobre algo curioso que no cabía a entender, por ende, se sentó en el sofá a remolonear un pequeño rato pero a la vez observándolos vagamente con la mirada. Pilika y Len estaban cogidos de la mano a la vez que desayunaban (como todos) sus cafés, sus leches o chocolates acompañados de tostadas o bollería industrial. Horo miraba con cara de pocos amigos a los pilluelos enamorados, que de vez en cuando se apretaban más fuerte las manos, o se las acariciaban disimuladamente con los dedos, sin perder el contacto. Tamao estaba hablando alegremente con Fausto, Manta y Jun, que cuando terminó la película se fue al hotel donde se hospedaba, pero de nuevo estaba ahí, charlando animadamente a la vez que desayunaba unos bollos en forma de media luna rellenos de crema y nata. Ryû no seguía demasiado la conversación, estaba más atareado con un dilema en el que se estaba debatiendo su deseo: ¿mermelada o mantequilla para untar sus tostadas? Y Lyserg estaba mirando el periódico de hoy mientras saboreaba magdalenas, previamente mojadas con su vaso de leche chocolateada.
Yoh se dio cuenta de que no había desayunado, pero en ese momento no le rugía demasiado el estómago como para ir pitando a la cocina a hacerse algo para el desayuno. Prefería quedarse en el mullido sofá de cuero, que estaba a gustito y cómodo, y no quería reemplazar su ansiada comodidad por el hecho de llevarse algo a la boca. Al poco tiempo, su vista se vio turbada por dos piernas cubiertas por un pantalón negro de cuero. Perezosamente levantaba la cabeza hasta encontrarse con la mirada de su querida Annita, que no estaba muy de humor en aquel momento. También se dio cuenta que tampoco ella había desayunado, ya que ambos se despertaron en la misma habitación y se habían bañado juntos, es decir, habían hecho las mismas cosas. Si el pantalón de cuero negro era una delicia para los sentidos porque marcaba muy bien las caderas y las torneadas piernas de la sacerdotisa, el top gris perla que se a taba a la espalda, palabra de honor, sin mangas y con un pulcro lacito blanco debajo del busto… ¡provoca el delirio!
Sí, las hormonas iban a ser muy crueles con él en el día de hoy… y más si Anna ahora se estaba sentando a su lado, así que Yoh tuvo que incorporarse sin más remedio, dejando de tumbarse en el sofá. El prometido de Kyôyama se acercaba a ella y le pasaba un tímido brazo por los hombros mientras le hablaba, aunque no prestaba mucha atención pues miraba fija a los demás inquilinos de la mansión, que en su mayoría estaban desayunando.
- Ya sabía yo… que con cualquier cosa estabas preciosa –dijo Yoh como si nada a la itako.
- … –Anna prefirió ignorarlo, no le gustaba mucho que le dijera que era preciosa y esas cosas, pero a la vez sí, era bastante contradictorio, a decir verdad.
- Eres hermosa –siguió adulándola el shaman, pero esta vez sacándole la atención con un beso en la mejilla.
- Yoh, por favor, que nos pueden ver –lo regañó, hablando por fin.
- Si están pendientes de comer el desayuno que ni siquiera se han dado cuenta de que estamos aquí, sentaditos en el sofá –rió flojamente el castaño, acercándose más a ella para abrazarla, y lo consiguió.
- Si nos ven, será por tu culpa.
- Y también tuya por dejarte abrazar, ya que estamos –dijo sonriente el Asakura, disfrutando del abrazo y oliendo el cuello de Anna, impregnado de un rico perfume de olor a rosas.
- No tienes remedio –bufó la rubia, indirectamente no supo que Yoh la puso entre las piernas y que Anna se sentó en ellas, como una nena sentada en las rodillas de papá, sólo que estando frente a frente.
- Claro, porque todavía no han hecho un medicamento eficaz para mi enfermedad, jijiji –chisteó el shaman, abrazándola otra vez, exponiéndose al riesgo de que lo vieran así de tierno con su prometida.
- Vaya chiste más malo, si es que eso se le puede llamar chiste –Anna tenía un tic nervioso en el ojo izquierdo, cada vez la situación le gustaba menos.
- No soy un gran cómico, pero puedo aprender, jejeje –rió el castaño–. Vaya, cómo se nota que noto en falta a Chocolove, lleva demasiado tiempo en América…
- ¿Tú no querías estar mimoso conmigo? –inquirió la muchacha con perspicacia, preparando dos dedos para pellizcar otra parte de la anatomía de Yoh–. Pues entonces no metas a Chocolove en la conversación.
- Hey, eso sí que me gusta más…
Yoh no dejó que Anna replicase algo o hablase, directamente su boca se posó en los labios de la sacerdotisa, sellando un beso, a la par que abrazaba cariñosamente a su amada itako. Como era de esperar, los ojos de la sacerdotisa se abrieron de par en par de la sorpresa, enseguida sus mejillas adoptaron un color carmesí intenso, y más aún cuando su prometido la acercó mucho más a él, con las manos posadas en su fina cintura y acariciándola. La conciencia de Anna, sin embargo, no actuó, por lo tanto no hubo tiempo de darle una cachetada, un puñetazo, un pellizco, un empujón o un grito de los que se oiría hasta en Brasil. El cuerpo fue el que tomó la decisión de dejar correr esa ocasión de supuesto "romanticismo" y "comodidad", así que los besos siguieron, y siguieron, y siguieron… aumentando, por así decirlo. Más peligrosas eran las acciones que hacía Yoh, por ejemplo, acariciar los muslos de Anna, pero por lo pronto a ninguno de los dos les importaba o incomodaba…
Manta terminó de desayunar y su mirada se fijó en aquella escena tan… inusual. Su boca tocó el borde de la mesa, mientras sus ojos se pusieron en blanco en un primer momento, pero después pasaron a salírsele de las órbitas, como cabía esperar, además, su cuerpo estaba paralizado de pies a cabeza. Fausto, preocupándose por el estado de salud de su pequeño amigo, intentó que reaccionase pasándole una mano por su campo de visión, pero no servía, así que miró en la dirección que miraba su amigo, y… Fausto tuvo la misma reacción, pero era más escalofriante y parecía más loco y aterrador. Y así siguió la cadena… hasta que todos miraban fijamente a la mimosa pareja situada en el sofá en una actitud demasiado "tierna". Horo Horo tenía unos impulsos casi incalmables de chillar (o chillarles, a la pareja en cuestión) por tal situación inédita e inusual, estaba extasiado y excitado a un mismo tiempo, era como si estuviese viendo una película bastante interesante en la que se esperaría que los protagonistas empezasen a quitarse la ropa y hacerlo encima del sofá. Ni siquiera Len y Pilika habían llegado a tales extremos a los cuales estaban llegando Anna y Yoh, Tamao estaba sorprendida y algo incómoda (pues, todavía muy en el fondo, sentía algo por Yoh e intentaba a toda costa olvidarse de aquellos sentimientos platónicos por él), a Ryû se le erizó el tupé de una manera estrambótica y extravagante y Lyserg intentaba tomárselo con calma y pensar que estas cosas eran normales en una pareja de enamorados. Pero como la situación que estaban viendo no era nada normal cuando Yoh y Anna estaban delante…
En un pequeño momento, el shaman de cabellos castaños abrió los ojos… para su horror, todos le estaban mirando, no sólo a él, sino a lo que hacía en común con su novia. Paró de besarla, con cara de estupefacción y asombro, además de un color impregnado en rojo, y la quitó de su regazo. Anna le gritó un "Tonto", enfurecida, pues quería saber porqué, de golpe, la había alejado de su lado con tanta brusquedad y sin venir a cuento. Al analizar el rostro de su compañero, giró la cabeza en dirección al frente. Podía imaginarse en la cabeza la canción de la película "Tiburón" mientras diría "¡Socorro!" bien alto, claro y fuerte. ¡Qué pesadilla! ¡Qué vergüenza! ¡Estaban todos mirándolos!
- Eh… ¡Bienvenidos a la Tierra! –exclamó Horo Horo, con un tono muy alto y chillón.
- Esto… hum… –a Yoh no le salían las palabras y a Anna menos todavía.
- ¿Hemos interrumpido algo? –preguntó el ainu, aunque la respuesta era más que evidente–. Vosotros podéis seguir, así todos nos entretenemos con algo interesante que mirar.
- ¡Horo Horo! –le regañaron todos los demás, Horo Horo a veces llegaba a ser tan impertinente…
- ¿Qué he dicho? ¿A que no era interesante? ¿A que nunca jamás habéis visto así de… "cariñosos" a estos dos? –se excusaba el peliazul, señalando a los inculcados en el caso vergonzoso.
- ¡Y eso qué tiene que ver! –exclamó con voz ahogada Manta, algo acalorado sin saber el porqué, aunque desgraciadamente le venía a la cabeza la situación del sofá de cuero en vacaciones de Navidad entre Yoh y Anna y se coloreó más su cara.
- Si son novios… sería normal, ¿no? –dedujo Lyserg, intentando salvar a la pareja.
- Todos lo sabemos… ¿¡pero es que delante de nuestras narices acaso han hecho eso!? ¡Ese ímpetu! ¡Ese regodeo! ¡Esa pasión, nenes, esa pasión! ¿Acaso los habéis visto así? –todos los presentes negaron con la cabeza, aunque Manta tenía cara de "Culpable" ya que los vio en una situación parecida, mientras Yoh y Anna tenían la cara de mil colores–. ¡Si parecía que lo iban a hacer ahí mismo!
- Eso tampoco es, Horo Horo –Len salió en defensa del dúo de enamorados, con su usual sensatez–. Mantén un poco de seriedad. No creo que Yoh y Anna sean tan tontos como para no saber que estamos delante de ellos y que empiecen a hacer ese tipo de cosas delante de nosotros.
- ¡Todo esto es por tu culpa, Yoh! –le recriminó la sacerdotisa al shaman, mirándolo casi con odio, y todos dejaron de cuchichear y atender a Len para pasar a escuchar a la rubia y a lo que tendría que decir el shaman.
- ¿Mi culpa? ¡No es mi culpa! –se defendía el muchacho, intentando no acobardarse por las atacantes miradas de su novia–. Te recuerdo que tú te has dejado abrazar, que lo sepas. ¡Y te lo dije!
- ¡Tú y tus tonterías! Te dije que nos iban a ver y tú "Ohhh, qué nos van a ver, si están pendientes de desayunar…". Ya sabes que no me gustan este tipo de cosas en público porque… ¡mira lo que pasa!
- Lo curioso es que… desde cuándo se comportarán tan… apasionadamente –se rascaba la barbilla Horo Horo, pensativo.
- ¡Tú no te metas! –le gritaron los dos al ainu, que enseguida se calló y en su cabeza se asomó una gotita.
- ¡Y para más inri, me acariciabas casi como un poseso… y en mi trasero! ¡Imagínate lo que hubieran pensado! ¡Eres un pervertido! –mientras chillaba, la cara de Kyôyama era más roja.
- ¡Ya te he dicho que no soy ningún pervertido!
"Ding dlong". Llamaban a la puerta, haciendo que la conversación entre una y otro se cortase, todos miraban a la puerta de entrada y Anna, muy altivamente, decidió abrir la puerta y así pensaría qué decirle a Yoh, o la manera de humillarle frente a todos. Intentó que su cara crispada se calmase, carraspeó y abrió la puerta con no mucho ánimo, mientras los demás se acercaban para ver a la nueva visita y la persona que interrumpió aquélla discusión.
- ¡Hey, hey, heyyy! ¡I'm very happy to see you!
Todos se quedaron con la boca abierta y los ojos como búhos mientras un alegre y moreno Chocolove les sonreía con todos sus dientes y hacía una pose un tanto extraña del repertorio de su baile de "La Cabra Loca" y decía "Que la Brisa de la Risa les llegue a todos" y Mic le gruñía la gracia.
- ¿Qué les pasa a todos ustedes? ¡Tienen unas caras demasiado largas! ¡Les voy a contar un chiste que de seguro les va a encantar de lo lindo! –rió el afroamericano mientras buscaba en su mochila un disfraz.
- No… otro chiste no –murmuraba Len mientras se tapaba la cara con las manos pero parecía que Pilika estaba muy interesada como Tamao.
- ¡Chiste de bienvenida recién sacado del horno! Bueno, ahí tienen: En un lindo prado estaban dos chiquitas ovejitas jugando a la pelotita. Pero… una de las ovejitas tiró la pelotita muuuuuy, muuuuuy, muuuuuuuuuy leeeeejos. ¿Y qué pasó? Pues que la ovejita que tiró la pelotita dijo "Beeeeeeee" y la otra ovejita le dijo "Beeeee, túuuuuu" –contaba Chocolove el chiste, con su típico acento y vestido de oveja, esperando una carcajada monumental por parte de su público.
Se hizo el extremo silencio, sólo se oían a las chicharras que anunciaban el comienzo del verano, pero… Tamao y Pilika reaccionaron con unas risas que parecía que les iba a dar algo, mientras Len sacaba su cuchilla y le llamaba "Miserable" a Chocolove y le lanzaba a los aires con un hilillo de sangre en la nariz, lastimando al pobre comediante. Los demás, pues, seguían igual. Una vez que Chocolove cayó al suelo, Len siguió con su tarea de maltratar a su amigo y Horo Horo se unió a la causa, y así, entre varios "Kaukau Puriwenpe" y "Ataque de la Cuchilla Dorada" los demás estaban observándolos con una bolsa de palomitas de maíz.
- ¡Ay! ¡Ya está bieeeen! ¡Ya está bieeeeen! ¿Así es cómo me reciben? ¡Desagradecidooooos! –chillaba Chocolove, con sangre, heridas y chichones por todo el cuerpo, que parecía un muñeco vudú deforme.
- Te echábamos de menos, pero no tus chistes –le confesó Len, mirándolo altivamente.
- El chiste que has contado no ha tenido ni una pizca de gracia –se cruzó de brazos Horo Horo.
- Pero veo que cumplí mi cometido –sonrió Chocolove, al ver que Pilika y Tamao seguían riendo por el chiste y las señaló, dejando perplejos al ainu y al chino–. Así que triunfé con mi chiste, jeje.
- Tu hermana tiene unos gustos muy raros –murmuró Len a Horo Horo.
- ¿No eres su noviecito? –Horo parecía bastante incrédulo por aquel comentario–. Creía que lo sabías…
- Chocolove, no te quedes ahí en medio de la carretera que cualquier coche te puede pillar, y si estás tumbado, pues peor me lo pones, jijiji. ¡Vamos, entra! –le invitó a pasar Chocolove mientras la mirada asesina de Anna le recordaba que la conversación que tenía pendiente no se había terminado.
- ¡Yoh, de buen agrado lo haría, pero estos mensos no me quieren dejar con sus mugrientos pies pisando mi cuerpecito moreno! –la redonda nariz de Chocolove echaba humo, con una vena palpitando en su sien.
- ¿Mugrientos? –la boca de Horo Horo hacía un tic muy raro en el lado izquierdo–. ¿Quieres guerra, Conguito?
- Chicos, por favor, dejad al pobre Chocolove, que ha acabado de venir –se acercó a ellos Pilika, tendiéndole la mano al chico de color para que se levantara, ofreciéndole ayuda.
- Hummm –carraspearon a la par el ainu y el de ojos ambarinos, pues no estaban demasiado conformes y no les gustó la intervención de su hermana/novia–. Está bien.
- Menos mal, andaba deseando que esto se acabara. No más miren cómo me maltratan estos desgraciados, no son ni un poquitín amables conmigo, soy el único compañerito que les anima con sus chistes…
- ¡Son unos chistes malísimos! –gritaron a una Len y Horo.
- Pero la intención es lo que cuenta, ¿no?
- ¡No tiene eso nada que ver, son malísimos!
- ¡Dejad de discutir! –salió a la palestra la itako–. Esto no es una bienvenida ni nada, si bien Chocolove no ha estado acertado con ese chiste más malo… pero ha regresado y creo que todos deberíamos de recibirlo con los brazos abiertos…
- Anna… Banana –murmuró Chocolove, sorprendido, con ojos llorosos.
- ¡No me vuelvas a llamar así! –le enseñó un puño amenazante en sus narices.
- Jejeje, perdón, perdón –se intentaba disculpar el moreno.
- Entremos, ¿no? Jijiji –la típica risita del japonés de pelo castaño emocionó de sobremanera al afroamericano.
- ¡YES! –chilló Chocolove, alzando un puño al aire mientras se colgaba del cuello de Yoh.
Podría haber pensado en lo peor, pero quizás Anna no quería continuar con la conversación ya que todos estaban pendientes en recibir al nuevo (aunque no tan nuevo) inquilino de la casa. Ayudaron a Chocolove con su equipaje y su habitación, y Tamao se veía inquieta, pues ya empezaba a hacerse tarde y tendría que hacer la comida, añadiendo que había una boca más que alimentar. Entre algunas ayudas de Pilika, Jun y Ryû, la comida se hizo en un tris-tras.
En todo el almuerzo, Yoh y Anna no se dirigieron la palabra. A Yoh le incomodaba tal situación, pues no se esperaba para nada aquello, y menos que Anna no le hablase. Jugueteaba con los palillos, no le apetecía mucho comer ramen en ese momento. Horo Horo notó la tensión entre la pareja, así que su boca pronunció algo para llamar la atención de estos dos (y ya de paso, de toda la mesa).
- Con los arrumacos que se daban, ¿y ahora no se dirigen la palabra? ¡Sois muy raros, en serio!
Todos se quedaron mirando a Horo Horo con cara de asombro y de miedo a un mismo tiempo (por la reacción que pudiera tener la sacerdotisa, y en la hora de la comida no era el preciso momento para hablar sobre lo que ocurrió hace pocas horas). Sin embargo, Yoh dejó los palillos encima del cuenco con desgana y mirando fugazmente a Horo, soltando un pequeño suspiro.
- ¿Arrumacos? –inquirió Chocolove, no entendiendo exactamente lo que decía el ainu.
- Sí, arrumacos. De hecho… los que se lo daban son estos dos –señaló el de cabellos azules con el dedo índice.
- What the f…?! –se quedó con la boca abierta el moreno, con los ojos como platos.
- Horo Horo… ¿¡QUIERES HACER EL FAVOR DE CALLARTE DE UNA PUÑETERA VEZ!? –explotó la rubia, levantándose de la silla y golpeando la mesa con las manos, haciendo manchar el mantel con los contenidos de algunos platos.
- Pero Anna… –se inquietó Horo, empezando a temer por su vida.
- ¡Es que siempre tienes que dar la nota! –lo regañó Len, bufando y pensando que Anna tenía "un par" por ponerse así.
- No, Len, no… "Tonto-Tonto" lo que hace es fastidiar al personal, sin importar las consecuencias o lo que otras personas pudieran pensar…
- Señorita Anna, tranquilícese –pidió Tamao, molesta por la situación.
- Tamao, yo no voy a dejar pasar por alto esto, así que no intentes excusar a Horo Horo, porque ni eso se lo merece… Por lo tanto, no me voy a tranquilizar –dijo cortante la itako, mirándola duramente.
- Doña Anna, por favor, no pierda la cordura, ya sabe que Horo Horo es muy tozudo –Ryû intentaba apaciguar a la sacerdotisa, pero de nada servía, ella seguía enrabietada.
- ¿Tanto te importa mi vida? ¿Tanto te importa lo que hago o no dejo de hacer? ¿Tanto te importa lo que hice, hago y haré con mi prometido? –inquiría con voz chillona la rubia, que con cada cuestión que decía, su cara se apegaba más a la cabeza del ainu del norte.
Su mente no estaba tan lúcida como en otras ocasiones. Lo que más se apoderaba de ella era la rabia y casi la impotencia de no poder controlar todo lo que sucede a su alrededor, tanto las situaciones como las personas en las que están en ella. El corazón le palpitaba en la garganta, sentía todos los músculos del cuerpo tensarse y seguro que, después de esto, necesitaría a un fisioterapeuta urgentemente. Sólo hacía falta imaginar que Anna tendría cuernos y rabo y sería el diablo personificado (en opinión de nuestro querido entrometido peliazul). Y, claro, éste no sabía qué argumentos apostillar en ese instante, únicamente veía que su toda su vida pasaría en un segundo si no se ponía a pensar un plan de emergencia o una contestación suficientemente convincente y factible.
- Pues… pues… yo no soy el único, ¿sabes? Desde que dijiste que estabas con Yoh, todos teníamos la vista y el oído, todo bien alerta, por si pasaba algo interesante con vosotros –intentó defenderse por fin, y los demás sudaron como pollos al reconocer (aunque sea un poquito) esas palabras de Horo Horo y que tenían que aceptar un "Mea Culpa", nadie se podía escapar de un chismorreo.
- ¿¡AH, SÍ!? ¡PUES SI QUERÉIS PUEDO SACIAR VUESTRA SED DE MORBO, QUE TANTO OS GUSTA ENTERAROS DE LAS COSAS AJENAS! ¿VERDAD? –Anna estaba llegando al límite, parecía a punto de explotar (literalmente hablando), su cabeza enteramente roja y llena de venas palpitantes, los ojos saltones y escupiendo cuando hablaba, y si seguía así pronto tendría una aguda afonía–. ¿TANTO OS INTERESA QUE HAYAMOS HECHO EL AMOR Y QUE NUESTRAS RELACIONES SEXUALES SEAN CADA VEZ MEJORES?
Eso ya fue demasiado para los "débiles" oídos de nuestros amigos. Inmediatamente a todos se les abrieron los ojos de par en par, para luego ir convirtiéndose al tamaño de una rueda de un todoterreno, a la vez que las bocas hacían una "O" gigante que les llegaba hasta el suelo. Yoh se llevó las manos a la cara, y su rostro se puso de mil colores, de rojo pasaba al granate, marrón, morado, violeta, azul… Anna había cometido el mayor error y la mayor confesión de su vida: destapar su vida íntima, en términos de pareja, claro está. Pero la chica se había quedado tan a gusto de lanzar semejante grito en su relevante frase que ni se dio cuenta de lo que dijo.
Al abrir los ojos después de suspirar y saber que su respiración paulatinamente aminoraba, vio todo el berenjenal montado y empezó a recapitular los hechos acaecidos apenas segundos. Fue entonces cuando la frase más llamativa de su repertorio "Hayamos hecho el amor y que nuestras relaciones sexuales sean cada vez mejores" le pesó en el alma como un peso de un millón de toneladas y la hundiera en el subsuelo y a las capas más internas de la Tierra. Empezó a recorrerle por el cuerpo unos escalofríos y un sudor frío en la frente y en las palmas de las manos, su cuerpo temblaba y tenía unas inmensas ganas de gritar y salir pitando de ahí y que nadie la viera nunca más, la vergüenza que sentía era tal… se había dado cuenta de su error, y no era capaz de enmendarlo de cualquier manera, todos habían escuchado sus palabras… incluso Yoh, que también él era el implicado.
- ¿Es eso CIERTO? –Horo Horo rompió el hielo, tan típico de él, como su voz chillona que regresó de nuevo, con más fuerza y más impertinencia que nunca, y por no olvidar que sus ojos le hacían chirivías.
- Ay, Anna… –murmuró Yoh, con la cara enterrada entre sus manos y ocultándola con su cabello castaño.
- "¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?" –se preguntaba a sí misma la itako, pensando por qué hizo semejante cosa.
- ¿Es cierto, Yoh? –inquirió Horo Horo, dirigiéndose al shaman japonés para sonsacarle si la información dada por Anna era la verdadera.
¿Qué pasará? ¿Dirán ambos la verdad, uno de ellos se escaqueará, o intentarán salir los dos por patas para evadir esta incómoda (y nada deseable) situación?
Mamma mia!!
Se cumple un año de que el fic no se actualiza!! O-O
Hay tantas cosas que contar… madre mía xDD
Aprobé primer año de Magisterio Musical, aunque me quedó una asignatura para septiembre, que sin embargo, aprobé. Maldita Psicología ¬¬ Pero la aprobé, así que… Sin embargo, mis vacaciones de verano no fueron tan veraniegas y tampoco fueron tan vacaciones como uno quisiera… en fin u-u
Siento mucho no poder haber actualizado este fic que me ha dado tantas alegrías y éxito. Sé que lo andaban echando de menos!! ;) Pero estaba out de inspiración, vacío, nada de nada! Era desesperante, estaba loca, pasaban los días, las semanas y los meses y veía que no iba a actualizar porque mi mente se negaba a continuar este capítulo y se desviaba en otros fics que tenía (aunque de los otros tampoco he sido muy constante en actualizar). En mente tenía como hacer el fic, lo difícil era plasmarlo en palabras y que adquiriera forma T-T Que rabia me da eso!
Por otra parte, la Universidad y los trabajos chupan mucho tiempo y agotan la inspiración un montón. Y más que ahora se acercan los exámenes de Enero-Febrero… Horror!
Instalaron wifi en mi casa de Almería, por lo tanto, tengo internet xD Wiiiiii!!! De hecho, ahora estoy ahí, jeje.
Me da pereza y cansancio comentar cosas de este capítulo, pero la verdad, espero no haber perdido mi toque xD Y ya últimamente me estoy replanteando seguir poniendo emoticonos en el fic. Si bien es una manera un tanto gráfica de expresar los sentimientos y tal, pero creo que entorpecen la escritura. Es como leer un libro. Y prefiero detallar esos sentimientos y esos rostros. Es como evolucionar como escritor. Además, quizás imprima todos los capítulos una vez que tenga el fic completo y encuadernarlo xD
Kimiko! Se sabrá de ella en próximos caps! Un personaje que el Hao de hace 1000 años amó, pero que no pudo ser su esposa y la cual no tenía poderes espirituales. Pobre…
Hey, como se ha visto, hay algo de lime, jejeje. Y el título… es más claro que el agua de que porqué lo puse xD Bien! Chocolove regresó! xD Y por cierto, el chiste lo inventé yo (no me abucheen).
Espero que se alegren cuando vean la actualización del fic! Considérenlo como un regalo de Navidad n-n
Y cómo no, espero sus reviews y ver que no han olvidado este fic. Acaso creen que lo había abandonado? NO! He continuado a pesar de las adversidades, jeje! Y este fic va a seguir hacia delante!!
No sé qué más decir, así que les mando muchos besos y abrazos. Que se cuiden mucho!
Y feliz navidad y año nuevo! Espero sus reviews con impaciencia!
Sin ustedes, este fic no valdría nada! Hasta la próxima!
Con todo mi amor…
Anna Mary Marian
Pd: ya no pongo disclaimer porque en capítulos anteriores ya he puesto toda la retahíla de cosas u.u Pero sin embargo pondré que Shaman King pertenece a Hiroyuki Takei ^^
