Cuando la nebulosa dejó de rodear a Sakura pudo percibir lo mareada que se encontraba, la oscuridad manchaba su piel en los brazos, piernas y torso, sabía perfectamente que esa estrategia era para debilitarla de manera considerable y que lo más seguro era que estuvieran buscándola en ese preciso momento para atacarla.

Estaba arrodillada en un sitio oscuro igual al anterior, pero a su lado no había más nadie.

Se puso de pie algo tambaleante y comenzó a alejarse de aquel sitio con una mano aferrada a su pecho, mientras lo iluminaba con una luz dorada que purificaba lentamente su cuerpo corrompido por la energía maligna. Tenía que apartarse tanto como pudiera antes de que el enemigo llegara allí.

"Shiori... Shiori..." se repetía.

Entonces sintió la presencia de alguien aproximarme a su izquierda. A duras penas consiguió evadir el golpe de puños que destruyó el suelo que anteriormente pisaba con una voltereta hacia atrás que le provocó un ligero dolor en las extremidades.

Miró los ojos oscurecidos del ánima que se erguía para realizar el segundo ataque, era una mirada llena de dolor y odio. Algo le habían hecho para que esa sed de sangre invadiera su mente, ya no existía la serenidad e imperturbable calma que antes lo caracterizaba. Además de eso, notó que también le habían entregado un par de guantes con púas que irradiaban una energía oscura —probablemente alimentada por la criatura— bastante impresionante.

—Dime dónde está mi hija, Takuto— ordenó, bajando la vista al suelo, ya no podía purificarse porque se estaba llenando de furia. — ¿¡Dónde está Shiori!?

Nuevo ataque, volvió a evadirlo pero en vez de continuar huyendo se instó a utilizar su báculo rodeado por una luz brillante e intentar hacer algo con su magia. El ánima tomó el objeto como si de nada se tratase la descarga eléctrica que lo rechazaba y golpeó a Sakura, arrojándola contra una pared que volvió añicos.

Takuto volvió a arremeter contra ella pero no logró golpearla una vez más, ella había utilizado a Escudo para impedir que otro de esos puños la tocara, con el anterior había sido suficiente para romperle algunas costillas y dejarla con un dolor en la cabeza que le decía que seguro se había herido.

—No quiero pelear más, no quiero causarte más daño, Takuto— Sakura clavó sus ojos verdes en los del ánima que tenía enfrente. —Por favor, te suplico que me digas donde está Shiori.

—Tú nos robaste a Jun— volvió a prepararse para otro ataque. —Nosotros te robamos a la niña a ti, es lo justo.

Ella se quedó de piedra y sacó otra carta de su bolsillo, de alguna forma tenía que razonar con él, porque dudaba que pudiera encontrar a Shiori en aquel sitio que parecía una fortaleza sin ayuda de nadie. "Solo quiero capturarlo, por favor, préstame tu ayuda."

— ¡Bosque!— invocó, y las ramas pronto rodearon a la criatura hasta que se convirtió en una masa de ramas y hojas.

Sakura se acercó pero una esfera de oscuridad fue arrojada hacia ella así que tuvo que apartarse. Dudaba que su magia pudiera protegerla por sí misma en ese momento en el que se encontraba bastante herida, por lo tanto no se arriesgó a ello. Al mirar en aquella dirección descubrió a Botán, tenía la mirada perdida pero enseguida corrió hacia ella para atacarla. Ella solo atinó a protegerse ya que no podía hacer otra cosa, a esa velocidad era complicado predecir los movimientos que vendrían después.

— ¡Detende Botán! ¡Puedo liberarlos de su maestro!— exclamó, esperando hacer que entrara en razón. — ¡Detengan esto!

El ánima solo continuó atacándola mientras Takuto volvía a ponerse en acción. Sakura volvió a recibir otro impacto de sus puños pero intentó aterrizar sobre sus pies para no seguir incrementando las heridas. Botán se colocó a sus espaldas y lanzó una nube de oscuridad que la cubrió totalmente.

—A ver si así le sirves de algo— dijo. —Extinguiré lo que quiere de ti para que no pueda hacer nada al respecto.

—Yo... no me importa lo que hagan conmigo... pero dejen a mi hija volver a casa— Sakura sentía que su cuerpo le pesaba, no podía levantarse del suelo donde estaba tirada.

—No es posible— Botán la tomó por la ropa y la acercó a su rostro. —Exprimiremos cada gota de su magia y después, si quieres aún, te la devuelvo.

La mujer arrojó un polvo dorado de sus dedos a los ojos de ella esperando que hiciera que la soltara, si no podía razonar con ellos no tenía más alternativa que purificarlos. "Vamos, ven y dame de tu poder ahora..." quiso decirle, pero no conseguía percibir su conexión con él desde hacía varias horas, se preguntaba si aquello tendría que ver con todo lo que estaba pasando.

Se levantó sintiendo fluir el poder su magia incrementando, cada vez que la utilizaba era capaz de experimentar como se duplicaba, como si de un grifo de agua se tratase y no pudiera hacer que dejara de correr. Debajo de ella apareció la insignia de la estrella, de su estrella, la que le daba las fuerzas necesarias para continuar luchando.

Volvió a incorporarse para intentar huir de ellos hasta que se sintiera un poco más compuesta. Eran dos contra uno por lo tanto llevaba la desventaja, tenía que pensar bien sus próximos movimientos.

— ¡Carrera!— exclamó y arrojó la carta un poco más lejos para no perder un solo segundo.

Al activarla su cuerpo era capaz de moverse ligero como una pluma. Atravesó cientos de pasillos oscuros seguida por las ánimas que no conseguían alcanzarla.

— ¡Shiori! ¡Shiori, hija, responde! ¡Llámame!

Takuto aprovechó la fuerza de sus músculos y saltó sobre la mujer para golpearla, pero fue evadido a gran velocidad.

Sakura agitó su báculo y sacó otra carta de su bolsillo, al menos le daría tiempo hasta que se le agotaran las energías.

— ¡Lazo!

Las criaturas se detuvieron cuando se dieron cuenta que se movían en círculos. Ambos conocían ese hechizo puesto que su maestro utilizaba uno similar en el edificio entero, para que sus presas nunca pudieran escapar.

Utilizaron la habilidad de desaparición para reaparecer junto a la mujer. Sin embargo, a penas la divisaron, se dieron cuenta que eran apuntados por su arco dorado, chispeaba con la tensión del cordón. Luego disparó, la flecha asestó directamente en el pecho de Takuto y este cayó de rodillas sintiendo la resistencia a la purifación recorrerle el cuerpo.

Botán la atacó pero también fue apuntada por el arco y fue atravesada por una de las flechas. Antes de dejarse caer al suelo notó la mirada de angustia cargada de lágrimas de la joven de ojos verdes, le temblaba el mentón a causa de sofocar el llanto, puesto que estaba al tanto de que no le gustaban las batallas.

Sakura se arrepentía de haberlas herido, pero no había tenido más alternativa, ya no le quedaban fuerzas para continuar peleando, si las purificaba regresarían a donde pertenecían y podrían estar en paz. Sin embargo las veía luchar por una causa que creían honesta, entendía a la perfección que no podrían ponerse de acuerdo.

—Por favor, ya detengan esto, no quiero pelear...— las ánimas no dijeron nada, tan solo permanecieron en su sitio, exhaustas. —Los purificaré e irán...— le costaba mantenerse en pie. —Irán un buen lugar...

Sakura sintió que se desvanecía, cayó de costado, sin poder mover un músculo y percibiendo cómo se quedaba dormida, la oscuridad en su cuerpo la culpable de esto, absorvía sus energías como una sanguijuela. Batalló por permanecer con los ojos abiertos pero fue imposible, el cansancio le ganó por completo.


— ¡Maldición!— soltó por milésima vez, andando entre la oscuridad.

—Vamos jefe, ya cálmate, no solucionas nada escupiendo insultos al aire— intentó calmarlo Ryu. —Sabes que Sakura es fuerte, puede cuidarse sola.

—No pongo en duda eso, es solo que...— apretó la mandíbula. —Nos separaron a propósito, Jin Qiu está al tanto de que la última vez ella combinó su poder con el mío, no quiere que lo vuelva a hacer.

—Solo quédate tranquilo y confía en que ella saldrá con bien de todo esto, ahora deberíamos concentrarnos en encontrar a Shiori.

Ryu reaccionó haciendo a un lado a Shaoran y sacando sus katanas de sus respectivas fundas, para recibir el impacto que llegó de pronto desde arriba. Había caído como un proyectil sobre ellos y, en ese instante, clavaba sus fríos ojos negros en los azules del guardaespaldas. Por fortuna sus sentidos habían sido capaces de captarlo, al menos eso era un punto a favor, dado que el anciano destacaba por su sigilo.

Incluso así había alcanzado a cortar algunos cabellos de su frente.

Lo arrojó a unos metros de distancia colocándose entre él y su amigo conociendo muy bien el papel que jugaba en ese lugar. Había jurado ante el clan Li entero proteger la vida del líder como si fuera más valioso que su propia vida. Sin embargo, a Ryu Ming le importaba muy poco el honor y la tradición que tanto veneraban en aquella dinastía, él no lo hacía por todo eso.

Él tan solo estaba allí para proteger a las personas que consideraba valiosas. Shaoran y Mei Ling entre ellas, ya que lo habían rescatado de sí mismo, y que, a pesar de haberles traído tantos problemas, continuaban a su lado. Eso era lo más importante que poseía.

—Tus reflejos mejoraron desde nuestro último entrenamiento, muchacho— oyeron decir a Jin Qiu.

—Ya no soy aquel chiquillo que conociste.

—Siempre tan modesto— sonrió. —Que sepas que los años no me han amansado ni un poco.

— ¿Por qué estás haciendo esto?— inquirió Shaoran haciéndose con su espada.

—Eso ahora no es relevante, tan solo les pido que se hagan a un lado y no interfieran en mis planes— apuntó con el arma hacia ellos, colocando el otro brazo a sus espaldas. —Porque no tendré reparo en matarlos.

Shaoran corrió hacia él de frente mientras que Ryu lo atacó por detrás. Jin Qiu a penas giró el cuerpo en un ángulo de 45° e interceptó ambos golpes. A pesar de que se lo notaba envejecido tenía los músculos suficientes para hacerle frente a los dos.

—Ah... la juventud, siempre pensando que puede devorarse el mundo.

Con un chispeo de sus espadas los repelió lejos. Shaoran se quedó estático cuando percibió la presencia de Sakura y el anciano aprovechó la distracción para atacarlo.

Ryu extendió el brazo y lo tomó por las ropas para adelantarse, en un intento desesperado para evitarlo, pero el impacto del ataque le dio en el costado y arremetió directo en sus costillas.

— ¡Ryu!— exclamó el castaño y se acercó a asistirlo.

Jin Qiu sacudió su arma para limpiarla de la sangre que la manchaba y una vez más corrió hacia ellos pero esa vez fue Shaoran el que tuvo que interceptarlo.

Utilizó su magia del viento para mantener a Ryu protegido hasta que se repusiera unos momentos.

—Henos aquí, Shaoran— sonrió el anciano. —Tantos años después, nos enfrentamos de verdad.

— ¿Por qué lo hiciste? Yo confié en ti— apretó la mandíbula, su voz sonaba estrangulada y llena de dolor. — ¿Tú usaste como una marioneta a Tian? Robaste su habilidad de crear vidas ¿no es así? Así obtuviste tantas ánimas.

—Brillante como siempre— aplaudió. — ¿Lo dedujiste tú solo?

— ¿Qué ganabas con colocarle una raíz a Lei entonces? Por dónde lo mire, no tiene ningún sentido...

—No oses en pronunciar su nombre... tu perro mascota la asesinó.

— ¡Tú la condenaste!— explotó. — ¡Lei solo era una inocente!

—Una inocente que tú llevaste a la agonía, escogiste perseguir las faldas de una muchacha de la que estuviste prendado de niño, desenchando los sentimientos e ilusiones de mi nieta como si fueran basura.

— ¡Jamás quise lastimarla!

—Pues, lo hiciste, mi nieta se cansó de sufrir y llorar por ti, en un arranque de valor me confesó que prefería odiarte si no podía amarte... entonces le otorgué una salida, una alternativa, una raíz para que pudiera olvidar... a fin de cuentas, de esa manera todo se volvía más sencillo, estuvo de acuerdo en ayudarme después de eso, aunque hubiese deseado que no se entrometiera no había manera de detenerla.

"Aunque no me creas quiero que sepas que mis sentimientos siempre fueron puros... no los culpes por lo que yo hice, yo los manché de odio y venganza..." recordó que le había dicho la joven en sus últimos momentos de vida.

Por supuesto. Lei había estado tratando de explicarle que ella había tomado la decisión. Sin embargo, eso no expiaba la culpa de su abuelo en todo aquello.

—Lei merecía que la abrazaras y compartieras su dolor, para que este mermara, no que ayudaras a incrementarlo— lo apuntó con su espada. —Solo has hecho que las cosas empeoraran siguiento este camino que has escogido, no quieras disfrazarlo de bondad... no manches su nombre, no te lo permito... has tomado las vidas de cientos de personas solo para llegar a este instante Jin Qiu, juro que te voy a detener.

— ¿Tú me detendrás?— dejó escapar una risita cargada de hartazgo. — ¿Qué eres tú comparado con su poder incomparable? No eres más que un insecto intentando oponerse a los mandatos de un poder infinito... he llevado a cabo este plan durante muchísimos años, yo me volveré un dios, y no habrá nada que puedas hacer al respecto.

Ryu, que llevaba descansando desde hacía rato más apartado, se tomó el tiempo para concentrarse en la figura del anciano y buscar algún punto donde fuera mas vulnerable pero no había encontrado tal cosa. Aunque sí había algo dentro de él que le aclaraba muchísimo todo lo que estaba sucediendo.

—Shaoran— dijo. —Tiene una raíz de odio en su interior.

— ¿Qué?

—Vaya, esos ojos de los que no puedes enconderte son de miedo— comentó Jin Qiu.

— ¿Cómo es posible? ¿Con quién estás trabajando?

—Por favor, no me rebajaría a ser un simple lacayo.

— ¡Nadie puede colocarse una raíz a sí mismo! ¡El Jin Qiu que conozco jamás habría sido capaz de hacer esto!

—Exactamente— se enserió. —Jamás habría podido, no tenía las agallas para atreverse a nada, su ambición se veía aplacada por una bondad inexplicablemente arraigada a su ser... entonces tomó la decisión de hallar la manera de obtener poder, para acabar con aquello que tanto lo retenía... y encontré un hechizo, uno que me permitiría conectar mi magia con la de un ser mítico que de todo era capaz... solo hizo falta una gota, una ínfima cantidad de su poder para yo ser capaz de crear raíces poderosas e insertar una dentro de mí... este nuevo yo es el yo que siempre deseó ser más que un simple anciano que nada había logrado en su vida... pero por supuesto que tú nunca lo entenderías, has cambiado, ya no existe aquella ambición que un día conocí en aquel niño de 10 años, tú te marchaste un día a Japón y no volviste a ser el mismo.

—Y estoy orgulloso de eso, porque pude aprender lo que de verdad interesa en la vida.

—Suficiente charla, hablar ahora es en vano— se colocó en postura de ataque. —Ninguno de los dos cambiará de idea.

Jin Qiu acabó con la distancia que los separaba en un segundo. Shaoran se puso a la defensiva a toda velocidad, sin embargo, su contrincante desapareció del campo visual y, antes de que ese diera cuenta, lo atacó por la espalda.

Lo evadió a pesar de todo, simplemente había dañado el abrigo gris que traía puesto y su camisa, había escapado del filo de su espada por poco.

Comenzó a dudar acerca de si podría vencerlo, él no solo era muy poderoso por haber robado a cientos de personas, sino que además era su maestro, todo lo que sabía de batallas se lo había enseñado él. Chocar espadas con el anciano podía costarle la vida y la verdad era que no podía darse el lujo de perder, Sakura estaba esperándolo.

Tomó uno de sus viejos talismanes para invocar la magia del trueno, tal vez fuera capaz de hacerse una brecha para flanquear las defensas del ministro.

—Dios del trueno... ¡ven!— disparó un inmenso relámpago hacia Jin Qiu y se apresuró a colocarse detrás, su propia magia lo ocultaría unos momentos para golpearlo y, con algo de suerte, dejarlo fuera de combate.

Con una rapidez casi inverosímil vio al anciano repeler su ataque tan solo con un movimiento de su mano y cortar el aire de lado a lado luego utilizando una de las espadas. El castaño intentó retroceder a tiempo pero esa vez no tuvo tanta suerte, había logrado herir su pecho de manera que este comenzaba a perder sangre lentamente.

—Espero que no pretendas vencerme utilizando trucos viejos, Shaoran— lo escuchó decir. —Perdiste el factor sorpresa en el instante en que decidiste enfrentarme, no olvides que yo conozco muy bien cómo son tus patrones.

—Entonces sacaré algunos nuevos de la manga.

Shaoran había decidido no utilizar la marca que le había colocado aquella criatura, por principios, pero estaba dispuesto a dejarlos de lado por el bienestar de su familia.

Extendió el brazo y tomó su muñeca con el otro para mantenerlo con más firmeza. Cerró los ojos sintiendo cómo le recorría el cuerpo el poder que emanaba de su abdomen y, cuando iba a recibir un ataque de su rival, lo atrapó dentro de una especie de caja color verde que apareció desde el suelo. Lo vio luchar por escapar y recibir una descarga eléctrica que lo dejó de rodillas en el suelo.

—A-Así que eres uno de los usuarios...— lo oyó murmurar como con un quejido de dolor.

—Lo soy pero no por mucho tiempo, tú quédate tranquilo ahí o sino continuará dándote descargas— se apartó del anciano. —Luego vendré a ocuparme de ti, ahora tengo que ir a buscar a mi hija.

Se acercó hasta donde estaba su amigo y lo levantó del suelo para ayudarlo a caminar. Después se alejó en busca del sitio donde Shiori estaba cautiva.


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Colocó su mano sobre el cristal, lentamente este fue cediendo ante el tacto y estalló en cientos de cristales que quedaron regados por todo el suelo, sus ojos dorados ni siquiera se inmutaron a pesar de que estaba sorprendida, se había dado cuenta que desde hacía un rato su cuerpo no le respondía y simplemente se movía de manera mecánica, haciendo lo que debiera hacer.

Salió de la burbuja de cristal que antes la tenía atrapada y avanzó por los pasillos oscuros. Notó que cada determinado tiempo se detenía a dibujar una estrella en las paredes del lugar sin saber bien para qué eran, deambuló durante bastante tiempo. "¿Estará controlando mi cuerpo? Dije que haría lo que hiciera falta pero..."

—No te preocupes— se escuchó decir, a pesar de que ella no había hablado. —De esta manera puedo intervenir a tu favor, de lo contrario debería mantenerme aparte en todo esto, puesto que debo ser imparcial.

Shiori no sabía qué significaba la palabra "imparcial" pero tampoco preguntó, porque no sabía cómo, además de que estaba tranquila, confiaba en esa criatura por alguna razón. Solo perdió la compostura cuando descubrió a su madre tirada en el suelo, pero su cuerpo no lo manifestó, tan solo se acuclilló a su lado, colocó una mano en su frente unos momentos y luego se volvió a poner de pie.

Se hizo con su báculo y lo extendió hacia el cielorrazo tanto como se lo permitieron los brazos, dejando salir su energía al mismo tiempo.

—Shiori Li, vamos a hacer una purificación pero tu mente es tuya y solo tuya, por lo tanto quiero que pienses en todas las cosas buenas que te han ocurrido, así será mucho más poderosa.

Lo hizo. Pensó en cada momento feliz que tuvo en su vida desde que podía recordar, cientos de juegos con su hermano, con su amiga Chiara y sus padres, cuando había aprendido a controlar un poco más su magia, cuando había conocido a Nya. Cada ocasión que pudo traer a memoria se instaló en sus pensamientos y le dejó una sonrisa en el rostro.

Fue rodeada por una luz dorada muy intensa que se expandió como un velo por todo el lugar e invadió cada pasillo y rincón. Era capaz de percibir cómo abandonaba su cuerpo como si se tratara de agua de manantial brotando desde su centro. Al mismo tiempo sentía algo de tristeza, similar a la sensación de una despedida.

Después algo estalló, solo supo eso. Cientos de destellos dorados giraban y giraban, en espiral, y se apartaban de ella hacía lugares que no conocía, buscando algo que debiera ser purificado. La niña sonrió pensando que se trataba de algo muy bello, aunque al mismo tiempo inquietante.

No lo sabía pero, donde se encontraban los guardianes junto con Touma y Mei Ling, las ánimas que los habían estado atacando comenzaban a desaparecer por efecto de la purificación, por fortuna había sido a tiempo, ya que se habían vuelto demasiadas para ellos. Miraron en todas direcciones pero nada se veía, tan solo unas diminutas luces como de oro que caían sobre ellos cual llovizna.

Shiori se dejó caer de rodillas, exhausta, y todo se detuvo. Por desgracia no sería suficiente, los enemigos volvían a ponerse en marcha.

Sakura la tomó antes de que perdiera la consciencia y la miró a los ojos, colocando su báculo delante de la niña para que no cayera de frente al suelo.

—Shiori, hija, usa mi energía ahora...

—M-Mamá...

Los destellos regresaron, intensificados y de mayor tamaño. A pesar de que Shiori estaba cansada aún podía expandirlos por todo el edificio. Purificaría a todas las ánimas que allí hubieran, no tenía dudas de eso.

Sakura se sentía como si su pequeña estuviera hurgando dentro suyo y tomando algo que buscaba con ansias, era lo único que se le ocurría para describirlo. Parecía un abrazo posesivo e infantil.

Aunque por desgracia eso aumentaba sus temores. Su hija, y muy probablemente su hijo también, era parte de aquel plan para salvar la ciudad, puesto que era capaz de tomar sus energías e incrementarlas. Se lamentaba un poco a decir verdad, puesto que no deseaba que se vieran involucrados en una lucha de adultos.

Derramó una lágrima, una última lágrima para jurar no volver a hacerlo. Ya no podía darse el lujo de auto-compadecerse. Era tiempo de tomar una decisión.

Dejó a la niña en el suelo, dormida, mientras se erguía lentamente en su sitio, seria. Se habían metido con sus hijos, era hora de ponerle un freno a todo aquello.

Se inspeccionó el cuerpo puesto que recordaba haberse visto con manchas oscuras antes de desmayarse, sin embargo no tenía ninguna, muy probablemente debido a la magia de su hija. Tampoco había rastros de Takuto o Botán, aseguraba que habían sido purificados por ella junto con los demás.

A un costado descubrió el dibujo de una estrella en la pared y, muy sorprendida, volteó a ver a Shiori. Lo había dejado todo preparado para ella, estaba segura. Sonrió sin poder evitarlo, de puro orgullo, y se acercó. Posó la palma de su mano sobre la imagen y esta se iluminó aún más.

Recomiendo escuchar: "Credens justitiam" OST de Puella Magi Madoka Mágica.

"Todos están luchando, yo también debo hacer lo mismo" se dijo.

Sintió una enorme paz interior antes de que su cuerpo se iluminara con una luz blanquecina llena de destellos de todos los colores posibles. Sus ropas se tornaron blancas y se transformaron en un vestido blanco que recordaba haber visto antes en sus sueños. Luego de eso su cuerpo fue elevándose lentamente hasta quedar suspendida en el aire. Se sentía ligera como un pluma.

Se preguntó si acaso Apola también había pasado por aquello cuando lo había conocido a él, y si habría experimentado la misma sensación.

Recorrió los pasillos en busca de cada uno de los dibujos y fue activándolos a medida que los encontraba. Uno a uno fue tocando, se sentía cada vez más relajada y la luz que la rodeaba se volvía más intensa.

Llegó a la azotea luego de activar la última estrella y se encontró con otra más, solo que esta se erigía sobre el edificio como si fuera un segundo tejado e iluminaba el cielo con su luz.

Sakura se ubicó justo en el centro, el tacto del suelo helado golpeó la calidez de sus pies descalzos pero no le importó. Elevó los brazos al cielo, como si quisiera abrazar algo que allí aguardaba y liberó su energía para que recorriera su cuerpo entero, cerrando los ojos. Una oleada de magia trepó por su cuerpo y se dirigió directo al firmamento.

La estrella resplandeció aún más y una lluvia de brillos comenzó a caer sobre ella.

"Ríndete Jin Qiu, después de esto no quedará ni una sola de tu ánimas, vete y no vuelvas."

Dos alas completamente blancas se desplegaron a sus espaldas y lo supo: ya no había vuelta atrás. Una vez terminada la masiva purificación bajó los brazos para mirar el cielo nocturno. Estaba despejado y el viento soplaba suavemente.

Era muy relajante en verdad.


Regresaban todos juntos, agotados en verdad. Había sido toda una travesía la búsqueda de la niña pero, por fortuna, había salido todo bien.

Una vez reunidos los Li habían abrazado fuerte a Shiori y regresado con sus compañeros, encontrándolos algunos más heridos que otros. Sakura había curado un poco las heridas de Ryu, al menos para que pudiera moverse, para así después emprender la marcha. No habían encontrado a Jin Qiu cuando habían ido donde Shaoran lo había dejado, ni tampoco las ánimas

Al ingresar en la residencia fueron arrollados por Tomoyo y Teo, felices de verlos volver a salvo. Ryu se dejó caer sobre el sofá con un largo suspiro y Mei Ling se ocupó de ver si podía tratar sus heridas.

El niño regañó a su hermana un rato antes de dejarla ingresar a la casa pero, a pesar de que no lo dijo, estaba aliviado.

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Shiori se quedó estática cuando aquella sacudida golpeó su cuerpo e instantes después se vió rodeada por los brazos de Hiro, que ocultaba su rostro en el hombro de la niña. Por un momento pensó que lloraba, pero no era así, se dio cuenta que estaba contento. Tal vez, luego de lo sucedido, se había preocupado.

No pudo evitar sonreír al darse cuenta de ello, además, también notó, que era muy cómodo estar así porque el niño era muy cálido.

—Eres una tonta— lo oyó murmurar, con tono molesto. —No vuelvas a hacer algo así...

—Lo siento mucho...— le dijo.

Se permitió abrazarlo también lo que, a pesar de que nadie lo vio, incrementó el color en las mejillas del niño.

Shaoran se cruzó de brazos y gruñó a penas salió del estupor de ver a un niño abrazando a su hija, sintiendo el aguijón de los celos pincharlo.

—Bueno— comentó Sakura, con una sonrisa. —Es normal.

—Oh no, claro que no, solo tiene 7 años...

—Vamos Shaoran, tú y yo también nos conocimos siendo unos niños.

—Es diferente.

—Para nada, además, ese niño es...

—Ni lo digas— la interrumpió. —Solo lo permitiré esta vez.

— ¿Puedo llamarte por tu nombre?— susurró Shiori. —Y tú deberías llamarme por el mío, y dejar de decirme niña del arroz en la cara.

—Pero si es muy gracioso.

—No, no lo es...

Él la soltó y, aunque no lo iba a decir, Shiori sintió una especie de vacío después de eso. No le iba a pedir que volviera a abrazarla porque no le pareció correcto, pero ese deseo cruzó su mente.

—No te hicieron daño ¿verdad?

—No, para nada— negó con la cabeza. —Oye, ¿de verdad no lo sientes?

— ¿Qué cosa?

—No estoy segura, esto— se llevó las manos al pecho y lo miró. —Siento algo aquí cuando estoy cerca tuyo.

—Pero qué cosas dices, tonta— Hiro apartó la mirada, completamente ruborizado. —Por supuesto que no, no siento nada.

—Ya veo...

—Puedes llamarme por mi nombre si quieres, no me molesta— Shiori sonrió, contenta. —Pero tampoco te emociones tanto, solo es un nombre.

—Pero de todas maneras me pone muy contenta.