No muy lejos de la aldea se encontraba el demonio de los vientos abanicándose, mirando distraída el cielo gris recordando su pequeña y simple misión Hacer un trato con todos "No logro entender, que planea hacer Naraku haciendo un trato con sus enemigos… si juego bien mis cartas puede que saque algún beneficio de esto." En los labios de Kagura se fue formando una ligera sonrisa. Algo o mejor dicho alguien salto de la copa de los árboles y bajo en dirección a Kagura, quien reacciono rápido dando salto hacia atrás y en cuanto se dispersó la tierra que levanto el atacante dejo ver a Koga con el ceño fruncido.
-Cuanto tiempo sin vernos.- Koga se preparó para atacar. –Tranquilo, no vengo a pelear.- Sesshomaru llego caminando. –Ah te tardaste Sesshomaru… ¿Dónde está Inuyasha? No quiero repetirles lo que diré.-
-¿Qué es lo que quieres?- Amenazo Koga comenzado a gruñir en señal de fastidio.
-Un trato.- "Supongo que Inuyasha no vendrá" Suspiro "Ya que, es probable que se entere después." –Sé de que la chica a la que ayudan está teniendo ¿Cómo decirlo? algunos malestares.- Saco de su manga un pequeño frasco transparente con un líquido verde.
-¿Qué? ¿Acaso quieren chantajearnos?- Kagura dirigió su mirada al joven lobo.
-Algo por el estilo mi estimado lobo, este se podría decir que es una cura para su compañera solo les pido a cambio un pequeño favor.-
"¿Favor? Ja solo tengo que quitarle ese frasco." Koga se puso en posición de ataque, estaba por iniciar una pelea, hasta que Sesshomaru camino colocándose unos pasos delante de él.
-¿Qué te hace creer que aceptaremos?-
-No tengo esperanza en que eso pase, podrían quitarme el frasco y acabar esto pero me temo que eso no es posible, ya que puedo destruir el frasco antes de que ustedes den un paso hacia mí.-
-¡¿Y eso que?!- Koga empezaba a desesperarse, fue como si le hubieran leído sus pensamientos, aún no había logrado ser útil durante todo el viaje.
-Les propongo esto, les daré el frasco a cambio de que le digan a Saya que se deshaga de Fumito.- la sonrisa de la demonio de los vientos se hizo aún más evidente
-¿Ese es tu trato?- la pelo negra asintió, "¿Cuál es el truco aquí?" Ambos se quedaron pensándolo un momento, Sesshomaru tenía razón en todo eso debía haber algún truco, después de todo Naraku nunca había sido alguien de fiar y menos si era el quien intentaba evitar que algo como el fin del mundo pasara.
–Aceptamos.- Kagura sonrió triunfante le lanzo el frasco a Koga y se fue en su pluma, el plateado lo estaba viendo sobre el hombro, Se notaba que estaba molesto habían respondido por él, al moreno no le dio importancia y camino a cabaña de Kaede, Ginta y Hakkaku apenas llegaba vieron a su líder irse en la dirección de la ellos habían llegado, Sesshomaru miro al cielo, tenía un mal presentimiento.
Mientras en la cueva del demonio Naraku, miraba por el espejo de Kanna al ejército de monstruos y la sacerdotisa acercarse no estaban lejos, dio una ligera sonrisa y retiro el campo de energía que había en los alrededores dejando completamente a la vista su escondite.
Kagome señalo la cueva ordenando que todos los monstruos atacaran, destruyeron la cueva, la colegiala dio orden a algunos ogros para que quitaran las rocas, pasaron unos minutos hasta que uno de ellos encontró una piel de mandril, con el cuerpo casi completo faltaban algunas extremidades entre ellas parte de cráneo uno de los puños estaba entre cerrado Kagome reviso la piel buscando los fragmentos abrió completamente la mano descubriendo los pequeños trozos, los tomo sin lograr purificarlos del todo, no le dio importancia y subió al lomo de uno de los monstruos y ordeno la retirada.
Hakudoshi observo todo desde la rama de un árbol con una sonrisa en su rostro, Kanna aún lado suyo sin expresión alguna, Kagura apenas llegando observo los escombros de la cueva aterrizo cerca del lugar y observo a todos lados hasta ver la piel de mandril entre las rocas, el niño albino salto de la rama y se puso al lado de la peli negra.
-Esto es lo más cerca a la libertad que estarás.- Kagura lo miro de reojo unos segundos estaba sonriendo bastante satisfecho, devolvió su atención a la piel de mandril ¿En verdad Naraku había muerto? Y si fue así ¿Dónde estaba su corazón?
Mientras tanto en la época actual, Inuyasha estaba sentado mirando "la caja mágica", había acabado todos los mandados que le había encargado la señora Higurashi, ayudo a limpiar el cobertizo del abuelo de la chica, ayudo a limpiar a la cocina y las tuberías, también cuido al enfermo Sota mientras su madre había ido a la farmacia por medicinas para él pequeño.
"Creo que es mejor que regrese ahora." Se puso de píe, tomo su espada y camino a la salida.
-¿Eh? ¿Ya te vas Inuyasha?- el planeado solo asintió en respuesta a la pregunta de la señora Higurashi.- Antes de que te vayas ¿Podrías llevarte esto?- le extendió una bolsa en la que se veía claramente un bulto en su interior. –Kagome lo trajo hace varios días me dijo que era de una amiga suya termine de arreglarlo y ya que estas aquí ¿podrías llévaselo?-
-No hay problema.- tomo la bolsa y salió de la casa rumbo al pozo.
Mientras en la cabaña de Kaede, la sacerdotisa intentaba todo lo que sabía para disminuir la fiebre de la peli negra, pero empezaba a quedaba sin opciones y eso le preocupaba, no lograba bajar ni un poco aparte de que la piel de la chica ya se estaba poniendo morada del hombro se había extendido bastante podía verse que estaba alcanzando su cuello.
"No sé qué más pueda hace, nunca había lidiado con un veneno tan potente como este, no logro ni que el dolor disminuya un poco." Pensó la anciana con una expresión preocupada en su rostro.
-Kaede.- al escuchar débilmente su nombre dirigió su atención a la chica que con esfuerzo intento sentarse. –Deja de intentarlo...- Decía entrecortadamente y con hilo de voz casi inaudible. -No podrás lograr nada… Tus remedios solo empeoran las cosas.- le hizo una señal para que se sentara cerca de ella. –Gracias…por ayudarme tantas veces en este poco tiempo que llevo conociéndola… También por dejarme quedar en la aldea aun cuando por mi culpa la destruyeron… muchísimas gracias… La verdad me gustaría compensarte todo eso…Más no sé cómo hacerlo.- Ella no estaba mirándola a la cara tenía una triste sonrisa con el ceño fruncido se notaba que intentaba ocultar el dolor.
-Niña ¿Porque suena como si te despidieras? Se supone tu solo tienes que descansar para que tu cuerpo se deshaga del veneno.- la sonrisa se borró, Kaede abrió los ojos. – ¿Mentiste?- ella negó.
-Miroku tenía demasiado veneno en su cuerpo… Él no lo habría tolerado tanto tiempo… Mi cuerpo podría haberlo eliminado más no puede… Creí que si pero no conté con que fuera a ser tanto… No se lo digas a nadie por favor Kaede… No tendría caso.- antes de recibir respuesta de la sacerdotisa entro Koga, se puso frente a la pelo negro y le tendió el frasco.
-Bébelo.- Saya tomo el frasco, lo examino e inhalo el aroma, olía a yerbas medicinales quemadas. "¿Cómo consiguió esto? Esta cosa no va a eliminar el veneno pero, al menos dejare de sentir dolor." Bebió el líquido, expresaba una que otra mueca de asco y desagrado mientras Koga no le quitaba la vista de encima. -¿Cómo te sientes?-
-Un poco mejor, tiene un sabor realmente horrible.- Ginta y Hakkaku entraron casi sin aliento en la cabaña, los más pequeños también entraron segundos después para ver que ocurría, Rin se acercó a la peli negra con unas flores en la mano. Pero no se las dio, se paralizo frente a ella con los ojos completamente abiertos, Saya solo arqueo una ceja esperando una explicación a la reacción.
Al final no recibió ninguna, miro a todos a su alrededor tenían casi la misma expresión. Le pareció incomodo, Inuyasha calmado entro en la cabaña y dirigió su atención a Saya.
-¿Te sientes mejor?- ella solo asintió, el plateado miro de reojo a todos. -¿Qué les sucede?- era una pregunta más para sí mismo, pero igual no recibió respuesta.
Saya intento ponerse de píe no sentía dolor alguno. -¿Qué es eso?- la bolsa que tenía el hibrido en la mano.
-Oh te lo envía la madre de Kagome.- se lo entrego, luego de ver bien que era salió de la cabaña. -¿A dónde vas?- no recibió respuesta, miro a su alrededor todos estaban igual de sorprendidos. -¿Qué les pasa?-
-Recupero el color muy rápido, y la parte morada de su cuello retrocedió.- el plateado no entendió la explicación del exterminador "¿Parte morada?"
Mientras en el monte Izumo, Amida se encuentra dentro de una celda en el calabozo tirado en el suelo completamente inmóvil, escuchando los llantos y ánimos de algunos de los pocos sirvientes que quedaban vivos.
Todo el ruido seso en cuanto el sonido de una puerta abriéndose hizo un eco en todo el lugar, se escucharon gruñidos y fuertes pisadas bajar las escaleras, pasaron celdas y celdas, hasta que las pisadas cesaron frente a la de Amida, él no les presto mucha atención y en cuanto la puerta se abrió un ogro lo tomo de las cabellos y lo estrello contra el suelo, ato sus muñecas detrás de su espalda y empezó a tortúralo y golpearlo brutalmente, con cada golpe él gritaba de dolor, cada vez más fuerte, mientras todos los sirvientes rezaban porque alguien llegara ayudar a su amo.
Mientras los golpes y los gritos de dolor del Dios cubrían el sonido de las pisadas del malvado Fumito y Sango que caminaba a su lado, fue acercándose tranquilamente hasta quedar de pie frente a la celda de Amida.
-Basta.- ordeno Fumito a los ogros que hicieron caso al instante y se alejaron del Dios, todo lo contrario al pelo negro que se acercaba mientras soltaba pequeñas risas de victoria y satisfacción. –Te ves patético niño ¿No puedes mantenerte ni en píe enserio?- un gemido de dolor proveniente del ojos morados hizo que Fumito estallara en carcajadas. – ¡Inútil! – se arrodillo y tomo al joven albino del cabello para verlo a la cara. –Dentro de poco todo mi poder volverá a mí y me convertiré al fin en el Dios de Dioses ¿Y sabes que es lo mejor? ¿Eh?- empezó a reír por lo bajo. –Mi niña ya debe estar en camino hacia acá, te podre en el mejor asiento para que disfrutes de como la decapito en cuanto pase por la enorme puerta.- siguió riendo, soltó al joven Dios y con un ademan de mano Sango le entrego la esfera de cristal por la cual se veía claramente a Saya casi preparada para partir al monte, la coloco en el suelo frente a Amida. –Te dejare este pequeño regalo para que disfrutes del poco tiempo que le queda de vida de mi hija.- se levantó y camino a la salida del calabozo seguido de Sango y los ogros.
En cuanto se escuchó la puerta de los calabozos cerrarse Amida se incorporó y se sentó en el suelo mirando fijamente a Saya por la esfera de cristal.
Flash Back
-Tienes miedo de que yo te ataque también ¿cierto?- ella solo asintió. –De acuerdo, entonces hagamos esto, ganemos nuestra confianza mutuamente, ya que si tu padre intento matarme puede que tu hagas lo mismo ¿Te parece?– Hubo un silencio en la habitación que duro muy poco ya que uno de los sirvientes del castillo entro acompañado del Dios de la maldad Mikaboshi con una expresión seria en el rostro, El sirviente dio una leve reverencio y cerró la puerta para retirarse.
-Dios Amida lamento cualquier inconveniente que haya surgido por mi nieta, me asegurare de que no vuelva a ocurrir.- dijo el anciano Dios mientras miraba a la pequeña y avergonzada Saya.
-No te preocupes Mikaboshi.- dijo Amida mientras se ponía de píe y se ponía frente a la niña. –Saya no causo ningún inconveniente ya hice que llamaran y reprimieran a los verdaderos culpables, me gustaría que escucharas sus disculpas, ya tendrás tiempo de hablar con tu nieta luego.- el anciano dios no dijo nada solo hizo leve reverencia en señal de agradecimiento.
-Muchas gracias… por ayudar a mi nieta.- Amida puso su mano en el hombro del dios de la maldad y lo incito a incorporarse.
-No fue nada, ahora pasa a la sala de juntas para que escuches lo que ocurrió, uno de mis soldados te escoltara hasta allá.- así Amida incito a Mikaboshi a salir de la habitación donde un soldado esperaba a guiar al viejo dios.
En cuanto el soldado empezó a caminar a la sala de reuniones Amida cerró la puerta volviendo a estar a solas con Saya, quien mantenía la cabeza baja.
-¿Y bien Saya?- la nombrada levanto la cabeza y miro fijamente al joven albino. -¿aceptarías mi propuesta?- bajo la cabeza de nuevo y volvió a hacerse el silenció hasta que la pequeña al fin hablo con un tono quebradizo, estaba a intentando no llorar.
-Yo… aceptó su propuesta Dios Amida, me ganare su confianza y le probare que yo no soy igual a mi estúpido padre.- dijo mientras levantaba la cabeza y miraba directamente al Dios con ojos llorosos pero decididos.
El chico se acercó y puso su mano en la cabeza de la pequeña pelo negro. -Me alegra oírte decir eso Saya.- Dijo mientras sonreía tranquilo causando un leve sonrojo en la niña lo que causo que él soltara una leve risa. –Otra cosa Saya, no me llames Dios Amida, es muy formal si tú y yo vamos a hacer amigos, solo dime Amida.- dijo mientras limpiaba las lágrimas con su pulgar y la abrazaba. –Y como soy tu amigo no dejare que nadie te vuelva a hacer daño.- dijo muy serio mientras sentía como los pequeños brazos de Saya lo rodeaban. –…Me asegurare de que aquel que te haga sufrir no vuelva a caminar y el que te insulte que intente hacerlo de nuevo sin diente.- decía con un tono de broma lo que causo que la pequeña Saya empezara a reír y se alejara un poco del abrazo.
-Gracias.- Saya sonrío causando que el que se sonrojara ahora fuera él, para después apartar la mirada y simplemente hacer un gesto para dar a entender que no era nada.
Fin flash back
"Desde ese día… Ella empezó a venir seguido para pasar tiempo conmigo… me hacía tan feliz y me divertía jugando con ella y haciendo enojar a nuestros sirviente…" Amida tomo la esfera de cristal y la acerco aún más a su cara. "Joder Saya… todos se dieron cuenta que me gustabas desde antes de que tú y yo nos volviéramos amigos y ahora…Estamos a nada de morir y no te has dado cuenta de lo enamorado que estoy de ti" Empezó a reír levemente mientras pegaba su frente contra la frio esfera de cristal y miraba más de cerca la imagen de Saya. "… Siempre estuve en contra de que fueras tu sola a la misión, no sabes lo preocupado que estaba…. Y ahora, no importa cómo, pero no dejare que ese infeliz te haga más daño, mi querida Saya."
