Se que dije que solo faltaba otro capitulo pero que mas da... el penultimo¡
Abrió los ojos lentamente, estiro los musculos con pereza, le dolían los huesos, las piernas, la punzada en su brazo derecho no la dejaba en paz, tan solo pensar en moverlo era difícil, una sonrisa se dibujo en sus finos labios al notar el brillante sol que entraba por la ventana.
¡El sol que entraba por la ventana¡
¡Por todos los dioses debía ser muy tarde¡
La princesa se levanto apresuradamente de la cama, con pánico comenzó a recoger sus cosas del suelo, ¿Dónde había dejado sus zapatos? Encontró uno debajo de la enorme cama y otro a un lado del tocador, respiraba agitadamente intentando calmar sus nervios, ¡su madre iba a matarla¡ primeramente por no haber llegado a dormir y segundo por desaparecer cuando había tanto que hacer, deslizo su vestido por su torso desnudo e hizo un esfuerzo por abrocharse ella misma la elaborada serie de botones y amarraderos que tenía… ¿Cómo diablos se ataba esa cosa? ¿Cómo demonios se lo había quitado la noche anterior? En retrospectiva no había sido tan difícil, pensó mientras una sonrisa travieza cruzaba su rostro, un movimiento brusco le dio otra punzada en el brazo derecho, ¡su brazo derecho¡ se lo sostuvo intentando contener las lágrimas en sus ojos…. Le era imposible vestirse con el brazo lastimado, dio el caso por perdido y tiro el vestido al suelo, no se preocupo por el, estaba segura de que no lo volvería a usar nunca jamás en su vida, lo mismo para las incomodas zapatillas; se acerco con sigilo al armario y busco algo que pudiera entrar en ella, con horror vio los elaborados trajes con diamantina, volantes, lentejuelas, encajes, demasiado elegantes, y demasiado estrechos… aunque lo quisiera no había forma en pudiera entrar en alguno de ellos, al fondo del armario encontró un traje azul con una discretas flores blancas, no tenia mangas pero era lo menos llamativo que había visto en el cuarto, además de que los listones a sus costados hacían posible que le quedara; sin pensarlo demasiado se lo puso encima. Cerro la puerta del armario con cuidado y se Agacho recobrando sus zapatillas de debajo de la cama, casi sin pensarlo se miro al espejo, la cosa de colores que la reina Eleonor había puesto en sus ojos era un completo desastre , ni hablar del poco color que quedaba en sus labios, con miedo rebusco entre los multiples objetos del tocador y encontró una pequeña caja con toallitas, paso algunas por su rostro y limpio los restos de maquillaje, acto seguido apretó sus rizos que volvían a esponjarse como de costumbre, encontró su arco posado junto a la ventana y lo acomodo en su espalda, no tenia tiempo para buscar flechas. Se detuvo un momento a sostenerse la cabeza, los ojos comenzaban a arderle y los oídos le zumbaban… debía recordarse a si misma no volver a tomar tanto jamás en la vida. Reviso mentalmente todas sus pertenencias, solo le faltaba encontrar su espada… con la mirada comenzó a buscarla, el tocador, la comoda, un enorme escritorio en el centro de la alcoba, varios barcos a escala recargados en la pared, todo estaba tan limpio y ordenado, se sentía mal del enorme retrato que colgaba de la pared, era casi como si ese tipo la mirara… demasiada tela de cortinas… un araña metalica colgaba del techo dándole a la habitación un aire demasiado imponente, estaba a punto de rendirse cuando una voz a su espalda la sorprendió.
-¿ya te vas? – la voz de la reina la hizo girar rápidamente.
Habia visto muchas cosas en su vida, pero pocas tan hermosas como la clara piel de Elsa con el resplandor de la mañana, la luz iluminaba su rostro y su cabello daba la apariencia de estar hecho de plata. Estaba incorporada en la cama, apenas cubriéndose con las sabanas blancas, sosteniendo su espada con los dedos.
-¿no olvidas algo?- dijo sonriente, La princesa de Dunbrogh tardo unos segundos en recuperar el aliento.
- Si, perdón.. creo que… - no había forma en que dijera algo coherente con Elsa viéndola de esa forma, mas observando las finas sábanas que cubrían su piel desnuda- debo… debo darme prisa, ya pase por mucho mi limite de llegada- rio nerviosa esperando que dijera algo pero ante el silencio siguió hablando – crei que seguías dormida-
- ¿contigo dando tumbos por el cuarto? – respondio al fin – me resulto un poco difícil –
Ambas estaban nerviosas, perdidas y ligeramente confundidas, inevitablente empezaron a caer copos de nieve del techo.
-Tranquila – susurro Mérida acercándose lentamente, se olvido completamente de la prisa que tenía, ¿Qué era eso tan importate que debía hacer? Seguramente tenia algo que ver con sentarse junto a la hermosa reina de Arendelle e intentar calmar sus nervios…. se acomodo a los pies de la cama y la miro a los ojos. ¿Qué tenían esos inmensos ojos azules? La joven no pudo evitar sonreírle.
-lo intento- contesto Elsa- tranquila… tranquilízate, controlate – dijo para si misma cerrando los ojos y juntando las manos – relájate – volteó hacia el piso y notó su vestido tirado junto a sus zapatillas, un pequeño terror comenzó a apoderarse de ella – tal vez no debimos abrir esa botella anoche- se reprochó mientras se sujetaba la cabeza.
- tienes razón, lo mejor hubiera sido abrirla hace un par de días – respondió Mérida rodando los ojos intentando concentrarse en algo que no fuera la fina capa de hielo que empezaba a caer sobre sus hombros, Elsa empezó a respirar agitadamente – tranquila- repitió Mérida tomándola de la mano- no pasa nada…-
-Creo que ya paso mucho- la voz de Elsa era agitada – demasiado- pero no hizo ningún esfuerzo por soltar las manos de la princesa. Lo había negado por demasiado tiempo, algo en ella hacia que su corazón latiera con fuerza, no podía ordenar sus pensamientos, ni siquiera estaba segura de poder hablar razonadamente.
-Tal vez deberías vestirte- susurro la pelirroja señalando con los ojos la sabana que cubría el cuerpo de la reina, Elsa hizo un quejido de exclamación y soltando sus manos se cubrió con la sabana hasta el cuello. Mérida río ante la reacción tan súbita, por extraño que pareciera Elsa comenzó a reir también.
-Vaya – suspiro la pelirroja– por más que lo intente no pude despeinarte – dijo mientras pasaba sus manos por el cabello de la reina
-¿volveras?- susurro Elsa mientras intentaba recuperar el aliento
-supongo que podría- contestó Mérida encogiéndose de hombros, un dolor se apodero de su pecho al recordar el barco que la esperaba para zarpar de vuelta a casa. ¿Qué rayos estaba haciendo? Se iria en un par de horas, no debía estar ahí … como era su costumbre no pensó demasiado y casi por inercia acerco su rostro al de la reina, besándola por solo unos instantes.
La acción tomo a Elsa por sorpresa pero de nuevo no hizo nada para detenerla, al contrario la rodeo con sus brazos. Era tan calida, tan diferente, había una intensidad en Mérida que la hacia querer estar cerca de ella, una gran parte de sus fuerzas quería rogarle que no tomara ese barco, otra gran parte se tanteaba congelar el muelle, otra aun mas pequeña pero que gritaba con fuerza le advertía que se detuviera.
-no deberíamos volver a…- se quejó Elsa después de separando sus rostros.
-no te escuche quejarte anoche- respondió mordazmente Mérida con esa sonrisa que se contagiaba tan fácilmente. Pero se movió rápidamente cuando sintió la brisa helada en su cuello, ambas se miraron ligeramente sorprendidas, Elsa un poco avergonzada, un poco mas y le congela la espalda.
- lo siento – dijo apenas con un hilo de voz mientras se levantaba de la cama y caminaba con elegancia aun envuelta en las sabanas.
- Esta bien… -la voz de la princesa no mostraba señal alguna de reclamo pero si se tallo el brazo derecho con cierta melancolía
-¿todavia te duele? – se preocupó Elsa retrocediendo unos pasos de ella
-no demasiado, solo esta como entumido, estará bien pronto - ¿Por qué no le había congelado la pierna o la oreja? ¿Por qué su brazo derecho? ¡su maldito brazo¡ Tan solo de recordar la cara de pánico de Elsa después del incidente se sentía culpable de quejarse, estaba claro que no había sido su intención.
La Reina la miro con curiosidad y luego río con cierto tono de burla.
-¿Qué?- se sorprendió Mérida
-tu vestido- explico Elsa
-lo tome sin permiso, no crei que te importara – explico deprisa, supuso que Elsa era el tipo de chica que se preocupa de más por su ropa.
-no es mio, es de Anna – la sonrisa burlona no abandonaba el rostro de Elsa –es su vestido para despues de las fiestas- Mérida no parecía entender lo que decía la reina – cuando…- divago un segundo intentando no decir nada inapropiado – despues de los banquetes reales le cuesta un poco de trabajo usar su ropa de siempre, y guarda algunos vestidos ligeramente mas grandes para …-
Mérida chasco la boca molesta
-Pero te queda muy lindo- río Elsa
-tal vez no te ayas dado cuenta pero no me importa mucho lo que es "lindo"- contesto con desden- fue lo primero que encontré -
-te verías hermosa con alguno de estos – dijo señalando los vestuarios que guardaba en su armario
-sería injusto para cualquiera alardear de belleza contigo presente, mas usando tu ropa - las mejillas de Elsa se volvieron aun mas sonrosadas-
- casi nunca me los pongo- respondió agitada - por lo regular me hago mi propia ropa- dijo mientras estiraba los brazos a su alrededor y materializaba un precioso vestido plateado
- wow¡ - se sorprendió la princesa – genial-
-¿te lo parece?-
-si – contesto Mérida ladeando la cabeza – pero solo para estar seguras yo digo que te lo quites y te lo pongas otra vez – Elsa parecio indignarse ligeramente y le arrojo nieve a la cara, pero la princesa se dejo caer de espaldas sobre el colchón mientras reia ruidosamente.
La Reina se dirigio hasta su tocador y tomo una botella de vino, la enfrio ligeramente poco antes de destaparla y se sirvió una copa mientras seguía deambulando por el cuarto.
-¿Quieres?- pregunto con disimulo pero Mérida nego con la cabeza -¿y ahora?- cuestiono Elsa causando una ligera brisa, por mas que lo intentaba la angustia no abandonaba su voz.
-¿Qué? – contesto Mérida aun mirando hacia el techo…
-bueno …- rodo los ojos con ligera preocupación - ¿Qué vamos a hacer?-
- podríamos comenzar por ir a desayunar –
-no me refiero a eso…- aclaro Elsa, mientras se frotaba las manos con aprehensión - ¿Qué.. que vamos a hacer.. es decir- se sostuvo la cabeza y empezó a caminar por el cuarto -¿crees que alguien te haya visto entrar?-
-¿Cómo que si alguien me vio entrar? – repitió Mérida mientras se incorporaba de la cama y veía a la reina nerviosa caminar por el cuarto
-me refiero a que era de noche y… y seguramente todos estaban en el baile, creo que ni siquiera la guardia estaba en los pasillos , con algo de suerte nadie nos vio-
-con algo de suerte…- los labios de Mérida repitieron con desgano
-Si – contesto la reina casi susurrando – solo… tenemos que encargarnos que esto no se salga de control- sintió la penetrante mirada de Mérida a su espalda y volteo a verla, no necesitaba decir nada para notar que estaba molesta, su espalda estaba totalmente erguida y de sus ojos saltaban chispas.
-¿Qué pasa?- pregunto Elsa ante el súbito cambio de humor de la pelirroja
-dímelo tu, porque yo no lo entiendo- contesto muy seria
- no tienes que molestarte es… –
-no lo estaba hasta que comenzaste a hablar – la interrumpió
-¡podrias solo callarte por un momento y dejarme pensar¡- grito furiosa
-¿¡pensar?¡ ¿Qué rayos tienes que pensar? – grito Mérida con la misma intensidad mientras se levantaba de la cama –todo esta bien- dijo intentando bajar el tono
-¿bien?- rio ligeramente Elsa -¿bien? Tu… tu dirias que esto está bien?-
-bueno, no digo que sea perfecto pero…- suspiro mientras veía el rostro lleno de angustia frente a ella – no, es exactamente lo que digo… es perfecto… tu, tu …- tartamudeo ligeramente insegura – tu eres perfecta –
-Mérida – susurro la reina con el poco aire que podía contener en su pecho, su corazón estaba desbocado - no esta bien, no puedes negarlo –
- lo niego – respondió desafiante - ¡lo niego rotundamente¡ -
-¡no tienes que hacer esto¡- volvió a gritar Elsa con una ventisca a su alrededor - ¡por favor¡ solo… - respiro un par de veces calmando la tormenta a su alrededor – soy.. soy un desastre princesa, un verdadero desastre, podría haberte matado… tenemos suerte que solo te aya congelado el brazo¡ -
-pero no lo hiciste- dijo la chica acercándose lentamente – aunque si vuelves a llamarme princesa te aseguro que yo te matare a ti – Elsa comenzó a reir
-no eres tu … soy… - pero la desdeñosa risa de la princesa no la dejo continuar
-¿en serio? ¿vas a usar eso? "no eres tu soy yo"-
-¡soy peligrosa¡- grito la reina de Arendelle mientras las paredes a su alrededor se congelaban
- ¿¡parece que me importa?¡- respondió con arrojo
-¡a mi me importa¡ - los gritos de Elsa fueron acompañados por el resonar de los cristales a su alrededor – tu me importas – susurro con ojos vidriosos mientras el hielo a su alrededor se evaporaba.
-¡Entonces cállate la maldita boca y abrázame ¡- grito desesperada justo antes de correr hasta ella, la sujeto con fuerza y comenzo a besarla, había casi ira en sus acciones.
Elsa mantenía las manos levantadas, tento la pared detrás suya y se sujeto con fuerza, el frío comenzó a expandirse por el muro en oposición al calor de sus acciones, ladeo la vista mientras intentaba calmar sus nervios… ¿Por qué había sido mas fácil la noche anterior? ¿Por qué salían ahora sus inseguridades? Casi respondiendo sus preguntas el retrato de su padre la miro desde el otro lado de la alcoba.
-basta – murmuro lentamente pero fue ignorada, los labios de la princesa bajaban por su cuello al mismo tiempo que sentía sus dedos deslizarse por su espalda - ¡detente¡ - ordeno con la autoridad de una reina y Mérida se paro en seco sin separarse demasiado de ella - ¿eso es fuego? – dijo con sorpresa mientras observaba la ráfaga de humo gris que flotaba fuera de su ventana.
Mérida giro en dirección a la ventana y maldijo en voz alta
-¡No salgas¡- le advirtió a Elsa – ¡demonios ¡- repitió mientras recorría un poco las cortinas de la enorme ventana, alcanzó a distinguir una figura pelirroja en lo alto de la torre-¡maldita sea¡ - tomo su arco con desición – dime que tienes algunas flechas por aquí y que puedes detener el incendio-
-¿De que estas… - pero Elsa no alcanzo a terminar su frase, casi sin pensarlo tropezó de la nada y se sujeto de una silla para no caerse, los parpados le pesaban demasiado y de pronto arrastraba los pies - ¿Qué? – se pregunto en voz alta mientras la habitación comenzaba a darle vueltas.
-¿Qué rayos? – se apresuro la princesa a sujetarla, desesperada la sento - ¿Qué tienes?-
-Me siento… me siento débil – hablo la reina despacio, Mérida intento sujetarla pero termino derramando el vino que aun quedaba en la botella que de la que Elsa había tomado, se sorprendio al leer la etiqueda.
-¡vamos¡salgamos de aquí¡ no es seguro¡- exclamo prácticamente cargando a la chica y arrastrándola fuera de la habitación. Lo ultimo que hizo antes de salir fue arrojar la botella contra el piso, aun rota se alcanzaban a leer las doradas letras en la nota que la acompañaba.
Querida Elsa:
Espero que aceptes este regalo como una disculpa por mi comportamiento
Mis mejores deseos
Príncipe Ali de Agrava
