Disclaimer: Twiligth no me pertenece, las locas ideas sí.


Capítulo 20

No sutilezas


Estoy borracho, tal vez no tan borracho como hace unas noches, pero definitivamente borracho. Bella es todo sonrisas, besos, cariño y lujuria a mi alrededor y yo no puedo parar de querer tenerla. Por esta noche, por este año, por… bueno no lo sé, sólo sé que la quiero y la necesito a mi lado.

El problema es que ella está igual o incluso más borracha que yo, si no fuera por Jasper y Alice que nos trajeron estoy seguro que nos hubiéramos quedado durmiendo en el auto. Ella se tambalea y empieza a hacer los movimientos más raros y extrañamente seductores que he visto en mi vida y me excita… jodidamente demasiado, pero al final de la noche esas banalidades no son importantes… porque ella está aquí y quiere estar conmigo.

Nos reímos un montón cuando los dos tropezamos antes de salir del ascensor, conmigo empujándola a la pared más cercana para poder besarla, para tener algo que apague este fuego que ha estado encendido desde que estuvimos juntos en la mañana. Caminamos casi a rastras hasta llegar a la puerta de mi apartamento, pero de repente ella ha dejado de besarme y su ceño está fruncido en concentración mirando un punto oscuro frente a mi puerta. Siento la tensión corriendo sobre mí cuando me hago la pregunta elemental:

¿Quién demonios está en mi apartamento a estas horas?

Y mi mente trabaja horas extras para hacer otra pregunta aún más elemental:

¿Por qué diablos no he sacado ya al imbécil de mi puerta?

Pero entonces lo veo… y es como un hombre perdido en el desierto.

Él sigue exactamente como lo recuerdo.

Suelto a Bella sin pensarlo y me acerco al hombre para darle un enorme abrazo. Él me lo devuelve con fuerza.

– ¡Muchacho! – su voz amortiguada contra mi hombro. La única palabra que ha pronunciado lo dice todo sobre él. Esa extraña mezcla de acento nórdico y oriental, pero con su piel y su aspecto lleno de la marca del desierto. Un hombre que nació de la tierra santa.

– Joseph

El hombre me sonríe como sólo él sabe hacerlo.

– ¿Qué haces aquí?

Él gira su rostro hacia las maletas junto a la puerta.

– Hoy tocaba Inglaterra – suelto una carcajada más por la felicidad de verlo de nuevo que por pensar que no es una coincidencia que esté aquí.

Tomo las maletas de Joseph para llevarlas dentro del apartamento, pero él me mira severamente y señala con su barbilla hacia Bella.

¡Oh demonios!

Ella me mira y siento miedo, puedo ver claramente que está enojada. Muy enojada.

Empiezo a golpearme internamente por ser tan imbécil al haberla olvidado. Ella me mira fijamente y no sé qué hacer, regreso mi vista hacia Joseph y él está mirando alternadamente entre los dos. Ése mal amigo no me está ayudando.

Bella me mira un poco más y veo decepción en su mirada, suelto las maletas en el piso y me acerco hacia ella. Bella suspira y me deja a medio camino yendo en dirección de Joseph. No tengo idea de qué mierda va a hacer.

– Ya que él no me recuerda me presentaré yo misma. Hola, mi nombre es Bella – dice ella con su voz firme tomando la mano que Joseph ofrece. Ella le sonríe y veo como rápidamente él ya cae en su hechizo.

– Oh querida, te aseguro que le enseñé mejores modales – dice él con calidez mientras veo cómo Bella se relaja a su alrededor. Es como un don natural de Joseph, supongo.

– Oh… pues no tenía ningunos cuando lo conocí.

Joseph suelta una fuerte carcajada.

– Edward, como tu mentor me dejas en ridículo con esta hermosa jovencita.

Voy a responder cuando Bella se me adelanta.

– No se preocupe Joseph, usted ya ha dado fe de su encanto. Aunque no pueda decir lo mismo de su pupilo.

Hago una mueca agria por lo cruel y burlona que Bella está siendo conmigo.

– Es suficiente ustedes dos – digo volviendo a tomar las maletas y abriendo la puerta para que pasen.

Joseph me mira de mala manera y se gira hacia Bella que ni siquiera me está mirando, lo que agradezco. No me gusta el enojo en su mirada.

– Querida Bella, sería un honor escoltarte dentro del apartamento de este maleducado.

Giro mis ojos, consciente de que ninguno de los dos me puede ver.

– Sería un placer, pero no estoy segura de que él – hace énfasis despectivamente en la palabra – me quiera dentro, pero si tú me lo pides acepto con mucho gusto.

Dejo las maletas sobre el sofá y miro como ellos se sientan en las sillitas de la isla de la cocina.

Ellos empiezan a hablar sin tomarme en cuenta para nada.

– Cuéntame algo de ti Joseph, ya que él – y vuelve a decirlo como si quisiera golpearme sólo con la palabra – no ha sido tan amable de presentarnos.

Joseph y Bella entablan una animada conversación donde él detalla los múltiples viajes que ha hecho por todo el mundo, como ha arribado desde Irlanda pensando que el desagradecido de su pupilo lo recibiría con gusto. Hay un momento incómodo cuando ella le pregunta cómo nos conocimos que él elude magistralmente, pero sé que Bella no lo olvidará y que si quiero su perdón y sexo de nuevo, tendré que hablarle sobre eso. No entiendo por qué mi vida se complicó en tan sólo un segundo.

Cuando empiezan a reírse de uno de los malos chistes de Joseph, sé que he tenido suficiente.

Todavía estoy un poco borracho, todavía quiero tener sexo con Bella y todavía estoy un poco demasiado sorprendido por la repentina llegada del hombre que es la cara de ese interludio casi fantástico que experimentó mi vida durante el año más bizarro que he tenido a mis cortos veinte años. Sólo quiero dormir.

– Bueno, bueno… – digo interrumpiendo su conversación – son las 3:30 de la madrugada y creo que es la hora adecuada para ir a la cama.

Cuando los dos me miran retrocedo dos pasos por la frialdad de sus miradas.

¡Por Dios! ¿Por qué mi mejor amigo y mi… uh… Bella me odian?

Hay un silencio de dos minutos (sí, conté los malditos segundos) hasta que ella se levanta y habla.

– Debo irme, es tarde – trato de detenerla y decirle que puede quedarse conmigo, en mi cama, pero la mirada de Bella es matadora.

Joseph la escolta hasta la puerta, trato de acercarme a ella para darle un beso de buenas noches, ella simplemente me gira su rostro y se va. Paso mis manos frustrado por mi cabello y veo cómo Joseph camina hacia el salón en silencio.

– Has dejado ir a la mejor chica que pudiste haber encontrado – dice ya sin ningún rastro del humor anterior en su voz.

– Lo sé

El ambiente es pesado hasta que él se sienta a mi lado.

– Pensé que todavía no estabas listo.

Miro hacia mis manos y recuerdo las miles de conversaciones que tuvimos durante los seis meses que fuimos compañeros de viaje. Donde él fue mi sanador y mi guía. Pienso que aún lo sigue siendo, no por nada está aquí.

– No es eso.

Joseph se para frente a mí, con seriedad en su voz y su mirada.

– ¿Entonces qué es?

Pienso en lo que Bella y yo tenemos, esa fuerte conexión, lo que algunos llamarían química. Las risas, los besos, las caricias, la tranquilidad, la paz… hay mucho de lo que tenemos, todo menos amor. Estoy seguro.

– Somos amigos.

Él se ríe sarcásticamente.

– No lo creo

– Pues es lo que es – siento furia y desesperación por detener esta conversación lo más rápido posible. Si hay alguien que puede sacar toda la mierda de mí es él.

– Aún sigues más ciego que un topo – dice volviendo a sentarse a mi lado y recargándose contra el sillón.

– Y tú más impredecible que nunca – él sonríe – ¿cómo sabías dónde vivía?

– Simple. Te busqué, ya sabes, el que busca encuentra. ¿Y tú, qué estás buscando Edward? – pregunta con ese característico tono que tanto me molesta.

– Muy temprano para esa clase de preguntas Joseph.

– Pero no muy tarde para que tú te hagas esas mismas preguntas.

Ruedo los ojos y le doy una palmada en la espalda.

– Tengo sueño y gracias a ti la mujer que es el mejor somnífero que conozco me dejó para que lidie sólo con mis pesadillas, así que siéntete culpable.

– Puedo vivir con eso. ¿Puedes tú?

Lo miro enojado, porque sé exactamente a qué se refiere. Lo odio por hacerme recordar eso. La culpa.

No necesito que él lo diga, está presente en cada pequeño instante de mi vida, incluso en los más felices cuando Bella está conmigo, porque cada vez que me reflejo en sus ojos sé que lo voy a arruinar.

– Lo siento – su voz es más suave ahora – sólo quería venir a verte.

Asiento con la cabeza y lo llevo hasta el pequeño cuarto de invitados que mi inusualmente amplio apartamento de estudiantes tiene. Lo que el dinero puede hacer…

Cuando estoy acostado en mi cama, con mi cabeza en la almohada y el olor de Bella por todas partes simplemente dejo de pensar. Tomo un abrigo del armario y la llave que Alice sin ninguna razón dejó en mi apartamento antes de irse a su gira con la orquesta. A veces me pregunto si ella es síquica o algo así.

Llegar a su piso me tomó un minuto (sí, volví a contar los segundos). Ahora frente a su puerta me pregunto si esto es una buena idea. Recuerdo todos los apelativos que usé para describir nuestra relación, pero ahora con mi mano girando la llave descubro que he olvidado el más importante.

Necesidad.

Pura y simple necesidad.

Soy como un drogadicto yendo hacia su dosis diaria, la que significa vida o muerte si no la tomas. Una alarma se incendia cuando pienso que me estoy obsesionando con Bella, los recuerdos de cabello rojo y ojos azules vienen y tratan de demoler mi consciencia, pero extrañamente desde que Bella está en mi vida ella ya no es tan fuerte, su recuerdo ya no duele tanto y la memoria de la traición se está extinguiendo poco a poco.

Camino sin hacer ruido hasta que estoy frente a la puerta de su habitación, la tenue y pequeña luz del cielo ilumina su perfil cubierto por la sábana y sólo puedo pensar en que quiero estar con ella en esa cama. Que quiero que me envuelva con su calor, que me mire con sus ojos cálidos, y que me abrace como sólo ella sabe hacerlo.

Entro sigilosamente, midiendo cada paso, como un ladrón en medio de la noche. Me quedo parado frente a su cama disfrutando de este momento donde puedo observarla ahora que está dormida. Ella cae tan fácil en el sueño, mientras que yo sólo puedo hacerlo cuando ella está cerca. Apoyo mi mano en su mejilla, su piel es tan suave…

No aguato más, retiro con cuidado las sábanas y me acuesto a su lado. En su sueño Bella tiene el ceño fruncido y está tensa, me acerco lentamente, casi centímetro por centímetro hasta que envuelvo mis brazos en su cintura y ella inconscientemente pone su cabeza en mi pecho.

Suspiro satisfecho.

Me siento culpable y, hasta en cierta manera, furioso por esto, porque no se supone que debería sentirme así (de nuevo) pero está pasando y no puedo evitarlo. Incluso, estando aquí con ella, corriendo siempre hacia ella, siento que sólo estoy acelerando el proceso.

Es diferente e igual a la vez, una paradoja que trato de entender, pero que escapa de mis manos. Cuando veo a Bella sé que es diferente a Victoria, sin embargo; las comparo. Sé que lo que siento por Bella no es igual a lo que siento por Victoria, pero no puedo evitar pensar que estoy cayendo de nuevo.

La aprieto más fuerte contra mí, no quiero creer que la voy a perder a ella así como perdí a Victoria, así como siempre pierdo todo aquello que es importante en mi vida.

– No se supone que deberías estar aquí – dice Bella con su voz suave.

Miro hacia abajo, donde ella tiene su cabeza contra mi pecho y por su mirada sé que me ha estado viendo durante algún tiempo.

– No se supone que debías irte de mi departamento hoy.

Ella me mira duramente.

– Se supone que no debías olvidarme por completo.

Me inclino y beso su frente cuando la miro ella sigue enojada.

Mierda.

Bella se remueve un poco en la cama hasta que pone su dedo contra mi pecho. Empujando con fuerza. Sólo duele un poco.

– Tú, vete.

Levanto mis cejas con asombro.

– ¿Qué crees? – no digo nada por unos segundos, sin creer que esté hablando en serio – Estoy siendo totalmente seria.

Su voz es dura y su cuerpo está rígido.

Mierda y… mierda.

¿Qué hago?

Pide perdón, idiota.

– Yo lo s…

Bella me corta poniendo una mano sobre mi boca.

– No lo digas, estoy harta de tus disculpas.

Esto es grave, estoy empezando a desesperarme aquí, si no puedo conseguir que ella me perdone estoy perdido.

– Pero… – ella aprieta su mano más fuerte contra mi boca.

– No, ya lo dije. No quiero escucharlo.

Miro hacia sus ojos y veo el pequeño destello de su dulzura en el fondo. Eso me da esperanzas.

Beso su mano y espero que eso la derrita un poco, pero ella me mira como diciendo:

"¿Qué mierda pasa contigo amigo?"

Dios… estoy tan jodido

– No te enojes conmigo, por favor – tomo su pequeña mano retirándola de mi boca – no me gusta que estemos enojados.

– Vamos Edward, pasamos más tiempo peleando de lo que estamos sin que ninguno moleste al otro – me tenso por sus palabras. Sus ojos son serios, pero de repente me sonríe – Es una de las cosas que más me gustan sobre nosotros.

Le sonrío de vuelta.

– Pero eso no significa que puedas quedarte en esta cama esta noche.

Diablos.

Plan B.

– Negociemos – le digo utilizando mi último recurso. Bella me mira como si fuera a golpearme. Estoy seguro de que lo va a hacer.

– No se trata sobre pelear por algo que el otro quiere. Se trata sobre… ugh… no sé por qué estoy tratando de hacer que entiendas esto. Claramente no te importa.

Bella baja su mira y se esconde debajo de las mantas. La abrazo y la pego contra mi pecho sin saber qué hacer.

– Bella, por favor.

Su voz es suave cuando habla.

– ¿Sabes por qué estoy tan enojada?

– ¿Porque no te presenté con Joseph?

Bella se da la vuelta entre las mantas hasta que su rostro está frente al mío.

– No, tal vez un poco, pero en realidad se trata sobre ti ignorando que me preocupas, que quiero conocer tu pasado, que quiero saberlo todo sobre ti – ella levanta su mano y acaricia mi mejilla.

Mi cuerpo está rígido, he escuchado esas palabras antes, lo he visto en sus ojos muchas veces, pero ahora que lo dice estoy aterrado porque sé que ella quiere eso de mí. Mi pasado. Algo que no le he dado a nadie desde que me fui… y ella quiere tenerlo.

No sé cómo hacer esto.

– ¿Por qué? – le pregunto indefenso, porque no sé qué más hacer. Esa obsesión suya por tener algo que no puedo darle va a acabar con esta amistad.

Bella baja la mirada.

– Quiero conocerte – susurra

Levanto su barbilla para que me mire.

– Ya me conoces ¿qué importa el pasado?

– Importa para mí.

Paso mi mano por mi cabello nervioso por lo que quiere saber.

– ¿Quién es Joseph? – pregunta apretando mi mano fuertemente.

Los recuerdos vuelven, el dolor por el cuchillo, la forma en la que pasaba por mi espalda arrastrándose, la oscuridad y al final la voz que me salvó.

– Lo conocí en la India hace un año – me rindo, si ella quiere saber pues que lo sepa. Siempre puedo callar lo que realmente importa.

Bella pasa sus manos por mi pecho acariciándome, como si tratara de calmarme.

– ¿Cómo se conocieron?

Cierro los ojos y pienso cómo contestar. La cicatriz no es realmente un secreto, ella ya la conoce, lo que significa para mí no tiene por qué saberlo.

Tomo su mano y la paso lentamente por mi pecho hasta dejarla en mi espalda, sus ojos se ensanchan mientras siente el tacto grotesco y muerto de la piel que señala mis culpas.

– ¿Él te hizo esto? – su voz es apagada, siento cómo su cuerpo reacciona pegándose más al mío. Bella es una sanadora, ella necesita felicidad y tranquilidad de las personas a su lado. He conocido a muy pocas personas como ella, pero sólo Bella tiene esta calidez, como el sol en un día de primavera, no quema, pero da calor y paz. Eso es sólo una pequeña parte de lo que ella le hace a mi alma.

Niego con la cabeza.

– Él me salvó.

Bella abre más sus bellos ojos cafés.

– Cuéntame.

– Me atacaron y me robaron – mi voz es pesada con el recuerdo – él me encontró moribundo en la calle y me llevó hacia su casa. Joseph me curó y me cuidó mientras el dolor seguía allí.

Bella pasa sus manos por mi cicatriz de nuevo. El toque es delicado, como pequeñas plumas sobre mi piel.

– ¿Es por eso que es así? – con sus dedos traza pequeñas líneas por el borde de la cicatriz – no está bien curada. ¿Por qué no te llevó al hospital?

– Él tenía sus razones

Joseph es un hombre extraño, con un gran corazón pero múltiples traumas internos.

Bella no dijo nada por unos momentos, hundida en sus pensamientos tal vez. Miro a sus ojos ausentes y sonrío. Amo la manera en la que su mente vuela, como la hace parecer etérea y fuera de este mundo. Verla así hace que quiera besarla, pero justo cuando voy a hacerlo ella recupera el habla.

– ¿Estuviste con él el resto de tu viaje?

– Sí.

Veo cómo Bella va abrir su pequeña e insolente boca para seguir preguntando y rápidamente la callo con un beso.

– Creo que han sido ya muchas preguntas para una noche – y sólo para molestarla un poco digo – ¿Cuánto sexo es eso?

Bella entrecierra sus ojos graciosamente y me golpea en el estómago. Con fuerza.

Mierda, no quiero parecer un niño pero eso dolió.

– Eres un idiota.

– Me amas – le digo con la voz sofocada por su golpe.

Bella sonríe.

– En tus sueños imbécil.

Suelto una pequeña risa. Ya la tengo de nuevo.

La atraigo más hacia mí y envuelvo sus manos alrededor de mi cintura para que así ella devuelva mi abrazo.

– Deja de odiarme Bella – le doy un pequeño beso en la boca y ella suspira – sabes que al final no puedes conmigo.

– Ya he aceptado que eres un idiota, con eso podemos vivir los dos.

Bella me está sonriendo.

Por fin el mundo está en su lugar.

Ella pasa sus manos por mi pelo, lentamente, acariciando.

– Pero no vas a escapar Edward, mis preguntas no se han acabado.

Le ruedo los ojos.

– Lo sé.

Bella vuelve a sonreír.

– Bien.

– ¿Sigues enojada?

– Sí – dice con convicción.

La zarandeo un poco y ella se ríe.

– ¡Bella!

– Está bien, está bien. Ya no estoy enojada – le sonrío y acaricio su cabello lentamente. Acerco su rostro al mío y la beso.

Ella me embaucó, me hechizó. Desde la primera vez que la besé no he podido parar y ahora expongo mi vida ante ella sólo para poder seguir besándola. Algún día descubriré qué tienen sus besos que me han vuelto un adicto.

Cuando en medio del beso ella bosteza la dejo ir.

– Mañana compensaremos el sexo que hemos dejado pasar hoy – le digo a broma, Bella me sonríe y golpea ligeramente mi hombro antes de enterrar su cara en mi pecho y enredar sus piernas con las mías.

– Pervertido

Meto mis manos bajo su camisa de dormir y las dejo sobre su estómago, pero ella toma una y la lleva hasta su pecho.

– Así está mejor – dice somnolienta.

Beso su frente y sonrío en medio de mi sueño pensando en que ella puede sacar cualquier cosa de mi sólo con mover un dedo.

Soy su puto esclavo.


Bella POV

Edward tiene el sueño tan pesado… he tratado de moverlo de encima de mi cuerpo pero el hombre simplemente no responde.

Vamos Edward, responde, quiero salir de aquí.

– ¡Bella! – Alice dice entrando a la habitación y deteniéndose abruptamente cuando ve a su hermano prácticamente sobre mí.

Alza una ceja y sonríe.

¡Oh Dios!

– Mmm veo que estás un poco ocupada, mejor me voy.

– ¡No! – Vamos, prácticamente grité en el oído de Edward y él no se levantó. No sé qué más hacer – No me dejes Alice – trato de mover a Edward, pero él se abraza más a mí, miro a su hermana con súplica en mis ojos – Ayúdame a despertar a Edward, si no fuera porque está respirando en mi cuello creería que está muerto.

– Ugh Bella, no quiero verlo desnudo – dice ella caminando hacia la puerta.

– ¡No está desnudo!

La pequeña duende me sonríe.

– Está bien, tengo una solución – abre la puerta y sale de la habitación.

– ¡Alice! – digo pensando todos los insultos para las malas amigas que te dejan cuando más las necesitas.

Estoy discutiendo con las pequeñas esperanzas sobre el plan de golpearlo en sus partes débiles cuando ella aparece con un vaso de agua caminando sigilosamente hacia nosotros.

– ¡Alice! No… – pero ya es muy tarde, ella vertió el agua justo en su espalda y Edward se levanta de un salto de la cama.

¡Oh gracias! Ya puedo respirar.

– ¡Qué demonios! – grita Edward mirándome con su cabello todo alborotado y enojado. Con mi dedo señalo a Alice.

– Traidora – dice ella antes de dedicarle una tímida sonrisa a la mirada iracunda de Edward.

– Debías despertarte en algún momento – Edward se acerca a ella lentamente como si quisiera estrangularla – la estabas asfixiando – dice Alice cuando golpea la puerta con su espalda – ¿No vas a hacerme nada, cierto?

Edward se lanza contra ella en son de broma y Alice se escabulle por un costado. Estoy riéndome como nunca en mi cama. Me levanto y tomo a Edward de la cintura envolviéndolo con mis brazos.

– Escapa – le susurro a Alice y ella me sonríe antes de salir corriendo por la puerta.

Edward se gira entre en mis brazos y me mira con su cara de póker. Quiero besarlo.

– ¿Y? – dice señalando su camiseta mojada.

– No querías levantarte – contesto encogiendo mis hombros.

– ¿Tenías que llamar a Alice? – se separa de mí y toma el dobladillo de su camiseta quitándosela.

¡Santa madre de Dios!

Oigo el sonido de tres pequeñas esperanzas golpeando el suelo al desmayarse.

Tengo el impulso de seguirlas.

– Ella se ofreció

Edward sonríe y se acerca lentamente a mí. Sabe lo que me está provocando.

– ¿En serio? – sus manos están sobre mis hombros masajeándolos ligeramente y haciendo que me estremezca mucho más que ligeramente.

– Sí – susurro sobrecogida por sus ojos verdes que me atraparon.

– Bueno pues ya que estoy mojado – su dedo pasa por mi brazo – y tú también – oh señor – creo que los dos necesitamos una ducha.

– Muy temprano para ser un seductor Cullen – digo recuperándome.

Edward sonríe, se agacha y me toma por las piernas hasta colgarme en su hombro.

¡Señor! ¡Es un cavernícola!

– Sabía que era demasiado bueno para ser verdad – su voz vuelve a la normalidad y sonrío por mi triunfo hasta que me da una nalgada.

– ¡Edward! – el suelta una carcajada – idiota.

Él sale de mi habitación abriendo puerta tras puerta por el pasillo.

– ¿Qué estás haciendo?

– Buscando la ducha

– ¡Edward! – vuelvo a gritar cuando me doy cuenta de que su proposición indecente acerca de esa ducha es real – Bájame ahora.

– Nop.

Damos la vuelta hacia la pequeña sala.

– El baño está por allá – susurro tratando de no llamar la atención de Alice, pero ya es tarde. Ella y Jasper están en la isla de la cocina comiendo y nos ven con los ojos como platos. Esto se pone cada vez peor y peor.

– Discúlpennos, Bella y yo estamos buscando la ducha – dice tan tranquilo, como si él no estuviera tan sólo con un pantalón de pijama y yo con una pequeña blusa y pantaloncillos cortos exponiendo mi trasero para que todos lo vean.

Jasper señala hacia el pasillo de la habitación de Alice.

– ¡No! – grita Alice saltando de su banco – no van a mancillar mi baño de esa manera.

Entonces Edward gira hacia la puerta.

Trato de verle la gracia a todo este asunto pero no puedo, no mientras mi cara quema más que el infierno por la vergüenza que siento.

– ¿A dónde diablos vas? – le pregunto reaccionando para salvar algo de mi dignidad.

– Al baño de mi habitación.

Ruedo mis ojos.

– Bájame en este momento Edward Cullen – estoy siendo seria con esto. Tal vez si Alice y Jasper no estuvieran aquí…

– Bella… – su voz es suplicante.

– Bájame Edward

Él suspira y me deja en el suelo.

Miro hacia mis dos amigos tratando de cubrir los daños, pero los dos simplemente se están riendo.

Les saco el dedo de la mitad y tomo a Edward de la mano para sacarlo de ese apartamento de payasos. Cuando estamos en el pasillo me aprieta contra la pared y me da un beso profundo hasta que se me acaba el aire.

– ¿Eso es un sí a la ducha? – dice con voz sugerente.

– No, eso es un llamado de atención para que pienses en tu huésped.

Edward niega con la cabeza y toma mi mano.

– No he olvidado a Joseph, sólo quería molestarte – le ruedo los ojos y le doy un último beso.

– Te veré más tarde, necesito quitarme toda esta humedad por tu culpa.

– Es otro polvo que me debes Bella – murmura. Lo golpeo ligeramente en las costillas.

– Deja de ser un pervertido

– Te encanta

– Tal vez… – él me sonríe y me da otro pequeño beso antes de irse.

Entro al apartamento y veo al par de tortolos mirándome atentamente.

– Edward sí que es rápido – dice Jasper tomando un sorbo de café.

– Sabes que siempre puedes quejarte cuando un hombre no te satisface Bella – Alice dice de la misma manera.

– Son asquerosos chicos – los dos empiezan a reírse mientras yo me meto a mi cuarto.

– Así que lo tienes de las bolas – dice Joseph atrapando una pequeña flor acariciando sus pétalos como si se tratara de una mujer.

Sonrío por su comentario.

Estamos en Regent's Park, dado que Edward tenía una llamada urgente del profesor Ridge. Esa pequeña cosa acerca de que él se encargaría del concierto de final de semestre era cierta y yo como soy tan amable y estoy tan necesitada de información, me ofrecí a llevar a desayunar a Joseph.

– Ya me gustaría – digo distraída sentándome en una pequeña banca mientras él sigue examinando otro par de flores, parece estar fascinado por los colores, perdiéndose a sí mismo dentro de su mente.

– Pues lo tienes – me sonríe y se sienta a mi lado – me agradas Bella, y sobre todo, me agradas para él.

Me sonrojo por su comentario y me quedo en silencio, no sé cómo responder a eso.

– ¿Te contó cómo nos conocimos? – asiento con la cabeza – ¿te dijo la verdad?

Levanto mi cara y lo miro fijamente, no es como si con sus ojos me dijera la verdad sobre su pregunta, todo acerca de él es muy críptico, pero siento que me doy un poco de validez ante él por enfrentar su mirada.

– Me dijo que lo salvaste cuando lo atacaron en la India.

Joseph asiente y desvía su mirada de la mía.

– Pienso que él me salvó a mí – su voz se pierde con el viento. Trato de no parecer tan interesada en ese hecho, esperando que él continúe hasta que lo hace – Edward apareció en mi vida en el momento en el que más necesitaba de alguien. He sido un solitario desde hace mucho tiempo querida, tanto que no recuerdo cuanto ha sido hasta que encontré a Edward.

Sigo en silencio, meditando sobre sus palabras, pensando que yo he sido igual de solitaria, cerrada al amor, hasta que lo conocí. No conozco la historia de Joseph, pero siento que tenemos algo en común.

– Él es un gran chico, con un corazón demasiado grande, supongo que esa ha sido su bendición y maldición a la vez – continúa él y entonces me mira – pero contigo siento que está dejando de lado esa necesidad de controlarlo todo y ser sólo un chico de veinte años como los demás. Tú lo haces feliz.

Las lágrimas se agolpan en mis ojos, las pequeñas esperanzas tienes todas ellas un montón de pañuelos, por si acaso.

Joseph me sonríe y toma mi mano.

– Él también me hace feliz, sólo que a veces… – pienso en esos pequeños instantes cuando quiero dejar todo, dejarlo ir y seguir con mi vida – él es tan cerrado, nunca habla sobre sí mismo, sobre sus sueños, pasado o futuro. Es como si sólo viviera para el presente olvidando todo lo demás.

Joseph asiente.

– Es algo que le enseñé – abro mis ojos como platos – Verás Bella, cuando la carga es demasiado pesada para llevarla, es mejor dejarla atrás.

– Yo quiero ayudarlo con eso – mi voz se rasga un poco.

– Tal vez no puedas sobrellevarlo – suelto su mano de golpe.

Siento furia en mi interior y me pregunto qué clase de amigo es él para Edward.

– No quiero dejarlo solo. Edward no merece estar solo – Joseph parece un poco impresionado, asombrado.

– Cuando menos lo buscas el amor te encuentra… – susurra.

– ¿Qué?

– Edward tiene asuntos que arreglar consigo mismo, es algo que sólo él puede hacer. Arreglar su propia alma, pero hay algo en lo que puedes ayudar.

– ¿Qué? – pregunto con desesperación en mi voz.

– Arreglar su corazón.

Mi corazón salta contra mi pecho y pienso en todas las veces que ha respondido a Edward de la misma manera, pero ahora es diferente. No sólo es la agitación en mi pecho, también está el sentimiento de la falta de aire y el peso de mi propio cuerpo.

– Él puede amar mucho Bella, tiene una gran capacidad para dar amor, pero no olvida fácilmente. Es un poco torpe para darse cuenta de lo que sucede a su alrededor hasta que lo golpea en la cara. Él no entiende de afirmaciones sutiles, por lo menos no en la vida real, y si tú le estás demostrando tu amor de esa manera él nunca lo va a captar, si quieres que lo sepa díselo de frente.

No sé qué pensar, mi mente es un caos ahora.

"Te lo dije, tonta"

"Que no se nos escape, Bella. Al frente con la operación 'te amo'"

"A por él"

"Sí se puede"

Las pequeñas esperanzas están como locas en mi cabeza.

¡Por Dios! ¡Cállense todas!

– Yo… – trato de hablar después del denso silencio, pero la lengua se me traba.

Joseph se ríe.

– No te estoy obligando a nada querida, sólo es una pista – la voz de Joseph es suave y de repente me invade una increíble gratitud, y lo abrazo fuertemente.

– Gracias, Joseph – él me devuelve el abrazo y las lágrimas que tanto he estado conteniendo escapan de mis ojos – yo lo quiero tanto, tanto. Cuando las cosas están bien siempre aparece algo que lo aleja de mí.

Joseph acaricia mi espalda tratando de tranquilizarme.

– Es porque tú misma has decidido que el pasado sea una barrera entre los dos. Déjalo ir, así como él trata de hacerlo. Cuando menos lo esperes él te contará todo.

Dos horas más tarde mientras estoy en mi cuarto con la música golpeando en mis oídos a través de los audífonos considero la posibilidad de que Joseph haya sido un ángel caído del cielo. Edward y él salieron a dar vueltas por Londres hace poco y Edward parecía tan feliz de estar con su amigo que no puede evitar pensar qué tan importante era la parte del pasado de Edward que incluía a Joseph.

Él es un gran hombre, un hombre sabio que me hizo ver toda esta tonta historia de amor de otra manera. Después de todo ¿cómo pudo saber lo que estaba pasando, lo que estaba haciendo, todos mis errores? La teoría del ángel vuelve con más fuerza.

Sonrío cuando recuerdo la forma en la que Edward me besó antes de irse. Tan dulce, tan suave… ugh, no tengo palabras para describir todo lo que él causa en mí. Como todo el tiempo quiero estar con él, como quiero que nunca se aleje, ser yo quien esté siempre para él, a quien abrace, a quien bese, solamente yo, ser quien cure su… corazón.

Joseph tiene razón, Edward no entiende de sutilezas. Tal vez es tiempo de tomar un poco de valentía y decírselo, pero Dios sabe que no sé cómo hacerlo, que tengo tanto miedo de asustarlo y que se aleje. Sé que una parte de él se siente seguro con este estado de "sólo amistad" pero con el tiempo eso terminará acabando con los dos.

¡Oh Señor!

Alzo mis manos al cielo pidiendo ayuda, porque no sé manejar este asunto de la "declaración"

Entierro mi rostro en la almohada y trato de dormir un poco. La inconsciencia es un regalo bien recibido

Tiempo más tarde siento a alguien abrazarme fuertemente y besar mi cuello.

Edward… suspiro. Sólo olvido todo lo que estaba pensando antes.

– Déjame dormir hombre de las cavernas – digo con una pequeña risa en mi voz, pero sobre todo con felicidad al saber que está nuevamente a mi lado.

– Mmm… ya dormiste demasiado ayer – murmura contra mi cuello acariciando mi cabello.

Levanto la cabeza y me muevo en la cama para enredar mis brazos en su cuello.

– Tenemos clase mañana.

Edward sonríe y pasa su pulgar por mi labio inferior. Todo mi ser se estremece.

– No me importa, siempre podemos pasar de la primera hora.

Me río y lo abrazo más fuerte para acercar su cara a la mía.

– Me corrompes – susurró contra sus labios y él sonríe.

– Tú lo hiciste conmigo Bella Swan – sus ojos son tan claros y me pierdo en ellos olvidando todo excepto que quiero besarlo, así que lo hago.

Choco sus labios contra los míos gimiendo un poco ante la sensación de dulzura y calidez. Edward toma mi cuello a me acerca más hacia él introduciendo su lengua en mi boca. Mi corazón se acelera al ritmo del incesante y casi diabólico beso que me está dando. La respiración me falla hasta que se aleja un poco.

– ¿No hay preguntas esta noche? – dice con la voz entrecortada.

Pienso en sus palabras. Creo que tengo una.

– ¿Por qué te gusta estar conmigo?

Edward se acerca más a mí hasta tener sus labios contra los míos.

– Porque eres cálida – toma uno de los mechones de mi cabello y lo envuelve alrededor de unos de sus largos dedos – porque me haces sentir como si estuviera a mil pies de altura – mi respiración se acelera mientras pone su frente contra la mía – porque eres hermosa, tierna, fuerte y a veces, muy pocas veces – dice guiñándome un poco – me golpeas para ponerme en mi lugar – me río y lo beso suavemente – me gusta estar contigo porque cuando estamos juntos no existe nada más – vuelvo a sentir pequeñas lágrimas en mis ojos. ¡Cómo odio ser sentimental! – Sólo tú – sus ojos me atrapan – Sólo yo.

Edward me besa poniendo toda la longitud de su cuerpo contra el mío.

Me vuelvo frenética contra él tratando de tocar, de sentir todo lo que pueda.

– Tómame Edward – susurró contra su boca con mi voz agitada – quédate esta noche.

Edward se aleja de mí quitándose su camisa en el proceso.

– Siempre Bella, siempre – besa mi boca de nuevo y me pierdo en las sensaciones.

El suave toque de sus manos mientras me desnuda, el olor de su piel cuando puedo sentirlo totalmente sin barreras contra mis pechos. Su boca, sus dedos, sus caricias me vuelven loca y trato de tener su cuerpo lo más cerca posible del mío.

Edward tiene su boca en uno de mis pezones cuando recupero mi voz. Sólo puedo gemir

– Ven – me dice jalando mi cabello para poner su boca contra la mía en un beso frenético, enredo mis piernas en su cintura. Edward me sonríe y gira su cuerpo dejándome sobre él en la cama

– ¿Qué estás haciendo? – pregunto agitada sin saber qué hacer, viendo su caliente cuerpo debajo del mío.

– ¿Has escuchado del orgasmo vaginal? – dice besándome ligeramente y sonriendo cuando enreda sus dedos en mi pelo acariciando mi cuello.

– No – digo con los ojos fijos en los suyos – pero me gustaría que me lo mostraras.

Edward pasa sus manos por mi cuerpo lentamente, provocando y robando mi consciencia.

– Eres una mujer hermosa Bella, pero lo que más me vuelve loco sobre ti es tu inocencia – masajea mis pechos mientras suelto un largo gemido.

Edward deja una de sus manos acariciando un pezón y la otra la lleva hasta mi entrada acariciando mi clítoris. Siento que voy a caerme sobre él.

– Móntame Bella – su voz es ronca y profunda. Música seductora y perversa, vuelvo a gemir.

Tomo la única prenda sobre su cuerpo y la bajo exponiendo la imponente erección a mi vista. Desde esta posición parece estar tan cerca. Lamo mis labios preguntándome que tal será tenerlo en mi boca. Miro hacia Edward y sé que sabe lo que estoy pensando.

– Hoy no – dice jalando mi cabello para besarme.

Cierro los ojos durante el beso y me prometo que la próxima vez lo haré. Para mi placer y para su placer.

– Toma el condón – dice él señalando hacia mi mesa. Levanto mi ceja.

– ¿Cuándo suministraste mi habitación de condones? – alcanzo el cajón de mi mesita y saco el preservativo.

– Te explico después, no puedo pensar ahora mismo – me río y abro el paquete.

Mierda, no sé colocar un condón.

Edward me mira y sonríe ampliamente. Se apoya contra el respaldo de mi cama y se levanta ligeramente para que pueda ver cómo lo hace.

– Es un privilegio ser tu profesor de sexología – me dice burlonamente.

Quiero golpearlo, pero antes de que pueda hacer nada Edward me levanta y me deja caer sobre su erección. Cierro los ojos con fuerza sosteniendo el aire en mis pulmones. La sensación de tenerlo dentro de mí es tan intensa, tan fuera de este mundo. Escucho el fuerte gemido de Edward a lo lejos y sus manos agarrando fuertemente mis caderas mientras me impulsa arriba y abajo sobre él.

Grito cuando lo siento entrar y salir de mí.

– Esto Bella es la posición de la vaquera – dice apretando los dientes.

Cuando recupero el control sobre mi cuerpo me doy cuenta de lo que me está dando. El poder de dominarlo, el poder de obtener por mí misma mi placer a través de él. En este instante decido que esta es mi posición favorita. Empiezo a moverme sobre él al ritmo que necesito, las contracciones de mi interior y verlo a él con su rostro lleno de placer me lleva al frenesí total y me dejo ir gritando su nombre. Golpeó mi frente contra su pecho sintiendo como Edward se sigue moviendo en mi interior hasta que tiene su orgasmo.

El sueño me está venciendo, mis manos recorren su pecho hasta que llego a su cuello donde me quedo colgada muriéndome por un beso. Edward ve mi necesidad y pone sus manos contra mis mejillas.

– Eres maravillosa – le sonrío y le doy un pequeño beso en su nariz.

– Lo sé.

Edward se ríe y toma mi cara para dejarme un profundo beso en la boca.

– Ahora déjame alistarme para dormir.

Él sale de la cama completamente desnudo, pero no estoy prestando atención. Sólo quiero dormir, él me dejó agotada, devastada y más enamorada que nunca.

Las pequeñas esperanzas están abanicándose con la visión de su trasero desnudo perdiéndose por la puerta. Sonrío pensando en el grito que pegaría Alice si lo viera así.

Pero de síquica algo tengo porque poco después escuché el grito que había imaginado.

– ¡Ugh! ¡Edward! – empiezo a reírme mientras escucho cómo algo cae en el piso de la sala y los pies de Alice corriendo.

No quiero pensar todavía en la declaración, porque siento en mi corazón cómo él disfruta de esta amistad, pero sé que debo hacerlo.

Es bueno imaginar una vida entera así con él. Es como un sueño que me gustaría cumplir.


Aquí un nuevo capítulo, espero que les haya gustado. Si te gustó déjame tu opinión, significa mucho para mí.

Gracias por los comentarios y un ENORME abrazo de cumpleaños para Caro Bere Cullen que estuvo cumpliendo años, 19 hermosos añitos.

Este cap va dedicado especialmente para ella, espero que lo hayas pasado de lo mejor : ) me hubiera encantado regalarte un Edward desnudo, pero no puede más que dejarte este cap para ti.

Perdón por no responder los reviews, lo voy a hacer ahora mismo, ya que sigo sin internet.

Las quiere, fer92.