Capítulo 20: Contraataque

-He terminado...-Dijo levemente. Secamente. Con voz apagada. Nunca nadie le había dicho que acabaría destruyendo Moscú. Pero, era algo que le habían dicho que debía hacer, y así lo hacía.

Desgraciadamente se había pasado la mayoría de su triste existencia obedeciendo ordenes de seres que aspiraban demasiado alto, y que, siempre lo terminaban considerando como un simple peón.

Y aunque todo lo que le rodeaba era terror y desesperación, así como todo lo referente a una ciudad muerta, su mente estaba lejos. Allá, en un lugar al que nadie podía acceder, allá donde solo dos personas tenían llave para abrirlo.

Para ser más exactos, su mente, así como la mayoría de sus movimientos tenían un punto final de encuentro. Volverse a encontrar con ella. Había terminado con su trabajo, por lo que, sacando de debajo de su camisa un colgante que se podría abrir, observó lo que en el interior de dicho colgante se encontraba. Una fotografía.

-Rekcah...-Murmuró. Y luego, observó el cielo. Cada vez brillaba más, y sabía que, mirándolo, podía verla a ella, a lo lejos. En el horizonte.

El cielo brillaba aún siendo de noche. Eso era algo que podía dar por un hecho desde el lugar en el que se encontraba. Esa brillantina multicolor, se filtraba por los ventanales que hacían de techo en una pequeña base estadounidense.

Una chica, sentada en una butaca oscura, toqueteaba tranquilamente cinco ordenadores que formaban una pequeña unidad de control militar.

A primera vista, parecía completamente concentrada en aquellos ordenadores, aunque, en realidad su mente residía en otro lugar.

A veces se preguntaba porque había terminado así. ¿Cual era la razón por la que todo siempre tendía al desorden y al caos? ¿Porqué la gente se mataba entre si?

Sabía que no era la más indicada para hablar puesto que, a su corta edad, había asesinado a miles de personas solo por cumplir las ordenes de un hombre desquiciado.

Pero, se lo debía todo a esa persona. Le había dado cobijo, una familia, y lo más importante, una razón de vivir.

"En nuestro mundo ideal, cada uno de vosotros tendrá sus sueños como realidad. A mis ordenes, tendréis lo que queráis."

Era un acto egoísta, lo sabía, además de saber que para que se cumpliera su deseo millones de personas lo habían perdido todo. Pero simplemente quería vivir en tranquilidad durante toda la vida, lejos de la humanidad, en sus brazos.

-Rayzo...-Suspiró con una sonrisa, que fue acompañada del ruido que se producía cuando alguien salía del estado de "teletransporte".

Ese ruido, se podía describir con una simple explosión apagada, de fuerte a flojo.

-¿Ya has llegado?-Dijo ella con una sonrisa y voz dulce, mientras giraba su asiento.

-¿Una cría?-Gritó uno de los recién aparecidos.

-Sí. Rekcah. Que no te engañe su apariencia de niña, es una de las mejores informáticas sobre la faz de la Tierra.-Dijo Espe, mientras acariciaba a su Espeon.

-¿Cómo?-Dijo ella, mientras, alarmada, se levantaba de su asiento, y tocando un botón del ordenador, hacía aparecer tres pokémon en la sala. Porygons.

-Tus Porygon dejan muchos rastros. El Ranger Negro los ha encontrado segundos después de que realizarás tu atentado.-Dijo ella.-Totalmente comprensible si no te importa lo que viene después.-

-Pero...-Jadeó ella, impresionada por el hecho de que la hubiesen pillado tan fácilmente.

"Con estos Porygon, nadie podrá detectarte. Además, puedes usar esta base abandonada del gobierno que convertimos en nuestra hará unos años"

-Además... fue Negro quién descubrió la base. Así que fue muy fácil de llegar hasta aquí.-

Traición. Eso era lo único en lo que pensaba. Alcayuco la había vendido para que, mientras se encargaban de ella, él pudiese seguir invocando a Arceus. Pero... ¿Podía estar segura de eso?

"Mi niña, no me fío de Alcayuco. Sé cuidadosa. Estaré contigo en cuanto antes".

Y mientras en su mente pensaba "¡Mierda!", se giró, dándoles la espalda a los recién aparecidos, y mientras recogía algo de encima del ordenador, los Porygon empezaron a cargar energía.

-¡Dispersión! ¡Electrocañones de frente!-Gritó Espe, mientras se agachaba a tiempo para que las bolas eléctricas pasarán por encima suyo.

-¡Está huyendo!-Gritó Chica, que también se había agachado, o mejor dicho, tirado al suelo de una forma nada elegante, mientras agarraba nerviosamente una pokéball de su cinturón y la lanzaba contra el suelo.-¡Adelante, Ivysaur!-

El pokémon réptilico que tenía una especie de palmera en flor en la espalda dijo su nombre en el mismo momento en que dejaba ir un azote de dos docenas de hojas cuchilla contra los tres pokémon normales.

-Esta huyendo.-Dijo Jorge mientras se levantaba. Agarró elegantemente una pokéball con su mano, y lanzándola contra el suelo, empezó a correr hacía la chica.

Ella, había empezado a correr hasta una puerta de cristal, a la cual disparó con su recién cogida arma. La estructura del cristal se deshizo en miles de pedazos, permitiéndole pasar por ese lugar, y empezar a correr por un pasillo colindante por el cual podía girar y despistar a los intrusos, mientras una ráfaga de hojas arrasaba con el primer de los Porygon, debilitándolo al acto.

-No os mováis... lleva un arma.-Dijo Jorge mientras empezaba a correr hacía dicha puerta, siendo seguido por un Noctowl.

-No creo que seas el mejor indicado para seguirla. Eres un oficinista, no estas preparado para esto.-Le espetó Espe con total seriedad.

-¿Y tu sí?-

-Llevo años peleando contra ellos. Esta claro que si...-Dijo ella, mientras le indicaba a su Espeon que empezará a correr, poniéndose a seguir a la chica.

-Me niego.-Dijo él, mientras detrás suyo el chico que tenía rastas en el pelo (Ricardo) ayudaba a levantar a Chica del suelo. "Gracias" se oyó de fondo.

-¿Soy el único al que le parece que esto es demasiado peligroso?-Dijo Daniel, mientras se rascaba la cabeza, e intentaba aplastar de nuevo su pelo rizado para que no pareciese una escarola.

-Sí. Además, para derrotar a una chica no hacíamos falta tantos.-Dijo Ricardo.-Aún así... ¡Cuidado que los Porygon vuelven al ataque!-

Dos pokéball impactaron contra el suelo mostrando un Ursaring y un Donphan. El primero, se lanzó contra uno de los Porygon y le asestó un potente golpe que lo debilitó al instante. El Donphan contestó al movimiento del gran oso volviéndose una rueda, y asestándole un tremendo golpe al otro pokémon virtual.

-Tenían ese ataque, pero por lo demás eran débiles.-Dijo Daniel, mientras observaba como Ricardo se había sacado un cigarro de su riñonera.

-Estoy seguro de que esta era tan solo la primera parada. Ya sabes que también han atacado Roma y Madrid.-Le contestó seriamente Ricardo, mientras se colocaba el pitillo en la boca.-Mucho me temo que vamos a pasarlas más putas en la siguiente parada...-

-¡Nunca se sabe que puede pasar!-Gritó sin venir a cuenta la chica, mientras alzaba una de sus manos en puño hacía el techo.-¡Vamos Ivysaur! ¡No vamos a ser menos!-

El arma se disparó. Pero no llegó a su fin, puesto que una barrera psíquica la bloqueó en el aire y la hizo caer contra el suelo una vez se hubo desecho de su movimiento rectilíneo.

Kusa, gritó de rabia mientras se bajaba del Rhydon y mientras dejaba caer el arma contra el suelo, contestaba el ataque psíquico liberando de su pokéball a su Raichu.

-Vaya, parece que tu rostro se ha endurecido desde la última vez que nos vimos...-Dijo mientras observaba como agarraba otra pistola que llevaba colgando en su trasero y apuntaba de nuevo hacía ella.

-¡Devuélvemelos! ¡Devuélvemelos!-Le gritó con todas sus fuerzas mientras descargaba la munición de la pistola contra ella. Ninguna de las balas llegó a su destino. El Hypno se había puesto delante de los dos humanos, y mientras el péndulo de mano se movía lentamente en una de sus manos, con la otra formaba una barrera lo suficiente potente para impedir el paso de los proyectiles. En ver eso, le indicó a su Raichu que atacará al pokémon psíquico.

-¡Apártalo! ¡Apártalo!-Le gritó a su pokémon que, aunque preocupado por la salud mental de ella, asintió y lanzó una descarga eléctrica contra su adversario que, desgraciadamente, se estrelló violentamente en la barrera que había realizado este, mientras, con la mano alzada, se burlaba de ese hecho.

-Agatha... es hora de que te vayas. Creo que sería bueno de que informarás de que hemos eliminado al último entrometido que sabía más de la cuenta.-Dijo Rafael, muy tranquilo, mientras observaba a la chica, con claros signos sexuales en ello.

-Maldito seas, Rafael...-Dijo ella, girando sobre sus talones, viendo lo que tenía en mente.-Cuando termines... calcina el cuerpo... ya sabes lo que ocurre cuando no lo haces bien y empiezan a indagar...-

-No hará falta. Empieza nuestra era, mi querida muchacha. Además, dudas de mi sigilo? Tu aún te preocupabas por lo que haría el cantante de moda cuando yo empece a usar estos poderes.-Dijo él, con una clara sonrisa.-Primero, claro está, tengo que destrozarle a sus dos pequeños y estúpidos pokémon... ¿Charizard?-

Y mientras su Hypno impactaba un potente barrido psíquico sobre el pokémon eléctrico, matándolo al acto con un simple corte de toda conexión sináptica, Kusa había desaparecido en el agujero dejado por el Rhydon, que recibió un potente puñetazo de un Charizard de piel oscura muy conocido nacionalmente hablando por haber terminado con la vida de cierto cargo público.

Ella escuchó, en forma de pequeña vibración, la caída del Rhydon al suelo, aunque, no se le borraría de su mente lo que acababa de ver en su huida.

El Hypno, sin miramientos, y con un terrible poder, mucho más allá del permitido en torneos oficiales, había asesinado de la forma más llana posible a su Raichu.

Aún en su cabeza rezumaba la carita de su adorable pokémon blanca, con la boca abierta, mientras se había caído de espaldas contra el suelo. Realmente, eso no se lo esperaba. Todo menos eso. Y además, le dolía el brazo, por culpa de la explosión.

¿Quizás se había precipitado? Ese pokémon era demasiado poderoso para hacerle frente con lo que tenía ahora mismo... ¡A no ser que! En su mente apareció una imagen nítida. Era uno de los mejores pokémon de Kir. No había tenido tiempo de despedirse de ninguno de ellos... él lo había malgastado... ¡Pidiéndole que no matará!

Y mientras una lágrima caía por su mejilla, agarró la pokéball, y la observó, al mismo momento en que, una silueta se asomaba por la entrada al agujero. Era ese Charizard. Ese maldito Charizard, por culpa del cual habían matado a Reub. Aún así, le parecía muy familiar, como si, en el pasado hubiese pasado mucho tiempo a su lado.

Y mientras agarraba una ultra ball, miró a los ojos a esa criatura que, hacía unos meses, abrazaba mientras Reub le comentaba que su Charizard había tenido crías. Era el hijo del primer pokémon de Reub, y si quería sobrevivir, tenía que quitarlo del camino.

-Lo siento bonito... por lo que fuiste... me sabe mal tener que acabar contigo. Pero... por respeto a quién fue tu entrenador, a quién te entrenó desde pequeño... ¡Acabaré contigo!-Dijo mientras lanzaba la bola negra y blanca con dos lineas amarillas verticales contra la superficie exterior, exactamente hacía donde se encontraba el dragón.