Cuando entreabrió los ojos, los rayos del sol entraban por las cortinas. Las luces estaban apagadas y la habitación desconocida en la que se encontraba, estaba en la penumbra. Daryl podía alcanzar a identificar todo lo que había a su alrededor y tras echar un vistazo rápido supo que se encontraba en un hospital. Podía escuchar los zumbidos y pitidos que emitía todos y cada uno de los equipos médicos que le rodeaban.

Movió ligeramente su cuerpo, y todo él le dolía. Era como si le hubiese arrollado un camión. Paseó su vista por toda la habitación a oscuras observando un par de bultos en el sillón que había a su derecha. Entrecerró los ojos para reconocer a las personas que había sentada en él.

Carol estaba estirada en éste, con Sophia apoyada en su pecho profundamente dormida. Pensó, por un momento, que la mujer también dormitaba, pero cuando fijó su mirada en ella se percató que sus ojos estaban entornados, y que éstos le miraban.

-Hey, Pookie –Le saludó la mujer, mientras con cuidado de no despertar a Sophia, la apartó de su cuerpo y la dejó reposar contra el sillón. La mujer se levantó y se acercó al filo de la cama del hospital. Y cuando estuvo a su altura, centró sus ojos en los suyos. – ¿Cómo te encuentras? –preguntó suavemente.

-Hecho una auténtica mierda. –Lo cual era una realidad, pues le dolía el estómago, y su cabeza parecía darle vueltas. La mujer hizo una mueca, y llevó una mano hacia su cabello apartando sus cabellos de sus ojos pequeños.

La mujer sintió, que el nudo que había permanecido en su garganta durante esos dos días, se deshizo un poco. Sus miradas fueron tan intensas que su cuerpo se estremeció, y dejaron que éstas hablaran por ellos. Ella necesitaba decirle algo.

-Nos diste un buen susto… -dijo Carol, con una sonrisa triste, mostrando el miedo que había tenido todos estos días por la posibilidad de perderle para siempre.

No quería relatarle como había sido esas horas en las que al llegar a la casa quemada de Daryl, le había encontrado desangrado e inconsciente. Sophia estaba tremendamente angustiada por creer que había muerto. Había respirado un poco aliviada al escuchar que estaba vivo, pero ese alivio desapareció al saber que debía ser operado con urgencias para extraerle la bala que le obstruía el estómago. Hasta que no le había visto abrir los ojos, no se había quedado tranquila.

Daryl notó la voz preocupada y cansada de la mujer, y parpadeó. Cayó en la cuenta por el rostro cansado de Carol que apenas debía haber dormido en el tiempo que llevaba allí.

-¿Cuánto llevo aquí? –preguntó curioso.

-Un par de días. -Daryl levantó las cejas confuso por el paso del tiempo.

-¿Qué me han hecho?

-Te han operado y te han quitado la bala. –El arquero masculló para sí mismo. Repasó la mirada por la habitación y la centró en la pequeña quien estaba acurrucada en el incómodo sillón.

-¿Cómo está? –Preguntó mirando a Sophia. Carol se giró sobre si misma hacia su hija, girándose de nuevo hacia el arquero.

-Bien, ahora mejor, estaba muy conmocionada, pensó que estabas muerto… No ha querido separarse de ti en ningún momento. No quería perderte.

Daryl suspiró abrumado por las sensaciones que estaba sintiendo. Carol le observaba mientras recordaba todo lo que su hija le había relatado sobre lo sucedido en la casa. Sobre todo, todas y cada una de las frases que habían compartido antes de que desfalleciera.

-Ninguna de las dos podemos perderte. –Sonrió levemente mientras sus ojos se llenaron de lágrimas, abrumada por todos esos miedos que le habían acechado desde dos días atrás.

Daryl observó sus hermosos ojos azules inundados de lágrimas, y sintió como se le llenaban los suyos también.

-No me habéis perdido, –consiguió decir con voz ronca. Ella sonrió por sus palabras.

-Lo sé. –Él levantó su mano e hizo la señal de que se acercara más a él.

-Ven aquí, -le ordenó el arquero, llevando su mano hacía su mejilla, atrayéndola hacia él.

Tenía la necesidad de calmar sus temores y sobre todo sentir sus suaves labios. Encantada, ella se inclinó hacia él rozando sus labios con suavidad, lo suficiente para transmitirle todo ese amor y afecto.

-Quiero que sepas… –susurró Carol separándose de ellos. Daryl quien aún estaba inmerso en las sensaciones que ese beso le estaba produciendo, abrió los ojos observándole intensamente-, que tú también eres lo mejor que nos ha pasado en nuestra vida.

Daryl cerró los ojos, recordando las palabras que él había pronunciado antes de creer que iba a morir. Él asintió y le besó de nuevo, uno suave pero lleno de sentimiento. Estaban tan inmersos en el beso, que no se percataron que Sophia se había despertado y los observaba entre sorprendida y divertida.

Sólo cuándo escucharon una risita tímida se separaron para ver la sonrisa divertida de la pequeña.

-Hey, enana, -saludó el arquero a Sophia. Ésta se levantó del sillón y fue directa hacia ellos. Carol se apartó de su camino para dejar que se saludaran. -¿Cómo estás? –preguntó Daryl mientras ella se subía a la cama. El arquero tenía grabada en su mente la mirada de pena de Sophia, antes de que se desmayara y necesitaba asegurarse de que estaba bien.

-Bien… -dijo Sophia abrazando a Daryl dejando reposar su cabeza contra su hombro, ante la atenta mirada de Carol, quien sonreía abiertamente por la hermosa relación que había entre ellos dos-, os he visto daros un beso. Yo sabía que erais novios. –dijo la pequeña con una sonrisa.

-Ya, enana, eres demasiado lista, -contestó Daryl, removiendo sus cabellos dorados y haciendo reír a Sophia. Miró a Carol y ésta bajó la mirada entre avergonzada y divertida.


Una semana después, Daryl recibió el alta, aunque debía reposar unos días en casa, antes de volver a trabajar. Sin embargo, aquello era el peor castigo para el arquero, pues se aburría. Intentó hacer nuevas flechas para su ballesta, pero pronto descubrió que eso le dañaba en los puntos de la operación, así que no tuvo más remedio que quedarse en el sofá casi todo el tiempo, mientras hacía zapping, sin prestar atención a nada de lo que daban. Intentó leer alguno de los libros de Carol, pero había demasiadas letras, y no llegaba a enterarse.

Cuando a las cinco de la tarde, Carol entró en la casa, no pudo evitar soltar una sonrisa al ver los pies desnudos colgando del sofá, la televisión encendida retransmitiendo un partido de básquet y varios de sus libros apilados en la mesa del salón.

-¿Aburrido, Pookie?-Preguntó Carol al cerrar la puerta de casa.

La cabeza de Daryl apareció al filo del sofá visiblemente atontado y bufó ante la pregunta, pues era evidente que así era. Carol se rio y rodeó el sofá dirigiéndose a él para darle un suave beso en los labios.

-¿Y Sophia?

-Se va a quedar el finde en casa de lo Rick y Lori.

El rostro de Daryl mostró descontento, pues estos días en los que había estado convaleciente había jugado con ella a distintos juegos, que le hacían pasar la tarde más amena. Carol volvió a reírse al ver su rostro.

-Oye, yo también puedo jugar contigo, si quieres -sugirió la mujer.

-Bah, tú haces trampas… -dijo con diversión el arquero, justo cuando sus miradas coincidieron. Carol sonrió abiertamente.

El calor producido de la chimenea chocó contra sus mejillas sonrojadas por el frío.

Ella se quitó el abrigo, dejando a la vista un vestido por encima de la rodilla de manga larga, a rayas negro y azul fuerte, con un cinturón que le estilizaba la figura. Era la ropa nueva que se había comprado semanas atrás y ella se sentía como una niña, deseosa de estrenar dicha ropa. Hacía años que Ed era quien le imponía que ropa debía o no comprar, y ninguna de ella se asemejaba a lo que a ella le gustaba.

Sin embargo, ahora se sentía libre de llevar las prendas que ella quería. Y a diferencia de Ed, Daryl no le ponía ninguna imposición, todo lo contrario.

La mujer caminó por la casa hacia la mesita y revisó los libros que él había intentado leer: Hamlet de William Shakespeare; It, Carrie y It de Steven King; y por último, Denim Dreams. Carol sonrió con malicia ante este último libro.

-¿No te han gustado? –dijo levantando la vista hacia el arquero que seguía estirado en el sofá mirando el partido de los Lakers contra Bulls con bastante desasosiego.

-No tienen imágenes, -Carol se rió ampliamente, agarrando el libro de Denim Dreams.

-Mmm, este es muy interesante, -Daryl levantó la mirada, entrecerrando el ceño-. Deberías leerlo. Te entretendrá. –Le tendió el libro y él lo agarró con confusión.

-¿De qué se trata? –Preguntó pasando las páginas del libro, pero sin leer nada en concreto.

-Es una novela erótica. –Daryl levantó la mirada hacia la mujer con la boca entreabierta.

-¿Qué? ¿Tú lees eso de 50 sombras de no sé qué mierdas?

-50 sombras de Grey, -le corrigió, antes de seguir hablando. – Y no… ese no lo he leído, pero he leído otros libros igual de interesantes. Y este es muy bueno.

- Con razón cuando lees pareces tan embobada… -dijo con sorna y ella se rio, antes de irse a la cocina para guardar la comida que había comprado.

-Si lo lees verás que nos puede dar algunas ideas muy interesantes. Ya sabes… –dijo con voz pícara mientras él le observaba con sus ojos entrecerrados.

Dejándole pensativo, la mujer se adentró en la cocina con una enorme sonrisa en la cara. Sonrió aún más cuando sintió su presencia por detrás suyo, al mismo tiempo que ella guardaba un par de pimientos rojos en la nevera y se disponía a guardar los demás alimentos que estaba en la bolsa.

Para su sorpresa, los brazos de Daryl le abrazaron por detrás dejando reposar sus enormes manos en su estómago. A su vez, él dejó caer su rostro en su cuello; sus labios y la perilla rozaron la piel en esa zona de su cuerpo, creándole un escalofrió de placer. Su cuerpo grande se pegó contra su espalda y su entrepierna, con un grado de estado de excitación, se hizo evidente contra su trasero. Evidentemente la conversación le había excitado.

-Ya tengo ideas… No necesito ideas de esos jodidos libros –El aliento caliente chocó contra su cuello y Carol levantó las cejas, ante el tono sugerente de Daryl e inclinó la cabeza para que él siguiera besando y lamiendo su garganta. Él tomó su gesto como una invitación y siguió subiendo sus labios por toda la zona hasta su oreja.

-¿A sí? ¿Cómo qué? –preguntó ella con voz ronca.

-Aún estoy esperando que me enseñes ese maldito vibrador.

Carol se mordió el labio mientras las manos de Daryl, acariciaron su estómago, y él le besó detrás de la oreja. Daryl se movió contra ella, dejando que su excitación chocara contra su cuerpo una vez más. Era evidente que él deseaba tener relaciones en ese momento. Ella suspiró también excitada.

-Amor, sabes que me encantaría, pero aún te estás recuperando de la operación.

-Estoy bien, -le aseguró el arquero, justo cuando volvió a atacar con más vehemencia su cuello.

Carol no estaba segura de esa afirmación, pues aunque ya se encontraba mejor, aún tenía que tener cuidado con los movimientos bruscos. Y hacer el amor implicaba muchos de ellos.

-Daryl…

Carol se giró sobre sí misma intentando disuadirle y entonces, él le besó. Sintió que su corazón se quedó quieto por un momento, mientras sus suaves labios tocaron los suyos, presionándolos cariñosamente. Daryl envolvió su cuerpo con sus brazos, al mismo tiempo que su beso se profundizó aún más. Ella suspiró contra sus labios, abriendo la boca dejando que la lengua entrara en ella. Ambos lanzaron gemidos suaves, mientras siguieron besándose con fuerza.

El beso era magnético, adictivo y sensual. Se necesitaban más que nunca. Durante esas semanas habían compartido besos, pero debido al estado físico de Daryl no se habían sobrepasado más allá de estos. Ahora, que el arquero parecía estar en mejores condiciones, ambos parecían deseosos de volver a tener un contacto más íntimo. Y ese deseo se vio demostrado en ese beso desesperado.

Cuando finalmente ambos se alejaron en busca de aire, Carol sonrió suavemente al mismo tiempo que la mano de Daryl acarició su muslo con cariño, mientras siguieron mirándose entre sí. Su mano siguió tocando su piel bajo la tela del vestido. Ella sintió la excitación en la parte inferior de su cuerpo, deseando que sus manos siguiesen tocándole como lo estaban haciendo.

-Daryl, te necesito también… pero tu herida... –empezó a decir la mujer.

Daryl levantó una ceja cuando su mano se deslizó hacia arriba de su pierna y, finalmente llenándose de valentía se aferró a su curvilínea mejilla de su trasero por encima de las medias negras. Sus ojos se oscurecieron de deseo, cuando lo apretó, y su cuerpo chocó contra el suyo.

-Está curada ya...

-Mmm, no del todo… -, respondió ella mientras sus ojos se mantenían unidos.

Carol se debatía internamente entre ceder a sus impulsos de hacer el amor con él, o esperar a su absoluta recuperación, pero era evidente que él no estaba dispuesto a esperar. Daryl continúo moviendo la mano en sus nalgas, deslizando sus dedos a través de su vestido de algodón fino. La mujer lanzó un suave gemido.

Él dio un paso hacia ella, dejando que sus piernas quedaran entre las suyas y el cuerpo de Carol quedara entre su cuerpo y la cocina. Daryl subió, levemente el vestido hasta la cintura. Él movió su mano hacia la parte delantera de su cuerpo y la llevó entre sus piernas, hasta llegar a presionar sus dedos encontrando su zona más íntima a través de las bragas.

-¿Podemos…? –empezó a preguntar con voz ronca Daryl, en tono suplicante mientras sus dedos repasaban la raja de su intimidad. Él la observó directamente, mientras buscaba la respuesta que deseaba, aunque sabía que si Carol le decía que no, él pararía en ese instante.

Carol suspiró cuando sus dedos rozaron su clítoris a través de la ropa interior, sintiendo que empezaba a empapar con su excitación, y entonces, asintió. Instintivamente, abrió las piernas, dejando caer la cabeza hacia atrás, extasiada por sus deseos más íntimos.

-Sí, Daryl… por favor pero con cuidado. – susurró Carol, mientras su cuerpo ardía de necesidad por Daryl.

Daryl tiró de las medias hacia abajo, hasta quedar enredadas en sus muslos, y usó dos dedos para tirar la tela húmeda de la ropa interior hacia un lado, para tocarle directamente. Entonces, sin mediar palabra, Daryl deslizó las bragas por sus piernas dejándolas junto a las medias.

El arquero estaba demasiado encendido, que sin pensar más tiró suavemente su cuerpo tembloroso, para poder levantar el vestido de algodón más allá de la cintura y por encima de la cabeza, quitándoselo por completo.

Los ojos de Daryl fueron directos a sus pechos desnudos, sorprendido por la vista porque él esperaba un sostén para desabrochar. Pero aquella tarde, Carol se había sentido suficientemente atrevida para no llevar uno. Algo que no había hecho en toda su vida.

-Mierda, -masculló Daryl, extendiendo la mano y tomando sus pechos redondos y suaves en sus grandes manos, frunciendo el ceño mientras apretaba y masajeaba con los dedos.

Pasó los pulgares sobre sus pezones, sintiendo que los apretaba aún más mientras los acariciaba entre sus dedos. Le miró a los ojos, pidiéndole permiso para probarlos, mientras tiraba de ellos suavemente, haciéndole gemir por la sensación que esto le producía.

-Oh, Daryl, -gimió suavemente, sintiendo su cuerpo como empezaba sudar por el denso calor debido al deseo.

Daryl se inclinó y movió su boca tan cerca de uno de sus pezones, que podía sentir su aliento. Y en cuestión de segundos la lengua suave de Daryl se había puesto en contacto con el pezón, lamiéndolo de arriba abajo, con movimientos suaves y húmedos, chupándolo. Gimió suavemente mientras las manos de Carol se movieron hacia abajo para agarrar sus cabellos rubios, mientras él se dedicaba a pasar su boca de pezón a pezón; chupando, lamiendo y mordiendo.

Con sus manos firmemente agarrando el pelo de Daryl, éste dejó de prestar atención a sus pezones para bajar por su estómago, besando la piel de su ombligo y sus cicatrices para bajar la lengua hacia su montículo.

-Daryl, te vas a hacer… daño, -dijo la mujer al ver que se arrodillaba enfrente de ella, para quitarle las medias y la ropa interior, para después prestar atención en la parte más privada de su cuerpo. Pero él negó con la cabeza concentrada en la imagen que tenía enfrente. Él besó suavemente su piel, dándole la atención que merecía.

De pronto, él se levantó y agarrándola de la mano, la llevó al sofá. Carol se mordió el labio mientras se dejaba llevar por él. Ardía en deseos de hacer el amor con Daryl otra vez. Atravesó su casa desnuda, sintiendo el golpe caliente del aire de la chimenea chocar contra su cuerpo.

Suavemente la empujó hasta que estuvo totalmente sentada en sofá.

-Mierda, quiero enmarcar esta imagen- dijo poniendo los muslos de Carol arriba con sus rodillas dobladas y sus pies apoyados al filo del sofá, mientras le separó las piernas más ampliamente, observando el espacio entre ellos.

Carol se sintió expuesta por un momento, pero al mismo tiempo tremendamente excitada por ver la mirada de deseo que él le dedicaba. Él extendió la mano y empezó a cepillar los dedos de arriba abajo en su raja, sintiendo su revestimiento de la humedad brillante, mientras sondeaba sus pliegues suaves.

Carol se retorció suavemente, gimiendo con cada caricia que Daryl le hacía con sus dedos a su alrededor de su centro, antes de que encontrara su apertura y hundiera dos dedos profundamente en su interior. Gimió y levantó las caderas del sofá, mientras él enterró sus dedos largos y tan profundo como pudo, sintiendo sus paredes suaves apretando a su alrededor. Empezó a deslizarse hacia dentro y hacia afuera, y su humedad aumentaba en cada movimiento.

Estaba muy concentrado en lo que estaba haciendo, su boca entreabierta observando como sus dedos entraban en ella.

-Oh mierda… - maldijo cuando aceleró sus dedos y ella gimió.

Era el mejor sonido que podía escuchar. Y entonces él los sacó de ella y los llevó a la boca, chupando su humedad. Carol respiró hondamente ante sus actos. Ese hombre la volvía loca.

-Quiero verte, -dijo de pronto Daryl. Ella entrecerró los ojos sin saber a qué se refería-, quiero verte jugar con tu vibrador, por favor. –Suplicó.

Los ojos de Carol se abrieron ampliamente ante la sugerencia. Él aún llevaba puesto la ropa de estar por casa, con su gruesa erección que se podía notar a través de sus pantalones deportivos. Carol no creía haber visto nada más sexy en toda su vida.

Él la miraba con una sonrisa pícara por la sugerencia que acababa de proponerle. Pero antes de que supiera que estaba pasando, él se inclinó sobre ella, llevando su boca a la suya. Carol sintió su peso encima de ella, y aprovechó para rodear sus caderas con sus piernas. Su centro desnudo rozó su erección cubierta, frotándola. La sensación les hizo gemir suavemente.

-Por favor, -repitió, besando suavemente sus labios. Ella le besó, antes de asentir.

-Está bien… -dijo, antes de empujarle suavemente, para poder levantarse e ir en busca de su juguete.

El corazón le latía fuertemente cuando agarró el juguete que estaba escondido al fondo del armario, bajo algunas toallas. Casi un minuto después, Carol aparecía por las escaleras de la casa con él en la mano y un par de preservativos en la otra, mientras Daryl permanecía en pie inquieto, pero sin quitarle ojo de encima. Ese hombre prácticamente le devoraba con la mirada.

Cuando se acercó tímidamente a él, Daryl la agarró de las caderas acercándole a él, y tiró su boca a la suya. La ferocidad con la que Daryl encontró su lengua, le hizo darse cuenta de cuan excitada estaba. Al igual que él.

-Madre mía, Daryl…-se quejó Carol mientras envolvía sus brazos alrededor de la espalda. –Te necesito, -confesó Carol sin pudor alguno. La vergüenza y la timidez, habían sido invadidas por la gran excitación que sentía.

Llevó sus finos labios a su cuello, lamiendo cada parte de su piel que quedaba al descubierto de su camiseta. Tiró de ésta hacia arriba dejándola caer al suelo. El vendaje de la operación aún estaba ahí, al lado derecho del ombligo. Y eso hizo disminuir la intensidad de Carol, pero él siguió igual de extasiado.

Daryl le agarró las caderas con una mano, atrayéndola hacia él, moviendo su entrepierna en la suya. Cada bofetada de su miembro contra su apertura desnuda, hacía que Carol tuviera más ansiedad en seguir. En segundos, ella estaba buscando a tientas la tira del pantalón para deslizarlo hacia abajo. Daryl gimió en voz baja cuando Carol llevó la mano a los calzoncillos y sacó su longitud fuera, envolviéndolo. Ella siguió besando y lamiendo su cuello. Los ojos llenos de deseo vieron de refilón el vibrador de Carol que aún sujetaba su otra mano, y él se lo quitó de la suya mientras sentía la agradable sensación de su mano en su miembro.

Daryl dio un paso hacia atrás, fuera de su alcance mientras luchaba por controlarse a sí mismo, aunque la vista que tenía enfrente le hacía tener el efecto contrario. Los ojos de Carol se abrieron al ver que ahora él sostenía su vibrador y su corazón empezó a latir intensamente.

-¿Puedo? – preguntó él con voz ronca, con un toque de sensualidad, que hizo que la humedad se filtrara aún más.

En respuesta, sin dejar de mirarle ella se dejó caer en el sofá acomodándose en él y amplió aún más sus piernas. Los ojos se encontraron, mientras la boca de Daryl se abrió ligeramente ante la vista.

-Hazlo…

El arquero dio un paso atrás, dejando que su longitud desnuda quedara alineada en su centro, deslizándolo de arriba abajo unas cuantas veces, haciendo que ambos gimieran en voz baja por ese contacto. Carol pensó que iba a entrar en ella, pero en cambio, dio un paso hacia un lado y llevó el vibrador a la boca.

Carol vio el profundo deseo en sus ojos, por ese juego que estaban manteniendo, y entonces ella abrió sus labios y dejó hundir el juguete en el interior, cerrando sus labios a su alrededor. La respiración de Daryl cambió cuando ella empezó a jugar con él, manteniéndolo entre sus labios. Sus ojos llenos de deseo no abandonaron la cara de Carol, mientras ella lo tomaba en su interior, deslizando su lengua arriba y abajo, casi como si se tratara de él. Cuando los ojos de Carol se cerraron de placer, no pudo aguantar más y salió de su boca.

Se miraron a los ojos levemente, y fue ella quien se adelantó hacia él y lo llevó a su boca. Escuchó el fuerte gemido de Daryl quien no se esperaba esa reacción por su parte, y sus labios suaves se cerraron al alrededor de su miembro. Daryl gimió mientras con suavidad le agarró de su cabello, extasiado.

Pero en un par de movimientos, él tuvo que apartarse de ella ya que estaba a punto de acabar. Suavemente llevó su mano a su barbilla, se inclinó hacia ella besando su boca en un beso suave. Ella suspiró suavemente durante ese beso, cargado de ternura y de lujuria a partes iguales.

Él se separó de ella, y con la mirada unida a sus hermosos ojos, Daryl se arrodilló en el suelo, apoyado contra el sofá. Carol abrió los ojos en preocupación por su herida, pero él solo le tranquilizó.

-Shhh, relájate.

Carol apoyó los hombros hacia atrás en el sofá, con las piernas abiertas, dejando caer una pierna al suelo. Daryl se encontraba entre sus piernas. Sus ojos no paraban de cambiar de su entrepierna a su hermoso rostro. Sus ojos se dilataron al ver como Carol levantó una pierna y doblaba la rodilla extendiéndolo abierta, sintiéndose expuesta y vulnerable.

Daryl le tendió el vibrador, con sus ojos nublados de deseo. Ella lo agarró con cierta timidez.

-Enséñame… -susurró -, muéstrame cómo lo utilizas en ti misma.

Una ráfaga de timidez apareció en su cuerpo, y ella le devolvió la mirada. Daryl agarró su mano y tiro de él hasta sus labios dándole un beso. Ese gesto cariñoso, hizo morderse el labio.

Ella hizo clic en el vibrador hasta que zumbaba en la mano, Daryl se recostó sobre sus rodillas y observó atentamente cada movimiento de ella. Carol bajó el juguete por su estómago hacia sus suaves pliegues. Ella cerró los ojos, mientras la vibración tocó sus pliegues. Escuchó el cambio de respiración de Daryl cuando ella usó su otra mano para apartar sus pliegues y colocar el vibrador sobre su clítoris.

Abrió los ojos, y lo miró mientras él le observaba, sus ojos conectaron con los suyos cuando ella empezó a gemir suavemente, frotando la punta por todas las partes de su clítoris. Los ojos de Daryl volvieron a sus pliegues húmedos mientras lo deslizaba para abajo, encontrando la apertura, levantó las caderas un poco, y ella lo empujó hacia el interior. Carol gimió en voz baja mientras lo adentraba en su interior y el aliento de Daryl se convirtió en irregular cuando lo empujó y volvió a sacarlo, notando la facilidad con la que entra en su cuerpo debido a lo excitada que estaba.

-Joder… -se quejó Daryl mientras le observaba.

El pecho de Carol subía y bajaba con la respiración agitada, al mismo tiempo que aumentó la velocidad y la profundidad de sus propios embistes. Cuando ella se había hundido todo en su interior, con el ceño fruncido de placer, notó la mano de Daryl sobre ella para detenerla.

Carol yacía expuesta con el vibrador en su interior, mientras Daryl la observaba. Podía ver la mirada llena de deseo, antes de que él adelantara la mano y lo agarrara, girándolo y empujándolo hasta el fondo.

-Uhh, -gimió ella.

Daryl tomó el control y comenzó a deslizarlo hasta el fondo antes de hundirlo en ella, mientras sentía que iba a estallar. Empezó a moverlo más rápido y duro en su interior. Carol levantó las caderas en el aire ante sus movimientos más duros.

-Oh, dios Daryl-, se quejó mientras las venas de sus antebrazos se abultaban de la fuerza que estaba empleando.

Carol gimió, mientras sentía que su cuerpo iba a romperse de placer. Daryl sacó el vibrador fuera de su cuerpo por un momento, usando su mano libre para recoger un poco de humedad en sus dedos. Lo volvió a hundir en su interior, profundamente, mientras utilizó sus dedos húmedos para acariciar su clítoris, consiguiendo que la respiración de Carol empezara a ser irregular.

Sus dos manos trabajaban sobre ella, y su respiración se volvió más intensa, justo cuando él lo apartó de su clítoris y entonces puso su boca contra ella, chupándolo. No dejaba de hundir el vibrador en su interior, dentro y fuera de ella, mientras utilizaba su lengua en ella.

Finalmente, sacó el vibrador y lo dejó caer al suelo, llevándola de nuevo a su boca, notando como la barba rozaba su piel delicada, haciendo más excitante la situación. Carol se retorció bajo él y sus atenciones. Él parecía absorto a sus deseos más profundos.

Estaba a punto de explotar en su lengua como un volcán y cuando de pronto se paró en seco, se levantó agarrando el preservativo que estaba encima de la mesa.

Ella se quedó en el sofá esperando a que él se lo pusiera y jadeaba con anticipación, mientras vio como Daryl rodó el látex por su miembro erecto. Abrió más las piernas cuando él regresó a ella, tiró del brazo suavemente para que se sentara hacia adelante, al borde del sofá. Guió sus piernas hasta su entrada y se alineó en ella. Deslizó la punta hacia arriba y abajo, agarró suavemente la barbilla y apretó su boca en la suya.

-Ten cuidado-, le recordó Carol sobre su herida. Él sólo asintió aunque apenas escuchaba, debido a la excitación.

Daryl movió sus caderas hacia atrás, antes de empujar hacia adelante otra vez, haciendo que entrara en ella completamente. Sus ojos se cerraron de placer. Aquella sensación no tenía nada que ver con la de su vibrador. La sensación de Daryl llenándola profundamente no se comparaba con nada.

A medida que se besaron, Daryl deslizó las manos alrededor de las caderas de Carol, acariciando su estómago, y la levantó un poco para seguir adentrándose en ella, mientras la mujer envolvió sus piernas alrededor de sus muslos. El sudor enmarañado en sus cuerpos y los gemidos ahogados de ambos, más el sonido de los cuerpos chocar era lo único que se escuchaba. Incapaz de resistir la escalada de placer que le invadía, Carol no tardó en llegar al punto álgido en cuestión de minutos. Y Daryl al verla deshacerse debajo de él, sentir como le apretaba alrededor de su miembro, le siguió segundos después, llegando al orgasmo manteniendo el contacto directo a los ojos.

Con su cuerpo tembloroso, se dejó caer encima de ella, antes de besar suavemente sus labios, en un beso dulce y tierno. Cuando finalmente pudieron moverse, Daryl se retiró el condón, fue hasta el cuarto de baño de la parte inferior de la casa, para volver en cuestión de segundos.

Se tendió en el sofá junto a ella, tratando de recuperar algo de energía, mientras le envolvía sus brazos alrededor de la cintura, enterrando su cara en el cuello, aspirando el olor del champú. Durante un tiempo indeterminado, se quedaron así, disfrutando del contacto y recuperando las energías gastadas, mientras ella acariciaba sus cabellos rubios.

Cuando Daryl, finalmente rompió el silencio, su declaración fue tan repentina y suave que Carol no estaba segura de lo que había dicho.

-Te quiero...

Cuando la mano de ella apretó la suya, se dio cuenta de lo que le acababa de decir. E intentó esconder su rostro en su cuello, debido a la vergüenza. Por primera vez en toda su vida le había mostrado sus sentimientos a otra persona, aunque era cierto, que nunca con anterioridad, él había sentido nada similar a esto.

A su vez, Carol tenía ganas de llorar por las palabras de Daryl. Ella le abrazó más fuertemente quedándose sin nada que decir. Levantó la vista dedicándole esa mirada de amor y de admiración que tenía hacia él. Y que sabía que era algo mutuo por la forma en que le miraba. Entonces, se inclinó para compartir un beso tierno sellando dichas palabras.

-Yo también te quiero, mi amor…


La noche cayó sobre ellos rápidamente, eran las nueve de la noche y aún permanecían en el sofá, sin demasiadas ganas de moverse. Solo se habían movido ligeramente cuando Carol empezó a temblar debido al frio y Daryl se había levantado a agarrar una manta para taparlos a ambos.

Sin embargo, cuando el estómago de Daryl gruñó debido al hambre, supieron que debían moverse. Carol se rió y se sentó al filo del sofá.

-¿Pizza o sushi? –preguntó la mujer, pues a pesar de que había comprado la suficiente comida para cocinar aquella noche, no le apetecía preparar nada.

Daryl pensó en las opciones y se decantó por el sushi. A pesar de que se intentó levantar para ir él a buscar la cena, Carol le disuadió para que le trajeran la comida a casa. Tras llamar a una tienda de comida y darse unas duchas rápidas, esperaron pacientemente a que el repartidor llegara con el sushi.

Finalmente, se sentaron a cenar casi las once de la noche, pero les daba igual pues al día siguiente ninguno de los dos debía levantarse temprano. Daryl quien era un poco torpe con los palillos, optó por comer con las manos, sin importarle la risa de Carol.

Daryl se llevó un maki de aguacate a la boca, antes de observar a Carol quien se comía otro de salmón, mientras hablaban del trabajo de Carol, el cual había aceptado y aún se estaba adaptando en esta nueva etapa, o de que iban a hacer en Navidad que apenas quedaban unas semanas.

Daryl no estaba acostumbrado a celebrarlo de forma tradicional, así que se lo dejó todo en manos de Carol, aunque para ella también iba a ser muy diferente a como lo habían celebrado años anteriores.


Sophia se despertó el día de Navidad con gran ilusión de poder vivir ese día de forma diferente a como lo había hecho años atrás. A pesar de que ya sabía el gran secreto sobre Santa Claus, todavía tenía el espíritu de una niña y no dejaba de ilusionarse. Se levantó de la cama, y bajó las escaleras con rapidez al mismo tiempo que gritó un par de veces el nombre de su madre y Daryl.

-¡Mamá! ¡Daryl! Santa Claus ha llegado.

En cuestión de cinco minutos, ambos bajaron por las escaleras con el rostro marcado de sueño. Daryl parecía un poco perdido sobre qué hacer y cómo actuar, pero simplemente se sentó al lado de Carol en el sofá, admirando como la niña empezaba a abrir unos regalos que estaban destinados a ella. La mujer desvió la mirada hacia Daryl y le sonrió, él le correspondió tímidamente, mientras la pequeña decía emocionada que le encantaba su nuevo juego de mesa.

-Mamá, hay uno para ti. –Soltó de pronto Sophia, y Carol frunció el ceño con confusión.

Miró a Daryl, quien solo le observaba, antes de levantarse e ir hacia donde se encontraba Sophia.

Estaba tan acostumbrada a no tener ningún tipo de sorpresa en ese día, que la revelación le había sorprendido gratamente. Cuando llegó a la altura de Sophia, su hija le tendió un regalo debidamente envuelto con un papel de colores azules y blancos. Volvió a mirar al arquero quien seguía sin decir nada al respecto, pero parecía inquieto e incluso nervioso, pero observaba la escena con gran atención.

Finalmente, con Sophia a su lado intrigada sobre cuál era su presente, ella decidió abrirlo para saber que había en su interior. Carol tiró del papel de colores, hasta descubrir la caja, y rápidamente supo lo que era. Se trataba de una cámara fotográfica profesional. Boquiabierta, dirigió la mirada al arquero, y éste sonrió al ver el rostro iluminado de ella, sabiendo que había acertado en su elección.

Durante la acampada que habían compartido meses atrás, él se había percatado de la gran afición que tenía a la fotografía. A pesar de que poseía una cámara, no tenía ni punto de comparación con la que le acababa de regalar Daryl.

Sophia se fue a abrir otros regalos, mientras Carol con la caja en mano se acercó al arquero.

-Daryl, muchas gracias, aunque sabes que no necesito nada… -le dijo, mientras se dedicaba a abrir la caja que contenía el aparato. El arquero se encogió de hombros, pues aunque ella había verbalizado que no quería nada material, Daryl le había apetecido hacerle dicho regalo.

-No pude evitarlo. Además, no puedes llevarte la otra mierda de cámara para el viaje… -Carol levantó la vista, confundida.

-¿Qué… qué viaje? –Daryl solo le medio sonrió, y Carol supo que algo estaba tramando.

El arquero dirigió la mirada a Sophia quien estaba sentada en el suelo mirando algo parecido a unos billetes. Carol volvió a fruncir el ceño, ¿Qué había hecho Daryl?

-¿MAMÁ, NOS VAMOS A HAWÁI? –Gritó entusiasmada la pequeña.

Carol miró a Daryl mientras abría los ojos desmesuradamente, antes de dirigirse a Sophia y mirar los billetes que tenia en la mano.

-¿Qué? –Se acercó a la pequeña quien le tendió los billetes. -Oh, dios mío, Daryl, -Efectivamente se trataba de unos billetes de avión para ir a Hawái. –Es mucho dinero… -Se lamentó Carol al ver que tenían todo pagado: vuelos, hotel, coche para moverse por el lugar, comidas, excursiones,… Todo.

Él solo se encogió de hombros, debido a que no era derrochador, podía permitirse el lujo de pagar un viaje para ellos tres.

-¿Nos vamos a Hawái? – preguntó la pequeña acercándose a ellos con el rostro totalmente iluminado.

-Eso parece. –Dijo su madre. Y entonces la pequeña se abalanzó a Daryl.

-Gracias, Daryl. –Agradeció la pequeña, mientras le abrazaba-. Siempre he soñado con poder viajar.

-Lo sé, -reconoció el arquero. Pues recordaba aquella primera vez que fue invitado a su casa y ella le empezó a hablar de todos los lugares que quería visitar.

Carol negó con la cabeza, abrumada por lo que ese hombre le hacía sentir, y también de ver cómo trataba a su hija y de cuando la admiraba. Cuando la pequeña se separó de él, se abrazó a su madre y continuó abriendo los tres regalos que le quedaba. Y entonces, Carol se acercó a Daryl, se inclinó hacia adelante y le besó. Él le correspondió, sin importarle la presencia de Sophia, mientras se aferraba a su cintura fuertemente.

-Eres el mejor, -susurró cuando se separó de él. Las mejillas de él se tornaron rojas por las palabras de ella. Y volvió a besarle. –Yo también tengo algo para ti, aunque no es tan impresionante como tus regalos.

-Sophia me contó que te regalo un cd de los Guns and Roses y era el preferido de tu hermano y tuyo. Y que siempre lo escuchabais. –La mujer hizo una pausa antes de continuar hablando-, se quemó en tu casa, ¿no? –el arquero asintió ante las palabras de la mujer. Ella fue hacia el árbol de navidad y se agachó para coger el regalo que estaba destinado para él, tendiéndole un fino paquete, que era un cd.

-Gracias. –murmuró el hombre volviendo a admirar el cd que tenía en sus manos y que había vuelto a recuperar. Realmente significaba mucho para él.

-Tengo algo más para ti. –El levantó la mirada sorprendido,- En realidad no es un regalo exactamente, me lo encontré cuando te encontramos después de que Steve te disparara. Pensé que te gustaría tenerlo.

Se acercó al mueble de la casa, abrió un cajón y agarró una polaroid. Carol alargó la mano y se la tendió. A pesar de que se encontraba medio quemada, podía verse perfectamente a ambos. En ella estaban Merle y él cuando eran jóvenes, más de 20 años atrás. Recordaba ese día, pues fue uno de los pocos que Merle apareció tras salir de la condicional y pasaron la tarde juntos.

Daryl estaba emocionado de ver esos regalos, quizá no eran tan espectaculares como los suyos, pero eran importantes para él.

-Sales muy guapo-, dijo Carol, sacándole de su ensoñamiento y entonces al levantar la vista, vio lágrimas en sus ojos. Carol acarició su rostro, antes de besarle.


Casi una hora más tarde, los tres llegaron a casa de los Grimes. El día paso entre comida, risas, champan, karaoke, juegos y muchas fotos con la cámara nueva de Carol.

Casi a las 8 de la noche, volvían a casa tremendamente cansados después de disfrutar de un día entre amigos, que eran parte de la familia. Mientras Daryl conducía los cincuenta y cinco kilómetros que separaban la casa de los Grimes con la suya, Carol observaba las fotos que había hecho al conjunto de sus amigos.

Realmente la cámara tenía una gran calidad y las fotografías que había hecho eran realmente bonitas. Fue admirando una por una las más de 50 fotos que había hecho. Había instantáneas de la decoración de la casa de los Grimes o de la comida, pero las más hermosas eran las fotos que retrataban a sus amigos y familia.

Había retratado a Sophia y Carl jugando a las cartas y cantando en el karaoke, la familia Grimes al completo; Sophia y Daryl abrazados; Daryl y Rick compartiendo unas cervezas en el jardín; el abrazo de Lori y Carol; Rick y Daryl cantando, más bien intentándolo, etc…

Pero la foto que más le sorprendió, fue una que desconocía de su procedencia. Se trataba de una foto de Daryl y ella. En la instantánea, ellos estaban sentados en el sofá mientras Carl y Sophia cantaban, y ambos compartían una mirada y una sonrisa sincera. El corazón se le paró al ver la felicidad que ambos irradiaban en esa instantánea. Era hermosa por la cantidad de sentimientos que le transmitía esa foto.

Amor. Admiración. Cariño.

Casi tuvo ganas de llorar por la felicidad que sentía de poder vivir estos momentos.

Carol volvió a pasar de foto, y vio otra de ellos: la foto correspondía a lo sucedido segundos después de la primera. En esta ocasión, ellos dos estaban dándose un beso.

Carol sonrió al recordar ese momento, porque le había sorprendido hasta a ella, ya que de pronto, él se había inclinado hacia sus labios y le había besado, delante de Rick y Lori. A pesar de que sus amigos estaban inmersos en escuchar a los niños cantar, ellos estaban sentados en el sofá de enfrente. Además con la cámara en mano, de modo que alguno de los dos había inmortalizado ese momento. Fue un beso corto, pero intenso.

Al separarse de él, había visto la sorpresa en la mirada de Rick y Lori, quienes no esperaban ese gesto por su parte. Lo cierto es que la propia Carol se había sorprendido de su acto afectuoso. Al ver la mirada de asombro de su amigo Rick, el arquero no pudo reprimir un "¿Qué mierda miras?" con un tono más hosco de lo habitual. Lejos de ofenderse, Rick miró a su mujer y le sonrió con complicidad.

Fue pasando las demás fotos, pero esas dos se habían quedado en su mente. Carol no podía dejar de sonreír e inconscientemente no podía dejar de agradecer al destino por haberse cruzado con Daryl. Cada día que pasaba se percataba de cuanto había cambiado su vida, pero tras ver esas fotos y sentirse tan feliz, no podía dejar de pensar en eso.

-¿No has pensado que hubiera pasado si nunca nos hubiéramos conocido? –Preguntó Carol de repente. Daryl, algo confundido por la pregunta, la miró un instante antes de volver a dirigir la mirada hacia la carretera.

-Mi vida seguiría siendo una auténtica mierda… Así que, me alegro que te perdieras y te quedaras sin gasolina. –Carol sonrió ante las palabras de Daryl.

-Además, no iríamos nunca a Hawái. –Intervino la pequeña desde la parte de atrás.

-Touché, -dijo Daryl mirándole por el retrovisor y guiñándole un ojo. Y Sophia sonrió.

-Y yo seguiría casada con Ed. –Daryl frunció el ceño, negando con la cabeza.

-Nah, lo dudo, en algún momento le hubieras dado una buena patada en el culo a ese imbécil. –A ella le costaba creer en esa afirmación, pero aun así asintió.

-No estoy segura de eso, pero doy gracias al destino que nos haya encontrado.

El arquero le miró y asintió.

-Sip, yo también.


Hola Carylers,

Aquí está el ultimo capitulo. Aún queda el epílogo que está ambientado casi tres años después. Lo publicaré aproximadamente en una semana. Espero que este final os haya gustado.

Nos leemos muy pronto.

San