—Viajar al pasado no es algo simple —Decía Hermione la mañana siguiente, en la cocina de Grimmauld Place—. No entiendo como lo lograste la vez anterior.

Era la tercera vez que repetía lo mismo, esperando una respuesta; el problema era, que no la tenía. Ni yo misma comprendía como había podido volver treinta años atrás, un hecho prácticamente imposible. Desde el momento en el que llegue a esa parte de la historia, la chica me interrumpió y comenzó a hacer hipótesis de porque había ocurrido, sin llegar a una respuesta.

Yo simplemente no la escuchaba, no podía concentrarme en nada más que en la idea de volver a ver a Sirius, a mis amigas, a Sirius, el Quidditch, a Sirius, a los Merodeadores, a Sirius, mi habitación, Sirius… vaya incluso moría de ganas por ver a Nicole. Emocionada no definiría por completo lo que sentía, no, yo estaba eufórica.

— ¿Puedes hacerlo, Hermione? —Preguntó Harry, trayéndome de vuelta.

—Supongo que sí —Por poco la beso de la emoción que sentía, pero su sonrisa fue reemplazada por una mueca casi al instante—. Pero me llevara tiempo, y no se cuanto.

Mis ánimos cayeron al suelo. ¿Tiempo? ¿Cuánto? Podía llevarse meses en la configuración de un giratiempos… pero no dije nada, al menos lo intentarían. Me levanté con una sonrisa y le di las gracias antes de partir hacía mí habitación, junto a la de Sirius, para terminar aquella carta que Morfeo no me había dejado terminar, la noche anterior.

Repase el contorno del pergamino, pensando en como explicarle a Draco que no nos volveríamos a ver. La verdad es que había estado demasiado emocionada pensando en lo que me esperaba que no había visto cuanto lo iba a extrañar, después de todo, el fue un gran apoyo y soporte cuando lo necesite. Pero quedarme no era una opción. Solté un suspiro y me comencé a escribir.

Draco:

Mi hermano. Te escribo estas líneas con todo el dolor en mi corazón. Antes que nada, no te angusties, estoy bien, con Harry y sus amigos. Y seguiré estando bien por el tiempo que la vida me lo permita. Sabes que nunca he sido de las que expresan lo que piensan, o al menos no lo era; pero es necesario que conozcas mi decisión.

Me voy. ¿A dónde? Creo yo que te lo imaginas. ¿Por qué? Pues aquí no tengo nada y haya lo tengo todo. ¿Volveré? No. Lo siento, pero comprenderás que no es un viaje sencillo que se pueda hacer cada fin de semana, y mi vida tiene más significado allá que aquí. Pero te extrañare, y siempre recordaré estos últimos momentos juntos en los que convivimos como verdaderos hermanos, como amigos.

Espero sepas comprender mi decisión. Estaré bien. La amiga de Harry, Hermione, me esta ayudando con los preparativos para poder irme en cuanto se pueda. Dale un beso de mi parte a mi madre y dile que la voy a extrañar mucho, que fue la mejor y que, aunque tuvimos nuestras diferencias, la quiero y la querré siempre. También a ti.

Me encantaría quedarme a tu boda con Astoria, no lo niegues, se que se casarán. Pero no creo poder esperar tanto. Cuídate y cuídala a ella que se ve es una mujer maravillosa. Quiero muchos sobrinos hermanito así que ponte a trabajar. Te deseo lo mejor de la vida, nos veremos dentro de muchos años, en un lugar más pacifico.

Te ama.

Ingrid, tu tomatita por siempre.

Termine de escribir y baje la pluma. Volví a leer mi escrito. Estaba listo. Me puse en pie y camine hacía la lechuza marrón que Harry me había prestado para enviar la carta. Hice un pequeño rollo con el pergamino y con una cinta de mi cabello lo ate a la pata del animal. Abrí la ventana y le susurré en su oído «Llévasela a Draco, sólo a él» La lechuza hecho a volar, obediente y se perdió entre la lluvia típica de invierno.

Después baje a desayunar y a realizar los preparativos junto a Hermione, tarea sencilla si se toma en cuenta que ella era muy inteligente, ya había terminad Hogwarts y trabajaba en el ministerio; cuando yo sólo había llegado a quinto curso, sin terminar y no sabía mucho de magia que no tuviera que ver con las artes obscuras. Aún así me puso a trabajar.

Yo debía leer al menos unos tres libros por semana, y considerando que leí doce libros, diría que tardamos un mes en dar con el resultado. Aunque nunca entendí bien el intenso proceso. Hermione iba a Grimmauld cada tarde después de trabajar y se encerraba en el despacho de Harry, analizando giratiempos y comprobando los datos que yo había considerado importantes de los libros que había leído. Parecía que se había tomado demasiado a pecho el trabajo, y cada vez que se iba sin averiguar algún dato interesante, parecía más dispuesta a seguir con la investigación.

Por otro lado, notaba a Harry bastante preocupado cuando Hermione colgaba una sonrisa de satisfacción en su rostro. No pude averiguar el motivo hasta que una noche en la que no podía dormir de emoción, me lo encontré en la habitación de Sirius, examinando la fotografía de la pared.

— ¿Despierto tan tarde? —Pregunté para romper el silenció.

Se giró alarmado, al verme se relajo y continuó viendo la foto.

—No podía dormir —Contestó después de unos minutos. Suspiré.

— ¿Qué tienes? —Quise saber, al tiempo que me sentaba en la cama. Dio media vuelta con las manos en su espalda, me escruto el rostro detenidamente.

— ¿Nunca te has puesto a pensar en que harás cuando debas volver? —Cuestionó con expresión sería.

— ¿A que te refieres? —Dije, confundida.

—Tu sabes que le ocurrió tanto a Sirius como a mis padres, y por eso debes de saber que no podrás estar allá siempre —Espeto sin piedad alguna. Mi estomago se encogió al recordar porque en el presente no podía estar con Sirius y porque Harry no podía estar con mis amigos. Una oleada de furia me recorrió al recordar el culpable.

—Pero puedo cambiarlo —Susurré quedamente, sin mucha convicción. Él me miró como lo que realmente éramos, un adulto hablándole a una niña—. ¿No te gustaría que nada de eso hubiera pasado?

—No entiendes, y es por eso que me preocupa tanto que vuelvas —Se notaba exasperado, pero sus palabras me angustiaron—. No podrás aceptar sus muertes y tratarás de impedirlo, no puedo permitirte eso.

—Pero… Harry…

—Lo siento, llevo tiempo pensándolo, la única solución que se me ocurre sería que regresarás sin esas memorias.

Abrí la boca de par en par. ¿Borrarme la memoria?

— ¿Y si olvido algo más? —Él negó.

—Se pueden escoger los recuerdos que uno quiere eliminar, es sencillo y es la única forma en que te puedo permitir volver —Insistió.

Asentí, no tenía alternativa. Así que bajo el hechizo de Harry, fui olvidando todo lo que no debería de saber. En mi mente, veía las pláticas y los momentos en los que había pensado en esas muertes. Las veía solo un segundo, después se desvanecían dejándome una sensación de vacio y extrañeza. Pero sobre todo, el sentimiento de que algo me faltaba.

Días después ya no recordaba ni las muertes, ni la plática con Harry. Y en lo único que podía pensar era en lo cerca que estaba de volver. Aunque en ocasiones estar exclusivamente encerrada en Grimmauld era bastante aburrido. En ocasiones charlaba con Ginny, que terminó siendo una compañía estupenda en las tardes de aburrimiento. Me enseño a cocinar uno que otro platillo y debo agregar que ella cocinaba maravilloso.

También jugaba con el pequeño James Sirius, que resultó ser un terremoto con piernas. Apenas empezaba a dar sus primeros pasos, pero daba dos y ya había tirado algo. Era una suerte que todos en la casa fuéramos magos, así al menos podíamos reparar los destrozos del pequeño.

De vez en cuando, Molly o alguno de los otros Weasley iban a visitarlos y me pasaba ratos divertidos, sobre todo cuando el visitante era George. Pero también era entretenido platicar con Fleur sobre las nuevas tendencias de moda en su país y en el nuestro, diferentes, pero geniales. Y como olvidar la noticia de que por fin Draco y Astoria habían puesto fecha para su matrimonio, que me llego por medio de mi hermano, en una de las visitas que me hacía para, según él, despedirse; pero siempre volvía en dos o tres días más.

Draco insistía en que me quedará para su boda. Pero mi respuesta siempre fue un no rotundo. Y no es que no quisiera, era sólo que Astoria quería que fuera en primavera, así que todavía faltaban buenos dos meses que no resistiría ahí. Otra actividad interesante para realizar en aquella casa, era hablar con un antepasado colgado de la pared. Por toda la casa, había cuadros de algunos miembros de mi familia que sonreían cuando les decía de quien era hija. Pero la que más molestaba era la tía Walburga. Su tapiz estaba instalado en el recibidor y siempre que pasaba por ahí dando brinquitos, la cortina se corría y ella comenzaba a darme una perorata acerca de que un Black no debería de juntarse con personas como los Weasley. Yo intentaba asentir en silencio y alejarme, pero ella siempre tenía una manera de retenerme; me contaba historias sobre mi madre y mis tías jóvenes.

Así, un mes tres días después de la primera plática con Hermione, sucedió. Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada. La chica aún no quería partir a su casa insistiendo en que tenía una pista muy buena. Yo debía quedarme con ella, se me hacía algo injusto que ella trabajara mientras yo dormía; así que tomaba grandes cantidades de poción reanimadora para poder mantenerme despierta. Leía un libro sobre historia mágica que me había encontrado en el despacho de Harry, leía a medias, porque llevaba más de quince minutos leyendo la misma línea y pensando en lo cómoda que era mi cama.

Entonces, Hermione soltó un gritito de emoción que me hizo saltar en el asiento y tirar la poción al suelo.

— ¡Lo tengo! —Exclamó, con una sonrisa mientras agitaba el giratiempos en su mano. Me acerqué conteniendo un grito parecido al suyo y la abracé.

— ¿De verdad? —Pregunté emocionada

—Si, de verdad —Confirmó, y empezó a darme una explicación tremendamente complicada acerca de que mi anterior giratiempos estaba descompuesto y algo que me sonó a propulsor, se había alterado de manera que pudo registrar saltos en el tiempo mucho más grandes y activados por la señal de voz.

Antes incluso de que terminará, ya me había puesto en pie y corría escaleras arriba, en busca de mi baúl, el cual permanecía cerrado y listo para que me lo llevará en el momento en que fuera necesario. Le di una patada para inclinarlo y me lo lleve arrastrando hasta el primer peldaño. Después baje corriendo y toqué a lo loco la puerta de la habitación de Harry, quien unos diez golpes después me abrió con cara de sueño.

—Me voy —Chillé y me colgué de su cuello—. ¡Gracias, gracias, muchas gracias!

Después, encendí la luz y me arrojé sobre su cama, llenando de besitos a Ginny, medio adormilada.

—Cuídense mucho ambos, los voy a extrañar —Continué diciendo, con la emoción a mil.

—Espera Ingrid —Gritó Harry con una sonrisa, cuando salí corriendo hacía el cuarto del pequeño James Sirius. No conteste, sólo me di media vuelta y lo escuché—. No lo despiertes, nos costo mucho que se durmiera, vamos te acompañaremos.

Asentí resignada a no volver a ver al niño y bajé dando saltitos hasta el despacho, donde aún seguía una eufórica Hermione. Detrás de mi entró Harry, con mi olvidado baúl. Me tragué la felicidad e intente representar en mi rostro la gratitud que sentía.

—Sólo tienes que hacer lo mismo que hiciste la vez anterior —Explicó Hermione, entregándome el giratiempos. Deje mis cosas a un lado y la abracé. Ella me devolvió el abrazo, algo sorprendida.

—Gracias, no sabes cuanto te debo —Me devolvió la sonrisa y asintió despreocupadamente. Me volví hacía Harry—. Harry, oh, si a ella le debo muchísimo a ti te debo el doble —Bromeé. Él pego una carcajada.

—Lo hice porque me agradas, no me debes nada —Sonreí y lo abracé. Sin que se diera cuenta, introduje en el bolsillo de su bata, el dije esmeralda que Lily había usado la noche del baile y que días después había encontrado en mi maleta. Después llegó el turno de despedirme de Ginny, fue un simple abrazo y unas cuantas palabras de aliento.

—Gracias a todos de verdad. Los voy a extrañar —Repetí, volviendo junto a mi maleta, de pronto recordé algo—. Oh y Harry, un último favor, ¿Podrías enviarle una nota a Draco y despedirme de mi madre?

—Por supuesto Ingrid —Asintió.

—Bueno, es hora —Inspire profundo y lleve el giratiempos a mi rostro, lentamente y ante la mirada de todos susurré—: Llévame treinta años atrás.