Infiltrada
:-:
Disclaimer: Naruto no me pertenece, la historia y Larissa si.
¡Gracias a HW789 por corregirlo!
¡Te Adoro!
:-:
Neji respiró pausadamente tratando de no hacer nada de lo que posiblemente luego se arrepintiese. Se relajó, pensando que enfadarse no haría otra cosa más que animar a Larissa a quedarse. Ella siempre hacía lo que quería; había llegado a pensar que ella causaba discordia por el puro placer de ver a otro en un estado furibundo.
— ¿Ya estas más tranquilito? —Neji podía oír la burla en su tono de voz cantarino.
Ella era preciosa, sí, parecía dulce, claro, pero sabía que podía ser una maldita perra desgraciada. Y no le daría el placer de regodearse ante el mérito de haberlo hecho enfadar.
— Lo que necesitas ya te fue dado —Le informó, tan frío que TenTen se removió en su sitio.
Larissa estaba habituada a ese trato, pero ella no. Había visto a su compañero comportándose fríamente, distante, pero nunca de un modo tan poco… cortés. Es decir, sin ese aire de "fuera de mi vista" implícito en cada uno de sus movimientos. Era más cortante de lo que ya era de por sí y eso la sorprendió. Comparado con lo que era en ese instante, el Hyūga era muy amable con el resto.
— Claro, claro —Le restó importancia la joven de ascendencia inglesa—. Venía a modificar un par de detalles, algo así como las cláusulas del contrato.
La risa de la joven era a cualquier oído sumamente agradable de oír, no muy fuerte, pero contagiosa y alegre. TenTen pensó que quizá fuera una broma, pero el estado cruelmente educado de Neji no se modificó y se sintió totalmente fuera de lugar, más de lo que antes se sentía.
— El contrato ya lo firmaste.
Irritación, molestia y una pizca de educación constituían su delicado estado de ánimo. Joder, quería sacarla de allí lo más rápido posible. No era posible que Larissa sólo se apareciera en su casa, sonriera e hiciera todo su teatro de repente. Ella estaba loca, se suponía que ya debía estar feliz, sentada en su auto último modelo conduciendo a cualquier otra parte lejos de su familia.
— Bueno, los contratos se modifican —Larissa comentó, aparentemente desinteresada—. Veo que no es el momento…
La joven se levantó de su sitio con impecable porte. Hermosa, educada, graciosa, dulce, agradable y de buenos modales. Toda una dama, preciosa. TenTen se preguntó como Neji podía tratar de ese modo a una joven así; no, a su hermana. Simplemente no lo entendía. Se quedó en su lugar, parada a un lado de la conversación, y los comparó. Quitando la mínima diferencia del cabello apenas más oscuro de ella, y la forma de los ojos de Neji, ellos eran increíblemente parecidos. Se movían elegantemente, hablaban con propiedad y eran educados. No bajó la cabeza, pero por un instante, se sintió ligeramente inferior. Pero luego sacudió su cabeza. ¡Ella no era inferior, claro que no! Ella era TenTen Ama y aunque no fuera tan jodidamente perfecta, valía lo mismo que cualquiera de esos estirados.
— En todo caso, hermano, quería, uh, "consultarlo", contigo antes de ir ante nuestro tío. —La muchacha de largo cabello castaño, largo hasta las caderas, sonrió con cinismo— Pero tendré que ir directamente con él.
— Estás siendo pretenciosa.
Larissa lo miró fijamente.
— Comparado con lo que me pertenece, no lo soy — Respondió ella, tomándose su tiempo.
Larissa se contuvo de fruncir el cejo y dar una respuesta mordaz. No era algo inteligente realizar aquella conducta, no; sería educada de tal modo que eso descompondría a su pariente, porque no podría rebajarla a otro nivel que no fuera el propio. La muchacha volvió sus cristalinos ojos a los oscuros de TenTen, sonrió y se acercó a ella, contoneándose y haciendo sonar sus tacos en el suelo de madera.
— Debo irme, Tsuki. —Se disculpó— Resultó agradable conocerte, me gustaría volver a verte pronto, en otra situación, tal vez.
— Claro, adiós. —Tenten le sonrió, algo nerviosa— Fue un gusto conocerte.
Claro que lo fue, pensó la muchacha.
— Neji —susurró al pasar al lado de él—. Ojalá, nos veamos pronto.
Neji no contestó, tragándose una maldición, entonces reparó en que TenTen lo miraba fijamente desde el otro lado del cuarto, jugando con sus dedos.
— No sabía que tenías una hermana —Ella dijo, sin retroceder ante la mirada fría de él — Ella es, bueno, muy agradable.
Neji casi pudo escuchar el vaso rompiéndose cuando ella dijo eso. Agradable, claro que no, Larissa era cualquier cosa menos agradable y él, acostumbrado a la falsa cortesía y a los modales finamente hipócritas, podía asegurarlo. Hinata era agradable, Hanabi era impertinente, pero Larissa era una zorra jodidamente astuta.
— Adiós.
TenTen lo miró sorprendida, esperaba algo como "Bueno" o "Ya lo sé", alguna respuesta de "Yo lo sé todo" por su parte, como siempre; pero no llegó. La estaba echando de su casa. La morena sintió que algo llameaba dentro de ella, era la furia. ¿Cómo carajo la trataba así? ¡Que ella no era una maldita mucama para que la despacharan de ese modo!
—¿Disculpa? —TenTen preguntó, sintiendo molestia.
— Estabas yéndote —Le recordó, con mal humor.
— No es necesario que seas grosero —Le recriminó—. Sólo te dije que tu hermana era agradable y tú me echas. ¡Debo irme de todos modos! ¡No te he tratado mal para que vengas y me saques de esa forma! ¿No podías solo decir "Claro, bueno, ¿te acompaño a la puerta?" o algo así?
Neji la fulminó con la mirada, en una silenciosa advertencia que TenTen ignoró conscientemente. La mujer de ojos cafés no hizo otra cosa que fruncir el cejo y tomar bruscamente su bolso del sofá. Él no iba a intimidarla, si eso es lo que esperaba.
— Mira, sólo quiero que intentemos llevarnos bien —Ella confesó— ¿Te molesta tanto que quiera conocer algo sobre ti y que comente algo sobre…?
Neji se había volteado y la había dejado, literalmente, hablando sola.
La estaba ignorando deliberadamente. Entonces, sin pensarlo, sólo fue tras él y lo jaló por la camiseta.
— ¡Neji…!
Fue cosa de un segundo, apenas. Neji la puso entre la pared y su propio cuerpo, bajó la cabeza y sin mirarla le susurró al oído:
— El que la hayas conocido, no significa que vaya a contarte toda mi vida —Él suspiró a su oído, logrando que toda su piel se erizara—. No te metas es lo que no te incumbe.
No supo exactamente por qué, pero no pudo reaccionar automáticamente, como siempre hacía. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que él estaba casi encima de ella y otro más procesar lo que le acababa de decir. Entonces él se quito tan rápido que sintió que el calor la abandonaba.
— Olvídala —Le ordenó, y ella sintió que el piso se le movió.
Era algo parecido a la sensación de mareo, cuando se te mueve el suelo y no sabes de qué agarrarte para no caer. Apretó los ojos un momento y recuperó la concentración que había perdido por un par de segundos. El minuto de estupidez había pasado y volvía a erguirse ante él.
— Haz lo que te venga en gana —Le dijo, mirándolo con odio y sacudió el bolso entre sus manos—. Perdona si querer saber sobre ti es un maldito pecado, procuraré no quemarme en el infierno por eso.
TenTen gruñó, dio un paso hacia atrás y giró sobre sus pasos, marchándose. Nadie la había tratado así, nadie la había intimidado así, nunca jamás alguien tuvo la osadía de tratarla así. Y por más tonto que sonara, le gustó. Sí, le gusto que alguien le hiciera frente.
El corazón aún le latía en su pecho, cuando bajaba las escaleras, tan fuerte como cuando él sólo la golpeó contra la pared. Tuvo que parar un instante en medio de las escaleras.
Sí, bien, físicamente Neji le gustaba. A ella y al resto de la población femenina, tal vez hasta las lesbianas. Pero más allá de eso era imposible; sí, está bien, le gustaba su maldita actitud y… ¿A quién mierda trataba de engañar?
Su corazón latiendo desbocado era sólo una confirmación, le gustaba Neji. Así de simple, se lo negaba y procuraba no pensar en ello, trataba de no mirarlo, lo ignoraba la mayoría del tiempo pero allí estaba ella, pasando la noche con él y disfrutando la tarde en su departamento ¡Dios mío, si hasta había limpiado!
— Bien, tranquila, nada grave; se te pasará.
Sí, claro, se le pasaría. Nada grave, se iría de la escuela, regresaría a casa, se buscaría un tipo y listo. Asunto olvidado, y eso, por supuesto, incluía a Kiba. Debía concentrarse en ir a casa de Sakura, tomar sus cosas y tratar de darle una precaria solución al problema con Ino. Todas las malditas esperanzas que había albergado con su hermanastro habían muerto el día anterior y en su borrachera lo había enterrado entre las piernas de otro hombre. Oh, sí, ¡Woohoo!
Cuando llegó a la calle solo quería tomar sus cosas e irse, pero sabía que Ino, Hinata y Sakura querrían saber donde paso la noche y que hizo. "Como si yo lo supiera", pensó la joven, mientras abordaba el transporte colectivo. Sentada al lado de una anciana con bolsas de compras perdió media hora en llegar hasta la casa donde Sakura vivía. Miró el reloj, domingo en la tarde, la madre de Sakura trabajaba en el hospital. Suspiró y se preparó para un interrogatorio y una situación incómoda, pero debía ir por sus cosas.
¿No podía acaso tirar todo por la borda, volver a su casa, dejar que Kiba se fuera al infierno y retomar su tranquila vida normal? No, claro que no, porque su objetivo principal aún seguía en la mira; ser profesora de artes marciales mixtas. Esa era su meta, y mientras estuviera fija, iría a por ella. Además, ya se había comprometido y ella no huía. Puede que no tuviera mucho dinero, puede que tampoco fuera increíblemente bella o inteligente, pero era de palabra.
Se bajó a un par de cuadras de la casa de su amiga, en un barrio residencial modesto pero agradable. Miró a los niños corretear de un lado a otro, riendo, mientras un perro corría detrás de ellos. Las preadolescentes se miraban cómplices y reían tontamente cuando un niño de su edad las miraba. Las ancianas debatían sobre algún asunto mientras caminaban lentamente, y cruzando la calle una mujer replantaba flores en su jardín. Un barrio muy parecido al propio, pero un poco más habitado.
Llegó a la casa de Sakura y encontró rastros evidentes de vida dentro, entre ellos, la discusión de Sakura e Ino dentro de la casa y el auto de Hinata estacionado dentro. Ni siquiera tocó la puerta, después de todo, nunca le ponían llave y la madre de Sakura no estaba.
— ¡Eres una maldita idiota, dejarla quedarse con un tipo! ¡Borracha! — Sakura acusó a Ino.
— ¡Tú eres la que se fue con su novio, nos abandonaste! — Se defendió la rubia.
— Chi-chicas… — Hinata trató de calmarlas.
— ¡Esa no es una excusa, no quieras echarme a mi!
— ¡Te fuiste!
— ¿Y acaso por no estar yo la dejaste quedarse ahí, ebria? ¡Eso no tiene sentido!
— ¿Dónde están mis cosas, Sakura? — TenTen preguntó, entrando a la cocina.
La discusión termino cuando la voz de la morena resonó en el cuarto y todas las miradas recayeron en ella. Ino dio un paso al frente, con la mirada decidida y el corazón latiéndole en el pecho.
— Yo… TenTen…
— ¿Mis cosas? — Insistió, molesta.
— ¡¿Quieres escucharme?
TenTen la fulminó con la mirada y estaba a punto de contestarle cuando Hinata le tomó la muñeca firmemente. La jovencita de pelo azulado murmuró un par de palabras con intención de calmarla, preocupada.
— Ella quiere hablar contigo. —Hinata le susurró— Sólo escúchala.
Sakura, por otro lado, le dio una mirada significativa a Ino, quien solo retrocedió un par de pasos y dejó el camino libre para que tanto Hinata como la chica de cabello rosado salieran del lugar. TenTen suspiró y accedió a escucharla, después de todo, no podía irle peor de lo que ya le iba.
— ¿Qué? — Consultó, grosera.
— Bien, no sé como te enteraste, pero salgo con Kiba. —TenTen giró los ojos— Mira, iba a decírtelo anoche, pero no pude. Joder, TenTen, te quiero y no sé como acabé así… yo sólo estaba ayudándolo a entrenar y coqueteábamos; yo me decía "Dios, ¿Qué hago?" pero seguía haciéndolo, era casi inconsciente.
TenTen apretó los puños.
— Parpadear es inconsciente, eso no lo es.
— Mira, no sé cómo nos besamos…
—Una boca sobre otra, luego la mueves, muy sencillo.
—Y luego yo paraba y lo alejaba. Después volvíamos y llegó a un punto en que dije "Bueno, no puedo resistir, tengo que decírselo a TenTen" pero Sakura leyó los mensajes y me presionó y…
—Ino tomo aire— Lo siento, lamento no habértelo dicho antes, lamento no haberte comentado que me gustaba Kiba cuando tú relatabas encantada cuánto lo querías, perdón por creer que no hacía nada malo. Yo hice algo malo, engañarte y no decirte, mentirte. Pero él me gusta, así de simple.
— ¿Tan simple que tenías que ocultármelo? — TenTen preguntó, molesta — Sinceramente, vete al infierno. Tendrías que habérmelo dicho, decirme desde el primer beso, no dejar que las cosas se enredaran y yo estuviera tan furiosa conmigo misma por no verlo y contigo por ocultármelo, que me emborrachara.
— Eso no es mi culpa.
— Cierto, fue una decisión mía —Aceptó—. Pero podrías haber tenido los ovarios de agarrarme y decirme las cosas de frente, no solo retardarlo y alargarlo.
Ino frunció el cejo.
— Eres injusta, era difícil. Estaba yo ahí, por arruinarte un amor, por joderte la noche y un buen par de meses. Además, esa noche fue horrible para mí también.
— Tú te peleaste con una mocosa, nada más, además, estas desviando el tema —Le dijo, molesta— Ino, fuiste una mala amiga, no sólo me jodiste la noche, me ocultaste algo importante y yo me preguntaba: "¿Cuánto tiempo ella salía con él y yo le contaba cada patético detalle que él tenía para conmigo?". Sentí que te reíste de mí y de la confianza que te tenía; eso no se hace. No me molesta tanto que salgas con Kiba, pero me dolió que me defraudaras.
— Perdón.
— La palabra mágica dejó de serlo a los ocho. —TenTen le recordó— Déjalo allí, no voy a decirte "Todo bien, perdonada" porque sería una mentira. Sólo déjalo ahí, ¿quieres? Seamos adultas e ignoremos esto.
— Esa no es una reacción adulta — Ino refutó.
— Ino, quiero golpearte, esa es la más puta decisión adulta que puedo tomar.
— ¿No podemos sólo hacer las pases? —Ino preguntó, molesta.
No, claro que no, TenTen era demasiado orgullosa para hacer las pases. Ella la ignoraría meses enteros antes de volver a hablarle directamente luego de esa conversación. No aceptaría los regalos, ni las invitaciones, mucho menos le contestaría algún mensaje. Oh, no, TenTen iba a ignorarla deliberadamente en lugar de insultarla, abrazarla, llorar y perdonarse. Ambas eran demasiado cabeza duras.
— ¿Todo bien? —Preguntó Hinata.
— Claro. — Aseguró TenTen
— En lo absoluto — Sakura le susurró a Hinata, ella asintió.
— Oigan, tengo que irme a la escuela, tengo dos horas para llegar y son cuarenta minutos de viaje, tengo cosas que hacer. ¿Dónde está mi bolso?
— A un lado de la cómoda de mi cuarto.
TenTen tomó sus cosas y se cambió de ropa tan rápido como pudo. Se le había hecho tarde sin que se diera cuenta y ahora debía apresurarse. Se quitó todo rastro de maquillaje de la cara, maquillaje que le había durado escasos minutos pero era para disimular y con el cual no podía llegar a la escuela. Se vendó, sintiendo la opreción de nuevo, se vistió como chico y volvió a su papel, que cada vez toleraba menos. Se desordenó el cabello y puso su gorra negra, guardó la ropa femenina en una bolsa y luego dentro de su bolso.
— ¿Q-quieres que te lleve? — Hinata ofreció, jugando con las llaves de su auto.
— No, eso parecería raro. Pero te lo agradezco.
Hinata asintió y le sonrió con dulzura. Su amiga siempre arriesgaba a todo o nada, y siempre cuidaba hasta el más mínimo detalle, por más que eso le dificultara las cosas. Sakura suspiró, sabiendo que no importaba cuanta presión ejerciera, Ino no pediría perdón dos veces y TenTen no cedería a la primera.
Cuando TenTen llegó al instituto descubrió que no había casi nadie y Lee le comunicó que la gran mayoría de los chicos llegaban bien entrada la noche. La joven dejó caer sus cosas cansadamente en el suelo a un lado de su cama y se dejó caer en la misma. Estaba harta, quería tirar todo a la basura, pero entonces le llegó un mensaje de texto:
"Hola, Ten! Todo bien aquí, como estas? Te extraño, a ti y a tu pollo con papas. Cena el sabado, te prendes?"
— ¿Quién es?
TenTen sonrió ligeramente.
— Mi hermano.
— ¿Kiba? —TenTen asintió— ¿Él ha…?
— Sale con mi amiga —TenTen le informo, sorpresivamente— Pero no puedo hacer nada.
Lee la miró con un deje de compasión y luego se acercó a ella con el semblante triste pero a la vez consolador. Con cuidado se sentó a su lado y le desordenó el pelo cariñosamente.
— Sabías que no podías cambiar eso, pero… ¡Todo irá para mejor, no entristezcas!
— ¿Que yo no le gustara así? —Él asintió— Qué va, no estoy triste
— ¿No? — Preguntó sorprendido el chico.
— No, molesta sí estoy, pero no triste. Es raro.
— Cuando una puerta se cierra, ¡se abre una ventana!
TenTen rió.
— Eh, que yo quiero un ventanal. — TenTen bromeó— ¡Uno con vista al mar!
Lee sonrió, viéndola ya un poco más animada, claro, hasta que Neji entró por la puerta de entrada.
Neji había tenido, con pocas palabras, un día de mierda. Una vez que TenTen se fue, tuvo que dejar su día de descanso de lado e ir, rápidamente, a la casa de su tío. Su automóvil, abajo, había sido retenido con un aparatejo y estaba multado por estacionar mal, supuestamente. Luego descubrió que tres días antes, esa calle había sido convertida en vía rápida y por ende no se podía estacionar allí.
El joven debió tomar un taxi, con olor a cigarrillos baratos y un conductor demasiado sudoroso que le hablaba como si a él le interesara su vida, o la de los demás. Llegó molesto, se enfrento con una malhumorada Hanabi, hecha una furia con el por ausentarse para una fecha que no se molesto en recordar. Luego de resolver precariamente el problema con su prima, tuvo que esperar dos horas fuera del despacho de su tío, donde tenía una reunión con sus inversionistas. Durante esas dos horas las mucamas no paraban de ir y venir, mirándolo indisimuladamente, riendo bobamente antes de darse de bruces contra algo. ¿Por qué las mucamas tenían que ser jóvenes tan absurdas?
Para ponerle la frutilla al postre, cuando su tío lo atendió, entre cansado y molesto, le recriminó no poder encargarse de ella, pues Neji claramente omitió que TenTen, conocida como Tsuki por Larissa, estaba allí y por ello no pudo hablar con libertad. Luego de un silencio incomodo su tío lo dejo ir. Apenas tuvo tiempo de tomar ropa limpia, empacarla desordenadamente e ir a la escuela antes de que las puertas fueran cerradas y perdiera una semana de clases.
— Hola, Neji —Saludó la mujer, olvidando por un momento el enojo.
Para ella, el saludo no se le negaba a nadie.
Neji, por otro lado, no pensaba así. Enojado, sólo ignoro el animado saludo de sus dos compañeros. Lee llevaba el tiempo suficiente con él como para saber que eso era porque tenía un muy mal día y antes de tratar mal a alguien, directamente ni hablaba. Pero TenTen, a pesar de que había aprendido mucho sobre sus signos, había cosas que, se tuviera o no un mal día, debían hacerse. Por ejemplo; responder el saludo de alguien aunque sea con un gesto.
— La mayoría de la gente responde cuando saludas, ¿sabes? ¿No te enseñan eso en clases de etiqueta o esa idiotez, niño bonito?
TenTen no controlaba las palabras que fluían de su boca, estaba enojada, furiosa, malditamente molesta. Enojada con Neji por tratarla de entrometida, con Ino por hacerla pasar por tonta todo ese tiempo, con sus amigas por no decirle nada, con Lee solo por recordarle con una pregunta lo desdichada que era, con Kiba por ser tan subnormal de no darse cuenta de lo que sentía y… ¡Con todo el maldito mundo, y ya! ¡Sólo quería desahogarse, no podía más!
— ¿Tú hablas sobre modales? —Neji pregunta, realmente no estaba de buen humor.
— Sí, yo, la misma con la que pasaste la noche —Gruñó, molesta, dejando a Lee boquiabierto.
Bien, eso se estaba pasando de tono, Lee creía. Una cosa era que Neji apreciara a su compañera, aunque no lo diera a notar, y otra muy distinta era que, precisamente, pasara la noche con ella. Mil dudas se agruparon en su mente en menos de un segundo: ¿Ellos saldrían? ¿TenTen sabría de la delicada situación de Neji? ¿Ellos dos se habían ido solos a su departamento? ¿Ellos…?
— Estabas ebria —Neji no pudo evitar remarcar, esperando que ella se callara.
— Y tú intentabas ser un caballero. —La muchacha dijo mordazmente— Yo, por otro lado, no recuerdo nada de nada, y cuando traté de ser una dama, ¡era una entrometida!
Neji se volvió hacia ella, furibundo, pero mostrándose aparentemente frío. Lo único que delataba su estado de ánimo eran sus ojos, fulminantes.
— Tú no eres una dama.
— ¡Neji! — Lee se molestó, porque con una simple frase, había destruido la poca estima que ese día le quedaba a TenTen.
TenTen bajó la cabeza apretando los ojos y sus manos se convirtieron en puños, apretándose contra sus muslos, intentando contener la furia. Ese día, definitivamente, no aguantaría nada. ¡Dios, si parecía que tenía SPM de lo malhumorada que estaba! Con el enfado a flor de piel dio un par de pasos y poniendo sus puños en el pecho de él le dio un empujón lo suficientemente fuere para hacerlo retroceder. Bien ¿No era una dama? ¡No se comportaría como una, entonces!
— ¡Mira, idiota, tienes razón! ¡Nunca más volveré a intentar conocerte! ¡Eres sólo otro engreído, estirado, que sólo piensa en sí mismo!
Neji la fulminó con la mirada, pero ella no se intimidó. No, ella no huiría, ella se quedaría allí hasta el último grito.
Neji se dijo a sí mismo que no caería tan bajo como para seguir contestándole. Se tranquilizó lo suficiente para mantener su semblante frío y distante y la miró sin sentimiento alguno.
— No me conoces.
A TenTen la sangre le hirvió en las venas. ¡Era él quien no la dejaba acercarse!
— No me dejas hacerlo.
— Si fueras inteligente no querrías hacerlo.
¿Ahora le decía que tenía que hacer? ¿Era de su propiedad o qué cosa? ¿Quién se creía?
TenTen afiló la mirada.
— Lo que quiero o no saber, lo decido yo.
Lee, quien los había estado mirando desde su cama, entendió que debía irse. Porque frente a él no hablarían nada seriamente del tema, lo más probable es que no quisieran aún que se enterase. Ni el joven ni la muchacha parecían querer ceder, ambos se mantenían en tensa cercanía. Lee se paró y ambos lo miraron de reojo.
Lee supo, desde semanas atrás, que él estaba un poco de sobra. Hacía mal tercio, o algo así, porque la constante tensión entre Neji y TenTen era demasiado fuerte para no notarla. Primero de desprecio, luego de competición, más tarde de algo parecido a una fugaz amistad, y en ese momento, bueno, quizá las ganas mutuas de querer asesinarse.
— Ire a ver a Naruto. —Inventó, saliendo con una sonrisa— ¡Sigan ardiendo juvenilmente como hasta ahora!
TenTen frunció el cejo algo confusa por la repentina huída de su compañero, mucho más dejándola sola con Neji.
— Mira, no estoy de buen humor, así que dediquémonos a, por lo menos, tratarnos más o menos bien
Neji la miró, la verdad, estaba jodido.
No había pasado todo ese tiempo con ella ignorándola, claro que no, por más que lo fingiera singularmente bien y el resto, incluso ella, lo creyera. La había examinado y para su sorpresa, le gustaba lo que veía, quizá, demasiado.
TenTen tenía la piel ligeramente tostada, que en contraste con sus ojos marrones y su pelo oscuro daban una combinación exquisita. Cada curva en su sitio, los pechos del tamaño justo, lo suficiente para poder ocultarlos. Las caderas demasiado perfectas para ocultarlas, incluso tras un pantalón grueso y enorme. Las piernas, que había descubierto mientras ella estaba en su departamento, eran finas pero firmes. Ella era grácil, algo tosca cuando se lo proponía, pero cuando estaba relajada, incluso parecía bailar.
TenTen, con su actitud orgullosa, su barbilla en alto, su todo o nada, su maldita fidelidad, sus misterios, y sobre todo, su valor, lo traían loco. Estaba muy jodido. Jodido porque quería romperle la boca de un beso y ella estaba allí, confrontándolo, mostrándose fuerte y enojada, con un carácter tan pasional que quería explorarlo. Quería molestarla sólo para verla enojada, quería rozarla para verla sonrojada, quería, sobre todo, sacarla de su vida.
Sí, sacarla, porque ella había desbaratado todo. Las mujeres solo desbarataban su vida. Larissa y TenTen habían vuelto su vida un remolino. La primera, con todos los problemas que traían acarreados, se presento con una sonrisa cínica y desarmó sus convicciones con respecto a su familia. TenTen, por otro lado, se hacía desear y luego lo ignoraba. De a ratos le sonreía, y de a momentos, como ese, lo despreciaba. Se enseñó como un hombre, pero le parecía sospechoso, y termino por descubrir que era una mujer justo cuando, por una distracción, ella había ganado.
Una mujer le había ganado. Una mujer le daba ganas de sonreír, por más que no lo hiciera. Y ya no se entendía a sí mismo. Cuando la cruzó la noche antes, ataviada con ropas pensó que se veía linda. No, había pensado que era linda.
Entonces pensó que la única solución de dejar ese remolino de ideas que era TenTen fuera de su cabeza, era sacarse las ganas de encima, y eso hizo.
Cuando TenTen estaba a punto de decir algo la agarró con una mano del antebrazo y con la otra buscó su mentón. La empujó, en un segundo, contra la pared y en su aturdimiento la besó.
Al principio fue sólo un roce tosco, pero luego, cuando ella se dio cuenta de que Neji la estaba besando, y sin proponérselo realmente, ella contestó. Los labios uno contra otro, moviéndose. El contacto se volvió pausado y la mano libre de la joven la ocupo abrazándose a su cuello y se puso de puntitas.
TenTen le mordió el labio y lo jaló hacia afuera, causándole un poco de daño. No era la primera vez que besaba a un chico, ni la primera en la que una lengua se introducía en su boca, claro que no, pero nunca fue con tanta violencia. Violencia, por supuesto, porque él la apretaba, la manejaba y se movía a su gusto.
Por respuesta natural, Neji la arrinconó y la mano del mentón fue detrás de su cuello y se vio forzado a bajar la cabeza otro poco. Suspiraron con el poco aire que les quedaba y se soltaron.
Al contrario de lo que Neji pensó, no se le fueron las ganas de besarla, sólo habían incrementado.
A TenTen se le cristalizaron los ojos. ¿Por qué la besaba luego de tratarla mal? ¿Quería, a caso, recordarle que la noche anterior había sido suya? TenTen apretó la boca, frustrada consigo misma. ¿Por qué, si supuestamente le molestaba, ella quería volver a besarlo? Bajó la cabeza, se sentía sucia, tan sucia como cuando se había levantado esa mañana y se descubrió en la misma cama con él.
Sucia.
Entonces, y ninguno de los dos supo si maldecir o agradecer, Lee entro por la puerta, algo tímido a hacerlo.
— ¿Paso algo? —Lee preguntó.
— No —Neji y TenTen dijeron al unisonó.
Lee inclino un poco la cabeza y frunció el cejo, confuso.
Nada, absolutamente nada que Lee quisiera saber. Él suspiró. Sabía que tener una compañera traería problemas, pero no tantas discusiones y menos con el menos confortativo; Neji.
Apenas tuvo la oportunidad, TenTen la tomó, sin decir nada más salió por la puerta y huyó de allí. Miro hacia ambos lados del desierto pasillo y su mirada fue a parar a la puerta consiguiente.
:-:
Adelantos del proximo cap:
"— Oye… mira, no eres una puta —Él dijo, sin ningún reparo en su vocabulario—. Y no creo que él te haya obligado a nada, no parece así, qué se yo.
— ¿Qué? —TenTen pregunto, confundida.
— Que si te acostaste con él, por más borracha que anduvieras, lo hiciste porque, en ese momento, lo querías. Y si lo besaste antes, y no lo moliste a golpeas porque claramente podrías, es porque querías besarlo.
Ella bajó la cabeza y el muchacho suspiró, cansado.
— No soy psicólogo ni nada —Introdujo—. Pero ¿No has pensado que si haces todo eso, sin supuesta explicación, sea porque lo quieres?"
"Estando sola se permitió llorar, porque no se lo había permitido hasta entonces. Fue su forma de sepultar a Kiba, de perdonar a Ino y de matar una parte de sí misma. Paso una de sus manos por su cuello y de nuevo, recordó que se había acostado con Neji, pero en ese momento, no se sintió sucia. Se pregunto cómo se sentiría."
"Le gustara o no, estaba ahí y no tenía más escapatoria. Era penoso, vergonzoso, incómodo y molesto. Pero no había opción. Compartían cuarto, y por más malo que eso resultara, iba a dormir en el mismo cuarto que él. Esa noche, no podría dormir"
"Frente a ella, con una apariencia frívola e indiscutiblemente inexpresiva, se dijo a sí mismo que ya iba siendo hora de aceptarlo. Ella, a apenas medio metro de distancia, divagó un segundo. Neji se dio cuenta al instante que ella dudaba sobre qué decir, pero la vio erguirse y conseguir la convicción de hablar.
— Eres un idiota —Empezó—. Pero así y todo, sin explicación y nada, me gustas."
