Falsos juramentos
Teman; muggles y magos, muchas cosas sucederán, cuando el reinado de Voldemort se vea cercano. Harry y Draco descubrirán su madurez y su pasión al intentar derrotarlo.
R
Slash m/m
Harry/Draco Harry/Ron
Gracias por mandarme sus reviews :) Tb a los que no lo hacen porque mínimo leen mis locuras ^^
Recomendación de fics: Lean "Amores ¿Imposibles? Todo se puede en este mundo" un H/SS :) de Sakura Snape. También, "La apuesta" por Kathy Stgqvk un H/Lucius D/SS ^^ Ambos están súper guay, altamente recomendados =D˜˜ Más datos sobre otros fics el próximo capítulo ^^
En este capítulo ¡20! :D lo que le pasó a Harry u_u y las consecuencias... ¿Podremos decir adiós?
Un beso,
Nabichan Saotome.
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20. Calabozo
Una voz, como un atrayente canto de sirenas, lo llamaba con estrepitosa prisa; gritándole al punto de desgarrar los sonidos a su alrededor, una decisión que él mismo, dueño de esa voz, había tomado ya fuera para bien o para mal.
Adiós, Ron.
Pero aquel adiós extremista, le había impedido saber lo que estaba logrando. El collar de plata, cuyo dije precioso centellaba un color grana intenso que nadie percató, se elevó centímetros arriba de su pecho.
Cerró los ojos, dejándose arrastrar por el dolor. Soltó la escoba, manteniendo el equilibrio por completo, y con extraña maestría se puso de pie sobre el mango. Lo había deseado, había deseado morir. ¿No era él, el que huía de aquella cama todas las noches? ¿No era él, el que había tomado la decisión de dejar a Ron, con la esperanza de tener a su mejor amigo de vuelta? ¿No era él, el que había deseado morir?
Frente aquella realidad absurda, desfiló un tormento. Sus padres, gritando al pelear y protegerlo de Voldemort, la muerte. La soledad. Los Dursley, dementores, gritos de dolor; tortura, verdad, mentira. La fama y la gente que sólo lo apreciaba por ser Harry Potter, el pesar de no poder ser simplemente un chico más, el dolor de ver a sus amigos sufrir. Sus padres muriendo por un hechizo que él había perfeccionado noches antes.
¿Había hecho las cosas bien? No había salvado a los niños, aurores, ni pasajeros, del Expreso de Hogwarts, se había quedado enfrente de un espejo, a punto de desmayarse por todas aquellas escenas. ¡Iban por él...y no estaba en ese tren!
De la misma forma en que no había salvado a sus padres, ni a Cedric, ni a toda la gente torturada y asesinada, ni a Draco, ni a Ron, ni siquiera a Hermione. Había dejado escapar a Voldemort.
¡¿Y él era el héroe que todos esperaban?!
Una triste lágrima recorrió su mejilla, en tanto la caída era más que inevitable, necesaria. Necesaria para el cuerpo que pedía la muerte, para aquel que en ese momento no sabía más que de perdición, para aquel que gritó silenciosamente en el instante justo en que el brillo del rubí cubrió el castillo, el campo, el bosque prohibido, más allá de los límites de Hogwarts.
Harry lloraba de dolor en forma de muerte.
Yo soy el héroe...un héroe que no ha podido salvar a las personas que más ama... ¿Entonces, de qué sirve?
El grito luminoso que antes fue ignorado por creerse el atardecer, llamó la atención de todos en el castillo, alarmándoles el corazón, haciéndoles saber que algo terrible estaba por suceder, dándoles temor suficiente para asomarse por la ventana y averiguar lo que estaba sucediendo. Las ventanas de las Torres fueron abiertas, buscando la fuente del miedo que los recorría por completo, ese presentimiento que los controlaba.
Las bludger, quaffle y las pelotas de golf cayeron al suelo, perdiendo su poder. Ninguno de los jugadores pudo moverse de su posición, mirando hacia abajo entre esa luz rojiza que parecía derramada del cielo, a un chico que caía. A uno que un par de instantes antes se había lanzado al vacío. Todo el ambiente estaba tintado del tono de la sangre.
-¡HARRY!- fue el único sonido además del viento que gritó lo que estaba sucediendo. Dos voces, la de Draco combinada con Ron, que había salido corriendo justo cuando el rubí comenzó a brillar, llamándolo a ser testigo de ver a su amante caer al suelo más de veinte metros. Una escoba fue inclinada con desesperación como la primera vez en que verdaderamente estuvieron cerca, deseando salvar lo que estaba por perder.
Pero no fue ni un instante después que, Harry, aquel ángel trigueño hermoso, de ojos verdes, sonrisa eterna, esperanza, sueños y melancolía, golpeó contra el césped verde, logrando el sonido de su cuerpo contra el duro piso. Su Saeta de Fuego descendió a su lado, antes de que nadie pudiera reaccionar.
-No...- Ron cayó de rodillas, sin poder creer lo que acababa de presenciar, en tanto la Nimbus de Draco imitaba a la escoba de Harry, bajando de las alturas por su propia cuenta para llevar a su dueño hasta donde estaba su corazón. El rubio bajó de la Nimbus, ya a un metro de aquel cuerpo, deseando que fuese una mala jugada de Harry, que estuviese bromeando, que en realidad el cielo no se hubiese tintado de aquel color sangriento en su honor, que de su cabeza no estuviese brotando la sangre. El rubí dejó de brillar, absorbiendo el tono que había logrado.
Nadie supo qué había pasado.
Nadie dijo nada.
Silencio.
***
Golpeó la pared, primero con dolor hacia lo que había pasado, para terminar con rabia por no poder evitarlo, por quedarse estático, por no poder creerlo. Ni siquiera había podido tocarlo, temeroso de que estuviese muerto.
¡No lo había tocado!
Sin embargo, algo muy dentro de sí le daba la respuesta: Un traidor entre tus amigos.
Dio media vuelta, encontrándose con un rubio sin palabra alguna, frío, como si de pronto cualquier sentimiento que hubiese habitado en su cuerpo se hubiera esfumado, muerto por dentro a pesar de seguir respirando. ¿Y si Harry ya no lo hacía más? La furia lo controló, sintiendo aquel calor recorriéndolo por completo, pidiéndole venganza, pidiéndole la sangre de aquel que había tomado la suya al arrebatarle a Harry.
Y a pesar de sí mismo, del dolor que lo mataba, levantó a Draco de la silla donde estaba sentado, y lanzándolo contra la pared, empuñando las manos con fuerza y depresión, golpeó su estómago hasta que un hilillo de sangre comenzó a brotar de los labios de Malfoy.
-¡Traidor! ¡Tú le hiciste esto!- era lo único que podía decir, sin que Draco se defendiera. Tal vez se lo merecía. Sin embargo, las palabras fueron detenidas por los pasos de Madame Pomfrey, que se acercaba. Soltó a la presa, que inmediatamente se inclinó hacia delante, con las manos en la cabeza, y los sentimientos de vuelta, sabiendo por el dolor físico, que no había sido una pesadilla. Poppy no dijo nada acerca de la escena que encontró, tal vez demasiado perturbada por lo que acababa de suceder.
-Entonces es cierto... ¡NO! Harry... ¿Muerto?- Draco se sostuvo con fuerza el cabello, recordando que aquel peinado lo tenía porque a Harry le gustaba cómo se veía con él. Había cambiado su forma de ser por él. Y ahora él estaba...
Él está bien...
Fue lo único que escuchó, antes de que haciendo a un lado a Madame Pomfrey, con la mirada desesperada, entró a la enfermería, sin importarle nada más que ver la realidad.
***
Abrió las puertas de la enfermería; la única cama ocupada, la tercera del lado derecho; pertenecía a Harry, despierto, sentado y con las rodillas flexionadas hacia el pecho descubierto; sus brazos estaban estirados sobre las piernas; en tanto la mirada se hallaba ausente en la lejanía del blanco paisaje.
Cerró las manos, sin poder creer lo que observaba. Él estaba bien.
Sin embargo, el dije sobre su pecho lo hizo reflexionar acerca de lo sucedido. Y si Ron... ¿Y si Ron fuese el traidor? Sus pensamientos fueron interrumpidos por el numeroso grupo de personas que irrumpió en la habitación, sin darle la oportunidad de estar a solas con Harry, sin haber preguntado cómo se encontraba o buscar una excusa a aquella estrepitosa caída. Sin siquiera avanzar un paso después de la segunda cama. El trigueño pareció reaccionar, pues levantó la cabeza, misma acción que había evitado con Draco.
-¡Harry! ¿Estás bien?- Entre aquellos, se encontraba Hermione, sorprendida de que Harry aún estuviese con vida, silencioso. Aún sin poder creerlo, un nudo invisible se hallaba en su garganta, impidiéndole hablar más allá de la frase.
-Vaya susto que nos diste- No era la única presente, también sus grandes admiradoras del quidditch, compañeros y en sí, sus mejores amigos se hallaban en la habitación, estos últimos eran los únicos que permanecían en silencio.
-¿Qué fue todo eso?-
-¡Hubieran visto! Esto aparecerá próximamente en las actualizaciones de los libros de texto "Y Harry Potter se salvó nuevamente, por... ¡Enésima vez este año!" ¿Sabes? Deberías proponer un récord mundial-
-Definitivamente... el famoso Harry Potter es inmortal-
-Hermione...estás muy pálida ¿Pasa algo?- se oyó de pronto de parte de Ginny, que se encontraba al lado de la chica, observándola.
-No, no pasa nada...voy a salir- y sin decir nada más, dejó la caja de chocolates que traía entre sus manos y se fue de la enfermería, dejando a su amiga preocupada y un tanto abatida.
-Qué bueno que estás bien-
-Y sin camisa- no pudo escucharse ese susurro que terminó con una risita disimulada más allá de Mandy y Hannah.
-Basta chicos, seguro nuestro joven querrá descansar- También, se hallaban los profesores, de los cuales, Dumbledore interrumpió el alboroto con cierta gracia en sus palabras causada por el intento de animar a uno de sus alumnos preferidos. Remus no dijo nada, estaba demasiado preocupado para poder siquiera intervenir. ¿Y si algo le hubiera pasado? Sólo se quedó estático, observándolo con atención. -Vamos alumnos. Por favor, señor Weasley, Malfoy, (Y profesores) quédense. Los demás, hagan favor de dejar todos esos regalos en la cama de al lado y salir- Sus órdenes fueron seguidas al pie de la letra, todos los alumnos a excepción de los nombrados, salieron de la habitación después de despedirse (Y sin recibir contestación) de Harry. -Bien...ahora que todo se ha calmado... Profesores, ¿Quién era el encargado de vigilar este entrenamiento de quidditch de algún ataque enemigo?- el trigueño levantó la mirada, hacia el grupo que esperaba la respuesta. Observó en un par de instantes a todos ellos, percatándose de cierta extrañeza en el rostro de Snape, cierto misterio y temor. Pudo saber que él era al que buscaban y sin saber exactamente porqué, interrumpió la cuestión, antes de que Severus diera el primer paso.
-No fue un ataque exterior. Y quien quiera que ese profesor sea, no hubiera podido contra lo que sucedió en el campo- Todos voltearon hacia él, mirándolo fijamente sin saber exactamente a lo que se refería. En ese momento aprovechó para lanzarle una mirada fugaz a Snape, sin sentimiento ni rencor, ni la frase "Me debe una" en aquel tono verde. No sabía porqué de su ausencia (Misma que no había percatado) pero las razones no importaban ante aquella situación. Severus sonrió con la mirada.
-En ese caso, Malfoy, Weasley. Ustedes dos son los mejores amigos del joven Potter, y estuvieron presentes. Necesito que digan exactamente lo que vieron. Por el momento sólo sabemos la distancia de la caída, pero no sabemos las razones...-
-Realmente, profesor...- dijo Malfoy, con una voz culpable por lo sucedido. - Lo único que vi fue a Harry caer...- bajó la cabeza, arrepentido de no haberlo salvado antes de la caída.
-¿Y usted, joven Weasley?-
-Lo mismo que Draco- Sin embargo, no pudo explicar aquella sensación llamándolo hacia el campo de quidditch, ni siquiera lo intentó, temeroso de lo que lo creyeran responsable de lo sucedido, tal y como Malfoy lo observaba.
-¿Madame Pomfrey?-
-El joven Potter sufrió la fractura de dos costillas, la dislocación del hombro derecho y una herida en la cabeza... Las cuales están completamente curadas, aunque le causará un poco de dolor los primeros días, pero no hay nada de qué preocuparse ahora-
-Muy bien, entonces... seguiremos con lo que causó todo esto. Si no fue alguien externo, entonces debo suponer que hubo un ataque de parte de algún alumno... ¿Estoy en lo correcto?- Harry asintió totalmente abatido. -Lo que me temía. Encontraremos al culpable y esto ganará su expulsión definitiva-
-¡Deberíamos hacer llegar esto hasta el Ministerio de Magia!-
-Minerva, por favor...calma. No debemos precipitarnos- los murmullos a favor o en contra de la decisión comenzaron a alterar el orden antes establecido, sin siquiera ser detenido por Pomfrey, que se había involucrado en la trifulca. Remus, Draco y Ron eran los únicos en silencio además del paciente, cuyo cuerpo resintió la pelea. No sabía qué era lo que estaba sucediendo, era como haber sido alterado por algún virus, algo ajeno a su cuerpo que comenzaba a matarlo lentamente. Él no era así, él no pensaba en muerte, ni en furia. Pero aún así, algo dentro de él comenzaba a desatar aquellos sentimientos.
-Fui yo- susurró apenas. -¡FUI YO!- dijo de pronto, interrumpiendo las voces alteradas.
-¿Disculpa, Harry?- Dumbledore fue el primero en tomar el valor de preguntar. Harry se puso de pie, haciendo a un lado las sábanas y desembarazándose de la tristeza que lo carcomía, tomó entre sus manos furiosamente la camisa y el suéter de los Dragones.
-¡¿No entienden?! ¡Yo me aventé de la escoba! ¡Yo!-
-¿Qué intentas decir, Potter?-
-¡Me quería morir! ¡¿Es tan difícil de comprenderlo?!- gritó, terriblemente alterado y agitando levemente la ropa al hablar. Salió corriendo de la enfermería, dejando a todos los testigos, mudos de la impresión. Era incoherente, que el "Niño que vivió" hubiese intentado arrebatarse el título con semejante acto. Pero era la verdad. Remus fue el primero en reaccionar, saliendo tras él.
-¡Harry! ¡Espera!- sin embargo, las primeras voces que oyó fueron las que antes reinaban en la habitación. -¿Adónde vas?-
-¿Te sientes mejor?- todos ellos comenzaron a rodearlo, alterando aún más su deprimido estado de ánimo.
-Déjenme solo- bajó la cabeza, calmando la sangre que nuevamente pedía compañía de otra.
-Después de lo que has pasado no debes estar solo-
-No tienen ni idea de lo que dicen- a punto de explotar, Remus llegó, colándose entre la multitud de cerca de cincuenta personas que se habían agolpado para saber sobre él. Ahora ambos se encontraban en medio de ese círculo.
-Ellos tienen razón, Harry. No puedes estar solo....no ahora...-
-¡NO ENTIENDES, REMUS! ¡Si yo no fuera Harry Potter ellos no se preocuparían por mí! ¡SÓLO LO HACEN POR MI NOMBRE!- todo quedó en completo silencio. La mayoría de ellos se sintieron algo nerviosos, sin saber si era cierto. Harry, al no encontrar respuesta, retomó su camino, abriendo una brecha entre ese círculo de rostros conocidos, hacia cualquier o ningún lado, sin que importase la diferencia.
Aquel hombre, de dulzura maravillosa, lo siguió, con el único sonido de sus pasos.
-Por favor, detente...- el trigueño, con los nervios totalmente alterados, se colocó la camisa blanca sin abotonar, siguiendo en su huída.
Necesitaba estar solo, pero tal vez no era lo que realmente quería, tal vez sólo era el saber que tenía a alguien que no lo juzgase por su nombre, sino por él mismo. Una familia. Pero él no la tenía más allá de Sirius...Remus...y sus amigos. Habría que rendirse. Y lo hizo. Se detuvo, con la mirada en el piso, sosteniendo el suéter con más fuerza que las lágrimas suspendidas en sus pupilas.
Remus rodeó su espalda, acercándolo a él, dejando que el chico lo abrazara con una necesidad dolorosa y se desahogara entre sus brazos, que inmediatamente lo asieron con fuerza.
-¿Qué me está pasando?- alcanzó a decir, intentando ordenar sus pensamientos.
-Calma, Harry...vamos a hablar en otra parte- después de unos instantes, Lupin dejó de acariciar aquel cabello azabache para comenzar nuevamente la retirada. Juntos fueron hacia las mazmorras, en específico a su cámara, donde llevaban a cabo sus entrenamientos y secretas palabras que nadie más debía escuchar.
***
Con cierta melancolía, acondicionó la cámara, encendiendo algunas antorchas, apareciendo un sofá negro y preparando té; que tan pronto estuvieron listos, fueron utilizados con casi igual tristeza. Harry no había dicho palabra desde aquellos corredores, manteniéndose en completo silencio hasta que Remus tomó la iniciativa nuevamente, alejándolo de la luz de las antorchas, donde el trigueño había depositado la mirada. Lo tomó de la mano, halándolo con suavidad.
Ambos se sentaron, pero el ambiente se tornó confuso cuando el hombre-lobo lo abrazó por la cintura, acercándolo. Cuando sus miradas se encontraron, le hizo girar completamente hacia él. Harry estaba demasiado confundido todavía como para analizar cierta sensualidad en el acto, ni siquiera cuando terminó bocabajo sobre Remus, con la cabeza y los brazos en su pecho, ambos acostados. El último seguía acariciando su cabello con lentitud, al mismo tiempo que sus manos lograban escalofríos en su espalda.
-Harry...necesito que me digas la verdad-
-¿Por dónde empiezo?-
-Por las razones que te hicieron pensar que era lo mejor terminar con tu vida...- escuchó aquella voz suave, y tan pronto la orden fue dada; suspiró profundamente, decidiendo que era mejor apresurar lo inevitable.
-Yo creo que... ser "Harry Potter" ante las personas. Puedo apostar que, allá afuera, ninguno de ellos me conoce realmente, sólo saben de mí por lo que dicen los libros y las leyendas que llevan mi nombre. Sólo suponen que soy el héroe de la historia. Y tengo que cargar con esto todos los días...- se interrumpió por breves instantes, en que el tono de su voz se percató alterado y melancólico. -Porque no soy el héroe que todos esperan, no pude salvar al Expreso, ni a mis padres, ni a todos aquellos que creían depender de mí y pelearon o fueron víctimas en contra de Voldemort. Por más que lo intente, siempre causaré más daño del que realmente evito...-
-Harry...lo del Expreso...todo se salvó gracias a ti. Creí que lo habías comprendido. Lo que viste, la pelea y las muertes; todo ello apenas comenzaba cuando dimos la señal de alarma al Ministerio de Magia; el tren tenía media hora detenido, sin que nada pasara, pero sin duda obra de Voldemort. En el momento en que nos dijiste del ataque, no dudamos ni una vez y mandamos a los Aurores...evitamos decenas de muertes gracias a ti...-
-No entiendo. La escena que yo vi estaba también llena de Aurores- Remus se sorprendió, demostrándolo al dejar de acariciar aquel cuerpo sobre él.
-Entonces, no sólo viste lo que sucedía...sino lo que sucedería después de decírnoslo. ¿No es esa suficiente prueba? Todo lo que has hecho, desde el primer grado, cuando te enfrentaste a Voldemort, hasta este año, demuestra que no es tu nombre lo que te hace héroe. Eres tú, Harry... el deseo de ver a una persona mejor de lo que se encuentra, de salvar a los que amas... ¿Cómo puedes decir que haces daño? ¿A quién podrías hacerlo?-
-A Ron, para empezar...hay algo que tú no sabes...- Lupin se hallaba recargado sobre un brazo del sofá, con Harry encima respirando el aire caliente de su cuerpo; podía ver por la posición en la que se hallaban, aquellos ojos verdes intentando ocultarse dolorosamente. Sin embargo, pronto el trigueño se movió, levantándose y sentándose en el sofá, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos recargados en ellas. Remus lo imitó, ocupando un lugar a su lado; ligeramente hacia la izquierda; observándolo con curiosidad. -Hace unos días...me di cuenta de que soy...gay. Y seguramente no me habría dado cuenta pronto de no haber sido por la fiesta de cumpleaños que Draco organizó. En un juego besé a Draco. Y también a Ron... Debo admitir que me gustó, pero eso no tuvo ni comparación con lo que dijo Ron cuando escapé por un comentario que hicieron. Me confesó que estaba enamorado de mí... ¡Imagínate lo que sentí! No sabía qué pensar o qué hacer. Es decir, él era mi mejor amigo...y esa confesión no es algo que me esperara de él cuando creí que aún amaba a Hermione. Pero ya había sucedido...y decidimos seguir como antes- Harry hizo una pausa, respirando profundamente y ordenando sus pensamientos. -Sin embargo...- suspiró, recargándose en el respaldo. -Dios...no sé porqué lo hice. Creí que lo perdería, creí que nadie me amaría de esa forma y que no habría jamás en mi vida una persona como Ron...que él era el mejor para mí...tenía que intentar corresponderle o me perdería de esa oportunidad- echó la cabeza hacia atrás, observando el techo con aire melancólico. -Pero descubrí que no puedo hacerlo...por más que lo intente, no es una persona que yo pueda amar de esa forma...es maravilloso, atractivo y cariñoso ¿Qué más se podría pedir? No sé; no puedo obligarme a amar algo. Necesito conocer a alguien que me inspire ese sentimiento- bajó nuevamente la cabeza, visiblemente más calmado. -Cuando estaba en el campo, no tengo idea de dónde salió la determinación de dejar a Ron. De querer de vuelta a mi mejor amigo. ¡No sé, de pronto se me ocurrió! Sé que no es justo...pero es algo que ya decidí. Es por eso que puedo lastimarlo...y lo voy a hacer...lo mismo pasará con las demás personas que conozca-
-Harry...lamento mucho lo que te ha sucedido...pero, ¿Es acaso suficiente motivo para tal solución?- el aludido sonrió con cierta simpatía en su mirada, volteando hacia él y observándolo con comprensión.
-No. Pero realmente no quería morirme. De haberlo querido así, era tan fácil como sacar la varita y lanzarme el Avada. Yo creo que sólo quería olvidar lo que estaba pensando-
-¿Y porqué nos hiciste creer en un intento de suicidio?-
-Porque de no haber sido así, tendría que haber dicho lo que sabes ahora...y no es algo que me alegre contar- Se puso de pie. -Sólo...no le digas a nadie de esto...- y sin decir nada más acerca del asunto, a pesar de que Remus tenía muchas preguntas que hacerle al respecto, se dirigió a la pared principal.
-No te preocupes- la puerta se hizo a un lado a la voz de la contraseña que hizo eco por las paredes.
-Vendré a la misma hora ¿Está bien?-
-Claro...sólo una cosa-
-Dime-
-Te gusta alguien ¿No es así?- Harry sonrió de forma imperceptible, sin mirarlo. Sin embargo, esa sola mueca casi indiferente a la pregunta, fue exactamente la respuesta que Remus esperaba obtener.
***
La noticia de un presunto ataque hacia Harry Potter apresuró el paso por cada cuarto, torre y alumno existente en Hogwarts casi con tanta rapidez como la de su forzado encuentro con Ron. Todos se hallaban intranquilos, deseando saber qué era lo que realmente sucedía, incrédulos. Y tal vez fue esa notable desesperación entre los habitantes del castillo, lo que hizo tomar a Dumbledore aquella decisión: Darle a Harry unas pequeñas vacaciones.
Ron, Draco y Hermione se enteraban justo en esos momentos.
-...No podrá salir de los terrenos de Hogwarts, ni mucho menos presentarse ante un alumno, ni siquiera uno de ustedes; en dado caso puede tener contacto (Con Dumbledore, por supuesto) conmigo, la Profesora McGonagall y con Poppy...por lo menos hasta que Harry se sienta mejor- Remus era el vocero del director, dictaminando la elección con voz elocuente y suave; aunque ocultando el verdadero sentimiento de desaprobación que lo acompañaba.
-¡No puede hacer eso! ¡Es como estar en un calabozo!-
-Es necesario para su recuperación, Ron, trata de comprender que se halla en un estado sumamente depresivo...- dos parejas con sentimientos distintos se hallaban en la Sala Común de Gryffindor. Remus y Ron, ambos en desaprobación y a pesar de eso discutiendo en diferentes posiciones; Draco y Hermione se hallaban callados, aún sin poder creer lo del supuesto suicidio de Harry (Mismo del cual la chica se había enterado gracias al pelirrojo). La chica se hallaba más resuelta a la verdad, pensativa. Ella sabía que había algo más detrás de ello, o por lo menos lo sospechaba, como siempre lograba hacerlo.
-¿Cómo están tan seguros de que Harry se encontrará conforme ante tal reclusión?-
-En cierta medida él lo ha pedido- el ambiente se tensó, volviéndose silencioso y lleno de dolor. -Cuando salió corriendo de la enfermería, furioso con todo el mundo... Fue entonces que pesar de no pensar en esta posibilidad, la pedía a gritos- aquella frase, a pesar de no querer ser entendida por los interlocutores, tenía sentido. Pero algo frío se apresó en contra del corazón de Draco: Miedo. ¿Si Harry no tenía la esperanza de seguir viviendo, la tendría él?
***
Sin embargo, Harry no sabía de todos esos pensamientos, sólo tenía conocimiento de las cosas que decían de él entre clases, en los pasillos así como en el comedor, de los comentarios constantes acerca de lo sucedido aquella tarde.
En general, los alumnos se hallaban temerosos a una guerra contra Voldemort; misma que parecía inevitable a pesar de que ni una pista, ni un mal suceso se había presentado desde el incidente en el Expreso de Hogwarts; del cual todos ellos se habían salvado. Y la ausencia de Harry en todo momento, después del supuesto ataque, logró incrementar la inquietud entre la comunidad Hogwarts.
Después de un tiempo, dejarían de pensarlo, y se darían cuenta de que todo estaría bien; por lo menos hasta que Voldemort reuniera el suficiente poder para lidiar la batalla final. Harry estaba consciente de ello y por eso no le tomaba mucha importancia a lo que decían. Aunque había otras razones que llamaban su atención de manera más significativa, una de ellas era Sirius, que en menos de cinco minutos se presentaría, tal y como decía en la carta entre sus manos, misiva llegada ese mismo día (Viernes) en la mañana.
Sería la primer palabra que intercambiaría con alguien desde el día anterior, y ver a su padrino le emocionaba aún más, factor que parecía imposiblemente inmejorable, por la gran importancia de dejar el silencio. Su claustro y lejanía de los demás habían sido logrados gracias a todos los hechizos enseñados durante años anteriores, pero los más importantes tal vez habían sido de apenas semanas pasadas. Aunque seguramente no habrían servido de nada sin el permiso de Albus para realizar magia no-autorizada.
Bajó las escaleras casi sin tocarlas, con un aire infantil en el rostro, los ojos brillantes de la emoción y la sonrisa digna de una felicidad claramente insuperable. Traía puestos unos jeans azules, así como una sudadera grana, con el número'09' en cuero de un color más intenso, que lograba mostrar la figura de su torso y brazos en perfecta armonía. Sobre la última prenda podía verse el resplandor del collar, producido por las llamas en la chimenea recién encendida. Colocó unos cojines en el suelo, corrió por un poco de chocolate que él mismo había preparado de manera muggle hacía minutos y tras dejarla delante de su asiento; respiró profundamente, intentando tranquilizar su corazón, que amenazaba con seguir latiendo aceleradamente. Miró el reloj, pronto llegaría.
¿Y si algo malo pasaba? ¿Y si no llegaba?
Negó sin palabra alguna, alborotando un poco más su cabello hermosamente desarreglado.
Seguro que todo estaría bien. Sin embargo, sus pensamientos se vinieron abajo cuando varios ruidos tras de él se produjeron. El crujir de la madera, el casi imperceptible sonido de los polvos Flu; pero fue la voz que lo llamó coronó aquel momento, anunciándole que nuevamente Sirius se encontraba ahí. Dio media vuelta.
-Harry- sonrió, analizando antes de reaccionar por completo a su padrino. Lucía bien, atractivo como en toda ocasión. No había pizca de preocupación en su rostro, al contrario, parecía del todo feliz y satisfecho. Aunque eso podía ser un poco dudable ya que en la chimenea sólo se lograba ver entre aquellas llamas verdes, la cabeza de Sirius, así como los brazos recargados en tierra firme.
-Sirius- se sentó sobre los cojines, mirándolo fijamente. -¿Cómo has estado? ¿Has hablado con Remus? ¿Te sientes bien? ¿Tienes tiempo?-
-¡Wow! Una pregunta a la vez, Harry- rió divertido. -Estoy bien, y hace una semana que no hablo con Remus...insisto...estoy y me siento bien. Y finalmente: Tengo tiempo hasta para leerte un cuento de magos para que te duermas-
-Bueno, pero que sea de quidditch-
-No me sé ninguno- dijo, mostrando una mueca de felicidad al ver a aquel chico tan tranquilo. -Mejor cuéntame cómo te ha ido...y también de tu 'relación'- Aquel tema, que claramente había evitado Harry durante algún tiempo, tuvo que ser descubierto. Le contó sobre Ron, a pesar de lo mucho que le costaba decirlo. Y lo más difícil fue decirle que ahora no se sentía seguro con todo ello, que quería dejarlo.
El rostro de Black se apreciaba angustiado, con cierto tono de sorpresa ante cada palabra que escuchaba, pero no tuvo ni comparación cuando Harry accidentalmente le confesó lo que había ocurrido el día anterior, y lo que pasaba desde entonces.
-Hay algo más...- Sirius lucía aún más triste por lo que acababa de escuchar, lo que parecía imposible. -He tenido varios problemas con la magia. A veces no puedo controlarla; se me escapa de las manos y no pienso lo que hago al sentir toda esa energía suplicando la deje libre. Cuando me enojo, soy capaz de lastimar a mis mejores amigos. Cuando me deprimo, los deseos de hacerme daño resultan casi incoherentes. Ayer fue un claro ejemplo de ello; eso, y todo lo que le he hecho a Draco. Y sin embargo...se siente tan bien...como no puedes imaginar...- había un brillo casi enloquecedor en la mirada de aquel que no podía creer lo que oía. Tenía ganas de abrazarlo, de gritarle, de regañarlo hasta que su voz no diera más, y de llenarlo de besos, decirle que no lo dejaría nunca más. Sin embargo, intentó permanecer impasible, evitando mirarlo.
-¿Por qué no me dijiste esto antes?- lo pensó durante unos instantes, hallando la respuesta a muy poco tiempo de reflexionarlo.
-Porque esto es reciente, y no puedo escribirlo. Y porque quería verte-
-Ayer pudiste lastimarte. ¡¿CREES QUE SERÍA FELIZ SI ESO PASARA?!- Sirius comenzaba a perder el control, levantando un poco la voz y desapareciendo todo rastro de amabilidad en sus hermosas facciones.
-No tienes porqué gritar- dijo con toda naturalidad, como si se tratara de algo sin importancia. Lo cual enfureció a Sirius, haciéndolo finalmente explotar.
-¡ERES MI HIJO! ¡¿CÓMO DIABLOS DEBO REACCIONAR?!- él mismo se paralizó ante sus palabras, por fin lo había dicho, había confesado que lo consideraba su propio hijo, ¿Cómo hubiera reaccionado James ante tal situación? Seguramente lo habría golpeado, eso habría hecho. Harry tenía los ojos totalmente abiertos. Sentado sobre los cojines en posición de flor de loto, hacía instantes que se sostenía con los brazos en el piso. Sirius parecía haberse retractado, pues todo el enojo en su rostro había desaparecido, y sólo se hallaba una gran tristeza, su voz disminuyó hasta convertirse en casi un susurro. -Lo...lo lamento. No tenía el derecho de decir eso, apenas hace un año que nos tratamos de esta forma. Lo siento. No quiero que pienses mal, yo quería (Y aún quiero) mucho a tu padre, Harry. En serio. No quiero suplantar su lugar. Pero...te quiero a ti...como si fueras mi hijo, no el de mi mejor amigo...- esperó alguna respuesta de aquel chico que lo miraba sin perder detalle, notablemente más tranquilo.
-Me acabo de dar cuenta de algo- ambos esperaron en aquel tenso ambiente a que Harry hablara, incluso él mismo lo hacía. -La razón por la cual cada vez que recordaba a mis padres me deprimía tanto. Los extraño, pero anhelo más una familia. No es que realmente los extrañe, tal vez es sólo melancolía por perder a personas tan maravillosas; porque podían ser ellos u otros. Lo único que yo quiero es una familia. Y ahora la tengo. Tú y mis amigos lo son. No me molesta que digas que soy tu hijo; puedes decirlo cuantas veces quieras y enfrente de cuantas personas se te ocurra. Soy tu hijo tanto como soy Harry Potter...y entiendo tu preocupación. Entiendo que estés enojado, que me grites, que quieras reprenderme hasta que no puedas más...pero después de hacerlo... ¿Podrías no irte enojado? ¿Podrías sonreír para mí?- Sirius no gritó más, ni espero a que la plática finalizara. Sonrió. Y lo llamó, abrazándolo dificultosamente. Tras ello, agradeció aquellas palabras, depositando un suave beso en su mejilla derecha, lo cual enterneció totalmente al chico.
-Cuéntame acerca del quidditch- dijo con una firme alegría, soltándolo muy a su pesar.
-Los chicos van estupendo. Ojalá hubieras visto el partido del sábado o tan sólo los entrenamientos; se esfuerzan mucho, son maravillosos realmente. Pero ya ves lo que pasó, Draco armó un lío...y Cho pidió la revancha para esta tarde- Si algo le había ocultado a su padrino, era la confesión de Malfoy. Ni siquiera él debía saberla ¿Tendrían derecho los demás de saberlo?
El tiempo, que para ambos había desaparecido al concentrarse en aquella plática; volvió a su memoria, cuando varias horas habían pasado, anunciando la madrugada. Sus párpados, con opinión diferente a los sentimientos, amenazaban con cerrarse. Tuvieron que decir adiós nuevamente.
-Adiós...Harry- había evitado decir la verdad al despedirse, mostrando una sonrisa melancólica tras abrazarlo y darle un suave beso en la frente; yéndose momentos después de su lado, desapareciendo entre las llamas que recobraban el color rojizo y apasionante de costumbre.
Pero aquel trigueño tuvo el coraje de confesar lo que Sirius no había podido. Casi en un susurro, aún observando la chimenea meticulosamente, pronunció la palabra por tanto tiempo anhelando pronunciación. Y sonrió.
-Hasta pronto, papá...-
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Hacía tiempo, realmente no más de dos horas, que la madrugada había llegado al Castillo Hogwarts, ofreciendo un nuevo día, en el que Harry no descansó tan pronto Sirius se fue de su lado nuevamente.
Podía ir a cualquier lado, a cualquier hora, mientras no saliera de los terrenos del colegio y nadie lo viera; pero lo único que hizo fue ir al Salón 2 de la Torre de Astronomía, había una extraña melancolía llamándolo a ese lugar. Encendió la chimenea implementada para frías noches como aquella madrugada de sábado; y se sentó en posición de flor de loto frente a las llamas trozando hasta la última parte de las apariencias que debía guardar.
Deja a Ron.
Repetía su propia voz una y otra vez dentro de su cabeza, con un tono suave y suplicante, terriblemente doloroso; que, recordando todo lo que había sucedido durante esos días, lo forzó con gran dolor a tomar el cuaderno de cuero negro que llevaba a todas partes. Aquel pequeño confidente en el que había más verdades de las que se atrevía a relatar a sus mejores amigos, incluso a sí mismo. Lo sacó de su túnica, con cierto temor a sus propias palabras, mismas que ya sabía qué realidad le mostrarían.
Quería dejar a Ron, tenía una necesidad imperiosa por abandonarlo, por seguir adelante con su vida aunque eso significara perderlo para siempre, inclusive como amigo. Y la voz en su cabeza, indicándole sus propios pensamientos, no tenía la gentileza de prohibirle la entrada a ese pasaje oscuro.
Abrió el cuaderno, encontrándose con su propia letra, elegante y legible, lo que había evitado leer por tener conocimiento pleno de todas y cada una de las palabras revueltas con un hechizo, que le quitaba el sentido a su redacción. Y aún así as sabía de memoria ¿De qué valía atormentarse con ellas? Pero decidió enfrentarse a sí mismo, dirigiendo la mirada hacia las primeras hojas del diario de tamaño mediano que guardaba sus más recientes y grandes secretos.
Lo que había escrito en esos trozos de pergamino perfectamente cortados desde el primer día de detención con Draco se reveló con el propio deseo de que así fuera, incluso antes de sacar la varita. Las letras brillaron, deslumbrándolo por unos segundos, y se desprendieron del papel, despertándose, levitando, girando y pasando de página en página para buscar su lugar exacto. Luego, se dejaban caer sobre el pergamino correspondiente, con un leve suspiro del viento. Un minuto después, las palabras fueron mejor que entendibles, relatadas por su memoria y únicamente alumbradas por las llamas de la chimenea encendida. Una vez que la paz regresó, su impresión aún no desaparecía; dándose cuenta del gran silencioso anhelo con el que había pedido saber su propia verdad. Comprendió, como hacía mucho no comprendía nada, que su magia pronto estaría más al control de sus propios deseos que de sus palabras. Lo cual, tenía un grado de poder en extremo peligroso.
Se obligó a leer, tal vez encontraría las respuestas en frases que ya había pronunciado sobre las hojas.
Lunes
No sé porqué hago esto. Porqué en mis palabras trato de ocultar lo que siento y aún así tengo el atrevimiento de escribir la realidad, por más peligroso que sea. Sería tan fácil decir la verdad. ¿No es así Draco?
Está sentado frente a mí, haciendo su castigo, escribiendo lo que siente. Y al parecer puede hacerlo mejor de lo que yo en estos momentos demuestro. Pero hasta el domingo podré saber lo que quiere, lo que piensa, lo que siente, a qué teme. Aunque ya muchos de sus sentimientos están en mi mente, torturándome por haberlos escuchado. Mi castigo es no poder decirle nada. Ni siquiera que ahora sé la verdad.
...
Lo extraño.
Aún no podemos vernos sin aquella llama de odio que ha aparecido nuevamente, desde el sábado, en que la escuela entera supo de mi pequeño encuentro con Ron.
El tiempo separados no borra lo que hizo. Ni tampoco me quita sus sentimientos. Ojalá no pudiera sentirlo tan cerca de mí.
Dios...qué hermosos ojos tiene.
Martes
Ninguno de los dos ha platicado sobre la noche pasada. ¿Sería mucho atrevimiento decir que lo disfruté? Pero creo que así es mejor, o ambos tendríamos que dar explicaciones, y sé que para Draco no sería fácil.
...
Por más que hayan dolido sus palabras, por más que me sintiera traicionado, no he dejado de quererlo como en un principio. Inclusive más.
Lo quiero, y lo extraño porque a pesar de estar tan cerca, no puedo abrazarlo, por lo menos hasta que caiga la noche y nadie pueda vernos. Pero, ¿Por qué tenemos tanto miedo a que alguien nos vea? ¿Qué intentamos ocultar?
Tal vez, lo que es y no debe ser.
Tuvimos una historia que terminó y volvió a empezar con nuestra diligencia; el mundo es igual, pero él y yo diferentes. ¿Por qué hasta ahora recuerdo esto? Me gusta estar con él, aunque estemos en silencio y me odie. Me gusta. ¿Por qué llegué a olvidarlo cuando hace tiempo ya lo había aceptado?
...
Harry alejó su vista del diario, deseando que las letras se volvieran confusas, cosa que al punto sucedió. La tinta pareció correrse en grandes lágrimas negras, manchando las páginas casi por completo.
El chico, se acostó en el suelo, suspirando con cierto dolor, recitando la última parte de ese día que no había acabado de leer, melancólico, con la voz adolorida.
-"No, él no me debe gustar. Estoy con Ron...maldita sea mi vida porque así es, pero aún es."- Y a pesar de contradecirse, él ya había decidido dejarlo, sin importar nada más, dispuesto a destrozar al siguiente que se pusiera enfrente.
No, no era por Draco.
Sería una mentira decir que era por Draco. Algo le gritaba que dejara a Ron, y eso haría, se desharía de él.
Las páginas en el diario fueron avanzando sin orden explícita alguna, hasta el término de sus pequeñas confesiones nocturnas; y apareció en letra de Harry lo que estaba pensando en esos momentos.
Mi mente es el único calabozo en este castillo.
Encarcelado tengo a Draco Malfoy. Y aunque yo soy la presa de esos ojos, no lo dejo ir.
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Continuará...
Espero hayan comprendido el final de este capítulo 20 ¡Dios! Y en el número 5 dije que faltaban 4 capítulos o_oU En fin, espero que les dé gusto lo largo que comienza a ser esto. Pronto Harry se dará cuenta de muchas cosas, pero no les adelanto nada. Voldemort aparecerá hasta después, así que tengo tiempo de hacerlos pedazos sentimentalmente antes de que llegue xD Manden sus comentarios ^^ Estoy feliz, es el fic con más episodios que he hecho :) ¡Hay que hacer fiesta! =14 Octubre 03=
Atentamente,
Nabichan Saotome.
