Mientras la yema de sus dedos subían y bajaban por la desnuda piel de su brazo, Derrick no podía dejar de mirarla. Luna mantenía la cabeza apoyada sobre su pecho sentados ambos en la cama del pequeño cuartucho del Roadhouse con la espalda pegada a la cabecera.
Había estado llorando un buen rato y él se lo había permitido todo ese tiempo. Ahora que prácticamente todo el dolor había salido fuera, quedaba solamente esa sensación de vacío y pesar que solía acompañar a la morena.
No se habían acostado.
Es mas ambos seguían vestidos con las mismas ropas de la noche anterior, aún así a él Luna le seguía pareciendo estar preciosa.
—...Y ya ni siquiera hablan entre ellas—murmuro apagadamente Luna mientras otra solitaria lagrima rodaba en silencio por su caliente mejilla—. Mucho menos conmigo.
Derrick que se sentía en el cielo a su lado solamente siguió acariciándola lentamente intentando darle algún consuelo.
—Sé que esto ha sido muy duro para ti, pero lo que le ha pasado a Lexa debe haber sido... —sacudiendo ligeramente la cabeza no encontrando las palabras para explicarse—. Debes darle tiempo.
—Lleva meses aquí, ¿cuanto más necesita?
Derrick guardó silencio. Le gustaría poder dársela pero no tenía una respuesta.
Las cosas no habían salido precisamente de la mejor manera para ellas, especialmente para Lexa. Su padre y él también creyeron perderla para siempre y la lloraron durante algún tiempo, de hecho su padre aún seguía afectado por su presencia y había ido en busca de respuesta para asegurarse de que lo que había vuelto fuese solo Lexa.
Había pagado un gran peaje por ello de eso no cabía duda, más su padre no estaba del todo seguro de que algo más no hubiese salido del Infierno con ella.
Algún "autoestopista" demoníaco y maligno que se hubiese aprovechado de su salida para arribar a este mundo causando un caos y un desequilibrio propio de tiempos oscuros y quizás pre-apocalípticos.
—Ten paciencia, ¿quieres? —le murmuró Derrick posando los labios sobre su pelo, cerrando sus ojos al sentirla tan cerca—. Todo se arreglará. Lexa volverá a ser la misma de siempre.
Los ojos de Luna se llenaron de lágrimas ante aquellas palabras de aliento y la menor de las Woods separo la cabeza de su pecho para buscar sus ojos con los suyos.
—Tú no crees eso —afirmó ella afectada dibujando una resignada y cansada sonrisa.
Derrick que trago despacio viendo aquellos preciosos ojos penetrar su mirada, realmente no quiso mentirle y bajo un instante la mirada.
No, definitivamente esa experiencia había cambiado a Lexa para siempre.
Habría cambiado a cualquiera, pensó él irremediablemente.
—¿Por qué no intentas dormir un poco? —la instó él volviendo a posar sus ojos sobre los de ella—. Debes estar muy cansada. Yo estaré aquí cuando despiertes.
Luna le confiaría su vida, la de Lexa de ser necesario, Derrick siempre había sido "familia" pero en esos momentos dudaba de poder bajar la guardia en el caso de que algún malo irrumpiese y ella se encontrase dormida e indefensa.
—Nada malo va a ocurrirte aquí dentro, te lo prometo —insistió suavemente Derrick sabiendo perfectamente lo que rondaba por su mente—. Conmigo estás a salvo.
Luna cerro sus ojos y asintió imperceptiblemente, reacomodando su cabeza sobre el pecho de Derrick que subía y bajaba acompasadamente. Escuchar su corazón latir tan fuertemente la fue embaucando hasta que el cansancio y la extenuación terminaron por sumirla en un profundo sueño.
Lo necesitaba.
Necesitaba dar algo de descanso a su mente y con Derrick allí al menos estaba segura de que en el caso de pasar algo, le tendría para cubrirle las espaldas.
Mañana ya pensaría como volver a la carga pero hoy, a su lado tan solo necesitaba sentirse arropada, querida y resguardada.
—Que duermas bien —musitó Derrick en su pelo besando su cabeza muy suavemente tras darse cuenta de que hacía minutos que ella ya dormía.
Continuara...
