Disclaimer: Nada de esto me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer, y la historia de Sarge's Girls. Yo solo me encargo de la traducción.
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Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
Capítulo 20: Edward
Afganistán… domingo, 25 de abril de 2010, 12:01 a. m.
Deslicé una mano por mi cabello mientras que con la otra cliqueaba para abrir la conversación. Estaba tan jodidamente nervioso que tenía miedo de mirar la pantalla, porque esto lo cambiaba todo. Tan pronto como la vi, el aire me dejó. En realidad viéndola, no en una foto, no solo por palabras, pero en vivo y en directo, respirando y jodidamente preciosa.
Mis ojos admiraron su belleza natural con solo un poco de maquillaje, una delicada camisa azul grisácea que hacía que su piel se viera como seda, pero fueron los cálidos ojos marrones los que finalmente me hicieron hablar.
—Bella —dije, sintiéndome como un puto idiota porque esa era la única cosa en la que mi cerebro pudo pensar.
Una cálida, dulce y, por lo que pude notar, nerviosa sonrisa apareció en su rostro, haciendo que se formara una pequeña arruga en su nariz, y estuve… perdido. Mi propia sonrisa combinaba con la de ella, con un último jalón a mi cabello, coloqué un codo en el escritorio.
—Hola —dijo tímidamente—. ¡Sabía que no te escucharías como Andy Rooney! —Soltó una risita y tan fácil como eso, los nervios desaparecieron, tanto los míos como los de ella. Esto no era diferente a nuestras cartas.
Me reí, negando con mi cabeza.
—No, pero apuesto a que te lo preguntaste por un segundo, ¿no?
—¡Sí! Pero en realidad no me importaba —contestó, encogiéndose de hombros.
Hice una mueca alzando mi rostro hacia ella, porque eso se escuchaba para mí como si estuviera respondiendo más que a una pregunta sobre mi voz. No ayudaba que los sonidos de los ruidosos soldados, vehículos retumbando y sonidos de helicópteros se escucharan detrás de mí. Era un evidente recordatorio de dónde en realidad estaba. Estaba en la puta guerra, al otro lado del mundo, lejos de ella.
—Cristo, Bella… —Deslicé una mano nerviosamente por mi cabello, decidiendo que lo cortaría mañana—. ¿Estás segura de esto?
—Edward —suspiró, sonriendo tan hermosamente y joder, mi nombre nunca había sonado tan malditamente bien—. Pasé horas luego de recibir tu correo ayer pensando en lo que esta llamada hoy significaría, lo que continuar con esto… sea lo que sea que hay entre nosotros significaría. Quiero que sepas que esto no es algo que me estoy tomando a la ligera. Sé que el futuro es incierto mientras estás por allá. Pero sé que no hay nadie con quien quisiera estar en estos momentos ni lugar en donde más quisiera estar que contigo.
—Yo tampoco, pero… —Hice una pausa y simplemente la miré.
Esto no estaba mal. De hecho, se sentía jodidamente perfecto. Era cómodo y honesto y sencillamente… correcto.
—Eres hermosa —murmuré con un suspiro, sin poder contenerme—. Tus fotos no te hacen justicia.
El más dulce de los rosados apareció en su rostro, añadiendo la tonalidad de color más gloriosa cuando prorrumpió en una suave carcajada.
—Iba a decir lo mismo.
Riéndome, escuché a algunos de los hombres regresar de la tienda del comedor y miré por sobre la computadora antes de regresar mi mirada a la pantalla.
—Jasper y Emmett querían saludarte.
—Diles que igualmente y que los extraño —contestó—. Las chicas estuvieron aquí en la mañana. Creo que tienes razón. Creo que hemos sido emparejados.
—Bueno, veo que no te asfixiaron con una almohada esta vez.
—No, sobreviví. Creo que mis habilidades están mejorando —respondió con una risita, mordiendo su labio inferior, y puede que haya sido la cosa más sexy que había visto.
Me hipnoticé mirándola, había pasado tanto tiempo desde que había visto a un civil americano, sin mencionar a una apabullantemente hermosa, así que tuve que sacudir mi cabeza un poco cuando ella canturreó:
—Veinte preguntas, Edward…
—¿Debería asustarme? —pregunté, inclinándome hacia delante, apoyando mis manos en mi cuello. Aun así, no pude evitar sonreír.
—Estás en una guerra, ¿y mis preguntas puede que te asusten? —se rio, una risa pura, desvergonzada y burlona.
—Todo lo que tiene que ver con esto me asusta, Bella —me reí, negando con mi cabeza y poniendo los ojos en blanco—. Solo haz tu pregunta, bonita.
¡SORPRESA! Otra actualización del día. Este es mi regalo para ustedes. Espero hayan tenido un hermoso día.
¡Feliz día de San Valentín!
P . D.: Gracias por todos sus comentarios, sepan que leo cada uno de ellos.
Saludos desde Venezuela.
