Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque cada día que pasa la amo más que el anterior.
A mi Miss Swan tata favorita porque su sonrisa mueve mi mundo, a mi cuñadita hermosa Tamii porque soy realmente feliz, a mis hijas adoradas Esther, valentina, Kath y Regina Jr, a Vero porque es un cielo, a Bego porque es mi lectora más fiel y a Natalia porque simplemente es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista
CAPÍTULO 20 SOMBRAS DE UN PASADO
Sus ojos chocolate se posaron sobre la capa de polvo que adornaba esos muebles, en ese lugar que llamaba hogar aunque se parecía más a una tumba, con un suspiro ahogado.
El olor a cerrado, a alcohol barato y rancio le golpeo con fuerza cuando entraba por la puerta, recibida por la tenue oscuridad y el sonido ahogado de la televisión que llegaba a ella desde el salón.
Estaba cansada, el trabajo consumía su energía a pasos agigantados pero era necesario para continuar viviendo, si lo que tenía se podía llamar vida. No sabía quién era su padre pues se marchó mucho antes de nacer ella, su madre le dio su apellido como símbolo inequívoco de que no pertenecía a ninguna parte, no era nadie, solo una sombra y cada una de las cicatrices que marcaban su cuerpo se lo recordaban.
No tenía ni dos años cuando su madre trajo a casa a ese hombre, desde la primera mirada que cruzó con él se estremeció, irradiaba odio y maldad por cada centímetro de su piel y ella, aunque pequeña, sabía que su infierno acababa de comenzar.
Nueve meses después de que el señor Lucas se instalara en su rutina, nació Ruby su hermana. Con la llegada de la pequeña ella pasó a un segundo plano, dejó de existir pues era hija de nadie y nunca se cansaron de repetírselo.
Las marcas y cicatrices que adornaban su piel eran el fiel ejemplo de que nunca perteneció a ese lugar, de que nunca recibió amor o palabras tiernas por parte de aquellos que debían cuidarla. Creció en medio de un ambiente cargado de violencia y despecho, la mujer que la trajo al mundo no miraba su rostro jamás, recordando la vergüenza y la humillación que sufrió por parte del hombre que la ayudó a concebirla. El frío tacto de la evilla del cinturón de su padrastro contra su piel, desde que tenía uso de razón, cada vez que ebrio la miraba, cada vez que su odio se estrellaba contra su espalda mientras amargas lágrimas caían por sus mejillas.
Su hermana era la pequeña luz que habitaba en medio de sus tinieblas, sus enormes ojos claros buscándola, sus pequeños brazos cerrándose alrededor de su cuello, sus palabras cargadas de cariño y ternura, su hermana veía en ella un modelo a seguir, fortaleza inquebrantable y, por mucho que debía odiarla por tener todo cuanto a ella le faltaba, la adoraba y protegía con toda su alma, con todo lo que era.
Fueron creciendo, unidas e inseparables, era Ruby la que noche tras noche se sentaba a su lado curando sus heridas, la que secaba sus lágrimas y soñaba con ella en voz alta, un futuro lejos de la miseria de sus vidas, un futuro juntas donde realizarse, donde la violencia y el horror quedasen en segundo plano.
Suspiró una vez más, inaudible, perecedera, caminado sin hacer ruido pues no tenía ganas de desatar la ira de ese hombre mientras el olor a whiskey barato, parecido al matarratas, llegaba a sus fosas nasales con fuerza, provocando en su rostro una mueca de asco y desprecio, sin saber que esa noche todo iba a cambiar, que esa noche sellaría su destino para siempre pues, como una mecha encendida conectada a la dinamita todo iba a estallar en cuestión de segundos, la llama que avivó ese fuego fue un acontecimiento con el que Regina no contaba, su madre había abandonado su hogar para siempre.
Entró en su habitación, más bien una boardilla demasiado pequeña, un rincón donde esconderse y evitar las tormentas, pero la calma no duró demasiado ya que no tuvo tiempo ni de echarse sobre el colchón cuando la puerta se abrió de un estallido y los ojos verdes de su padrastro, enrojecidos y cargados de odio se clavaron en ella haciéndole temblar. A grandes zancadas la atrapó con fuerza, agarrándola por un brazo mientras arrastraba las palabras de forma inconexa, llevándola a la fuerza al salón. La televisión seguía encendida, parecía que en Toletum estaban haciendo una fiesta para la princesa Swan mas ella no se fijó, sus ojos estaban cargados de pánico y dolor pues sabía que iba a recibir una paliza, una de tantas, sin motivo.
Ruby no estaba, seguramente no había llegado aun a casa e interiormente lo agradeció, su hermana sufría enormemente sus maltratos, como si cada golpe que ella recibía pudiera sentirlo en su propia carne. A pesar del miedo, a pesar de saber cuál sería su destino inmediato, ella jamás dejó de luchar, de enfrentarse a ese hombre, una y otra vez pues su alma ardía y su fortaleza era inquebrantable. Lo miró, evitando con grandes esfuerzos el tembleque de sus piernas ya que desde el suelo se sentía inferior, su voz se alzó por encima de la música clásica que emitía la televisión, la voz de una muchacha que jamás se daba por vencida.
-"¿Qué demonios te pasa ahora? Acabo de llegar no he podido hacer nada para enfadarte"
-Solo con existir ya me cabreas, y ahora la puta de tu madre me deja y no tiene la decencia de llevarte con ella, te deja aquí para que yo cargue con el lastre, me las vas a pagar, no tendrías que haber nacido
Ni siquiera pudo sentir la amarga decepción del abandono, su madre la había abandonada hacía mucho tiempo, la abandonó nada más nacer. El impacto de la noticia consiguió que bajara sus defensas, no vio venir el golpe, directo a su rostro, abriéndole el labio que empezó a sangrar copiosamente. Llevó sus manos a su cara, como acto reflejo, para protegerse de ese monstruo cargado de odio dispuesto a matarla al sentirse traicionado por su mujer.
El siguiente golpe la sumió en la inconsciencia, su mundo se volvió negro y la idea de que ese era el día de su muerte se clavó en su mente con fuerza, sabía que no volvería a despertar.
No supo cuánto había pasado, notaba el suelo frío bajo su cuerpo, adolorido y entumecido, apenas podía moverse pero estaba viva, quizás un milagro o una broma cruel del destino. Abrir los ojos supuso un suplicio, le dolía la cabeza como si mil orquestas de percusión estuviesen aporreando en su interior, estaba mareada y con el regusto amargo de la sangre en su boca.
Cuando abrió los ojos pudo ver que la televisión seguía encendida, mas ningún sonido salía de ella, no había rastro de su padrastro, quizás dándola por muerta se habría marchado. Reuniendo fuerzas para incorporarse de pronto escuchó un sollozo, casi inaudible, mientras su corazón se desbocaba pues conocía perfectamente el origen de dicho sonido, su hermana.
Se incorporó, mareándose en el acto más sin darle importancia, la adrenalina recorría su cuerpo a gran velocidad pues si algo no soportaba en el mundo era ver sufrir a Ruby. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, el horror de la escena que se presentaba ante ella hizo que su piel perdiese todo el color, mientras las nauseas subían por su garganta y hacía esfuerzos titánicos para no vomitar.
Un gran charco de sangre bañaba el suelo del salón, su padrastro yacía en medio de él sin vida y en un rincón su hermana Ruby, con el rostro encerrado en las rodillas, llorando en silencio mientras pequeños sollozos se escapaban sin control.
Se levantó como pudo y, prácticamente a rastras, se abalanzó sobre su pequeña para secar sus lágrimas y para echar luz en medio de ese caos, para entender qué había pasado cuando ella estuvo inconsciente.
Ruby alzó la mirada al notar su abrazo, sus ojos claros bañados en lágrimas reflejaban horror, miedo y sobre todo culpa.
-"¿Qué ha pasado Ruby?"
-Creí que te había matado…
-"Estoy bien pequeña, soy dura como una roca lo sabes… ¿Qué ha pasado?"
-Llegué a casa, le escuché gritando pero a ti no te escuchaba, te vi en el suelo cubierta de sangre, pálida y con los ojos cerrados, creí que te había matado
-"Esta vez estuvo cerca"
-Yo, no sé qué me pasó, quería apartarlo de ti, certificar que estabas bien, necesitaba que estuvieras bien… Cogí un cuchillo, no sé qué me paso Gina, creí que estabas muerta y cogí un cuchillo…
Entre sus brazos su hermana empezó a temblar, Regina comprendió que en medio de su estado de shock intentaba contrale que había matado a su padre y se le erizaron los pelos de la nuca, los hombres del Gobernador no perdonaban un asesinato y ella debía proteger a su hermana. Debía cuidarla como fuera.
-"Ruby escúchame, tú no lo has matado ¿Ok? Yo lo hice, yo me defendí y lo maté, eso es lo que le diré a la policía… ahora ve a mi habitación, bajo el colchón hay dinero, cógelo y vete de aquí, me reuniré contigo cuando aclare todo este asunto"
-Pero…
-"Soy tu hermana mayor, obedece, coge el dinero y márchate"
Prácticamente obligada, su hermana obedeció, cogió todos los ahorros de su vida y se marchó sin saber que pasarían siete años para que se volvieran a ver.
Cuando llegó la policía, avisados por los vecinos de la reyerta, la encontraron sentada en el salón con la mirada congelada, se la llevaron y a pesar de que alegó defensa propia, el castigo fue severo y acabó encerrada en esa prisión donde llegó a creer que terminaría sus días.
Abrió los ojos con un grito, el sudor frío empapaba su frente y de un salto se incorporó, mirando a su alrededor intuyendo dónde se encontraba.
Lágrimas silenciosas empezaron a caer por sus mejillas, su pasado había vuelto a atormentar sus sueños de manera vivida y aterradora. Temblaba sin poder contenerse cuando notó el tierno abrazo de Emma por su espalda y un suave beso sobre su hombro. Su rubia había despertado e intentaba consolarla de alguna manera.
-¿Estás bien Regina? Me has asustado
-"Estoy bien, solo ha sido una pesadilla…"
-Debió ser horrible, no dejabas de gritar en sueños
-"Lo siento mi princesa, no quería despertarte"
-¿Me la cuentas? Así puedo ayudarte a aliviar tu alma
-"No era una pesadilla cualquiera Emma, eran recuerdos… un pasado que no sé si quiero compartir contigo… no quiero que destruya lo que tenemos"
Emma la miró intensamente, besándola con amor y ternura, la mujer que tenía ante ella le había demostrado ser de piedra, inquebrantable, mas como toda persona humana tenía sus fantasmas y estaba segura de que quería ayudarla a enfrentarlos
-Te amo, con pasado o sin él, te amo por quién eres ahora y nada de lo que haya en tu historia cambiará eso
Los ojos oscuros de Regina se clavaron en la mirada clara de su princesa, leyendo en ellos veracidad en tan tierna declaración de amor. Con un suspiro besó sus labios, correspondiendo a su tierna declaración.
-"Está bien amor, te contaré quién fui, te contaré cómo llegué a ser quién soy"
