Cut My Lip
—¿Por qué quieres tanto encontrar este libro, Jade? —protestó Dani cansada de buscar en la repisa. Exhaló y se arrimó a la mesa de libros en oferta—. Cómprele unos chocolates y ya.
—No —respondió ella a secas, todavía revisando la solapa de cada uno de los libros que tomaba.
—No lo vamos a encontrar. En serio, alguien pudo haberlo comprado.
—¡Que no! Clau lo vio ayer y cuando llegamos el chico de la caja dijo que no lo han vendido todavía. Solo está extraviado.
—Estoy segura de que a Claudia no le importará qué le des por su aniversario de… ¿cuántos meses? ¿Nueve? ¿Diez?
—Son seis —le aclaró Jade.
—Son mucho más de seis, hace seis fue cuando… —dijo la rubia dándose cuenta de lo que había ocurrido exactamente esa cantidad de meses atrás—. ¿Ya son seis?
—Sí, son seis desde que estamos solas Claudia y yo. Así que no es un simple aniversario de chocolates. Es… especial —mencionó Jade dejando el último libro revisado sobre la mesa—. Voy a encontrarlo y se lo voy a comprar —miró por toda la librería buscando más lugares donde revisar.
—Y Claudia… —pausó Dani con algo de recelo.
—Claudia, qué —preguntó Jade.
—Pues… ¿lo va a hacer?
El ofrecimiento de la más pequeña de las Vega de contarles a sus padres sobre su condición era un tema delicado.
—No lo sé —respondió la gótica, girando la mirada hacia su amiga—. Ha estado muy nerviosa últimamente, pero no me ha dicho nada al respecto.
—¿Para nada? Porque ha pasado en casa casi todas las noches —recalcó la rubia retomando la búsqueda entre los libros de otra estantería.
—¿Y qué con eso? ¿Te molesta? —preguntó Jade con algo de incomodidad. No sabía si había sido un reclamo o una simple observación.
—¿Qué? No, para nada. Por favor. Es tu novia y Mike se ha quedado mucho más que eso.
—¿Entonces a qué viene el comentario?
—Pues… Es que…
Jade detuvo todas sus acciones al escucharla tan vacilante. Se paró firme cruzando sus brazos frente a ella y esperó.
—Dan… —la incitó a hablar. Su amiga se tomó un par de segundos más.
—Okey. Es que quizá… Mira, no quiero que te enojes y no sé si es el momento para…
—¡Habla!
—¡Yaaa! ¡Qué carácter! —respondió Dani exasperada.
—¡Solo ha-bla!
—¡Ya va! —respiró armándose de valor—. Michael y yo hemos estado pensando que…. Pues en que deberíamos mudarnos juntos. Listo, lo dije.
—Oh… —fue lo único que la gótica contestó, perdiendo su postura agresiva—. ¿Y eso qué tiene que ver con Clau? —preguntó Jade conectando las ideas.
—Que también podrían mudarse juntas al departamento, ¿no crees? —le propuso la rubia—. Casi vive allí y está muy estable. Al menos eso es lo que he visto.
—Es porque Tori y Ally no han salido.
—Bueno, pero ustedes dos han pasado muy tranquilas así y se las ve felices. No veo cuál es el problema.
—Que Claudia siente que no puede tomar decisiones grandes sin consultarles.
—Ajá, como: ¿contarle a sus padres sobre lo que sucedió con su primo? —le recordó su amiga.
—Exacto, e imagino que por eso ha pasado tan nerviosa estos días. Nunca imaginó que Tori y Ally no saldrían por meses y que tendría que pensar en cumplir su promesa.
—Bueno, si no quiere decírselos, no deberías forzarla —sugirió la rubia.
—¡Yo no la estoy forzando! Ella no me lo prometió a mí, se lo prometió a sí misma —aclaró Jade—. Cuando fuimos a la playa el fin de semana de su cumpleaños, dijo que si ninguna volvía, ella tendría que hacerse cargo total de su vida. Tomar las decisiones. Básicamente vivir sin ellas y bajo sus propias reglas. Pero ya sabes, le cuesta sentir que ella es la única responsable de todo, que es «su» vida, no la de las tres. Le cuesta aceptar que es hora de tomar el control.
—Tiene lógica —respondió Dani—, Claudia ha pasado la mayor parte del tiempo obedeciendo a dos alternas con mucha más autoridad que ella. Además, imagino que no debe ser fácil sentirse abandonada.
—No lo es —dijo Jade, finalmente deslizando su cuerpo contra la repisa de la pared y sentándose en el piso con la cabeza entre las piernas—. A mí, la verdad, me tiene sin cuidado si lo hace o no. No es como si decírselo a sus padres fuese a cambiar lo que sucedió.
—No, pero debe darle una sensación de empoderamiento y seguridad el poder enfrentarlo en voz alta, como lo hizo contigo.
—Sí, supongo que sí.
Jade estaba cansada de buscar ese regalo que sabía que su novia tanto quería, además de preocupada por lo que la fecha implicaba. ¿Podría Claudia explicarles a sus padres todo lo que les sucedió? ¿La entenderían?
—Hey, calma —le dijo su amiga al verla con una cara desesperanzada—. Vamos a encontrar el libro o no volveremos a saber cómo es el mundo fuera de esta librería —dijo Dani estirándole la mano para levantarla.
Jade la recibió y se puso de pie, sintiendo, en ese momento, un mensaje entrar a su teléfono. Estiró su mano al bolsillo trasero de su pantalón y lo abrió.
«¿Puedes venir a recogerme a casa de mis…».
«Papás, por favor?».
Era un mensaje de Claudia. La pausa entre el primero y este último le llamaron la atención.
«Claro, ¿todo bien?», le contestó Jade.
«Solo ven… pronto, ¿sí?»
Enseguida su sangre se heló recorriéndole con prisa por la espalda.
—El libro queda para otro día, Dan. Tengo que ir por Clau.
—¿Pasó algo?
—No lo sé, pero no tengo buena espina. Quiere que vaya por ella a casa de sus papás y se leía angustiada.
—Te acompaño —le dijo su amiga y juntas abandonaron la librería con apuro.
Los treinta minutos que les tomó llegar pasaron lentos, tanto para ellas como para Claudia, quien esperaba desanimada en la vereda de enfrente.
—Ahí está —dijo Jade al aparcar. Apagó el auto y salió junto con Dani.
—¡Clau! —corrió hacia su novia—. Bebe, ¿pasó algo?, ¿estás bien?
Ella se levantó de la acera y la abrazó con mucho fuerza, dejando lágrimas salir.
—Hey, ¿te hicieron algo? —le preguntó Jade con un tono tranquilo, aunque por dentro explotaba con incertidumbre.
Claudia negó sin decir una palabra.
Dani no sabía qué decir o cómo reaccionar, pero al regresar a ver a la casa de los Vega notó que alguien las observaba desde la ventana de la sala. Lo hizo por un par de segundos y la cortina volvió a caer a su lugar.
—Tranquila, estás bien y ya estoy aquí —susurró Jade meciendo a su novia en sus brazos—. ¿Quieres ir a casa?
Claudia entonces negó apretándola con más fuerza. Dani volteó hacia ellas y le hizo un gesto un Jade dejándole saber que no era una buena idea. Algo definitivamente había sucedido en la residencia de los Vega.
—Me refería al apartamento —aclaró Jade cambiando su sugerencia—. ¿Vamos a casa?
Frase que provocó un fuerte suspiro en la más pequeña. Lo pesó por unos segundos y asintió separándose para seguir a su novia hasta el auto. Dani las acompañó aún viendo la casa de los Vega y cómo la cortina volvió a abrirse y cerrarse unos segundos después. Parecía que algo había sucedido allí dentro, aunque Claudia no estaba de ánimo para comentárselos. No fue hasta la mañana siguiente que, aún en el calor de las sábanas, Jade insistió preguntándole qué la tenía tan mal.
—Si fue algo grave… necesito saberlo, Clau.
La pequeña la miró sin poder evitar llenar sus ojos con lágrimas.
—No sé si es grave… —susurró ella—. No sé si… Para mí… —se detuvo sollozando—. Ya no puedo volver allí… —completó.
—Clau…
—No es mi casa, yo…
—Claro que la es, siempre lo ha sido… —reaccionó Jade, pero paró al ver a su novia ponerse peor y esperó a que terminara de hablar. Lo más probable era que hubiese habido algún tipo de enfrentamiento con su familia o quizá su tío. Algo había pasado la tarde anterior y presionándola no la animaría a contárselo.
—Yo no existo —concluyó Claudia en voz muy baja unos segundos después—. Yo no soy Tori, yo no pertenezco aquí o allí, o con ellos. Yo no soy parte de su familia.
—¿De qué hablas? Claro que existes, bebé. Estás aquí, conmigo —reafirmó Jade—Eres una Vega, está en tus venas.
—No, yo soy solo un producto de algo que le pasó a Tori, pero no soy… Yo no «soy», ¿entiendes? Yo no nací, ni quisieron tenerme, yo existí porque Tori necesitaba que lo hiciera, pero no soy ella o estoy completa —trató de explicarle la pequeña, esperando unos segundos para continuar—. Se los dije —susurró, finalmente confesándole a su novia lo que había sucedido—. Les pedí que me esperaran después de almuerzo y que no llamaran a Trina, que había algo que quería contarles solo a ellos.
—¿Y qué sucedió? —preguntó Jade, más con preocupación que curiosidad.
—No fue fácil —dijo Claudia cerrando los ojos arrepintiéndose—. Ellos… tenían una cara de no creerlo, de no entender por qué inventaría algo tan horrible y entonces traté de convencerlos dándoles ejemplos de ocasiones en las que sucedieron cosas con Marcus.
Jade estiró su mano suavemente por debajo de las sábanas acogiéndola por la cintura. Quería asegurarle de que estaba segura y ella la apoyaba.
—Papá… David… —se corrigió. Jade sintió una punzada horrible al darse cuenta de que Claudia ya no se permitía reconocerlo como su padre—, David no podía ni mirarme, solo negaba con la cabeza, mamá… quiero decir… Holly, Holly lloraba mientras daba vueltas por toda la sala. Tampoco quería verme.
—Clau…
—¿Sabes? —le preguntó atorada con un sollozo que no podía controlar—. Jamás me imaginé que Ali y yo no éramos… que no somos parte de esta realidad.
—No digas eso.
—Es así —ratificó la menor—, ¡es así!
—Tu estás aquí, de verdad, es la realidad, eres, estás. No entiendo… ¿Qué te dijeron?
—Yo ya no sabía qué decirles, ellos no preguntaban nada, solo continuaban pensando e ignorándome, hasta que… Mam… Holly me preguntó dónde estaba Tori, dónde estaba su hija.
Claudia no pudo contener un llanto sentido para entonces. Lloró por varios minutos mientras Jade la abrazaba apegada a su cuerpo intentando tranquilizarla.
—Es porque yo no lo soy —continuó Claudia limpiándose las lágrimas—, Tori es su hija, solo Tori. Esta es su vida y nosotros la ocupamos mientras ella se refugia en su mente. Pero no somos nada más que un remplazo, que una parte temporal de ella, una parte que no existe, solo somos una reacción química de su cerebro… pero no existimos, no somos nada.
—Basta Clau, eso no es verdad.
Mas Claudia no podía dejar de sentirse minúscula tras la conversación que había tenido con sus padres. El miedo e incertidumbre que sus rostros reflejaban la habían convencido de lo que acababa de declarar era la única verdad.
—Jamás pensé que… siempre me sentí alguien, alguien diferente, alguien… completa, ¿sabes? Alguien que tenía valor. Pero ahora… —La pequeña no podía dejar de sentir un vacío en su pecho, el peor de todos. Ni siquiera cuando comprendió la verdad de lo que les había sucedido se había sentido tan mal—. Cuando finalmente me vieron, era como si miraran a una extraña. Querían a su hija, me preguntaron cuándo volvería, cuándo podrían hablar con ella, con su hija, porque yo no lo soy, porque yo no soy nadie. Y tienen razón. Esa no es mi casa, ni ellos mi familia, porque cuando no existes no tienes familia, no tienes nada.
—No es verdad, Clau. Nada de eso es verdad —refutó Jade—. Entiéndelos, debe haber sido muy duro asimilar todo, pero ellos te aman y te conocen, y nada de lo que dices se acerca a la realidad. Tú existes, eres mi hermosa novia y tienes cosas, tienes personas. Yo te amo, yo estoy aquí, ellos también aunque todavía no lo entiendan. Eres su hija, las tres lo son.
—No.
—Por favor, para esto. Deja de hacerte daño —le suplicó la gótica acercándose para darle un beso tierno en los labios—. Dales unos días y habla con ellos. Si quieres yo puedo ir contigo.
—No, por favor. Yo… yo no quiero verlos. Cuando Tori vuelva… A ella es a la que le corresponde. Yo solo cuido este cuerpo mientras ella no está.
A Jade se le partía el corazón de escucharla tan alejada en esa idea de no existir, de no ser nada más que un reemplazo pasajero que no tenía otro motivo de existir que guardarle el puesto a la verdadera dueña de ese cuerpo. Ella jamás las vio así y dudaba que esa sea la idea que los Vega se llevaron de la charla. Lo más seguro era que estaban preocupados por Tori, que no entendían nada de lo que su novia les había dicho. Pero para la pequeña no paraba de llorar y sentirse una extraña.
—Esta es tu casa y yo siempre seré tu familia, pase lo que pase, ¿okey? —dijo Jade intentando darle algo de confort.
—¿Puedo quedarme aquí? —preguntó Claudia—. Hasta ver qué voy a hacer. Debo buscar otro trabajo, uno que pague más y cubra mis gastos y pues… debo pensar en qué hacer hasta que Tori regrese.
—¿De qué hablas, qué hacer?
—Pues tengo que ver cómo conservar lo que ella tiene, averiguar en la universidad hasta cuando me pueden guardar el cupo.
—¿Qué… de qué… qué quieres decir? —preguntó Jade confundida, la morena parecía ya no hablar su idioma.
—No puedo esperar que los Vega cubran el gasto de la universidad o de vivir conmigo —dijo Claudia, completamente desapegada de su vida—. Es a Tori a la que le pertenecen esos derechos, no a mí, y mientras ella no esté…
—Claudia, ya basta —reclamó Jade comenzando a desesperase por la insistencia de esa idea que tenía atorada en la cabeza—. Tú eres su hija, tu vas a la universidad, tu vives en su casa y si no quieres volver por un tiempo, esta es tu casa y puedes quedarte aquí, no necesitas cambiar tu vida por esto. Dales un tiempo…
—No entiendes —dijo la pequeña interrumpiéndola—. Un día Tori regresará y querrá su vida de vuelta y ese día yo me iré y no volveré más, porque esta no es mi vida, es la suya, únicamente suya.
—Clau…
—Y quizá no es buena idea de que me quede aquí tampoco, no es justo contigo —pensó la menor en voz alta—. Te agradezco tanto todo Jade, pero… yo me iré y no volveré.
—Deja de decir eso.
—Es la verdad, Tori tiene que afrontar lo que pasó y retomar su vida, porque no es de nadie más que de ella. Las cosas que pasaron se terminaron, ella ya no nos necesita y yo ya no tengo una razón de existir.
Jade se quedó helada al escucharla. Claudia lo decía segura, con mucha pena y dolor, pero segura. Tan segura que si Tori regresaba por casualidad, aunque sea por unos minutos, ella o Ali, Claudia desaparecería. Este pensamiento la desconcertó y la preocupó, porque, para ella, Claudia era no solo una persona real de carne y hueso, ella era el amor de su vida, era más que un simple reemplazo.
En ese momento Claudia la acarició por la mejilla y se levantó de la cama con mucho pesar.
—No puedo evitar quererte, ¿sabes? —le dijo la pequeña observando como Jade se apuraba levantándose de la cama hacia su dirección. Claudia dio un par de pasos atrás, lo que la detuvo ipso facto.
—Claudia, escúchame…
—No —la cortó ella—. Te quiero y te agradezco todo, pero no te preocupes más por mí —dijo y comenzó a vestirse con su ropa del día anterior.
—¡Para esto, es una locura! —gritó acercándose nuevamente y la sujetó del brazo—. No me importa lo que dijeron o cómo te miraron. Yo no te miro así, ¡yo no te veo así! Eres mi novia, mi persona, estás aquí —le dijo jalándola bruscamente a su cuerpo—. Estás aquí, ¿no lo sientes? —La abrazó con tal fuerza que la morena no pudo zafarse y poco a poco fue rindiéndose en sus brazos—. Tori, Ali y tú, las tres viven en este cuerpo por igual, ninguna es más dueña que la otra porque las tres nacieron en él y viven en él. ¡Y tú eres una maldita Vega!
Claudia no pudo evitar una sonrisa al escucharla maldecir su nombre. Tomó un fuerte respiro y otro más antes de intentar separarse unos centímetros. Cosa que Jade no le permitió.
—Me estás asfixiando un poco —le comentó Claudia al oído.
—No me importa —respondió Jade sin soltarla.
Claudia exhaló con cansancio y alzó sus brazos rodeándola por la espalda, recibiendo finalmente su abrazo. Ambas comenzaron a mecerse de un lado al otro por unos minutos sin decir una palabra.
Quizá Claudia en su mente no existía, pero ese calor y esa fuerza con la que Jade la sujetaba comenzaba a llenar nuevamente ese pecho que se sentía tan vacío desde que habló con sus padres. Quizá, solo quizá, Jade tenía razón.
—No vas a dejarme, ¿verdad? —Jade le preguntó más como una súplica.
Claudia mantuvo el silencio, porque en el fondo, estaba convencida de que era lo mejor.
Nota:
Perdón por no comentar sus comentarios nuevamente, ando tan justa de tiempo con mi maestría que apenas tengo los minutos exactos para escribir el capítulo.
Mucha suerte a todos y gracias por sus mensajes.
