Capítulo 19: La Dura Realidad
¿Cómo habían pasado aquella noche como fugitivos en Tortuga la pequeña Alwine y el sabio doctor Jacobson? Pues no muy bien exactamente, ya que la lluvia los había sorprendido escapando entre las alborotadas calles de aquel asentamiento repleto de la peor escoria que se pudiera encontrar en aquellos lugares.
Tratando de ignorar el terrible dolor que aquejaba a su brazo derecho, el doctor siempre intentaba evitar llevar a la niña por zonas que evidenciaban estar transitadas por gente peligrosa que estuviera perversamente interesada en hacerse de una pequeña niña indefensa. Y así, tomados de la mano, recorrieron las callejuelas más silenciosas y oscuras de Tortuga en busca de un buen refugio contra la noche y en contra se sus enemigos, que seguramente los estarían buscando muy deseosos de echarles la mano encima.
Lo mejor que pudieron encontrar para refugiarse fue un viejo establo que se caía a pedazos con un techo que apenas podía llevar ese nombre por el deteriorado estado en el que se encontraba.
—¿No te importa dormir en este lugar, mi pequeña amiga? —le preguntó.
La pequeña sonrió.
—No mientras estemos juntos.
Sonriente, el doctor le acarició la cabeza para luego bajar al suelo el saco que llevaba al hombro, comenzando a buscar algo en él.
—¿Sabes cómo encender fuego, Alwine?
—Sip.
—Muy bien, ¿qué te parece si lo vas encendiendo en aquel rincón mientras yo busco alguna cosa para que comamos?
—¡De acuerdo! —exclamó sonriendo la pequeña y se dirigió hacia el lugar que su amigo le había señalado, dispuesta a cumplir con su labor.
Luego de que Christian prepara la comida con un poco de patatas, huevos y tocino —todo eso robado del barco de Bart "Sangre Negra" Morgan— en una vieja olla de barro, ambos se dispusieron a comer aquel rico alimento aderezado con un poco de sal y pimienta robados también del mismo lugar.
Una vez que hubieron cenado bajo techo del precario refugio en donde se guarecían, se dispusieron a dormir bajo una vieja manta que habían encontrado en el establo. Para poder proporcionarle todo el calor posible a la pequeña niña, el doctor Jacobson se había sentado sobre un buen poco de paja echándose la manta encima y, abrazando a Alwine entre sus brazos, la estrechó contra su pecho para mantenerla caliente y lo más cómoda posible. Y así, mientras él le contaba algunas anécdotas graciosas que le habían sucedido a lo largo de su vida y algunos cuentos infantiles que se sabía, la pequeña Alwine se durmió al fin mientras murmuraba tiernamente con un suspiro lleno de felicidad:
—… Buenas noches, papá…
Los hermosos ojos celestes de Christian se agrandaron enormemente cuando escuchó aquellas palabras tan dulces y llenas de esperanza, y entonces, en ese momento, a su mente volvieron aquellos lejanos recuerdos de su efímera familia que aún atesoraba en su corazón, unas cuantas lágrimas recorrieron su rostro aún atractivo a pesar de la edad que tenía. ¡Extrañaba tanto a su pequeña hija!
Y así, abrazando con dulzura a su pequeña protegida, el doctor Christian Jacobson sintió que, de alguna manera, había recuperado a su amada hijita que había perdido hacía ya mucho años atrás.
Muy pronto se quedó dormido soñando con la familia que tanto había amado y seguía haciéndolo.
A la mañana siguiente, Alwine se despertó sobresaltada, llena de temor al creerse aún en el horrible barco del cruel capitán Morgan, quien, seguramente, muy pronto le daría otra paliza, pero luego de pestañear unos segundos y mirar muy extrañada a su alrededor, la niña logró enfocar su mente y comprender que estaba en un lugar completamente diferente, de peor aspecto, pero en libertad, en completa libertad. También se dio cuanta que estaba recostada sobre la paja al lado de su buen amigo y protector, quien aún la rodeaba con sus brazos a pesar de estar completamente dormido.
Con la sola idea en su mente de despertar al doctor, la niña comenzó a sacudirlo con sus manitas hasta lograr despertarlo después de unos minutos de intentarlo.
Apenas abrió los ojos, Christian se dio cuenta de que algo no andaba bien, se sentía muy cansado y con el cuerpo terriblemente adolorido, sonriéndole a Alwine para no alarmarla, se llevó la mano a la frente y constató que estaba ardiendo en fiebre. Aquella no era una buena señal.
Tratando de quitarle importancia al asunto, el tío de Isabel se puso en pie y dijo:
—Debemos marcharnos de aquí, mi pequeña amiga —le dijo con una fingida sonrisa tranquilizadora—, estoy seguro de que los piratas de Morgan aún nos están buscando.
—¿A dónde iremos? —preguntó la chiquilla mientras él se dedicaba a meter la vieja y rotosa frazada a la bolsa junto con la olla y los víveres y hacía desaparecer todo vestigio de la presencia de ambos en aquel lugar.
—A donde queramos, mi pequeña, a donde queramos; ahora somos libres de decidirlo.
—¿Libres…? ¿Ahora somos libres…? —repitió Alwine aquella palabras como si su pequeña mente quisiera comprenderlas como un adulto y poder saborearlas como se debiera.
—Así es, libres —replicó sonriéndole de oreja a oreja, extendiéndole la mano—. Todo está listo, ya podemos irnos de aquí.
Con los ojos brillantes y llena de felicidad, la niña tomó aquella mano tan adorada y se fue trotando al lado de su amigo, ignorando que éste estaba casi al límite de sus fuerzas.
Todo iba bien hasta que en una vuelta de la esquina se toparon súbitamente cara a cara con tres de los tripulantes de La Muerte Anunciada. Luego de mirarse por unos segundos con la cara más tonta que se haya visto, uno de los piratas gritó:
—¡Allí están los perros! ¡Atrapémoslos!
Pero apenas los hombres comenzaron a correr, el doctor Christian Jacobson reaccionó mucho más rápido que ellos y, con un vertiginoso movimiento, golpeó con la bolsa unos cestos de mimbre que estaban apilados para la venta, volteándolos y provocando que los piratas se tropezaran tontamente con ellos y cayeran al suelo cuan pesados eran. Aprovechando aquella oportunidad, los dos fugitivos echaron a correr a toda velocidad según sus posibilidades, ya que una era demasiado pequeña y el otro no estaba en muy buenas condiciones para hacerlo.
Perseguidos de cerca por los tres piratas ya recuperados, Christian y Alwine corrieron como pudieron a través de las callejuelas llenas de gente, animales y mercadería. El doctor aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para poder retrasar la carrera de sus perseguidores; lo lograba, pero nada más se podía hacer siendo un hombre enfermo y una pequeña niña contra tres hombres de mar hechos y derechos.
Mientras ambos corrían a lo largo de una gran calle asinada de gente con los piratas pisándoles los talones, a Christian se le ocurrió un magnífica idea y, rezando porque sus carceleros no le hubieran registrado los bolsillos cuando lo habían secuestrado, metió la mano en uno de los bolsillos interiores de la casaca y sonrió al darse cuenta de que aún tenía su monedero, que, como siempre, estaba repleto de monedas. Los piratas habían estado tan enfrascados en huir de las costas de Port Royal antes de que el almirante Jacobson se diera cuenta de lo que había pasado, que se habían olvidado por completo de registrarle los bolsillos. Y así, tomando bastante de aquellas monedas, las lanzó al aire gritando:
—¡¿Quién ha perdido todas estas monedas de oro?! ¡¡Hay un montón esparcidas por todo el suelo!!
Y como abejas sobre la miel, los transeúntes se lanzaron precipitadamente el suelo apenas las vieron, tratando de apropiarse de aquella riqueza caída del cielo, entorpeciendo el camino de los piratas y permitiendo que nuestros protagonistas huyeran logrando tomar una buena distancia y desapareciendo al fin de la vista de sus seguidores.
—¡Maldita sea! ¡El capitán nos va a desollar vivos! —se quejó uno de ellos.
—¡Cállate y procura recoger alguna moneda! —replicó el otro mientras luchaba entre la gente para hacerse de alguna de ellas, olvidándose por completo de su deber.
—Pero… —dudó su compañero—, el capitán dijo que…
—¡Que demonios importa lo que dijo el capitán! —exclamó el tercer pirata a la vez que le daba un soberano puñetazo a un pobre sujeto para quitarle las monedas que había recogido—. ¡Monedas como éstas no se consiguen todos los días sin tener que arriesgar el cuello! ¡Olvídate de ellos por ahora que después volveremos a encontrarlos!
Luego de unos segundos de indecisión, el pirata se alzó de hombros y se tiró al suelo para apropiarse de algunas monedas de oro.
Con la treta exitosamente realizada, Christian y Alwine se alejaron tanto de ellos que llegaron hasta los límites del pueblo y se internaron en la vegetación tratando de buscar algún buen refugio para esconderse hasta que los piratas se cansaran de buscarlos. Y mientras caminaban a través de la espesura tropical, comenzó a llover nuevamente. Como excelente doctor que era, Chrsitian actuó rápidamente y cubrió el cuerpo de la niña con su casaca negra y su cabecita con la vieja manta, tratando de que no se mojara y pescara un terrible resfriado.
—¿No te vas a mojar tú también? —preguntó la pequeña con una graciosa carita de preocupación.
Sonriendo, el doctor se inclinó y la tomó suavemente del mentón y le dijo:
—No, mi querida amiguita, yo ya soy un adulto y no puedo enfermarme como tú.
Comenzaron a caminar nuevamente, tomados de la mano y sorteando algunos obstáculos que le presentaba aquel lugar salvaje.
—¿Ya no nos perseguirán aquellos hombre malos?
—No lo creo, les dejé con algo muy entretenido para jugar.
Luego de un rato, ella preguntó preocupada:
—¿Ya está mejor del brazo?
—Mucho mejor, pequeñita, ya casi ni me duele —mintió con una forzada sonrisa.
Siguieron caminando en silencio bajo la llovizna, Alwine estaba fascinada con su nueva aventura pero ignoraba completamente que su compañero había comenzado a sentirse muy mal.
Haciendo acopio de todas sus fuerzas, Christian intentaba seguir caminando a pesar de que ardía en fiebre y comenzaba a sentirse cada vez peor y con menos fuerzas. A pesar de que el mediodía ya estaba llegando, a los ojos del doctor solamente se presentaban las más terroríficas sombras entre los árboles a pesar de que llevaba puesto sus anteojos —que estaban rotos—. Ya no podía prestar toda su atención ni en la incesante conversación de Alwine ni en el tortuoso camino, la fiebre había comenzado a confundir su mente y prácticamente andaba a tientas. Y ahora, con la lluvia, no había hecho otra cosa que empeorar su estado junto con las preocupaciones que lo agobiaban.
Minutos después, cuando ya se sentía desfallecer, ambos llegaron hasta las cercanías de una vieja casucha, que si no fuera por unas cuantas gallinas y cabras que vagabundeaban por ahí entre una raquítica plantación de hortalizas, hubieran jurado que nadie vivía en ella.
—Pregunta si hay alguien, pequeña mía… —pidió el buen doctor tratando de mantener su compostura, pero sintiéndose muy débil como para poder alzar la voz.
Alwine obedeció de inmediato, y llevando sus manitas a la boca como haciendo una especie de cornetita, gritó:
—¡¿Hay alguien?! ¡¡Holaaa!!
Nadie respondió, al contrario, pareció como si todo se hubiera sumido en un profundo silencio mucho más pronunciado que antes.
—¡¿Hay alguien?! —volvió a preguntar mientras el doctor rezaba en sus adentros que ninguna persona perversa viviera en aquel lugar, pues estaba demasiado débil como para tratar de defender a Alwine.
"¡Ojala sea alguien tan bueno y valiente como para aceptar cuidar a esta niña sin negarse a la petición de un moribundo…!" —pensó con desesperación mientras sentía que las piernas comenzaban a flaquearle.
De pronto, un ruido proveniente del interior de la casa, hizo callar a Alwine y alarmar a Christian, quienes fijaron su vista sobre la vieja puerta de madera cuando ésta comenzó a abrirse poco a poco haciendo un ruido muy molesto contra la tierra.
Enorme fue la sorpresa de ambos cuando vieron aparecer a una joven mujer con aspecto algo salvaje y desalineado empuñando en sus manos un par de amenazantes carabinas. Aquella joven parecía tener entre 18 o 21 años, su cabello era de un castaño oscuro, largo y enmarañado. Sus ropas estaban sucias, rotas y viejas, de una estatura media y piel tostada por el sol, sus centellantes ojos negros revelaban una personalidad fuerte, decidida pero temerosa.
Ella estaba a la defensiva y los miraba con gran desconfianza.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que están haciendo aquí? ¿Acaso quieren robarme mis pollos? ¡Fuera de aquí si no quieren que les meta una bala en la mollera!
Tremendamente asustada, la niña se refugió detrás del doctor, pero no le quitaba la vista de encima.
Tan tranquilo como era su costumbre, el tío de Isabel trató de calmar a la chica.
—Disculpe si la estoy molestando, señorita, pero antes de explicarle las razones por la que estamos en su propiedad —hizo una solemne pausa y agregó con evidente turbación—. Me quitaría el sombrero ante usted, mi estimada señorita, pero como usted verá, me han despojado de tan necesaria cortesía, así que le ruego que perdone mi atrevimiento ya que no es malintencionado, así que le ruego me permita hacer las respectivas presentaciones: soy el doctor Christian Jacobson y ella es la pequeña señorita Alwine…
—¿Y qué con eso? ¡A mí me importa un bledo sus nombres! ¡Lárguense de mis tierras inmediatamente! ¡No quiero a un loco merodeando por mis tierras!
Un poco confundido por aquella expresión bastante hostil, el doctor siguió hablándole como si nada, con la mayor rectitud posible.
—Como usted quiera, señorita, pero a mí me importaría muchísimo saber su nombre para poder tratarla como a la dama que es usted…
Ahora fue el turno de la joven para sentirse confundida, pues nunca nadie se había molestado en saber su nombre ni mucho menos intentar tratarla como una dama; y, luego de abrir y cerrar la boca como un pez, logró emitir algunas palabras comprensibles.
—… Tú estás loco, pero como quiero que te vaya de aquí y dejes de molestarme de una buena vez, te diré que mi nombre es Elena…
—¿Elena…? —repitió aquel nombre como si le hubiera hecho recordar algo que había sido muy querido para él y lo había olvidado con el transcurso del tiempo, devolviéndole a su mente recuerdos muy queridos y tristes que se habían quedado en el camino hacía ya mucho tiempo.
Tal vez aquel nuevo despertar en sus recuerdos fue lo suficientemente evidente en su semblante, pues la joven portadora de dicho nombre se le había quedado mirando muy extrañada. Christian se dio cuenta de ello y quiso explicarle el porqué, pero no pudo, pues de pronto, la terrible debilidad que venía asediándolo lo gobernó por completo y todo se volvió horriblemente oscuro a su alrededor, su cabeza comenzó a darle vueltas y más vueltas hasta que sintió que estaba parado en la nada y creyó caer en el vacío.
Y ante los aterrorizados ojos de Alwine y la sorpresa de Elena, el doctor se desplomó en el suelo, perdiendo completamente el sentido.
--
Bastante alejado de las costas de Tortuga, The Avenger, el buque insignia del Almirante George Jacobson, se encontraba oculto entre unos arrecifes esperando el momento oportuno para entrar en acción.
Desde un comienzo Isabel había dado por muerto a su querido tío —a pesar de que una vocecilla interior le gritaba que era todo lo contrario—, así que se había puesto rumbo a Inglaterra, pero quiso la casualidad que al poco rato de navegar por las aguas caribeñas, su barco se cruzara con una fabulosa nave de la armada inglesa y decidió en el acto tomarla bajo su mando y dar media vuelta para poder perseguir al pirata y cazarlo para darle su merecido.
Intuyendo la dirección que Bart "Sangre Negra" Morgan tomaría luego de secuestrar a su tío, Isabel había ordenado tomar todas las precauciones necesarias para guardar la distancia entre su enemigo y ellos, pues quería que éste se confiara para luego poder atacarlo por sorpresa y acabarlo. Isabel no tenía muchas esperanzas respecto a hallar con vida a su querido tío, pero estaba deseosa de realizar su venganza contra Morgan.
Muy poco pensaba en el desaire de su amigo James de la que había sido objeto hacía un par de días, práctica como era, puso sus objetivos en orden y el primero en la lista de su venganza era aquel desalmado pirata; luego tendría tiempo para hacerle pagar a James lo que le había hecho y obligarlo a casarse con ella, después de todo, Isabel estaba segura de que él llegaría a amarla como debería luego de que se le pasara el encaprichamiento que sentía por aquella estúpida Sparrow. ¿Cómo era posible de que perdiera el tiempo extrañando una mujer que prácticamente jamás había existido? ¡Era inaudito! Pero éste no era el momento de pensar en las insensateces de los demás.
—… Todo a su debido tiempo… La paciencia es una virtud… Pronto llegará el momento oportuno para actuar… —murmuraba para sí misma mientras observaba el horizonte marino con su dorado catalejo.
—¿Perdón, Señor? ¿Qué ha dicho? —preguntó uno de sus oficiales de más alto rango, el capitán Lazzart, que había estado al mando del The Avenger antes de que Isabel lo tomara a su cargo.
Sin retirar la vista del catalejo, el almirante le contestó con gran tranquilidad:
—Que muy pronto entraremos en acción, capitán; hay que estar preparados pero siempre manteniendo la cautela.
—Bien, Señor… —asintió y se dedicó también a otear el horizonte.
Isabel sonrió. ¡Cómo le gustaba ser obedecida! Lástima que aquello no funcionaba del todo algunas veces, siempre había alguien que contradecía sus deseos… Tal vez necesitaría tener más poder y así ya nadie se animaría a negar sus órdenes.
"La East Indian Company se está fortaleciendo cada vez más y más… —pensó—, tal vez debería formar una alianza con el odioso del Coronel… ¡Oh, no! ¡Es verdad! ¡El Rey lo ha nombrado Lord! … Mmm… Entonces no hay duda: tengo que aliarme con ese estúpido de Beckett si quiero tener más liderazgo del que ya tengo… Está dicho, lo haré en cuanto acabe con ese estúpido infeliz que se aventuró a secuestrar a mi tío, y luego, cuando todo esté bajo mi poder, será muy fácil eliminar a Jack Sparrow y casarme con James…"
Una escalofriante risita quiso salir de su boca, pero la contuvo y solamente esbozó una sonrisa muy desagradable.
Ahora que ya no estaba su tío para detener sus arrebatos, no había nada ni nadie que la detuviera, así que su corrompido corazón, comenzó a gobernar su alma ya ennegrecida.
--
La tormenta había pasado y el huracán también, pero el comodoro James Norrington sabía muy bien que lo peor estaba por venir y a punto de caer sobre su cabeza como un duro mazo impiadoso, acabando por completo con su carrera militar.
Era más que seguro que el Almirantazgo pediría explicaciones respecto a su incomprensible modo de actuar que lo había llevado a la pérdida de dos de las mejores naves de la Armada que vigilaban aquella zona caribeña. James había confiado plenamente en su capacidad de estratega militar para capturar al escurridizo Jack Sparrow, pero no había contado con que, inevitablemente, el destino siempre estaba allí para hacerse valer. Ahora que todo estaba prácticamente perdido y sin haber podido capturar a su presa, ¿cómo poder explicar en la corte su extraño accionar? ¿Cómo poder explicar que lo perdió todo por el amor de una mujer? ¿Cómo poder explicar quién era realmente aquella mujer? ¿Cómo poder explicar que perdió dos naves magníficas y la vida de muchos de sus hombres por un accionar completamente irreflexivo para poder capturar a un pirata sin importancia para querer asegurarse la virtud y el amor de una pirata? ¿Cómo poder explicar todo eso y salir bien parado de todo aquel embrollo? ¡No había otra salida más que pagar duramente las consecuencias de sus actos como todo un caballero!
Pero jamás se le pasaría por la mente mostrar en evidencia a su querida Jacky, jamás se le ocurriría utilizarla con el fin de salvarse a sí mismo, eso jamás lo haría, nunca. Aunque perdiera todo, estaba seguro que Jacky lo aceptaría a su lado ahora que tenía la plena seguridad de que ella también lo amaba… Luego de cumplir su deshonrosa condena, él estaría dispuesto a navegar al lado de su amada capitana o esperarla en algún puerto de algún lugar en dónde establecerían un hogar, y aunque sería algo muy duro para su orgullo, estaba dispuesto a trabajar como un pescador o de cualquier otra cosa mientras pudiera trabajar honradamente, porque, como oficial de la Armada y amante de las leyes que era, jamás estaría dispuesto a vivir como un pirata infringiendo las leyes de la Corona… ¡Pero, ay! ¡Cuánto iba a extrañar aquella vida! ¡Servir a la Royal Navy había sido siempre su más anhelado sueño! ¡Toda su vida viviría arrepentido de su alocado accionar del fatal día anterior! ¡Y pensar que Jacky le había pedido que no lo hiciera, que no se fuera! ¡Oh, si la hubiera escuchado en aquel momento! ¡Nada de lo que había pasado habría sucedido! ¡No se encontraría ahora arrepentido de sus actos y con todo el peso de la culpa sobre sus hombros sino en los cariñosos brazos de su amada! ¡Qué insensato había sido! ¡Tonto insensato…! Pero ya era muy tarde para arrepentirse, demasiado tarde…
Hacía ya más de diez horas que la terrible tempestad se había retirado luego de hundir a sus dos naves, permitiendo huir al miserable de Jack Sparrow a bordo del Perla Negra a donde quién sabe a dónde se iría. La pérdida de los barcos no hubiera sido tan importante si la mayoría de la tripulación de ambas naves no hubiera perecido bajo aquellas terribles circunstancias y, que por cada vida perdida el comodoro debería responder ante sus familias y ante la corte marcial. Aquella terrible situación era suficiente como para bajar la moral hasta al más optimista de los hombres, así que, muy deprimido y embargado por la terrible culpa que corroía todo su ser, James Norrington apenas se aferraba a su único deseo de salir vivo de aquella desgracia, y ese deso era encontrarse nuevamente con su querida capitana Jacky Sparrow.
De los 200 hombres que se habían hecho a la mar junto con él, solamente habían sobrevivido cerca de 50, quienes apenas se mantenían a flote sobre las ahora crueles aguas del mar, ya sea aferrados a algunos tablones pertenecientes a las naves perdidas o subidos a tres goletas que apenas habían sobrevivido a la catástrofe. Los hombres más débiles o heridos habían sido destinados a las botess mientras que los más fuertes y sanos debieron permanecer agarrados como pudieran a los tablones, y entre ellos se encontraba el comodoro Norrington.
A pesar de encontrarse en el peor de los ánimos, James trataba de mantenerse firme de voluntad para poder servir de inspiración para los alicaídos sobrevivientes del naufragio y poder esperar con expectación la llegada de cualquier ayuda que seguramente se presentaría de un momento a otro debido a que se encontraban en una zona de concurrido tránsito de embarcaciones mercantiles. Era lo menos que podía hacer por su tripulación luego de la acción suicida a la que los había llevado gracias a su tozuda determinación.
—… Si no fuera porque estamos en pleno día y en una zona tropical, varios de nosotros ya habríamos muerto de frío, Señor… —comentó el teniente Gillette desde uno de los botes, pues el pobre muchacho había recibido un fuerte golpe en la cabeza cuando a uno de los pesados aparejos de la nave insignia se le había cortado un cable cayéndosele encima para su desgracia.
—Recemos porque nos mantengamos sin más bajas, teniente, y que la ayuda llegue lo más pronto posible antes de que los tiburones se den cuenta de nuestra presencia —replicó el comodoro con gesto preocupado.
Luego de unos minutos de silencio, Gillette, que se le había quedado mirando bastante turbado, preguntó:
—… ¿Qué va a ocurrir ahora con usted, Señor? Deberá responder a todo esto ante el gobernador…
—No es al gobernador Swann a quien deberé darle las razones de este desastre, teniente, seguramente deberé responder ante el almirantazgo en Londres…
—¡Pero eso sería compadecer ante una corte marcial!
—Exactamente, teniente Gillette —asintió estoicamente, sin un asomo en su rostro de la terrible preocupación que lo embargaba en aquel momento.
—… ¿A-a mí también me llamarán…?
—Como testigo, teniente, como testigo; no creo que lo condenen a nada porque usted actuaba bajo mis órdenes. Soy yo quien deberá pagar por todo esto.
—… ¿Deberé referirles sobre su… comportamiento…?
—Puede usted decirlo sin miedo, teniente Gillette: mi extraño comportamiento. Sí, deberá contarles todo sin ocultarles nada porque si se llegara a descubrir que usted ocultó algo, no tendrían piedad en castigarlo por desacato.
—¡Pero, comodoro Norrington! ¿Por qué el castigo debería caerle justo ahora que la señorita Watson ha regresado a su vida? ¡Puede que usted reciba una de las peores sanciones!: ¡Licenciamiento Deshonroso! ¿Qué será de usted entonces?
Bajando un poco la mirada, James respondió con un dejo de tristeza en su voz:
—El destino será quien decida mi suerte, teniente Gillette, por el momento estoy a cargo de la seguridad de todos ustedes y, cuando llegue el momento, pagaré debidamente la consecuencia de mis actos…
Otra vez permanecieron en absoluto silencio, sumergidos en la terrible preocupación por una muerte segura (si no los rescataban), y un destino completamente incierto y hostil si lograban salvarse. De pronto, uno de los artilleros que también se encontraba en el agua, gritó mientras señalaba hacia el sudoeste:
—¡¡NAVE A LA VISTA!! ¡¡ES LA DEL TENIENTE HUDDSON!! ¡¡HURRA!!
Todo el mundo se volvió hacia aquella dirección para constatar lo que decía su compañero y, al ver a un barco que venía desde un punto alejado del horizonte, algunos comenzaron a gritar con desesperación, otros a cantar con alegría, los que más escépticos habían estado comenzaron a llorar y a darle gracias a Dios los más fieles creyentes. Solamente el comodoro James Norrington permanecía en aparente tranquilidad, serio, dispuesto a aceptar el terrible destino que lo esperaba, seguro de sobrellevarlo lo mejor que pudiera siempre y cuando su querida Jacky estuviera a su lado. ¡Pero nada antes ni ahora lo había preparado para las terribles desgracias que estaban a punto de caer sobre él!
Notas de Una Autora Sin Tiempo
¡Hola! Cómo han estado todo este tiempo? Como verán, he demorado menos esta vez pero no lo suficiente. La razón de mi retraso, como siempre, es la falta de tiempo y mi cansancio, ¡ni siquiera puede ponerme a dibujar! …, así que, en fin, he decidido escribir los capis hasta que lleguen a las 3000 palabras y publicarlos, que es la cantidad mínima que un escritor que se precie puede escribir : ) y así lo tendrán más rápido. ¿Qué pasará con el doc? Los ayudarla aquella chica tan montaraz? ¿Y qué sucederá con James? ¡Isabel está a punto de atacar a Morgan y de hacer un sucio trato con Beckett!
Mi Querida Romy: Qué tal amiga? Y la peli de Iroman estuvo bien? Annte tendrá toda la descarez de decir todo aquello, pero... tal vez si tiene a una competidora por el amor de Chris... podría ser menos insensible... je. Y Jacky ya no puede decirle que no a sus sentimientos, pero qué ocurrirá cuando sepa que James podría perderlo todo? Cómo me gustaría ir a la Feria del Libro! pero viviendo a la otra punta de la Argentina, pues... se hace más que difícil : ) Nos lemos pronto y suerte con tu carrera de Chef!
Mi Querida Joselin: ¡Hola! ¡Pero, chica! ¡No es necesario que te pongás así! Ya sé que mi historia es tremendamente adictiva (modestia aparte : ) ), pero no es para tanto! Éste tampoco ha sido un capi de muchas aventurillas, pero pasaron cosas que serán muy importantes para el desarrollo de esta historia. No te puedo prometer que todo saldrá bien, pero trataré que salga lo mejor posible con Norry, Alwine y Chris ¡Chau!
Mi Querida Harisha: Hello! Bueno, te seré sincera: me siento presionada por mi misma para escribir para ustedes, así que no es necesario que te sorprendas, je : )Y sip, Alwine es una ternura, ¿pero qué podrá hacer ahora para ayudar a Chris?¿Y podrá él superar la dura prueba que lo espera? Y tené por seguro que Morgan las pagará bien pagadas todas las cosas malas que está haciendo (Karma)Te cuento que Elizabeth tendrá un papel muy importante en la relación entre Jacky y Norry, ¡te lo aseguro! Jack (y recientemente Jacky) hizo cosas buenas también, pero las tapa todas con sus travesuras, así que…, como siempre lo peor tapa lo mejor… Lo de Jacky y Annet se verá en el siguiente capi! Bye!
Mi Querida D4rK Sid3: Konnichiwa! Muchísimas gracias por lo que me escribes, realmente me esfuerzo un montón para escribir esta historia : ) Como verás, esto recién comienza y falta bastante, creo que la tercera parte será la más corta de todas. ¡Y gracias por los reviews! Trataré de actualizar más seguido! Y espero poder leer tu fic algún día! Suerte con eso! De Argentina Sayounara!
Mi Querida Flint, el bicho accidentado: Bonjour! Pero cómo demonios te caíste de un cerro? Por Dios! Eso jamás me lo hubiera imaginado! Pero menos mal que no fue algo realmente serio y te tengo otra vez aquí leyendo mi historia : ) Sip, se escaparon, pero… ¿no se saltaron de la sartén al fuego? Aún no están a salvo de que los encuentren los piratas de "Sangre Negra"! Ah! Y no te confiés mucho, mis ideas cambian cada dos por tres y a mis personajes les puede pasar cualquier cosa… Je. No sé si jacky va a ganarle a Annet, ella es demasiado orgullosa como para dejarse derrotar por la "oportunista" que tanto detesta.Y ya no sé que más decir! : ) Cuidado con los cerros! au revoir!
Mi Querida CeledrianMoon: hallo! Ya le cuesta menos y lo acepta más, pero… saldrán las cosas como ella quiere? Y a Will… aún estoy decidiendo qué hacerle a él Muajajajaja!! No te preocupes si no podés dejar reviews, con que lo hagás de vez en cuando así yo sé que seguí leyendo, es suficiente para mi, ok? : ) Auf Wiedersehen!
Mi Querida beatriz gpe.: Ciao! Te aseguro que Annete se dará cuenta perfectamente de lo que Jacky siente por Norry y tendrá que tragarse su orgullo y sus palabras! En cuanto a Norry, ha salido bastante mal de su empresa, pero aún le espera lo peor, pobre! Te felicito porque encontraste por fin a alguien a quien amar! Yo nunca me enamoré, pero sé que es algo muy hermoso : ) Disfrutalo! addio!
Mi Querida joselin 2: Ni hao! Que qué ha pasado? Pues que no he tenido tiempo, buaaah! Pero como verás, por fin lo he publicado, así que una vez más te digo: no te preocupes, que jamás lo dejaré hasta que lo termine : ) La imaginación no me falta porque lo tengo todo pensado (lo principal), pero a veces se hace difícil plasmarlo en palabras, sobre todo cuando una está muy cansada… La verdad he tenido un problemilla con mi papá (ambos somos orgullosos), pero ya todo está arreglado : )Y mil gracias por preocuparte por mi! cí xíng!
¡Por fin he vuelto a ver películas! Bueno, he visto un par solamente, je, y las que he visto son "Tintín y el Misterio del Toisón de Oro" (actuada y de 1961) y "The Forgiven Kingdom" de este año, con Jet Li y Jackie Chan. Muy lindas las dos ; ) Ahora estoy viendo el animé Cinderella Boy y sigo leyendo la enciclopedia sobre el tema de los "Mitos". Les pido perdón a todos lo que tratan de conectarse conmigo por el Messenger, pero como no tengo demasiado tiempo, tengo que decidirme entre escribir o chatear, así que… el deber llama primero… Quiero aprovechar ahora para darle mis más sinceros agradecimientos a Astarot, Scr, Aokimari y a Sarah de los Siete Mares de lo que dicen de mí por la Internet : ) Mil Gracias por la propaganda, chicos! Oh! Mi hermano también a comenzado a escribir un fic de 007! (Debo admitir que no me lo esperaba...) Escribe muy bien y espero que tenga la constancia de la que yo tengo para terminar la historia!
Nos leemos pronto y muchas gracias por leer!
Sayounara Bye Bye!
Gabriella Yu
