Jugh, finalmente he venido a actualizar xD

No sé si realmente esto guste, pero el cap me ha dado la manera de introducir un personaje extremadamente necesario para el fic y pues... Bueno, esto mismo, no sé como explicarlo ahorita :$

Disclaimer: Todo lo conocido como parte del mundo Potteriano es propiedad de la genial J.K. Rowling.

¡A leer! :)


Chapter 20: De las decisiones de McGonagall.

–Insisto profesora Minerva, ellos deben permanecer juntos, sé que suena descabellado, pero hágame caso, esto será beneficioso para todos- casi rogó con leve irritación en su voz, sus ojos de ónix se fijaron fieramente en los de la animaga al tiempo que trataba de convencerla de escuchar y acatar sus sugerencias.

–Entiendo perfectamente su punto, pero también debe comprender mis motivos, me parece bastante exagerado, debe entender que- argumentaba la mayor con severidad y un leve azoramiento que ocultaba con esfuerzo, el ceño de la azabache se frunció fuertemente.

– ¿Exagerado?- inquirió exaltada interrumpiéndola – ¿Cómo puede serlo? ¡Ninguna medida es suficiente si se trata de salvaguardar la vida de dos seres humanos profesora Minerva!- chilló desesperada.

–No es como si estuviera pidiéndole que los haga emparentarse o algo por el estilo, no soy tan estúpida como para no saber lo importante que es conservar las virtudes de la chica Granger, tampoco apoyaría ninguna acción de este tipo de no ser porque realmente es necesario- cortó su retahíla en seco al notar que alguien, o más bien un par de personas, entraban lentamente al despacho, pálidos como hojas de papel, cadavéricos como si vieran frente a sí mismos al propio Guillotín esperando por ellos para ejecutarles.

–Profesora McGonagall, Ginny nos avisó que estaba esperándonos, aunque creo que podemos volver después si gusta- habló Hermione con voz monocorde y un muy leve fruncimiento del entrecejo.

–No es necesario señorita Granger, pasen y tomen asiento- ordenó, ellos obedecieron.

–La señorita Nightingale me ha dado luces al respecto de qué medidas serían oportunas para mantener bajo control su situación- miró a los tres jóvenes dejando claro a qué re refería con un gesto genérico para indicarlos a ambos y al entorno.

–Y sinceramente no estoy en absoluto de acuerdo, más sin embargo-suspiró con resignación –Viendo que no tengo una mejor solución, no temporalmente al menos, me temo que deberán cambiarse de habitaciones- informó con tono compungido.

– ¿De qué habla?- Draco fue el primero en reaccionar, y su expresión de desconocimiento, combinado con aquella tan característica en Narcisa que le hacía parecer que olía vómito, dejó bien en claro que no le gustaba lo que oía.

–Como oyes, Drake, un cambio de habitaciones, lo ideal es mantenerlos alejados de personas como Parkinson, sería peligroso otro percance como el que sufrieron gracias a esa serpiente del mal- explicó descalificando categóricamente a Pansy por su actuación anterior, observó a Hermione de soslayo solo para comprobar que seguía sin agradarle y que difícilmente aquello no cambiaría.

–No le veo sentido- espetó la leona con dureza –Creo que, con todo respeto profesora McGonagall, lo único que debemos hacer es cuidarnos más y mantenernos alejados de quienes pretendan hacernos este tipo de daños- argumentó eficientemente.

–Entiendo su punto, señorita Granger, pero creo que la señorita Nightingale puede explicar mejor el por qué de esta decisión- respondió con igual dureza y eficiencia, Maribel aclaró su garganta para atraer la atención de ambas mujeres.

–Bueno, Granger- comenzó con tono pedante –Lo que dices podría ser cierto, sí; pero hay algo que no estás contemplando, y es la dependencia que existe entre el uno y el otro, incluso si se casaran en este instante, la maldición de Ananké no cesará a menos que la unión se consume, no hay otra forma de revertir el proceso por lo que lo idóneo sería que ambos trataran de pasar la mayor cantidad de tiempo posible juntos, con tal que se conozcan mejor y esa unión se de de forma… Natural… Al llegar el momento indicado…- siseó su última frase, los colores subieron al rostro de Hermione que fruncía el ceño en total negación, Draco observaba al vacío tratando de evadir la mirada de Maribel.

– ¡Por ningún motivo pienso casarme con Malfoy! ¡Mucho menos voy a acostarme con él!- chilló escandalizada y colocándose de pié, apuntando al rubio con el dedo, el aludido frunció el ceño y se irguió con la mandíbula tensa.

– No te hagas la víctima, no eres la única persona en contra- murmuró con voz rasposa ¿Cómo se le había ocurrido antes pensar que esa chica era la indicada? ¿Cómo era que había creído que valía la pena confiar en ella? Al carajo todo, prefería morir que mover un solo dedo por esa mujer, por mucho que sus ojos dorados le quemaran la piel cada que ella lo miraba, o que sus cabellos rojizos parecieran brazas ardientes que podrían invitarlo al cielo o al infierno con solo tocarlos, sacudió la cabeza casi imperceptiblemente para deshacerse de aquellos pensamientos.

–Bien, entonces al menos estamos de acuerdo en algo, Malfoy- respondió secamente, ¿Pero qué le pasaba al mundo? Era una reverencial estupidez la idea de esa estúpida chica vanidosa, no iba, por ninguna razón, o motivo, o circunstancia, a casarse con Draco Malfoy, menos a consumar un matrimonio con él, primero muerta, literalmente; por muy que su perfume la debilitara, que su presencia la intimidara en un sentido bastante abstracto y un tanto sensual, por muy que hubiera aceptado su petición antes, por muy buen perfil que tuviera, por mucho que el tacto de sus dedos con su cuerpo, aunque fuera de forma accidental, le incendiara la piel, no podía solo casarse con una persona a la que no amaba y realmente consideraba que haber roto aquel acuerdo había sido lo mejor.

–Señorita Granger, señor Malfoy, me temo que mientras estudien en Hogwarts deberán acatar mis órdenes, así que sino están dispuestos a obedecer, deberán irse del colegio- observó a Draco –Y no creo que eso sea muy conveniente para usted- echó en cara antes que el rubio pudiera responder algo y fijó su vista en Hermione.

–Tampoco para usted señorita Granger, hasta donde sé, necesita terminar sus estudios mágicos si quiere ingresar al Ministerio de Magia, tal y como es su deseo, sería una lástima que no pudiera cumplir sus sueños solo por no haber obtenido su título ¿No está de acuerdo conmigo señorita Nightingale?- inquirió Minerva mientras volteaba a ver a la azabache, esta sonrió al entender hacia dónde se dirigía la conversación.

–Por supuesto profesora McGonagall- suspiró fingiendo pena ajena –Hasta donde sé, Granger tiene un historial impresionante, excelentes notas, records de asistencia perfectos, recomendaciones y reconocimientos del Colegio… Sin mencionar que es heroína de guerra… Si se graduara de esta institución podría fácilmente desempeñar luego el papel que desee, donde desee… Pero temo que si esto no vale lo suficiente, no hay nada que hacer… Ambos necesitan quedarse si quieren lograr sus propósitos…- se encogió de hombros.

–Incluso si nos mudáramos de habitaciones ¿A dónde iríamos?- inquirió luego de unos largos minutos de silencio un pensativo Slytherin, la leona lo miró consternada al notar que el rubio estaba por ceder a la moción de Minerva, observó rápidamente a Maribel, que sonrió cortamente con gran satisfacción y luego a la directora que se mantenía estoica, sintiendo que poco faltaba para que la irritante amiguita de Malfoy consiguiera lo que quería.

–De eso no deben preocuparse ahora, yo me encargaré de ello- contestó sin inmutarse.

–Lo importante aquí es que me comuniquen su decisión, pero por ahora, quiero que ambos vayan con Hagrid y discutan esto en su cabaña, él será el mediador y les ayudará a tomar la decisión correcta, no estoy dispuesta a dejar que formen un escándalo en el castillo- ordenó sin mirarlos siquiera, al menos así no se escucharían los gritos de ambos jóvenes por todo su precioso Hogwarts.

–Pero profesora- trató de replicar una indispuesta Hermione que desistió en cuanto Minerva frunció el ceño y la miró como si estuviera a punto de lanzarle una imperdonable.

–Bien…- musitó frustrada –Con permiso- se dispuso a retirarse, Draco hizo un ademán de despedida y se encaminó a la puerta del despacho sin mencionar palabra, sus pensamientos lo llevaban bastante distraído como para detenerse a dedicar su atención a cualquier otra cosa.


La caminata hasta las afueras del castillo solo servía para aislarlos más en sus propios pensamientos, ni siquiera estaba de humor como para dejar que las estúpidas mentes de otros estudiantes se colaran en la suya propia con ideas absurdas, iba a morir dentro de poco si no se casaba y acostaba con la insufrible de Granger ¿Pero en qué jodido momento se le había ocurrido al destino arruinarle la vida de aquella manera? Eso si era matar a dos pájaros de un solo tiro, bien sabía que no era el único que moriría, ella también lo haría, pero ¿Y qué? Esa chica simplemente prefería hacerlo que estar con él y por muy duro que pudiera parecer por fuera, muy hondo en su ser, le dolía saber eso, era como echar sal en una herida abierta que probablemente nunca sanaría, porque tal y como lo veía ella, así mismo le debía ver el resto de la humanidad, como basura despreciable con la que no se debía perder el tiempo, con tanto asco y repudio que preferían la muerte antes que estar cerca.

Hermione Granger, la heroína de guerra, alumna estrella de Hogwarts, mejor amiga de Harry Potter y único tercio femenino del trío dorado prefería la muerte, porque le parecía mejor que estar a su lado y él no iba a auto-compadecerse diciéndose que no tenía la culpa, ya estaba harto de huir siempre de sus responsabilidades, de las consecuencias de sus actos, de su propia consciencia, por supuesto que le aterraba hasta niveles inhumanamente elevados la idea de la muerte, no quería llegar a ese punto y darse cuenta de que nunca había sido feliz, de que realmente no había vivido, de que jamás había conocido el amor y eso lo asustaba más que su miedo a dejar ese plano existencial, porque sabía que su propio infierno le estaría reservado después de fallecer y no sería otro que recordar constantemente que jamás había sido amado y que él mismo nunca había logrado hacerlo.

Estaba totalmente arruinado, no deseaba volverse polvo en un ataúd sin haber hecho algo de valor con su vida ¿Pero qué hacer si era solo una pieza sobrante en el puzzle que era el universo? ¿Qué hacer si ya no encajaba en ninguna arte, si era tierra de nadie, si no habría nadie que llorara su muerte? Quizá Theodore y Astoria si lo harían, pero aunque no le gustara admitirlo, eso no era lo que quería, porque anhelaba poder llegar a casa y ser recibido con un abrazo cálido al cuello y un beso fugaz en los labios, porque quería despertar con alguien entre sus brazos cada mañana, porque no quería morir sin saber lo que era eso, esa mierda que le habían dicho que era una enfermedad llamada amor y su única tabla de salvación se negaba a salvarlo, el vacío caló en su pecho llenándolo hasta lo más profundo de su ser, un extraño dolor se instaló en todo su cuerpo y comenzó a sentir que no podía respirar y que el corazón le iba a implosionar en medio de las costillas he iba a destrozarle el resto de los órganos desde dentro, dejó de caminar sin darse cuenta, Hermione continuó sin notarlo.

La sensación de escozor en su mano la había sacado de su ensoñación, se detuvo en seco y trató de sacar el anillo de su dedo pero parecía estar atorado porque le era imposible, acomodó bruscamente un mechón de cabello detrás de la oreja y volvió a intentar sacar el condenado objeto de su dedo antes de que la quemara de gravedad, pero nada.

–Malfoy ¿Cómo se saca esta cosa infernal? Está quemando mi mano- detuvo su retahíla al notar que él no estaba a su lado – ¿Malfoy…?- le llamó tratando de ignorar el dolor, se dio vuelta y lo vio agachado con las manos en la cabeza, tapándose los oídos – ¡Malfoy!- gritó pero él parecía no poder escucharla.

Sintió como alguien la llamaba, pero no era su amo, la voz de Mione clamando el nombre de su dueño era lo único que podía oír, podía percibir el dolor que se acumulaba en el pecho de Draco, se asustó al notar que estaba totalmente catatónico y no pudo hacer más que liberarse de la gema en que vivía.

–'!Amo! ¡Amo! ¿Qué sucede?'- trataba de inquirirle, pero él parecía no poder ser capaz de percibir sus pensamientos, su forma canina solo podía chillar mientras lo toqueteaba con su hocico en un vano intento de llamar su atención.

Caminó hasta él tratando de mitigar el dolor en su mano, la gema de su anillo había dejado de ser roja y comenzaba a volverse a un color jade, no entendía muy bien qué era lo que sucedía, pero empezaba a desesperarse, le costaba horrores mantener la poca calma que lograba alcanzar, se echó de rodillas frente a Draco y llevó la surda al hombro del rubio.

–Vamos Malfoy, reacciona ¿Qué sucede contigo? Si esto es una broma voy a asesinarte ¿Me oyes?- balbuceó sin coherencia, un par de aullidos a su lado llamaron su atención, Kenina lucía como un lobo azulado muy pálido con ojos de plata y sin pupilas – ¿Qué es lo que le pasa?- le inquirió tratando de comprender al animal.

– '¡Oh Mione! ¡Mione! ¡No puedo llegar a su alma!'- chillaba una y otra vez sin poder vocalizar más que lloros lastimeros.

– 'Necesito que me entiendas, pero no sé como, no puedo hablar'- una gruesa lágrima descendió desde uno de sus ojos de plata por el borde anterior de su hocico, aulló con todavía más fuerza y Hermione no pudo evitar que densas lágrimas escaparan de sus ojos y rodaran por sus mejillas al sentir como el sonido parecía resquebrajarla por dentro, la voz de Maribel recitando palabras acerca de la dependencia recíproca de ambos llegaba a su cabeza y se esparcía por su cráneo atormentándola, la pelirroja volteó a ver a Draco de nuevo.

–Vamos Malfoy, debes reaccionar… Vamos…- casi rogaba aguantando el llanto como podía mientras pensaba en qué hacer, una ligera brisa fría meció sus cabellos y un nombre llegó a su mente en aquel instante.

– ¡Hagriiiid!- gritó a todo pulmón con voz trémula – ¡Hagriiiiiiiid!- volvió a gritar extendiendo el nombre del semi-gigante tanto como su respiración se lo permitía.*

Fang se removía a los pies del semi-gigante que trataba de tejer una bufanda gris para su gran perro, impidiéndole hacer los puntos que necesitaba.

– ¡Quieto Fang!- pero el gran perro en vez de obedecer se irguió en sus cuatro patas y caminó hasta la puerta de la cabaña, alzando sus extremidades delanteras y rasgándolas como podía contra la espesa madera, Hagrid detuvo el tejido y dejó el estambre y las agujas en la mesa, se colocó de pie y caminó hasta alcanzar a su mascota.

– ¿Qué pasa chico?- el enorme perro lo miró un segundo y volvió a observar y rasgar la puerta incesantemente hasta que el enorme hombre la abrió y pudo salir corriendo, su amo lo siguió luego de tomar su preciado abrigo y echárselo encima.

– ¡Haaggriiiiiiiid!- pudo escuchar como gritaban su nombre a lo lejos en medio de gritos a voz quebrada y algunos aullidos mecidos en el viento que no dejaban de causarle tensión y hacerlo sentir desesperado y deprimido.

– ¡Haaaggriiiiiiiiiiiidd!- no dejaba de escuchar como gritaban su nombre, esa voz la conocía ¡Era Hermione! ¿Qué le pasaba a su pequeña? Corrió tan rápido como pudo al alertarse, con Fang yendo a su par, cuando llegó a su lado, no pudo más que acercarse lentamente, temiendo que el lobo junto a ella hubiera atacado al chico Malfoy, pero eso no tenía sentido, porque no la había atacado a ella también, se agachó y colocó una de sus grandes manos con delicadeza en el hombro de la leona.

–Mione- murmuró, pero parecía no escucharlo, la sacudió ligeramente y la chica volteó despacio –Mione ¿Qué pasó?- ella solo negó y se lanzó a sus brazos buscando sujetarse de algo mientras su cerebro trataba desesperadamente de hallar una solución, Kenina se echó al suelo al lado del rubio que ahora estaba recostado entre el pasto húmedo y con el torso apoyado en el costado de la leona; chillando, Fang se echó a su lado.

–No reacciona… No sé que sucede…- balbuceó hipando, el semi-gigante tampoco sabía qué hacer, no tenía ni idea.

El sonido de un galope haciéndose más fuerte cada segundo alertó a Hagrid y a la leona, que se apartó de él para girarse de nuevo y ver hacia la dirección de la que provenía el ruido; en un instante la imagen de un gran corcel Blanco de crines doradas siendo montado por una bellísima mujer de túnica púrpura con bordados de oro y bronce, cabellos almendra, tez de nieve, labios de cereza y ojos de amatista apareció en una visión hipnótica que pareció detener incluso el tiempo, la amazona descendió de su bestia a espaldas de Draco y caminó hasta donde Hermione estaba.

–Niña, ponte de pie- recitó con voz poderosa pero cándida, la leona obedeció y se irguió para encararla, retrocedió en cuanto la observó e inconscientemente doblo la espalda y llevó un brazo hacia el frente suyo, tratando de halar a Draco de la túnica en un intento de alejarlo de la desconocida, repentinamente su prioridad no era Fang, o Hagrid, tampoco Kenina, sino el rubio, mantenerlo a salvo y resguardarse a sí misma también.

–No quiero hacer daño- dio un paso al frente, mismo que Hermione retrocedió temblando ante el esfuerzo de halar en cuerpo de Draco y con el ceño fruncido, desenfundando su varita con la mano con que no halaba al rubio.

– ¿Quién eres?- observó a Hagrid por encima del hombro, estaba petrificado, Fang también, el viento había cesado, Kenina caminaba lentamente a su lado, miró de nuevo a la mujer, observó con miedo como algunas líneas del color avellana de su cabello comenzaban a dibujarse en su frente y el contorno izquierdo de su rostro, parecían finas y retorcidas ramas de un árbol, la desconocida se agachó y la quiper llegó hasta la castaña recibiendo algunas caricias de su parte.

–Acabo de hacerte una pregunta ¡Responde!- exclamó a causa del pánico, trataba de mantenerse firme, no quería flaquear y no iba a hacerlo, estaba decidida, la imponente figura de la mujer se irguió en un movimiento delicado y casi celestial, la expresión y el brillo profundo en aquellos ojos amatista le transmitían confianza, pero algo en ella gritaba peligro.

–Mi nombre es Skuld- respondió meramente, se acercó hasta llegar a estar a solo dos pasos de Hermione y uno de Draco –Cabalgaba hacia el bosque prohibido, pero escuché tus gritos, y al ver que clamabas ayuda para el descendiente de una de mis hermanas, decidí apearme de mi bestia en este lugar- explicó con calma, extendió uno de sus brazos hacia la mano en que la leona sujetaba la varita y la hizo bajarla, Hermione trató de hacer alguna floritura en el proceso, pero parecía que su magia había perdido efecto.

– ¿Quién es tu hermana?- inquirió sabiendo que lo de menos era eso ¿Qué le importaba quién fuera esa mujer? Debía salir de allí y llevarse a Kenina, Fang, Hagrid y Draco con ella, sin embargo, una fuerza inexplicable la mantenía allí plantada, con el corazón acelerado y la respiración un poco agitada.

–Él no te escuchará si lo llamas de esa manera- dijo rompiendo el silencio, mientras sus ojos violetas miraban al rubio con algo parecido a la nostalgia.

–Hela trata de tentarlo para que acabe con su vida antes que Ananké lo haga, si lo logra podrá llevarse su alma y nadie podrá recuperarla jamás- continuó, sabiendo que la muchacha poco y nada debía comprender.

– ¿Qué…?- trató de preguntar, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta.

–Yo puedo ayudarlo- habló sin dejar que ella cuestionara –Pero hay un precio para ello ¿Serías capaz de pagarlo sin pensar en las consecuencias?- vió como la chica dudaba, se dedicaba a ver al rubio y a ella examinando las opciones que tenía, sabía que la muchacha no lo dejaría a su suerte, podía ver el alma de la chica y allí no había intención alguna de ello, eso le hizo sentir empatía por la leona, era digna, sí, podría hacerlo seguramente, observó cómo finalmente Hermione asentía después de unos segundos de contemplarlo en silencio, decidida a afrontar lo que fuera.

Skuld se arrodilló y tomó las manos de Hermione entre las suyas, encerrando a Draco entre los brazos de ambas, cerró sus ojos y la pelirroja la imitó, recitó algunas palabras en un idioma ininteligible y de nuevo Kenina volvió al anillo del Slytherin, las mismas ramas que lucían en su piel de nieve se dibujaron lentamente en la de alabastro del chico Malfoy, pocos segundos luego la joven comenzó a sentirse cansada y el muchacho empezó a bajar las manos de su cabeza y a sentarse en el suelo por sí mismo, saliendo poco a poco de su trance.

–Abre los ojos- susurró lentamente, Hermione obedeció y se encontró con el par de amatistas de la mujer, ambas se alejaron un poco, tomando distancia del rubio.

–Niña… Como pago deberás conseguir que él se enamore de ti, que lo reconozca ante ti y aquellos amados tuyos que no te recuerdan… Yo te ayudaré a lograrlo…- continuó murmurando, la piel de la leona se volvió tan pálida como la porcelana.

–Te aseguro que si lo haces, y lo logras, grandes recompensas te serán dadas y serás tan feliz como ninguna otra mujer lo ha sido antes, pero sino cumples… Hela se llevará tu alma en lugar de la del muchacho y la devorará con deleite en el banquete del Sabbat- la expresión de terror de la pelirroja no tenía precio.

– ¿Entiendes?- inquirió no muy segura de que ella le estuviera escuchando, los ojos desorbitados de Hermione la enfocaron mejor mientras ella fruncía el ceño poco a poco con expresión escrutadora y consternada.

–No puedo hacer algo como eso- musitó –Pensé que me pedirías algo que pudiera cumplir, ni siquiera puedo…- no, no iba a reconocerlo, no iba a decirle a esa mujer que últimamente no podía hallarse a sí misma, solo Dios sabía qué pudiera hacerle esta, se sorprendió al notar como la castaña asentía dándose por enterada.

–Ya- murmuró y miró con atención a la leona –Pensé que dirías algo como eso, pequeña- dijo y sonrió de lado, Hermione se tensó al ver aquella reacción y su corazón dio un vuelco, sí, se parecía de una forma muy retorcida al Slytherin.

–Sin embargo, debo también advertirte, muchacha, que me has dado tu palabra y que además- hizo una pequeña pausa –En el proceso puedes recuperarte a ti misma- musitó con confianza, la leona frunció el ceño preguntándose cómo podría ella saber, pero el movimiento de Skuld colocándose de pie llamó su atención, le imitó parándose en un solo movimiento dispuesta a obtener respuestas.

–No comprendo de qué hablas, explícate- exigió, Skuld la miró apacible y Hermione pudo reconocer en ella esa misma mirada que Draco mantenía cuando tenía todo perfectamente bajo su control.

–No puedes no haberlo notado- dijo al tiempo que alzaba una almendrada ceja –No has sido tú misma desde que llegaste a este lugar, quizá incluso desde que venías en camino ¿No es así?- musitó, la leona apretó el agarre de su varita, dispuesta a alzarla, Skuld hizo gesto de rendición con sus manos, mostrándose desarmada.

–No tengo intenciones de dañarte, muchacha- le miró con intensidad –Has estado susceptible, descontrolada, tu carácter ha flaqueado casi a diario, a momentos te has sentido deprimida, en otras ocasiones has estado tan confundida que te cuesta creerte siquiera tu nombre- hizo una pausa y miró al horizonte antes de volver su atención hacia ella.

–No puedes esconder nada de mí, pequeña Hermione- sonrió con amabilidad, su aspecto relucía de una forma muy maternal que a la leona le pareció extraño pero cándido, sin embargo, ello no evitaba que desconfiara.

–Últimamente no has podido controlarte- aseguró –Has llegado al punto de comenzar a creer que tienes algún tipo de problema mental y que por ello estás pasando tantas cosas y has debido sufrir tanto- su rostro perdió toda expresión –Pero no es así, no hay nada malo en ti, el problema reside en lo que Hela trata de hacer contigo- aseveró con tal convicción que a Hermione le recorrió un escalofrío ¿Quién era ella en primer lugar, y quién era esa que trataba de dañarla?

– ¿Enserio pretendes que te crea?- le retó, iba contra toda lógica lo que escuchaba.

–Muchacha, tú no alcanzas a entender- espetó con dureza –No es un juego, esto es real, tanto como lo eres tú o como lo soy yo misma, Hela ha estado tratando de hacer que enloquezcas hasta lograr que te suicides, sino te hubiera propuesto esto, en algún momento habrías muerto de todas formas, sin embargo, puedes evitarlo si haces lo que te he pedido a cambio- musitó, Hermione le miraba consternada, tratando de asimilar lo que escuchaba.

–Debo marcharme- dijo al notar que Draco comenzaba a ser realmente consciente de su entorno –Te veré en poco tiempo, cuando nos encontremos de nuevo, deberás darme una respuesta- musitó, de inmediato desapareció junto a su corcel y la brisa comenzó a correr de nuevo, mientras el resto de los presentes recobraba la movilidad.

– ¿Mione…?- pero no fue capaz de decir mucho más, la leona se irguió como posesa y Fang fue a su lado, Draco comenzó a volver en sí por completo, sin ser consciente de qué había sucedido.

–Estoy bien Hagrid- murmuró limpiándose las lágrimas que no sabía que vagaban por su rostro.

– ¿A dónde fue esa mujer?- inquirió sin comprender, mientras se ponía de pie.

–No sé de quién me hablas- murmuró con tono lúgubre, el semi-gigante iba a contestarle pero el tosido ahogado de Draco rompió la tensión que se respiraba en el ambiente, la atención de Hermione fue directamente al rubio, se le acercó y se arrodilló a su lado, palpando su cuello, su frente, sus mejillas, vió como las líneas dibujadas en el rostro del Slytherin se desvanecían y supo que todo había sido real, perturbadoramente real, que ya no tendría escapatoria si deseaba vivir, ahogo un gemido de dolor en su garganta, no podía hablar de eso con ninguno de ellos, ni siquiera estaba segura de que estuviera bien contárselo a alguien.

– ¿Qué…?- hizo una mueca de dolor y carraspeó un poco – ¿Qué me pasó, Granger?- inquirió con voz rasposa, Kenina saltó al lado de ambos y se echó en forma de terrier al regazo del rey de las serpientes, este la recibió y acarició percibiendo la emoción de su mascota, Hermione sonrió al ver que estaba bien y de inmediato su expresión demudó al recordar lo que debía hacer ahora, al menos mientras no supiera cómo remediar aquella situación, se cuidaría de dar la impresión a aquella mujer, de que no cumpliría con su palabra, debía descubrir si lo que había escuchado era cierto o no.

–Creo que tuviste un lapsus, quizá estabas pensando en cosas muy frustrantes y eso te afectó- le contestó suavemente llamando su atención, se sorprendió de ver que tras Draco, en la lejanía, Skuld parecía observar sus movimientos y abanicar su mano a forma de despedida, hizo un muy leve asentimiento sin que nadie lo notara y la mujer desapareció, tragó con dificultad intentando mantenerse controlada, joder ¿Y ahora qué debía hacer?

–No recuerdo nada, así que no sé decir si tus suposiciones son ciertas- habló mientras se ponía de pie, Hermione le tendió la mano para ayudarlo, en cuanto él la tocó, pudo sentir como una intensa sacudida en su pecho le producía una descarga eléctrica que recorría inmediatamente todo su cuerpo, Draco retiró rápidamente su mano del contacto con la leona y apartó la vista velozmente, sintiendo que la sangre debía estarse agolpando evidentemente en sus mejillas ¿Qué carajo le estaba sucediendo?

–Chicos ¿Qué hacían aquí?- habló un consternado Hagrid, que por primera vez desde que Hermione había ido a dar a la casa de los Malfoy, podía observar la forma en que ambos interactuaban y se miraban y apartaban sus vistas, decidió no mencionar lo ocurrido, aunque estuviera seguro de que una extraña mujer hubiera estado allí momentos antes de que Draco saliera de su trance y reaccionara.

–Oh, es cierto, la profesora McGonagall nos pidió que viniéramos a hablar contigo, quiere que seas nuestro intermediario mientras acordamos qué haremos- Hagrid la observó alzando una de sus cejas de arbusto.

– Ella quiere que nos cambiemos de habitaciones, pero no estamos de acuerdo, así que nos dijo que si queríamos permanecer aquí, tendríamos que obedecer sus órdenes- completó un aparentemente renovado Slytherin.

–Ya veo…- murmuró más para sí mismo que para los jóvenes, se llevó momentáneamente una mano a la barbilla, Kenina pasó del hombro de Draco al de Hermione en un salto, la pequeña tití se acomodó sobre ella y pocos segundos después comenzó a retozar.

–Traidora…- murmuró el rubio por lo bajo a su mascota, aunque no le gustara, deseaba tener su suerte y no eran más que absurdos celos los que lo predominaban en ese instante.

–Vayamos entonces- comentó un estupefacto semi-gigante que todavía no salía de su sorpresa, los tres, junto con Fang y Kenina, se encaminaron a la cabaña.


Poco le había faltado para morir del susto al hallar así a Malfoy y a su pequeña Mione, más cuando aquella mujer extraña apareció y sintió que era sumido en un limbo oscuro en que flotaba hacia la nada, pero ahora que estaban en la cabaña, sentados y tomando té, ahora que los veía tomar de sus tazas en silencio y mirándose muy de vez en cuando, era cuando notaba que en sus miradas podía observarse algo extraño, algo como una conexión misteriosa y profunda que no podía ser ignorada.

–Bien chicos…- se decidió a hablar – ¿Qué se supone que piensan sobre la decisión de McGonagall?- inquirió temiendo que el brillo en los ojos de Hermione, ese que se mostraba apesadumbrado y funesto, tuviera algún tipo de significado especial.

–Creo que ambos coincidimos en que esto es una estupidez, ninguno de los dos quiere mudarse de habitación, la diferencia radica en que si ella decide irse de Hogwarts, seguirá siendo libre, yo no puedo dejar este estúpido lugar sin ir a dar a Azkaban y creo poder soportar unos meses más a cambio de obtener mi libertad- espetó rápidamente Draco, Hermione frunció el ceño.

– ¿Ves por qué me rehúso a permitir que se me obliguen a casarme con este idiota? Todo para él es tratar cualquier tema como un juego de poderes, solo se trata de qué le conviene más, y poco le importa lo que los demás puedan querer o pensar ¿Y se supone que me case con alguien así?- inquirió finalmente, el rubio frunció el entrecejo profundamente.

– ¿Crees que yo quiero esto? ¿Acaso piensas que si pudiera escoger a alguien esa persona serías tú? ¿Piensas que me siento feliz con toda esta bazofia jodiéndome la existencia?- preguntó a medios gritos como respuesta, los ojos de Hermione se volvieron de un ámbar amarillento en un rictus de rabia.

–Sé perfectamente que no es así- respondió secamente –Estoy muy al tanto de que preferirías a cualquier otra, al igual que yo preferiría a cualquier otro chico, pero yo no provoqué esto así que no trates de recriminarme, Malfoy, además, que yo sepa, ya me habías escogido antes ¿O no? ¿Es que cuanto recuperaste tus recuerdos casualmente esos no volvieron?- masculló entre dientes tratando de contener su ira, la voz de Skuld llegó de golpazo a su mente, aquella frase: 'Y la devorará con deleite en el banquete del Sabbat', la hizo caer de bruses a la realidad, no estaba como para darse el lujo de empeorar las cosas, las facciones de su rostro se desencajaron y mostraron verdadero terror por unos instantes, terror que fue sustituido por estoicismo, no sin que Draco lo notara antes.

–Tampoco yo lo causé así que cuida tus palabras, Granger, te recuerdo que no solo tú has resultado afectada, y sí, lo había hecho, pero definitivamente, fue un maldito error de mi parte, no podría convivir con alguien como tú- musitó.

–Niños, cálmense- ambos jóvenes voltearon a verlo con el ceño fruncido y expresiones idénticas de enojo mal contenido, el semi-gigante carraspeó –Sino se tranquilizan no podrán llegar a un acuerdo- miró a Hermione –Mione, creo que ninguno tiene la razón, no pueden tratar de culparse mutuamente de algo que ninguno ha causado, por ahora el chico no puede hacer mucho, debes comprender que es lógico que trate de cuidarse, no tiene a nadie que lo haga por él, así que solo depende de sí mismo, tu en cambio tienes a Harry, Ron, Ginny, Luna, a mí, a tus padres- los ojos de la leona comenzaron a cristalizarse, aunque ella aguantaba y se mantenía altiva y digna.

–No es así Hagrid, yo también debo cuidar de mí, ustedes son mis amigos, los adoro, pero no es igual que tener a mis padres a mi lado, ahora ya no puedo tenerlos, y él lo sabe- lo vió a los ojos y luego a Draco, este solo le sostuvo la mirada.

–Estoy al tanto, Granger, pero eso no significa que pueda hacer lo que quiero en este momento- espetó en seco –La decisión de permanecer aquí o no es solo tuya, pero yo me quedo, con o sin ti en este lugar, no pienso dejar el colegio hasta haber culminado el año escolar, después de eso planeo irme a otro país por un tiempo, así que es tu problema lo que desees hacer, no tienes que molestarte en aceptar nada, solo tendremos que esperar unos meses más y ambos estaremos muertos de todas formas- el semi-gigante no supo que decir, para el momento en que reaccionó, no pudo hacer más que ver salir al rubio dando un sonoro portazo, fue entonces que se fijó en Hermione, que apretaba sus manos una con otra tratando de descargar en ellas su rabia, se sentó a su lado en el enorme sofá y la abrazó, dejándole desahogarse hasta que estuvo satisfecha.


El bosque prohibido lucía más oscuro de lo habitual a pesar de que apenas eran pasadas las once de la mañana, el cielo nublado y el viento frío anunciaban una pronta tormenta, la poca luz que se filtraba a través de las copas de los árboles del claro solo permitía ver a medias las siluetas que se bañaban entre lánguidos rayos solares y penumbras austeras, las figuras de dos mujeres, un corcel y un hombre, se difuminaban con el ambiente.

–Has interferido en mis planes- la voz masculina se escuchó profunda y demandante, mientras el hombre observaba con ira a su interlocutor –Te has atrevido a desobedecerme, Skuld… ¿Por qué?- inquirió buscando una explicación.

–No imploraré perdón si es lo que estás esperando de mí, hice una promesa y he de cumplirla a cualquier costo, yo debo velar por lo que ha de ser, por lo que debe ser; y lo que debe suceder, es que ese par sea librado de una maldición injustamente impuesta- una gruesa mano golpeó su rostro haciéndola trastabillar, la otra mujer se acercó a ella y la abrazó protectoramente mientras fijaba sus negros ojos en la figura de aquel hombre que lucía avejentado.

–Tú maldijiste, impusiste una condición, una que ofreciera la salvación que jamás cederías ¡Solo querías evitar el enfado de Dagda!- exclamó aquella otra de las mujeres, la que parecía menor – ¡Mira lo que me has hecho hacer, y todo porque tu orgullo no ha podido restituirse desde hace más de mil años!- gritó a todo pulmón.

– Yo salvaré a mi progenie, no permitiré que se extinga de la faz de la tierra, haré todo lo que en mi poder está para ello, incluso enfrentarte si es necesario y Skuld me ayudará, ambas lograremos hacerlo y conseguiremos romper tu maldición, te doy mi palabra- espetó antes de agitar su mano y hacer que ambas mujeres y el blanco corcel desaparecieran.

–Eso ya lo veremos- susurró el anciano.

–Lo lograrán, eso ya lo sabes…- una voz femenina se escuchó desde sus espaldas y él volteó a verla, aquella hermosa mujer de cabellos tan negros como la noche le miraba a través de sus ojos aguamarina.

–Fue tu error, tú debiste protegerla, sin embargo la echaste, y ahora debe pagar por ello, no es lo justo, pero el daño está hecho, solo queda permitir que ellas consigan su cometido y la paz sea reinstaurada antes que nuestro Dagda se llene de ira cuando note que no has cumplido tu palabra- el anciano suspiró y su postura recta se volvió en una cansada, su expresión dura se hizo compungida y sus vestiduras caras y finas se hicieron desgastadas, aquella mujer se acercó más, hasta llegar a su lado y abrazarlo del cuello, le sonrió dulcemente y le besó luego.

–Vamos a casa…- el cansado hombre asintió y ambos desaparecieron con el viento.


Después de meditar mientras deambulaba por los pasillos del castillo se encaminó decidido al despacho de McGonagall, en tanto dio la contraseña a la gárgola y esta le cedió el paso pudo abrir la puerta luego de que subiera las interminables escaleras, para quedar estupefacto al notar que la leona estaba allí.

–Señor Malfoy, pase- invitó Minerva –Es bueno ver que usted también ha tomado una decisión…- continuó con severidad – ¿Va a quedarse al igual que la señorita Granger?- la pregunta retumbó en sus oídos, ella también permanecería en el lugar ¿Qué significaba eso? Asintió como toda respuesta, todavía cuestionándose las razones de la chica para permanecer allí, sin embargo, no esperaba que fuera por él, ella deseaba trabajar para el Ministerio, obviamente solo era para graduarse.

–Bien, entonces síganme, es necesario que conozcan su torre- ordenó vagamente.

– ¿Qué…?- ambos inquirieron con tono alarmado.

–Como escucharon, quiero que conozcan su torre, ya que ambos deben permanecer juntos, es más adecuado que compartan una, eso facilitará las cosas- los jóvenes continuaban estupefactos, la mujer frunció el ceño irritada.

–Deberían agradecer que no he seguido el consejo de la señorita Nightingale al pie de la letra, ella quería que compartieran habitación- los rostros del Slytherin y la Gryffindor se volvieron mortalmente pálidos y sus mandíbulas desencajaron.

–Síganme- exigió sin hacer caso al ambiente repentinamente frío y tenso que se había formado entre sus alumnos y los dos la siguieron sin volver a emitir palabra alguna por el camino, sintiendo que iban al matadero.


Bueno, hasta aquí por hoy, la verdad necesito acomodar bien mis ideas para que la historia tenga sentido y sea entendible por lo que por ahora, este es un pequeño nuevo giro que va a predisponer a Hermione a la idea de acercarse a Draco y pues... Habrá que hacer que ella misma vaya admitiendo y afrontando sinceramente sus sentimientos también ¿No? :) Jeje hasta la próxima xD