Capitulo 20

Bajó más tranquila minutos después, los chicos veían una película y tras hacerle un espacio entre los dos se sentó a comer palomitas con ellos, sin parar de charlar, el tema principal… el viaje y su salud.

— quiero que sean más como vacaciones — insistió Sy — recuerden que lo recomendó el medico—

— ¿ya hablaste con Mario? Estaba muy preocupado – Ray revisaba cuidadosamente los reportes que el médico les entregara.

— Doc hablo con él— informó la chica – se conocen desde la uni y son muy amigos, me imagino el bombardeo de preguntas que le hizo a papá –

—Tuvimos que mostrarle la evidencia de que estás poseída para que nos creyera— murmuró Ray tomando el fajo de documentos que les entregara el medico.

—Aunque escéptico se portó muy amable cuando le dimos toda la información, creer que un súcubo puede estar dentro de ti lo impactó totalmente— Egon al contrario que su amigo, seguía de reojo la película –nos pidió que tuviéramos mucho cuidado para no dañarte—

—Me conoce desde que nací, entiéndanlo –trataba de justificar al amigo de su padre –es como mi segundo papá, es muy apegado a su religión y le ha de parecer imposible lo que me sucede—

—llegó a insinuar que lo mejor sería llevarte a un psiquiatra— Ray seguía leyendo y hablaba como autómata.

— Cuando hablamos del tema nos pidió que le llamáramos, va a prestarnos equipo clínico para vigilarte en caso de que vuelva a presentarse— Spengler decidió apagar el televisor al mismo tiempo que el reloj anunciaba con un ding dong las seis de la tarde.

— ¿Es lo más probable?— ambos asintieron – entonces hay que seguir buscando pistas en los videos, fotos, audios –recitó cansada – yo me encargo de las fotografías, instalé un programa en la computadora que puede servirnos—

— ¿Análisis?— interesado Spengler le puso atención – supuse que sería equipo y software accesible solo para nivel superior –

— lo tenían en sus narices y nunca le hicieron caso – Silvana por fin tenía un tema que Ray y Egon ignoraban en parte – en cuanto me inscribí en las clases de informática de la uni le pedí a papá que me lo comprara aunque tiempo antes ya lo había utilizado – los invito a seguirla hasta el estudio, se acercó a encender una pc de escritorio ubicada en un rincón con escáner de apariencia nueva – necesito las fotos – pidió y en un par de minutos las tenía en proceso de digitalización.

— ¿Qué programa es?— curioso Ray revisaba la caja del disco de instalación.

—es un programa de edición de imágenes, durante un tiempo participé en investigaciones ovni con un grupo en Manhattan, me enseñaron a hacer la revisión de grano, campos electromagnéticos, búsqueda de trucos—

—Si alguna entidad tiene esas características…— fascinado Egon arrastró una silla al lado de Sy

— Van a ser visibles con los filtros del programa— respondió ella manipulando ya una imagen.

—Suena interesante pero… si nos concentramos los tres en un solo trabajo vamos a tardar más tiempo, yo me encargo de revisar los videos de la fiesta con más detalle y los de la visita de tu primo— Ray salía del estudio – Spans si vas a quedarte deberías revisar los audios—

—En eso estoy— levantó los audífonos que estaban ya conectados al sistema de audio – así puedo ver lo que haces— susurró a Silvana –para que me enseñes a hacerlo—

—Claro— respondió ella cambiando los tonos en una fotografía donde supuestamente estaba ella con Angélica.

Trabajaron un par de horas hasta que la voz de Ray los alertó.

— ¡deben ver esto!— de inmediato Silvana y Egon subieron a la habitación de su amigo que mantenía la vista fija en la televisión – El idiota de Fernando tiene otro como Nahama, esto confirma las fotografías de Spans – informó mientras reproducía la imagen, en la pantalla se veían claramente a la muchacha platicando con su primo, de repente una sombra se desprendía de la espalda del chico y veloz merodeaba la habitación, un par de veces ensombreció la imagen – creo que detectó la cámara –

— Fue cuando irrumpió en la cocina – dedujo Sy por las imágenes –en ese momento fue cuando se escucho el ruido, además tuve un escalofrío muy fuerte y claramente sentí como si algo se escondiera a mis espaldas –

— ¿Nahama?— murmuró Egon y ella asintió – entonces ese ente es más fuerte de lo que nos ha dicho—

— ¿ha platicado de eso? No lo recuerdo — Silvana lo miró fijamente con un gesto extraño, entre la incredulidad y la decepción –… no me habían dicho nada— susurró cuando ambos asintieron — ¡no puedo creerlo!— y salió hecha una furia de la recamara.

— Ya metí la pata – suspiró Spengler y Ray se encogió de hombros.

— Voy a hablar con ella – avisó pero la chica entraba de nuevo con un enorme libro en las manos, de portada roja y letras en latín.

— Siéntense y escuchen – ordenó y ambos obedecieron, tal vez era capaz de darles en la cabeza con el enorme fascículo; Silvana comenzó a leer.

—"El demonio es el gran mentiroso, siempre va a dar uno o varios nombres para confundir a quienes rodean al endemoniado; su finalidad no es corromper el alma del poseso sino más bien, corromper con la duda y desesperación a los exorcistas y familiares del mismo; va a mentir y querrá utilizar todas las herramientas emocionales con las que estén atados a la victima" – cerró el libro – ritual romano de 1614— se lo arrojó a Ray que lo atrapó al vuelo.

— ¿Es con el que intentaste exorcizarla?— Sy asintió —segunda edición, latín manuscrito… — revisó con minuciosidad — ¿Dónde obtuviste eso? – Ella se encogió de hombros restándole importancia y Egon lo miraba curioso – es un original utilizado ¡en Loudun! ¡Vaya!— emocionado colocó el libro en la mesa – es uno de los ejemplares –

—Raymond…— le interrumpió su amigo – me imagino la emoción que te embarga al tener ese material en tus manos pero…— intentó sonreír señalándole con los ojos a una Silvana que estaba a punto de reventar.

—lo siento— murmuró apenado y cerró con cuidado el libro — ¿nos decías?— el toque de inocencia y niño regañado usado por el rubio por poco hizo reír a Silvana que procuró mantener la pose de madre enojada.

— ¿Por qué le creen? Chicos, saben perfectamente que todos los demonios se basan en mentiras, sobre todo los súcubos e íncubos que finalmente se alimentan de fantasías – de nuevo esa sensación de decepción — ¿Cuántas veces han hablado con ella?—

—Al menos sabemos de tres – confesó Egon – una de ellas en la fiesta y estabas enterada – Sy asintió – la otra en el museo y…— miro a Ray pidiendo ayuda.

— el día que quisiste auto exorcizarte— suspiró Ray.

— ¿Qué les dijo?— torció los labios, era insoportable tener que convivir con esa bruja sin saber en que momento saldría a fastidiarle el día.

—un resumen de su vida— Spengler le relató en pocas palabras la información que les diera el súcubo mientras ella lo escuchaba de pie, evidentemente furiosa.

— Esos seres mienten basándose en verdades –controlando ya su enojo se sentó en la alfombra frente a ellos – ustedes lo saben – seguía decepcionada y no lo ocultaba, ellos solo asintieron con cierta culpa – efectivamente Cunchucmil es el pueblo de donde viene la familia, sin embargo no conozco la historia de los españoles o el capataz –

— Que no la conozcas no significa que sea mentira – subrayó Ray con riesgo de que la chica volviera a enojarse.

— pero tampoco es para que se crean todo, sobre todo después de que intenté sacarla – retomo el viejo ejemplar del ritual romano – he estado leyendo y releyendo… es más que obvio que estoy poseída por eso y que al menos por lo que dice este libro no va a ser fácil retirarla con un ritual religioso— se lo entregó a Stantz que estiraba su brazo para tomarlo.

— ¿Entonces?— Raymond de nuevo hojeaba el valioso documento.

— ¡no lo se! – Frustrada cubrió el rostro con las manos, el cabello largo, lacio y blanco cayó como cascada tapándole parte de la cara — ¿han usado el rayo de protones sobre un ser vivo?— sorprendido por la pregunta Ray negó, miró a Egon que no contestaba.

— ¿Spengler?— insistió.

— En un chimpancé, poco antes de que comenzáramos a cazar – contestó no muy convencido de que fuera correcto darles esa información — ¿Cómo creen que supe que era malo cruzar los rayos? –

— ¿Qué paso?— muy interesada la muchacha esperó que continuara.

— en total utilicé dos individuos, a uno de ellos le disparé para saber hasta que nivel de potencia aguantaría, en caso de que nos disparáramos por error – miró a Raymond que también lo escuchaba atento – el animal desapareció al cabo de dos minutos de recibir varias descargas que iban en aumento, cuando desapareció estaba en el nivel doce –

— Es lo que usamos con Gozer— recordó Ray — ¿Cómo cruzaste los rayos?—

— sedé a otro ejemplar y con un simple sistema de control remoto encendí al mismo tiempo los disparadores y con el mismo fui cruzando los rayos… se pulverizo en un segundo mientras que la mesa de metal y formaica solo resulto un poco chamuscada—

— ¿Sufrieron?— Sy tragó saliva nerviosa ante el panorama que le pintaban.

— si – respondió Egon – el primer ejemplar perdió la conciencia por choque de dolor a los dieciséis segundos de recibir un impacto constante, el segundo fue menos tiempo pero en las grabaciones pude notar el proceso de desintegración, llegué a la conclusión de que los rayos alteraban el balance atómico de sus cuerpos convirtiéndolos en nada por capas primero dérmicas, musculares… hasta pulverizar los huesos—

—Uf— suspiró nerviosa – entonces debemos encontrar otro modo de sacarla de mí ¿y si usamos alguna de las trampas?—

— cuando las trampas se abren, absorben la energía psicoquinetica, en el caso de posesión si podríamos atraer a la fuerza la esencia de la demonio— Egon guardó silencio buscando las palabras apropiadas – sin embargo en una situación como esta, ella está enganchada a tu misma esencia—

—A mi alma— susurró la chica sintiendo un escalofrío – mi cuerpo se muere, mi alma queda atrapada en la trampa con ella—

—Así es— respondió Egon incomodo – de hecho aunque tu alma, espíritu, esencia o como quieras llamarlo, abandone tu cuerpo este va a permanecer encendido, por decirlo de alguna manera – torció los labios — en estado vegetativo —

—por eso es importante ir a donde comenzó todo— opinó Ray – si conocemos la leyenda completa, si encontramos los sitios importantes, podremos resolver este caso de la manera más rápida y menos traumática para ti, para combatirla debemos conocerla al grado de encontrar su punto más débil—

— hay algo más – intrigados Silvana y Ray pusieron atención a su amigo – ella nos dijo que existía una forma de saber quien era el ser del espejo antes de irnos al viaje, habló de un lugar donde hay demonios, dioses y fantasmas, un lugar donde no debíamos dejarte sola con los antiguos, fue cuando descubrimos que posiblemente se trata de un demonio maya el ser del espejo—

— resulta entonces que también le gusta jugar con acertijos— Sy no podía creer que la infeliz fuera tan desfachatada – se refería entonces museo de antropología, y ustedes par de crédulos me llevaron directito a sus manos—

— Lo sentimos— murmuraron a la par haciéndola sonreír

— ok, ya todo pasó y enojarme con ustedes no va a servir de nada— ambos respiraron aliviados – creo que voy a distraerme con algo, no quiero saber nada de ella o su amigo maya – estaba bastante cansada, al menos mentalmente ya no daba para más.

— Esta bien— Ray de nuevo tenia la nariz metida en el libro — ¿podemos comer algo y dormir?—

— Supongo que a ti ya te perdimos— sonriente Silvana se levantó del piso acercándose a él para despeinarlo – voy a pedirle a Juanita que te prepare unos bocadillos, además leerías más cómodo en el estudio ¿no crees?— Silvana lo veía curiosa, ambos compartían la pasión por los libros, pero al parecer éste en especial lo quería para si mismo.

— ¿No les importa?— apenas levanto la vista, ambos le dijeron que no y al segundo siguiente se escuchaba cerrar la puerta del estudio.

— ¿quieres salir a dar un paseo?— invitó a Egon levantándose tratando de olvidar un poco la sensación provocada por la charla previa – Ray va a estar ocupado mucho tiempo – él acepto poniéndose de – tengo algo que mostrarte –sonrió traviesa y comenzó subir corriendo las escaleras, bajó de inmediato con una mochila al hombro – Ray te hablo de que en la ciudad existen muchas leyendas, fantasmas antiguos y demás cosas extrañas— comenzó a platicar tomándolo de la mano y saliendo de la casa – aquí cerca hay un sitio que te va a encantar—

— ¿De que se trata exactamente?— curioso le quitó la mochila para llevarla él, pasó su brazo por la cintura de la chica y caminaron con calma en la calle solitaria.

— ya lo veras – traviesa le hizo un guiño pasando su brazo por la espalda de él y sujetando su mano en el cinturón de los jeans que raramente usaba Egon.

Por una o dos calles caminaron en silencio disfrutando la brisa del atardecer, el ruido de los automóviles era acallado por los arboles del parque cercano iluminado por la dorada luz de las luminarias.

— ¿extrañabas tu ciudad?—

—No— respondió ella en un murmullo –en realidad tengo pocos recuerdos gratos— se apretó a su abrazo – hasta ahora—

Llegaron a una reja alta y siguieron caminando bordeándola, Silvana buscaba con la vista un punto determinado.

—Vamos a tener que entrar – señaló un espacio donde la reja estaba doblada — ¿no te importa verdad?— Egon solo sonrió y entró primero para ayudarla a saltar.

Atravesaron el solitario parque, el lago como espejo reflejaba algunas luces y el graznido de los patos rompía de vez en cuando el silencio, algunas aves trinaban ya buscando donde pasar la noche.

—Es un parque muy antiguo— murmuró ella caminando lentamente –hay evidencia de que ya era un lugar de esparcimiento desde tiempos prehispánicos— él la escuchaba atento – debajo del castillo hay una cueva muy especial, solo era visitada por sacerdotes cada cincuenta y dos años—

— ¿La ceremonia del fuego nuevo?— recordó de sus estudios universitarios en historia – sacrificios de doncellas y esclavos—

—Si, esclavos, prisioneros de guerra, niños, recién nacidos, ancianos, doncellas vírgenes, enfermos, deformes— recitó de un golpe – lo que se les pusiera enfrente y dicen que hay algunos que llegan a aparecerse—

— ¿Y has visitado esa cueva?— ella asintió haciéndolo sonreír –entonces eres cazadora desde antes de conocernos— afirmo él y ella de nuevo asintió.

—no los he visto, por lo que me han contado apenas y son un velo de niebla no tienen pizca de ectoplasma los pobrecillos— susurró atenta, una luz frente a ellos se les aproximaba y dio un tirón al brazo de Spengler para ocultarse tras unas rocas falsas — ¡aguarda!— susurró tapándole los labios con los dedos.

El vigilante pasó a un lado de ellos, por la música que se escuchaba como murmullo les hizo pensar en que llevaba audífonos, tarareaba despreocupado e iluminaba su camino para no tropezarse.

Egon la atrajo por la cadera mientras ella estaba distraída vigilando los movimientos del guardia, no dijo nada hasta que desapareció camino abajo.

—Espera— susurró nerviosa, él solo sonrió y se inclino para besarla, Sy no se negó y le rodeo el cuello con los brazos parándose de puntillas.

—te advertí que me dejaría llevar por mi lado irracional— ronroneo con voz más grave de lo normal –además esta situación me parece de lo mas excitante, sobre todo después de lo que vi en el comedor hace unos días—

—claro y si no vamos a la cárcel por allanamiento, vamos por faltas a la moral— contestó ella en un murmullo exasperado.

—Ya fui una vez a prisión aunque no por allanamiento— contestó haciéndole una caricia en el cuello con los labios.

—No…fue por volar el edificio— la pobre chica temblaba— Egon…— su voz se convirtió en un débil quejido cuando percibió el tibio roce de los labios de su acompañante en el hombro, no se había percatado de que su blusa estaba ya desabotonada.

—Ese fue Peck— contesto despectivo mordisqueándole la oreja –como sea, nunca me han arrestado por faltas a la moral, lo que sería una experiencia interesante—arrastraba los labios de nuevo en el cuello de la muchacha, lo que hacia su voz más suave, dándole un toque de ronroneo erótico.

Por unos minutos se dejó llevar, la respiración poco a poco se agitaba, los finos dedos de Spans, entrenados en el manejo de objetos delicados mostraban toda su pericia recorriendo suavemente el vientre subiendo con torturante calma por las costillas provocándole pequeñas descargas que la hacían retorcerse buscando un contacto más fuerte.

—Egon por favor— gimió sin recibir respuesta, solo el apenas audible chasqueo de los labios y lengua de su compañero degustando cada centímetro de su piel, bajando lánguidamente por su cuello, delineando el contorno del encaje negro.

Con las manos temblando comenzó a reconocer la espalda del que la mantenía literalmente presa entre sus caricias, recorrió con lentitud de los hombros hasta la cintura buscando sacar la camisa y tener un acceso más libre a su calor.

Un nuevo ataque de los labios masculinos la dejó sin aliento, con la lengua comenzó a enseñarle una danza apasionada, las caricias fueron cada vez mas atrevidas, deseo haber utilizado pantalón deportivo para darle un acceso rápido a su cuerpo que pedía a gritos más.

—detesto los jeans— gimió él tomándola por la cintura y con un veloz giro la puso contra las rocas aprisionándola con su cuerpo, haciendo presión con una de sus piernas para colocarse en medio de las de ella, por reflejo Sy se sostuvo de los delgados hombros, cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones que le provocaba, sintió las ágiles manos subir por sus costados bajo la playera, el aire frio de la noche la estremeció cuando percibió como buscaba liberarla del sostén.

—¡Egon!— jadeo alejándose un poco, respiro con fuerza tratando de controlarse, tenía que respetar el convenio de que primero tenia que elegir a uno de ellos, ahora estaba a punto de olvidarse de todo, dudó un momento y se mordió el labio inferior apretando los ojos pues sabia la reacción que tendría al escucharla – lo mejor es detenernos… por Ray… por nosotros— su aliento entrecortado le impedía decir más.

—… por Ray…— suspiró aflojando el abrazo sin soltarla tratando de controlar su también agitada respiración, de nuevo esa mirada que la derretía brillo por un momento cuando el viento movió las ramas de los arboles y se coló la luz ámbar de una lámpara.

—vamos a la cueva ¿si?— lo miró con dulzura tratando de recomponerse la ropa, lo tomó de la mano para que soltara el íntimo abrazo, cosa que él hizo con desgano solo le dio un apretoncito y siguieron caminando entre los arboles evadiendo a los vigilantes.

Llegaron al pie del cerro donde se levantaba majestuoso el castillo antes colegio militar, las lámparas de los guardias estaban muy alejadas.

—los vigilantes no vienen a esta área, le tienen mucho miedo…o respeto— musitó ella deteniéndose frente al tronco de un seco ahuehuete – él es el Sargento— le señaló la oscura silueta – han visto salir de él la sombra de un viejo comandante americano que murió en una de las batallas realizadas en las faldas del cerro— detrás del seco tronco se definía la silueta de otro monumento.

—caído en la invasión de mi país, creo que entiendo ese rencor añejo hacia nosotros—

—solo los idiotas patrioteros tienen esa idea… al menos con lo que me he traído de New York no tengo queja alguna— Silvana le dio una traviesa nalgada cuando pasó a su lado –el monumento allá atrás— las luces estaban apagadas, lo que le daba una apariencia lúgubre – está dedicado a los pilotos caídos en la segunda guerra mundial, los únicos mexicanos que fueron—

—Vaya… tanta historia en un espacio tan reducido— curioso subió algunos escalones, Sy lo alcanzó –es increíble tanto que se puede aprender en un parque—

—Falta lo mejor— feliz de los resultados de su excursión bajó con cuidado los escalones, él la siguió de cerca.

Una nueva reja se interponía en su paso, alambrada de malla coronada por alambre de púas, al fondo la tupida maleza evitaba una vista clara de hacia donde se dirigían.

—Vamos a ensuciarnos un poco— avisó Sy levantando la malla del piso y atándola con un alambre dejando un espacio reducido para pasar — ¿recuerdas tu entrenamiento militar?—

— Algo…si— murmuro revisando el lugar – supongo que hay insectos—con mucho cuidado pasó la mochila del otro lado.

—De todo tipo, te aviso que si veo una araña tienes que matarla al mismo tiempo en que me tapas la boca para no gritar— Sy ya estaba tirada boca arriba pasando por debajo de la reja, Egon la imito en cuanto ella se puso de pie.

— ¿Arañas?— dijo en un murmullo casi inaudible, la aracnofobia era uno de sus pocos defectos psicológicos que según él mismo había evaluado años atrás.

Frente a ellos espesos matorrales se movían al ir y venir del viento, la chica abrió la mochila sacando de ella un par de cascos con lámpara, dos lámparas de mano entregándole a Egon las que le correspondían.

—vamos a bajar con cuidado, debes hacer algo de equilibro porque son vigas de concreto muy delgadas— dijo en un cuchicheo –yo voy primero, fíjate donde piso— avisó dando el primer paso sin darle oportunidad de negarse.

Paso a paso avanzaron por la inclinada viga de concreto, el viento hacia más difícil el trayecto pues las ramas y las hojas cubrían las dimensiones reales de su camino, en un paso Egon alcanzó a ver que se encontraban a aproximadamente a cinco metros del piso.

—Debimos utilizar algún tipo de arnés— siseo procurando no dejarse llevar por el vértigo.

—Solo nos habría estorbado, además esto le da un toque de emoción al paseo— respondió Silvana sin interrumpir su andar, en dos minutos ya estaban en lugar seguro y Egon dio un respiro aliviado.

— ¿Vamos a volver de la misma manera?— curioso se asomaba al muro que deberían escalar frente a ellos, la escasa luz que les llegaba por el castillo le dejaba ver que en el fondo de esa construcción solo había rocas; ella no le contestó pues estaba ya traspasando la entrada de la cueva encendiendo sus linternas.

—Si ves una maldita araña la matas por favor— pidió con tono preocupado.

— ¿Vienes a ver fantasmas y te asusta una arañita?— sonrió burlón aguantando sus propios temores, al encender su casco notó que lo miraba muy seria –ok mato a la araña—

—afuera bajamos por un antiguo techo, hace décadas descubrieron una serie de ductos que proveían de agua a las piletas que se usaban como baños para el tlatoani de Tenochtitlán –su voz hacia eco en la estrecha cueva – se dice y el nombre lo mantiene como tradición, que Moctezuma los mandó construir junto con el parque que cruzamos, la entrada de la cueva fue recubierta en la época de la colonia con ladrillo rojo para evitar un derrumbe—

— ¿tan antiguo es?— Egon no podía haber planeado mejor un paseo con la joven, el infringir la ley le había inyectado adrenalina, cruzar el parque en penumbras, el delicioso besuqueo escondiéndose del guardia, descender por la viga a varios metros de altura en plena noche y ahora en una cueva templo prehispánico con la perspectiva de poder ver una impregnación espectral del pasado.

—se cree que este lugar es tan antiguo como la migración de Aztlán— respondió ella dando un manotazo al aire –malditas arañas— gruño – a pesar de estar ubicada en un sitio muy visitado, la caverna pocas veces es recorrida en su totalidad, hay un paso donde pocos han podido estar… no he llegado hasta ahí, pero contigo me doy el valor de seguir adelante –confesó.

— ¿Dónde se ven las impregnaciones?— ella asintió – y tu huésped… ¿que reacción ha tenido?—

—lo ignoro pero al parecer los alimenta, si te fijas se escuchan ruidos y voces lejanas — respondió deteniéndose frente a una figura tallada en la piedra – mira, es el sello de los sacerdotes de Tlaloc— orgullosa de sus conocimientos comenzó a darle una pequeña charla sobre los hallazgos que se habían hecho en el lugar, al concluir siguieron andando.

— ¿Mario sabe de tus excursiones?— Egon dudaba que el padre de la chica supiera muchas de sus actividades.

—no tiene la menor idea, pocas personas lo saben –de nuevo se detuvo y sacudió el polvo en sus manos, cerca de ellos se escuchaba el paso de agua – aquí es donde se aparecen— susurró iluminando el rio, una pequeña oquedad en el muro dejaba pasar un riachuelo que bajaba del cerro –apaga las linternas— le indico tomándolo de la mano en cuanto apagó las que ella llevaba.

El silencio era roto únicamente por el ruido del agua y el canto de los grillos, la temperatura bajaba poco a poco, Egon la abrazó cuando sintió que tiritaba de frio.

Transcurrieron pocos minutos cuando una leve luminiscencia blanca comenzó a reflejarse en parte de la pared a la derecha de ambos, era muy tenue incluso más delicada que la manifestación de la dama gris en su forma elemental, después otra de color lila.

Spengler quiso hablar pero Silvana le cubrió los labios con la mano cuando ambas luces se desprendieron del muro y flotaban suavemente iluminando el piso y causando destellos en el agua. Lentamente avanzaron dando volteretas y mezclándose juguetonas entre ellas hasta llegar al muro contrario donde desaparecieron, todo esto en total silencio.

— ¿No trajiste los medidores?— Egon rebuscaba en la mochila a tientas – ¿una cámara? –

—nada, es solo entre nosotros… si Raymond quiere puedo traerlo también… pero siento que no hay que tomarles mediciones o fotografías— su voz era dulce – no creí que fueran tan hermosos—

— ¿solo hacen eso? ¿El paso de dos luces te asustaba?— intrigado encendió la lámpara, Sy lo miraba con ternura, recargada en el húmedo muro donde las impregnaciones aparecieron — ¿Qué?—

— la leyenda dice que un sacerdote de Tlaloc estaba enamorado de una doncella dedicada a Mictecacihuatl señora del Mictlan, además de ser hermosa tenia muchas virtudes, tantas que el mismo tlatoani la deseaba como una de sus esposas— Egon guardó silencio escuchando con atención – cuando ella se enteró que su gobernante la había señalado como su próxima concubina pidió ayuda al sacerdote que también le declaró su amor, pero ella amaba a la Diosa, se había consagrado virgen y nunca rompería su palabra, finalmente él juro ayudarla a escapar del tirano emperador y la ocultó la misma noche en que una partida de soldados irrumpió en su choza y mató a su familia al no encontrarla; durante dos lunas vivió ella en el inframundo, amó mucho más a la Diosa que conmovida por su sacrificio le concedió su libertad para que pudiera unirse al sacerdote del que se enamorara tras los cuidados y protección que recibiera de él esos dos meses— sonrió tímida apoyando su mejilla en la fría piedra, posando con ternura su mano en el lugar exacto de donde salieron las luces – hicieron el amor en esta caverna por varias noches hasta que el emperador los descubrió—

— ¿Los mató?— susurró Spengler, pocas veces la historia de una manifestación le atraía tanto.

—fue peor… ordenó que cuando el sacerdote visitara a la doncella quemaran una droga en la entrada para dormirlos, tapiaron totalmente el acceso de esa cámara con una roca y el sello que te mostré, posteriormente aumentaron los glifos del sello contando la historia— suspiro dando un paso hacia él – puso guardias para que le informaran cuando estuviesen gritando en agonía suplicando por su perdón—

—Y…— curioso se adelantó un poco urgiéndola a seguir con su relato.

—dos noches los guardias reportaron a su amo que la pareja estaba viva, suspirando y declarándose amor eterno… la tercera noche encontraron restos de los guardias esparcidos por toda la entrada… decían que la misma Mictecacihuatl vengó a su protegida de un castigo tan inhumano, el sello nunca se ha quitado y dicen que es la tumba de los dos amantes— tragó saliva, aparentemente la leyenda la conmovía mucho – intentaron abrir otra entrada y fue cuando encontraron el riachuelo, que nace en la parte superior de esa cámara, sus restos siguen ahí—

— ¡Vaya!— atino a decir él mientras se ponía de pie – entonces esas dos entidades…—

—Son ellos, camino al lugar de los muertos, disfrutando de su amor acunados en los brazos de la Señora de la Muerte — intentó sonreír –quería verlos y por fin lo logre—

—gracias— la tomó de las mejillas para mirarla de frente – nadie me había dado un regalo así— Sy hizo un gesto de no entender – nunca los vi como seres inteligentes o que sintieran, sin embargo poco a poco me has enseñado que detrás de lo que vemos, hay más… tal vez no inteligencia pero si emociones— era la primera vez que una persona lo sacara de su natural ostracismo sentimental y no encontraba la manera de expresarlo.

— Tal vez— sonriente le hizo un guiño – o tal vez soy solo una tonta – le quitó una hoja seca del cabello – pero ya es hora de irnos, Ray va a echarnos de menos—

Salieron de la cueva y retomaron el camino de vuelta sin contratiempos, entraron a la casa pasando las once de la noche; Silvana subió a su dormitorio a darse una ducha mientras Egon entraba al estudio donde Ray seguía ensimismado en su lectura.

— ¿Volvieron tan pronto?— sin quitar la vista del libro preguntó a su amigo — ¿A dónde fueron?—

— Es una larga historia Ray… creo que debemos hablar— por primera vez Spengler se sentía incomodo con la situación – Raymond— volvió a llamar su atención.

—Dime— con calma cerró el viejo libro mirando fijamente a Egon.

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Comment... seguimos adelante.