EPISODIO20
-REY DE LOS CIELOS-
Su sueño era intranquilo a más no poder, su cuerpo temblaba y estaba empapado de sudor, sus gemidos lastimeros llenaban la pequeña habitación, como si fuera un tanque de agua. No había lugar a donde se pudiera escapar de aquellos sonidos que destrozaban la entereza de todos los que le cuidaban.
La impotencia en el rostro de ambos ángeles era casi plausible, ante su necesidad de apartar todo el dolor del cuerpo y el alma de Dean.
- No puedo entrar, algo… no me deja. – dijo Castiel caminando de forma impaciente por la habitación.
- Se ha tomado muchas molestias para tener un tiempo a solas con él. – le respondió Liam.
- ¿Quieres decir que el, está ahí, en su mente? – la preocupación de Castiel solo aumento ante las palabras del serafín.
- Si, ha logrado atravesar las barreras de esta casa e incluso las mías.
- Pero yo creí que tu barrera era impenetrable.
- Lo es ante un ataque físico, pero contra algo así, me temo que no sirve de mucho. Solo evita que le lastime en verdad. Pero conociéndole, no harán falta golpes para que hiera a Dean. – dijo con la voz cansada y llena de impotencia.
- ¿De qué demonios están hablando ustedes dos? No les entiendo nada, ¿Quién está en la mente de Dean? – la voz grave y rasposa de Bobby retumbo en el cuarto, impaciente por saber qué es lo que pasaba con su casi hijo.
Castiel le miro, sopesando la idea de informarle el motivo del desmayo de Dean y su condición actual. El ángel sabía que de no decir nada Bobby se lo sacaría de un modo u otro, así que era mejor terminar con eso de una buena vez.
- Lucifer ha conseguido adentrarse en la mente de Dean, sin que Liam o yo nos diéramos cuenta. – soltó de forma casi apenada por el descuido. El cual no pasó por alto para el cazador.
- ¡¿Cómo que ese maldito está ahí adentro? ¡¿Qué clase de guardianes son ustedes dos, eh? ¡Permitiendo que cualquier maldito demonio de pacotilla se acerque de esa forma a él! ¡Se supone que son ángeles con un carajo, algo deberían poder hacer para ayudarle! – soltó furioso, el color de su piel se había tornado de un rojo intenso ante la impotencia que le invadía, pues él se culpaba también por ese hecho, pensando en que tal vez debió reforzar los hechizos cuando pudo en lugar de posponerlo porque estaba cansado.
- Por el momento no podemos hacer nada. – la voz de Liam era tranquila, casi como si aceptara el reclamo de Bobby por su descuido. – Lucifer no conseguirá dañarlo físicamente si es lo que te preocupa. Pero por ahora solo podemos esperar a que le libere.
Un suspiro de resignación y derrota escapo de sus labios, mientras pasaba su mano por los cabellos rubios del cazador, añorando ver sus ojos verdes. Bobby observo el gesto y no pudo evitar sentir pena por la carga que tenían que soportar ambos jóvenes.
- Físicamente no me preocupe, Dean es fuerte y se recuperaría de eso. Lo que me preocupa es lo que le pueda causar a nivel emocional. Ese cabezota es más frágil de lo que aparenta.
- Lo sé Bobby, pero estaremos aquí para cuidar que no se derrumbe. – el serafín le dedico una ligera sonrisa.
- Se acercan. – la voz de Castiel denotaba preocupación, llamando la atención de ambos hombres.
- ¿Quiénes? – pregunto el cazador poniéndose rígido de repente.
- Ángeles. – completo Liam.
- ¿Me lleva…? – dijo exasperado Bobby.
- Michael y Raphael vienen con ellos. Y no vienen precisamente a platicar. – Castiel rápidamente se acerco a Bobby. – Lleva a Dean al cuarto de pánico y no salgan de ahí por ningún motivo. Podrán atravesar las barreras de la casa con ayuda de Michael. Pero no podrán llegar hasta allá.
El cazador asintió, yendo hasta Dean para llevarlo al piso inferior con ayuda de Liam. Una vez en el cuarto del pánico Liam coloco un sello en la puerta con su propia sangre para asegurar que nada, ni nadie pudieran entrar o salir. Conociendo a ambos cazadores no podía correr ningún riesgo, mucho menos con el rubio en ese estado de debilidad. En un abrir y cerrar de ojos apareció al lado de su hermano quien vigilaba expectante la entrada al deshuesadero, en espera de la amenaza de los que alguna vez considero su familia.
- Ya están aquí. – su voz sonaba fría y monótona pero el dejo de tristeza se noto a pesar de ello. Castiel aun se resistía a la idea de acabar con ellos.
Liam coloco una mano sobre su hombro sonriéndole cuando este clavo su mirada azul en el. Ese simple acto infundio la confianza suficiente en su hermano para lo que estaba a punto de hacer.
- No estás solo Castiel. Recuerda eso, ya no lo estas hermano.
- Ahora lo comprendo.
El ángel hizo un amago de sonrisa y volvió a clavar su mirada hacia el frente topándose con los ojos color hielo de su hermano Michael y el rencor de Raphael.
- Que tierno, ¿No te parece Raphael? – soltó serio el arcángel de cabello rubio.
- Sinceramente me da asco, ambos se han manchado al pasar tanto tiempo entre estos humanos inmundos. – contesto su hermano escupiendo cada palabra con sumo desprecio.
- Se han corrompido y todo por culpa de mi recipiente.
- No es tuyo. – le espeto Liam.
- Claro que lo es hermano mayor. Ese es su destino.
- Su destino esta donde él lo desee y créeme no es contigo. – la voz de Liam sonaba segura e intimidante ante la mirada fría de su hermano.
- El me pertenece y vengo por él.
- Tendrás que pasar por encima de nosotros para conseguirlo. – esta vez fue Castiel quien reto a Michael.
- ¿Y que creen que puedan hacer? Son solo un ángel caído y un serafín sin poder suficiente como para acabar con una cucaracha.
- Te sorprenderías. – respondió Castiel.
De pronto un rayo cayó golpeando a uno de los ángeles a sus espaladas destruyéndolo al instante. Ambos arcángeles miraron sorprendidos el cuerpo carbonizado tras ellos, volviéndose solo para encontrarse con la sonrisa burlona de Liam y el gesto triunfante de Castiel.
- ¿Decías que solo una cucaracha, no? – soltó Liam levantando una ceja de forma altanera. – No pasaras Michael, te voy a detener aunque tenga que matarte en el proceso. – esta vez su tono era serio enmarcando la amenaza.
- No tienes el poder. – siseo el arcángel.
- Ya lo veremos. – respondió dando un paso al frente. Pero la mano de Castiel sobre su pecho le detuvo, mientras le observaba. No hizo falta mucho para que Liam comprendiera lo que Castiel deseaba. - ¿Estás seguro?
Castiel solo asintió, ante ello Liam retrocedió el paso que había dado.
- Entonces hazlo.
- No te preocupes. – le contesto al observar la preocupación insipiente en su mirada color miel. La risa de Michael se hizo escuchar.
- Ahora dejas a los niños meterse en asuntos de adultos.
- No me subestimes Michael, ya no soy el mismo ángel que conociste.
- Lo sé Castiel y es por eso que te estoy previniendo. Antes eras un rival digno de mi, pero ahora solo eres una piedra en el camino y cuando termine contigo, no habrá poder humano o celestial que te devuelva a la vida. – amenazo con los ojos brillantes a causa de su imponente gracia. – Raphael, treme a Dean Winchester. – ordeno a su hermano.
- ¡Ya lo oyeron! – grito y los ángeles restantes le siguieron hacia la casa del cazador.
Pero el serafín se interpuso en su camino deteniendo su avance. Su expresión dura era intimidante y aquella aura que le rodeaba solo aumentaba la incertidumbre en aquellos que seguían al arcángel de piel oscura. Raphael trago saliva ante la imagen que le resultaba a falta de otra palabra aterradora, jamás en toda su existencia había contemplado la idea de enfrentar a alguien tan poderoso como Liam, aun que este no tuviera sus poderes a plenitud. Pero a pesar de ello logro hablar con el tono más frio y despectivo que le salió.
- Apártate. – amenazo.
- ¿O si no, qué? – reto con la mirada fija en la oscuridad de los ojos de Raphael.
- Pasaremos encima de ti. – respondió señalando con la cabeza al sequito de ángeles que le acompañaba. Liam se limito a sonreír, desconcertando a su hermano.
- Se atreven a levantar su mano en mi contra. – no era una pregunta, el tono fiero de su voz hizo temblar a todos los ángeles presentes. Incluso Michael giro su mirada ante aquel tono de autoridad y poder. – A caso no recuerdan lo que paso la última vez que uno de ustedes hozo revelarse contra alguien que estaba por encima de sus cabezas. Ya olvidaron las consecuencias de eso.
- Eso es distinto no lo compares. – una voz entre los ángeles se hizo escuchar.
- Alariel, tienes razón no es lo mismo. – respondió reconociendo al ángel de cabellos castaños tras Raphael. – Pero lo que hacen no es lo que nuestro padre hubiera querido, a pesar de estar lleno de errores, jamás nos obligo a hacer algo que no deseáramos, no era un tirano. Y lo que Michael está haciendo es forzar fuerzas que están más allá de su comprensión.
- Debemos hacerlo para detener el apocalipsis. – dijo en voz baja.
- Mira a tu alrededor, recuerda lo que paso en ese campo, recuerda lo que has hecho en la tierra desde que esto comenzó. Ustedes no están deteniendo el apocalipsis, ustedes lo están causando en esta estúpida cacería de los recipientes. Cada batalla que han librado en contra de sus propios hermanos, contra cada demonio y sobre todo contra ustedes mismo ha desencadenado el fin.
- No sabes de lo que hablas, esto es por un bien mayor. – le acoto Raphael.
- ¿Qué bien puede ser ese Raphael? La muerte de inocentes a causa de una batalla sin sentido entre Lucifer y Michael. Creí que eras más inteligente que eso. – Liam les miro compadeciéndolos. – No me obliguen a hacer algo que no quiero.
Raphael contrajo su rostro en una expresión de ira y odio ante aquellas palabras y en un siseo ordeno a los ángeles atacar. Pero ninguno movió un musculo.
- ¡No me oyeron, Ataquen! – grito furioso, pero igual que la vez anterior nadie se movió.
En lugar de eso los ángeles abandonaron los cuerpos que ocupaban volviendo a los cielos guiados por un camino de luz. Solo Alariel se quedo atrás, mostrando su resplandor celestial ante Liam.
- Lo siento hermano. – susurro las palabras con su voz angelical rota por el arrepentimiento y la tristeza. Para después ascender siguiendo a los demás ángeles.
- Cobardes. – siseo Raphael mientras observaba como los ángeles le abandonaban.
Liam estaba a punto de rebatir aquello cuando una intensa luz llamo su atención. Se trataba de la gracia de Michael golpeando con violencia Castiel con un rayo blanco que emanaba de su mano. Quería intervenir en aquello e iba hacerlo pero la mirada que el ángel de cabello negro le dedico lo detuvo manteniéndolo en su sitio.
- Ríndete Castiel, no podrás siquiera tocarme. – dijo con monotonía en la voz el arcángel.
- No me subestimes Michael, ya te lo he dicho. – instantes después el ángel apareció tras su hermano lanzándolo contra la barda de la casa.
El choque no solo provoco que la madera se rompiera como si de papel se tratara, sino que el hechizo que había en ella reaccionara ante el contacto con Michael, creando una ligera explosión que lo dejo aturdido por unos segundos. Segundos que Castiel aprovecho para sacar su espada y colocarla en el cuello de su hermano.
Michael sentía el frio metal contra su piel sin embargo no sentía miedo. De hecho se sentía con la victoria en sus manos en ese momento. Clavo sus ojos azules en los de Castiel quien le miraba con intensidad y pena.
- No tienes el valor Castiel, no eres capaz de matar a sangre fría. Eres demasiado bueno para hacerlo.
Castiel desvió un momento su mirada, su rostro se ensombreció ante aquellas palabras. Michael tenía razón, nunca había sido capaz de matar de esa manera. Las veces que había sucedido era en defensa propia, casi siempre por qué no tenía otra alternativa más que hacerlo y sin embargo siempre se sentía mal por ello. Castigándose por no haber podido encontrar otra manera, por no haber sabido llegar a sus hermanos mediante sus palabras, mediante su cariño y amor por ellos.
- El será mío. – las palabras de Michael lo sacaron de sus pensamientos. – Y ni tú, ni el podrán evitarlo, su cuerpo me pertenece y hoy será el día en que cumpla su destino, quiera o no.
Una onda de energía lo lanzo lejos, haciendo que soltara su espada. Ni siquiera llego a tocar el suelo cuando Michael le tomo por el cuello hasta el punto de casi romperlo. Era cierto, no tenía nada que hacer ante el poder abrumador de un arcángel y mucho menos ante el líder de la armada celestial. El soberano de los cielos.
- Todos ellos Castiel, todos aquellos a quienes mataste, con cuya sangre manchaste tus manos te esperan. Deseando poder vengarse por lo que les has hecho, por haberles traicionado cuando más te necesitaban. Porque eso fue lo que hiciste hermanito, nos dejaste por unos humanos inmundos. – siseo lo ultimo con odio.
El rostro de Castiel estaba rojo por la presión que aplicaba Michael, sus ojos estaban vidriosos por las lágrimas. Las palabras de su hermano le habían herido, haciéndole sentir débil y sucio. El era un traidor, pero cuando estaba a punto de dejarse caer en la oscuridad. La imagen de Dean apareció en su mente, manteniéndolo cerca, aferrándolo a la vida. Ya que Dean nunca le había abandonado.
Ni él, ni Sam le habían dejado solo. Cada vez que aparecía ante ellos después de haber cegado la vida de un ángel, ellos le brindaban su apoyo y le decían que todo estaría bien, que no era su culpa. El no tenia culpa alguna de las decisiones que tomaron sus hermanos.
Y si ellos no le habían abandonado cuando todos los demás lo habían hecho, el no iba a abandonarles cuando más lo necesitaban, pero el agarre de Michael era demasiado poderoso.
- ¡CASSSS! – escucho una voz a lo lejos, una voz que le parecía lejana pero muy familiar, una voz que reconoció en medio de la oscuridad.
Su cuerpo reacciono por si solo antes de que su mente llegara a comprenderlo del todo, cuando se dio cuenta estaba frente a Michael libre se agarre. Su gracia brillaba con intensidad bajo su piel, rodeándolo de un halo color plata. Michael le veía sin poder creer lo que sucedía. La luz plateada que le rodeaba lentamente tomo la forma de dos grandes alas en su espalda, dándole una apariencia imponente y por demás poderosa.
En un ataque de furia y desesperación se abalanzo contra su hermano, solo para encontrar en sus brazos la muerte, rodeado de la calidez del amor que Castiel aun sentía por él. Solo hasta ese momento comprendió lo que Castiel sentía por ellos, la bastedad de aquel sentimiento que superaba por mucho su propio poder.
- Perdóname… - susurro en los brazos de Castiel, mientras su sangre caía sobre su cuerpo, fundiéndose con él.
Las lagrimas del ángel caían sobre su rostro, apenado, triste, pero orgulloso por haber hecho recapacitar a su hermano, aun que fuera en el último momento.
Michael sentía como la vida escapaba de su cuerpo, al igual que su gracia se apagaba con lentitud. Fue entonces que se arrepintió de haber dado la espalda a Lucifer, tal vez el hubiera conseguido que su hermano recapacitara, no por nada era quien más lo amaba, lo amaba incluso más que a su padre.
Tal vez, solo tal vez si no hubiera sido tan orgulloso, aun seguirían juntos y nada de eso hubiera pasado, evitando el dolor y la pena.
Con su último aliento susurro un "lo siento", que fue llevado por el viento. Una luz caía del cielo, señalando al nuevo líder del cielo. Aquel que amaba a todos por igual, el ángel que siempre velaría por su tranquilidad y felicidad. Castiel.
El ángel de ojos azules, miraba la paz en el rostro de su hermano. Paz que no había visto en él desde hacía ya demasiado tiempo. Castiel sabía que era inútil buscar al dueño de aquella voz que le dio la fuerza para continuar en su peor momento, puesto que Dean seguía sumido en ese profundo sueño del que no habían conseguido liberarlo. Pero tenía la certeza que fue la fuerza de su alma la que le ato a la vida, la que le llamo a su lado.
Un viento cálido acaricio el rostro impasible del rey de los infiernos, calidez que se expandió por todo su cuerpo reconfortándolo. Rápidamente se deshizo de aquel sentimiento. El susurro que acompañaba ese aire murió en su piel.
- Ya es muy tarde. – fue su respuesta, dándole la espalda a todo aquello volviendo al interior de lo que era su residencia en la tierra.
Lejos de él, unos ojos verdes se abrieron repentinamente, llenos de miedo, resignación y determinación.
Continuara…
