Los personajes de Percy Jackson no me pertenecen, solo juego con ellos.
Capítulo 20: La Muerte es siempre más amable que El Amor.
Nico se despidió de Tanatos. El dios de la muerte siempre le había caído bien, era muy simpático. Cuando el inmortal se hubo ido, fue a la cabaña 13. A esas horas todos habían vuelto a sus actividades, pero sabía que alguien no: Hazel, que se había escondido para evitar que el Cegador de Almas la viera y se le ocurriera llevársela al Inframundo.
Ridículo. Ya habían pasado dos años y no habían ido a buscarla, dudaba mucho que Tanatos quisiera llevársela en ese momento. Los miedos de su hermana eran infundados. Hades lo había permitido; Nico suponía que era por la temprana muerte de la muchacha y que aún no había cumplido su objetivo en la vida, sea cual fuere.
Toco la puerta de la cabaña, sintiéndose extraño por llamar a la puerta de su propia cabina. Hazel abrió la puerta, apenas una rendija. Cuando lo vio, abrió completamente.
-Tanatos ya partió. Puedes estar tranquila- le dijo, con algo de aburrimiento.
-¿Seguro?
-Completamente.
-Bien.
Hazel salió con más tranquilidad. Nico se preocupó un poco, ella era una hija del dios del Inframundo, en su vida se encontraría con muchas cosas provenientes de allí. No podía esconderse todo el tiempo. Tarde o temprano tendría que afrontarlo.
Percy había estado cerca de dos horas nadando en el lago luego del almuerzo. Como de costumbre salió seco, y camino hacia el campamento.
Se topó con varios campistas en su camino, todos actuando extraño. Estaban o muy rojos o muy pálidos; los chicos evitaban a las chicas y viceversa. Las ninfas y los sátiros estaban igual. Algunas chicas discutían a gritos y chicos que había visto tratarse como uña y mugre se miraban con ira y rencor. No entendía nada.
Sus amigos no estaban siendo la excepción.
A los primeros que vio fue a los hermanos Stoll, ellos lucían especialmente avergonzados. Clarisse farfullaba entre dientes roja como un tomate, pero no parecía un rojo de furia; algunos hijos de Afrodita parecían tristes, unos molestos, otros avergonzados. Chris parecía confundido, viendo a Clarisse pasar junto a el ignorándolo olímpicamente.
Finalmente vio a Thalia, Annabeth y Rachel. Estaban cerca de la cueva de la pelirroja y parecía estar teniendo una discusión muy acalorada. Los helados ojos de Thalia atravesaban a Annabeth como dagas; la rubia estaba sonrosada reclamándole a Rachel, y la última solo podía describirse como nerviosa mirando de una chica a la otra.
Empezó a caminar en su dirección cuando un camión de carga de pezuñas y cabello rubio lo arrollo, empujándolo a unos arbustos. Grover y Luke lo miraban con reproche.
-¡Estás loco!- regaño Grover.
-Si vas allá te mataran- Luke miraba entre los arbustos, con cautela- están discutiendo y tú eres uno de los temas. Tienes suerte de que te halláramos antes que ellas.
Percy se sentó y los observo confundido. ¿A que venían sus actitudes? ¿Por qué ellas discutían? ¿Por qué todos actuaban tan raro? Luke pareció entender su mirada y susurro:
-Eros a estado por allí divirtiéndose a nuestra costa.
Leo paseaba con tranquilidad por el bosque, las criaturas que allí habitaban no le preocupaban, prendiéndose fuego solía hacerlos reconsiderar la idea de atacarlo, y si eran lo suficientemente estúpidos para ignorar esto, aún tenía su cinturón de herramientas, podía hacer cosas muy coloridas y explosivas con lo que allí guardaba.
Volvía del Bunker 9. Por allí le habían informado que esa noche Quirón iría al Olimpo por quien-sabe-que-asunto-con-los-dioses y mañana en la noche celebrarían el cumpleaños de su querido amigo Jason; a él le habían encargado construir el mejor equipo de sonido posible, de lo demás se encargaría Thalia, la organizadora. Contaban plenamente con la colaboración de los gemelos Polux y Castor, hijos del dios más fiestero. Ellos aseguraban que no había que preocuparse por Dionisio, que él estaría feliz de romper un par de reglas si era por una bueno fiesta.
Pero tenía que ser LA FIESTA.
Leo estaba indeciso en una gran cuestión, ¿invitar o no invitar a Calipso a que fuera a la fiesta con él? Esta no era el tipo de celebración en la que necesitas un acompañante, pero la idea de ver a Calipso coqueteando o incluso hablando con otros chicos, hacía que prendiera en fuego su camiseta sin darse cuenta. Él no era idiota y era sumamente honesto consigo mismo; si, le gustaba Calipso; y si, estaba un 87% seguro de que ella sentía algo por él.
Entonces, en su camino se topó con un par de legionarios: Hazel y Frank. Los romanos habían estado conversando y riendo antes de verlo; ella estaba algo sonrojada y el asiático sonreía de oreja a oreja, pero ambos se habían quedado quietos y en silencio al verlo. Frank le dirigió un corto saludo, pero la hija de Plutón estaba estática, un poco pálida y con los ojos fijos en él. No era la primera vez que se comportaba así, pero eso no lo hacía menos extraño para Leo.
-No, no, no, pequeña Hazel- dijo una voz entre las sombras de los arboles- no está bien que mires así al fantasma de tu ex frente a tu actual. Es de mala educación.
-¿Ex?- cuestionaron los dos muchachos a la voz incorpórea. Miraron a Hazel- ¿ex?
-No sabes de lo que estás hablando- contesto ella a la voz, con algo de inseguridad.
Se escuchó una risa suave, musical, pero con una nota de burla y crueldad. Quien sea que les hablara no tenía nada bueno que decirles, o no lo diría con buena intensión.
-¿Quién eres?- pregunto Frank.
-Yo soy el amor-evadió, con enigmática voz, el hombre que les hablaba desde las sombras- y con el amor viene la honestidad, la sinceridad, con uno mismo y la persona amada. También soy la verdad, puedo probarlo…
-No es tu asunto- interrumpió Hazel con un gruñido, pero la voz ya había metido cizaña.
-¿Qué verdad?- pregunto Zhang- Hazel, ¿hay algo que me estas escondiendo?
Leo sabía que nada de lo que estaba sucediendo podía ser bueno, menos si lo involucraban a él en los problemas de dos personas que se gustaban y el apenas conocía.
-Por supuesto que te esconde algo- respondió la voz en su lugar, como si el chico fuera tonto- pero ella no quiere que te enteres que alguna vez estuvo muerta, que la sacaron de los Campos de Asfódelos donde paso los últimos 70 años, y que se siente atraída hacia este hijo de Hefestos porque le recuerda a su primer amor. ¿Cómo se llamaba? Sammy, ¿no?, y no tienes por qué enterarte tampoco. Después de todo, son asuntos de Hazel.
El latino estaba en shock al escuchar todo eso, no pensaba que fuera verdad lo que decía ese sujeto invisible. ¿Él le gustaba a Hazel? Bueno, ella si le había parecido atractiva la primera vez que la vio, pero eran evidentes los sentimientos que la chica y Frank compartían, nunca fue una opción. Suponía que esta información seria para el asiático, el dueño de esa voz era un imbécil.
Miro a Hazel. Las lágrimas surcaban su rostro, mojando su camiseta. El agradable momento que ella y Frank probablemente habían estado pasando había quedado olvidado. La morena no la resistió mas, dio media vuelta y corrió lejos de allí. Zhang le pisaba los talones.
-Leo Valdez…
-No te molestes- le corto el chico, de un considerable mal humor- sí, me gusta Calipso; si, ella está fuera de mi liga y si, probablemente me rechace. ¿Algo más que agregar?- no le respondieron- bien, hasta luego.
Annabeth no estaba segura de porque discutía con sus amigas pero no podía detenerse. Estaba molesta, tenía una irritante sensación en el pecho y una niebla bloqueaba su mente. Estaba celosa, como nunca antes de había estado y no entendía por qué.
Había tenido una corta conversación con Eros, a quien se había topado por casualidad, y el había mencionado algo muy interesante; a su amiga Rachel Elizabeth Dare le había gustado Percy. Su mente repetía una y otra vez el "había", pero su lado irracional solo recordaba lo demás. Y en cuento vio a la pelirroja, no pudo contenerse de reclamárselo. No tenía ningún derecho a hacerlo, mas no pudo detenerse.
Entonces llego Thalia a reclamarle a ella, sobre por qué no le había dicho que le gustaba Luke. Eso la había descolocado completamente, nunca se lo fuera esperado; y Thalia parecía mucho más molesta por el asunto que la misma Annabeth.
Rachel había quedado en segundo plano para este momento, pero no la dejaron retirarse. En cambio, tenía que presencia la discusión entre Thalia y Annabeth hasta que alguna de ellas obtuviera la razón.
Sería un día largo.
Nico de verdad había pensado que esa etapa de su vida había quedado en el pasado, enterrada mucho tiempo atrás. Pero, por lo que parecía, las cosas nunca eran tan sencillas. No para él.
Un simple corte en el brazo durante un entrenamiento se había convertido en un "¿Sabías que… sobre Nico di Angelo? ", gracias a una mal intencionada visita del dios Eros.
El sujeto los había visto, a él y a Hope, tan contentos conversando que no pudo evitar meterse. Cupido no se conformó con avergonzarlo, diciendo cosas como, "¿sabías que aún conserva su colección de cartas de Mitomagia?" o "Nico duerme en boxes de calaveritas cuando esta solo". No. Metió directamente el dedo en la llaga.
-Zeus quiso matarlo en una ocasión- dijo el dios a la chica, muy casualmente- en esa época, el, Hades y Poseidón, había prometido no tener más hijos semidioses porque eran muy peligrosos, pero Hades lo escondió en un hotel en Las Vegas junto con su hermana Bianca y allí pasaron… ¿Cuánto? ¿70 años? Hasta que todo fue seguro y los metieron en un internado.
-¿Qué?- balbuceo Hope, sin poder evitarlo- ¿70 años? ¡Pero si Nico parece de 16!
Ella lo miro, esperando que el azabache lo negara y dijera que todo era una absurda broma, pero Nico no pudo ni abrir la boca. El dios lo vio como luz verde y siguió hablando; eran cosas de las que Nico no solía hablar, no eran tan importantes para que la hija de Apolo se enterara. Hasta que el rubio comento:
-Oh, sí, ¿y sabias que tiene un enamoramiento por el chico de Poseidón?
Hope soltó una carcajada que resonó en toda la sala.
-Ah- suspiro, sonriendo- buen chiste.
La reacción había tranquilizado al hijo de Hades al principio, ya que ella no lo creía, pero entonces miro a Eros. Este tenía una cara seria y mirada impenetrable.
-¿Crees que miento?- susurro, sin dudas ofendido- soy el dios del amor, no miento sobre estas cosas. He escuchado que eres una pequeña detectora de mentiras, ¿Por qué no le preguntas a tu querido Nico?
Ella lo miro. Sus ojos azules brillando interrogativos. El quería decirle la verdad: que si, que hubo un tiempo en el que él tuvo ciertos sentimientos hacia Percy, pero que no, ya no los tenía. Que lo había superado y que ahora le gustaba otra persona. Ella.
Sus pensamientos eran un revoltijo de ideas y, al no responder, Hope mal interpreto su silencio.
-Me fuera gustado estar al tanto desde el principio- dijo la muchacha, tratando de sonar dura- tengo clases de arquería. Hasta luego.
-Oh, yo también tengo que irme- Eros sonrió- te acompaño hasta la salida.
Solo la aparición de Quirón distrajo a Annabeth y Thalia de su discusión.
Grover había intentado diferentes cosas para llamar su atención. Empezó con pedirles clases de auto defensa para sátiros hasta decir que unos monstruos atacaban el campamento. Nada había funcionado.
El centauro simplemente había aparecido y dicho "Hola", cuando ellas lo miraron y sonrieron como si nada. Quirón les encargo mantener el orden en el campamento y que el llegaría el lunes para la siguiente prueba. Ellas asintieron, le aseguraron que todo estaría bien durante su ausencia y luego se fue.
En cuanto el director del campamento había desaparecido de su campo de visión, ellas se fulminaron con la mirada y se alejaron.
Frank no encontró a Hazel hasta entrada la tarde, cuando el sol ya caía en el horizonte y teñía todo de Luz naranja. La morena estaba en los establos, acariciándole las alas a un pegaso negro; el único que permitía que ella se acercase.
Cuando lo vio, Hazel intento escabullirse, pero la tomo por los hombros, y la empujo con delicadeza para que se sentara en un cubo de heno.
-Habla conmigo, Hazel- pidió el, en un susurro- sabes que puedes confiar en mí.
La miro a los ojos, esperando que ella viera su sinceridad, que supiera que era verdad que no la juzgaría, que se preocupaba por ella. Entonces, ella estallo, como si no pudiera resistirlo más, derramando un afluente de palabras.
-Leo no me gusta. Es mentira. Si, al principio pensé que era Sammy y quise acercarme, pero pronto me di cuenta que no era así. Estaba confundida. Leo es idéntico, pero no es Sammy. Sammy era alguien muy importante para mí, y ahora es un lindo recuerdo. Eres tu quien me gusta…
Se calló abruptamente con la última frase. Frank había escuchado lo suficiente para entender lo más importante: ya no le gustaba Sammy, no le gustaba Leo, le gustaba el. Era eso lo que más le interesaba saber y estaba feliz con la respuesta. Solo quedaba una minucia.
-¿Cómo es eso de que estabas… muerta?- pregunto cuidadosamente.
-Lo estaba- Frank trato de ponerse cómodo en el heno, pero no resulto. Se acomodó en el piso para escuchar atentamente- yo nací en los años 30, en Nueva Orleans. Y allí fallecí, junto mi madre, durante un accidente de auto. Pase la última mitad del siglo en los Campos de Asfódelos, viendo marchar a las almas en filas para la eternidad- al asiático le era difícil imaginarse todo- no se supone que estuviera consciente. Cuando eres sentenciado a los Asfódelos olvidad todo, pasas la eternidad vagando sin saber quién eres, buscando consuelo por tus memorias perdidas. No me sucedió.
-Tal vez por ser hija de Plutón- acoto el chico.
-Tal vez- ella estuvo de acuerdo- hace un par de años Nico me encontró y me saco de allí, dijo que era orden de nuestro padre. Entonces me llevo al Campamento Júpiter. Creo que se hizo pasar como embajador de Pluton para estar más cerca de mí y cuidarme.
Se quedaron allí. Callados. Hasta los pegasos guardaron silencio. Entonces ella lo tomo de la mano y lo miro, insegura.
-¿Estas bien?
-Tu hermano me da miedo- respondió el finalmente- resulta que cuando yo muera el podrá ir al Inframundo y visitarme como si nada… Wao.
Ella sonrió, mucho más tranquila. Si Frank estaba bien con todo lo que le conto, ¿Por qué debería seguir molestándole a ella?
