Capítulo 20.
¿Y así es como el León se enamoró de la Oveja?
El lugar ya casi vacío, que había servido como camerino para las decenas de adolescentes que habían aceptado participar en el concierto, olía a sudor, cigarro y un poco de hierba. Isabella terminaba de acomodar la guitarra dentro de su funda cuando él se acercó, tomándola del brazo.
-¿Qué quieres?
-Hablar contigo.
Edward no se dio cuenta de que Alice, Emmett y Tanya le habían seguido hasta que dio media vuelta para salir. La verdad es que muy poco le importó. Al único que prestó un poco de atención fue a Jasper. ¿Impediría que se la llevara? Una parte de él deseaba que lo hiciera. Que se plantara en frente y lo retara. Tenía tantos deseos de golpearlo. Era un anhelo enfermo, desquiciado, cruel, infantil, pero sobre todo, injustificable. Por eso mismo necesitaba una buena excusa...
Apretó el paso cuando se descubrió nuevamente teniendo tan malos pensamientos. Sus zancadas eran tan grandes que, por cada una de ellas, Isabella tenía que dar dos al mismo tiempo que forcejeaba para poder liberarse.
Finalmente llegaron a una parte lejana de aquel descuidado parque. A lo lejos se podía escuchar a una de las últimas bandas que alegraban el concierto.
-Hemos "hablado" mucho por el día de hoy, ¿no crees? - insinuó Bella, aún un poco agitada por la forzada caminata. - Dejemos lo que me tengas que decir para mañana. Tengo que llegar rápido a casa para evitar algunos problemas.
-¿No quieres que Jasper sepa de lo que eres capaz? - Edward la sujetó por la muñeca con firmeza, pero sin lastimarla.
-No quiero que él y Alice tengan otra discusión por mi culpa.
-Ahora resulta – rió el príncipe con amargo sarcasmo.
-¿Se puede saber cuál es tu problema?
-Dijiste que odiabas a las dobles caras, pero tú has resultado ser una de ellas. Qué irónico.
La castaña se detuvo un momento para encontrar una explicación a los reclamos del príncipe. No fue difícil acertar.
-Nos viste. Viste cuando lo besé. ¿Qué hacías...? ¿No se supone que, tanto entonces como ahora, deberías estar con Tanya?
-En este mundo se suponen muchas cosas, ¿no crees?
-Piensa lo que quieras – intentó marcharse, pero el príncipe lo impidió.
-Falsa.
-¿Y qué si lo soy? - siseó – Soy una mala persona, nunca lo he negado. No sé por qué te cuesta tanto aceptarlo. Sé lo que hice. Sé que besé a Jasper aun sabiendo que Alice y él se quieren. Aun sabiendo que él no siente nada por mí. Aun cuando fui yo quien insistí para que Alice aceptara sus sentimientos por él... ¿Pero qué derecho tienes tú de reclamarme cuando...? - Cuando ha sido gracias a ti que he estado tan alterada.
-¿Cuándo qué?
-Eres un idiota. - dio media vuelta y comenzó a caminar.
-¿Eso es todo? - Edward la siguió sin mucha dificultad - ¿No puedes hacer nada más que ofender cuando no hallas una respuesta?
-¿Por qué metes tus narices en todo lo que hago? -frenó por su propia cuenta, sin alzar la voz, pero con la mirada encendida - ¿No te basta con que has puesto mi vida de cabeza desde que tuve la mala suerte de encontrarme contigo?
-¿Qué dijo Jasper? ¿Cuál ha sido su respuesta?
-¿Qué te importa? - Demasiado. Mucho importaba, como ni ella ni él mismo podían imaginarlo.
-Una amiga podría salir lastimada gracias a ustedes.
¡Qué gran y bárbara mentira! ¿Hasta cuándo pararía esto? ¿Hasta qué límites llegaría su malvado y egoísta ser? ¿Preocupado por Alice? Hasta entonces no se le había cruzado por la cabeza ni siquiera tal nombre. Jamás creyó poder ser tan buen farsante. Lo peor es que, a pesar de saber la magnitud de su mendacidad, eso no impedía que siguiera con ella. Quería, precisaba de una respuesta. Eso era lo que estaba por encima de todo.
-¿Crees que si hubiera sabido que tenía la más remota posibilidad con Jasper, hubiera renunciado a que Alice y tú se casaran? No soy una sacrificada. Si hubiera tenido la más mínima esperanza con él, hubiera seguido con mi plan para que ustedes se enamoraran y se fueran de aquí, jamás le hubiera mencionado a Alice la posibilidad de que se había enamorado de Jasper, incluso hubiera utilizado a María para que, las pocas o muchas dudas que hubiera podido tener, se esfumaran por completo y aceptara ser tu esposa de una vez por todas. Hubiera hecho eso y más, pero no soy tonta, ni ciega, tampoco soy tan patética. Su respuesta no fue otra que la que yo siempre supe me daría si le confesaba mis sentimientos. Siempre, siempre lo supe. No hubo segundo alguno, ni aún mientras lo besaba, que albergara la esperanza de que él me correspondiera. Así que no te preocupes, yo, mejor que nadie, te puede decir que, aunque él no se haya dado cuenta aún, está enamorado de Alice. Y en caso de que no fuera así, de todas formas, él no me mira más que como a una pequeña hermana. – lo miró a los ojos. El príncipe no había dicho ni una palabra, se había limitado a escuchar en silencio con una expresión que ella no podía descifrar - ¿Su majestad está tranquilo ahora? ¿Me puedo marchar?
Obviamente, no iba a esperar por una respuesta. Así que se volvió para irse. Acababa de dar dos pasos, cuando la misma mano que la había arrastrado a ese lugar, la misma mano que comenzaba a resultar demasiado familiar, demasiado electrizante, le hizo retroceder. Y de pronto se vio envuelta por una calidez nueva, curativa. Le tomó un par de segundos darse cuenta que se hallaba entre los brazos del príncipe y que aquel aroma sutil, natural, auténtico, emanaba de él.
-¿Duele? - preguntó Edward, con voz suave -Apuesto a que sí. Es difícil verte así. No me gusta. Me pregunto por qué será.
Bella intentó decir muchas cosas, aclarar que, por muy extraño que pareciera, el asunto con Jasper no estaba causando ningún estrago dentro sus emociones, que eso, en comparación a lo que estaba sintiendo mientras estaba entre sus brazos, la conmoción de frío y calor al mismo tiempo, era algo demasiado débil, casi inexistente. Pero la voz no le salía, y por mucho que se dijo a sí misma que se alejara, lo único que su cuerpo pudo hacer fue mover y aferrar sus manos a la playera del príncipe.
..
..
-¿Qué les pasa a estos dos? - preguntó Emmett en voz alta, con declarada frustración.
-¿Es que acaso no pueden estar un sólo segundo sin pelear? - agregó Rose.
-Y mira quienes lo dicen – susurraron Alice y Jasper al mismo tiempo, haciendo que sus miradas se encontraran y apartaran en menos de un segundo.
-¿Por qué no vamos a buscarlos? - propuso Tanya.
-Me parece buena idea -accedió Emmett.
-Necesitarán más que un par de brazos para poder controlarlos. Voy con ustedes – se apuntó Rose, aunque había un par de razones más por las que quería ir. - Jasper, aún no hemos terminado de ordenar los instrumentos, ¿te encargas de eso?
-_Yo lo hago – accedió su hermano. La rubia sonrió para sus adentros y en seguida añadió:
-Que Alice se quede contigo. Regresamos en un momento.
La princesa y el muchacho apenas y vieron como el resto desaparecía tras la puerta. Apenas y tuvieron tiempo de asimilar que los habían dejado solos.
Alice buscó de inmediato una distracción. Comenzó a recoger los cables de los instrumentos y a trenzarlos para guardarlos. Era una tarea laboriosa, la cual exigía mantener los ojos puestos en otra cosa que no fuera Jasper. Y es que con todo lo que le había dicho la noche pasada, resulta vergonzoso tenerlo cerca.
Jasper notó aquel distanciamiento que no lograba comprender.
-Permíteme que te ayude. - Realizó su primer intento por aclarar las cosas.
-Gracias, puedo sola – lo esquivó la princesita.
-Alice – insistió él, con suavidad – ¿Por qué no quieres que me acerque a ti?
La pequeña permaneció quieta y en silencio durante tres segundos, luego dio tres pasos y, finalmente, lo encaró, poniéndose de puntitas para apenas y lograr que su frente estuviera a la altura de la barbilla de su acompañante. Resultaba un poco graciosa, como un conejito que estira lo más que puede sus orejas.
-Ahora estamos cerca.
Jasper parpadeó, aquello no se lo esperaba. Y sí, efectivamente, estaban cerca, demasiado, que ni uno ni otro sabían qué hacer.
Las mejillas de Alice estaban encendidas, pero no dejaría que la timidez la vencieran una vez más.
-¿Podrías olvidar lo que te dije ayer? - pidió, esforzándose para que los nervios no debilitaran su voz ni le hicieran bajar la mirada – Estaba muy molesta. No pensaba con claridad.
-¿H... hice algo que te ofendiera? - tartamudeó el rubio – Si es así, te ofrezco mis disculpas.
-¿Realmente quieres saber mis motivos?
Él asintió. Sí, quería saber todo lo que Alice pensaba, todo, porque, si en algún momento creyó que le agradaba lo que poco que llegó a conocerla, ahora, con esa modesta e inocente rebeldía revelada, no sabía cómo explicarse... podía decirse que le encantaba.
Las pupilas de Alice adquirieron más firmeza. Se lo diría, le diría que lo quería, y que no se iba a conformar con un amor unilateral, que él debía hacerse responsable por asaltar su ingenuo corazón.
Entreabrió los labios, empuñó las manos. Vence a la timidez, se repitió, vence a la timidez...
-¿Chicos? - se oyó una voz detrás. El valor de la princesa dio un estirón.
Un hombre muy delgado, de aproximadamente treinta y cinco años, de largo cabello negro y ropas rockeras se acercó.
-¡Qué bien que los encuentro! ¿Dónde está el resto?
-Intentando resolver algunos problemas – respondió Jasper.
-Bueno, da igual. Sólo quería entregarles esto como agradecimiento por acompañarnos hoy. Estuvieron espectaculares.
El rubio tomó la tira de boletos.
-¿Montañas Rocosas de Colorado?
-¿Divertido, no? A tu chica le gustará. - señaló alegremente a Alice.
Ambos se pusieron rojos como jitomates y, aunque intentaron aclarar las cosas, no pudieron. El agradable hombre se marchó sin más, dejándolos nuevamente solos.
Tuvo que pasar un par de segundos más para que Jasper rompiera el silencio.
-Parece que iremos a esquiar el fin de semana.
-¿Esquiar?
-¿Cómo te explico? Prácticamente, es deslizarse por la nieve con ayuda de unas tablas pegadas a tus pies.
-Suena peligroso.
-Es divertido. Los demás se pondrán muy contentos al saberlo... pero antes... - su voz de repente cambió de fluidez - me gustaría... me gustaría que terminaras con...
-Cierto – comprendió Alice y, haciendo uso de todo su valor, volvió a acomodarse de puntitas para mirarle a los ojos.
Por alguna razón, Jasper dejó de respirar.
Tick-tock, tick-tock... el viejo y mal calibrado reloj de la pared pareció aumentar de tamaño dentro de la habitación. Ambos esperaban que el sonido de sus manecillas fuera lo suficientemente alto como para disipar el tamborileo de sus corazones.
-Yo... - murmuró Alice – Me...
Agitó la cabeza. No, lo que iba a decir no estaba bien. Un "me gustas" no era suficiente. Debía ser clara, precisa, pero... ¿cómo explicarse?
Vamos, dilo, como sea.
-Yo te q...
¡JASPERRR!
Un llanto desesperado, seguido de una imagen que hubiera asustado hasta el más valiente. María había aparecido de repente, con el cabello hecho un completo desastre y la expresión de una declarada maniaca.
-¡Jazz! - se aventó a los brazos del rubio. Por primera vez en su vida, Alice quiso masacrar a alguien. Se juró que para la próxima no intervendría en los planes de Bella - ¡Jazz! ¿Dónde estabas? Tenía tanto miedo.
-¡María! ¿Qué te pasó?
-Jazz – la morena no cesaba de lloriquear – Están locos. Todos. No es bueno que estés con ellos... ¡Vámonos antes de que nos vean!
¿Irse? ¡Ja! Como si ella lo fuera a permitir tan fácilmente. Que se fuera ella, por eso Alice no tenía ninguna objeción, incluso la ayudaría a preparar el equipaje, pero Jasper se quedaba.
-María, tranquilízate – indicó el rubio – No entiendo lo que dices. ¿Qué ha sucedido?
-¡Isabella! Esa... ¡Esa chica demonio y sus amigos me amordazaron de pies a cabeza y me dejaron encerrada en la casa!
-¿Hablas en serio? Vaya, realmente son un desastre.
-¡Lo que te estoy diciendo te debería de preocupar, no divertir! Incluso el perro se unió al atentado ¡No me dejaba escapar!
-¿De verdad? - terció Isabella. María palideció en cuanto la vio – ¡Qué buen chico! Por eso lo amo. Se merece un premio por hacer bien su trabajo.
-¡Loca! - gritó la morena, ocultándose tras la espalda de Jasper.
-María – dijo él – Creo que este ambiente no te sienta bien. Quizás ya sea hora de que regreses...
-Me iré únicamente si te vas conmigo...
-Ni en tus sueños – susurró Alice lo suficientemente alto para que los presentes lo escucharan. Sus manos asieron el brazo izquierdo del rubio – Él no irá a ningún lado.
-Alice tiene razón – apoyó Bella – Sola viniste, sola te irás. Si decides quedarte, lo próximo que haré será jugar "ahorcado" contigo. Sabes que no bromeo.
Maria tembló de pies a cabeza.
-Jasper... ¿vas a permitir...?
-Lo siento – el muchacho la apartó gentilmente de su lado, mientras que las manos de Alice seguían aferradas a la manga de su playera – Agradezco que te hayas tomado la molestia, pero no le encuentro motivo alguno a tu visita.
-Vine para que pudiéramos arreglar lo nuestro.
-Desde el momento en que me dijiste que tenías a alguien más, yo decidí olvidarte.
-Estaba equivocada, muy equivocada – discutió la muchacha, con lágrimas en los ojos - No pudo haber sido tan fácil ¡Estuvimos juntos por más de tres años! Aún me quieres, ¿verdad?
-No-aseguró el joven, con dolorosa suavidad.
Una parte de Alice, la parte que la representaba como una persona cariñosa, dulce y tierna, sintió pena por la chica; la otra parte, la que la transformaba en alguien malvada, egoísta, enamorada, se alegró de escuchar aquella negación.
-Vamos a casa – propuso Jasper – Te ayudaré a preparar el equipaje y luego te llevaré al aeropuerto...
-No hace falta – se opuso María – Puedo irme sola.
..
..
-Jamás creí que se rindiera tan rápido – apuntó Rose, mientras tomaba asiento en el sofá.
-Yo tampoco – confesó Bella, al mismo tiempo que hundía su mano en el espeso pelaje color ladrillo de Jake – Casi siento pena por ella. Parecía... derrotada.
-Por cierto... lo de Alice...
-Es verdad. Ella está enamorada de él.
-¿Y él?
-Parece que el sentimiento es mutuo.
-Eso quiere decir que tú...
-Yo no tengo lugar en todo esto.
-Pero...
-Sabes que mi prioridad no son los temas amorosos. Estoy bien. Te mataré si insistes en hacer más preguntas al respecto. Además – agregó - hay algo más importante de lo que hablar.
-Empieza.
-Ha pasado un mes.
-¿Un mes?
-Un mes desde que ellos llegaron.
-Oh - su amiga guardó silencio, así que continuó, jugando nerviosamente con sus dedos.
-Sé que te dije que para entonces, ya no estarían en la casa, pero, como podrás ver, las cosas no han resultado como esperaba.
-¿Y entonces? - instó Rose, con una actitud demasiado despreocupada para ser creíble. Bella intentó ponerla a prueba. Si algo fallaba, ya vería la manera de solucionarlo.
-Les diré que se vayan.
La rubia escupió el poco de café que había sorbido mientras tanto, empapando a Jake. Bella hizo nota mental de bañarlo, Jake era un can con un "ligero" problema obsesivo compulsivo. La suciedad lo enfermaba, literalmente.
-No seas tan drástica – dijo su amiga, sin mirarle a los ojos – Admito que fue difícil acostumbrarse, pero, ¿cómo los vas a correr, sin más?
-¿Sería demasiado desalmado? - insinuó
-¡Por supuesto! No pudiste decirlo mejor. Incluso la frialdad de nuestros corazones debería tener un límite. ¿Has escuchado aquella frase "Corazón completamente frío, se convierte en glaciar"?
De acuerdo, la frase no existía, tampoco tenía sentido alguno; sin embargo, ambas muchachas actuaron como si tales palabras fueran una clase de vieja letanía.
-Definitivamente, debemos dejar que se queden – aseveró Bella, cruzando los brazos sobre su pecho con una actitud demasiado sabia como para encajar en ella.
-Definitivamente, sí – convino Rose, de la misma manera – Hasta el fin.
-Sí. Dudo que se queden para siempre.
-Obviamente no. Algún día... ellos se van a enamorar... y con eso...
Se miraron a los ojos por primera vez desde que habían comenzado a charlar del tema, cayendo en la cuenta de la estupidez que estaban haciendo.
¿Por qué el interés?
De acuerdo, sí, se podría decir que ahora todos eran amigos, por eso mismo seguirían viviendo bajo el mismo techo; pero, ¿con lo último qué ocurría? ¿Por qué la sensación de vacío y miedo se había hecho presente en el ambiente? ¿Por qué Rose no había sido capaz ni de terminar de hablar y Bella estaba tan quieta, como una estatua? Había algo ahí que no encajaba, pero... ¿Qué podía ser?
..
..
¿Cuál era una de las desventajas de haber nacido como una princesa? Ser tan menuda, del aspecto de un fino duendecillo.
¿Adorable?
No, en lo absoluto. Era incómodo, sobre todo en un tiempo en el que parece que la sociedad ha evolucionado de seres humanos a árboles.
Alice refunfuñó, preguntándose porqué los platos tenían que estar tan arriba. Su cadera estaban a punto de desprenderse de sus piernas, cuando Jasper apareció de la nada y la ayudó.
Lo observó mientras limpiaba los cubiertos, preparándolos para la comida. Era tan alto y delgado. La manzana que resaltaba a la mitad de su cuello resultaba demasiada atractiva. Y aquel cabello dorado y lacio colgando hasta alcanzar sus hombros...
No había reparado en ello antes, puesto que su amabilidad, su inteligencia, su actitud serena y madura habían bastado para enamorarla, pero Jasper era un hombre demasiado apuesto.
Sintió fuego en sus mejillas y los cortes de las verduras se hicieron irregulares cuando él se giró y acomodó los platos y vasos sobre la mesa.
-Gracias.
Él sonrió en respuesta. Alice se obligó a fijar la mirada en las zanahorias.
-Sobre lo que me ibas a decir ayer... -recordó el muchacho.
Alice se enderezó en su lugar y palideció. Tuvo que dejar a un lado el cuchillo, si no quería terminar con cuatro dedos en la mano.
-¿Aún puedo saberlo?
-Con una condición – Él esperó a que continuara – Que cuentes qué es lo que pasó entre María y tú. Porqué... porqué ella lloraba tanto. Estoy segura que no fue por lo que le hicimos. Sus lágrimas no tenían ese motivo.
-María fue mi novia – accedió Jasper – La conocí en clase de literatura, a ella le gusta la poesía, es muy buena. Me enamoré de su talento al instante. Fuimos amigos un tiempo, hasta que me confesé y le pedí que aceptara ser mi novia. Estuvimos juntos un par de años, hasta que ella me dijo que se iría con sus padres al extranjero. Me pidió y acepté esperarla, las primeras vacaciones ella viajó para estar juntos, yo no podía darme el lujo de hacer lo mismo, la banda apenas se había formado, nadie nos contrataba y estábamos pagando a como podíamos nuestros estudios. Sus visitas cesaron. Creí que estaría muy ocupada, trataba de ahorrar para llamarle por teléfono cada semana y ella me respondía alegremente, por lo que me decidí a trabajar un poco más hasta que ahorré lo suficiente para ir a buscarla. Cuando llegué, ella me esperaba, acompañada de un hombre, me presentó como su amigo y a él, como su novio.
-Debió ser muy difícil.
-Puede que suene así, pero realmente no. Te mentiría si te dijera que no fue doloroso, pero fue bastante soportable. Creo que Bella y Rose se deprimieron más que yo.
-¿Cómo le hiciste?
-¿No te has dado cuenta? Hay algo que los tres tenemos en común.
-Sí, el gusto por la música.
-Aparte de eso – sonrió él. Se estiró para coger un par de cubiertos y comenzó a jugar distraídamente con ellos – Nosotros no creemos en los cuentos de hadas.
Alice respingó.
-Pero tú... la canción del hada y el mago... lo que lees... lo que escribes... Lo sabía de Bella y Rose, pero tú...
-El que no crea, no significa que no me guste. Esa es la diferencia entre nosotros. Aun así, nunca he creído en los "para siempre". Apuesto que es lo que más lastima a las parejas al terminar, el haber pensado en un momento que estarán juntos toda la vida y descubrir que, al final de cuentas, no es así. Yo, desde un principio, supe que mi relación con María terminaría tarde o temprano. Así que me ahorré esa parte.
-No estoy de acuerdo – susurró la princesita, tras escuchar.
-¿Eh?
-No estoy del todo de acuerdo con tus palabras – repitió, mirándolo a los ojos – No sé qué tanto hayan tenido que soportar ustedes tres para tener una perspectiva tan amarga de la vida, pero no todo lo que piensan es correcto. Sí, la eternidad no existe, pero hay sentimientos que son para siempre. Yo he sido testigo de ello. Mi madre murió muy joven, pero mi padre la sigue amando.
-Creo que entiendo a lo que te refieres. Es a lo que llamamos "recuerdos", ¿no?
-Los recuerdos son hermosos.
-No todos – suspiró él, en seguida sonrió – No quiero aburrirte más con mi pesimismo. Te he contado lo que me pediste y un poco más, ahora es tu turno.
Alice agachó la mirada y tragó saliva. Las dudas habían crecido en los últimos minutos. ¿Cómo tomaría Jasper la tonta declaración de una princesa? Quizá resultaba absurdo para él, pero ella lo amaba tanto que no albergaba duda alguna de que así sería para siempre.
"Nunca he creído en los para siempre".
Al parecer... aún no era el momento.
-Te lo diré después – prometió, con una sonrisa positiva – Dame un poco de tiempo.
-¿Para qué? - pidió saber Jasper.
-Necesito preparar un hechizo o puede que te asustes y salgas corriendo.
Él sonrió.
-¿Las princesas pueden hacer eso?
-Romperé algunas reglas.
-Realmente tengo curiosidad.
-Tendrás que esperar.
-Muy bien – asintió – Pero con una condición. No vuelvas a evitarme, ni a decirme que me aleje de ti.
-¿Nunca?
-Jamás.
Alice vertió las verduras sobre el agua hirviendo. Aún de espaldas, susurró:
–Tú lo has dicho.
..
..
Príncipe Edward.
La hora de la comida. Todo un desafío.
Un aura negra rodeaba la mesa entera. Casi apuesto que pude ver espíritus malignos alrededor. Rose masticaba la pierna del pollo con voracidad mientras miraba fijamente a Emmett. Era fácil imaginar todo lo que cruzaba por su cabeza. Aun así, no podía darme el lujo de lamentarme por mi primo. Mi situación también era incómoda.
"¿Duele? Apuesto a que sí."
Aquel abrazo... Recordarlo me hacía sentir extraño.
Nuestras miradas se encontraron. Instintivamente, tomé un trozo de pan y me lo llevé todo a la boca. Isabella hizo lo mismo con su vaso de agua. No miento, bebió poco más de medio litro en un solo trago. Ambos nos revolvimos en nuestros asientos, claramente incómodos.
Definitivamente, la mesa, más que un lugar sagrado para comer, parecía una competencia de canibalismo. Emmett partía con ira las piezas de pollo. Rose arrancaba la carne, mostrando los dientes. Yo no paraba de meterme pan y más pan a la boca y Bella estaba a punto de terminar la enorme jarra de cinco litros de agua. Creo que nadie más que Alice y Jasper se comieron las verduras y usaron como era debido los cubiertos y las servilletas.
No la mires, me ordené, concéntrate en comer. El pan es delicioso. El pan a grandes cantidades y tapando por completo tu garganta es más delicioso aún...
"Es difícil verte así. No me gusta. Me pregunto por qué será."
Unas manos aferrándose a mi playera. Un rostro hundiéndose en mi pecho. Mis brazos apretándose contra una frágil figura...
Me atraganté.
Isabella también se atragantó.
Es decir, comenzamos a atragantarnos al mismo tiempo.
-¡Bella!
-¡Edward!
Emmett y Rose nos auxiliaron. Aunque más bien pareció que descargaron toda su furia golpeando nuestras espaldas. ¿Cómo es que no pude darme cuenta desde entonces? Estaban tan bien sincronizados, obviamente tenían que terminar enamorados, lograron que Bella y yo escupiéramos la comida en el mismo segundo, embarrándola a ella de migajas de pan y saliva, y ella a mí de agua y carne.
Fue asqueroso.
Decidí retirarme de la mesa. Caminé hacia el baño, cerré la puerta y me senté en el piso, manchando mis pantalones. Recordé que minutos antes vi que el pulgoso había entrado aullando al baño y se había sumergido en su extensa tina de burbujas.
Genial. Ahora apestaría a perro mojado.
Probé con limpiarme las sobras de Isabella que habían quedado en mi rostro y cabello, pero lo único que pude hacer fue enredar el papel higiénico alrededor de mi cara. Lo dejé pasar. Un minuto más y me lavaría con agua y jabón. Era lo más efectivo. No sabía por qué no se me había ocurrido desde el principio.
¡¿Por qué coño no se me había ocurrido antes una solución tan simple? Me recriminé mientras me alborotaba y jalaba los cabellos.
-Edward.
Genial. También había olvidado poner el cerrojo. Ahora Emmett estaba mirándome con terror y lastima.
-Soy una mierda – declaré, por vencido, dejando caer mis manos y hundiendo mi rostro entre las rodillas.
-No seas exagerado – consoló mi primo, liberándome de la cadena de papel que yo mismo había creado – Estás sucio y apestas. Y sí, lo admito, si no te conociera, juraría que eres un pordiosero y no el futuro heredero al trono, pero no es para que te angusties tanto ni intentes ahorcarte con el papel higiénico. No funcionaría algo así. Es muy frágil, ¿ves?
-¿Quién intenta suicidarse? - blanqueé los ojos – Vamos, déjame solo. Tus palabras a veces no son de ayuda, ¿sabes?
-¿Así pagas mi preocupación? Te levantaste de la mesa sin dar las gracias. Tú no harías eso por muy enojado que estés. Es más, me parece demasiado extraño que te hayas disgustado tanto por algo tan pequeño. Esta vez, Isabella no lo hizo al propósito y tú también le escupiste todo lo que tenías en la boca.
-No estoy enojado por eso – acepté
-¿Entonces?
-Estoy... a punto de reventar. Esa es la palabra. Reventar. Ya no puedo más con todo lo que siento, con todo lo que ella me hace sentir.
-¿Te refieres a Bella?
-Sí.
-¿Qué pasa con ella?
-No lo sé. Ese es el punto. No lo sé. En un minuto estoy que me muero del coraje y al siguiente sólo quiero evitar que ella sufra. A veces juro que si estuviera en Voltarie, la mandaría a la horca; otras veces llego a pensar que por ella ofrecería mi cabeza en una charola de plata. Unas veces digo que ella es estresante, irritable, ¡Ah! ¡Me dan ganas de ahogarla en un río!, pero otras realmente creo que es interesante. ¿A poco no es confuso? - pregunté, aún con el rostro escondido - ¿Pero sabes qué es lo que más me aterra? Los pensamientos que estoy teniendo. No son buenos pensamientos. Son demasiado perversos... porque no logro tolerar la idea de que ella sea de otro hombre. Me dan ganas de golpearlo y de robármela, llevármela lejos, donde nadie pueda encontrarla. ¡Emmett! - agarré a mi primo por los brazos. Lo sabía, estaba lloriqueando peor que una damisela en peligro, pero no me importaba. Necesitaba desahogarme - ¡Ayúdame! ¡Me estoy convirtiendo en un demonio!
-¡Tranquilo! - sonrió mi primo extensamente mientras me daba palmaditas en la espalda.
-¿Tranquilo? -rezongué - ¿Es todo lo que puedes decirme cuando estás viendo que estoy al borde de la locura?
-No es tan malo como crees. Sólo que aún no te has dado cuenta y por eso te estás liando.
-¿Que no me he dado cuenta? ¿De qué hablas? ¿Cuenta de qué?
-De que estás enamorado.
-¿Enamorado? ¿Yo? ¿De quién?
-¿De quién más? ¡De Bella!
..
..
Esta vez no tardé tanto, ¿verdad? Sigo de vacaciones ^^, aunque mi internet está fallando demasiado ¬¬. En fin, Gracias a todas por su tiempo. Hasta pronto ^^
atte
Anju
