Hola mis queridos lectores! llego con un nuevo capítulo, antes que me olvide, o antes que no tenga tiempo para nada, porque esta semana será movida, pues martes, miercoles y jueves tengo que ir al dentista porque me van a poner frenillos :O! y porque el fin de semana me voy a cambiar de casa, entonces tengo que ordenar mi cosas, guardar las cosas de la casa y la leñera, entonces no sé si tendré demás tiempo para subir! Y bueno, anticipar que la ota semana, el miércoles 3 de marzo, entraré a clases, y ahí las cosas se me colocarán un poco difíciles para escribir y subir, porque "PRETENDO" concentrarme en mis estudios mucho más que el año pasado xD. Gracias a todos por sus reviews! la verdad es que cada vez recivo más y más! y estoy MUUUUUUUUUUUUUUUUUUY feliz por eso! me alegra que les haya gustado el capítulo que tanto esperaban! espero que los siguientes también les gusten! En este tiempo, debo confesar, no he avanzado mucho (aunque llevo hasta el capítulo 21), porque estoy viciada con los SIMS 3! xD esque hice a Hermione y a Severus como esposos y tuvieron una hija que se llama Eileen (NO SÉ SI, CUANDO HERMIONE Y SEVERUS LLEGUEN A TENER HIJOS -SI ES QUE ÉL VIVE xD- SE LLAME ASÍ, por lo que no se anticipen a nada xD) Y también estuve avanzando un poco en la segunda parte de esto, porque, sí, tiene segunda parte. Que es... cuando termine el sexto año :). NO adelanto nada más!

Graciasss MUCHÍSIMAS gracias a todos por sus reviews! Me hacen tan feliz! hacen que ame más lo que hago :P

PD: El capítulo anterior tiene mucho parecido con el libro Orgullo y Prejuicio, más específicamente con la historia de Elizabeth Bennet y Mr. Darcy :) se parece aunque sea un POCO, y cuando lo releí me acordé inmediatamente del libro y de la historia de ellos dos, aunque fue hecha sin querer de esa forma xD

Adiós! sean felices!


Capítulo XIX: "Parkinson a la pelea"

No recordaba nunca haber despertado con tanta alegría, ni menos un 9 de enero, el día de su cumpleaños. Fue directamente hacia el cuarto de baño para darse una breve ducha. Ya vestido, recordó que daría clases al sexto año de Gryffindor. Aunque la clase era con Slytherin, que nada sería capaz de arruinar el momento, tal como lo había dicho Hermione. Nunca había sentido el peso o la importancia de estar de cumpleaños, y hoy sí lo sentía, pero en lugar de cumplir un año más, tal vez cinco o diez años habían desaparecido de su ser, y eso sería así al verla, al pensar en ella, en recordarla y en saber que ella estaba a su lado, confiando en él.

Antes de ir a desayunar al Gran Salón, Severus se dirigió a la Sala de Profesores para entregar el cambio de planificación que había elaborado para el séptimo año. Minerva McGonagall ya se encontraba allí, haciendo algunas anotaciones. Al verlo llegar, le esbozó una sonrisa discreta.

-¿Crees que con esto hayan mejoras?

-Es lo que más espero, sino van a tener la obligación de tener clases extra conmigo.

La Profesora McGonagall leyó detenidamente el pergamino y asintió.

-Está bien. Me parece que es lo más justo, y que no tendrán problemas—Dijo apartando la mirada del escrito—Por cierto, feliz cumpleaños, Severus.

Él, que en años anteriores hubiera intentado fulminarla con la mirada, porque odiaba que le recordaran su cumpleaños, se limitó a asentir con una pequeña sonrisa. Acto seguido abandonó la Sala de Profesores, para dirigirse al Gran Salón a desayunar y tener la suerte de poder verla a primera hora de la mañana. Sí, definitivamente estaba comportándose como un adolescente enamorado. Entró por la puerta principal, pasando junto a los muchos alumnos que entraban a desayunar también. El bullicio era el habitual, y había tanto alumnos con caras somnolientas, como alumnos llenos de energía. Esto siempre pasaba desapercibido para él, ya que no se interesaba demasiado en lo que hicieran o dejaran de hacer las personas en el castillo, pero las cosas ahora estaban cambiando un poco. Casi al fondo de la mesa de .Gryffindor, encontró a Harry y a Ron sentados en un lado, y a Ginny y Hermione en el otro. Cuando la castaña se percató de su presencia no hizo más que observarlo, y luego hacer como si nada hubiera pasado. Siguió hablando con Ginny, y de vez en cuando con Harry y Ron.

Se sentó en su habitual puesto, para ser acompañado minutos después por Minerva McGonagall. Se sirvió un café y tostadas con huevo y tocino, saliendo de su habitual rutina de tostadas y mermelada de frambuesa. Sin mayores problemas, pudo observar a Hermione que hablaba con Ginny. Probablemente ella ya sabría toda la historia y en cierto modo le causaba risa, ya que por muy distinta que Hermione fuera de las demás chicas, nunca dejaría de contarle sus cosas a su mejor amiga, Ginny Weasley. Esto, por cierto, no tenía nada de malo. Esas eran las ventajas de la amistad.

Acababa de sonar la campana del término de la clase, y los alumnos de tercer año guardaron sus cosas y se retiraron. Él permaneció allí sin moverse de su asiento, viéndolos salir. Al cabo de unos minutos, comenzó a revisar lo que sería su próxima clase: Sexto año con Gryffindor y Slytherin. Como cada jueves, clase teórica en la mañana, y a la hora de la tarde sería de práctica. Cada clase práctica que tuviera Slytherin y Gryffindor de sexto año, resultaba ser un poco preocupante, pues él estaba convencido que no había nadie que detuviera a Parkinson. Siempre se había preguntado el porqué de su actitud. Si era por el estatus de sangre, por asco hacia Hermione, no había nada que hacer; esas concepciones no tenían remedio. Aquello era lo único que no le gustaba de su casa, un único pero gran detalle. Por el rabillo de los ojos pudo presenciar una silueta en el umbral de la puerta de entrada. Levantó la cabeza y comprobó que Hermione estaba allí sonriéndole. Él no hizo más que devolverle el gesto, ella, en cambio, agitó la mano a modo de saludo.

-¿Quieres entrar?—Le preguntó luego de haberse levantado de su escritorio, y dirigirse hacia ella.

-No, quedan pocos minutos para el toque, y ya deben estar llegando los demás.

-¿Por qué no vienes con Potter y Weasley?

-Tuve clases de Runas Antiguas—Severus asintió—Vuelve a tu escritorio si quieres, yo me voy a dar una vuelta antes que aparezca la amorosa de Parkinson.

Hermione se apartó de la entrada del aula de Defensa y comenzó a caminar por el pasillo, hasta llegar hacia otro corredor. Comenzó a buscar en su bolso algo con qué entretenerse, pero fue en vano. Se quedó allí, esperando a que el resto llegara, pues no se atrevería a entrar en el aula para estar sola con Severus, arriesgándose a que Pansy Parkinson llegara y pudiera tener otra razón para dudar e insinuar cosas que ahora, por cierto, resultarían ser todas ciertas. Como ella lo había planteado, no pasó mucho rato antes de que alumnos de Slytherin, comenzaran a llegar y armar bullicio.

-Vayan entrando al salón, no quiero desórdenes fuera de mi clase—Oyó instantes después. De a poco, los barullos comenzaron a disminuir, y Hermione pudo dirigirse tranquilamente hacia el aula. Al entrar, encontró a la mayoría de Slytherin sentados adelante, y Pansy Parkinson mirando de vez en cuando la puerta. Harry y Ron para su fortuna, ya estaban instalados en los últimos asientos.

-No se me ocurre con quién va a empezar a salir mi hermana, ahora que cortó con Dean—Le escuchó decir a Ron cuando entró en el salón.

-¿Y por qué necesariamente tendría que empezar a salir con otra persona, Ron?—Dijo ésta, al ver el estado de incomodidad de Harry.

-Porque así sucedió con Michael Corner. Terminó con él para estar con Dean.

-Eso fue distinto, porque él se puso idiota. Con Dean no fue así, y lo sabes. Terminaron porque su relación no daba para más de tantos problemas. Y haz el favor de no seguir con esta conversación, si no quieres que todo el mundo se entere, ni que Dean escuche.

-Profesor Snape—Dijo alguien en los primeros puestos, y Hermione volvió la mirada hacia adelante. Luego Pansy Parkinson apareció entre los alumnos sentados y parados que estaban allí.

-Me enteré que hoy está de cumpleaños—Soltó acercándose lentamente hacia su escritorio. Él la miraba con el entrecejo fruncido y con una expresión neta de desprecio—. Supongo que nadie lo sabe, pero como yo sí lo sé, aprovecho de saludarlo y desearle lo mejor. Es el mejor profesor que hay todo Hogwarts, el mejor jefe de casa, y el mejor Slytherin de todos.

Casi la totalidad de los alumnos observaban a Parkinson y a Snape alternamente, pues era una escena bastante tensa. Parkinson parecía hacer el ridículo, pero no lo notaba, y Snape parecía querer fulminarla en ese mismo instante, pero no quería ganar un puesto en Azkaban. Todos se preguntaban cómo se había atrevido a saludarlo, y más encima frente a toda la clase. Aquel disparate era como proferirle un insulto directamente en su cara. No tenía sentido.

-Me importa muy poco si usted cree que puede felicitarme siendo o no la única que lo sabe. Nadie se lo ha pedido, y confío plenamente en que usted no espera que le agradezca ni la invite a comer pastel a la hora del té.

Parkinson se quedó estática, muda y más pálida de lo normal. No tardaron los alumnos de Gryffindor, y un número reducido de Slytherin, en largarse a reír

-Ahora, si usted quiere que sea amable, permítame darle su regalo de cumpleaños adelantado, y la enviaré a Enfermería con la lengua pegada al paladar, y los labios cocidos a para que Madame Pomfrey trate de curarla en vano.

Las carcajadas aumentaron aún más, y Pansy Parkinson pasó del color pergamino, al color escarlata, distintivo de Gryffindor.

-Me importa un gusarajo que esté de cumpleaños, pero creo que en su día está en todo el derecho de querer cerrarle el hocico a esa cara de perro—Comentó Ron, sin contener la risa.

-Primera vez en la vida que estoy de acuerdo con Snape—Agregó Harry

Hermione no dijo nada. Se había reído notoriamente de Pansy Parkinson, al verla avergonzada frente a toda la clase, pero sentía un desánimo interno al saber que hoy Severus estaba de cumpleaños y ella no lo sabía. Lo sabía Parkinson pero no ella.

-Ahora siéntese, si no quiere seguir haciendo el ridículo.

Las campanas sonaron, y la clase comenzó. Severus no perdió tiempo en comenzar a hablar del tema del día, explicar, ejemplificar, y dar datos útiles para los apuntes. Ya casi al final de la clase, que había sido bastante normal, con las suficientes mirada entre los dos, dio los correspondientes deberes que debían ser entregados el próximo martes. La campana de salida resonó en los pasillos, y Harry, Ron y Hermione, al igual que el resto de los compañeros, comenzaron a arreglar sus cosas para salir.

-Necesito preguntarle algo al profesor Snape. No me quedó muy claro algo para la tarea

-¿Te esperamos?—Inquirió Harry.

-No, los alcanzo en el Gran Salón, les prometo que no demoraré.

Harry y Ron fueron casi los últimos en salir. Hermione terminó de guardar ceremoniosamente su libro, esperando a que el último alumno que hubiera salido de aula, estuviera lo suficientemente lejos. Sintió cómo la puerta se cerraba con seguro a la vez que veía cómo Severus se le acercaba.

-¿Por qué no me dijiste que era tu cumpleaños?—Comenzó sin ocultar su tono apenado

-Principalmente por dos razones, primero, porque nunca había sido tan importante, hasta hoy, y segundo, no tuve la oportunidad de decírtelo.

-Me sentí mal cuando me di cuenta que ella lo sabía, pero yo no.

-No tienes por qué sentirte mal.

-¿Cómo que no?—Refutó— ¿Sabes cómo se enteró?

-Tal vez escuchó a Dumbledore cuando me felicitó en pleno pasillo, y ella estaba allí. No lo sé, y no me importa tampoco. No me interesan sus saludos ni nada que tenga que ver con ella, porque me causa dolor de cabeza.

Hermione acortó la distancia, y lo abrazó fuertemente.

-Feliz Cumpleaños… Severus—Le dio un beso en los labios—Espero que sea un bonito día.

-Gracias a ti lo será.

La castaña le dio varios besos en los labios y la mejilla y lo abrazó nuevamente.

-Qué tierno eres. Creo que me demoraré en asimilar la forma en que me tratas.

-Puedo decir lo mismo de ti y de mí. Yo a veces tampoco logro hacerlo—Hermione se sentó encima de la mesa, aún sabiendo que no podría dejar pasar mucho tiempo más—Entonces, señorita Granger, ¿le quedó claro lo que tiene que entregarme el martes?

-La verdad es que no, tendrá que explicármelo una vez más.

Severus le tomó la mano.

-Tiene que hacer un pergamino de 30 pulgadas con al menos cinco de los maleficios más dañinos que hay. Si recibe una mala calificación, tendrá que hacer una exposición oral para subir su nota. Pero eso es imposible que suceda, porque usted es una insufrible sabelotodo.

-Ah, pensé que tendría que tomar una hora de reforzamiento personal en su despacho.

Ambos rieron.

-Bueno, es una alternativa interesante.

-Creo que debería irme, sino pasaré todo el almuerzo aquí, y esta vez no puedo inventar excusas.

-Así es, dijiste que no demorarías.

Hermione se bajó de la mesa y tomó su mochila.

—Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños, ¡feliz cumpleaños!

Ahora él la abrazó y la soltó a los pocos segundos. Luego la castaña comenzó a alejarse de él en dirección a la puerta. Severus le quitó el cerrojo agitando la varita.

-Te veo al almuerzo… y en clases a la tarde

Salió rápidamente del aula de Defensa y tomó rumbo en dirección al Gran Salón, donde Harry y Ron deberían estar esperándola.

-¿Y? ¿Cómo te fue con Snape?—Dijo Ron, mientras comenzaba a cortar un pedazo de carne.

-Bien, ya entendí todo.

-¿Viste a Parkinson?

-No, por lo menos no cuando salí del aula.

-No, ahora, aquí—Agregó señalando la mesa de Slytherin.

Hermione apartó la vista hacia aquella mesa, y vio a Parkinson sin su habitual cara desafiante y fanfarrona. Estaba sentada junto a Millicent Bulstrode, pálida, y jugando con su comida.

-¿Le habrá afectado lo que le dijo Snape?—Inquirió Harry.

- Puede ser. Desde hace algún tiempo que lo fastidiaba bastante, y no había forma de calmarla, ni siquiera él.

-¿Cómo se atreve? Digo, es Snape, ¿no? Nadie en su casa, a excepción de ella y Malfoy, lo desafiaban—Puntualizó el colorín lanzándole una mirada de desconcierto a Parkinson.

-Se cree porque está en Slytherin, y es tan tonta que cree que Snape la puede tratar distinto a los demás—Se descargó Hermione, sin dejar de mirarla.—Es una estúpida, y no la soporto.

-¿A quién no soportas?—Dijo una voz a espaldas de la castaña. Era Ginny.

-A Parkinson—Se apresuró Harry

-Se enteró que el Profesor Snape estaba de cumpleaños, y como era la única, quiso lucirse frente a toda la clase.

-¿Y lo hizo?—Dijo detectando la molestia de Hermione.

-Hizo el ridículo, Ginny—Dijo Ron—Snape le dijo que no le importaban sus saludos, y muchas cosas en las que estábamos todos de acuerdo, y de ahí que está así—Hizo un nuevo ademán a la mesa de Slytherin—Le hacía falta

-¿Y está así desde que te mandó a enfermería?

-Antes siempre era desagradable, pero desde esa vez que está insoportable—Contestó la castaña—Y es cada vez es peor porque se da cuenta que Snape no está encubriendo sus jueguitos.

-Eso es raro, ¿no?

-¿Qué cosa, Ron?

-Eso, que no la encubra en sus jueguitos. Toda la vida se ha hecho el tonto con las cosas que Slytherin hace. Nunca le descontaba puntos, pero ahora sí lo hace,

-Es distinto, Ron—Dijo Hermione nerviosa.

-¿Por qué?

-Porque aunque siempre hacían cosas en sus narices, Hermione terminó inconsciente, y eso no lo podía ignorar– Agregó Ginny—Parkinson se aprovechó hasta el límite, y desde que dejó en "vergüenza" a su casa, que está haciendo lo que sea por corregir a Parkinson.

Luego de terminar aquel incómodo almuerzo, los cuatro amigos se retiraron a su Sala Común. Ya cuando Hermione y Ginny hubieran subido al cuarto de mujeres para ir en busca de sus cosas para las clases de la tarde, la colorina pidió más detalles.

-¿Parkinson sabía de su cumpleaños?

-Y esperó a que estuviera toda la clase para hacérselo saber.

-Hay algo raro en todo esto, Hermione.—Ginny levantó la varita y conjuró- ¡Muffliato!

-Lo sé… a lo mejor se está dando cuenta de lo que está pasando entre nosotros.

-No sólo eso… está celosa.

-¡¿Qué?! ¿Ahora piensas que a Parkinson también le gusta?

-De eso no estoy segura, pero tal vez está molesta porque él ya no la toma en cuenta algo así como la favorita

-A la vista de todo el mundo, yo no me he transformado en su favorita.

-¿Ah, no? Pero te eligió para que lo ayudaras. No hay nada de favoritismo ahí—Ironizó Ginny.

-Tú sabes muy bien por qué lo hizo

-Pero ella no lo sabe, Hermione. Ella cree que te transformaste en su favorita y está celosa.

-Probablemente sea por eso, porque la cara de babosa por Malfoy no se le ha quitado.

-Entonces despreocúpate por ese lado o mantente en guardia, tú decides. Tú la conoces mejor que yo, y puedes prepararte para lo que ella sea capaz de hacer.

-Desde el regreso de las vacaciones, tengo que ir con el doble de cuidado a las mazmorras, porque cada vez que voy, me la encuentro e insinúa cosas.

-Quiere provocarte, tal vez para que le vayas con el cuento a Snape y así él se dé cuenta que eres soplona igual que las demás.

-Si no es una cosa con Parkinson, es otra.

-No te preocupes, que tú vas a ser la única afortunada de pasar el día de su cumpleaños con él, la única. Y por mí que se entere, que se muera de envidia, pero es imposible hacer eso.

-Me acabas de dar una idea—Hermione dijo inmediatamente después. Luego miró el reloj y comenzó a correr escalera abajo.

-¡Hermione!—Exclamó corriendo tras ella. La alcanzó cuando ya estaban fuera de la Sala común.

-Voy a las cocinas del colegio.

-¿Para qué?

-Voy a… abusar un poco de los elfos—Dijo con voz baja y un poco avergonzada—Les voy a pedir un pastel para llevárselo a Severus después de clases.

-¡Buena idea! Pero deberías apurarte.

Hermione siguió escaleras abajo hasta que llegó a la planta principal y se internó en una puerta que estaba al lado de ellas. Cuando le hubo hecho cosquillas a la pera, la manija para poder entrar en las cocinas apareció.

-Hola—Dijo saludando a los elfos que trabajaban recogiendo cubiertos y platos sucios de las distintas mesas situadas. Algunos de ellos reponían postres, frutas y jugos.

-Hermione Granger, ¡amiga de Harry Potter!—Dijo Dobby mientras se acercaba a ella.

-Hola Dobby, ¿cómo estás?

-Estoy bien, Hermione Granger. Y muy a gusto de su visita, señorita.

-¿Me podrías hacer un favor, Dobby?

-Por supuesto, señorita. ¿Qué es lo que la mejor amiga de Harry Potter desea?

-Quiero un pastel. Pero no para ahora mismo. Quiero venir a recogerlo a las seis y media, ¿te parece?

-Si la señorita quiere un pastel para las seis y media de la tarde, lo tendrá.

Dos elfos se acercaron a Dobby y a ella.

-¿Y el pastel con qué ingredientes lo quiere, señorita?—Dijo uno de ellos.

-Eh…—Balbuceó. Trató de recordar qué era lo que Severus solía comer. Lo único que sabía es que siempre desayunaba tostadas con mermelada de frambuesa—Frambuesa. Mermelada de frambuesa

-Muy bien, señorita, ¿qué más, señorita?

-Us… ustedes saben algo acerca de los gusto de los profesores, ¿no?

-Por supuesto que sí, señorita Granger. En todas las comidas debemos adecuarnos a los gustos y disgustos que ellos nos han indicado, señorita—Repuso Dobby

-¿El Profesor Snape, por ejemplo?

- Acostumbra a desayunar tostadas con mermelada de frambuesa y café—Hermione sonrió—Con el almuerzo no presenta objeciones, señorita, ni con los postres, que en su mayoría son de frutas rojas. En la cena prefiere guisos. Y para los banquetes, señorita, prefiere los pasteles y postres de chocolate con frutos rojos, también.—Narró el segundo elfo.

-Muy bien. Entonces con lo ustedes saben de los gustos del Profesor Snape, me van a hacer un pastel.

-¿Torta de chocolate, y capas de frambuesa y dulce de leche, señorita?—Continuó el segundo elfo.

-Sí, si están seguros que eso le gustará, está bien.

-¿Algo en la cubierta, señorita?—Inquirió el primer elfo.

- Esos típicos adornos y… una vela mágica.—No quería escribir nada en el pastel para que no luciera demasiado cursi.

-Señorita Granger, ¿desea algo más?

-No Dobby, nada más—El elfo domestico hizo una reverencia—Gracias Dobby. Gracias a ustedes también—Agregó dirigiéndose a los otros elfos.

-No hay de qué, Hermione Granger amiga de Harry Potter.

La castaña volvió a la Sala Común sin dejar de correr en ningún momento. Cuando llegó a su cuarto, buscó rápidamente sus útiles y textos que utilizaría en Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Herbología. Ya de regreso, Harry y Ron la estaban esperando.

-¿Qué te pasó?—Dijo Ron.

-Nada, ¿por qué?

-Estás colorada, y te vimos entrar corriendo a la Sala Común.

-Fui a las cocinas, y me atrasé—Confesó—No pregunten, por favor.