Me van a matar, me van a matar, me van a matar... Hola! Lo sé, ha sido mucho tiempo sin publicar, y no es la primera vez que me pasa, pero bueno, lo que ha pasado ha pasado... Supongo que pagaré un precio por ello, pero bueno, ahora lo que importa es continuar con la historia... Creo que ya van a empezar a aclararse algunas cosas, o empeorarse... Eso lo decidirán ustedes... Les dejo el capítulo, y decidan si dejarme review o mandarme un bociferador n.n Sin más...
XX
-Doctora Sabaku, Señor Sabaku…
Ambos hermanos estaban profundamente dormidos, sus respiraciones sincronizadas daban un sonido gracioso. Shizune no estaba segura si lo mejor era despertarlos, no obstante Tsunade le indicó que debía ir a buscar a los parientes del chico pelirrojo y decirles que este ya estaba en Recuperación y que sería bueno que se aparecieran por allí.
Y cuando la rubia de los grandes ojos dorados daba una orden, seguirla era la única opción. La morena de pelo corto lo sabía mejor que nadie en ese hospital.
-Temari, señor Kankuro, por favor despierten…-su voz salía apenas en un susurro, por miedo a asustarles, utilizaba el dedo índice para tratar de levantarles de los brazos de Morfeo.
La neuróloga fue la primera en abrir uno de sus ojos. Entrevió a Shizune y se puso alerta. Se incorporó generando que Kankuro perdiera el equilibrio y despertara de golpe. Antes de que le riñera a su hermana, el notó también la presencia de la cardiocirujana.
-¡Shizune! ¿Qué sucedió? ¿Cómo está Gaara?- la mayor de los hermanos no logró contener su preocupación.
-Está bien, él está bien-contestó ella de inmediato.
-¿Cuánto lleva de cirugía?- preguntó Kankuro.
-La cirugía tomó cuatro horas por una pequeña complicación que hubo- y antes de que los angustiados familiares del paciente la bombardearan de preguntas de nuevo, agregó- no fue nada importante y Gaara está completamente bien.
La rubia miró de nuevo el reloj de la pared. Eran más de las cuatro de la mañana. Kankuro y ella se habían quedado dormidos todo ese tiempo.
Tal vez así nos ahorramos la angustia.
-¿Ya podemos pasar a verlo?-ella hizo la pregunta casi segura de que la respuesta era afirmativa.
-Eso era lo que venía a comunicarles-sonrió la morena.
Ambos hermanos agradecieron y se dirigieron a la habitación de su hermano bastante aprisa. Lo encontraron todavía sedado, aunque Shizune les aseguró que despertaría en cualquier momento. Kankuro fue el primero en acercarse y se sentó en una silla al lado de la cama. Temari no pudo evitar la costumbre de fijarse primero en los monitores de frecuencia cardíaca antes de sentirse aliviada por completo.
-Todo está en orden- comentó la ojiverde al ver que su hermano notó como ella miraba cada tanto los monitores- es un viejo hábito de doctores.
-Entiendo.
Ella se aproximó por el lado contrario al de Kankuro y se sentó en la orilla de la cama, donde no perturbaba a su hermano menor. Con el dorso de su mano le quitó los cabellos que amenazaban estorbar el área de los ojos. Observó como la mascarilla de oxígeno se empañaba casa vez que su hermano menor exhalaba pausadamente. Que pudiera respirar por sí solo luego de una operación de las vías respiratorias era una señal excelente.
Los ojos de Gaara se apretaron un poco, para luego entreabrirse. Borrosamente divisó a su hermana.
-¿Cómo salió todo?-preguntó con un hilo de voz.
-Perfectamente-dijo ella.
-Bien…-volvió a cerrar los ojos y quedarse profundamente dormido.
Kankuro y Temari conectaron las miradas un momento. Ya podían respirar completamente libres de angustia. Todo estaba bien.
Tsunade apareció diez minutos después, con los exámenes postoperatorios de Gaara entre las manos.
-Todo resultó como esperábamos-comenzó la cardióloga- despejar las vías respiratorias fue sumamente sencillo. Tuvimos un problema al colocar el marcapasos, el cuerpo reaccionó ante esto, sencillamente lo sustituimos por otro más pequeño y de material diferente y el problema se resolvió.
-¿De cuánto es la recuperación?-Temari se puso en pie.
-No fue una intervención tan masiva, así que en unas dos semanas estará como nuevo. Deberá quedarse un par de días en el hospital para revisar que el marcapasos funcione bien y hacerle más pruebas de rendimiento cardiopulmonar. Shizune lo estará monitoreando, y según me dijo se turnará con Matsuri. No creo que haya mucho problema con eso en tanto tú estés de ronda Temari.
-No se preocupe, no dejaré el hospital hasta que Gaara salga de aquí. Yo misma vendré a monitorearlo si es necesario.
-Bien. Joven Kankuro, su hermano necesita estar totalmente recuperado antes de poder ser transportado grandes distancias, así que le recomiendo que se quede en Tokio durante su sanación.
-Comprendo, ya mismo buscaré alojamiento en algún hotel…
-No seas tonto, mi apartamento tiene tres cuartos, yo solo uso uno y ocasionalmente. Pueden quedarse todo lo que quieran-intervino Temari.
-Excelente, me retiraré por ahora. Doctora Sabaku, venga conmigo un momento.
Se excusó con Kankuro y salió tras de su superior. Se quedaron a un lado de la puerta.
-Entiendo la situación por la que estás pasando. Sé que no es agradable, pero espero que no se vuelva a repetir la escena que montaste frente a las residentes, ¿entendido?
-Sí- Temari bajó la mirada un poco apenada.
-Ahora, tampoco quiero que estés encima de tu hermano, él está bien y esto es un hospital. No estás sola, todos aquí pretendemos ayudarte y ayudarlo. Puedes visitarlo en tus momentos libres, pero no descuides tus obligaciones.
-No se preocupe, Tsunade-sama.
-Ahórrate las formalidades. Dime, ¿has tenido algún momento de visitar a tu ensayo clínico?
-Visité a Showtaro hace unas horas, pero entró en crisis de nuevo.
-Bueno, deberías entonces utilizar este tiempo para hacerle algunos exámenes comparativos. ¿No crees?- la mirada de Tsunade era más la de una madre que la de un jefe.
-Sí señora.
-Excelente.
La cardióloga siguió su camino entonces. La otra la miró hasta que se perdió de vista en la esquina. Volvió a entrar a la habitación.
-Tengo que irme a atender a otros pacientes. No dudes en llamarme al móvil. Los monitores están conectados a los localizadores de Shizune, Tsunade y el propio, así que no te preocupes por una emergencia.
-Descuida, estaremos bien-dijo Kankuro.
Ella hizo un gesto de aprobación con la cabeza y salió de allí. Llegó hasta el elevador y pulsó el botón. Esperó unos segundos a que llegara y se abrieron las puertas. Para su mala fortuna, Karin venía en él.
-¡Doctora Sabaku! La estaba buscando-Temari ingresó al ascensor mientras la pelirroja buscaba un papel entre los portafolios que tenía en las manos- Quería entregarle el resultado de los exámenes de residencia. ¡Aprobé el examen!
Se lo tendió en la mano a la neurocirujana, quien lo ojeo a regañadientes.
-Aprobaste por un margen de cinco puntos, deja bastante que desear este resultado- comentó la rubia son desdén.
-De todas maneras, ya soy residente y como sabrá me gustaría especializarme en Neurocirugía.
-¿De verdad crees que podrías con ello?
-Por supuesto-desafío la de lentes.
-Bien, vamos a ver cuanto duras conmigo de mentora.
-Si Matsuri lo logró yo también podré.
-¡Ja! Matsuri era una estudiante ejemplar, y ella pasó bastantes penas antes de que la dejara sujetar un escalpelo por sí sola.
-Si bueno, ya veremos cómo resulta- la nueva residente sació del ascensor apenas este se abrió.
La rubia presionó de nuevo el botón del quinto piso. La noticia de Karin le cambió el estado de ánimo. Ella no deseaba tener que compartir más tiempo con ese médico mediocre del necesario. Ahora la vería de diario y arreglar sus errores igual de a menudo. No confiaba en esa chica arrogante.
La puerta del elevador se abrió a los segundos. Ella caminó por el pasillo hasta la habitación número nueve. Tocó de nuevo con la esperanza de que ya hubiera despertado Showtaro.
Pero no hubo respuesta.
Giró el pomo de la puerta. La abrió lentamente. El seguía tumbado en la cama de la misma manera que ella le había acomodado. Las sabanas casi ni se movían ante las lentas elongaciones de la caja torácica del muchacho. Los monitores no mostraban nada anormal. Cualquiera podría decir que era solo un joven profundamente dormido.
Sacó el equipo de EEG de uno de los armarios de suplementos y se sentó al borde de la cama. Comenzó a colocar cada uno de los electrodos con mucho cuidado, a pesar de que él no pudiera sentir nada. Posicionó todos los de la frente primero, y luego ayudándose con su otro brazo, alzó un poco la cabeza del moreno para poner algunos receptores en la base de la nuca.
Posó de nuevo la cabeza en la almohada y encendió el aparato. El papel con el gráfico impreso era expulsado poco a poco, y con cuidado de no romperlo, la doctora lo examinaba. Cada pico era más bajo que el anterior, lo cual era normal tomando en cuenta que Showtaro podría considerarse en un estado de coma ligero o no permanente. Las actividades sensoriales podrían considerarse dentro de un rango "estándar", esto coincidía con lo que él dijo de "ser capaz de percibir lo que lo rodea mientras está en crisis". Aparte de estos datos curiosos, ninguno otro tenía relevancia. Nada fuera de lo común sucedía en ese momento, o por lo menos, nada que fuera perceptible con un EEG.
Desconectó los sensores del aparato. Puso su mano en la yugular para ver el número de latidos que salían de los grandes vasos cerebrales. Los contó en cuestión de un minuto y el número era regular. No había ninguna falta de oxigenación. Sin embargo si había un cambio importante en su piel…
Rozó el dorso de su mano contra el brazo masculino. No podía decir que tenía una temperatura baja, pero si era menor a la que se sintió al tocarlo con sus manos. Cerró los dedos alrededor de los de él cuando alcanzó la mano. Puso atención a este gesto, porque ella no comprendía que necesidad sentía de hacerlo.
Decidió que debía analizar un poco lo que había estado pensando acerca del joven. Definitivamente no era un paciente como algún otro que hubiera tenido. Nunca habría revelado su pasado a un desconocido, pero ella se sentó a hablar con él como si se conocieran de toda la vida. Había algo en la presencia de esa persona que la hacía sentir bien.
Tal vez tenían demasiadas cosas en común.
Tal vez fue el hecho de conocerse por un accidente –literalmente-.
Tal vez ambas eran personas dañadas.
No obstante, aquello no justificaba la actitud que ella había tenido para con él.
Había roto el código de ética de seguridad laboral al ocultarle los datos revelados por Kiba y por Kohtaro a las autoridades. Fue imprudente al dejar salir a la calle a un paciente que podría herirse a sí mismo o a otra persona si de entrar en crisis conduciendo un vehículo.
Por sobre todo, lo había besado.
Eso era lo que más le mortificaba. No podía perdonarse ese desliz, después de todo, el juego de la amistad y cercanía de ellos dos era una trama, una forma simple de acercarse a su paciente con tal de que le diera los datos que ella necesitaba. Temari no era la clase de mujer que busca consuelo a sus desgracias en brazos de otros, ella se recomponía por sí sola. Pero apenas hubo una pequeña atmósfera fría y triste entre ellos, no dudo en escrutar de los labios del chico lo que le hacía falta en ese momento.
Recordó que cuando Gaara llegó al hospital, ella fue a buscarlo. ¿Para qué? ¿Para qué la confortara de nuevo? ¿Para sumergirse en sus brazos para calmar su dolor? ¿Lo hubiera besado de nuevo?
No. El momento hubiera sido incómodo. Porque ninguno de los dos parecía contento del altercado.
Cerró los ojos y suspiró. Las posibilidades de haber truncado su ensayo clínico en un momento de locura eran bastante altas.
Soltó su contacto de Showtaro, se puso en pie y se llevó los exámenes consigo. Analizaría comparativamente las tomografías con el EGG, para ver si existía alguna coincidencia importante.
Mientras caminaba, trató de convencerse de que todo lo que correspondía a Showtaro ocurría por la sensación de curiosidad que él le provocaba.
En tanto la neurocirujana caminaba por los pasillos del hospital, un motorizado caminaba buscando la puerta del Director Administrativo (CEO) de N.S.Y.I.C.A. Tech en las instalaciones centrales de Tokio. Sin removerse el casco, se colocó enfrente de la oficina y con su tarjeta de acceso, abrió la puerta y la cerró tras de sí. Un hombre grande de rostro amable, estaba detrás del gran escritorio principal, digitando algunos datos en su ordenador. Apenas y levantó la mirada al ver a quien acababa de ingresar a su oficina.
-¿Y bien?-preguntó el hombre, sin dejar de presionar las teclas- ¿has encontrado algo nuevo para mí?
El motorizado tiró sobre el escritorio una serie de fotografías, las cuales el CEO tomó en sus manos con expresión perpleja. Liderando la pila de fotografías, estaban dos de un muchacho visto muy difusamente a través del vidrio de una ventana. En otra, la fotografía movida de una Ducati en movimiento con un conductor vestido de chaqueta de cuero y casco negro. Las últimas dos fotografías correspondían con la motocicleta y el sujeto sobre ella, entrando al estacionamiento de algún lugar desconocido… pero con un pasajero atrás. La penúltima foto ocultaba el rostro del pasajero ya que no se había quitado el casco. La última mostraba que era una joven de cabello rubio corto y tez clara.
-¿Están seguros que es él?-preguntó atónito el CEO.
El otro solo se limitó a asentir.
-¿Dónde obtuvieron estas?
-Las primeras nos fueron facilitadas por Nakamura antes de su accidente, pero esos registros se perdieron, creemos que el buscado tuvo que ver con ello. Las otras las tomé yo mismo hoy. Hubo una actividad extraña en el centro de almacenamiento de videos de las cámaras de seguridad. Fue algo casi imperceptible, pero rastree una señal muy débil hasta el Hospital Central de Tokio. Merodee todo el día y vi la motocicleta que calzaba con la de la foto de Nakamura.
-Ya veo… ¿Quién es ella?
-No lo sabemos, no se ve muy bien su rostro así que no hemos podido dar con una correspondencia, estamos trabajando en ello. Tampoco sabemos por qué están en ese lugar.
-Bien-dijo el hombre, poniéndose en pie- hazme saber apenas sepas algo nuevo.
El hombre del casco salió de la oficina en silencio.
El otro pasó su mano por su largo cabello castaño, y miró a través de la ventana con aire melancólico. ¿Cuánto tiempo tendría que jugar al gato y el ratón?
